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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; epidemia</title>
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		<title>Ludopatía: cuando “jugar” no construye</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 01:27:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé” -“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones;... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/17/ludopatia-cuando-jugar-no-construye/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé”</p>
<p>-“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones; me agarra como un estado de desesperación, de abstinencia”</p>
<p>-“Cruzo  la puerta del  bingo o las maquinitas y me pierdo, es una suerte de estado narcótico;  he llegado a estar veintidós horas jugando sin parar, casi sin hidratarme ni ir al baño, mi marido ya no sabe qué hacer”</p>
<p>-“Entro en un estado en que el mundo desaparece, nada importa, sólo las cartas o esa ruleta…me pierdo, no me importan mis hijos, mi mujer, mi trabajo… no me importa nada. Es, y se lo digo de verdad, como cuando uno tiene sexo, que se pierde la cabeza y se olvida de todo, pero haciendo algo que uno sospecha que le hace mal”</p>
<p>-“Mi padre era jugador, mi infancia fue de lo más rara: llegábamos a Mar del Plata a una casa increíble,  llenos de lujos, y a los tres días  teníamos que volvernos porque papá se había quedado sin nada, los vecinos nos daban para la nafta, si es que todavía había auto…yo no entendía, era chica”</p>
<p>-“ Ya no sé qué hacer con mi vieja, está todo el día en las maquinitas, casi ya no ve a sus nietos, mis hijos, no acepta que le diga nada, es negadora, se pone irascible, me ataca o me trata como enferma a mí, que estoy delirando, me dice. Ahora entiendo el por qué era y fue siempre una madre ausente, ahora sé donde estaba”</p>
<p>Queridos lectores de “Herramientas Psicológicas”… ¿duro verdad? Estos relatos, sacados de mi trabajo diario, son sólo algunas imágenes elegidas para que ustedes puedan comprender, imaginar, “la fuerza impulsiva e imparable” que suele gobernar al jugador, son casos ya muy avanzados, es cierto: la ludopatía, como enfermedad, es algo que se va instalando de manera progresiva, siempre de menos a más; y digo esto para que podamos entender que se puede identificar cuando se está gestando, y detenerla, antes de que la catástrofe ya esté instalada, y los fondos que se toquen sean irreversibles.</p>
<p>La ludopatía, o adicción al juego, como quieran llamarlo, es una enfermedad,  acaso de las más salvajes: es un tipo de trastorno de la conducta y de los pensamientos que puede empujar a la persona, y a su entorno, a una vida llena de angustia y sobresaltos. Y digo salvaje como expresión de algo “indomable”; porque ese impulso que “toma” al sujeto y lo lleva a jugar una y otra vez, es así, imparable. La persona está literalmente “arrasada” por esa fuerza interna (impulso) y no puede parar  de hacer aquello que le hace daño. Pero no es solo jugar; el juego está todo el tiempo en la mente del jugador, de manara obsesiva e intrusiva, digo: piensa todo el día en el juego, y no puede frenar esos pensamientos, y luego pongo “en acto” esos pensamientos”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-374" alt="images (2)" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg" width="285" height="177" /></a><span id="more-373"></span></p>
<p>El asunto es totalmente irracional y autodestructivo: por más que el jugador sabe y tiene evidencia de sobra en relación al resultado final de su accionar o conducta, no puede salir. Es la “puesta en acto” de un masoquismo muy primitivo y sin ley. El jugador es “un creyente”. Sí,  cree que va a poder ganarle al azar (cree que puede ordenar el caos…) construye hipótesis, ideas y pensamientos que suenan sensatas, pero que son irracionales e incomprobables desde el punto de vista de la experiencia directa.   Eso es lo que solemos llamar “pensamiento mágico”. En el juego se empiezan a expresar   toda una serie de mecanismos de compensación que sólo fortalecen la enfermedad. Y es así que juegan hoy, para compensar la angustia de la pérdida de ayer, o van a otro lugar porque “el asunto es que tal sitio da mala racha”; o se cambia de juego, o lo que sea…pero la cosa siempre termina en esos altibajos de euforia y depresión (y desesperanza) que tanto conocen los jugadores.</p>
<p>La ludopatía es una enfermedad de negación, la persona niega, desestima, minimiza su problema, “sólo voy para desenchufarme un poco”,  “no juego lo que no tengo” “yo lo controlo, el juego no me controla a mí”…y así, las escusas y los razonamientos para negar el problema son interminables; y ni hablar de la red de mentiras que el jugador tiene que armar para “poder jugar tranquilo”. Y los afectos… la familia: la vida intrafamiliar suele transformarse en un verdadero zamba (ese juego que estaba un el Italpark, ¿lo recuerdan?), lo cotidiano son los sobresaltos, la inestabilidad, la confusión, desorientación; pues el engaño, la  negación, confunden mucho al entorno. A ver, no lo hacen de “malos”, de jodidos (más allá de que dentro de los jugadores hay de todo, como en la vida) simplemente, están enfermos.</p>
<p>Ahora bien: la ludopatía se puede tratar y detener, no curar, pero si detener. No es una enfermedad como otras que, más allá de la buena voluntad que se ponga en un tratamiento, no se cura, digo: si una persona se enferma de, por ejemplo, cáncer o diabetes, lo que puede hacer es hacer el tratamiento en tiempo y forma, y trabajar lo anímico para un mejor pronóstico, pero no depende de él la cura. En la ludopatía sí, está en sus manos  detener la enfermedad, depende enteramente de él y su actitud, y de que pueda tomar conciencia de que se es responsable de aceptar y tratar la patología. No hay escusas con eso. Porque se puede frenar, dejando de jugar, de manera absoluta, y luego revisar las coordenadas históricas que llevan a una persona a adquirir ese trastorno. Y lo cierto es que hay decenas de millares de personas que lo han logrado, y están bien,  rearmaron su vida; llegaron a un gobierno sobre los impulsos y pensamientos, y a recuperar los afectos perdidos. Porque, les digo: la adicción al juego es una enfermedad de pérdida; se pierde dinero, trabajos, afectos, objetos…vínculos…y la persona&#8230;el que se pierde es, fundamentalmente, el jugador.</p>
<p>Hay placeres que son destructivos, el masoquismo, en cualquiera de sus formas (la ludopatía es una forma de masoquismo bien claro),  generan placer, si las cosas autodestructivas no proporcionaran “placer” no habría tanta gente atrapada  en las adicciones. Lo que ocurre es que son placeres narcisistas, de gozar con uno mismo, desconectándose parcialmente o totalmente de la realidad y tienen  costos muy caros. A ese placer en lo destructivo lo llamamos “goce”, pero eso es para los colegas;  ustedes sólo tengan presente que algo puede ser placentero para un parte de nosotros y displacentero para otra. El jugador está  atrapado en una búsqueda desesperada de “la tierra prometida”, busca esa “recompensa” desde un gran vacío existencial. Algunos se juegan…hasta la vida; de  hecho, es así en la famosa  “Ruleta Rusa”, que si bien es algo muy extremo y que casi nadie llega hasta allí, nos sirve para graficar la complejidad de esta enfermedad. La palabra juego, lo lúdico, es una parte fundamental en la construcción de la personalidad de los seres humanos; por ese medio simbolizamos la realidad, expresamos nuestros conflictos,   fundamentalmente durante toda la infancia, nos “construye”, nos adapta al mundo. Bueno, en la ludopatía nada de eso ocurre, “el juego” en la ludopatía, sólo destruye.</p>
<p>Como decía, es muchísima la gente que sale, a mi criterio, lo mejor, es la combinación de terapia  -para descubrir el origen y la  historia del por qué se produjo esa problemática- y los grupos de autoayuda tipo Jugadores Anónimos que son realmente muy buenos, y son los que tienen mayores estadísticas de recuperación, y  que dentro de su estructura, conviven con  grupos de autoayuda para los familiares de la persona portadora del problema.  Pues el jugador genera un clima emocional muy desorganizante y nocivo para el buen  desarrollo familiar.  Y algo no menor: estos grupos son totalmente gratuitos.</p>
<p>Después está el asunto de lo social: el juego es algo asociado a divertirse y es totalmente legal. Digo, con el alcohol y las drogas hay penas, si usted maneja alcoholizado, hay sanción, si le encuentran drogas, hay leyes, aquí no; no sólo es legal, sino que se lo estimula y promociona.</p>
<p>Salir de estos cuadros es tarea que requiere mucho trabajo, mucho compromiso con los tratamientos, en donde el secreto, al menos durante los primeros tiempos, es no subestimar a ese enemigo interno que emerge camuflado para llevarnos de vuelta a la derrota frente a los impulsos. Aceptación de la enfermedad, tratamiento, y mantenimiento a partir de incorporar conductas saludables, disfrutes y placeres sanos, sin necesidad de destruirse o destruir a otros.  Como complemento es este escrito,  les recomiendo que lean “El Jugador”, del gran escritor ruso Fiodor Dostoievski, acaso&#8230;el más gran traductor de los conflictos del alma humana.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>El ataque de pánico: un grito salvaje</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2015 10:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas” -“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo” -“Sentía temor a partirme en mil pedazos” -&#8221;Como si me hubiese estallado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/02/el-ataque-de-panico-un-grito-salvaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas”</p>
<p>-“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo”</p>
<p>-“Sentía temor a partirme en mil pedazos”</p>
<p>-&#8221;Como si me hubiese estallado una bomba adentro&#8221;</p>
<p>Y así describen los consultantes esta situación. Queridos lectores: cuando una persona está “tomada”, “gobernada” por esos instantes de pánico/terror…no hay consuelo, la realidad  cae, pierde el brillo, todo se vuelve opaco;  el desamparo y la indefensión son absolutos, ¿vieron los bebes cuando despiertan en estado de pánico en la noche? Bueno, eso. Son estados muy regresivos: el miedo es a la fragmentación,  el “yo” teme pulverizarse. A ver, estoy hablando de un ataque de pánico franco y no de esos episodios de angustia fuertes que tienen muchas personas, y que se suelen confundir con el pánico.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-361" alt="mazazo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg" width="220" height="294" /></a></p>
<p><span id="more-360"></span>Un ataque de pánico es un golpe de estado que nos  hace el cuerpo y la mente; perdemos casi  todo “gobierno” sobre nosotros mismos. El asunto implica un rayo de padecimiento grande, de un alto poder traumático: entendamos por trauma a aquello que “se nos viene encima o nos invade” (desde dentro o de afuera) de manera sorpresiva, intensa, y que nuestro psiquismo no puede simbolizar, metabolizar, tramitar y  -entonces-  colapsa. Explota en todos esos síntomas físicos y psíquicos, que no son otra cosa que un intento desesperado por descargar todo lo que ocurre.</p>
<p>Ahora bien: la persona, una vez que el estallido pasa, teme que eso vuelva a ocurrir: &#8211; “¿y si voy a la cena de trabajo y me agarra, licenciado?”… -“¿y si salgo con esta mujer que me encanta y me agarra?” Entonces, muchas veces, se  empieza a acotar la vida social;  de hecho, pueden armarse fobias sociales con diferentes grados de intensidad. Las personas, asustadas, van acotando sus actividades, se van  aislando;  el temor va armando “cepos” y, como consecuencia de todo esto, mucha gente se deprime, o empieza a armar hipocondrías fuertes con todo el típico  peregrinaje por decenas de médicos para “descartar si no tengo algo grave”.</p>
<p>Y así las cosas: presentado  de esta manera, es una catástrofe el asunto. Es que sí, se vive como algo así. Pero que algo se viva como una catástrofe, no significa que lo sea. Lo que “parece” a veces  no “es”. El pánico es una experiencia muy cinematográfica, las personas quedan muy impresionadas, con  mucho miedo posterior; pero es -por lejos- de los motivos de consulta que mejor pronóstico tienen  ¿por qué? Por eso, es la instalación de una crisis, salvaje, pero es eso: una crisis.  Las personas, a medida que van trabajando “la causa” que pudo haber  detonado el estallido de angustia (pues eso es, la angustia sale a lo loco, tipo tsunami y arrasa toda posibilidad de defensa), se van mejorando, transformando su vida. Pero es central  ubicar la situación actual  -real o fantaseada- que lo desató,  eso siempre se encuentra.</p>
<p>Los ataques de pánico son el último eslabón de una cadena: siempre hay señales antes, algunos elementos empiezan a hablar en nosotros, a decirnos: “algo anda mal”, “hay que parar con el ritmo”, “hay que establecer prioridades en la vida”, “hay algo que no estás viendo”, “algo te está apretando el alma y estás siguiendo de largo”. El pánico es la expresión salvaje de un profundo conflicto interno, y es el resultado de una acumulación sistemática de angustia;  el pánico viene a decirnos con un mazazo en la cabeza, “hay que dar un giro en la viva, cambiar el rumbo”. Es la manifestación de que algo&#8230;no camina más, y que hay que ponerse a trabajar con las emociones, con la angustia, con nuestra historia, con la actualidad de la vida diaria y no seguir haciéndonos los distraídos y acumular y acumular.</p>
<p>El líneas generales, bien tratado, encarado a tiempo, es un cuadro que cae a corto plazo. Por supuesto que implica trabajo y, la verdad, es que no alcanza con psicoterapia (cualquiera sea la teoría que se aplique), hace falta tener a raya, regulada, a la ansiedad: con deporte, sexualidad, sublimación, aprendiendo a sacar el malestar en cuotas, en dosis, y no de golpe.  También están los psicofármacos, los psicólogos siempre tenemos un psiquiatra de confianza al cual acudimos cuando consideramos que la vida de ese paciente…se hace invivible, y  que no alcanza con la palabra y el vínculo para que la persona mejore, pero  como un último recurso. A ver: muchos ya  acuden a la consulta medicados, pues en las guardias, cuando se presentan personas con este cuadro, los medican enseguida; pero la idea es que luego la persona salga y supere esta problemática con sus propios recursos y que, en todo caso,  -y si el malestar continúa- la medicación,  que en general es muy suave y  que un bien médico psiquiatra, sabe retirarla a corto plazo.</p>
<p>Si las personas se enganchan con un buen terapeuta, que conozca el tipo de padecimiento que se pone en juego allí, (el rol del psicólogo es ser generoso en el vínculo con su paciente, atender el teléfono, dar, contener y ayudar a simbolizar, a poner en palabras lo traumático; ayudar a “armarlo” y sostenerlo, para que no caiga al abismo temido).  El grueso del problema se elimina en los primeros seis meses de tratamiento. Pero el asunto central, una vez que la persona está ya más tranquila, es investigar, a partir de un trabajo historización, y  descubrir las coordenadas que nos llevaron a esa situación.</p>
<p>En mi experiencia, los ataques de pánico son siempre una verdadera posibilidad de cambio. Si, por supuesto: ese grito del cuerpo y del alma, se presenta de manera muy brutal. Pero sí es cierto que, lamentablemente, las personas hacemos cambios en la vida cuando tocamos ciertos fondos, es así, no lo digo yo, lo dicen los pacientes, lo muestra la experiencia de la humanidad. Casualmente, un análisis  -un buen análisis-  “educa” a la persona para que escuchen las alarmas antes de que estallen las bombas. Que tomen decisiones más sanas y responsables; es ayudar a que un sujeto pueda mirarse al espejo y ver otra cosa, es  muchas otras cosas: pero  un tratamiento tiene que levantar síntomas, suavizar el malestar y generar mejor calidad de vida, y no muy a largo plazo. Y algo central: nos tenemos que amigar un poco con nuestra historia, con nuestras miserias y limitaciones, pelear siempre por superarlas, sí,  y evolucionar con las experiencias,  pero aceptar que ciertas cuestiones de la personalidad de base, no se modifican mucho, sólo es aceptarnos, siempre un poco más; después, está el mundo que es harto complejo. El gran problema de la humanidad, es que el odio, la violencia, la envidia, la psicopatía&#8230; son pasiones, ¿se entiende?  Y bueno, como dicen en el campo: “no hay mal que por bien no venga”. Entonces, el terror/pánico sacude sí, pero –a mi criterio- puede ser un invalorable motor de cambio. La vida moderna, y su cultura de la manía y de la euforia,  genera mucha devastación.</p>
<p>Queridos: no pasa nada, del pánico se vuelve, no tienen por qué eternizarse los síntomas, ni el miedo, ni  “el corralito” social que suele armarse, ni la fobia&#8230;ni la depresión, ni los fármacos, se resuelve: pasa, bien encarado pasa rápido. Pero el asunto es escuchar el por qué vino.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>El valor del enojo y el desastre de la violencia</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2014 09:57:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/10/el-valor-del-enojo-y-el-desastre-de-la-violencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left">Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad – es motor de adelanto social e individual. Enojarse es mucho más productivo que la pasividad, que  vivir atragantado y sin reaccionar ante las cosas que consideramos injustas. El punto es cuando el asunto toma mucho volumen y se pasa a la ira o furia incontrolable y ya estamos en los límites de la violencia. Hoy me enojé  con un tipo del seguro que me hizo una trampita, de esas que hacen los vendedores. Fue con la persona directa, pues era en un banco.  Mi enfado fue captado por el amigo y, finalmente, el conflicto se resolvió. A decir verdad mi enojo era mínimo, pero “actuaba” para lograr el objetivo. Un poco como uno hace con los hijos: sus conductas pueden dispararnos enojos, pero tenemos que entender que no podemos estarlo realmente, pues son niños, están aprendiendo a vivir y sólo tenemos que educarlos ¿qué hacemos? o  ¿qué debiéramos hacer? Actuar un poco, construir un “como si”.  El enojo puede estar, real y válido, pero tenemos que instrumentarlo a los fines de que el chico entienda   -por ejemplo-  que tiene de dejarse de “joder” con los fósforos, con el fuego.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-183" alt="Cómo-controlar-el-enojo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg" width="436" height="384" /></a></p>
<p>Cuando los enojos se transforman en furia o  ira y los impulsos pierden su cauce… terminando perdiendo el gobierno sobre nosotros mismos. Es importante que entendamos que la violencia no es un camino o un método de resolución de conflictos, al contrario, los potencia.  El mundo y la vida cotidiana están llenos de violencia;  las grandes ciudades son fabricas de tensión y gatillan lo peor de los hombres.  Pero la experiencia muestra que la violencia, en cualquiera de sus formas, sólo hace que las personas sigan devorándose entre sí. Sigamos apostando a la palabra, a las vías legales para resolver los conflictos que genera la compleja vida anímica de los seres humanos.</p>
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		<title>¿Qué  es la depresión? Un mal de nuestra época.</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2014 02:39:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De entrada les digo  que no se puede hablar de “la depresión”  sino de “las depresiones” y que, dentro de ellas, hay diferentes grados de intensidad. La depresión se está trasformando en un verdadero flagelo social: la vida moderna, los tiempos actuales que no nos permiten conectarnos con las tristezas en la vida cotidiana, van... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/08/14/que-es-la-depresion-un-mal-de-nuestra-epoca/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">De entrada les digo  que no se puede hablar de “la depresión”  sino de “las depresiones” y que, dentro de ellas, hay diferentes grados de intensidad.</p>
<p dir="ltr"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/depre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-77" alt="depre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/depre.jpg" width="275" height="183" /></a></p>
<p dir="ltr">La depresión se está trasformando en un verdadero flagelo social: la vida moderna, los tiempos actuales que no nos permiten conectarnos con las tristezas en la vida cotidiana, van empujando a la gente a armar estados depresivos de todo tipo. Realmente es un problema en el mundo del trabajo, en millones de familias&#8230;el asunto está aumentando alarmantemende.   Si les parece, vamos por los criterios generales. Entonces: el deprimido es un sujeto frustrado libidinalmente. ¿Qué quiero decir con esto? La persona comienza a acumular toda un serie de “fracasos”, de pérdidas, de frustraciones  (que pueden ser cosas objetivamente dolorosas para todo el mundo, o simplemente nimiedades, pero que &#8211; para una persona muy frágil &#8211; pueden  ser una gran amenaza para su mundo emocional); su libido, sus intereses y anhelos, van hacia el mundo en busca de satisfacerse pero  se frustran, no logran esa satisfacción. “Estoy deprimida”, me dijo ayer una chica en su primera sesión: su novio, al que ella quiere mucho, la había dejado. Ese caudal libidinal queda frustrado, de golpe, entonces aparece el enorme vacío, ya no tiene al otro que le garantizaba  placer y amor; quiere a su novio, pero ya no lo tiene. Otra me decía  “me echaron del trabajo” qué frustración. “No sé qué hacer con mi vida, nada me satisface, nada me enciende”, acumulación de libido no colocada en el mundo.<span id="more-76"></span></p>
<p dir="ltr">Frustración…frustración&#8230;de eso se trata. Los ejemplos pueden ser muchos, pero lo central es que   toda esa carga  queda  “flotando y sin objeto o lugar donde  encauzarse”  y esto es, en  una parte importante, lo que genera eso que llamamos depresión. Pueden ser depresiones “reactivas”, digo: este cuadro puede presentarse “en reacción” a  algún acontecimiento desafortunado bien puntual y,  luego pasar, y que siga la vida. Puede ser una tendencia crónica (continua) que emerge o está sistemáticamente, frente a cualquier frustración lógica de la vida.</p>
<p dir="ltr">Como generalidad, lo que se observa,  en estos casos, es a personas sin voluntad para hacer cosas, y con una imposibilidad muy general de experimentar placer en lo  que realiza. No tienen  “ganas” (me gusta más hablar de “ganas” que de “deseo”);  vemos gente que se va apagando;  que era una bombita de  75  o  de 100 watts y ahora es una de 25.   Personas  para las  cuales  la vida y el mundo,  la realidad, han perdido un poco el sentido. En  ese momento  se está en un proceso depresivo   -ya sea temporal o crónico- el mundo se va volviendo opaco,   nada   enciende la mecha o estimula;  la sexualidad se apaga, todas las necesidades vitales de desordenan.  Ahora bien,  hay gente que (en depresiones leves y moderadas), pese a estar deprimida, hace, trabaja, está en el mundo,  pero en forma casi automática, sin empuje vital.</p>
<p dir="ltr">Hay todo un debate sobre su origen, si hay un componente biológico;  si es más psíquico, mental  o anímico. Yo creo que en las depresiones mayores, graves, o en las melancolías (en donde hay mucho autorreproche, autocastigo y culpabilidad desmedida), se puede hablar de que hay algo biológico. Pero no lo central. A mi criterio el eje del asunto pasa por falta de nutrientes emocionales en la infancia.  Cuando en la  niñez no nos valoran, no nos hacen sentir importantes, no nos marcan las cosas buenas que hacemos…en la vida adulta, pueden aparecer los problemas. Déficits en la idea y valorización de nosotros mismos, en la autoestima.</p>
<p dir="ltr">Por estos días nos hemos enterado del suicidio de Robim Williams. Al parecer, es  el resultado de una depresión severa, y de  una historia de adicciones muy desenfrenada,  con períodos de abstinencia y otros de duras recaídas. Ahí tenemos: una persona que ha conquistado todos los premios en lo suyo, todo el reconocimiento social pero, sin embargo, decide partir, de esa manera.  Vemos, de esta forma, que la cosa va por dentro. Podemos lograrlo todo, o mucho, pero si nos sentimos nada (o nos hicieron sentir nada o poco)&#8230;la vida&#8230;se vuelve una cáscara vacía.  Por supuesto que en este caso, y en gran parte de ellos, el consumo de drogas juega un rol central en el deterioro y potenciación del cuadro depresivo. Y ni hablar  en el suicidio en sí, en lo que es el “rapto suicida”, siempre hay drogas o psicofármacos o alcohol.  Una lástima lo de este hombre. Valoremos la vida, honremos el hecho de existir que es una gran cosa, están los amigos, los hijos, el amor, tantas cosas, no nos dejemos llevar por el negativismo de que el mundo y la gente son  un desastre. Hay cosas incomprensibles y espantosas, pero  -también- hay muchas, pero muchas cosas buenas, la mayoría. Miremos hacia allí.  Y permitámonos estar tristes o eventualmente deprimidos también, es parte de la vida compañeros.</p>
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