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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; amor</title>
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		<title>El amor real</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2015 12:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="420" height="336" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-428"></span>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
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		<title>&#8220;El caso Elvira&#8221;&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:32:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo- pero yo no le di bola. ¿Su argumento? Me dijo que era enchufarles  algo muy mío…pero bueno, él no me va a entender jamás, seguramente no se ha puesto a escuchar detenidamente a estos cuatro marcianos del siglo XX. También le conté a mi “Psico”. -así le digo yo-  que como no podía tener más hijos, en  compensación, me había comprado un perro y  que lo había nombrado “Ringo”. Echó a reír a carcajadas y me dijo: &#8211; Bueno, Elvira, está bien, usted gana, usted gana.  Años después terminé medio amigota de ese terapeuta, era un muy buen tipo, muy astuto, pero  musicalmente  equivocado. Un día fuimos a su casa y en la biblioteca tenía una foto de  Queen!! Freddie Mercury! Ese gritón todo sudado.  Ese espasmódico insoportable! Esa foto hizo que mi terapeuta termine por caer, eso cerró definitivamente nuestro pasado como paciente y analista.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-423" alt="the beatles" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg" width="304" height="166" /></a></p>
<p><span id="more-422"></span>Pero les contaba acerca  de mis accidentes. Anoche, mientras le enumeraba  a mi marido los beneficios de un nuevo jabón en polvo que sacaba las manchas con oxígeno concentrado, pensaba -en paralelo- en el número de accidentes que he acumulado. Pero antes de eso les digo: ¡Cómo me gustan los jabones en polvo! Y ni hablar los quitamanchas. Miren, si ustedes algún día me encuentran por la calle o me invitan a su casa…sáquenme el tema; si  se ponen a hablar de jabón en polvo o de quitamanchas,  yo me enciendo, puedo hablar seis horas seguidas sobre el tema, me apasiona. Es un mundo casi  místico para mí. Hay para diferentes tipos de ropa y tela o fibras,  para diferentes colores y texturas…puedo estar 50 minutos frente a la góndola mirando y gozando de esos envases milagrosos. Hay uno de un jabón en polvo marca Skip que me produce, – se los digo con cierta vergüenza- me produce excitación! Si,   me erotizo un poco cuando lo veo o agarro. Se trata del “Skip Perfect Black”. Su envase es totalmente negro, contundente…es como el “All blacks “de los jabones en polvo. Lo puede todo. Siempre que lo introduzco en mi lavarropas automático “Eslabón de lujo” imagino las batallas de mi producto contra las manchas; es casi una épica para mí lo que “ahí sucede”.</p>
<p>Entonces: entre accidentes mínimos, como puede ser quemarme con la asadera del horno, hasta caerme de la escalera, he contabilizado más o menos ochocientos   en lo que va de mis 43 años. De chica patinaba, mucho. Mis codos, manos y rodillas eran realmente de película de terror. Vivía en el piso “limándome”. No había manera. Mis padres &#8211; judíos, pesados y llenos de miedo &#8211; ya no sabían qué hacer conmigo. Me mandaron a Hockey, ¡para qué! Varias fracturas, moretones por todos lados. Nunca controlé muy bien mi cuerpo y mis fuerzas. Cuando agarraba la pelota ponía quinta. y siempre seguía de largo hasta tragarme literalmente el alambrado. Eso es hasta hoy, mi cuerpo suele manejarme a mí, algo he regulado eso (el “fan de Queen” ayudó mucho), pero es mi temperamento. Rompo todo y me rompo toda siempre. ¿Perdón? ¿Por mi marido, me preguntan? Miren, mi marido es una gran persona, hace veintidos  años que cada día que lo miro a los ojos me enciende y le da sentido a mi vida.Me gusta, me parece “viril” y también es muy tierno. Pero no me entiende. En el fondo soy una incomprendida. Él “desestima” ciertas preocupaciones mías. Dice que son “banales”. El muy cretino me dice que son ¡BA NA LES! A veces lo odio profundamente. Pero entiendo que el amor es eso, y que también es un trabajo.  “El Fan” siempre me decía – Elvira tranquilizate, el amor también es sufrimiento, tenés que trabajar más para el amor.  Me jodía con eso constantemente. Cuando conocí a su mujer me sorprendí tremendamente.  Era una enana.  Era un Hobbit. Muy linda, ex bailarina clásica, femenina&#8230;pero pelirroja, eso no me gustó nada; no confío en las pelirrojas nativas. Son traidoras. Bueno, son cientos los accidentes que he tenido. De todas maneras ya he gastado en los últimos 2 años cerca de cincuenta  mil pesos en “tunearme”. Me retoqué toda. Me harté de verme “Todas Desflecada”, luego de mis partos y mis accidentes. Ahora estoy espléndida. Mi marido no parece haber registrado demasiado el “tuning”, él siempre tiene ganas, con o sin flecos. Pero bueno, los tengo que dejar, tengo cosas que hacer, no sean tan demandantes conmigo, sigan en sus cosas, después les sigo contando.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Monólogos de la envidia</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2015 18:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/05/29/monologos-de-la-envidia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa es mi verdad. Estas son mis miserias, me odio por eso: es un sentimiento que me gobierna, y me hace vivir mal; pero se me impone, me toma. Tengo pensamientos destructivos hacia los que tienen lo que yo creo no poder tener.</p>
<p style="text-align: left">La vez pasada observaba a una conocida que tiene un  novio súper  caballero, que la acompaña a todos lados: un tipo potente económicamente, y me llené de odio. Muy probablemente sufra de un profundo complejo de inferioridad, lo sé. Pero poco importa eso. El asunto sigue siendo que yo sigo sin tener lo que el otro tiene.  ¿Seguramente  usted está pensando que soy mala persona no? Si, no hace falta que me lo diga: es lo que ud cree; pero no me condene, no lo soy.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-405" alt="envidia" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg" width="360" height="240" /></a></p>
<p><span id="more-404"></span>No sé cómo nació este sentimiento en mí, lo  percibo  desde niña: odiaba a una compañerita, la más linda y que tenía mucha personalidad. Envidiaba cada centímetro de su cuerpo, lo que tenía, lo que era, su casa, sus padres, su perro; pero jamás le hice daño ¿cree ud que sí le hice no? ¡Se equivoca! nunca he hecho mal a nadie o&#8230; sí,  quizá un poco: difamar, inventar… o reproducir cosas para  ensuciar a mis envidiados de turno, pero no mucho más que eso. Por otro lado creo que mi vida no es digna de ser envidiada en nada. Mi anterior analista me dijo toda una serie de cosas que jamás entendí sobre mi madre, mi padre;  sobre la dinámica que existía o que ellos habían generado entre mis hermanos y yo. Pero el asunto es que no se me va. He logrado algunas cosas, pero todo…es nada: siempre hay alguien que tiene más que yo, y cuando lo veo, sufro, padezco.</p>
<p>Nunca envidio virtudes, envidio “potencias”,  rasgos o cosas que el otro tiene y que, en definitiva,  son más materiales que espirituales. Quizá sí el amor: ver gente feliz y con cierto equilibrio me da tirria.</p>
<p>Me siento sola: la envidia siempre es en solitario, no es un sentimiento compartido, nadie declara poseerla, no hay mesas redondas con este padecer. Estoy al tanto de que,  en mayor o menor medida,  es un sentimiento negativo que todos tienen. Pero a mí me gobierna, y me hunde en la más profunda de las soledades humanas. Se envidia desde la cripta, licenciado: es siempre un acto vampírico, oscuro, solitario, no se comparte. Otros sentimientos son comunitarios, la ira, el odio: se odia en masa; la envidia no “hace masa”, no se socializa.</p>
<p>Odio fingir ponerme feliz por los logros de los otros, me siento sucia, me vampirizo aún más.  He llegado  -usted creerá que estoy loca- a envidiar a mi mascota. Si,  su vida es serena: mi perro no precisa  proyectos para vivir, sólo come,  juega y me espera. Y no envidia: estoy seguro que no tiene ese sentimiento dentro de sí, y eso… me contamina el vínculo con él.</p>
<p>¿Cree que estoy loca? Bueno, créalo, es su problema, no el mío; yo solo quiero ser escuchada, quiero salir de la soledad, quiero que usted mastique conmigo todo esto, yo ya no puedo metabolizar lo que me pasa.</p>
<p>Le digo todo esto de una. Jamás  en mi vida pude decirle todo esto a alguien; es la primera vez que me decido a salir de la cárcel en la que me ha metido este sentimiento. Quiero exorcizar, sacarme de encima esta calamidad: necesito desterrar de mi alma esta peste que gobierna mis estados de ánimo, quiero ser libre.</p>
<p>Tengo la humana y profunda necesidad de  ponerme contenta con los logros del otro, quiero reírme de verdad con alguien. Ya no me río, sólo hago muecas para fingir alegría, muecas que son como cicatrices, duras, rígidas.</p>
<p>Quiero que usted me explique el por qué  siento que no puedo nada y,  los demás&#8230;pueden todo. Quiero ser una persona normal. ¿Es mucho pedir?  ¿Usted, podrá ayudarme? Seguramente no le interesa mi caso: si, dígamelo, dele, condéneme usted también como lo hace mi enemigo interno;  hágalo, no siga con esta farsa de escucharme y comprenderme.</p>
<p>Seguramente usted está pensando que lo mío no tiene arreglo, pues póngalo en palabras, no sea canalla: estoy preparada para todo, váyase al diablo. Poco me importo lo que ud crea sabe.</p>
<p>Le hago una pregunta: ¿usted me ve linda mujer? No, mejor no, deje, no me responda, seguramente ve un monstruo lleno de odio. Probablemente usted tiene una vida feliz, llena de equilibrio y de afecto ¿es posible que yo a ud no lo envidie? ¿Qué opina? Viniendo para aquí pensaba que quizá mi cura es construir un primer vínculo en donde yo no experimente este sentimiento. ¿Qué opina? Bueno, de todas maneras lo tengo que dejar, tengo que llevar a mi hija al club. Lo llamo, gracias por escucharme, me voy mejor ¿quizá todo esto no es tan grave no? ¿Usted qué piensa?</p>
<p>Noelia se levanta y, antes de llegar a la puerta, me muestra una foto carnet que estaba en su billetera:</p>
<p>- Esta es mi hija, Sofía, dígame ¿no es un sol?</p>
<p>- Si sí, muy linda niña, y tiene mirada intensa, inteligente; como la suya Noelia.</p>
<p>– ah muchas gracias, me voy más aliviada. Si quiere vuelvo, tengo mucho para contarle. ¿Quiere que vuelva?  Lo dudo. De todas maneras yo creo que mi caso le va a sumar mucho a usted, pero es su decisión, cualquier cosa espero su llamado.</p>
<p>Fin de sesión.(relato inspirado en historias de consultorio)</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Niños atrapados en la irresponsabilidad adulta</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 11:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/24/ninos-atrapados-en-la-irresponsabilidad-adulta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble de dos historias, de dos tribus, con códigos diferentes, con valores y formas disímiles. Las tensiones aparecen. Pero casualmente, en ir superando esas tensiones y conflictos del amor, es que vamos aprendiendo a amar, comprendiendo que no es algo ideal todo ese mundo. Pero más allá de esto que digo, hay amores que son destructivos, enfermos, que se sostienen sólo en la complementariedad de lo peor de cada uno de los sujetos que integran esa pareja: vínculos que están “vivos” sólo por estar vibrando en el conflicto, en la  agresión y descalificación, en las idas y  vueltas… “Y bueno, cada uno hace lo que puede”, dicen por ahí. Es cierto, pero cuando hay hijos…</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-379" alt="niñossss" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg" width="347" height="145" /></a><span id="more-378"></span></p>
<p>Cuando hay hijos todo -pero absolutamente todo- tiene que repensarse, resinificarse; porque todo lo que hacemos o dejamos de hacer va a influir sobre esas personitas que están en proceso de construcción de su mundo biológico y anímico.</p>
<p>Ser padres responsables es entender que la salud mental de nuestros hijos está por sobre nuestro narcisismo, nuestros enojos, odios rencores, despechos. Somos humanos, naturalmente podemos experimentar esos sentimientos pero, casualmente, ser responsables como padres es entender que no podemos trasladar eso a nuestros hijos. Los niños están a nuestro cuidado, no pueden decidir por sí mismos dónde estar, qué escuchar, qué ver, qué modelos seguir… Siguen e imprimen en sus psiquismos lo que ven en nosotros.</p>
<p>Nuestra tarea es preservarlos de todas las pasiones que puedan desatarse en el territorio de una ruptura, de una separación, de un conflicto transitorio de pareja. Tenemos que hacer el mayor esfuerzo (el mayor) en cuidarlos de eso. Los niños no tienen y no deben ser un instrumento de nuestro odio, no tienen que tomar partido de uno u otro progenitor en un conflicto, no tienen que presenciar (o escuchar) el maltrato, la violencia y los límites que se puedan llegar cruzar producto del odio. Si hay niños, tenemos que hacer un esfuerzo desmedido por poder controlar esas pasiones y no trasladárselas a ellos. Esto es así, sin debate, no todo es relativo, esto tiene que ser así: hay que reducir lo más que se pueda todo eso, siempre. Hacer el mayor esfuerzo para que eso no ocurra por que produce daño, “corta la bocha”, como dicen por allí.</p>
<p>Los niños no tienen el capital simbólico ni la madurez emocional para metabolizar, significar y entender eso que ven o que sienten, todo eso no se va a poder inscribir sanamente ni entender y, por ende, va a ser traumático siempre. Porque los niños cuando ven violencia o reciben violencia directa (en cualquiera de sus formas), no pueden comprenderlo: se llenan de terror, no pueden defenderse, no quieren “traicionar” a ningunos de los dos padres,  sienten que tienen que tomar partido por el “aparentemente” más débil,  pero su la vez, quieren mantenerse neutrales, pues no quieren perder el amor de ninguno de los dos. Ni de los familiares implicados en las escenas familiares. En la mente infantil, esos debates generan enormes angustias y síntomas, es una situación realmente insoportable y confusa para ellos.</p>
<p>Entonces: los niños captan todo, desde bebes ya todo. Que no lo puedan poner en palabras, no significa que no “sepan” lo que ocurre. Lo expresan en síntomas, en sus dibujos, en sus juegos, lo saben,  por más que no lo puedan verbalizar. Aparte, y fundamentalmente, todo eso va a traer enormes dificultades en la vida adulta.</p>
<p>Por otro lado, no olvidemos: los niños tienen sus derechos, y ni hablar , por ejemplo, en cuestiones de identidad. Yo les aseguro, si ustedes le preguntan a un niño de uno, dos, cinco años, si quiere que se sepa públicamente  acerca de la incertidumbre que hay con respecto a saber de quién es hijo, el niño diría: -“no, prefiero que eso quede en el ámbito de lo familiar, de lo privado, y no que se haga público”. Sin duda que respondería eso. Por supuesto que también tiene derecho de saber quién es su padre biológico y del corazón, pero el derecho a que eso quede en el ámbito intrafamiliar es tan fundamental como el otro. Pero es más: tiene el derecho -lo digo en el territorio simbólico y legal- a que así sea; pero ese derecho lo tenemos que hacer valer los adultos que muchas veces somos, casualmente, quienes lo publicamos en todos lados.</p>
<p>Ese niño circula y seguirá circulando por un mundo muchas veces cruel con ese tipo de información, un mundo en donde todos van a saber algo de él que él no sabe o simplemente él no va a saber lo que la gente sabe de él. Y eso es injusto e inaceptable. Por amor, por los derechos civiles del niño, es un gran atropello de parte de los adultos dar a conocer ciertas cosas de una persona, un niño en este caso.</p>
<p>Una pavada para muchos quizá: hace mucho tiempo, estando con una gente amiga -éramos seis personas-, una mamá en un momento dice, delante de su hijo de ocho años: &#8211; Bueno, ahora estamos con el tema de que -y mira a su hijo- Miguel se está haciendo pis en la cama. El niño se puso colorado, se sentía avergonzado de que eso se diga públicamente. Fue sutil el asunto, pero el niño se incomodó. Bueno, es nada en relación a todas las cosas que veníamos mencionando, pero ¿saben qué? El niño tiene derecho de que eso quede en el territorio intrafamiliar, más los médicos o psicólogos tratantes si los hay. Uno puede contar eso a los amigos, a los seres queridos, uno habla de los hijos siempre, de lo que les pasa,  no hay cosa más linda; pero ese tipo de información, no delante del niño en público.</p>
<p>Pero volviendo al tema: los adultos podemos volver de ciertas cosas, hasta tenemos derecho a destruirnos la vida si queremos ¿Por qué no? pero ellos no pueden decidir, no pueden “hacer con eso” que sucede, no pueden defenderse. No naturalicemos la crueldad hacia los niños, somos humanos, podemos cometer un error tomados por el odio y los enojos, pero si es así, reparemos y apréndanos de la experiencia, y no repitamos conductas que los dañan.</p>
<p>No planteo una vida intrafamiliar en donde todo sea color de rosa, el mundo no es eso: los niños pueden presenciar esas peleas cotidianas e inofensivas del amor adulto, lo que taxativamente no pueden presenciar es el odio, la mala leche, la venganza&#8230; Esos sentimientos son la gran peste pandémica del mundo, no se los tenemos que enseñar, eso destruye, jamás construye.</p>
<p>Seamos cuidadosos. Los niños son ellos mismos, pero también son el futuro, son “nosotros en el mundo cuando ya no estemos”. Antes de trasladarles el odio, el rencor, de hacerles daño con relatos culpabilizadores,  “con todo lo que hice por vos y ahora apoyas a tu padre”, o de ponerlos como instrumentos del odio o ventilar algo sobre su intimidad, mirémoslos a los ojos, miremos la cara de nuestros hijos, la transparencia de su mirada, no saben qué carajo hacer con todo eso, con esa toxicidad que a veces tenemos los adultos, no lo pueden elaborar,  sólo enfermar y limitarse la vida. Despertemos, hay muchas formas de maltrato hacia ellos, los niños primero, siempre. Veo mucha violencia hacia la infancia últimamente, tema que debe preocuparnos de verdad.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>La ansiedad: un problema con el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 18:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/13/la-ansiedad-un-problema-con-el-tiempo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de burnout…en todos ellos este factor, fuera de control, está  presente.</p>
<p>Hablamos de un estado emocional y físico displacentero,  familiar  -prima hermana digamos-  de la angustia. Por supuesto que todos tenemos cierta dosis de ansiedad, pero hoy vamos a hablar de cuando esta “sustancia”  se presenta con la potencia necesaria como para complicarnos demasiado la vida.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-341"></span>Entonces: mucha gente no se permite o “no se hace tiempo” para conectarse con los miedos, angustias  y conflictos  que son parte del abanico normal de emociones y situaciones que transitamos  los seres humanos; todos estos “estados del alma”  siempre son “señales”, de que algo está pasando  -para bien o para mal-  pero el asunto es si nos podemos ir conectando  con esos factores y así  poder  ir encontrando (desde la introspección con esas señales), los mecanismos para regularlos y así evitar de deriven en estados o problemáticas aún mayores. Es desde allí que podemos ir a “su causa”.  Ir postergando esa actitud de sana conexión con uno mismo, es un factor desencadenante de esos picos de ansiedad  que tanto ruido hacen. Por supuesto que, cuando una persona “sufre” de ansiedad estructural en su personalidad, las causas  son más complejas, históricas: nacer en un ambiente de discusión, de ansiedad o violencia; ser recibidos en este mundo en brazos de padres con desmedido miedo o ansiedad… situaciones traumáticas en la primera infancia…las causas  pueden ser varias;  yo creo que el asunto se desarrolla en los primeros años de vida, en “el clima” familiar, primario, en el que crecemos;  de allí emerge la predisposición a todos los trastornos derivados de este factor.</p>
<p>De  todas maneras,  una  dosis de ansiedad frente a situaciones que tenemos que encarar, es propio de la vida. El tema es el volumen que toman esos estados. Es la intensidad. Por supuesto que hay estados ansiógenos muy desmedidos  que hacen imposible la vida, y que precisan la intervención de los famosos psicofármacos, pero son los menos.  En mi experiencia directa, el tema puede resolverse sin su uso (o con poco uso) en gran parte de los casos.</p>
<p>La ansiedad es o se presenta más en los medios urbanos.  En el campo, o en zonas más despobladas y de vida más tranquila, las patologías derivadas de este factor,  se dan  menos, a un volumen más bajo.  La vida citadina es difícil y estresante para todo el mundo, por más anticuerpos que se tenga.  Construir un blindaje contra la tiranía de los “tiempos modernos” es todo un trabajo.</p>
<p>Yo pienso la ansiedad como un estado casi filosófico: en algún punto es querer ir más rápido que el tiempo. Si  pudiera traer al gran Albert Einstein a un café,  acá en la esquina, seguramente  me diría: -querido, la ansiedad es vivir en “estado de relatividad temporal”<em> <b>es querer ganarle al tiempo</b></em><em>, ir más rápido que él. </em><em> </em>“Siempre estoy apurado, hasta para ir al baño”, me decía la vez pasada un paciente: se trata de una persona que a sus treinta y pico,  la realidad, ya le había pasado una factura importante  en materia de salud física, por  trabajar y estar “a mil” todo el día. Ustedes no saben lo que han aumentado las consultas: gente cada vez más joven que  viene con problemas de salud concretos por este flagelo, por esta  locura de vivir  “al palo”  y ni hablar de las problemáticas de pánico, de estrés, y de decenas de trastornos en donde la ansiedad y “el no poder parar” son un factor central.  Y claro: no pudieron dominar al tiempo, no lograron decir que “no” a casi nada, no soportaron  quedarse afuera,  no pudieron ponerse límites y aceptar los tiempos del mundo. Entonces, a esos límites, los pone la realidad, con un grito en su cuerpo.</p>
<p>Hay que escuchar los llamados, las señales, antes de que vengan problemas más pesados; porque, aparte, hay mucho por hacer y es un asunto que realmente tiene salida a corto plazo: las terapias, la actividad física, la reconexión profunda con los afectos, el dejar de priorizar el trabajo y “el deber ser&#8221;  para comenzar “a ser”…y eso está en los vínculos fundamentalmente.  Las curas son siempre sociales, vinculares si queremos.</p>
<p>Es así el asunto. Uno, como profesional,  lucha también para que los pacientes no trasladen esos tiempos de la ansiedad (que no son los tiempos del mundo real) al tratamiento. Muchos   quieren  resultados rápidos. Se  explica que el proceso en el cual una persona se va enfermando o adquiriendo estados sintomáticos o patológicos es largo y que de eso no se vuelve tan fácilmente. Yo creo que todos, los ansiosos ya declarados y los que se sienten tranquilos, tenemos que revisar cada tanto qué nivel de  estrés sufrimos. Porque son estados que se van instalando muy silenciosamente y, un día, de repente, ya estamos tomados por esta enfermedad de la premura.   Aumentar la capacidad de analizarnos; hacer deporte, amar, vivir con intensidad pero en calma, eso es prevenir, lo otro es ya “despertar” cuando estamos a tres metros del piso… y una hora dura 20 minutos.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>50 sombras de fantasía: la tierra prometida</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2015 18:57:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                                                  “La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza”  Marques De Sade. Todos tenemos sombras, zonas oscuras, lados “B”, muchas veces no... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/13/50-sombras-de-fantasiala-tierra-prometida/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><i>                                                  “La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza</i>”  Marques De Sade.</p>
<p>Todos tenemos sombras, zonas oscuras, lados “B”, muchas veces no son visibles a simple vista, para uno mismo, para los otros: pero  más allá de si son percibidas o no, pueden gobernar nuestra vida. La tendencia a autodestruirnos, a destruir a otros, al sadismo…a construir vínculos enfermos…todo eso  está en nosotros, en nuestra naturaleza.  A veces, ese submundo de fuerzas que luchan dentro nuestro, se presenta de manera visible, pero otras no: están más camufladas  y se hace difícil  identificarlas,  pero están allí, produciendo efectos.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/sado.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-304" alt="sado" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/sado.jpg" width="259" height="194" /></a></p>
<p><span id="more-303"></span>Lo cierto es que por estos días, “sale a la luz” un film: “50 Sombras de Grey”  que viene siendo un fenómeno descomunal, lo fue también el libro. Ambos muy flojos, pero no lo digo desde un lugar intelectual que pregona solo leer J. L. Borges o Dostoievski, no: hay mucha literatura y cine hecho solo para entretener que está muy bien, pero  bueno: no es el caso.  A ver: se cuenta una historia, bastante trillada, sobre un hombre atormentado por una infancia brutal…una niña virgen que se enamora de él… un “cuarto del dolor”…dos clases sociales&#8230;es una suerte de “La Cenicienta” pero con AC/DC de fondo a todo volumen. Pero de veras: tiene  todos los elementos de la literatura clásica Universal;  es “de libro” en eso. De todas maneras, el asunto es que nos sirva  de disparador para pensar algunas cosas.</p>
<p>El film, sintéticamente, trata sobre una relación entre un hombre y una mujer en donde se empieza a imponer, lentamente,  un vínculo  del tipo amo-esclavo sadomasoquista. El mensaje general es&#8230;medio pobre… negativo en casi todo;  pero no por esto del sadomasoquismo,  si se quiere, sino  por  todo el planteo de fondo general, y ni hablar si nos ponemos a pensar  la “obra” desde cuestiones de género, o desde ciertas ideas o conceptos generales como el amor, los vínculos,  la educación  sexual en niños y niñas, sus deferencias, etc. Por otro lado, la piba, se acerca al muchacho desde una suerte de &#8220;fantasia de rescate&#8221; , casi sin experiencia de vida, de vínculos&#8230;eso es un punto a pensar tambien. Pero bueno,  locura, furor en cine y en librerías… ¡ey! Algo está pasando: cuando algo tiene mecha tan corta, y desata  tan intenso fanatismo y exaltación, es porque ha tocado algún punto del inconsciente colectivo y de ciertas fantasías o tendencias que todos tenemos y que han encontrado  “algo” en la realidad (film, libro) para abrirse camino y hacer su  catarsis (descarga).</p>
<p>Decíamos: la crueldad,  las tendencias autodestructivas y demás “cositas”, son parte de la naturaleza humana, lo vemos todos los días: es un componente central en la historia de la humanidad y en la vida cotidiana. Ya desde niños todo eso emerge en nosotros: nacemos bastante jodidos digamos: celosos, posesivos, violentos, autodestructivos  y bueno, con suerte, la sociedad, los padres, las instituciones, nos van regulando un poco todo eso como para poder vivir en sociedad y para que no nos auto eliminemos. Por supuesto que los seres humanos también tenemos decenas de cosas fantásticas: el amor, la ternura, la generosidad, la amistad, pero lo que digo es la  pulsión de vida y de muerte es constitutiva de nuestra especie.</p>
<p>Seguramente  todos coincidimos en que para que un encuentro sexual tenga cierto vuelo o intensidad, muchas veces, se juega un poco al “sometimiento”, a cierta cosa  de “agresión”, de posesión del otro; pero  todo eso,  legitimado, aceptado, es lo que  llamamos erotismo: a ese componente de  agresión, pasión,  pero colocada al servicio del placer compartido en una relación sexual intensa y de mutuo acuerdo. No estamos diciendo que esa sea la única sexualidad válida, hacer el amor con ternura y suavidad puede ser una experiencia también súper intensa, pero en donde no se ve, en principio, tanto el componente agresivo.  Ahora bien: ¿Cuál es el límite de ese juego de sometedor -sometido, de sujeto- objeto, de esa “agresión” legitimada?</p>
<p>El film explota al máximo ese límite, esa delgada línea que describimos, allí está todo el asunto de esta novela. Todos van al cine al contemplar, a espiar  “lo prohibido”. Todos quieren, cual voyeristas, asisten a ver esa  trastienda en donde están los que, desde las fantasías,  acceden a un goce superlativo. Y esa es la primera trampa. Porque con esa lógica, allí están los libres, los “sin represiones”…los que “se animan, y del otro lado,  los infelices que gozamos poquito, llenos de limitaciones y represiones, seres aburridos que “no se animan” a lo Thrash Metal. Ni a eso, ni a la bisexualidad, ni al intercambio de parejas,  a que se yo que cosa. Amigos, cada cual hace lo que le gusta en la intimidad, pero no es que los que hacen ciertas cosas, gozan más o son más libres: la capacidad de disfrutar de la sexualidad, no pasa por allí, en todo caso, se puede ir logrando libertad de montones de maneras, el trabajo con uno, con nuestra historia, es lo que más resultado da para ir  “soltándose” cada vez más, y la creatividad compartida con otro, ocasional o un “otro del amor”. Pero ese goce de “libertad”  al que empuja la película&#8230;y la sociedad en general es, de alguna manera,  la nueva versión de  “la tierra prometida”. De hecho es muy común que cuando en las redes criticamos el film, se agrede con la palabra &#8220;pacato&#8221;, ¿se entiende? De alguna manera, su tu modalidad de gozar la sexualidad no tiene algo de lo que allí se muestra&#8230;sos eso; un reprimido moralista.</p>
<p>Muchas personas, por medio de esos  juegos eróticos legitimados, realizan un poco ciertas fantasías,  juegan  a serlo en sus relaciones íntimas: pero el sadomasoquismo, en el sentido duro del término, es otra cosa. Por otro lado pensemos: ver a una mujer o un hombre siendo azotado, es la escena de este tipo de relacion por excelencia, emblemática,  pero cualquier forma de maltrato entre los seres humanos, o de automaltrato, cotidiano si se quiere, está en esa línea: fumar dos paquetes de cigarrillos por día es masoquista, ir al casino y salir pelado es masoquista 100%;  maltratar a una mujer o a un niño,  a un perro o a un hombre,  descalificar, ningunear…es sadismo: y esas conductas no están enmarcadas dentro de una relación sexual. Es decir: no circunscribamos sadomasoquismo solo a la esfera de lo sexual puro.</p>
<p>Pero volviendo al  tema: allí el goce, el disfrute, no está en el placer, sino que está en el dolor, en el de uno,  en el del otro: ese dolor es placentero para una parte del YO de la persona en la escena, y displacentero para otra. Las personas en esas situaciones están bastantes divididas y van y vienen en esa línea delgada entre dolor y placer. Insisto, es una cuestión de “volumen” de esos componentes en una relación lo que  determina el pasaje del juego a la agresión directa, a la crueldad. (Volumen del tipo perilla de un equipo de música, que va subiendo). Pero lo cierto es que, en el dolor y muchas veces en la angustia del otro, está  el placer. El sadomasoquista pone  en acto, “realiza”, hace (pero de verdad), lo que en su  gran mayoría queda en el territorio de la fantasías o de ciertos juegos eróticos. De todas maneras, y retomando el tema del disfrute  “superlativo” al que acceden ciertas personas: simplemente son sujetos que pueden hacerlo. Igual ojo: ponen millones de reglas, casi obsesivas, para construir las diferentes escenas sadomasoquistas, no es “el libre albedrío”, más bien, todo lo contrario. Sadomasoquismo franco es cuando es “sí y solo si eso” o no gozo nada. Incluso, la meta del orgasmo o eyaculación, queda relegada. El único disfrute digamos, es el látigo, sin eso, no hay nada. Desde ese punto de vista, es una limitación si claro;  pero no se puede hablar de patología, de enfermedad y mucho menos de cuestiones morales.</p>
<p>Entonces: una cosa es “jugar a ser” y otra serlo. “50 sombras…”  ha habilitado a que una enorme masa de la población, vía identificación con sus personajes, realice un poco esas fantasías sadomasoquistas. Por otro lado, es central debatir el tema de la&#8221;decision&#8221;, pues a veces, mucha gente , frágil, manipulable, es llevada a ese tipo de escenas, y la cosa termina en una cosa peligrosa y de sometimiento de verdad, pero no por decision, sino por imposibilidad de decir no.</p>
<p>Ahora bien:  en el cine (es allí más fuerte que en una lectura, por el predominio de lo visual) esa identificación con los personajes puede ser muy masiva;  es allí en donde hablamos de “Identificación Introyectiva”, traduzco: “me identifico a tal punto con el personaje del film  que “me lo meto adentro” lo introyecto (intro = adentro), lo incorporo tipo comida,  y paso a ser yo mismo ese personaje “yo soy él”;  y hago y vivo en  carne propia lo que él hace y goza, ahí ya no hay más espectador. Es como una suerte de&#8230; ¿despersonalización? Sí: cuando en una película construimos ese mecanismo… nos despersonalizamos, pasamos  a ser otra persona por un rato ¿comprenden?  Pero también la identificación puede ser más suave, ahí estaríamos hablando de “Identificación Proyectiva”: soy “un poco” como el otro, estoy identificado sí, estoy proyectado parcialmente en el personaje (le proyecto aspectos míos, se los deposito) pero mantengo un anclaje en la realidad, estoy dividido,  sigo siento espectador, pero a su vez vivo y gozo lo del  personaje. En los dos mecanismos, ya sea leyendo o mirando… hay disfrute y excitación sexual franca en el lector/ espectador. El magnetismo de esta novela tiene que ver con eso. Mujeres y hombres se van a identificar, en un lugar o en otro, masoquistas o sádicos (siempre la identificación es en los dos lados, pero con más predisposición a uno u otro polo), en función de nuestra historia, de cómo fuimos educados, de nuestras vivencias, de lo que observamos de niños en los padres y vínculos primarios.</p>
<p>Por supuesto que gran parte de esos “fantaseadores”, frente a la situación real de una escena sadomasoquista franca (no de juego) se angustiarían tremendamente, se paralizarían o entrarían en el pánico más profundo. Pues gozar del dolor y de  la angustia y del sometimiento&#8230;no es para cualquiera. Los que estamos en salud mental hablamos de los sadomasoquistas como perversos. Pero, insisto, sáquenle toda connotación moral; entiéndanlo  simplemente  un tipo de persona;  que también, puede ser portadora de un grado de psicopatía (con todos los mecanismos que se juega allí) pero eso no es exclusivo de los perversos, puede estar en todas las personas a estructuras mentales.</p>
<p>Entonces: no existe el masoquista o el sádico: son los dos en uno, siempre. El sádico goza identificándose (relean la explicación de identificación proyectiva e introyectiva) con el masoquista, y viceversa. Allí, en esa escena, yo soy yo y el otro…cada uno es él y el otro a la vez. El que está ubicado en el lugar del sometido, goza identificándose con el sometedor que  lo castiga. Comprenden. Un gran lío, pero es así.</p>
<p>Por ahí hay una canción infantil que dice “juguemos en el bosque, mientras el lobo no está”. Si, jugar, pero cuando aparece un lobo real, que le puede ocurrir a cualquiera de ustedes si se  encuentran con una persona que les pide dolor o que  les propone ponerse de objeto para recibirlo (dolor “placentero”)…no podrían tolerarlo;  es un submundo muy complejo en donde está todo invertido y hay que tener un carnet muy especial para poder entrar en él.</p>
<p>Pero bueno: es lo que hay. Si quieren captar  bien  ciertos submundos, o jugar un poco con ellos&#8230;lean al Marques de Sade (la palabra sadismo viene de allí), es bueno de verdad, gran escritor, un loco de atar, rebelde total de su época, ¿un amoral?, quizá, pero un tipo brillante, formado, admirado por los grandes de la literatura y el pensamiento. A los que les interese, les paso títulos de él, los que a mí más me han gustado. Sus cuentos eróticos son buenos, pesados eh! 50 sombras…es Antojito en comparación, y  sus planteos sobre la religión…son una maravilla, y tienen 200 años.</p>
<p>Esta novela, y su pasaje a la pantalla grande, es una cáscara vacía… al menos para mí, no tiene  ningún planteo interesante de fondo, no hay subtrama, no hay nada, sólo pirotecnia con pólvora vencida… pero me hizo escribir estas palabras para ustedes: misión cumplida compatriotas.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>Los hijos y su  la infancia olvidada</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 10:39:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/06/los-hijos-la-infancia-olvidada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado todo lo que después va a ser la base de lo que llamamos “personalidad”. Lo cierto es que un día “aparecemos” (como por arte de magia) en este mundo;  y comenzamos a transitar  las primeras experiencias de satisfacción, de alegría, de dolor, de angustia, y  se van consolidando las matrices fundamentales de todo el enorme abanico de sentimientos,  emociones y estados de ánimo que experimentamos los seres humanos durante toda la vida.  Y bueno, allí empezamos a construir el vínculo con nuestros padres;  que se construye si, como cualquier otro. El niño va adoptando a esos padres y viceversa. Si bien es cierto que un niño está  quizá desde mucho antes  en el deseo y fantasías  de sus  padres (esa es nuestra pre-existencia),  lo central es que nacemos  y empezamos a dejar atrás nuestra prehistoria para meternos de lleno en una historia tangible, de cuerpos digamos, intenso como pocos, como lo es el del cachorro humano con sus progenitores.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-296" alt="foto" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg" width="327" height="154" /></a></p>
<p><span id="more-295"></span>Y ahí empieza, entonces, una relación de amor con  ese bebe. Y le cantamos, y lo mimamos; y a medida que va creciendo vamos introduciéndole los primeros límites y los “no” necesarios para que pueda vivir en sociedad y para que ese niño logre gobernar sus impulsos.  Y los bañamos, y reímos con ellos, y empiezan a devolvernos con sus sonrisas, gestos y  juegos… el amor que les damos. A ver: se trata de un vínculo de muy alto volumen, en donde pasan montones de cosas emocionales todos los días. El psiquismo del niño, que viene al mundo solo con un puñado de  inscripciones (leer mi texto aquí en Infobae sobre la vida intrauterina), se va estructurando en toda ese época de la vida.  Y los ayudamos a dar sus primeros pasos, a  pronunciar las  primeras palabras, a nadar, a pedir, a dar: los matices emocionales y afectivos son tantos, y tan difíciles de poner en palabras&#8230;dejemos eso para cada uno en su intimidad afectiva.</p>
<p>El punto es que, en determinado momento, todo eso tan rico, todas esas profundas en intensas vivencias cotidianas…se sepultan y,  ya de grandes, olvidamos gran parte de todo aquello. Ahora bien: ¿saben qué? no importa, no tiene ninguna importancia que todo ese Universo afectivo esté olvidado en el plano de la conciencia: se recuerda de otra forma, en actos, en sensaciones que “nos toman” y no sabemos de dónde vienen;  en los vínculos que construimos, en cómo transitamos las angustias de la vida…todo “eso” está allí, en nuestro “modo de ser”…en nuestro inconsciente, produciendo efectos y modalidades vinculares y  bueno, también se olvida lo traumático:  pero no estoy entrando en esa área hoy.</p>
<p>El asunto es que  “somos”, en gran parte, aquello olvidado, eso  “perdido” de nuestra biografía. No lo recordamos, pero es casualmente lo que forja nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra modalidad de amar y ser amados  y &#8211; cosa no menor-  nuestra ética. También, en esos años, somos grandes observadores  de lo que ocurre entre nuestros padres, de cómo es el vínculo entre ellos;  eso también nos marca profundamente.  En la actualidad  hay una tendencia a pensar que lo que no se recuerda no es importante: mucha gente, frente a los que tenemos una orientación más psicoanalítica, dice cosas  como: &#8211; “uh, pero no quiero ir a la infancia, quiero resolver los temas actuales”. Si, es válido. Pero “estamos hechos “de esa infancia primaria olvidada, es nuestra “sustancia” fundamental.  Y esas experiencias primarias, esos vínculos tan intensos, vividos y observados, nos determinan e imprimen en el psiquismo, que es cemento fresco, un sinfín de sensaciones, que son huellas, marcas: caminos fundadores para que luego transiten las experiencias posteriores.   No lo duden, están siempre presentes en nuestros vínculos actuales, para bien y para mal.</p>
<p>Entonces: hay que conectarse un poco con eso. Piensen ustedes en sus hijos, en todo lo que allí ocurre; en todas las emociones y sentimientos  de ida y vuelta con ellos (estoy hablando fundamentalmente en la etapa que va de cero a tres o cuatro años)&#8230;bueno, ellos se van al olvidar de gran parte de todo eso  pero, repito, sí, hasta el cansancio: “eso” es lo que somos y vamos a ser siempre en esencia.  La sedimentación de todo aquello que vivimos en esa infancia olvidada es lo que somos, y lo que vamos logrando hacer con eso, es el arte del asunto. Por supuesto que después, el “circular por el mundo”, los diferentes vínculos que vamos logrando construir en los diferentes ámbitos de la vida, las cosas del azar…las tragedias… siguen inscribiendo y transformándonos como personas, pero eso es para otro análisis, quizá más complejo.</p>
<p>No quiero plantear una infancia ideal llena de amor, cuidados y vínculos puros y claros como el agua, no: lamentablemente también, muchas veces, hay maltrato, destrato&#8230;agresión, ambivalencia afectica&#8230;abandono&#8230;pero bueno, es la intención de estas palabras fortalecer lo afectivo, el buen trato y la ternura de los padres, a partir de que puedan  tomar conciencia de la importancia de todo esto que planteamos  que ocurre en el primer periodo de la vida. Es mi propósito que  los padres, piensen, que se sigan pensándose a sí mismos, nunca sobra eso.</p>
<p>Los niños, al nacer,  son como una plantita: hay que regarla mucho para que se  “agarre” y afirme a la tierra y crezca sanamente, por sobre todo en los primeros momentos.  El agua con lo que regamos al niño es el amor y los limites también. Si ustedes van a un vivero y compran un árbol, le van a dar toda una serie de indicaciones de cómo y cuándo plantarlo, de cómo “guiarlos” para que crezcan derechos, de cómo es asunto del riego, del control de plagas&#8230;etc. Bueno, con los hijos es parecido, hay que aplicar el sentido común, pero tenemos que tener muy presentes que esos primeros años son determinantes en la construcción del psiquismo humano, y en la predisposición a la salud o la enfermedad en el plano de la salud mental.  Lo que hagamos, el clima emocional general que podamos lograr,  el disfrute que podamos poner en juego en esto de ser padres, el cómo podamos ir llevando las angustias lógicas de ser responsables de un niño…ahí…es ese interjuego permanente…está la “formula” para no hacer, por lo menos, grandes macanas.</p>
<p>Después bueno, yo podría contarles decenas de cuestiones técnicas sobre el por qué se sepulta todo ese fragmento de nuestra historia, pero a ustedes, creo, no les va a resultar muy atractivo. Solo entréguense al hecho de ser padres como si fuera una aventura, si: como si fueran  a conocer un lugar inhóspito, en otro lado del mundo…a descubrir un contiende perdido… disfruten de sorprenderse, de meterse en ese mundo nuevo, en ese “otro mundo”&#8230;el de los niños que es, acaso, el más interesante de todos los mundos, al menos para mí.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>Los hijos: su prehistoria, la vida intrauterina</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2015 22:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Finalmente, cierto día, vamos corriendo al sanatorio y   -casi por arte de magia-   “aparece” una nueva persona en el mundo. Un parto es un acontecimiento creacionista en el sentido duro del término. La mujer allí es “quien  crea  de la nada, un niño”. Dios es mujer digamos. Lo único en el mundo real, parecido a... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/01/11/los-hijos-su-prehistoria-la-vida-intrauterina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente, cierto día, vamos corriendo al sanatorio y   -casi por arte de magia-   “aparece” una nueva persona en el mundo. Un parto es un acontecimiento creacionista en el sentido duro del término. La mujer allí es “quien  crea  de la nada, un niño”. Dios es mujer digamos. Lo único en el mundo real, parecido a lo que sería  “lo divino” se ve allí. Hablo de lo divino entendido en el sentido bíblico. Un parto es,  más allá de la ciencia o  de las religiones,  un hecho imposible de metabolizar. Es “mucho”  -en todo sentido-  en un lapso  muy corto: es algo  traumático para todos los integrantes de la escena:  para ese “ser”  que “emerge” a la vida, para la madre, el padre; es una situación que  destruye, “pulveriza”  la razón,  y nos mete en el imperio de la emoción más  insimbolizable que se pueda vivir. Todos nos despersonalizamos un poco allí, en ese quirófano, bastante psicótico es el asunto.  Así es: hay acontecimientos que son difíciles de simbolizar,  esas  experiencias  híper intensas &#8211; como puede serlo  el estado de enamoramiento, o la entrada a la sexualidad, el parto-  son, a veces,  las más interesantes. Lo inentendible, lo que no se puede hacer pasar por la maquinaria de palabras  es, muchas veces, lo mejor de la vida.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/01/gemelos-national.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-254" alt="gemelos-national" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/01/gemelos-national.jpg" width="435" height="290" /></a><span id="more-253"></span></p>
<p>El asunto es que al nacer, empieza nuestra historia, la trama del film, la sucesión de escenas. Pero hay una prehistoria (hay preproducción digamos)  que tiene que ver con cómo fuimos deseados y fantaseados por nuestros padres. Yo tengo la suerte de acompañar a muchas mujeres y hombres en el camino a ser padres,  primerizos, generalmente. Disfruto mucho al hacerlo y soy, me lo dicen mis pacientes, insoportable con el cuidado del clima emocional de la pareja durante el embarazo. ¿Por qué? Metámonos allí de lleno.</p>
<p>Ni yo ni nadie puede llevar al territorio de lo científico el efecto del clima emocional de la madre sobre el niño que lleva dentro de sí. Y hablo de “clima”, porque el cuerpo materno es  el  hábitat en donde se desarrolla el feto. A ver queridos: ellos son una misma cosa, se inscriben mutuamente toda una serie de marcas. Sin duda que lo que se va imprimiendo en el niño (por sobre todo en los últimos meses de gestación) ocupa un rol central en lo que  termina siendo lo que llamamos “el temperamento”. Cada hijo de una misma pareja es diferente, porque fue gestado en momentos distintos de la biografía de sus padres;  desde deseos y fantasías disímiles y con climas gestacionales variados. Esa mamá construye un vínculo con el niño que lleva en su vientre, vinculo simbólico y físico. El estado emocional de esa madre; cómo es tratada por su pareja, por  su entorno familiar; sus ansiedades, la  tensión o relajación corporal  durante la gestación, imprime, y genera un mundo  de sensaciones en ese feto (niño)… que resuena, palpita  “cabalga” y  vibra con y dentro de su madre. El rol del padre, en todo esto que decimos,  es más que central: en cómo mimamos a nuestras mujeres, en ser incondicionales al momento de acompañar a los médicos,  en la manera en cómo ayudamos a ordenar y contener las emociones y sentimientos que se desatan en el universo femenino en esa situación, está el complemento, está la alucinante maravilla de  la diferencia  de géneros.</p>
<p>Cuando escuchan  por ahí decir a un hombre “estamos embarazados”   eso es anular las necesarias diferencias complementarias. Somos distintos, vivimos esos procesos de maneras diferentes y eso, amigos, es lo interesante.  El asunto es que se  imprimen  sensaciones, estados que son un sin fin de huellas  grabadas en un psiquismo en formación, y  que son la base &#8211; las matrices más primarias-  de lo que después llamamos “el inconsciente” (o, por lo menos, de la imagen inconsciente, primaria, primitiva del propio cuerpo)  o sea: de lo que es el “sí mismo”, el “yo”, de la “autoconciencia”, de la idea de “ser” y reconocernos en el espejo.</p>
<p>Al nacer ya tenemos toda una serie de ¿vivencias?&#8230;- polémico- ; sí,  todo esto que escribo es mi experiencia. Aparte,  me apasiona el mundo infantil (que es en algún punto con el que se trabaja  con adultos  en el consultorio).  Los pacientes relatan su historia, cuentan lo que les dijeron que fueron los climas emocionales  mientras ellos se estaban gestando. Ven como sus padres  son con sus hijos;  deducen lo que pudieron llegar a ser sus infancias,  su propia prehistoria gestacional.</p>
<p>He acompañado unos veinticinco  embarazos en estos años de trabajo. Más mi propia experiencia. Estimulo mucho la maternidad y la paternidad. Soy de estar muy encima  para cuidar el clima emocional durante esos particulares nueve  meses de gestación. Pues allí, estoy convencido, suceden muchas cosas. Nada de lo que digo tiene fuerza científica, ni estadística. Pero poco me importa todo eso: tampoco me interesa si la psicología o el psicoanálisis resisten  lo epistemológico de la ciencia. Creo  que es un método efectivo y que, bien instrumentado, ayuda a resolver síntomas, angustias e inhibiciones que hacen invivible la vida, la única que  tenemos.  Y que  puede llegar a producir enormes transformaciones en mucha gente, en su manera de ver el mundo y a sí mismos.</p>
<p>Somos nuestra historia y nuestra prehistoria: J. L. Borges en su famoso  poema “La Nube”, dice: “…eres también, aquello que has perdido”… somos, también, ese período en donde estábamos envueltos en esas cálidas aguas amnióticas maternas;  somos la calma, la ansiedad, la violencia, la ternura…de nuestros padres en esas épocas. El mundo  actual nos quiere hacer pensar que esa prehistoria, y nuestra historia infantil…está perdida…o que no es tan central; que en  las problemáticas actuales que cada uno de ustedes tienen,  poco importan estas cosas.  Pues bien: tomemos la frase de Borges en ese sentido, somos eso que nos quieren hacer  perder de nuestra biografía.   Por último, les digo: tener miedos, ansiedad, discusiones de pareja;  todo eso ocurre, y es lógico y  humano y hasta necesario transitar por esos estados durante ese período. El asunto, y a donde apunta este escrito, es a que tengamos presente que si todo eso sube a volúmenes muy altos, imprime en ese “ser” huellas. Ser padres responsables es, también, tener presente  eso ya de entrada, y no sólo cuando ya el niño está en el mundo.</p>
<p><i>Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>Las vacaciones: reflexiones.</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 22:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Irse de vacaciones es hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana. Es alejarse un poco de todas esas zonas de tensión que implican ciertos mundos a los cuales no nos queda otra que pertenecer.  Todos tenemos rutinas, y no tiene por qué ser  algo displacentero tenerlas; pero  romper con ellas, es algo imprescindible para renovarse. Entregarse al ocio,  poder  funcionar con tiempos propios, y no con los  que nos imponen las instituciones (trabajo, escuelas, clubes&#8230;lo que sea) es algo central. Lo más interesante del asunto, es que uno puede manejar el tiempo; pero bueno, no muchas personas logran ese acto de libertad. Simplemente  no saben qué hacer con el ocio cuando “no tienen nada que hacer en él”. La falta de obligaciones angustia. Y esto es independiente de que uno use el ocio de manera más activa que otros.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-248" alt="abierto-por-vacaciones1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg" width="400" height="259" /></a><span id="more-247"></span></p>
<p>Lo que es indudable, es que las vacaciones, si uno tiene la sabiduría y la capacidad de saber disfrutar de la vida, nos dan un marco para una mayor libertad. Ya sea si nos vamos en pareja, con amigos, en familia; siempre  se trata de una verdadera situación de cambio en donde se depositan muchos anhelos, fantasías y aspiraciones de romper con las rutinas. Pero muchas veces, esa búsqueda frenética de libertad, nos puede generar angustia. En esas típicas depresiones que se generan cuando las personas van al encuentro de algo ideal y sólo encuentran realidad, y ellos  allí parados, frente a esa realidad que no los satisface.</p>
<p>Lo que ocurre es que se ha impuesto una suerte de “idea moral” de lo que es o debería ser el disfrute en las vacaciones. Y  es allí donde lo que vemos es que las propuestas son “nadar con delfines en un mar turquesa”; o ir a instituciones de placer con “todo incluido” en donde  “uno no tiene que hacer nada”&#8230;o las típicas ventas de las “vacaciones de la euforia”&#8230;en donde el asunto pasa por vivir a mil de adrenalina tres semanas  seguidas.</p>
<p>Hoy,  la industria del entretenimiento, ha montado decenas de dispositivos (grandes cruceros,  ciudades con todo incluido, viajes a lugares inhóspitos con cataratas de excursiones, etc. Lugares para no hacer nada de nada) todo para salir de la rutina, salir del estrés: el tema es que todo ese montaje, muchas veces, no deja lugar para la recreación personal, para el deseo, para una conexión más auténtica con las cosas fundamentales de la vida: los afectos, estar con  nosotros mismos&#8230;</p>
<p>Yo les propongo que se sienten a pensar sobre qué es lo que realmente ustedes disfrutan, qué es lo que les gusta hacer. Y que lo hagan acorde a lo real de sus posibilidades económicas, pues es muy común ver mucha gente endeudarse, y padecer luego meses por eso. Sin planificar mucho, salgan a la ruta: en auto, en avión, en colectivo;  ejerciten   -más que nunca-  la plasticidad, la capacidad de poner en marcha la creatividad y no meterse en planes muy estructurados o propuestas de “combos” muy rígidos. Hay que aprender a disfrutar en nuestra vida cotidiana, a generar actividades desestresantes y de esparcimiento y ocio en  ella; eso no anula que las vacaciones sean algo fundamental  en el cierre de un año. Pero poner todo allí,  depositar desmedida expectativa en ciertas cosas, genera sólo ansiedad y  frustración y puede destruir  “la novedad”, lo que ocurre producto del azar.  En mi último texto para Infobae de este año, les deseo disfruten de sus viajes, de sus aventuras, de sus seres queridos en otros paisajes y cielos y nos encontramos para seguir compartiendo el próximo año.</p>
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		<title>Diciembre: balances</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2014 02:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Diciembre es un mes en donde confluyen  muchas cosas: el cansancio acumulado durante al año, las fiestas (siempre algo tensionantes), el cierre o finalización de muchas actividades, la planificación de las vacaciones, las reuniones. Es un mes en donde, en general, no tenemos demasiado tiempo para pensar. Sin embargo, casi naturalmente, todos hacemos algún tipo de balance. La vida es ciclos, como el día y la noche: el tiempo es una convención cultural, pero  apropiarnos de él, planificarlo, es un arte necesario.</p>
<p><span id="more-231"></span></p>
<p>El asunto es que llegó el último mes del año y  todos miramos un poco hacia atrás,  lo que pudimos o no hacer en él, los cambios internos, las transformaciones y aprendizajes que hayamos logrado…nos meten, naturalmente, en un balance. ¿Pude sostener aquello que en marzo me propuse? ¿Logré  mantener mis pasiones o intereses? ¿Conseguí evolucionar en algo como persona? ¿Y,  en el  amor? ¿Y, en el mundo del trabajo? Es decir: ese fragmento de historia que queda detrás,  puede mostrar muchas cosas, podemos aprovecharlo para hacer  introspección y   -a partir de  un sano balance-  evaluar y aferrarnos a los logros o, si lo que vemos no nos conforma, cambiar el rumbo y modificar ciertas cosas, evolucionar.</p>
<p>Todos tenemos una suerte de idiota dentro, una especie de enemigo interno que nos quiere anestesiados, limitados, achatados,  en nuestros deseos  y pasiones. Ese idiota vive de lo mejor de nosotros y nos limita la vida,  en el amor, en nuestra capacidad de disfrutar de nuestras potencialidades; nos mete un cepo en el arte de gozar de la sexualidad, de los hijos…del trabajo: ser conscientes de esa tendencia interna negativa, no es ser paranoicos, es simplemente no dar ventaja, y tratar de vivir lo mejor que se pueda, lo más acorde a nuestro verdadero potencial.</p>
<p>En los últimos meses del año aumentan muchísimo las consultas. En esas charlas,  es muy común escuchar cosas de este estilo:   “otro año que se va…y yo sigo igual;  abandoné las cosas que había arrancado…sigo  mal con mi pareja;  no hice los cambios que me había propuesto”;  gente que mira para atrás y ve otro año de pantano, de falta de aprendizaje, de derrotas contra lo peor de sí mismo. Es que vivir, disfrutar de la vida, incluso entender y aceptar que la angustia es parte de ella, es todo un tema. Y aclaro esto último porque noto que últimamente  se ve como prohibido sufrir, es que el nuevo mandato es estar  “¡para arriba!”, siempre, y eso no suma, pues sentirnos mal, tener momentos de sana melancolía, de necesaria tristeza&#8230;es normal, y hasta puede ser  útil, puede ser combustible para ciertos cambios.</p>
<p>De todos modos, para mí, lo central de esos balances está en revisar  si hemos evolucionado en el territorio en cuanto a ser  mejores personas. Es fundamental, por ejemplo,  que nos preguntemos sobre  cómo es el trato que tenemos hacia los demás: ¿Cómo trato yo a  las personas,  en general? Considero que esa pregunta es central, pues nos mete de lleno en  nuestro narcisismo, en  nuestra historia más profunda. También es bueno preguntarnos si hemos tomado algún señalamiento de los seres queridos en relación a algún rasgo de nuestra personalidad. ¿Qué aprendizaje hemos hecho, en qué pudimos mejorar en relación a nosotros y a los otros? En el mundo actual, en donde se impone el híper consumo y  la exaltación de los goces narcisistas, el refugio, la defensa  frente a  toda la artillería de nuevos mandatos, está en las pasiones verdaderas y en los afectos. Es en el amor de pareja, en los amigos, en los hijos, etc,  en donde tenemos que crecer.  Allí  donde hay que poner el  foco en  los balances.</p>
<p>En el tema de las pasiones,  lo central es entender que, sin ellas, la vida se va vaciando: puede ser escribir, correr, nadar, hacer  teatro, cocina, carpintería&#8230;lo que sea, pero que implique un “hacer”. Leer, ver cine…son cosas centrales&#8230;pero no son un “hacer”. Son actividades en donde somos espectadores. El asunto es sostener  los goces en donde uno sea el protagonista: las verdaderas transformaciones parten de allí. Sostener las pasiones es complejo ¿qué paradoja, verdad? Tendría que surgir naturalmente el hecho de mantener algo que nos gusta: pero no, cuesta. Es el ser humano,  es siempre ese idiota interno que atenta  contra todo lo bueno de la vida, y nos aferra a lo displacentero y destructivo.</p>
<p>Por eso, luego de ese balance, y mientras vamos haciendo conscientes ciertas tendencias inconscientes que nos gobiernan…hay que ponerse a trabajar para que el próximo año sea mejor; para sostener…amar&#8230;y aprender a enfrentar las lógicas angustias de la vida, los miedos,  con más dignidad, sin que nos paralicen. De eso se trata: eso es lo que yo les deseo para un nuevo año que comienza, que tengan deseos y pasiones, y que los sostengan a capa y espada, si no, la vida, se va transformando en un “durar en la monotonía”…y eso, queridos, es naufragar. Pongamos las velas, demos  un rumbo  al barco, a navegar en esta aventura que es la vida.</p>
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