
Yo no grito, hablo.
En realidad no hablo, escribo.
Escribo desde lo más auténtico que tengo para decir y con las palabras más espontáneas que irrumpen para manifestarse.
Si no fuera así, no solo los empaquetaría a ustedes, sino que me empaquetaría a mí mismo.
Por eso dejo que irrumpan las ideas que por algún motivo tenemos que compartir. Solo así las musas deben sentirse halagadas y vendrán cada tanto a visitarnos.
Esperemos.
No sé por qué grita tanta gente. Prendo la radio y escucho gritos. Prendo la tv y escucho gritos. Subo al colectivo y alguien habla a los gritos.
Hasta algunos políticos gritan desenfrenados.
Yo dudo de la efectividad del griterío para producir aceptación y facilitar el entendimiento. En verdad el grito es un acto que desatiende al interlocutor. Exige sumisión, consecuencia y desprecia su sentido crítico.
Creo más en el diálogo calmo y comprometido, que en vez de atropellar al otro con gritos que ensordecen mutuamente, lo escucha para construir ideas superadoras.
Pero ya ven, se grita en la tele, la radio, el bar y hasta en la escritura.
Porque unos nos contagiamos a otros. Y en algún momento nos damos cuenta que gritamos.
Bajemos de una buena vez la voz, porque si a eso se le suma el pitido innecesario que producen los autos al entrar y salir de las cocheras, lo único que vamos a lograr es que en verdad hablemos todos solos.
Y que nadie escuche nada.
*Juan Valentini es autor de “Escritos de la Vida”. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro. También es autor del libro de superación personal “El Campeón: filosofía práctica para ganar en el juego e imponerse en la vida”.

