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	<title>#EnClaveLiterari@ &#187; Consejos de escritores</title>
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	<description>Un blog sobre literatura y letras. Federico Ferroggiaro te invita a #EnClaveLiterari@</description>
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		<title>Los escritores que dan consejos (2)</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 2014 14:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Ferroggiaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Abelardo Castillo]]></category>
		<category><![CDATA[Consejos de escritores]]></category>
		<category><![CDATA[consejos y humor]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Saer]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Bolaño]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque parece que no se puede hablar de otra cosa que no sea Mascherano y el Mundial, probemos de seguir con esto de los escritores que dan consejos. Parece que en algún punto, quizá en la plena confianza de que el arte narrativo, como tantas otras artes, no puede enseñarse mediante un decálogo o dos, los escritores consejeros se volcaron al humor para acentuar así el despropósito de ponerse a dar consejos. <span id="more-122"></span>Bien. Antes de llegar al final de este recorrido por una selección de consejos, digamos que vamos por la mitad en este momento, me permito una digresión. No niego la generosidad del aconsejador o consejero, en ningún caso, ni la buena predisposición para transmitir a otros sus experiencias. Lo que pongo en duda, y posiblemente mi problema sea ser escéptico, es que haya “verdades” que puedan valer para todos, caminos que se deben recorrer obligatoriamente, opciones felices de antemano para todos y todas.</p>
<p>Pero estábamos con el humor y los consejos. Algo se colaba en Quiroga, cierto acentito burlón, que opino se concreta en <a href="http://www.escritores.org/biografias/1655-castillo-abelardo">Abelardo Castillo</a>. Él, uno de los últimos íconos literarios vivos, argentinos, por supuesto, incluyó en su libro <em>Ser escritor</em> una serie de “mínimas” dirigidas a los escritores nóveles. Si bien el conjunto es delicioso y aleccionador, tanto por su acidez como por las réplicas que formula a otras máximas o consejos de escritores que lo precedieron, copio solamente algunos y les dejo el <a href="http://www.dospotencias.com.ar/notas/lit5.htm">resto para que los disfruten</a>.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/abelardo.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-123 aligncenter" alt="abelardo" src="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/abelardo.jpg" width="275" height="184" /></a></p>
<p><em>“Podrás beber, fumar o drogarte. Podrás ser loco, homosexual, manco o epiléptico. Lo único que se precisa para escribir buenos libros es ser un buen escritor. Eso sí, te aconsejo no escribir drogado ni borracho ni haciendo el amor con la mano que te falta ni en mitad de un ataque de epilepsia o de locura”</em>. Así comienza Castillo su cátedra, advirtiendo que escribir es una acción que requiere de toda nuestra concentración y de todos nuestros sentidos. Pero a ser un buen escritor no se llega con consejos. Tampoco a ser borracho o epiléptico, según me parece. En las “mínimas” que siguen nos inculca la desconfianza y la búsqueda de un método propio. La elección del cuento o la novela, corregir o no los textos, tener o no un plan preconcebido, todo depende, al cabo, de nuestras preferencias. Pero, en el fondo, el quid está en si se es o no bueno, un buen escritor, en definitiva, y eso se tiene o no se tiene. Por tanto, si se es bueno, los consejos sobran, no hacen falta porque cada escritor encuentra su estilo y su método. Y si, en cambio, no se es (bueno), también es en vano el aconsejamiento. En el cierre, nos advierte del riesgo al que nos exponemos con los grandes, los maestros, esos que Horacio nos recomendaba honrar: <em>“Cuidado con Borges, Kafka, Proust, Joyce, Arlt, Bernhard. Cuidado con esas prosas deslumbrantes o esos universos demasiado intensos. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así.”</em></p>
<p>El chileno <a href="http://www.anagrama-ed.es/autor/134">Roberto Bolaño</a>, autor de cuentos memorables y de la  novela <em>Los detectives salvajes</em>, también apeló a este tono para redactar su <a href="http://www.fuentetajaliteraria.com/recursos/sub_recursos.php?categoria=20&amp;sub_categoria=49">legado</a>. A diferencia de Castillo, más que en los consejos se concentró en el humor, y en que los consejos salgan o aparezcan cuando se pulan las chanzas, que es lo que prevalece. Sin embargo, lo más evidente es las recomendaciones de lectura que está formulando: a quiénes hay que leer –los grandes nombres del cuento- y a quiénes se debe evitar porque resultan contraproducentes. También pregona la escritura múltiple, eso de no encasillarse en un único texto sino abrirse a varios a la vez, para evitar el peligro de quedarse siempre escribiendo la misma historia.</p>
<div id="attachment_124" class="wp-caption aligncenter" style="width: 191px"><a href="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/petrus-borel-referente-del-vestir-y-del-cuento-según-bolaños.jpg"><img class="size-full wp-image-124 aligncenter" alt="Petrus Borel, referente del vestir y quizá del cuento, según Bolaño." src="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/petrus-borel-referente-del-vestir-y-del-cuento-según-bolaños.jpg" width="181" height="278" /></a><p class="wp-caption-text">Petrus Borel, referente del vestir y quizá del cuento, según Bolaño.</p></div>
<p>Otros, por su parte, nunca dieron consejos. En apariencia. Es decir, hay consejos de <a href="http://pijamasurf.com/2014/04/consejos-para-jovenes-escritores-de-gabriel-garcia-marquez-1927-2014/">Gabriel García Márquez</a> y los hay de <a href="http://www.fuentetajaliteraria.com/recursos/sub_recursos.php?categoria=20&amp;sub_categoria=51">Ernest Hemingway</a> y hay maestros que se abstuvieron. En apariencia. Al menos, que no escribieron decálogos aunque sí mucho análisis y teoría. Porque también es posible encontrar un consejo escondido u oculto en una entrevista a un escritor. Ahí, aunque la declaración no se encuentre dirigida a un aconsejado difuso e imaginario, sino a un lector a duras penas, atesora un consejo potencial que el buscador o necesitado de consejos debe interpretar y poder reformular con las herramientas que dispone. Una de ellas, la síntesis. Veamos un caso. Lo tomo de un reportaje a Saer que leí en otra parte pero que no pude encontrar en Internet. La cito de <a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Saer/jsR1.html">aquí</a> porque estoy seguro de que la copia es fiel, al menos con mis recuerdos.</p>
<p><em>“Hay también escritores que exaltan a otros escritores como sus maestros, pero que no reflejan en sus obras esa admiración. Admirar supone ciertas obligaciones. Para poder admirar a un escritor hay que merecerlo. No decir que se admira a Shakespeare y escribir como Paulo Coelho. Justamente Coelho dijo en Buenos Aires que para él los dos escritores más importantes de América Latina eran Jorge Amado y Jorge Luis Borges. Yo opino que alguno de los dos tendría que protestar.”</em> El consejo, si es que lo hay, podría ser: <em>“Un escritor debe ser digno de su maestro. Caso contrario, y aún después de muerto, el maestro lo debe rechazar.”</em></p>
<p>Por ahora, basta de consejos de escritores. Hagamos una pausa y después, cuando pase el Mundial, volveremos con los consejos que sirven, los consejos personalizados, a medida, esos que un escritor hecho le regala al escritor que está ansioso de aprender de un maestro.</p>
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		<title>Los escritores que dan consejos (1)</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2014 16:28:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Ferroggiaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Antón Chéjov]]></category>
		<category><![CDATA[Consejos de escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Quiroga]]></category>

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		<description><![CDATA[El aconsejamiento existe porque el aconsejado reconoce la autoridad del consejero en la materia sobre la cual versa el consejo. Y porque el consejero sabe, o cree que sabe, por lo menos sobre el asunto acerca del que brindará consejo. Sin estos principios, sin este doble vínculo, el enunciado que se pronuncia puede ser una... <a href="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/2014/07/02/los-escritores-que-dan-consejos-1/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El <em>aconsejamiento</em> existe porque el aconsejado reconoce la autoridad del consejero en la materia sobre la cual versa el consejo. Y porque el consejero sabe, o cree que sabe, por lo menos sobre el asunto acerca del que brindará consejo. Sin estos principios, sin este doble vínculo, el enunciado que se pronuncia puede ser una máxima o una sentencia u otra frase, quizá acertada, que se desenhebrará en el viento, pero de ningún modo un consejo.<span id="more-116"></span>Los abuelos y las abuelas, los padres, los hermanos mayores, los amigos –de cualquier género-, los jefes arrogantes, dan consejos. Algunos se ponen cargosos cuando asumen ese lugar de saber –y poder, por supuesto- y otros lo son habitualmente. También Martín Fierro, en la <em>Vuelta</em>, larga un chorro de estrofas que se conocen como <a href="http://www.southerncrossreview.org/2/fierro.html">los consejos de Fierro a sus hijos</a>. Sin negarles la honda sabiduría que atesoran, suenan bastante derrotistas y resignadas, pero va de suyo que hay que pensarlas en su contexto. Quién los enuncia, para quiénes, y el doloroso aprendizaje que nuestro ícono gauchesco había atravesado para alcanzar ese conocimiento. Y poder cantarlo. Con rima y todo, por supuesto.</p>
<p>Admitimos que dar consejos presupone un saber consolidado a base de estudio, reflexión o experiencia, de la sistemática repetición del mecanismo de error y ensayo (y error). Además, cuando se imparte en general, a un público desconocido, quien aconseja confía en un pasaje o transposición de lo personal a lo universal, es decir, que lo que es válido para él (el consejero), es válido para todos los demás. Un acto de fe, por cierto. Porque se sabe, y sabemos, que seguir a rajatabla un consejo no es garantía de que los resultados se repitan, de que se alcance el éxito.</p>
<p>Como el arte imita a la vida (¿o es al revés?), hubo y hay muchos escritores que cayeron en la tentación de impartir consejos. Porque alguien se los pidió, o movidos por la vanidad, o porque sintieron el aguijón de la docencia, colmaron ese vacío que se dejaba a la improvisación y al aprendizaje personal, para aportar sus conocimientos sobre esa compleja y misteriosa tarea de escribir relatos o cuentos.</p>
<p>Al poco tiempo de empezar a escribir los bosquejos de mis primeros textos, busqué los consejos de aquellos que se habían tomado ese trabajo de legarlos a quienes, como yo, querían aprovechar la experiencia ajena. Conmovido por “El almohadón de plumas” y “La gallina degollada”, me alegré al enterarme de que Horacio Quiroga, este escritor que de tan argentino era uruguayo, había dejado un <a href="http://www.literatura.us/quiroga/decalogo.html">decálogo</a>. Del perfecto cuentista, para ponerme optimista desde el arranque.</p>
<div id="attachment_117" class="wp-caption aligncenter" style="width: 270px"><a href="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/quirogas.jpg"><img class="size-full wp-image-117" alt="Horacio Quiroga, un buen consejero" src="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/quirogas.jpg" width="260" height="194" /></a><p class="wp-caption-text">Horacio Quiroga, un buen consejero</p></div>
<p>Sin ánimo de síntesis, Quiroga provee diez mandamientos que recuerdan, en su esencia, a los principios de Groucho Marx: “si quiere, tengo otros”. Es decir que, en el mismo acto de escribir algunos, comete la honradez de someterlos a duda, de relativizarlos o de perdonar su incumplimiento con piedad maternal. Sí es taxativo en su prevención contra la adjetivación inútil, en escribir bajo el efecto de la emoción y en olvidarse de los futuros potenciales lectores. En contra, se me hace que la adoración a los maestros del punto 1) se contradice con el cuidado a la hora de imitar: la veneración excesiva conlleva el riesgo de la copia. También siento forzada la voluntad de control sobre el texto, pero solo porque le restan participación al azar y muchos personajes descubren lo que deben hacer cuando se los deja libres, fluyendo, actuando sin ataduras.</p>
<p>Horacio Quiroga no hacía sino emular lo que habían iniciado algunos de sus egregios antecesores. <a href="http://www.letrasperdidas.galeon.com/consejos/con_poe1.htm">Edgar Allan Poe</a>, por ejemplo, y también Antón Chéjov, el autor de <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/la_senora_del_perrito.htm">“La dama del perrito”</a>, considerado uno de los popes del relato corto. De las tres o cuatro clases de un taller literario al que asistí en mi adolescencia, lo único que conservo es una hojita ya ocre con sus sentencias. Que no son iguales a <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/chejov02.htm">estos</a>, pero atribuyo las diferencias a cuestiones de traducción. Como sea, su afán por la brevedad, reiterado en cinco de los puntos, deviene en la confianza en que el lector podrá completar los huecos y en un trabajo de pulido que limpie al cuento de todo lo superfluo.</p>
<div id="attachment_118" class="wp-caption aligncenter" style="width: 242px"><a href="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/Anton-Chejov.jpg"><img class="size-full wp-image-118" alt="Antón Chéjov, algunos no ponen las tildes y los llaman Chejov." src="http://blogs.infobae.com/en-clave-literaria/files/2014/07/Anton-Chejov.jpg" width="232" height="317" /></a><p class="wp-caption-text">Antón Chéjov, algunos no ponen las tildes y los llaman Chejov.</p></div>
<p>Pero, lo que me gusta de sus enseñanzas es la apuesta por la audacia y la originalidad, aunque en ningún momento explique cómo hacer para lograrlas. No entiendo, en cambio, a qué se refiere con <em>“Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira…”</em> ni por qué afirma que <em>“Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera”</em>. Justamente, si me pusiera a escribir sobre Sócrates –tanto él, como yo o usted-, caeríamos irremediablemente en la mentira, corazón o correlato de la ficción. Supongo que aquí la traducción traiciona las ideas originales de Antón.</p>
<p>En su caso, a la vez, Chéjov aprovecha la posición de consejero para desfogarse con su ambiente y la crítica: <em>“No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa…”</em> y <em>“Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada”</em>.</p>
<p>Los escritores del siglo XIX y comienzos del XX daban consejos con seriedad, aunque se permitían estas licencias maldicientes y algún que otro ligero rastro de humorismo, y entiendo que creían en que el arte de escribir podía transmitirse. Pero esto cambió con los escritores que dan consejos en la época actual, digamos, con los contemporáneos… (la seguimos en la próxima entrega).</p>
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