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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; euforia</title>
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		<title>El autoboicot</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 00:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a ese “todo es posible”…se mezcla, esta vez, con profundas cuestiones que hacen a mi práctica cotidiana.</p>
<p>Los seres humanos atentamos contra nosotros mismos. Hay una tendencia destructiva que apunta a la aniquilación de  nuestra especie. Las guerras, el poco cuidado del planeta, la violencia en cualquiera de sus formas, es hacia nosotros, siempre: en el fondo no hay enemigos, sólo fuerzas  que se va anclando en diferentes odios o argumentos para desplegarse, pero el resultado final es siempre el mismo… “el hombre es el lobo del hombre”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-434" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg" width="267" height="189" /></a></p>
<p><span id="more-433"></span>Entonces: en el territorio más individual,  tenemos una tendencia masoquista, autodestructiva, ejecutamos  acciones en contra nuestra. Es curioso, y puede ser paradójico para muchos, pero la realidad lo demuestra día a día. Gente que se destruye la salud con drogas, tabaco&#8230;comida…hasta morir o enfermar gravemente; personas que eligen y construyen vínculos no convenientes y enfermos; tipos que andan a trescientos kilómetros por hora en la panamericana; mujeres y hombres que tienen relaciones sexuales sin cuidarse; personas que el día del examen final para graduarse no van o se quedan dormidos; sujetos que salen a la ruta sin cinturón de seguridad; gente que escala montañas sin anclajes ni soga; personas con potencial que se autoimponen una vida limitada; individuos que muestran sus infidelidades para destruirlo todo…o los ludópatas… etc. La lista es larga, cosas grandes o pequeñas e inofensivas…pero es cotidiano: somos una lucha de fuerzas, una parte impulsiva, autodestructiva e inconsciente y otra más racional y erótica que intenta tomar la delantera. Conciencia, inconsciente, enemigos internos…núcleos sanos que se defienden…somos muy complejos.</p>
<p>Los cierto es que estos hombres fueron arrasados por los peor de sí. A ver: es claro que hay mujeres que generan tensiones eróticas y caudales de excitación sexual que pueden desorganizar psíquicamente a mucha gente, ese componente estuvo: cuando la sexualidad (la actitud sexual) de una dama está muy en 3D, muchas personas quedan devastadas en su capacidad de razonar, entran en estados casi hipnóticos, les bajan las defensas y aparece lo peor de sí. Yo creo que lo que ocurrió fue un verdadero autoatentado en los pilotos, incluso en la dama en cuestión. Estamos hablando de personas que lo perdieron todo, y con una profunda condena legal y social sobre sus espaldas, por nada, ¿por nada? ¿Por babosos? No: por su núcleo masoquista que se los llevó puestos. Todas las alarmas estaban encendidas, se estaba filmando; sabían que iban hacia un abismo: pero no pudieron frenar, se los tragó el enemigo interno. Es como esa persona que me decía cierta vez &#8211; “cuando tuve relaciones sin preservativo, y mientras estaba allí, sabía que era una potencial portadora&#8230;pero no pude frenar”.</p>
<p>Lo que vimos fue  cómo tres personas se entregaban alegremente a perderlo todo. Es interesante como se camufla lo peor de nosotros, ¿verdad? Porque la chica también se jugaba mucho,  y no pudo escuchar, entender, la complejidad de la situación.</p>
<p>Pero también está lo fálico, sí: muchos hombres, en su necesidad de afirmar su masculinidad, o de impresionar a una mujer -o incluso a otro hombre-  pueden batirse a duelo y morir en un segundo. Y algo de eso ocurrió allí: los autos, los aviones, son símbolos fálicos, de potencia, de virilidad;  son sustitutos hacia donde se desplaza la necesidad de potencia que siempre, en mayor o menor medida, tenemos todos los varones. El avión fue usado como sustituto directo de esa potencia;  a ver: los tipos pasaron a buscar con la Ferrari a la chica para impresionarla, fue eso, sí, sí: lo que pasa es que en esa nube de excitación sexual…de depredación de todo lo simbólico que ordena el mundo…olvidaron que era un avión con pasajeros y que había riesgos. Si nos ponemos más agudos, podemos decir que allí se pulverizó el contrato social que regula las conductas entre los seres humanos.</p>
<p>Y así las cosas, yo sé que esto podría a haber derivado en una catástrofe, con muertos, con decenas de víctimas colaterales; con mucho dolor social. También es importante mencionar  la cantidad de gente que tiene miedo, fobia a volar, y que con todo esto se angustia más aún y se fortalecen sus síntomas.  Pero no ocurrió, por eso hago estos análisis, porque -sepan disculpar-  no puedo dejar de ver a los tres tripulantes desde lo mío, desde mi perspectiva. Son acciones que pueden  costar muy caro: si una persona en un enojo con su mujer, yendo en su auto, empieza a acelerar…se está exponiendo a matarse….es masoquista sí, pero, también, es sádico….pues está arrastrando a la muerte a otros. Pero, de todas maneras, considero que aquí, lo ocurrido, tiene predominantemente este componente masoquista, fue más contra ellos mismos que contra otros.</p>
<p>Todo fue una escena emblemática de cómo los seres humanos atentamos contra nosotros mismos y lo  perdemos todo. Se han puesto a jugar  alegremente a la ruleta rusa, la bala salió, no fue letal, pero fue un acto irreversible para ellos. La justicia tiene que accionar, el mundo funciona con un sistema de premios y castigos, pero, a mí, y en particular con la dama, me cabe una sanción del tipo probation, de trabajo social, de poner a otros como protagonistas, de obligatoriedad a una terapia…de dedicarse a otros, en serio, mucho: reparar desde allí, quizá eso cura y mejora a las personas con exceso de narcisismo, los saca del espejo. Realmente el caso de la dama en cuestión, la verdad, no puedo ver mucha responsabilidad, más allá de algunos aspectos de su personalidad le nublan la razón y la exponen (y exponen) a este tipo de cosas, como recién decíamos.</p>
<p>Hoy quería acercarles estas reflexiones, el episodio fue algo muy extraordinario, que merece que lo sigamos pensando.</p>
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		<title>Ludopatía: cuando “jugar” no construye</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 01:27:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé” -“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones;... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/17/ludopatia-cuando-jugar-no-construye/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé”</p>
<p>-“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones; me agarra como un estado de desesperación, de abstinencia”</p>
<p>-“Cruzo  la puerta del  bingo o las maquinitas y me pierdo, es una suerte de estado narcótico;  he llegado a estar veintidós horas jugando sin parar, casi sin hidratarme ni ir al baño, mi marido ya no sabe qué hacer”</p>
<p>-“Entro en un estado en que el mundo desaparece, nada importa, sólo las cartas o esa ruleta…me pierdo, no me importan mis hijos, mi mujer, mi trabajo… no me importa nada. Es, y se lo digo de verdad, como cuando uno tiene sexo, que se pierde la cabeza y se olvida de todo, pero haciendo algo que uno sospecha que le hace mal”</p>
<p>-“Mi padre era jugador, mi infancia fue de lo más rara: llegábamos a Mar del Plata a una casa increíble,  llenos de lujos, y a los tres días  teníamos que volvernos porque papá se había quedado sin nada, los vecinos nos daban para la nafta, si es que todavía había auto…yo no entendía, era chica”</p>
<p>-“ Ya no sé qué hacer con mi vieja, está todo el día en las maquinitas, casi ya no ve a sus nietos, mis hijos, no acepta que le diga nada, es negadora, se pone irascible, me ataca o me trata como enferma a mí, que estoy delirando, me dice. Ahora entiendo el por qué era y fue siempre una madre ausente, ahora sé donde estaba”</p>
<p>Queridos lectores de “Herramientas Psicológicas”… ¿duro verdad? Estos relatos, sacados de mi trabajo diario, son sólo algunas imágenes elegidas para que ustedes puedan comprender, imaginar, “la fuerza impulsiva e imparable” que suele gobernar al jugador, son casos ya muy avanzados, es cierto: la ludopatía, como enfermedad, es algo que se va instalando de manera progresiva, siempre de menos a más; y digo esto para que podamos entender que se puede identificar cuando se está gestando, y detenerla, antes de que la catástrofe ya esté instalada, y los fondos que se toquen sean irreversibles.</p>
<p>La ludopatía, o adicción al juego, como quieran llamarlo, es una enfermedad,  acaso de las más salvajes: es un tipo de trastorno de la conducta y de los pensamientos que puede empujar a la persona, y a su entorno, a una vida llena de angustia y sobresaltos. Y digo salvaje como expresión de algo “indomable”; porque ese impulso que “toma” al sujeto y lo lleva a jugar una y otra vez, es así, imparable. La persona está literalmente “arrasada” por esa fuerza interna (impulso) y no puede parar  de hacer aquello que le hace daño. Pero no es solo jugar; el juego está todo el tiempo en la mente del jugador, de manara obsesiva e intrusiva, digo: piensa todo el día en el juego, y no puede frenar esos pensamientos, y luego pongo “en acto” esos pensamientos”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-374" alt="images (2)" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg" width="285" height="177" /></a><span id="more-373"></span></p>
<p>El asunto es totalmente irracional y autodestructivo: por más que el jugador sabe y tiene evidencia de sobra en relación al resultado final de su accionar o conducta, no puede salir. Es la “puesta en acto” de un masoquismo muy primitivo y sin ley. El jugador es “un creyente”. Sí,  cree que va a poder ganarle al azar (cree que puede ordenar el caos…) construye hipótesis, ideas y pensamientos que suenan sensatas, pero que son irracionales e incomprobables desde el punto de vista de la experiencia directa.   Eso es lo que solemos llamar “pensamiento mágico”. En el juego se empiezan a expresar   toda una serie de mecanismos de compensación que sólo fortalecen la enfermedad. Y es así que juegan hoy, para compensar la angustia de la pérdida de ayer, o van a otro lugar porque “el asunto es que tal sitio da mala racha”; o se cambia de juego, o lo que sea…pero la cosa siempre termina en esos altibajos de euforia y depresión (y desesperanza) que tanto conocen los jugadores.</p>
<p>La ludopatía es una enfermedad de negación, la persona niega, desestima, minimiza su problema, “sólo voy para desenchufarme un poco”,  “no juego lo que no tengo” “yo lo controlo, el juego no me controla a mí”…y así, las escusas y los razonamientos para negar el problema son interminables; y ni hablar de la red de mentiras que el jugador tiene que armar para “poder jugar tranquilo”. Y los afectos… la familia: la vida intrafamiliar suele transformarse en un verdadero zamba (ese juego que estaba un el Italpark, ¿lo recuerdan?), lo cotidiano son los sobresaltos, la inestabilidad, la confusión, desorientación; pues el engaño, la  negación, confunden mucho al entorno. A ver, no lo hacen de “malos”, de jodidos (más allá de que dentro de los jugadores hay de todo, como en la vida) simplemente, están enfermos.</p>
<p>Ahora bien: la ludopatía se puede tratar y detener, no curar, pero si detener. No es una enfermedad como otras que, más allá de la buena voluntad que se ponga en un tratamiento, no se cura, digo: si una persona se enferma de, por ejemplo, cáncer o diabetes, lo que puede hacer es hacer el tratamiento en tiempo y forma, y trabajar lo anímico para un mejor pronóstico, pero no depende de él la cura. En la ludopatía sí, está en sus manos  detener la enfermedad, depende enteramente de él y su actitud, y de que pueda tomar conciencia de que se es responsable de aceptar y tratar la patología. No hay escusas con eso. Porque se puede frenar, dejando de jugar, de manera absoluta, y luego revisar las coordenadas históricas que llevan a una persona a adquirir ese trastorno. Y lo cierto es que hay decenas de millares de personas que lo han logrado, y están bien,  rearmaron su vida; llegaron a un gobierno sobre los impulsos y pensamientos, y a recuperar los afectos perdidos. Porque, les digo: la adicción al juego es una enfermedad de pérdida; se pierde dinero, trabajos, afectos, objetos…vínculos…y la persona&#8230;el que se pierde es, fundamentalmente, el jugador.</p>
<p>Hay placeres que son destructivos, el masoquismo, en cualquiera de sus formas (la ludopatía es una forma de masoquismo bien claro),  generan placer, si las cosas autodestructivas no proporcionaran “placer” no habría tanta gente atrapada  en las adicciones. Lo que ocurre es que son placeres narcisistas, de gozar con uno mismo, desconectándose parcialmente o totalmente de la realidad y tienen  costos muy caros. A ese placer en lo destructivo lo llamamos “goce”, pero eso es para los colegas;  ustedes sólo tengan presente que algo puede ser placentero para un parte de nosotros y displacentero para otra. El jugador está  atrapado en una búsqueda desesperada de “la tierra prometida”, busca esa “recompensa” desde un gran vacío existencial. Algunos se juegan…hasta la vida; de  hecho, es así en la famosa  “Ruleta Rusa”, que si bien es algo muy extremo y que casi nadie llega hasta allí, nos sirve para graficar la complejidad de esta enfermedad. La palabra juego, lo lúdico, es una parte fundamental en la construcción de la personalidad de los seres humanos; por ese medio simbolizamos la realidad, expresamos nuestros conflictos,   fundamentalmente durante toda la infancia, nos “construye”, nos adapta al mundo. Bueno, en la ludopatía nada de eso ocurre, “el juego” en la ludopatía, sólo destruye.</p>
<p>Como decía, es muchísima la gente que sale, a mi criterio, lo mejor, es la combinación de terapia  -para descubrir el origen y la  historia del por qué se produjo esa problemática- y los grupos de autoayuda tipo Jugadores Anónimos que son realmente muy buenos, y son los que tienen mayores estadísticas de recuperación, y  que dentro de su estructura, conviven con  grupos de autoayuda para los familiares de la persona portadora del problema.  Pues el jugador genera un clima emocional muy desorganizante y nocivo para el buen  desarrollo familiar.  Y algo no menor: estos grupos son totalmente gratuitos.</p>
<p>Después está el asunto de lo social: el juego es algo asociado a divertirse y es totalmente legal. Digo, con el alcohol y las drogas hay penas, si usted maneja alcoholizado, hay sanción, si le encuentran drogas, hay leyes, aquí no; no sólo es legal, sino que se lo estimula y promociona.</p>
<p>Salir de estos cuadros es tarea que requiere mucho trabajo, mucho compromiso con los tratamientos, en donde el secreto, al menos durante los primeros tiempos, es no subestimar a ese enemigo interno que emerge camuflado para llevarnos de vuelta a la derrota frente a los impulsos. Aceptación de la enfermedad, tratamiento, y mantenimiento a partir de incorporar conductas saludables, disfrutes y placeres sanos, sin necesidad de destruirse o destruir a otros.  Como complemento es este escrito,  les recomiendo que lean “El Jugador”, del gran escritor ruso Fiodor Dostoievski, acaso&#8230;el más gran traductor de los conflictos del alma humana.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>La ansiedad: un problema con el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 18:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de burnout…en todos ellos este factor, fuera de control, está  presente.</p>
<p>Hablamos de un estado emocional y físico displacentero,  familiar  -prima hermana digamos-  de la angustia. Por supuesto que todos tenemos cierta dosis de ansiedad, pero hoy vamos a hablar de cuando esta “sustancia”  se presenta con la potencia necesaria como para complicarnos demasiado la vida.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-341"></span>Entonces: mucha gente no se permite o “no se hace tiempo” para conectarse con los miedos, angustias  y conflictos  que son parte del abanico normal de emociones y situaciones que transitamos  los seres humanos; todos estos “estados del alma”  siempre son “señales”, de que algo está pasando  -para bien o para mal-  pero el asunto es si nos podemos ir conectando  con esos factores y así  poder  ir encontrando (desde la introspección con esas señales), los mecanismos para regularlos y así evitar de deriven en estados o problemáticas aún mayores. Es desde allí que podemos ir a “su causa”.  Ir postergando esa actitud de sana conexión con uno mismo, es un factor desencadenante de esos picos de ansiedad  que tanto ruido hacen. Por supuesto que, cuando una persona “sufre” de ansiedad estructural en su personalidad, las causas  son más complejas, históricas: nacer en un ambiente de discusión, de ansiedad o violencia; ser recibidos en este mundo en brazos de padres con desmedido miedo o ansiedad… situaciones traumáticas en la primera infancia…las causas  pueden ser varias;  yo creo que el asunto se desarrolla en los primeros años de vida, en “el clima” familiar, primario, en el que crecemos;  de allí emerge la predisposición a todos los trastornos derivados de este factor.</p>
<p>De  todas maneras,  una  dosis de ansiedad frente a situaciones que tenemos que encarar, es propio de la vida. El tema es el volumen que toman esos estados. Es la intensidad. Por supuesto que hay estados ansiógenos muy desmedidos  que hacen imposible la vida, y que precisan la intervención de los famosos psicofármacos, pero son los menos.  En mi experiencia directa, el tema puede resolverse sin su uso (o con poco uso) en gran parte de los casos.</p>
<p>La ansiedad es o se presenta más en los medios urbanos.  En el campo, o en zonas más despobladas y de vida más tranquila, las patologías derivadas de este factor,  se dan  menos, a un volumen más bajo.  La vida citadina es difícil y estresante para todo el mundo, por más anticuerpos que se tenga.  Construir un blindaje contra la tiranía de los “tiempos modernos” es todo un trabajo.</p>
<p>Yo pienso la ansiedad como un estado casi filosófico: en algún punto es querer ir más rápido que el tiempo. Si  pudiera traer al gran Albert Einstein a un café,  acá en la esquina, seguramente  me diría: -querido, la ansiedad es vivir en “estado de relatividad temporal”<em> <b>es querer ganarle al tiempo</b></em><em>, ir más rápido que él. </em><em> </em>“Siempre estoy apurado, hasta para ir al baño”, me decía la vez pasada un paciente: se trata de una persona que a sus treinta y pico,  la realidad, ya le había pasado una factura importante  en materia de salud física, por  trabajar y estar “a mil” todo el día. Ustedes no saben lo que han aumentado las consultas: gente cada vez más joven que  viene con problemas de salud concretos por este flagelo, por esta  locura de vivir  “al palo”  y ni hablar de las problemáticas de pánico, de estrés, y de decenas de trastornos en donde la ansiedad y “el no poder parar” son un factor central.  Y claro: no pudieron dominar al tiempo, no lograron decir que “no” a casi nada, no soportaron  quedarse afuera,  no pudieron ponerse límites y aceptar los tiempos del mundo. Entonces, a esos límites, los pone la realidad, con un grito en su cuerpo.</p>
<p>Hay que escuchar los llamados, las señales, antes de que vengan problemas más pesados; porque, aparte, hay mucho por hacer y es un asunto que realmente tiene salida a corto plazo: las terapias, la actividad física, la reconexión profunda con los afectos, el dejar de priorizar el trabajo y “el deber ser&#8221;  para comenzar “a ser”…y eso está en los vínculos fundamentalmente.  Las curas son siempre sociales, vinculares si queremos.</p>
<p>Es así el asunto. Uno, como profesional,  lucha también para que los pacientes no trasladen esos tiempos de la ansiedad (que no son los tiempos del mundo real) al tratamiento. Muchos   quieren  resultados rápidos. Se  explica que el proceso en el cual una persona se va enfermando o adquiriendo estados sintomáticos o patológicos es largo y que de eso no se vuelve tan fácilmente. Yo creo que todos, los ansiosos ya declarados y los que se sienten tranquilos, tenemos que revisar cada tanto qué nivel de  estrés sufrimos. Porque son estados que se van instalando muy silenciosamente y, un día, de repente, ya estamos tomados por esta enfermedad de la premura.   Aumentar la capacidad de analizarnos; hacer deporte, amar, vivir con intensidad pero en calma, eso es prevenir, lo otro es ya “despertar” cuando estamos a tres metros del piso… y una hora dura 20 minutos.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Las vacaciones: reflexiones.</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 22:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Irse de vacaciones es hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana. Es alejarse un poco de todas esas zonas de tensión que implican ciertos mundos a los cuales no nos queda otra que pertenecer.  Todos tenemos rutinas, y no tiene por qué ser  algo displacentero tenerlas; pero  romper con... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/26/las-vacaciones-reflexiones/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Irse de vacaciones es hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana. Es alejarse un poco de todas esas zonas de tensión que implican ciertos mundos a los cuales no nos queda otra que pertenecer.  Todos tenemos rutinas, y no tiene por qué ser  algo displacentero tenerlas; pero  romper con ellas, es algo imprescindible para renovarse. Entregarse al ocio,  poder  funcionar con tiempos propios, y no con los  que nos imponen las instituciones (trabajo, escuelas, clubes&#8230;lo que sea) es algo central. Lo más interesante del asunto, es que uno puede manejar el tiempo; pero bueno, no muchas personas logran ese acto de libertad. Simplemente  no saben qué hacer con el ocio cuando “no tienen nada que hacer en él”. La falta de obligaciones angustia. Y esto es independiente de que uno use el ocio de manera más activa que otros.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-248" alt="abierto-por-vacaciones1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg" width="400" height="259" /></a><span id="more-247"></span></p>
<p>Lo que es indudable, es que las vacaciones, si uno tiene la sabiduría y la capacidad de saber disfrutar de la vida, nos dan un marco para una mayor libertad. Ya sea si nos vamos en pareja, con amigos, en familia; siempre  se trata de una verdadera situación de cambio en donde se depositan muchos anhelos, fantasías y aspiraciones de romper con las rutinas. Pero muchas veces, esa búsqueda frenética de libertad, nos puede generar angustia. En esas típicas depresiones que se generan cuando las personas van al encuentro de algo ideal y sólo encuentran realidad, y ellos  allí parados, frente a esa realidad que no los satisface.</p>
<p>Lo que ocurre es que se ha impuesto una suerte de “idea moral” de lo que es o debería ser el disfrute en las vacaciones. Y  es allí donde lo que vemos es que las propuestas son “nadar con delfines en un mar turquesa”; o ir a instituciones de placer con “todo incluido” en donde  “uno no tiene que hacer nada”&#8230;o las típicas ventas de las “vacaciones de la euforia”&#8230;en donde el asunto pasa por vivir a mil de adrenalina tres semanas  seguidas.</p>
<p>Hoy,  la industria del entretenimiento, ha montado decenas de dispositivos (grandes cruceros,  ciudades con todo incluido, viajes a lugares inhóspitos con cataratas de excursiones, etc. Lugares para no hacer nada de nada) todo para salir de la rutina, salir del estrés: el tema es que todo ese montaje, muchas veces, no deja lugar para la recreación personal, para el deseo, para una conexión más auténtica con las cosas fundamentales de la vida: los afectos, estar con  nosotros mismos&#8230;</p>
<p>Yo les propongo que se sienten a pensar sobre qué es lo que realmente ustedes disfrutan, qué es lo que les gusta hacer. Y que lo hagan acorde a lo real de sus posibilidades económicas, pues es muy común ver mucha gente endeudarse, y padecer luego meses por eso. Sin planificar mucho, salgan a la ruta: en auto, en avión, en colectivo;  ejerciten   -más que nunca-  la plasticidad, la capacidad de poner en marcha la creatividad y no meterse en planes muy estructurados o propuestas de “combos” muy rígidos. Hay que aprender a disfrutar en nuestra vida cotidiana, a generar actividades desestresantes y de esparcimiento y ocio en  ella; eso no anula que las vacaciones sean algo fundamental  en el cierre de un año. Pero poner todo allí,  depositar desmedida expectativa en ciertas cosas, genera sólo ansiedad y  frustración y puede destruir  “la novedad”, lo que ocurre producto del azar.  En mi último texto para Infobae de este año, les deseo disfruten de sus viajes, de sus aventuras, de sus seres queridos en otros paisajes y cielos y nos encontramos para seguir compartiendo el próximo año.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La tiranía del “estar bien”</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Aug 2014 01:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay que estar bien, “pum para arriba”, para adelante ¿hay dolor? hay que extirparlo ¿hay angustia?  ¡Fuera! ¡Es tóxica! ¡Metete psicofármacos! Salí a aturdirte a algún bar, intoxícate. Ponete a hablar sin parar, mirate 400 series, hasta la ceguera.  A ver: “tenes que estar bien” ¡La vida es para disfrutar hermanito!&#8230; ¡No- te- ha- gas-dra-ma!... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/08/28/la-tirania-del-estar-bien/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay que estar bien, “pum para arriba”, para adelante ¿hay dolor? hay que extirparlo ¿hay angustia?  ¡Fuera! ¡Es tóxica! ¡Metete psicofármacos! Salí a aturdirte a algún bar, intoxícate. Ponete a hablar sin parar, mirate 400 series, hasta la ceguera.  A ver: “tenes que estar bien” ¡La vida es para disfrutar hermanito!&#8230; ¡No- te- ha- gas-dra-ma! ¿Problemas sexuales? No te plantees nada, tomate un Viagra y fue.  ¿Esas mal con tu cuerpo? Operate, inyectate algo: rápido, todo al toque. Nada de tomarte en trabajo un  año en el gimnasio o modificando tu dieta. La vida pasa ¡HAY QUE VIVIR A FULL!.. Stop, pongámonos a pensar un poco en el sentido de todo.</p>
<p>El nuevo imperativo social, el nuevo mandato: la nueva tiranía social es tener que sentirte bien, a cualquier costo. Por supuesto no  todo el mundo compra o entra en esto; pero sí vemos que es una tendencia que aumenta. No hay tiempo para trabajar con uno, estamos enfermos de tiempo, de ansiedad (la ansiedad es una patología del tiempo, es querer ir más rápido que él). Cada vez veo más intolerancia al sufrimiento, a las frustraciones lógicas de la vida: frente a los primeros conflictos de pareja, o laborales, o lo que sea…se rompen los vínculos, no se tolera nada, o  “estamos bien o no estemos” como si habría que sacarse de encima lo antes posible aquello que es fuente de conflictos.</p>
<p>Donde hay seres humanos hay problemas. Donde hay amor y pasión, hay líos&#8230;tensiones, desamparo, fragilidades de los dos lados. En el mundo del trabajo hay combates y objetivos, y estrés; con los hijos hay angustias y grandes satisfacciones…es decir: creo que hay de bajar los ideales de lo que “es la vida” porque si no, o “<i>es eso ideal</i>”… o “<i>todo es poco</i>”, todo es nada, y ante las primeras frustraciones o diferencias… rompemos  vínculos y relaciones. No olvidemos que en las búsquedas desenfrenadas de los ideales, se gestan grandes patologías: ideal de cuerpo, de querer hijos perfectos, novios perfectos, de  estatus social, de libertad, de lo que te da el dinero&#8230;etc. La vida es el arte de lo posible; no propongo que aceptemos el sufrimiento y nos entreguemos: solo digo que en nuestra existencia no  todo es pasarla bien y  hacer lo que se quiere en cada momento y ya. Por ejemplo: ser padres responsables es entender que ciertas  responsabilidades como padres están por sobre nuestros intereses narcisisticos. Por supuesto que hay que  buscar  un equilibrio, pero siempre, en definitiva, y en determinadas situaciones, es la responsabilidad lo que ordena  la cosa, luego sí: todo lo demás. En el trabajo, en el amor ¿por qué no? el amor es  -también &#8211; trabajo, creatividad, construcción, proyectos.</p>
<p>Lo que quiero decir es que hay que bajar un poco las exigencias para con nosotros y para con “los otros” que nos rodean. Somos humanos, estamos transitando una experiencia que es vivir  y  &#8211; vivir-  tiene cosas buenas y malas. Yo creo que, naturalmente y más allá de estas ideas que comparto con ustedes, vivir es una experiencia predominantemente muy buena.  Cada vez me encuentro más diciéndole a mis pacientes cosas como estas: “tranquilo, no te exijas tanto, la vida es compleja, no le exijas tanto a los otros, ni a la realidad, pues ella es lo que es, tenés  que adaptarte a algunas cosas e intentar modificar otras,   tranquilo, casi nada es tan grave”.</p>
<p>Las personas tenemos naturalmente un enorme abanico de estados de ánimo, buenos y malos, los trabajamos, buscamos el bienestar, un equilibrio pero,  ojo: esa búsqueda puede volverse algo muy tiránico e interminable…y puede derivar en una búsqueda delirante y angustiosa de algo inexistente&#8230; ideal. Propongo que a los ideales, que a veces los tocamos de  cerca ¿por qué no? los llamemos IRREALES. Los ideales nos dan fuerza, son  motivadores: aspiramos a ellos y, bien tomados, nos hacen mejores personas o mejores en lo que hacemos.  Por supuesto que muchas veces en la vida sentimos tocarlos, nos sentimos plenos con muchas situaciones, pero pretender más que eso…mal camino para la vida mundana. Todo esto que he escrito, quizá, son  obviedades: pero ustedes no saben la cantidad de gente que está atrapada en este nuevo mandato de aturdirse y buscar más&#8230;y más, dejando  incluso a veces&#8230;la vida misma en el camino.</p>
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