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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; cura</title>
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		<title>El autoboicot</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 00:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/07/06/el-autoboicot/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a ese “todo es posible”…se mezcla, esta vez, con profundas cuestiones que hacen a mi práctica cotidiana.</p>
<p>Los seres humanos atentamos contra nosotros mismos. Hay una tendencia destructiva que apunta a la aniquilación de  nuestra especie. Las guerras, el poco cuidado del planeta, la violencia en cualquiera de sus formas, es hacia nosotros, siempre: en el fondo no hay enemigos, sólo fuerzas  que se va anclando en diferentes odios o argumentos para desplegarse, pero el resultado final es siempre el mismo… “el hombre es el lobo del hombre”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-434" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg" width="267" height="189" /></a></p>
<p><span id="more-433"></span>Entonces: en el territorio más individual,  tenemos una tendencia masoquista, autodestructiva, ejecutamos  acciones en contra nuestra. Es curioso, y puede ser paradójico para muchos, pero la realidad lo demuestra día a día. Gente que se destruye la salud con drogas, tabaco&#8230;comida…hasta morir o enfermar gravemente; personas que eligen y construyen vínculos no convenientes y enfermos; tipos que andan a trescientos kilómetros por hora en la panamericana; mujeres y hombres que tienen relaciones sexuales sin cuidarse; personas que el día del examen final para graduarse no van o se quedan dormidos; sujetos que salen a la ruta sin cinturón de seguridad; gente que escala montañas sin anclajes ni soga; personas con potencial que se autoimponen una vida limitada; individuos que muestran sus infidelidades para destruirlo todo…o los ludópatas… etc. La lista es larga, cosas grandes o pequeñas e inofensivas…pero es cotidiano: somos una lucha de fuerzas, una parte impulsiva, autodestructiva e inconsciente y otra más racional y erótica que intenta tomar la delantera. Conciencia, inconsciente, enemigos internos…núcleos sanos que se defienden…somos muy complejos.</p>
<p>Los cierto es que estos hombres fueron arrasados por los peor de sí. A ver: es claro que hay mujeres que generan tensiones eróticas y caudales de excitación sexual que pueden desorganizar psíquicamente a mucha gente, ese componente estuvo: cuando la sexualidad (la actitud sexual) de una dama está muy en 3D, muchas personas quedan devastadas en su capacidad de razonar, entran en estados casi hipnóticos, les bajan las defensas y aparece lo peor de sí. Yo creo que lo que ocurrió fue un verdadero autoatentado en los pilotos, incluso en la dama en cuestión. Estamos hablando de personas que lo perdieron todo, y con una profunda condena legal y social sobre sus espaldas, por nada, ¿por nada? ¿Por babosos? No: por su núcleo masoquista que se los llevó puestos. Todas las alarmas estaban encendidas, se estaba filmando; sabían que iban hacia un abismo: pero no pudieron frenar, se los tragó el enemigo interno. Es como esa persona que me decía cierta vez &#8211; “cuando tuve relaciones sin preservativo, y mientras estaba allí, sabía que era una potencial portadora&#8230;pero no pude frenar”.</p>
<p>Lo que vimos fue  cómo tres personas se entregaban alegremente a perderlo todo. Es interesante como se camufla lo peor de nosotros, ¿verdad? Porque la chica también se jugaba mucho,  y no pudo escuchar, entender, la complejidad de la situación.</p>
<p>Pero también está lo fálico, sí: muchos hombres, en su necesidad de afirmar su masculinidad, o de impresionar a una mujer -o incluso a otro hombre-  pueden batirse a duelo y morir en un segundo. Y algo de eso ocurrió allí: los autos, los aviones, son símbolos fálicos, de potencia, de virilidad;  son sustitutos hacia donde se desplaza la necesidad de potencia que siempre, en mayor o menor medida, tenemos todos los varones. El avión fue usado como sustituto directo de esa potencia;  a ver: los tipos pasaron a buscar con la Ferrari a la chica para impresionarla, fue eso, sí, sí: lo que pasa es que en esa nube de excitación sexual…de depredación de todo lo simbólico que ordena el mundo…olvidaron que era un avión con pasajeros y que había riesgos. Si nos ponemos más agudos, podemos decir que allí se pulverizó el contrato social que regula las conductas entre los seres humanos.</p>
<p>Y así las cosas, yo sé que esto podría a haber derivado en una catástrofe, con muertos, con decenas de víctimas colaterales; con mucho dolor social. También es importante mencionar  la cantidad de gente que tiene miedo, fobia a volar, y que con todo esto se angustia más aún y se fortalecen sus síntomas.  Pero no ocurrió, por eso hago estos análisis, porque -sepan disculpar-  no puedo dejar de ver a los tres tripulantes desde lo mío, desde mi perspectiva. Son acciones que pueden  costar muy caro: si una persona en un enojo con su mujer, yendo en su auto, empieza a acelerar…se está exponiendo a matarse….es masoquista sí, pero, también, es sádico….pues está arrastrando a la muerte a otros. Pero, de todas maneras, considero que aquí, lo ocurrido, tiene predominantemente este componente masoquista, fue más contra ellos mismos que contra otros.</p>
<p>Todo fue una escena emblemática de cómo los seres humanos atentamos contra nosotros mismos y lo  perdemos todo. Se han puesto a jugar  alegremente a la ruleta rusa, la bala salió, no fue letal, pero fue un acto irreversible para ellos. La justicia tiene que accionar, el mundo funciona con un sistema de premios y castigos, pero, a mí, y en particular con la dama, me cabe una sanción del tipo probation, de trabajo social, de poner a otros como protagonistas, de obligatoriedad a una terapia…de dedicarse a otros, en serio, mucho: reparar desde allí, quizá eso cura y mejora a las personas con exceso de narcisismo, los saca del espejo. Realmente el caso de la dama en cuestión, la verdad, no puedo ver mucha responsabilidad, más allá de algunos aspectos de su personalidad le nublan la razón y la exponen (y exponen) a este tipo de cosas, como recién decíamos.</p>
<p>Hoy quería acercarles estas reflexiones, el episodio fue algo muy extraordinario, que merece que lo sigamos pensando.</p>
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		<title>El amor real</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2015 12:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="420" height="336" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-428"></span>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
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		<title>&#8220;El caso Elvira&#8221;&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:32:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo- pero yo no le di bola. ¿Su argumento? Me dijo que era enchufarles  algo muy mío…pero bueno, él no me va a entender jamás, seguramente no se ha puesto a escuchar detenidamente a estos cuatro marcianos del siglo XX. También le conté a mi “Psico”. -así le digo yo-  que como no podía tener más hijos, en  compensación, me había comprado un perro y  que lo había nombrado “Ringo”. Echó a reír a carcajadas y me dijo: &#8211; Bueno, Elvira, está bien, usted gana, usted gana.  Años después terminé medio amigota de ese terapeuta, era un muy buen tipo, muy astuto, pero  musicalmente  equivocado. Un día fuimos a su casa y en la biblioteca tenía una foto de  Queen!! Freddie Mercury! Ese gritón todo sudado.  Ese espasmódico insoportable! Esa foto hizo que mi terapeuta termine por caer, eso cerró definitivamente nuestro pasado como paciente y analista.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-423" alt="the beatles" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg" width="304" height="166" /></a></p>
<p><span id="more-422"></span>Pero les contaba acerca  de mis accidentes. Anoche, mientras le enumeraba  a mi marido los beneficios de un nuevo jabón en polvo que sacaba las manchas con oxígeno concentrado, pensaba -en paralelo- en el número de accidentes que he acumulado. Pero antes de eso les digo: ¡Cómo me gustan los jabones en polvo! Y ni hablar los quitamanchas. Miren, si ustedes algún día me encuentran por la calle o me invitan a su casa…sáquenme el tema; si  se ponen a hablar de jabón en polvo o de quitamanchas,  yo me enciendo, puedo hablar seis horas seguidas sobre el tema, me apasiona. Es un mundo casi  místico para mí. Hay para diferentes tipos de ropa y tela o fibras,  para diferentes colores y texturas…puedo estar 50 minutos frente a la góndola mirando y gozando de esos envases milagrosos. Hay uno de un jabón en polvo marca Skip que me produce, – se los digo con cierta vergüenza- me produce excitación! Si,   me erotizo un poco cuando lo veo o agarro. Se trata del “Skip Perfect Black”. Su envase es totalmente negro, contundente…es como el “All blacks “de los jabones en polvo. Lo puede todo. Siempre que lo introduzco en mi lavarropas automático “Eslabón de lujo” imagino las batallas de mi producto contra las manchas; es casi una épica para mí lo que “ahí sucede”.</p>
<p>Entonces: entre accidentes mínimos, como puede ser quemarme con la asadera del horno, hasta caerme de la escalera, he contabilizado más o menos ochocientos   en lo que va de mis 43 años. De chica patinaba, mucho. Mis codos, manos y rodillas eran realmente de película de terror. Vivía en el piso “limándome”. No había manera. Mis padres &#8211; judíos, pesados y llenos de miedo &#8211; ya no sabían qué hacer conmigo. Me mandaron a Hockey, ¡para qué! Varias fracturas, moretones por todos lados. Nunca controlé muy bien mi cuerpo y mis fuerzas. Cuando agarraba la pelota ponía quinta. y siempre seguía de largo hasta tragarme literalmente el alambrado. Eso es hasta hoy, mi cuerpo suele manejarme a mí, algo he regulado eso (el “fan de Queen” ayudó mucho), pero es mi temperamento. Rompo todo y me rompo toda siempre. ¿Perdón? ¿Por mi marido, me preguntan? Miren, mi marido es una gran persona, hace veintidos  años que cada día que lo miro a los ojos me enciende y le da sentido a mi vida.Me gusta, me parece “viril” y también es muy tierno. Pero no me entiende. En el fondo soy una incomprendida. Él “desestima” ciertas preocupaciones mías. Dice que son “banales”. El muy cretino me dice que son ¡BA NA LES! A veces lo odio profundamente. Pero entiendo que el amor es eso, y que también es un trabajo.  “El Fan” siempre me decía – Elvira tranquilizate, el amor también es sufrimiento, tenés que trabajar más para el amor.  Me jodía con eso constantemente. Cuando conocí a su mujer me sorprendí tremendamente.  Era una enana.  Era un Hobbit. Muy linda, ex bailarina clásica, femenina&#8230;pero pelirroja, eso no me gustó nada; no confío en las pelirrojas nativas. Son traidoras. Bueno, son cientos los accidentes que he tenido. De todas maneras ya he gastado en los últimos 2 años cerca de cincuenta  mil pesos en “tunearme”. Me retoqué toda. Me harté de verme “Todas Desflecada”, luego de mis partos y mis accidentes. Ahora estoy espléndida. Mi marido no parece haber registrado demasiado el “tuning”, él siempre tiene ganas, con o sin flecos. Pero bueno, los tengo que dejar, tengo cosas que hacer, no sean tan demandantes conmigo, sigan en sus cosas, después les sigo contando.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Monólogos de la envidia</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2015 18:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/05/29/monologos-de-la-envidia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa es mi verdad. Estas son mis miserias, me odio por eso: es un sentimiento que me gobierna, y me hace vivir mal; pero se me impone, me toma. Tengo pensamientos destructivos hacia los que tienen lo que yo creo no poder tener.</p>
<p style="text-align: left">La vez pasada observaba a una conocida que tiene un  novio súper  caballero, que la acompaña a todos lados: un tipo potente económicamente, y me llené de odio. Muy probablemente sufra de un profundo complejo de inferioridad, lo sé. Pero poco importa eso. El asunto sigue siendo que yo sigo sin tener lo que el otro tiene.  ¿Seguramente  usted está pensando que soy mala persona no? Si, no hace falta que me lo diga: es lo que ud cree; pero no me condene, no lo soy.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-405" alt="envidia" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg" width="360" height="240" /></a></p>
<p><span id="more-404"></span>No sé cómo nació este sentimiento en mí, lo  percibo  desde niña: odiaba a una compañerita, la más linda y que tenía mucha personalidad. Envidiaba cada centímetro de su cuerpo, lo que tenía, lo que era, su casa, sus padres, su perro; pero jamás le hice daño ¿cree ud que sí le hice no? ¡Se equivoca! nunca he hecho mal a nadie o&#8230; sí,  quizá un poco: difamar, inventar… o reproducir cosas para  ensuciar a mis envidiados de turno, pero no mucho más que eso. Por otro lado creo que mi vida no es digna de ser envidiada en nada. Mi anterior analista me dijo toda una serie de cosas que jamás entendí sobre mi madre, mi padre;  sobre la dinámica que existía o que ellos habían generado entre mis hermanos y yo. Pero el asunto es que no se me va. He logrado algunas cosas, pero todo…es nada: siempre hay alguien que tiene más que yo, y cuando lo veo, sufro, padezco.</p>
<p>Nunca envidio virtudes, envidio “potencias”,  rasgos o cosas que el otro tiene y que, en definitiva,  son más materiales que espirituales. Quizá sí el amor: ver gente feliz y con cierto equilibrio me da tirria.</p>
<p>Me siento sola: la envidia siempre es en solitario, no es un sentimiento compartido, nadie declara poseerla, no hay mesas redondas con este padecer. Estoy al tanto de que,  en mayor o menor medida,  es un sentimiento negativo que todos tienen. Pero a mí me gobierna, y me hunde en la más profunda de las soledades humanas. Se envidia desde la cripta, licenciado: es siempre un acto vampírico, oscuro, solitario, no se comparte. Otros sentimientos son comunitarios, la ira, el odio: se odia en masa; la envidia no “hace masa”, no se socializa.</p>
<p>Odio fingir ponerme feliz por los logros de los otros, me siento sucia, me vampirizo aún más.  He llegado  -usted creerá que estoy loca- a envidiar a mi mascota. Si,  su vida es serena: mi perro no precisa  proyectos para vivir, sólo come,  juega y me espera. Y no envidia: estoy seguro que no tiene ese sentimiento dentro de sí, y eso… me contamina el vínculo con él.</p>
<p>¿Cree que estoy loca? Bueno, créalo, es su problema, no el mío; yo solo quiero ser escuchada, quiero salir de la soledad, quiero que usted mastique conmigo todo esto, yo ya no puedo metabolizar lo que me pasa.</p>
<p>Le digo todo esto de una. Jamás  en mi vida pude decirle todo esto a alguien; es la primera vez que me decido a salir de la cárcel en la que me ha metido este sentimiento. Quiero exorcizar, sacarme de encima esta calamidad: necesito desterrar de mi alma esta peste que gobierna mis estados de ánimo, quiero ser libre.</p>
<p>Tengo la humana y profunda necesidad de  ponerme contenta con los logros del otro, quiero reírme de verdad con alguien. Ya no me río, sólo hago muecas para fingir alegría, muecas que son como cicatrices, duras, rígidas.</p>
<p>Quiero que usted me explique el por qué  siento que no puedo nada y,  los demás&#8230;pueden todo. Quiero ser una persona normal. ¿Es mucho pedir?  ¿Usted, podrá ayudarme? Seguramente no le interesa mi caso: si, dígamelo, dele, condéneme usted también como lo hace mi enemigo interno;  hágalo, no siga con esta farsa de escucharme y comprenderme.</p>
<p>Seguramente usted está pensando que lo mío no tiene arreglo, pues póngalo en palabras, no sea canalla: estoy preparada para todo, váyase al diablo. Poco me importo lo que ud crea sabe.</p>
<p>Le hago una pregunta: ¿usted me ve linda mujer? No, mejor no, deje, no me responda, seguramente ve un monstruo lleno de odio. Probablemente usted tiene una vida feliz, llena de equilibrio y de afecto ¿es posible que yo a ud no lo envidie? ¿Qué opina? Viniendo para aquí pensaba que quizá mi cura es construir un primer vínculo en donde yo no experimente este sentimiento. ¿Qué opina? Bueno, de todas maneras lo tengo que dejar, tengo que llevar a mi hija al club. Lo llamo, gracias por escucharme, me voy mejor ¿quizá todo esto no es tan grave no? ¿Usted qué piensa?</p>
<p>Noelia se levanta y, antes de llegar a la puerta, me muestra una foto carnet que estaba en su billetera:</p>
<p>- Esta es mi hija, Sofía, dígame ¿no es un sol?</p>
<p>- Si sí, muy linda niña, y tiene mirada intensa, inteligente; como la suya Noelia.</p>
<p>– ah muchas gracias, me voy más aliviada. Si quiere vuelvo, tengo mucho para contarle. ¿Quiere que vuelva?  Lo dudo. De todas maneras yo creo que mi caso le va a sumar mucho a usted, pero es su decisión, cualquier cosa espero su llamado.</p>
<p>Fin de sesión.(relato inspirado en historias de consultorio)</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Niños atrapados en la irresponsabilidad adulta</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 11:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/24/ninos-atrapados-en-la-irresponsabilidad-adulta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble de dos historias, de dos tribus, con códigos diferentes, con valores y formas disímiles. Las tensiones aparecen. Pero casualmente, en ir superando esas tensiones y conflictos del amor, es que vamos aprendiendo a amar, comprendiendo que no es algo ideal todo ese mundo. Pero más allá de esto que digo, hay amores que son destructivos, enfermos, que se sostienen sólo en la complementariedad de lo peor de cada uno de los sujetos que integran esa pareja: vínculos que están “vivos” sólo por estar vibrando en el conflicto, en la  agresión y descalificación, en las idas y  vueltas… “Y bueno, cada uno hace lo que puede”, dicen por ahí. Es cierto, pero cuando hay hijos…</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-379" alt="niñossss" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg" width="347" height="145" /></a><span id="more-378"></span></p>
<p>Cuando hay hijos todo -pero absolutamente todo- tiene que repensarse, resinificarse; porque todo lo que hacemos o dejamos de hacer va a influir sobre esas personitas que están en proceso de construcción de su mundo biológico y anímico.</p>
<p>Ser padres responsables es entender que la salud mental de nuestros hijos está por sobre nuestro narcisismo, nuestros enojos, odios rencores, despechos. Somos humanos, naturalmente podemos experimentar esos sentimientos pero, casualmente, ser responsables como padres es entender que no podemos trasladar eso a nuestros hijos. Los niños están a nuestro cuidado, no pueden decidir por sí mismos dónde estar, qué escuchar, qué ver, qué modelos seguir… Siguen e imprimen en sus psiquismos lo que ven en nosotros.</p>
<p>Nuestra tarea es preservarlos de todas las pasiones que puedan desatarse en el territorio de una ruptura, de una separación, de un conflicto transitorio de pareja. Tenemos que hacer el mayor esfuerzo (el mayor) en cuidarlos de eso. Los niños no tienen y no deben ser un instrumento de nuestro odio, no tienen que tomar partido de uno u otro progenitor en un conflicto, no tienen que presenciar (o escuchar) el maltrato, la violencia y los límites que se puedan llegar cruzar producto del odio. Si hay niños, tenemos que hacer un esfuerzo desmedido por poder controlar esas pasiones y no trasladárselas a ellos. Esto es así, sin debate, no todo es relativo, esto tiene que ser así: hay que reducir lo más que se pueda todo eso, siempre. Hacer el mayor esfuerzo para que eso no ocurra por que produce daño, “corta la bocha”, como dicen por allí.</p>
<p>Los niños no tienen el capital simbólico ni la madurez emocional para metabolizar, significar y entender eso que ven o que sienten, todo eso no se va a poder inscribir sanamente ni entender y, por ende, va a ser traumático siempre. Porque los niños cuando ven violencia o reciben violencia directa (en cualquiera de sus formas), no pueden comprenderlo: se llenan de terror, no pueden defenderse, no quieren “traicionar” a ningunos de los dos padres,  sienten que tienen que tomar partido por el “aparentemente” más débil,  pero su la vez, quieren mantenerse neutrales, pues no quieren perder el amor de ninguno de los dos. Ni de los familiares implicados en las escenas familiares. En la mente infantil, esos debates generan enormes angustias y síntomas, es una situación realmente insoportable y confusa para ellos.</p>
<p>Entonces: los niños captan todo, desde bebes ya todo. Que no lo puedan poner en palabras, no significa que no “sepan” lo que ocurre. Lo expresan en síntomas, en sus dibujos, en sus juegos, lo saben,  por más que no lo puedan verbalizar. Aparte, y fundamentalmente, todo eso va a traer enormes dificultades en la vida adulta.</p>
<p>Por otro lado, no olvidemos: los niños tienen sus derechos, y ni hablar , por ejemplo, en cuestiones de identidad. Yo les aseguro, si ustedes le preguntan a un niño de uno, dos, cinco años, si quiere que se sepa públicamente  acerca de la incertidumbre que hay con respecto a saber de quién es hijo, el niño diría: -“no, prefiero que eso quede en el ámbito de lo familiar, de lo privado, y no que se haga público”. Sin duda que respondería eso. Por supuesto que también tiene derecho de saber quién es su padre biológico y del corazón, pero el derecho a que eso quede en el ámbito intrafamiliar es tan fundamental como el otro. Pero es más: tiene el derecho -lo digo en el territorio simbólico y legal- a que así sea; pero ese derecho lo tenemos que hacer valer los adultos que muchas veces somos, casualmente, quienes lo publicamos en todos lados.</p>
<p>Ese niño circula y seguirá circulando por un mundo muchas veces cruel con ese tipo de información, un mundo en donde todos van a saber algo de él que él no sabe o simplemente él no va a saber lo que la gente sabe de él. Y eso es injusto e inaceptable. Por amor, por los derechos civiles del niño, es un gran atropello de parte de los adultos dar a conocer ciertas cosas de una persona, un niño en este caso.</p>
<p>Una pavada para muchos quizá: hace mucho tiempo, estando con una gente amiga -éramos seis personas-, una mamá en un momento dice, delante de su hijo de ocho años: &#8211; Bueno, ahora estamos con el tema de que -y mira a su hijo- Miguel se está haciendo pis en la cama. El niño se puso colorado, se sentía avergonzado de que eso se diga públicamente. Fue sutil el asunto, pero el niño se incomodó. Bueno, es nada en relación a todas las cosas que veníamos mencionando, pero ¿saben qué? El niño tiene derecho de que eso quede en el territorio intrafamiliar, más los médicos o psicólogos tratantes si los hay. Uno puede contar eso a los amigos, a los seres queridos, uno habla de los hijos siempre, de lo que les pasa,  no hay cosa más linda; pero ese tipo de información, no delante del niño en público.</p>
<p>Pero volviendo al tema: los adultos podemos volver de ciertas cosas, hasta tenemos derecho a destruirnos la vida si queremos ¿Por qué no? pero ellos no pueden decidir, no pueden “hacer con eso” que sucede, no pueden defenderse. No naturalicemos la crueldad hacia los niños, somos humanos, podemos cometer un error tomados por el odio y los enojos, pero si es así, reparemos y apréndanos de la experiencia, y no repitamos conductas que los dañan.</p>
<p>No planteo una vida intrafamiliar en donde todo sea color de rosa, el mundo no es eso: los niños pueden presenciar esas peleas cotidianas e inofensivas del amor adulto, lo que taxativamente no pueden presenciar es el odio, la mala leche, la venganza&#8230; Esos sentimientos son la gran peste pandémica del mundo, no se los tenemos que enseñar, eso destruye, jamás construye.</p>
<p>Seamos cuidadosos. Los niños son ellos mismos, pero también son el futuro, son “nosotros en el mundo cuando ya no estemos”. Antes de trasladarles el odio, el rencor, de hacerles daño con relatos culpabilizadores,  “con todo lo que hice por vos y ahora apoyas a tu padre”, o de ponerlos como instrumentos del odio o ventilar algo sobre su intimidad, mirémoslos a los ojos, miremos la cara de nuestros hijos, la transparencia de su mirada, no saben qué carajo hacer con todo eso, con esa toxicidad que a veces tenemos los adultos, no lo pueden elaborar,  sólo enfermar y limitarse la vida. Despertemos, hay muchas formas de maltrato hacia ellos, los niños primero, siempre. Veo mucha violencia hacia la infancia últimamente, tema que debe preocuparnos de verdad.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>El ataque de pánico: un grito salvaje</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2015 10:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas” -“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo” -“Sentía temor a partirme en mil pedazos” -&#8221;Como si me hubiese estallado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/02/el-ataque-de-panico-un-grito-salvaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas”</p>
<p>-“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo”</p>
<p>-“Sentía temor a partirme en mil pedazos”</p>
<p>-&#8221;Como si me hubiese estallado una bomba adentro&#8221;</p>
<p>Y así describen los consultantes esta situación. Queridos lectores: cuando una persona está “tomada”, “gobernada” por esos instantes de pánico/terror…no hay consuelo, la realidad  cae, pierde el brillo, todo se vuelve opaco;  el desamparo y la indefensión son absolutos, ¿vieron los bebes cuando despiertan en estado de pánico en la noche? Bueno, eso. Son estados muy regresivos: el miedo es a la fragmentación,  el “yo” teme pulverizarse. A ver, estoy hablando de un ataque de pánico franco y no de esos episodios de angustia fuertes que tienen muchas personas, y que se suelen confundir con el pánico.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-361" alt="mazazo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg" width="220" height="294" /></a></p>
<p><span id="more-360"></span>Un ataque de pánico es un golpe de estado que nos  hace el cuerpo y la mente; perdemos casi  todo “gobierno” sobre nosotros mismos. El asunto implica un rayo de padecimiento grande, de un alto poder traumático: entendamos por trauma a aquello que “se nos viene encima o nos invade” (desde dentro o de afuera) de manera sorpresiva, intensa, y que nuestro psiquismo no puede simbolizar, metabolizar, tramitar y  -entonces-  colapsa. Explota en todos esos síntomas físicos y psíquicos, que no son otra cosa que un intento desesperado por descargar todo lo que ocurre.</p>
<p>Ahora bien: la persona, una vez que el estallido pasa, teme que eso vuelva a ocurrir: &#8211; “¿y si voy a la cena de trabajo y me agarra, licenciado?”… -“¿y si salgo con esta mujer que me encanta y me agarra?” Entonces, muchas veces, se  empieza a acotar la vida social;  de hecho, pueden armarse fobias sociales con diferentes grados de intensidad. Las personas, asustadas, van acotando sus actividades, se van  aislando;  el temor va armando “cepos” y, como consecuencia de todo esto, mucha gente se deprime, o empieza a armar hipocondrías fuertes con todo el típico  peregrinaje por decenas de médicos para “descartar si no tengo algo grave”.</p>
<p>Y así las cosas: presentado  de esta manera, es una catástrofe el asunto. Es que sí, se vive como algo así. Pero que algo se viva como una catástrofe, no significa que lo sea. Lo que “parece” a veces  no “es”. El pánico es una experiencia muy cinematográfica, las personas quedan muy impresionadas, con  mucho miedo posterior; pero es -por lejos- de los motivos de consulta que mejor pronóstico tienen  ¿por qué? Por eso, es la instalación de una crisis, salvaje, pero es eso: una crisis.  Las personas, a medida que van trabajando “la causa” que pudo haber  detonado el estallido de angustia (pues eso es, la angustia sale a lo loco, tipo tsunami y arrasa toda posibilidad de defensa), se van mejorando, transformando su vida. Pero es central  ubicar la situación actual  -real o fantaseada- que lo desató,  eso siempre se encuentra.</p>
<p>Los ataques de pánico son el último eslabón de una cadena: siempre hay señales antes, algunos elementos empiezan a hablar en nosotros, a decirnos: “algo anda mal”, “hay que parar con el ritmo”, “hay que establecer prioridades en la vida”, “hay algo que no estás viendo”, “algo te está apretando el alma y estás siguiendo de largo”. El pánico es la expresión salvaje de un profundo conflicto interno, y es el resultado de una acumulación sistemática de angustia;  el pánico viene a decirnos con un mazazo en la cabeza, “hay que dar un giro en la viva, cambiar el rumbo”. Es la manifestación de que algo&#8230;no camina más, y que hay que ponerse a trabajar con las emociones, con la angustia, con nuestra historia, con la actualidad de la vida diaria y no seguir haciéndonos los distraídos y acumular y acumular.</p>
<p>El líneas generales, bien tratado, encarado a tiempo, es un cuadro que cae a corto plazo. Por supuesto que implica trabajo y, la verdad, es que no alcanza con psicoterapia (cualquiera sea la teoría que se aplique), hace falta tener a raya, regulada, a la ansiedad: con deporte, sexualidad, sublimación, aprendiendo a sacar el malestar en cuotas, en dosis, y no de golpe.  También están los psicofármacos, los psicólogos siempre tenemos un psiquiatra de confianza al cual acudimos cuando consideramos que la vida de ese paciente…se hace invivible, y  que no alcanza con la palabra y el vínculo para que la persona mejore, pero  como un último recurso. A ver: muchos ya  acuden a la consulta medicados, pues en las guardias, cuando se presentan personas con este cuadro, los medican enseguida; pero la idea es que luego la persona salga y supere esta problemática con sus propios recursos y que, en todo caso,  -y si el malestar continúa- la medicación,  que en general es muy suave y  que un bien médico psiquiatra, sabe retirarla a corto plazo.</p>
<p>Si las personas se enganchan con un buen terapeuta, que conozca el tipo de padecimiento que se pone en juego allí, (el rol del psicólogo es ser generoso en el vínculo con su paciente, atender el teléfono, dar, contener y ayudar a simbolizar, a poner en palabras lo traumático; ayudar a “armarlo” y sostenerlo, para que no caiga al abismo temido).  El grueso del problema se elimina en los primeros seis meses de tratamiento. Pero el asunto central, una vez que la persona está ya más tranquila, es investigar, a partir de un trabajo historización, y  descubrir las coordenadas que nos llevaron a esa situación.</p>
<p>En mi experiencia, los ataques de pánico son siempre una verdadera posibilidad de cambio. Si, por supuesto: ese grito del cuerpo y del alma, se presenta de manera muy brutal. Pero sí es cierto que, lamentablemente, las personas hacemos cambios en la vida cuando tocamos ciertos fondos, es así, no lo digo yo, lo dicen los pacientes, lo muestra la experiencia de la humanidad. Casualmente, un análisis  -un buen análisis-  “educa” a la persona para que escuchen las alarmas antes de que estallen las bombas. Que tomen decisiones más sanas y responsables; es ayudar a que un sujeto pueda mirarse al espejo y ver otra cosa, es  muchas otras cosas: pero  un tratamiento tiene que levantar síntomas, suavizar el malestar y generar mejor calidad de vida, y no muy a largo plazo. Y algo central: nos tenemos que amigar un poco con nuestra historia, con nuestras miserias y limitaciones, pelear siempre por superarlas, sí,  y evolucionar con las experiencias,  pero aceptar que ciertas cuestiones de la personalidad de base, no se modifican mucho, sólo es aceptarnos, siempre un poco más; después, está el mundo que es harto complejo. El gran problema de la humanidad, es que el odio, la violencia, la envidia, la psicopatía&#8230; son pasiones, ¿se entiende?  Y bueno, como dicen en el campo: “no hay mal que por bien no venga”. Entonces, el terror/pánico sacude sí, pero –a mi criterio- puede ser un invalorable motor de cambio. La vida moderna, y su cultura de la manía y de la euforia,  genera mucha devastación.</p>
<p>Queridos: no pasa nada, del pánico se vuelve, no tienen por qué eternizarse los síntomas, ni el miedo, ni  “el corralito” social que suele armarse, ni la fobia&#8230;ni la depresión, ni los fármacos, se resuelve: pasa, bien encarado pasa rápido. Pero el asunto es escuchar el por qué vino.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Cómo elegir un buen profesional en salud mental?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 12:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/20/como-elegir-un-buen-profesional-en-salud-mental/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que los alivie o que  -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas, de pensarse a sí mismos. Para empezar a hablar de lo que les pasa, los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo; de alguna manera él será el conductor en ese proceso de “cura”. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quién dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones de ayudarnos?</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg"><img alt="psicologia1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg" width="351" height="396" /></a></p>
<p><img title="Más..." alt="" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" /><span id="more-351"></span>La vez pasada una joven, en su primera consulta, me relataba que venía de una mala experiencia. Había estado nueve meses con una psicóloga que  le hablaba muy poco, que casi no le daba devoluciones; que la profesional fumaba en sesión, que el trato era rígido y distante. Otro me decía que el profesional al que había asistido tenía muchísimo sobrepeso  y que anotaba todo y la miraba muy poco. Otro, me dijo cierta vez,  que su psicólogo, también médico, en la primera sesión, le había recetado medicación: -&#8221;me pareció apresurado, ni me conocía, no me veo tan mal, como para que, de entrada, sin saber mi historia, me medique&#8221;.  Puedo contar muchos relatos de este tipo.  En un momento, la chica de la psicóloga &#8220;fumadora&#8221;, me dijo. :- “mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnóstico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que  acabo de contarle le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y están todos chapa, tienen millones de quilombos no resueltos y viven mal…y van… y atienden pacientes”-.</p>
<p>Bien, pero tomemos el ejemplo de la joven:<i>- </i>una chica muy lúcida e inteligente por cierto -.  Más allá de la problemática que relataba,  tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojalá todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Porque hay algo central: tiene que haber cambios concretos  y reales en las diferentes áreas de su vida, o en alguna, pero cambios, y más o menos a corto plazo. Por supuesto nuestro laburo no es exactamente levantar síntomas, la &#8220;cura por la palabra&#8221; tiene muchos objetivos, no solo ese; pero la gente viene para sentirse mejor &#8220;corta la bocha&#8221;, como dicen por ahí.  Veamos: una  profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando -casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo &#8211; pero eso es anecdótico si se quiere, puede no estar luchando contra el cigarrillo la paciente, es lo mismo. El tema es que allí hay un  profesional que fuma en sesión. A ver: al menos, si se está atrapada en una adicción&#8230;no lo exhibas frente a tus pacientes. El hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto” al consultante que estaba atornillada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo, que es pulsión de muerte lisa y llanamente. El otro, con el tema del sobrepeso, también mostraba o “decía” en acto: “soy dejada con mi cuerpo, no me cuido, no tengo control sobre mis impulsos, como y como,  hasta la obesidad”. A ver, hay excepciones en donde el sobrepeso ( la obesidad es una enfermedad en sí misma) es producto de problemas médicos muy complejos, pero, en líneas generales, está más asociado a cierto desorden y destructividad, y es una enfermedad que en gran parte de los casos, depende de nosotros &#8220;curarla&#8221; o mantenerla bajo nuestro control.  ¿Complicado no? ¿Acaso lo que tiene llegada no son los ejemplos? ¿Y si a esa psicóloga le llega una persona que lucha contra el sobrepeso? Digo, los consultantes se fijan en esas cosas, somos un cuerpo, nuestra apariencia habla de nosotros, mucho; el lenguaje es solo una forma de comunicación. El cuerpo, nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestra mirada, también comunican. ¿Todo un tema verdad? Con el trato rígido o distante igual, eso no suma a que las personas se suelten.</p>
<p>Pero volviendo al tema: ¿cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones de ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos tres o cuatro  sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia, de otras modalidades  que tenemos entre seres humanos. A ver: es un vínculo asimétrico, eso es así, los consultantes lo captan, pero no hace falta resaltarlo con distancia o no sé qué cosa.  En nuestra vida diaria, cuando charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones,  etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser muy diferente. Es diferente sí: habla más el paciente en general,  pero no tiene por qué serlo tanto.  Les cuento todo esto porque realmente  creo que esa postura “seria y aséptica”  que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también, ¿por qué no?  Pero tensiones productivas y no esas  innecesarias: las del excesivo silencio, la  de la distancia que algunos profesionales ponen con sus pacientes, o del diván  -el diván es una “herramienta de trabajo” muy cuestionable, instituida, pero cuestionable-  al menos yo lo veo así.  Porque el punto es que todo eso termina generando, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces se construyen  grandes pensamientos, inteligentes  interpretaciones de <i>“lo que me pasa”,</i> pero, en <i>la realidad, </i> no  hay cambios, no hay disfrute de la vida.</p>
<p>Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos, pueden defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque, aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga…incluso a veces el uso del diván (no digo siempre) puede hablar de ciertas  limitaciones del profesional, de que no puede sostener el cara a cara,   hay profesionales muy buenos que lo usan, que yo lo considere una herramienta obsoleta, no anula que a muchos consultantes o a algunos colegas les funcione.  En general, en salud mental, los  más efectivos, son aquellos que cuando vamos a la primera sesión,   notamos cierta soltura en el trato, algo normal, algo  común digamos, sin tanto misterio. Y cierta actitud -cómo decirlo- ¿vital?..Sí, eso.  Armarse un personaje misterioso y silencioso quizá garpa más, da más enigma&#8230;misterio, pero&#8230;a mi criterio, eso no camina. Y algo central: las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, quizá más en conflicto, pero menos angustiadas;  y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de qué cuadro era.  A esta persona le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo me hubiese ido también.  Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino y rígido en el trato. También se rechaza el exceso de intelectualidad en el tratamiento o los psicólogos que aplican “técnicas” violentas, como atender 10 minutos y cortar la sesión,  un disparate. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones, una pequeña evaluación del profesional.</p>
<p>Ahora bien: ¿un psicólogo, psiquiatra,  tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No  -eso no es posible &#8211; ni para nosotros ni para nadie.   Pero tiene que haber vivido una experiencia sostenida y productiva como paciente. Y si, tiene que tener un grado importante de dominio de sus pulsiones destructivas, un importante conocimiento de sí mismo y  -por sobre todo-  tiene que tener gobierno sobre sus enemigos internos y cierto manejo y realización de sus deseos. Y algo no menos importante: tiene que haber vivido, mucho. Somos nuestras experiencias, y lo que aprendimos de ellas…también como psicólogos eso está en juego, tratamos de no poner mucho &#8220;de nuestros pensamientos y experiencias&#8221;, pero eso es un ideal, y es más: ante escenarios de mucha devastación, tenemos que jugar ciertas cartas asociadas a nuestra vida, no pasa nada, si uno sabe por qué y para qué.  Todos los seres humanos tenemos dentro un enemigo que empuja a vivir mal, y a que hagamos goles en contra. Los que trabajamos con el dolor humano tenemos la responsabilidad ética de trabajar profundamente con nosotros, de ser, por qué no, ejemplo de gobierno sobre lo peor de nosotros.  Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar algo a alguien, imposible diría. Después, claro, en la vida pasan cosas, y somos como cualquier persona en relación al abanico de emociones que podemos sentir.  Tómense su tiempo para elegir terapeuta,  agudicen sus intuiciones para hacer una breve evaluación. Hagan eso también para elegir pareja o para tomar cualquier tipo de decisión en la vida, no nos apuremos para las cosas. Y no olviden: &#8220;lo que cura”, si hablamos de terapias, cualquiera sea la teoría que el profesional use, ES EL VINCULO. Si el profesional les mezquina el vínculo&#8230;o si les dice cosas demasiado raras&#8230;a seguir buscando.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Cuál es el drama masculino por excelencia?</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:10:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/06/cual-es-el-drama-masculino-por-excelencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis se explicita cómo resolver, fusionar, unir, lo tierno -amoroso- con lo erótico (sexualidad, pasión), en una misma mujer.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-336" alt="hombre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg" width="178" height="210" /></a><span id="more-335"></span></p>
<p>No digo que este drama (hablo de drama porque es así como se vive internamente) sea exclusivamente patrimonio del género masculino; muchas mujeres también viven su vida de pareja así; pero tengo que hablar de lo que observo; en el universo femenino esta disociación entre lo erótico y lo amoroso se presenta de manera más suave, o puede no presentarse, no producir síntomas o grandes líos digamos. La modalidad de cómo las damas viven su sexualidad, sus tiempos; la tendencia biológica y antropológica a la maternidad, a armar un hogar para los cachorros; el empuje a unir, hace que este asunto no constituya la regla en el cosmos femenino.</p>
<p>Ahora bien: ¿por qué ocurre esto? En el varón, el famoso Complejo de Edipo, es una tendencia inconsciente muy profunda. Cuando el hombre va hacia el amor, y cuando va pasando ya el período de enamoramiento, y empiezan a consolidarse proyectos – ya sea convivir, empezar a armar una familia, etc. – muchas veces la madre interna se empieza a… ¿soldar con la mujer elegida?…va por ahí. Esto puede intensificarse más aún cuando pasa a ser madre de nuestro cachorro. Allí, el varón, recuerda a esa madre constructora del hogar, dadora de amor, de cuidados, de alimentos, de ternura. Y bueno, allí la sexualidad, el deseo, puede empezar a trabarse. Esa “mujer-madre”, ahora asociada a esa figura casi antropológica de “la madre”…puede perder el brillo erótico para un varón. Y acurre que es allí en donde aparecen todos los mecanismos defensivos de fuga, falta de afecto, dejadez, poca paciencia, presencias ausentes, de las cuales muchas mujeres se quejan.</p>
<p>De todas maneras no digo que esto sea algo irreversible, ni mucho menos: simplemente describo lo que se presenta una y otra vez como motivo de consulta en mujeres y hombres, es decir: desde los lados de este problema que planteo.</p>
<p>Dar vuelta esta situación, ganar esta batalla -que en realidad se juega en las sombras de territorios pasionales, inconscientes- es, acaso, “el desafío” que la realidad impone al varón a resolver. Y la experiencia dice que con trabajo y cierta toma de conciencia, el asunto tiene solución, pero es central el rol de la mujer allí. Los hombres con capacidad de amar saben tomar los reclamos de sus mujeres, resisten un poco al principio, pero todo queda, y produce efectos. Es central que la mujer empuje y se autorice a sí misma a marcar lo que ve, con buenas formas -cosa central- y no a “todo volumen” (como suele ocurrir) para llevar a que su hombre identifique que está ausente, replegado sobre sí mismo o poco atento.</p>
<p>Considero que al amor (el amor entendido como proyecto común entre dos personas) en realidad, lo sostienen más las mujeres: a ellas se le suelen encender primero las alarmas cuando algo anda mal y el vínculo se está empantanando. Por eso la importancia de que hablen, digan, marquen, pues, queridas: los hombres nos hacemos en la esquina sí, y con el modelo paterno que a cada quien le toque; pero mucho más es lo que crecemos y maduramos gracias a las mujeres que pasan por nuestra vida y nos van haciendo señalamientos, desde el amor, desde la entrega, o desde vínculos pasajeros también.</p>
<p>Porque en este género, en esta cuestión de armarnos a nosotros mismos (y la presión cultural que hay en relación a esto), muchas veces, hace que se nos escapen ciertos detalles. El tema de ir para delante, de desplegar potencias, de ser valientes, de producir, conducir y sostener el timón del barco…es una presión y una tendencia muy fuerte para nosotros, desde el origen de los tiempos es así el asunto.</p>
<p>Tenemos que ir para el frente: laburar, defender, proveer, y las mujeres se fijan en el desarrollo de esas potencias, cosa que está perfecto; pero también tienen que comprender que es una presión que está allí como telón de fondo en todo hombre, lo diga o no. Porque la mujer, una vez que arma su feminidad, eso queda: se logra construir “el ser mujer” y ya mujer se es siempre, eso perdura. En cambio, la masculinidad está siempre bajo amenaza: se puede perder digamos, por eso siempre fantaseamos con ser héroes, y ser “un maricon” o un “pecho frío”, o tibio o lo que sea…en esas cosas se juega mucho para nosotros y la sociedad condena esas actitudes. En la pérdida de un trabajo se puede jugar todo lo que somos, no es así en la mujer: en la mujer, casi en nada “va la vida” (sólo en la cuestiones de maternidad), en los varones, en casi todo. Es así de dramático el asunto. En una discusión de tránsito, o en cualquier tipo de debate o conflicto con otros hombres, en cualquier situación cotidiana de lo que sea, podemos –eventualmente- poner en juego nada más y nada menos que…todo. Es lo mejor y peor que tenemos, queridas. Lo que nos da fuerza y, a su vez, lo que nos puede paralizar y deprimir profundamente.</p>
<p>No estoy diciendo “vivimos sufriendo”, para nada: digo que todo esto se juega en nuestro inconsciente y orienta gran parte de nuestras conductas y produce efectos, visibles e invisibles: conocer esa esencia es, casualmente, poder gobernar muestra vida y poder llevar una vida feliz, dentro de lo que el mundo y los quilombos lógicos de la vida, permiten.</p>
<p>Entonces: los grandes temas del hombre, podemos sintetizar, son el despliegue de su potencia por un lado y, por otro, poder lograr, en una misma mujer, la pasión sexual y lo amoroso o tierno, agrego una tercera (muy cercana a lo que estoy planteando), bancarse una mujer con capacidad de amar, poder sostener y gozar de una mujer deseante, amadora: pero lo desarrollaré en otro escrito eso. La masculinidad, de manera implícita o explícita, siempre se tiene que seguir afirmando, así parece, y ahí sí me animo a decir que esto es un tema de género. Y eso es también lo lindo de ser hombre, no es algo ridículo o tonto: desde los primeros hombres esto es así: el hombre primitivo salía a cazar y traía sus presas y se las presentaba orgulloso a la tribu, a su mujer o hijos. Vivimos, de diferentes maneras, haciendo el Haka.</p>
<p>Esa tenacidad, esa sana ambición, esa capacidad de mantenernos fríos para algunas cosas, es lo que buscan la mayoría de las mujeres, lo digan, no lo digan o lo nieguen, buscan esa firmeza y contundencia del varón. Pero también luchan contra esa cosa disociada, que muchas veces se presenta de maneras muy rabiosas. Y así las cosas y, por favor, dejemos de querer desdibujar las productivas y hermosas diferencias entre los géneros; no dejemos que la posmodernidad siga triturándolo todo, porque es eso: para la posmodernidad es todo lo mismo, todo es relativo y todo es combate entre géneros vieron, un plomo che, salgamos de ahí, eso no produce nada, solo dogmas y peleas estériles ¿lo más interesante de la vida? La diferencia. Viva la diferencia, entonces. Igual, la próxima, voy a escribir sobre “el drama femenino”…</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Los hijos y su  la infancia olvidada</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 10:39:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado todo lo que después va a ser la base de lo que llamamos “personalidad”. Lo cierto es que un día “aparecemos” (como por arte de magia) en este mundo;  y comenzamos a transitar  las primeras experiencias de satisfacción, de alegría, de dolor, de angustia, y  se van consolidando las matrices fundamentales de todo el enorme abanico de sentimientos,  emociones y estados de ánimo que experimentamos los seres humanos durante toda la vida.  Y bueno, allí empezamos a construir el vínculo con nuestros padres;  que se construye si, como cualquier otro. El niño va adoptando a esos padres y viceversa. Si bien es cierto que un niño está  quizá desde mucho antes  en el deseo y fantasías  de sus  padres (esa es nuestra pre-existencia),  lo central es que nacemos  y empezamos a dejar atrás nuestra prehistoria para meternos de lleno en una historia tangible, de cuerpos digamos, intenso como pocos, como lo es el del cachorro humano con sus progenitores.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-296" alt="foto" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg" width="327" height="154" /></a></p>
<p><span id="more-295"></span>Y ahí empieza, entonces, una relación de amor con  ese bebe. Y le cantamos, y lo mimamos; y a medida que va creciendo vamos introduciéndole los primeros límites y los “no” necesarios para que pueda vivir en sociedad y para que ese niño logre gobernar sus impulsos.  Y los bañamos, y reímos con ellos, y empiezan a devolvernos con sus sonrisas, gestos y  juegos… el amor que les damos. A ver: se trata de un vínculo de muy alto volumen, en donde pasan montones de cosas emocionales todos los días. El psiquismo del niño, que viene al mundo solo con un puñado de  inscripciones (leer mi texto aquí en Infobae sobre la vida intrauterina), se va estructurando en toda ese época de la vida.  Y los ayudamos a dar sus primeros pasos, a  pronunciar las  primeras palabras, a nadar, a pedir, a dar: los matices emocionales y afectivos son tantos, y tan difíciles de poner en palabras&#8230;dejemos eso para cada uno en su intimidad afectiva.</p>
<p>El punto es que, en determinado momento, todo eso tan rico, todas esas profundas en intensas vivencias cotidianas…se sepultan y,  ya de grandes, olvidamos gran parte de todo aquello. Ahora bien: ¿saben qué? no importa, no tiene ninguna importancia que todo ese Universo afectivo esté olvidado en el plano de la conciencia: se recuerda de otra forma, en actos, en sensaciones que “nos toman” y no sabemos de dónde vienen;  en los vínculos que construimos, en cómo transitamos las angustias de la vida…todo “eso” está allí, en nuestro “modo de ser”…en nuestro inconsciente, produciendo efectos y modalidades vinculares y  bueno, también se olvida lo traumático:  pero no estoy entrando en esa área hoy.</p>
<p>El asunto es que  “somos”, en gran parte, aquello olvidado, eso  “perdido” de nuestra biografía. No lo recordamos, pero es casualmente lo que forja nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra modalidad de amar y ser amados  y &#8211; cosa no menor-  nuestra ética. También, en esos años, somos grandes observadores  de lo que ocurre entre nuestros padres, de cómo es el vínculo entre ellos;  eso también nos marca profundamente.  En la actualidad  hay una tendencia a pensar que lo que no se recuerda no es importante: mucha gente, frente a los que tenemos una orientación más psicoanalítica, dice cosas  como: &#8211; “uh, pero no quiero ir a la infancia, quiero resolver los temas actuales”. Si, es válido. Pero “estamos hechos “de esa infancia primaria olvidada, es nuestra “sustancia” fundamental.  Y esas experiencias primarias, esos vínculos tan intensos, vividos y observados, nos determinan e imprimen en el psiquismo, que es cemento fresco, un sinfín de sensaciones, que son huellas, marcas: caminos fundadores para que luego transiten las experiencias posteriores.   No lo duden, están siempre presentes en nuestros vínculos actuales, para bien y para mal.</p>
<p>Entonces: hay que conectarse un poco con eso. Piensen ustedes en sus hijos, en todo lo que allí ocurre; en todas las emociones y sentimientos  de ida y vuelta con ellos (estoy hablando fundamentalmente en la etapa que va de cero a tres o cuatro años)&#8230;bueno, ellos se van al olvidar de gran parte de todo eso  pero, repito, sí, hasta el cansancio: “eso” es lo que somos y vamos a ser siempre en esencia.  La sedimentación de todo aquello que vivimos en esa infancia olvidada es lo que somos, y lo que vamos logrando hacer con eso, es el arte del asunto. Por supuesto que después, el “circular por el mundo”, los diferentes vínculos que vamos logrando construir en los diferentes ámbitos de la vida, las cosas del azar…las tragedias… siguen inscribiendo y transformándonos como personas, pero eso es para otro análisis, quizá más complejo.</p>
<p>No quiero plantear una infancia ideal llena de amor, cuidados y vínculos puros y claros como el agua, no: lamentablemente también, muchas veces, hay maltrato, destrato&#8230;agresión, ambivalencia afectica&#8230;abandono&#8230;pero bueno, es la intención de estas palabras fortalecer lo afectivo, el buen trato y la ternura de los padres, a partir de que puedan  tomar conciencia de la importancia de todo esto que planteamos  que ocurre en el primer periodo de la vida. Es mi propósito que  los padres, piensen, que se sigan pensándose a sí mismos, nunca sobra eso.</p>
<p>Los niños, al nacer,  son como una plantita: hay que regarla mucho para que se  “agarre” y afirme a la tierra y crezca sanamente, por sobre todo en los primeros momentos.  El agua con lo que regamos al niño es el amor y los limites también. Si ustedes van a un vivero y compran un árbol, le van a dar toda una serie de indicaciones de cómo y cuándo plantarlo, de cómo “guiarlos” para que crezcan derechos, de cómo es asunto del riego, del control de plagas&#8230;etc. Bueno, con los hijos es parecido, hay que aplicar el sentido común, pero tenemos que tener muy presentes que esos primeros años son determinantes en la construcción del psiquismo humano, y en la predisposición a la salud o la enfermedad en el plano de la salud mental.  Lo que hagamos, el clima emocional general que podamos lograr,  el disfrute que podamos poner en juego en esto de ser padres, el cómo podamos ir llevando las angustias lógicas de ser responsables de un niño…ahí…es ese interjuego permanente…está la “formula” para no hacer, por lo menos, grandes macanas.</p>
<p>Después bueno, yo podría contarles decenas de cuestiones técnicas sobre el por qué se sepulta todo ese fragmento de nuestra historia, pero a ustedes, creo, no les va a resultar muy atractivo. Solo entréguense al hecho de ser padres como si fuera una aventura, si: como si fueran  a conocer un lugar inhóspito, en otro lado del mundo…a descubrir un contiende perdido… disfruten de sorprenderse, de meterse en ese mundo nuevo, en ese “otro mundo”&#8230;el de los niños que es, acaso, el más interesante de todos los mundos, al menos para mí.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>El amor, los ideales: la realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Dec 2014 16:07:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/03/el-amor-los-ideales-la-realidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-221" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="600" height="480" /></a></p>
<p>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
<p><i> </i></p>
<p>&nbsp;</p>
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