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	<title>#ADNGuevara &#187; La Habana</title>
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	<description>Martín Guevara, sobrino del Che, cuenta anécdotas de su familia y analiza el contexto político mundial</description>
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		<title>El jamón, el chicle y la manzana</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jan 2013 23:44:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Había tres elementos fetiches masticables, degustables, semi comestibles, en los años en que viví en Cuba, que indicaban cierta nostalgia en favor de tiempos pretéritos,  y sobre los cuales existía toda una suerte fabulaciones que los dotaban de características inexistentes, aportadas por el primitivo sentido de la melancolía,  la tergiversación de la memoria recaía sobre... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/01/08/el-jamon-el-chicle-y-la-manzana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Había tres elementos fetiches masticables, degustables, semi comestibles, en los años en que viví en Cuba, que indicaban cierta nostalgia en favor de tiempos pretéritos,  y sobre los cuales existía toda una suerte fabulaciones que los dotaban de características inexistentes, aportadas por el primitivo sentido de la melancolía,  la tergiversación de la memoria recaía sobre esos tres productos en sí, pero aún más amenazantes eran por aquello que representaban.</p>
<p>Uno de ellos era el jamón. El pernil de puerco, ya ahumado, medianamente curado o cocido.  En el imaginario colectivo de cualquier cubano de a pie, se encontraba liderando las placenteras fantasías más variadas, ligadas antes a la erótica del poder que a las ansias gustativas. Mientras que representaba un tangible elemento diferencial, en posesión de las novísimas clases dominantes, las sustitutas de las relacionadas con la propiedad de los medios de producción, las compuestas de las elites de las diferentes organizaciones de control, que  articuladas conformaban el poder en la isla.<br />
<span id="more-232"></span></p>
<div id="attachment_234" class="wp-caption aligncenter" style="width: 249px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/jamón.jpeg"><img class="size-full wp-image-234" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/jamón.jpeg" alt="" width="239" height="211" /></a><p class="wp-caption-text">Pernil de jamón asado al estilo cubano</p></div>
<p>Y es que el jamón, había desaparecido de las tiendas, toda vez que estas desaparecieron con anterioridad, no sin haber dejado su sello distintivo en la sociedad, más por su carencia que por su significado tradicional. Nunca dejó de producirse, pasó a hacerse de modo controlado por el Estado, como absolutamente todo lo que se producía en la isla por una suerte de disparatada interpretación de los manuales de Marx,  entonces su distribución se destinó a abastecer comedores de los altos cargos de los ministerios , casas de visitas, alacenas de altos mandos del Partido, militares y más tarde en hoteles y tiendas para uso exclusivo de extranjeros, cuando surgió la idea de dudoso carácter socialista, de que todo producto que atesorase cierta calidad debería ser destinado al consumo de ciudadanos que como condición innegociable, acreditasen no haber nacido en Cuba. El novedoso experimento caribeño, había erradicado al dinero como medio para establecer las pautas de clases, y lo había reemplazado por divisas menos tangibles como:  méritos morales, éticos, revolucionarios, una especie de retorno al medioevo inquisitorial, de ahí que las insalvables diferencias entre castas sociales,  no tuviesen su reflejo en la posesión de bienes y propiedades, y era entonces cuando el jamón entraba en juego a manera de blasón o título nobiliario.</p>
<p>Así es que en la jerga popular todo aquello que despuntase en materia de placentero, de gozoso o de confortable era denominado “jamón” en honor al noble fiambre.</p>
<div id="attachment_236" class="wp-caption aligncenter" style="width: 550px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/chicle-ruso.jpg"><img class="wp-image-236 " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/chicle-ruso.jpg" alt="" width="540" height="345" /></a><p class="wp-caption-text">El chicle marginado</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>El segundo de los elementos fetiches que más recuerdo era el chicle. Esa goma de mascar que se podía adquirir en cualquier kiosco de cualquier país no comunista por unas monedas. El chicle, esa goma que al poco de empezar a masticarla pierde su dulzor y concentra todo su atractivo en la repetición del mordisco y el bailoteo de la lengua, también del mismo modo que el jamón traía reminiscencias de tiempos de acceso del vulgo a cualquier grado de variedad en los productos, y de igual manera podía resultar particularmente subversiva su utilización en un chiste o en una inocente manifestación de deseo. Pero contaba con una distinción. Solo era poseído por aquellos que viajaban o que tenían familiares que visitaban el perturbador campo capitalista. Y aunque existían unos particulares émulos de la traviesa golosina fabricada en algún país del área socialista como Hungría o Yugoslavia, estos eran de una dureza tal que hacía inútil cualquier esfuerzo por su disfrute, aparte de que su envoltorio era de una estética tan revolucionariamente asceta, que pavonearse con ello, no solo no representaba ventaja alguna sino que restaba una ristra de puntos al portador. Su nombre popular era: chicles rusos.</p>
<p>Los niños solían colectar el caimito, un fruto redondo de color violeta, sabor amargo y mezquino en pulpa, pero que al masticarlos en grandes cantidades desprendían una leche blanquecina que al rato de darle vueltas con la lengua se transformaba en algo parecido a la idea de un chicle, y desde luego nada desmerecedor frente a su modalidad rusa. En ocasiones se le agregaba pasta de dientes de la única marca del mercado: Perla, para darle el característico sabor a menta durante las tres primeras dentelladas.</p>
<p>Los que tenían acceso a los chicles de verdad, los masticaban durante días, en las noches los guardaban en sus envoltorios originales, y a la mañana siguiente los empapaban en azúcar antes de volver a hincarles el diente. Años más tarde mi padre me contó como en las diferentes cárceles argentinas en que pasó sus prolongadas vacaciones, los presos hacían todo tipo de trucos para reutilizar la yerba mate hasta el hartazgo, aquello me recordaba el chicle de los cubanos.</p>
<p>La manifestación del deseo de mascar goma saborizada comprendía un agravante sobre el deseo de comer jamón, al ser un producto relacionado con el imperialismo yanqui, era sensible de ser utilizado para la acusación de padecer diversionismo ideológico.</p>
<div id="attachment_237" class="wp-caption alignright" style="width: 160px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/Messi_chicle.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-237" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/01/Messi_chicle-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Merecido balón de goma</p></div>
<p>El tercer elemento era la manzana. Aún en la sensación de distancia que establece el paso del tiempo, a menudo cuando voy a hincar el diente en una manzana de cualquier clase, tamaño o color, acude a mi mente antes que cualquier otra identificación con el fruto, más que su sabor, que su fama de elixir de la salud, que su marcado simbolismo bíblico, su magnitud en significados y significantes que presentaba en la isla de las añoranzas.</p>
<p>La manzana, como las dos fuentes de la imaginería popular anteriores, simbolizaba lo dificultosamente alcanzable por la gente común, pero con dos añadidos a la pierna porcina y al entretenido pegamento mandibular, uno era que su mención, asombrosamente carecía de riesgo de sospechas por ningún órgano delator, y la segunda estrechamente ligada a la primera, es que era la representación de lo más puro de la añoranza, desprovista de toda segunda lectura, de cualquier mensaje entre líneas. La manzana era recordada de una manera inocente, pura, más como el paraíso perdido que como una fruta, como la infancia donde reinaba la alegría, la despreocupación, estaba relacionada con los colores vivos, con la Navidad, con las modas llegadas de ultramar.</p>
<p>Aún concurre una tercera particularidad, la manzana no estaba al alcance de ninguna clase social, de ninguna tienda de extranjeros, de la familia de ningún ejecutivo viajero, sencillamente la última manzana se había comido en Cuba, un par de años después de triunfada la Revolución. Solo volvió a haber un reducido cargamento a finales de los años sesenta, una licencia a modo del verso perdido, del que todos aseguraban haber engullido al menos un ejemplar.</p>
<p>La gente hablaba de la manzana sin acritud, con ternura, declaraban y fabulaban que la habían probado en su juventud o niñez, tanto los que acreditaban edad para ello como aquellos a los que les era cronológicamente imposible.</p>
<p>Curiosamente aún cuando la mención del deseo de comer manzanas, podría resultar mucho más subversiva, ya que hacía inequívoca referencia a un viaje a la época pre revolucionaria, era sensiblemente la manifestación de nostalgia que con mayor libertad se podía mencionar.</p>
<p>Quizás fuese debido a su halo de fruto saludable, o por lo inmensamente compartido del carácter pecaminoso que había en su añoranza, o quizás porque al declarar haberla probado y recordar su sabor<br />
dulce y exquisito, dicha peripecia y temeridad cronológica, procediese del mismo sustrato que se precisaba para creer en que de aquel despropósito de sociedad, se estaba construyendo el sueño que tuvo lugar en aquel lejano lapsus revolucionario post y pre dictatorial, el del inicio y el final, representado en la ilusión de un hombre nuevo, de un mundo mejorado.</p>
<p>Luego supe que con el arribo del Papa de Fidel, llegaron también las manzanas, pero a un precio demasiado elevado. Hoy, en los días del Papa de Raúl, junto a las nuevas disposiciones y leyes que reniegan de medio siglo de estricto control estatal, alejándose de la omnipresencia de las instituciones en las cotidianas transacciones comerciales, han vuelto las manzanas importadas del área capitalista a las calles de La Habana al alcance de casi todos los bolsillos, paradójica o consecuentemente, antes que la pierna de jamón, que el paquete de chicles y que el hombre nuevo.</p>
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		<title>Cuba 1980: una golpiza revolucionaria</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Nov 2012 16:43:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[éxodo del Mariel]]></category>
		<category><![CDATA[Jimmy Carter]]></category>
		<category><![CDATA[La Habana]]></category>
		<category><![CDATA[pioneros cubanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo más probable es que nadie tuviese prevista la avalancha de gente que se presentó aquellos días de 1980 en las oficinas correspondientes para abandonar la isla de Cuba, llegaban a El Mariel desde todas partes del país, en el edificio contiguo al mío en Alamar, habitaba una familia de vecinos a la que llamábamos... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2012/11/23/167/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo más probable es que nadie tuviese prevista la avalancha de gente que se presentó aquellos días de 1980 en las oficinas correspondientes para abandonar la isla de Cuba, llegaban a El Mariel desde todas partes del país, en el edificio contiguo al mío en Alamar, habitaba una familia de vecinos a la que llamábamos los Micho, eran de la provincia de Las Villas, y habían esperado a que llegaran procedente de su tierra a toda la familia, para entrar a la embajada del Perú, en los días en que se abrió esa opción, pero dadas las demoras de los servicios de transportes interprovinciales, los familiares se presentaron demasiado tarde, cuando ya se había prohibido la entrada al recinto.</p>
<p>Los Micho aún estaban en el departamento de Alamar, amuchados, resolviendo como podían para comer, ya que no tenían su libreta de abastecimiento en La Habana, cuando se abrió el grifo de la emigración sexualmente subversiva en el Mariel.</p>
<p>De las razones eficaces para ser expatriado a los Estados Unidos, las únicas sobre las cuales las sospechas de fraude no podían ser resueltas de ninguna manera eran la prostitución y la homosexualidad; si alguien declaraba ser delincuente, debía poseer un prontuario, si decía ser vago habitual, debía estar registrado por la ley del vago, era fácilmente comprobable saber hasta cuando había trabajado. Declararse puta o pájaro era la mejor forma de acceso a una vida plena de futuro e ilusiones nuevas.<span id="more-167"></span></p>
<p><iframe width="640" height="480" src="http://www.youtube.com/embed/AQp7RgMemeg?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Recuerdo  aquellos guajiros encantadores, hombres y mujeres rudos de campo, llenos de niños, declarando en la comisaría, ellas que se ganaban la vida como meretrices entre los surcos de malangas con sus facciones endurecidas por el Sol, pero suavizadas por la ingenuidad campesina,  y ellos, con aquellas manos como guantes de cátcher,  y las cicatrices en sus brazos, asegurando que en la noche se calzaban medias pantys y ligueros y se transformaban en delicadas ninfas.</p>
<p>La Habana de los Micho de mi barrio, de la pedrada indiscriminada, del almizcle en la marcha del pueblo descorazonado y del estudio en la casa de Miramar de mi abuelo, estiraba la lengua para alcanzar con el último suspiro, las gotas de ron de una vieja botella, de un naufragio de aire familiar.</p>
<div id="attachment_171" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/fuera-antisociales2.jpg"><img class="size-full wp-image-171" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/fuera-antisociales2.jpg" alt="" width="600" height="332" /></a><p class="wp-caption-text">Marcha de repudio contra la población emigrante. Un cartel destinado al ex presidente actual amigo de la Revolución, dejando constancia de la hostilidad oficial de entonces reza: Carter, acuérdate de Girón</p></div>
<p style="text-align: left">Una tarde que estábamos tocando una rumba en el muro del colegio, al frente del edificio, se acercó una comitiva formada por vecinos de los edificios de al lado, acudían al nuestro a informarle al presidente del CDR que los del cuarto piso, una familia de cuatro personas, tenían pedida la salida para Estados Unidos y que de un momento a otro llegarían, así tenían tiempo de prepararles el recibimiento.</p>
<p>A las dos horas llegó un patrullero conduciendo a los cuatro vecinos de la cuarta planta, él era marinero, la esposa ama de casa, el niño y la niña eran pioneros, como todos los críos. Ni bien cerró la puerta el coche de la policía y empezaron a caminar por el pasillo hasta su escalera, salió un grupo de vecinos militantes que los estaban esperando detrás de una escalera, y comenzaron a gritarles  a voz en cuello, todo tipo de insultos, fundamentalmente, escoria, homosexuales, prostitutas, y gusanos, se gritaba más que nunca :</p>
<p>¡ Pim Pom Fuera, Abajo la gusanera! alternándolo con : ¡Fidel, seguro, al gusano dale duro!</p>
<p>Me bajé del muro , me acerqué y pude ver la cara de miedo en los rostros de nuestros vecinos, de los niños que hasta el día anterior jugaban allí mismo protegidos por ese mismo CDR, los gritos iban en aumento  en la medida que se acercaban a la escalera, cuando ya estaban cerca, la muchedumbre comenzó a asestarle golpes, con las manos abiertas a modo de bofetadas, o cerradas en puño sobre la cara , la nuca , la espalda, y entonces el bravo revolucionario policía que vivía en nuestro edificio, le dio en la cabeza con una porra de goma al hombre, la mujer rompió a llorar y dar alaridos, los niños nos miraban, con cara aterrorizada,  le agarré la mano a la niña y no dejé de mirarla a los ojos diciéndole que no pasaba nada, que se calmase, y en eso Jesús, uno de los muchachos mayores, que medía más de seis pies, y había estado en todo tipo de reformatorios, se bajó del murito y se acercó a la multitud acalorada y violenta, y les dijo con voz tranquila y profunda, pero determinada: ¡Caballero dejen el abuso,  esa gente  tienen niños!. Y de un hábil salto se interpuso entre el teniente de policía, y el matrimonio, momento que los cuatro aprovecharon para subir raudos las escaleras, mientras continuaba la algarabía desde abajo.  Sólo entonces solté la mano de la niña que aún estaba ataviada con el uniforme de pionera, con el que todas las mañanas de su vida debía jurar a modo de lema: &#8220;Pioneros por el comunismo&#8230;¡ Seremos como el Che!&#8221;</p>
<div id="attachment_172" class="wp-caption alignright" style="width: 610px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/pioneros-marti1.jpg"><img class="size-full wp-image-172" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/pioneros-marti1.jpg" alt="" width="600" height="402" /></a><p class="wp-caption-text">Momento de la reunión matutina en que se jura el lema: Pioneros por el comunismo , ¡ Seremos como el Che!</p></div>
<p>La de Jesús fue la única voz discordante que escuché en todos aquellos días de barbarie en La Habana,  muchos decían que era un delincuente desalmado, pero la verdad, que aunque no era un muchacho modélico, nunca cometió un abuso y lo recuerdo con respeto porque sabía lo que su acción solidaria implicaba en esos días. Era el más alto y el más azabache de todos los de su familia,  y también al que nunca vi bailar, decía que él solo bailaba en los plantes de ñañigos, los integrantes de la sociedad secreta Abakuá.</p>
<p><iframe width="640" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/ya2hS5qhO6Q?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Durante cuatro días, permanecieron con las ventanas y las puertas del balcón cerradas, ya que los vecinos les arrojaban huevos desde abajo en señal de repudio. El día que por fin se presentó la patrulla que los iba a recoger para depositarlos en la borda del yate, que los llevaría a la otra orilla, al norte imperialista, el agente, yendo unos pasos por delante de ellos,  permitió que la misma muchedumbre vecinal se cebara dándoles los últimos golpes y empapándolos con los últimos salivazos, a modo de despedida de un vecindario, con los que había existido convivencia y camaradería, rotos únicamente por la decisión extremista y subversiva, de procurarse el sustento  en otro país.</p>
<p>Fueron semanas en que una locura colectiva llevó al pueblo a propinar constantes golpizas, humillaciones, vejaciones a una parte de la población que solo habían decidido tomar la medida más inofensiva posible frente a una realidad que no les convencía, <a href="http://america.infobae.com/notas/45012-Los-distintos-exilios-cubanos">hacer las maletas y emigrar</a>, en lugar de quedarse a militar en contra de la Revolución, ni siquiera se les tenía en cuenta esa extraña y a todas luces bienvenida veta pacifista para resolver sus más vitales diferencias y para conseguir algún tipo de realización en sus vidas que no pasase exclusivamente por los lineamientos de la dirigencia en un sistema que era lo más lejano imaginable al principio comunista: &#8220;A cada cual según su necesidad&#8221;, ni siquiera al sucedáneo socialista : &#8220;de cada cual según su capacidad y  a cada cual según su trabajo&#8221;. No había manera democrática de alcanzar ningún nivel de poder. En Cuba o en la URSS el dinero pasó a un segundo plano, ya que se logró que el poder pasase por otro lado mucho más sofisticado. El dinero era un estado previo y trasnochado frente a ese tipo de posesión  absoluta de la verdad. Y la gente ambicionaba su pequeña parcela de manifestación de la líbido en la cosecha propia.</p>
<div id="attachment_175" class="wp-caption alignleft" style="width: 266px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/repudio.jpeg"><img class="size-full wp-image-175" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/11/repudio.jpeg" alt="" width="256" height="144" /></a><p class="wp-caption-text">Golpizas populares a los emigrantes</p></div>
<p>La cantidad de dramas y tragedias de este y otro tipo, que se dieron cita en los días del Mariel, solo se pueden contabilizar con la imaginación o la especulación, ya que en Cuba además de no existir estadísticas públicas, tampoco existía prensa policiaca, ni siquiera del tipo oficial.  Lo que no puede negar todo el que vivió esos años, es que todo el tiempo , en todos los barrios, esas golpizas, humillaciones y abusos, eran tan generalizados que parecían una catarsis colectiva, como si castigasen el atrevimiento de revelar el incosciente colectivo,  aquello que  deseaban casi todos más que un dulce y una caricia: pirarse al norte.</p>
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		<title>&#8220;Crossroads&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Oct 2012 14:15:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2012/10/09/crossroads/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">En estos días se conmemora un aniversario más de la muerte del Che en Bolivia. Cada vez que se acerca esta fecha me asisten una serie de recuerdos a los cuales los rayos de la perspectiva en el tiempo han dotado de la gracia propia de la anécdota que se desvía del convencionalismo, pero que no obstante en su momento consiguieron demostrarme la calidad y consistencia de un constante agobio.</p>
<p dir="ltr">En uno de los aniversarios, vivía en La Habana y no estaba lo que se llama adaptado a la vida prolija en sociedad, era una especie de marginal según me decían, un lumpen, era un desclasado social que no conseguía adaptarme al inmovilismo y la falta de libertad del mal llamado socialismo en Cuba, sumado a la danza de incomodidades típicas de los adolescentes tardíos y aderezado por una vehemente reacción a las conductas convencionales, que en mi caso, estaban regidas por un enmohecido sistema de falsedades que componían la pretendida superioridad moral de los ángeles de izquierdas y los santos comunistas</p>
<div id="attachment_9" class="wp-caption aligncenter" style="width: 493px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg"><img class=" wp-image-9  " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/Roberto-Guevara-Y-Ana-Lynch.jpeg" alt="" width="483" height="432" /></a><p class="wp-caption-text">Mis bisabuelos Roberto Guevara Castro y Ana Lynch Ortiz y sus hijos, entre los que está mi abuelo Ernesto, en el extremo derecho de pie.</p></div>
<p dir="ltr"><span id="more-5"></span></p>
<p dir="ltr">Un día en que hasta yo mismo habría apostado que no aguantaba ni un trago más de ron sin desplomarme en el acto, me levanté sin embargo de la banqueta de la barra del bar del Hotel Capri en el barrio de El Vedado, del cual mis amigos se habían ido, dejándome con mis monólogos, tras intentar en vano por todos los medios persuadirme de que no bebiese más, y me dirigí al Hotel Habana Libre, <a href="http://america.infobae.com/notas/57640-Infancia-de-privilegios-en-el-Habana-Libre-de-Cuba">donde había vivido cuando era un crío</a>, a tomarme las últimas copas en compañía de los recuerdos de mis primeros años en la isla. Caminé dando tumbos, agarrándome a cada poste como en las caricaturas de beodos, y cuando conseguí llegar a la puerta del hotel tras un rodeo de zigzags y dobles visiones, perdí el equilibrio una vez más pero esa vez no encontré poste alguno y me fui de bruces al suelo de mármol, frente al buró de la entrada donde se apostaban los guardias que impedían entrar a los cubanos.</p>
<div id="attachment_14" class="wp-caption aligncenter" style="width: 522px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel.jpg"><img class=" wp-image-14 " src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2012/09/havana_libre_hotel-1024x779.jpg" alt="" width="512" height="389" /></a><p class="wp-caption-text">Hotel Habana Libre</p></div>
<p dir="ltr">Habría ganado la apuesta.</p>
<p dir="ltr">Cuando desperté, había una ambulancia, dos enfermeros, y un hombre menudo, con cara de buen tipo hablándome de manera calma, preguntándome cómo estaba. Me dijo que me llevarían al hospital que él dirigía, me dijo que el hombre de la entrada le había dicho “quién era yo” (es curioso hasta el punto que la gente tenía asumido que yo no era otra cosa que sobrino del Che) y que quería que fuese a la clínica CENSAM, en Jaimanitas. Los enfermeros iban a proceder a mi traslado, pero me negué rotundamente, le dije que no, que no en ese momento.  Entonces me dijo que quería mi compromiso de que lo visitaría, me dio su tarjeta, era psiquiatra y dirigía aquella clínica para funcionarios del Ministerio del Interior o familiares de dirigentes con problemas en sus procesadores.</p>
<p dir="ltr">A la semana, cuando asistí, tuvimos una larga charla en la que me preguntó si me daba cuenta de que ese día que me había caído era el 8 de octubre, el día del Guerrillero heroico, el día que mataron a mi tío. Le dije que sí pero que no veía la relación, le comenté que yo tomaba ron diariamente, era mi somnífero. Y que no creía que esa fecha fuese el motivo de mi malestar, un poco desconfiado de todo estudioso del cerebro que no fuese psicoanalista freudiano. Me recomendó también, que respetase más mi apellido de cara a los demás, ya que yo provenía de una estirpe revolucionaria.</p>
<p dir="ltr">Me arrebujé en el cómodo sillón de su oficina climatizada y me dispuse a responderle:</p>
<p dir="ltr">-No se confunda doctor, la rara avis de mi familia era mi tío, no yo. No sólo no provenimos de una larga estirpe de revolucionarios, sino que quizás nada habría sonado peor a los oídos de los antepasados de mi padre que la conjunción de las palabras: expropiación y distribución del patrimonio.</p>
<p dir="ltr">-Cuando los Guevara y los Lynch llevaban algunas generaciones de argentinos y cuidaban sus campos con celo sin tolerar holgazanerías de peones ni criados, Rosas les había confiscado sus tierras en la vecina Mendoza con parte de los futuros demócratas argentinos como Mitre, Alberdi o Sarmiento. Una tarde, a principios de 1848, estaban el teniente Lynch y los hermanos Guevara, junto con Sarmiento, discutiendo el acontecer político según las noticias que atravesaban la cordillera, y llegó corriendo un compatriota para decirles algo sensacional; ¡en California se habían descubierto unas minas de oro fabulosas!, todos sintieron la llamada del atractivo metal menos Sarmiento que ya era un hombre maduro y sabio y les advirtió: “Antes de que lleguen a California el filón de oro se habrá agotado”, pero la juventud es enérgica y felizmente desoye consejos, así es que semanas más tarde provistos de un bergantín de dos mástiles los aventureros ponían la proa a San Francisco. Allí reinaba un desorden indescriptible, los hermanos y amigos consiguieron vender su bergantín, los Guevara se dirigieron a Sacramento donde estaba el paraíso prometido, y Lynch decidió quedarse en San Francisco por haberse casado con Eloísa Ortiz, abrió no obstante un negocio no apto para matrimonios, aunque sí para casados, el salón “Placeres de California” y la fortuna le acompañó más que a sus amigos que debieron retornar a San Francisco, extenuados y pobres, Lynch les dio trabajo en el Salón de los Placeres, y allí conocieron a Guillermo Castro, un aristócrata del lugar, casado con la nieta de Peralta ex virrey de la Nueva España, hoy México, que era dueño incluso del Gran Cañón del Colorado, ellos se aplicaron el beneficio de ese dicho castellano que reza: “no hay bien, que por mal no venga”. Unos años después de la caída de Rosas a manos del general Urquiza volvieron los Guevara a Argentina, Lynch volvió unos años después con su amplia familia, había tenido diecisiete hijos y una fortuna considerable. Naturalmente les fueron devueltas a ambas familias,  ya  unidas por sangre, las tierras otrora confiscadas. En realidad esas tierras no eran de uno ni de otros, sino de los aborígenes que crecieron con ellas, con sus volcanes y llanuras, los mapuches, los mismos que cuando debieron abandonar sus casas y animales no contaron con un bergantín para rastrear el oeste norteamericano en busca de oro, ni parecen haber sido tan sagaces como para ocurrírseles lo del salón de los placeres.</p>
<p dir="ltr">-Lo cierto es que estos jóvenes, a la postre mis tatarabuelos, cabalgaron el oeste en busca del metal estrella de todos los tiempos. Tuvieron muchos hijos allí como era costumbre entonces y varios de los hermanos Guevara se casaron con hermanas Lynch, las familias estaban encantadas porque pudieron mantener la identidad argentina a pesar de la lejanía y los años, sin descuidar las cuestiones sociales. Habían mantenido la mezcla entre familias patricias y fundadoras de Argentina, habían permanecido en los valores de la lealtad, pero poco pudieron legarle al Che o a criatura alguna en materia de respeto a los derechos humanos, a la igualdad de razas y de clases ni de distribución de riqueza alguna. Aunque sí en materia de aventuras y en la sensación celular de estar siempre con los petates listos para una partida de emergencia, y de tomarse la vida como si se tratase de un caballo brioso.</p>
<p dir="ltr">El doctor no hizo comentario alguno al hilo del relato, se quedó mirándome y me preguntó si me interesaba ingresar allí para tratarme, e insistió nuevamente en su contradicción, en que la luz perfecta, impoluta de la imagen de mi tío ponía aún más de relieve los defectos y malformaciones de mi personalidad, a la vez que me reclamaba un comportamiento más honroso para con aquel haz de luz.</p>
<p dir="ltr">No sé si a causa de mi desconfianza de todo estudioso del cerebro freudiano o no, o por el arraigado ejercicio guevariano de cuestionar todo, le dije que aceptaba su invitación a esa hermosa clínica donde seguramente encontraría maneras de entrar botellas de ron camufladas, pero jamás podía ver a mi traicionado, solitario y manipulado tío como fuente de luz alguna, sino al contrario, desde que supe de su existencia creía vivir bajo su sombra infinita, eterna, proyectada desde la hiperquinesis  de un fantasma que huía de sus antepasados.</p>
<div></div>
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