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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; endemia</title>
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		<title>La ansiedad: un problema con el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 18:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/13/la-ansiedad-un-problema-con-el-tiempo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de burnout…en todos ellos este factor, fuera de control, está  presente.</p>
<p>Hablamos de un estado emocional y físico displacentero,  familiar  -prima hermana digamos-  de la angustia. Por supuesto que todos tenemos cierta dosis de ansiedad, pero hoy vamos a hablar de cuando esta “sustancia”  se presenta con la potencia necesaria como para complicarnos demasiado la vida.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-341"></span>Entonces: mucha gente no se permite o “no se hace tiempo” para conectarse con los miedos, angustias  y conflictos  que son parte del abanico normal de emociones y situaciones que transitamos  los seres humanos; todos estos “estados del alma”  siempre son “señales”, de que algo está pasando  -para bien o para mal-  pero el asunto es si nos podemos ir conectando  con esos factores y así  poder  ir encontrando (desde la introspección con esas señales), los mecanismos para regularlos y así evitar de deriven en estados o problemáticas aún mayores. Es desde allí que podemos ir a “su causa”.  Ir postergando esa actitud de sana conexión con uno mismo, es un factor desencadenante de esos picos de ansiedad  que tanto ruido hacen. Por supuesto que, cuando una persona “sufre” de ansiedad estructural en su personalidad, las causas  son más complejas, históricas: nacer en un ambiente de discusión, de ansiedad o violencia; ser recibidos en este mundo en brazos de padres con desmedido miedo o ansiedad… situaciones traumáticas en la primera infancia…las causas  pueden ser varias;  yo creo que el asunto se desarrolla en los primeros años de vida, en “el clima” familiar, primario, en el que crecemos;  de allí emerge la predisposición a todos los trastornos derivados de este factor.</p>
<p>De  todas maneras,  una  dosis de ansiedad frente a situaciones que tenemos que encarar, es propio de la vida. El tema es el volumen que toman esos estados. Es la intensidad. Por supuesto que hay estados ansiógenos muy desmedidos  que hacen imposible la vida, y que precisan la intervención de los famosos psicofármacos, pero son los menos.  En mi experiencia directa, el tema puede resolverse sin su uso (o con poco uso) en gran parte de los casos.</p>
<p>La ansiedad es o se presenta más en los medios urbanos.  En el campo, o en zonas más despobladas y de vida más tranquila, las patologías derivadas de este factor,  se dan  menos, a un volumen más bajo.  La vida citadina es difícil y estresante para todo el mundo, por más anticuerpos que se tenga.  Construir un blindaje contra la tiranía de los “tiempos modernos” es todo un trabajo.</p>
<p>Yo pienso la ansiedad como un estado casi filosófico: en algún punto es querer ir más rápido que el tiempo. Si  pudiera traer al gran Albert Einstein a un café,  acá en la esquina, seguramente  me diría: -querido, la ansiedad es vivir en “estado de relatividad temporal”<em> <b>es querer ganarle al tiempo</b></em><em>, ir más rápido que él. </em><em> </em>“Siempre estoy apurado, hasta para ir al baño”, me decía la vez pasada un paciente: se trata de una persona que a sus treinta y pico,  la realidad, ya le había pasado una factura importante  en materia de salud física, por  trabajar y estar “a mil” todo el día. Ustedes no saben lo que han aumentado las consultas: gente cada vez más joven que  viene con problemas de salud concretos por este flagelo, por esta  locura de vivir  “al palo”  y ni hablar de las problemáticas de pánico, de estrés, y de decenas de trastornos en donde la ansiedad y “el no poder parar” son un factor central.  Y claro: no pudieron dominar al tiempo, no lograron decir que “no” a casi nada, no soportaron  quedarse afuera,  no pudieron ponerse límites y aceptar los tiempos del mundo. Entonces, a esos límites, los pone la realidad, con un grito en su cuerpo.</p>
<p>Hay que escuchar los llamados, las señales, antes de que vengan problemas más pesados; porque, aparte, hay mucho por hacer y es un asunto que realmente tiene salida a corto plazo: las terapias, la actividad física, la reconexión profunda con los afectos, el dejar de priorizar el trabajo y “el deber ser&#8221;  para comenzar “a ser”…y eso está en los vínculos fundamentalmente.  Las curas son siempre sociales, vinculares si queremos.</p>
<p>Es así el asunto. Uno, como profesional,  lucha también para que los pacientes no trasladen esos tiempos de la ansiedad (que no son los tiempos del mundo real) al tratamiento. Muchos   quieren  resultados rápidos. Se  explica que el proceso en el cual una persona se va enfermando o adquiriendo estados sintomáticos o patológicos es largo y que de eso no se vuelve tan fácilmente. Yo creo que todos, los ansiosos ya declarados y los que se sienten tranquilos, tenemos que revisar cada tanto qué nivel de  estrés sufrimos. Porque son estados que se van instalando muy silenciosamente y, un día, de repente, ya estamos tomados por esta enfermedad de la premura.   Aumentar la capacidad de analizarnos; hacer deporte, amar, vivir con intensidad pero en calma, eso es prevenir, lo otro es ya “despertar” cuando estamos a tres metros del piso… y una hora dura 20 minutos.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Gustavo Cerati: se fue el último romántico, el delator de emociones</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2014 14:59:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Compatriotas: se fue uno de los tipos más talentosos que ha dado la Argentina, y uno de los últimos románticos. Porque de eso se trata: Gustavo fue un tipo que le cantó al amor, casi exclusivamente diría. El amor, los vínculos de pareja, eran su tema. En sus  canciones, en sus refinadas melodías, encontramos un  complejo universo de matices emocionales como pocas veces ha sido mostrado. Creo que ese es el secreto del por qué su obra ha calado tan profundo en el corazón de las masas. Y algo no menor: lo que decía… se entendía. No necesitaba hacerse el sofisticado o usar palabras o metáforas raras para trasmitir las contiendas del alma humana. Porque, queridos lectores ¿qué más importante que el amor? Nada. Este es el tema de la gente, todo parte de allí.  Y digo esto sin desconocer y  teniendo en cuenta los sufrimientos y desventuras que los seres humanos transitamos en la experiencia de amar. Nada es ideal. Pero lo que ocurre allí, es el gran tema de la humanidad.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/cerati-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-126" alt="cerati 2" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/cerati-2.jpg" width="500" height="375" /><span id="more-124"></span></a></p>
<p>Hay un estado de duelo general, social, y una gran tristeza por su desaparición física ¿Se puede entrar en una especie de proceso de duelo por alguien que no hemos conocimos o que no hemos tenido vínculo real? Yo creo que un poco sí: porque el artista está en su obra, y en esa obra está nuestra historia. Uno arma un lazo con su producción artística, un vínculo afectivo.  Todos nos sentimos reflejados, identificados con las historias que él contaba, con sus frases, con sus ideas.</p>
<p>Gustavo fue un gran traductor de nuestros sentimientos y pensamientos. No olvidemos que la música es una expresión del alma, pero también otra forma de pensamiento, un “modo de pensar y decir de la realidad”. La música es poesía, en el sentido duro del término. Él sabía cómo y qué decir sobre ese telón de fondo que sentimos en las aventuras y desventuras del amor. El siempre encontraba “la forma”, “la palabra justa” para nombrar aquello que uno no podía -muchas veces-  poner en palabras. Cerati le ponía etiqueta a emociones que son medio  insondables. Charly García (el hermano mayor de Dios a mi criterio) salió a decir que Gustavo era un “arquitecto”  -siempre tan lúcido Charly-… Y sí: un arquitecto de las emociones, eso era Cerati.</p>
<p>En la adolescencia “Las Bandas”,  el Rock, hacen su aporte a la construcción  de identidad. Vamos armando un poco quienes somos a partir de ellos, de lo que vemos allí, de sus melodías, de lo que dicen. Sirven de modelos, de punto de partida para la diferenciación generacional, para ser nosotros mismos más allá de los modelos primarios. Por eso, cuando se van estos hombres, sentimos que una parte de nuestra se aleja con ellos, es como que  arrastran una parte de nuestra historia. Por eso el duelo. Y también porque los queremos vivos: necesitamos ir a comprar sus nuevos discos y sentarnos a escucharlos. Y bueno, no va a poder ser, es la ley de la vida: todo, no se puede; nunca, en ningún ámbito. Queda su obra, que es muchísima. Gustavo era una maquina de crear, un imparable de la sublimación. Los artistas son inmortales porque  “son su obra”. Todos tenemos recuerdos personales asociados a sus canciones. En los relatos de Gustavo, estamos, y está algo de nuestra forma de ver el mundo.</p>
<p>De ahora en más, por algún tiempo, al escuchar sus relatos melódicos, nos vamos a poner  un poco melancólicos; hablo de esa melancolía agradable, emocional, asociada a ciertas cosas profundas de la vida. ¿Qué hacer entonces? Honrar los valores a los que Gustavo le cantaba y escribía. El amor, el deseo, las pasiones. Las cosas centrales, primordiales, constitutivas de nuestra subjetividad.</p>
<p>Los profesionales que estamos en medios ya abriremos ciertos temas en relación a algunos aspectos de vidas como las de Gustavo, de ciertas endemias históricas que hay en el mundo del rock.  En el caso de hacerlo, jamás puede ser desde lugares morales, que juzguen y sentencien la trayectoria de una vida. Sólo será  para crear conciencia de que tenemos que cuidarnos más, desde un lugar de prevención. Ahora no, porque hay una familia en duelo, millones de personas tristes. Es una aberración, a mi criterio, mencionar la vida personal de una persona en momentos como este o buscar culpables de no sé qué cosa.  A mí, particularmente, jamás me ha  intereso la vida personal de Borges, o de Van Gogh o  John Lennon, o de J. S. Bach,   de ningún  artista; sólo disfruto y me entrego a los placeres de disfrutar su producción.</p>
<p>Bueno, como verán, para mí este muchacho era un superdotado.  Puro talento, pura pasión y deseo de ir para delante. ¿Es un ejemplo para la juventud? ¡Pero claro que sí! ¿Quién puede decir que no?  Ejemplo de sostener la pasión y el deseo por algo, de estudiar, de querer mejorar y refinar su modo de mostrar un área de la realidad. Y con un valor agregado: Cerati tuvo que luchar contra muchos prejuicios sobre su persona, desde esa cosa absurda que tenemos los argentinos de vivir la realidad desde Boca–River. Él se impuso, se ganó el respeto de todos. Gracias Gustavo, gracias hermano, vos, y tantos otros artistas, nos acompañan en la vida, en los viajes, en lo cotidiano; son amigos internos, con los que una conversa de la vida. Lo demás, como decía San Martin: “no importa nada”…</p>
<p>Dedico este escrito a la Familia Cerati, es mi deseo que transiten esto lo mejor que se pueda.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Qué  es la depresión? Un mal de nuestra época.</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2014 02:39:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">De entrada les digo  que no se puede hablar de “la depresión”  sino de “las depresiones” y que, dentro de ellas, hay diferentes grados de intensidad.</p>
<p dir="ltr"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/depre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-77" alt="depre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/depre.jpg" width="275" height="183" /></a></p>
<p dir="ltr">La depresión se está trasformando en un verdadero flagelo social: la vida moderna, los tiempos actuales que no nos permiten conectarnos con las tristezas en la vida cotidiana, van empujando a la gente a armar estados depresivos de todo tipo. Realmente es un problema en el mundo del trabajo, en millones de familias&#8230;el asunto está aumentando alarmantemende.   Si les parece, vamos por los criterios generales. Entonces: el deprimido es un sujeto frustrado libidinalmente. ¿Qué quiero decir con esto? La persona comienza a acumular toda un serie de “fracasos”, de pérdidas, de frustraciones  (que pueden ser cosas objetivamente dolorosas para todo el mundo, o simplemente nimiedades, pero que &#8211; para una persona muy frágil &#8211; pueden  ser una gran amenaza para su mundo emocional); su libido, sus intereses y anhelos, van hacia el mundo en busca de satisfacerse pero  se frustran, no logran esa satisfacción. “Estoy deprimida”, me dijo ayer una chica en su primera sesión: su novio, al que ella quiere mucho, la había dejado. Ese caudal libidinal queda frustrado, de golpe, entonces aparece el enorme vacío, ya no tiene al otro que le garantizaba  placer y amor; quiere a su novio, pero ya no lo tiene. Otra me decía  “me echaron del trabajo” qué frustración. “No sé qué hacer con mi vida, nada me satisface, nada me enciende”, acumulación de libido no colocada en el mundo.<span id="more-76"></span></p>
<p dir="ltr">Frustración…frustración&#8230;de eso se trata. Los ejemplos pueden ser muchos, pero lo central es que   toda esa carga  queda  “flotando y sin objeto o lugar donde  encauzarse”  y esto es, en  una parte importante, lo que genera eso que llamamos depresión. Pueden ser depresiones “reactivas”, digo: este cuadro puede presentarse “en reacción” a  algún acontecimiento desafortunado bien puntual y,  luego pasar, y que siga la vida. Puede ser una tendencia crónica (continua) que emerge o está sistemáticamente, frente a cualquier frustración lógica de la vida.</p>
<p dir="ltr">Como generalidad, lo que se observa,  en estos casos, es a personas sin voluntad para hacer cosas, y con una imposibilidad muy general de experimentar placer en lo  que realiza. No tienen  “ganas” (me gusta más hablar de “ganas” que de “deseo”);  vemos gente que se va apagando;  que era una bombita de  75  o  de 100 watts y ahora es una de 25.   Personas  para las  cuales  la vida y el mundo,  la realidad, han perdido un poco el sentido. En  ese momento  se está en un proceso depresivo   -ya sea temporal o crónico- el mundo se va volviendo opaco,   nada   enciende la mecha o estimula;  la sexualidad se apaga, todas las necesidades vitales de desordenan.  Ahora bien,  hay gente que (en depresiones leves y moderadas), pese a estar deprimida, hace, trabaja, está en el mundo,  pero en forma casi automática, sin empuje vital.</p>
<p dir="ltr">Hay todo un debate sobre su origen, si hay un componente biológico;  si es más psíquico, mental  o anímico. Yo creo que en las depresiones mayores, graves, o en las melancolías (en donde hay mucho autorreproche, autocastigo y culpabilidad desmedida), se puede hablar de que hay algo biológico. Pero no lo central. A mi criterio el eje del asunto pasa por falta de nutrientes emocionales en la infancia.  Cuando en la  niñez no nos valoran, no nos hacen sentir importantes, no nos marcan las cosas buenas que hacemos…en la vida adulta, pueden aparecer los problemas. Déficits en la idea y valorización de nosotros mismos, en la autoestima.</p>
<p dir="ltr">Por estos días nos hemos enterado del suicidio de Robim Williams. Al parecer, es  el resultado de una depresión severa, y de  una historia de adicciones muy desenfrenada,  con períodos de abstinencia y otros de duras recaídas. Ahí tenemos: una persona que ha conquistado todos los premios en lo suyo, todo el reconocimiento social pero, sin embargo, decide partir, de esa manera.  Vemos, de esta forma, que la cosa va por dentro. Podemos lograrlo todo, o mucho, pero si nos sentimos nada (o nos hicieron sentir nada o poco)&#8230;la vida&#8230;se vuelve una cáscara vacía.  Por supuesto que en este caso, y en gran parte de ellos, el consumo de drogas juega un rol central en el deterioro y potenciación del cuadro depresivo. Y ni hablar  en el suicidio en sí, en lo que es el “rapto suicida”, siempre hay drogas o psicofármacos o alcohol.  Una lástima lo de este hombre. Valoremos la vida, honremos el hecho de existir que es una gran cosa, están los amigos, los hijos, el amor, tantas cosas, no nos dejemos llevar por el negativismo de que el mundo y la gente son  un desastre. Hay cosas incomprensibles y espantosas, pero  -también- hay muchas, pero muchas cosas buenas, la mayoría. Miremos hacia allí.  Y permitámonos estar tristes o eventualmente deprimidos también, es parte de la vida compañeros.</p>
<p>&nbsp;</p>
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