Siempre se llena de humo y el aula se convierte en París en pleno barrio de Once. El teórico de los martes es un laberinto; un docente distinto cada vez improvisa mejor que Miles Davis y Chick Corea en noches de borrachera. Tenía que haber empezado hace cinco minutos y dudo entre quedarme o ir a ver el partido de la Libertadores, de inmediato, entra una docente con una especie de rodete que enuncia la belleza de su timidez y una pollera larga y escocesa delatando que alguna vez fue psicobolche. Continuar leyendo