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	<title>#ADNGuevara &#187; Ernesto Guevara</title>
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	<description>Martín Guevara, sobrino del Che, cuenta anécdotas de su familia y analiza el contexto político mundial</description>
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		<title>Brasil, luminosa y sórdida</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Apr 2013 00:19:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Granados]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
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		<category><![CDATA[Rio de janeiro]]></category>
		<category><![CDATA[Santos]]></category>

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		<description><![CDATA[_Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero. _ Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco. Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le dí dos dólares para cuatro días,... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/04/26/brasil-luminosa-y-sordida/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>_Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero.</p>
<p>_ Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco.</p>
<p>Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le dí dos dólares para cuatro días, los tomó sin salir de dentro del cubículo enrejado en que estaba, y me indicó las escaleras que me llevaban a mis nuevos aposentos.</p>
<p>Mi habitación era un trozo de un cuarto mayor que había sido dividido en tres o cuatro espacios con tablones de aglomerado, de una forma que dejaba ver el escaso amaneramiento del  propietario.</p>
<p>Había dos literas con dos camas cada una, y un pasillo estrecho entre ambas, tuve suerte de que me tocara la parte de la habitación donde originalmente se encontraba la ventana.  las camas contaban con una sábana gastada pero limpia, y una almohada sin funda que sólo de verla me despertaba los alérgenos del asma.<span id="more-493"></span></p>
<div id="attachment_502" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Puerto-de-Santos-en-Brasil.jpeg"><img class="size-full wp-image-502" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Puerto-de-Santos-en-Brasil.jpeg" alt="" width="500" height="331" /></a><p class="wp-caption-text">Puerto de Santos</p></div>
<p>_Y ahí? – me dijo un hombre delgado de estatura baja, con pocos dientes y de mediana edad_ Joao, dijo cediéndome la mano.</p>
<p>_ Martín- le dije mientras presentí como escudriñaba mi humanidad con la mirada, tal como yo había  hecho poco antes con él.</p>
<p>Un joven de otro país, delgado, de estatura media, pelo oscuro largo hasta los hombros y de vestimenta llamativa, y con un extraño abrigo polar en su mano, un pequeño bolso al hombro, que no debe esconder mucho de valor, y un reloj que sí debería estar escondido-Debió haber pensado a su vez,  Joao.</p>
<p>Yo estaba cansado , había llegado a Santos a dedo, después de andar  dando vueltas entre Sao Paulo y Río de Janeiro, viajes en los que gasté todo el dinero que llevé a Brasil.</p>
<p>Me desplomé sobre la catrera, que en ese momento me sabía a gloria,  preguntándole antes al flamante compañero de habitación:</p>
<p>_ No irás a robarme mientras duermo no?. Joao sonrió y no entendí lo que me dijo a continuación, pero su semblante hablaba por él, era de fiar.</p>
<p>Me levanté unas horas más tarde con hambre, solo había comido una coxinha y una esfinha en la rodoviaria al llegar a Santos. Me quedaban unos dólares que llevaba cuidadosamente enrollados en los calzoncillos. Esto solucionaba dos asuntos: dado el estado higiénico de mis pantalones , cabría  suponerle demasiado valor a cualquier delincuente rastrero que decidiese probar suerte mientras dormía introduciendo sus dedos en semejante caja de sorpresas, y por otro  lado, mientras estaba en vigilia , le daba ese toque de aumento , que no se puede decir de manera categórica, que mi bulto lo precisara, pero el cual no le venía mal en absoluto, para poder pavonearme entre las garotas. Estaba bien reguardado frente a posibles decepciones, ese blue jean no me iría a permitir demasiados acercamientos. Años más tarde, a mi analista le resultó poco sugerente, la imagen de un pene envuelto en dólares, para lo que sea que fuese.</p>
<p>Había ido a Brasil unos tres meses atrás, sin saber bien donde dirigirme, pero con la intención de encontrar  un puerto importante donde parasen barcos de bandera noruega, panameña y de Liberia, que eran los que tomaban trabajadores para cubrir plazas sin requerir mucho más que un pasaporte en regla, y la promesa de que no se marearía en alta mar, requisitos hasta los que podía llegar.</p>
<p>Tenía metido en la cabeza a mi tío el héroe de las Américas, incluso hasta en aquel deseo, ya que una vez en el transcurso de una de sus aventuras él había intentado viajar sin abonar el monto del pasaje  en un barco,  hasta que el hambre lo obligó a presentarse en el puente de mando y admitir que iba de polizón. Peló un poco de papas pero cubrió su trayecto. Su amigo de la juventud, Alberto, me había contado como se las arreglaban con una balsa de armado amateur en medio de las corrientes del río.</p>
<div id="attachment_512" class="wp-caption aligncenter" style="width: 394px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/barquito-de-papel.jpg"><img class="size-full wp-image-512" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/barquito-de-papel.jpg" alt="" width="384" height="324" /></a><p class="wp-caption-text">Sin bandera</p></div>
<p>Lo cierto era que embarcar no se estaba llevando a cabo lo rápido que había supuesto, en honor a la verdad, aunque  seguía subiendo a la borda de los barcos mercantes para hablar con el capitán, lo cierto es que  ya m e estaba divirtiendo más  recorriendo Brasil, conociendo a su gente y quizás también un poco más a mí mismo, como es menester en un verdadero viaje.</p>
<p>Blandía el discurso de bajarme en Rotterdam una vez que me cansara de alta mar, pero la idea era difusa. Se me había ocurrido Holanda a raíz de una amiga que me habían hablado muy bien de la vida allí. Por eso llevaba un abrigo de pluma de ganso que en el sur argentino lo había puesto a prueba de un invierno severo.</p>
<p>Santos era la ciudad portuaria más importante de Brasil, y en los muelles brasileros por entonces, con solo presentar el pasaporte la guardia permitía entrar hasta los embarcaderos, a los que pretendían enrolarse.</p>
<div id="attachment_507" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/dolares-rollo.jpg"><img class="size-medium wp-image-507" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/dolares-rollo-300x207.jpg" alt="" width="300" height="207" /></a><p class="wp-caption-text">Dólares de buen rollito</p></div>
<p>Era de esperar que allí tuviese más suerte que en Río grande do Sul donde llegué a bordo de  un camión, que tomé en el mercado central de frutas, los camioneros argentinos entonces solían dar aventones para que les entretuviesen con historias y les cebaran el mate, siempre que uno se acreditara debidamente y presentara un aspecto, si bien no atildado, al menos poco temerario.  Subí a tres barcos en los cuales me trataron con cordialidad, y escucharon mis plegarias de dos años de sueldo y al cabo de ello descanso en  Rotterdam, con cervezas holandesas y pasto de coffee shops.</p>
<p>Así que cuando desperté en mi cuarto de hotel con los jugos gástricos pidiendome combustible,  aún estaba Joao en la habitación, tumbado en su cama, y todavía continuaba intacto en mi pantalón aquel preciado bulto.</p>
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		<title>La casa redonda</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Nov 2012 20:07:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Guevara]]></category>
		<category><![CDATA[La casa redonda]]></category>
		<category><![CDATA[Villa Gesell]]></category>

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		<description><![CDATA[“Epsis adocnis” me decía al tiempo que hacía denodados esfuerzos por incorporarme. La cabeza hacía lo posible por seguir mi directriz de no partirse en dos. El hombro lo tenía cubierto de una pasta rojiza con olor dulzón, y la boca con un sabor agrio y desierta de saliva, reconocí el pie del lavatorio del... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2012/11/16/la-casa-redonda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Epsis adocnis” me decía al tiempo que hacía denodados esfuerzos por incorporarme. La cabeza hacía lo posible por seguir mi directriz de no partirse en dos. El hombro lo tenía cubierto de una pasta rojiza con olor dulzón, y la boca con un sabor agrio y desierta de saliva, reconocí el pie del lavatorio del baño y me percaté que había podido dejar la puerta abierta, me incorporé, pero dos pasos más adelante perdí pie y pisada y fui a dar contra la mesita de luz que estaba al salir del baño, tiré al suelo la taza de café los libros el despertador y el cenicero.</p>
<p>Me quedé un rato más allí hasta que se me pasaron las ganas de asirme al parquet. Dormí un poco y al despertar logré llegar a la puerta que no estaba tan  lejos como parecía, todo en esa mísera cueva excepto la salvación, estaba demasiado cerca.</p>
<p>Presioné fuertemente las sienes y luego las cavidades orbitales por encima de los párpados, bordeando los ojos, eso me hizo ver las estrellas en sus colores originales con resplandores plateados repletos de mil y un demonios, que no obstante aliviaron el descontrol de mi cabeza, recién entonces tomé asiento.<span id="more-151"></span></p>
<div id="attachment_155" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/botellas-antiguas1.jpg"><img class="size-medium wp-image-155" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/botellas-antiguas1-300x232.jpg" alt="" width="300" height="232" /></a><p class="wp-caption-text">Sin vasos</p></div>
<p>¿ Qué habría querido decir con aquello?. Lo cierto es que en Claudio no se podía creer ni cuando daba la hora, pero a veces decía cosas que parecían venir de otra dimensión, de una existencia por donde ni por asomo paseó vez alguna su codo ni  su trasero. Aunque quizás en aquella ocasión, justo gracias a lo absurdo que parecía, tuviese algo de sentido.</p>
<p>Tenía que salir de aquel antro o los pulmones me iban cobrar una factura aún mayor silbidos y tos. Mis fuelles estaban bien adiestrados para convivir con la polución y podían optimizar el oxígeno de cada bocanada de aire, pero no se les podía exigir lo imposible.</p>
<p>Llevaba cuatro meses alquilando ese departamento y ya me estaban pidiendo que lo abandonase con urgencia, ya que otros lo codiciaban como si fuese el Ritz, la propietaria era una conocida de mi amiga Karina, quien intercedió para el alquiler porque cuando solíamos dormir juntos se nos iba todo en hoteles. Y aunque yo no hiciese demasiado por la salud ambiental de aquel rectángulo, lo cierto es que al viciado aire que se respiraba allí contribuían otros condicionantes , estaba encajonado, no recibía un rayo de sol en todo el año y si se lo intentaba ventilar, entraba una corriente de aire gélido y húmedo que en invierno podía matar de neumonía y en verano de intoxicación a merced de los efluvios del pequeño y poco higiénico patio al que daba.</p>
<p>“Al demonio con todo aquello”- me dije.</p>
<p>Claudio me había dicho que en algunos sitios de la  costa cuando llegaba la temporada estival solía haber trabajo, la gran mayoría del malo, del verdaderamente malo de ese que no pagan y si lo hacen solo pagan la mitad de lo prometido, pero se podía encontrar diversión, me habló de algún puesto de camarero en algún restaurante caro que permitiese regresar luego a la ciudad con unos cuantos billetes como para tirar unos meses sin preocupaciones. Pero a quien le importaba servir sándwiches de milanesa o canapés de caviar. Epsis adocnis me repetía yo una y otra vez, en apariencia no significaba nada, pero hasta ese entonces nunca algo había significado tanto para mi.</p>
<p>Junté todo lo de mi propiedad, que con libros incluidos  no llegaba repletar dos bolsos deportivos, le dejé una nota a la conocida de Karina diciéndole que ya podía intoxicar a algún otro desprevenido, con respecto a la factura de teléfono le puse en la nota: “Dios te la pague”,  y me fui.</p>
<div id="attachment_156" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/villa-gesell-buenos-aires-argentina-bosque.jpg"><img class="size-full wp-image-156" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/villa-gesell-buenos-aires-argentina-bosque.jpg" alt="" width="640" height="480" /></a><p class="wp-caption-text">Bosque de Villa Gesell</p></div>
<p>Antes de haber emigrado solía ir cuando era niño con mis padres a San Clemente del Tuyu y a Villa Gesell. De aquello había pasado mucho tiempo, pero ambas seguían siendo zonas de veraneo, elegí Villa Gesell porque algunas personas me dijeron que tenía más onda, tanto las chicas de la arena como del bar, la tiza, la serpiente del bebedor que terminé enroscándome en la garganta, mientras me embebí en ese tipo de miel de la ciudad y alcohol de farmacia, laya de ese talante y también el ambiente de la gente como las fondas donde se podía trabajar.</p>
<p>No quería trabajar más que cuando me fui por toda la costa del Atlántico desde Uruguay hasta Guyana Francesa buscando un barco para convertirme en Simbad.</p>
<p>Fui a un pequeño hotel que había en la avenida Buenos Aires en pleno centro, cerca de donde paraba cuando era niño. Todo había cambiado, esa zona que otrora estaba entre pinos era en aquel momento un corredor de centros comerciales.</p>
<div id="attachment_162" class="wp-caption alignright" style="width: 246px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/ernesto-joven1.jpeg"><img class="size-full wp-image-162" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/ernesto-joven1.jpeg" alt="" width="236" height="167" /></a><p class="wp-caption-text">Ernesto en calle Araoz, Palermo</p></div>
<p>Un primo de mi padre me comentó que mi tío Ernesto, cuando era muy joven había comprado junto con mi abuelo unas tierras en Villa Gesell,  mi abuelo había tenido tiempo de venderlas cuando comenzó el desarrollo turístico , no así mi tío que estaba en otras contingencias. Fui a verlas, estaban justo donde entonces se encontraba la casa redonda, una casa que sería de lo más vulgar si no fuese porque sus paredes estaban dispuestas en efecto, de modo circular y porque todos sus habitantes estaban en la costa para llevar a cabo su particular manera de entender las actividades lucrativas, un muestrario de todas las formas de agenciarse el sustento con picaresca, pequeños hurtos, ventas de substancias prohibidas, y me quedé dos meses atónito observando como si de un circo se tratase toda suerte de timos y algunos vicios, en el mismo sitio donde habían estado las parcelas que ocultaban arena en la sangre, arena en los dientes, que escondían los secretos mejor guardados de unos jóvenes, que una noche conocieron excesos que los condenaron al nunca más en un inicio y a la eternidad a renglón seguido.</p>
<div id="attachment_160" class="wp-caption alignleft" style="width: 230px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/la-casa-redonda.jpg"><img class="size-full wp-image-160" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/la-casa-redonda.jpg" alt="" width="220" height="165" /></a><p class="wp-caption-text">La casa redonda Villa Gesell</p></div>
<p>Improntas de mi tío y sus amigos que cobraban vida cada período estival, dentro de la casa redonda en una cascada de rebeldía, en el umbrío extremo alternativo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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