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	<title>#ADNGuevara &#187; CENSAM</title>
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	<description>Martín Guevara, sobrino del Che, cuenta anécdotas de su familia y analiza el contexto político mundial</description>
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		<title>Al Capone Bed and Breakfast</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2013 14:35:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Al Capone]]></category>
		<category><![CDATA[CENSAM]]></category>
		<category><![CDATA[Fidel Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando me repuse de lo más pesado del mareo, intercambié saludos de gratitud con el extraño ser que me había asistido. Me dejó una tarjeta con su nombre, el teléfono directo y la dirección del Hospital psiquiátrico que dirigía. Me invitó a visitarlo y a que no dudase en pasarme una temporada en sus instalaciones... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/04/08/al-capone-bb/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando me repuse de lo más pesado del mareo, intercambié saludos de gratitud con el extraño ser que me había asistido. Me dejó una tarjeta con su nombre, el teléfono directo y la dirección del Hospital psiquiátrico que dirigía. Me invitó a visitarlo y a que no dudase en pasarme una temporada en sus instalaciones si así lo requiriese.</p>
<p>La verdad es que sólo dejé pasar algunos días por mantener cierto decoro, y en cuanto consideré que ya era adecuado, me vestí, me perfumé con colonia búlgara y fui a ver al doctor P.</p>
<p>En cuanto le dije al taxista: _ A la clínica del CENSAM, Centro de Salud Mental, me preguntó ¿tiene usted a alguien ingresado allí? Me extrañó ese excesivo trato de respeto,  en el ámbito tan coloquial de un taxi habanero, y le respondí &#8211; No, voy a ver al director, ¿por qué lo pregunta? No, nada, era porque ahí sólo hay “pinchos”, generales, oficiales del MININT,  ministros, o familiares cercanos  de estos. No le expliqué nada pero me quedé pensando, que si era así no debería estar mal. Claro que estaba el tema ese de los militares y toda esa paranoia y alergia que me producían.</p>
<p><span id="more-457"></span>El taxi me dejó en la puerta de entrada, en Jaimanitas. Era un complejo de edificios nuevos, chalets y cabañas, distribuidos  cuidando el entorno, y su belleza, salpicados de jardines por doquier, atravesado por el río del mismo nombre que el pueblo, que iba a desembocar al mar. Llegué a la oficina del doctor P., me recibió con un café y con un apretón de manos cálido. Me explicó que el tratamiento constaría fundamentalmente de descanso y medicación, con horas de terapia de grupo, y sesiones de terapia individual. Con tiempo para ejercicios, para cine, y muchas horas de ocio medicado con amitriptilina y otros sedantes. La mayoría de los hospitalizados allí, estaban por un exceso de celo en sus ocupaciones, aunque yo pensaba más bien que las cosas que habían tenido que presenciar, o hacer, no les dejarían descansar en paz nunca en sus vidas. Dimos un paseo largo por las instalaciones en el cual me explicó que era cada cosa, en ese complejo  que de primera impresión era tranquilizante. Nos cruzábamos con hombres y mujeres en pijamas que caminaban con los brazos caídos, inmóviles, a los costados del cuerpo, como zombis. Esa era la sección de los que volvían de alguna guerra, en la que estuviese envuelto el ejército cubano, las llamadas misiones internacionalistas, que se diferenciaban de las invasiones imperialistas, solo en los prefijos de las palabras, imperialistas e internacionalistas. Había un hombre,  me explicó, que había perdido las manos y los ojos por la explosión de una granada, en África, y la mujer que lo llevaba del brazo era su madre, ya que la esposa un tiempo después de su regreso no podía soportar y lo abandonó, Me pidió que no me alarmase, que aquella era la sección dura.</p>
<div id="attachment_458" class="wp-caption aligncenter" style="width: 350px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Clinica-CENSAM.jpg"><img class="size-full wp-image-458" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Clinica-CENSAM.jpg" alt="" width="340" height="246" /></a><p class="wp-caption-text">Entrada de clínica CENSAM</p></div>
<p>Yo estaría en las cabañitas, junto al río, la piscina, la mesa de billar, la jaula de pájaros y tendría una cabañita con una habitación amplia y muy bien climatizada. Cuando vi mi área, volví a tomarme un tiempo por dignidad para decirle, sí doctor, me quedo aquí. En los minutos que llevaba allí, podía decir que empezaba a sentirme mejor pensando en una amitriptilina, los paseos por los jardines y partidos vespertinos de squash. Luego me llevó a una casa blanca con una piscina de mármol, flanqueada por las estatuas  de dos leones, en posición de vigilia,  se notaba que esa parte había sido construida antes de la Revolución, porque aunque  todo lo demás era muy correcto estéticamente, la diferencia de calidad de la casona era notable en su favor. Y me dijo. -Martín, esta parte pertenece a la casa original que había aquí antes de que esto fuese una clínica; era propiedad de Al Capone.</p>
<div id="attachment_462" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/al-capone-casa.jpg"><img class="size-full wp-image-462" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/al-capone-casa.jpg" alt="" width="500" height="375" /></a><p class="wp-caption-text">Casa de Al Capone en Varadero</p></div>
<p>Si ya estaba decidido a irme allí todo el  tiempo que pudiese quedarme, este detalle terminó de convencer a esos pequeños flecos de sospecha. M llevó al área deportiva y luego al comedor, que expelía un  aroma digno de restaurantes cinco tenedores. Y me dijo, _es hora de comer, ¿me acompañas a almorzar? Le dije _ por supuesto, y considere este, el primero de mis almuerzos, en esta, la clínica que usted dirige. Nos dimos la mano, como si cerráramos un trato comercial, tomé mi almuerzo. Y al día siguiente regresé con un bolso Adidas deshilachado que además de las cosas que le metí dentro siempre llevaba adosado, casi formando parte de este,dos pares de calcetines de deporte y un libro de Carpentier: Dos novelas, también una caneca de ron, pero esa la tuve que dejar.</p>
<p>El mareo,  la resaca , el eco mezclado con un miedo hiriente,  refinado, puntiagudo y finalmente el frío.</p>
<p>El lugar estaba preparado para que cayese un torrente de paz sobre los hombros de personas con sumo estrés. Había muchos sobrevivientes de las guerras de se habían librado en África, pero también había militares y personal del MININT de alta graduación o de puestos muy exigentes que estaban extenuados por diferentes razones. Había mayores, coroneles, jefes de guardaespaldas de altos cargos que estaban allí a causa de años de estrés, de no dormir, de tener que cambiar de súbito las rutas, los itinerarios, una y otra vez para impedir atentados verdaderos o imaginarios propios de la paranoia que todos vivían a todo nivel por diferentes causas. Esa tremenda presión se terminaba traduciendo en ausencias de la casa, en no ver crecer a sus hijos, divorcios, hasta que se bloqueaban y precisaban de la internación en la clínica pro alcoholismo o depresión.</p>
<div id="attachment_461" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/escolta.jpg"><img class="size-full wp-image-461" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/escolta.jpg" alt="" width="300" height="319" /></a><p class="wp-caption-text">Escolta de Fidel</p></div>
<p>Yo siempre tuve la leve impresión de que además a ellos los concurría un motivo extra que era el haber sido participe de muchas cosas ocultas, de haber observado de primera mano, los nervios, el día a día, las decisiones más controvertidas, sin poder comentar y ni siquiera pensar en que las habían escuchado. Tanto tenía pinta de ser así, que sus ojos revelaban el temor a hablar, cuando ya sentían el calor de la amistad se los notaban temerosos, desacostumbrados a tanta tranquilidad a tanto tiempo para pensar y tal era la manera en que yo lo percibía que no quería escuchar ninguna historia de sus esferas de trabajo, se podía sentir la carga eléctrica en cada instante en que se aproximaban a esos temas. De hecho me contaron anécdotas comprometidas de varios dirigentes altos dela Revolución, pero se cuidaban mucho de no decir ni palabra de Fidel, en ello les podía ir una afeitada del pescuezo muy apurada.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>&#8220;Crossroads&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Oct 2012 14:15:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Lynch Ortiz]]></category>
		<category><![CDATA[Bolivia]]></category>
		<category><![CDATA[CENSAM]]></category>
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		<category><![CDATA[Hotel Habana Libre]]></category>
		<category><![CDATA[La Habana]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Guevara Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2012/10/09/crossroads/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que no obstante en su momento consiguieron demostrarme la calidad y consistencia de un constante agobio.</p>
<p dir="ltr">En uno de los aniversarios, vivía en La Habana y no estaba lo que se llama adaptado a la vida prolija en sociedad, era una especie de marginal según me decían, un lumpen, era un desclasado social que no conseguía adaptarme al inmovilismo y la falta de libertad del mal llamado socialismo en Cuba, sumado a la danza de incomodidades típicas de los adolescentes tardíos y aderezado por una vehemente reacción a las conductas convencionales, que en mi caso, estaban regidas por un enmohecido sistema de falsedades que componían la pretendida superioridad moral de los ángeles de izquierdas y los santos comunistas</p>
<div id="attachment_9" class="wp-caption aligncenter" style="width: 493px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg"><img class=" wp-image-9  " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg" alt="" width="483" height="432" /></a><p class="wp-caption-text">Mis bisabuelos Roberto Guevara Castro y Ana Lynch Ortiz y sus hijos, entre los que está mi abuelo Ernesto, en el extremo derecho de pie.</p></div>
<p dir="ltr"><span id="more-5"></span></p>
<p dir="ltr">Un día en que hasta yo mismo habría apostado que no aguantaba ni un trago más de ron sin desplomarme en el acto, me levanté sin embargo de la banqueta de la barra del bar del Hotel Capri en el barrio de El Vedado, del cual mis amigos se habían ido, dejándome con mis monólogos, tras intentar en vano por todos los medios persuadirme de que no bebiese más, y me dirigí al Hotel Habana Libre, <a href="http://america.infobae.com/notas/57640-Infancia-de-privilegios-en-el-Habana-Libre-de-Cuba">donde había vivido cuando era un crío</a>, a tomarme las últimas copas en compañía de los recuerdos de mis primeros años en la isla. Caminé dando tumbos, agarrándome a cada poste como en las caricaturas de beodos, y cuando conseguí llegar a la puerta del hotel tras un rodeo de zigzags y dobles visiones, perdí el equilibrio una vez más pero esa vez no encontré poste alguno y me fui de bruces al suelo de mármol, frente al buró de la entrada donde se apostaban los guardias que impedían entrar a los cubanos.</p>
<div id="attachment_14" class="wp-caption aligncenter" style="width: 522px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel.jpg"><img class=" wp-image-14 " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel-1024x779.jpg" alt="" width="512" height="389" /></a><p class="wp-caption-text">Hotel Habana Libre</p></div>
<p dir="ltr">Habría ganado la apuesta.</p>
<p dir="ltr">Cuando desperté, había una ambulancia, dos enfermeros, y un hombre menudo, con cara de buen tipo hablándome de manera calma, preguntándome cómo estaba. Me dijo que me llevarían al hospital que él dirigía, me dijo que el hombre de la entrada le había dicho “quién era yo” (es curioso hasta el punto que la gente tenía asumido que yo no era otra cosa que sobrino del Che) y que quería que fuese a la clínica CENSAM, en Jaimanitas. Los enfermeros iban a proceder a mi traslado, pero me negué rotundamente, le dije que no, que no en ese momento.  Entonces me dijo que quería mi compromiso de que lo visitaría, me dio su tarjeta, era psiquiatra y dirigía aquella clínica para funcionarios del Ministerio del Interior o familiares de dirigentes con problemas en sus procesadores.</p>
<p dir="ltr">A la semana, cuando asistí, tuvimos una larga charla en la que me preguntó si me daba cuenta de que ese día que me había caído era el 8 de octubre, el día del Guerrillero heroico, el día que mataron a mi tío. Le dije que sí pero que no veía la relación, le comenté que yo tomaba ron diariamente, era mi somnífero. Y que no creía que esa fecha fuese el motivo de mi malestar, un poco desconfiado de todo estudioso del cerebro que no fuese psicoanalista freudiano. Me recomendó también, que respetase más mi apellido de cara a los demás, ya que yo provenía de una estirpe revolucionaria.</p>
<p dir="ltr">Me arrebujé en el cómodo sillón de su oficina climatizada y me dispuse a responderle:</p>
<p dir="ltr">-No se confunda doctor, la rara avis de mi familia era mi tío, no yo. No sólo no provenimos de una larga estirpe de revolucionarios, sino que quizás nada habría sonado peor a los oídos de los antepasados de mi padre que la conjunción de las palabras: expropiación y distribución del patrimonio.</p>
<p dir="ltr">-Cuando los Guevara y los Lynch llevaban algunas generaciones de argentinos y cuidaban sus campos con celo sin tolerar holgazanerías de peones ni criados, Rosas les había confiscado sus tierras en la vecina Mendoza con parte de los futuros demócratas argentinos como Mitre, Alberdi o Sarmiento. Una tarde, a principios de 1848, estaban el teniente Lynch y los hermanos Guevara, junto con Sarmiento, discutiendo el acontecer político según las noticias que atravesaban la cordillera, y llegó corriendo un compatriota para decirles algo sensacional; ¡en California se habían descubierto unas minas de oro fabulosas!, todos sintieron la llamada del atractivo metal menos Sarmiento que ya era un hombre maduro y sabio y les advirtió: “Antes de que lleguen a California el filón de oro se habrá agotado”, pero la juventud es enérgica y felizmente desoye consejos, así es que semanas más tarde provistos de un bergantín de dos mástiles los aventureros ponían la proa a San Francisco. Allí reinaba un desorden indescriptible, los hermanos y amigos consiguieron vender su bergantín, los Guevara se dirigieron a Sacramento donde estaba el paraíso prometido, y Lynch decidió quedarse en San Francisco por haberse casado con Eloísa Ortiz, abrió no obstante un negocio no apto para matrimonios, aunque sí para casados, el salón “Placeres de California” y la fortuna le acompañó más que a sus amigos que debieron retornar a San Francisco, extenuados y pobres, Lynch les dio trabajo en el Salón de los Placeres, y allí conocieron a Guillermo Castro, un aristócrata del lugar, casado con la nieta de Peralta ex virrey de la Nueva España, hoy México, que era dueño incluso del Gran Cañón del Colorado, ellos se aplicaron el beneficio de ese dicho castellano que reza: “no hay bien, que por mal no venga”. Unos años después de la caída de Rosas a manos del general Urquiza volvieron los Guevara a Argentina, Lynch volvió unos años después con su amplia familia, había tenido diecisiete hijos y una fortuna considerable. Naturalmente les fueron devueltas a ambas familias,  ya  unidas por sangre, las tierras otrora confiscadas. En realidad esas tierras no eran de uno ni de otros, sino de los aborígenes que crecieron con ellas, con sus volcanes y llanuras, los mapuches, los mismos que cuando debieron abandonar sus casas y animales no contaron con un bergantín para rastrear el oeste norteamericano en busca de oro, ni parecen haber sido tan sagaces como para ocurrírseles lo del salón de los placeres.</p>
<p dir="ltr">-Lo cierto es que estos jóvenes, a la postre mis tatarabuelos, cabalgaron el oeste en busca del metal estrella de todos los tiempos. Tuvieron muchos hijos allí como era costumbre entonces y varios de los hermanos Guevara se casaron con hermanas Lynch, las familias estaban encantadas porque pudieron mantener la identidad argentina a pesar de la lejanía y los años, sin descuidar las cuestiones sociales. Habían mantenido la mezcla entre familias patricias y fundadoras de Argentina, habían permanecido en los valores de la lealtad, pero poco pudieron legarle al Che o a criatura alguna en materia de respeto a los derechos humanos, a la igualdad de razas y de clases ni de distribución de riqueza alguna. Aunque sí en materia de aventuras y en la sensación celular de estar siempre con los petates listos para una partida de emergencia, y de tomarse la vida como si se tratase de un caballo brioso.</p>
<p dir="ltr">El doctor no hizo comentario alguno al hilo del relato, se quedó mirándome y me preguntó si me interesaba ingresar allí para tratarme, e insistió nuevamente en su contradicción, en que la luz perfecta, impoluta de la imagen de mi tío ponía aún más de relieve los defectos y malformaciones de mi personalidad, a la vez que me reclamaba un comportamiento más honroso para con aquel haz de luz.</p>
<p dir="ltr">No sé si a causa de mi desconfianza de todo estudioso del cerebro freudiano o no, o por el arraigado ejercicio guevariano de cuestionar todo, le dije que aceptaba su invitación a esa hermosa clínica donde seguramente encontraría maneras de entrar botellas de ron camufladas, pero jamás podía ver a mi traicionado, solitario y manipulado tío como fuente de luz alguna, sino al contrario, desde que supe de su existencia creía vivir bajo su sombra infinita, eterna, proyectada desde la hiperquinesis  de un fantasma que huía de sus antepasados.</p>
<div></div>
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