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	<title>#ADNGuevara &#187; Ana Lynch Ortiz</title>
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	<description>Martín Guevara, sobrino del Che, cuenta anécdotas de su familia y analiza el contexto político mundial</description>
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		<title>El camino del Chamán</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Mar 2014 22:58:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Adrianne Miller]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Lynch Ortiz]]></category>
		<category><![CDATA[California]]></category>
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		<description><![CDATA[Se fue Robert Chinook. Amigo íntimo y cósmico de un matrimonio que son como familia para mi, Adrianne y Ken Miller. Robert tenía más vida, experiencia y sabiduría que años, y eso que edad cronológica tenía para dar y tomar. Hay gente que transcurre toda su vida repasando la parte del libreto que le dio... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2014/03/12/el-camino-del-chaman-robert-chinook/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se fue Robert Chinook.</p>
<p>Amigo íntimo y cósmico de un matrimonio que son como familia para mi,<a href="http://adriannesblog.com/2014/03/12/goodbye-sweet-shaman-my-friend/"> Adrianne y Ken Miller.</a></p>
<p>Robert tenía más vida, experiencia y sabiduría que años, y eso que edad cronológica tenía para dar y tomar. Hay gente que transcurre toda su vida repasando la parte del libreto que le dio éxito, o bien relamiéndose las heridas producto de la parte que le salió mal. Y hay otros que vuelan más allá de ellos mismos haciendo un viaje que paradójicamente es el que los lleva al &#8220;yo&#8221; más auténtico, pero que también los conecta con el universo circundante, y algunos como Robert, incluso con el universo del más allá, que no es sino el &#8220;más acá&#8221; más cercano y real que existe.<span id="more-659"></span></p>
<p>Cada vez que alguien logra salir de sí, lo más preciado que encuentra al final del camino de hallazgos valiosísimos es lo verdaderamente importante que puede ser para sí a partir de entender lo insignificante y prescindible que puede resultar ser, al menos que dedique tiempo a ser recordado, a ser amado por algo y por alguien. Robert no careció de esto. No porque le llegó de arriba, sino porque lo buscó cada día.</p>
<div id="attachment_660" class="wp-caption aligncenter" style="width: 394px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/Robert-Y-Sharon.jpg"><img class="size-full wp-image-660" alt="Robert Y Sharon" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/Robert-Y-Sharon.jpg" width="384" height="288" /></a><p class="wp-caption-text">Robert Y Sharon</p></div>
<p>Fue piloto en el ejército, psicólogo, y muchas cosas más, como buen norteamericano del siglo XX curioso por la vida, paseó por innumerables experiencias, estudios, trabajos, ideas y prácticas. Al cabo de cuando él y las demás cosas lo encontraron conveniente entró en el terreno místico, pero no como un hobby sino comprometiendo su vida. Y Robert se hizo chamán.</p>
<p>Mis amigos me llevaron a su casa en Klamath Falls, un lugar mágico que a mi me trajo la imagen de las películas de indios y cowboys, cerca de la frontera de Oregón con California. Llegamos en la tarde después de atravesar el Estado de Oregón en coche por una carretera preciosa y ecléctica, salpicada de ríos angostos de bajada rápida, los creeks, clásicos puentes norteamericanos de madera con techo, bosques, ciudades al costado de la ruta, gasolineras con adorables cafés en vasos enormes y hamburgueserías con camareras muy simpáticas; montaña y nieve y al final la tierra semi seca y las aves de rapiña majestuosas que vigilaban la entrada de Klamath Falls.</p>
<div id="attachment_661" class="wp-caption aligncenter" style="width: 560px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/Lago-de-Klamath-Falls.jpg"><img class="size-full wp-image-661" alt="Lago de Klamath Falls" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/Lago-de-Klamath-Falls.jpg" width="550" height="412" /></a><p class="wp-caption-text">Lago de Klamath Falls</p></div>
<p>Allí habían vivido y trabando Adrianne y Ken años atrás como psicólogos y dirigiendo la clínica de salud local.</p>
<p><a href="http://www.chinookretreats.com/home">Llegamos a casa de Robert y Sharon</a>. Un paraje amplio rodeado de naturaleza viril. Me dieron un abrazo como si nos conociésemos de toda la vida.</p>
<p>Pasamos la noche cenando cosas de su huerta, y conversando con palabras para atar de alguna manera convencional, esa energía intangible que fluye y acerca o distancia a la gente, mientras la chimenea arde y los jugos emanan junto a la magia de la amistad. Robert y Ken me mostraron el sitio de meditación, el sudadero de los indios, y la parte de lacas a que sirve de albergue.</p>
<p>Al día siguiente desayunamos en ese paraje único y con aquella gente que para mi costumbre parecían sacadas de una película. Y antes de irnos Robert me llamó a la habitación donde tenía algunos elementos propios de sus ritos, durante un rato mirándome a los ojos me habló en la habitación donde tenía esas piedras rituales de las cuales me regaló una, ese instante se convirtió en algo no material pero si perdurable que se quedó conmigo. Yo soy una persona que no ha recibido demasiados elogios de esos que dejan marcado, y cuando me dijo mirándome de frente: -Eres una buena persona- me llenó de alegría, de paz y de una particular humedad ocular e interna producida por una lágrima bendita, no aquella del dolor sino la del alivio.</p>
<p>De ahí nos fuimos Adrianne y yo al pequeño aeropuerto de Klamath, a tomar un avión con dos filas de un asiento cada una, hacia San Francisco,  como pienso que habría sido el bergantín en el que partieron mis antepasados desde Chile, luego de partir exiliados de Argentina por Juan Manuel de Rosas, a esa misma ciudad californiana y como imagino debieron haber sido los caballos en los que se adentraron hacia Sacramento en la búsqueda del oro hace ya más de un siglo y medio tras lo cual nacieron y se conocieron mis bisabuelos Roberto Guevara y Ana Lynch.</p>
<div id="attachment_662" class="wp-caption aligncenter" style="width: 667px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/ana_lynch_y_ortiz.jpg"><img class="size-full wp-image-662" alt="Roberto Guevara Castro Y Ana Lynch Ortíz e hijos." src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2014/03/ana_lynch_y_ortiz.jpg" width="657" height="661" /></a><p class="wp-caption-text">Roberto Guevara Castro Y Ana Lynch Ortíz e hijos.</p></div>
<p>Un sueño.</p>
<p>Cierto día el Maestro le preguntó al discípulo:</p>
<p>-¿Por qué lloras?</p>
<p>El discípulo respondió- Porque he tenido un sueño Maestro- a lo que este le corrigió:</p>
<p>-Habrá sido una pesadilla entonces discípulo.</p>
<p>- No –dijo el discípulo- era el sueño más bello que he tenido-</p>
<p>-¿Y entonces por qué las lágrimas?</p>
<p>-Porque he regresado a la realidad.</p>
<p>Me fui de lo de Robert y Sharon como quien se va de la casa de un amigo de siempre, en un día y medio dejó más buena siembra en mi parte más fértil que la mayoría de la gente que conozco de toda la vida, el afecto está emparentado con el instante en que se reconocen y se bien tratan las almas afines.</p>
<p>Son reencuentros a lo largo de los diferentes modos de existencia que nos depara el tiempo, esa categoría abstracta. Nos volveremos a ver personificados en lo que desde hoy mismo y a cada paso y a cada instante, decidamos que deseamos ser con nuestros actos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso al Chamán Chinook no lo despido con un adiós sino con un: Hasta luego.</p>
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		<title>&#8220;Crossroads&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Oct 2012 14:15:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Lynch Ortiz]]></category>
		<category><![CDATA[Bolivia]]></category>
		<category><![CDATA[CENSAM]]></category>
		<category><![CDATA[Che]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Hotel Habana Libre]]></category>
		<category><![CDATA[La Habana]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Guevara Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2012/10/09/crossroads/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que no obstante en su momento consiguieron demostrarme la calidad y consistencia de un constante agobio.</p>
<p dir="ltr">En uno de los aniversarios, vivía en La Habana y no estaba lo que se llama adaptado a la vida prolija en sociedad, era una especie de marginal según me decían, un lumpen, era un desclasado social que no conseguía adaptarme al inmovilismo y la falta de libertad del mal llamado socialismo en Cuba, sumado a la danza de incomodidades típicas de los adolescentes tardíos y aderezado por una vehemente reacción a las conductas convencionales, que en mi caso, estaban regidas por un enmohecido sistema de falsedades que componían la pretendida superioridad moral de los ángeles de izquierdas y los santos comunistas</p>
<div id="attachment_9" class="wp-caption aligncenter" style="width: 493px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg"><img class=" wp-image-9  " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg" alt="" width="483" height="432" /></a><p class="wp-caption-text">Mis bisabuelos Roberto Guevara Castro y Ana Lynch Ortiz y sus hijos, entre los que está mi abuelo Ernesto, en el extremo derecho de pie.</p></div>
<p dir="ltr"><span id="more-5"></span></p>
<p dir="ltr">Un día en que hasta yo mismo habría apostado que no aguantaba ni un trago más de ron sin desplomarme en el acto, me levanté sin embargo de la banqueta de la barra del bar del Hotel Capri en el barrio de El Vedado, del cual mis amigos se habían ido, dejándome con mis monólogos, tras intentar en vano por todos los medios persuadirme de que no bebiese más, y me dirigí al Hotel Habana Libre, <a href="http://america.infobae.com/notas/57640-Infancia-de-privilegios-en-el-Habana-Libre-de-Cuba">donde había vivido cuando era un crío</a>, a tomarme las últimas copas en compañía de los recuerdos de mis primeros años en la isla. Caminé dando tumbos, agarrándome a cada poste como en las caricaturas de beodos, y cuando conseguí llegar a la puerta del hotel tras un rodeo de zigzags y dobles visiones, perdí el equilibrio una vez más pero esa vez no encontré poste alguno y me fui de bruces al suelo de mármol, frente al buró de la entrada donde se apostaban los guardias que impedían entrar a los cubanos.</p>
<div id="attachment_14" class="wp-caption aligncenter" style="width: 522px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel.jpg"><img class=" wp-image-14 " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel-1024x779.jpg" alt="" width="512" height="389" /></a><p class="wp-caption-text">Hotel Habana Libre</p></div>
<p dir="ltr">Habría ganado la apuesta.</p>
<p dir="ltr">Cuando desperté, había una ambulancia, dos enfermeros, y un hombre menudo, con cara de buen tipo hablándome de manera calma, preguntándome cómo estaba. Me dijo que me llevarían al hospital que él dirigía, me dijo que el hombre de la entrada le había dicho “quién era yo” (es curioso hasta el punto que la gente tenía asumido que yo no era otra cosa que sobrino del Che) y que quería que fuese a la clínica CENSAM, en Jaimanitas. Los enfermeros iban a proceder a mi traslado, pero me negué rotundamente, le dije que no, que no en ese momento.  Entonces me dijo que quería mi compromiso de que lo visitaría, me dio su tarjeta, era psiquiatra y dirigía aquella clínica para funcionarios del Ministerio del Interior o familiares de dirigentes con problemas en sus procesadores.</p>
<p dir="ltr">A la semana, cuando asistí, tuvimos una larga charla en la que me preguntó si me daba cuenta de que ese día que me había caído era el 8 de octubre, el día del Guerrillero heroico, el día que mataron a mi tío. Le dije que sí pero que no veía la relación, le comenté que yo tomaba ron diariamente, era mi somnífero. Y que no creía que esa fecha fuese el motivo de mi malestar, un poco desconfiado de todo estudioso del cerebro que no fuese psicoanalista freudiano. Me recomendó también, que respetase más mi apellido de cara a los demás, ya que yo provenía de una estirpe revolucionaria.</p>
<p dir="ltr">Me arrebujé en el cómodo sillón de su oficina climatizada y me dispuse a responderle:</p>
<p dir="ltr">-No se confunda doctor, la rara avis de mi familia era mi tío, no yo. No sólo no provenimos de una larga estirpe de revolucionarios, sino que quizás nada habría sonado peor a los oídos de los antepasados de mi padre que la conjunción de las palabras: expropiación y distribución del patrimonio.</p>
<p dir="ltr">-Cuando los Guevara y los Lynch llevaban algunas generaciones de argentinos y cuidaban sus campos con celo sin tolerar holgazanerías de peones ni criados, Rosas les había confiscado sus tierras en la vecina Mendoza con parte de los futuros demócratas argentinos como Mitre, Alberdi o Sarmiento. Una tarde, a principios de 1848, estaban el teniente Lynch y los hermanos Guevara, junto con Sarmiento, discutiendo el acontecer político según las noticias que atravesaban la cordillera, y llegó corriendo un compatriota para decirles algo sensacional; ¡en California se habían descubierto unas minas de oro fabulosas!, todos sintieron la llamada del atractivo metal menos Sarmiento que ya era un hombre maduro y sabio y les advirtió: “Antes de que lleguen a California el filón de oro se habrá agotado”, pero la juventud es enérgica y felizmente desoye consejos, así es que semanas más tarde provistos de un bergantín de dos mástiles los aventureros ponían la proa a San Francisco. Allí reinaba un desorden indescriptible, los hermanos y amigos consiguieron vender su bergantín, los Guevara se dirigieron a Sacramento donde estaba el paraíso prometido, y Lynch decidió quedarse en San Francisco por haberse casado con Eloísa Ortiz, abrió no obstante un negocio no apto para matrimonios, aunque sí para casados, el salón “Placeres de California” y la fortuna le acompañó más que a sus amigos que debieron retornar a San Francisco, extenuados y pobres, Lynch les dio trabajo en el Salón de los Placeres, y allí conocieron a Guillermo Castro, un aristócrata del lugar, casado con la nieta de Peralta ex virrey de la Nueva España, hoy México, que era dueño incluso del Gran Cañón del Colorado, ellos se aplicaron el beneficio de ese dicho castellano que reza: “no hay bien, que por mal no venga”. Unos años después de la caída de Rosas a manos del general Urquiza volvieron los Guevara a Argentina, Lynch volvió unos años después con su amplia familia, había tenido diecisiete hijos y una fortuna considerable. Naturalmente les fueron devueltas a ambas familias,  ya  unidas por sangre, las tierras otrora confiscadas. En realidad esas tierras no eran de uno ni de otros, sino de los aborígenes que crecieron con ellas, con sus volcanes y llanuras, los mapuches, los mismos que cuando debieron abandonar sus casas y animales no contaron con un bergantín para rastrear el oeste norteamericano en busca de oro, ni parecen haber sido tan sagaces como para ocurrírseles lo del salón de los placeres.</p>
<p dir="ltr">-Lo cierto es que estos jóvenes, a la postre mis tatarabuelos, cabalgaron el oeste en busca del metal estrella de todos los tiempos. Tuvieron muchos hijos allí como era costumbre entonces y varios de los hermanos Guevara se casaron con hermanas Lynch, las familias estaban encantadas porque pudieron mantener la identidad argentina a pesar de la lejanía y los años, sin descuidar las cuestiones sociales. Habían mantenido la mezcla entre familias patricias y fundadoras de Argentina, habían permanecido en los valores de la lealtad, pero poco pudieron legarle al Che o a criatura alguna en materia de respeto a los derechos humanos, a la igualdad de razas y de clases ni de distribución de riqueza alguna. Aunque sí en materia de aventuras y en la sensación celular de estar siempre con los petates listos para una partida de emergencia, y de tomarse la vida como si se tratase de un caballo brioso.</p>
<p dir="ltr">El doctor no hizo comentario alguno al hilo del relato, se quedó mirándome y me preguntó si me interesaba ingresar allí para tratarme, e insistió nuevamente en su contradicción, en que la luz perfecta, impoluta de la imagen de mi tío ponía aún más de relieve los defectos y malformaciones de mi personalidad, a la vez que me reclamaba un comportamiento más honroso para con aquel haz de luz.</p>
<p dir="ltr">No sé si a causa de mi desconfianza de todo estudioso del cerebro freudiano o no, o por el arraigado ejercicio guevariano de cuestionar todo, le dije que aceptaba su invitación a esa hermosa clínica donde seguramente encontraría maneras de entrar botellas de ron camufladas, pero jamás podía ver a mi traicionado, solitario y manipulado tío como fuente de luz alguna, sino al contrario, desde que supe de su existencia creía vivir bajo su sombra infinita, eterna, proyectada desde la hiperquinesis  de un fantasma que huía de sus antepasados.</p>
<div></div>
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