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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; hijos</title>
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		<title>Maltrato infantil.</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2015 00:04:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser padres no nos hace, de por sí, buenas personas. Tener hijos no nos hace padres. ¿Lo central? amor, cuidados primarios y limites pues,  esas personitas, tienen que entender de chicos que “todo no se puede”. La sociedad funciona con normas. Cruzar esas normas,  es exponerse a peligros, pues los niños no las  comprenden. La rebeldía, es parte de la sana evolución de los seres humanos. Ustedes observen: los chicos tienden a la  violencia, al egoísmo, poseen  cantidades importantes esas cualidades. Les cuesta compartir sus juguetes o integrar a otros a sus juegos. Hay una tendencia al sadismo, a dominar, a someter, a romper, al capricho, a manipular, al bullyng…a la vagancia;  a no estudiar. Es decir: todo esto, a cierto volumen, es parte de los seres humanos. El  hombre primitivo, antes de ser Sapiens, resolvía todo  a garrotazo limpio.  Pero bueno, ahora tenemos pensamientos, podemos reflexionar e ir moderando y gobernando esos componentes.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/abusoss-100809.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-438" alt="abusoss-100809" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/abusoss-100809.jpg" width="378" height="234" /></a></p>
<p><span id="more-437"></span>El punto es que nosotros, los adultos, que sí sabemos el daño que produce la pérdida de control, la violencia, el maltrato y el egoísmo, tenemos que llevar a ese niño a un territorio en donde entienda que las cosas que hacemos y decimos tienen sus consecuencias sobre otros coterráneos. Pero insisto: pobre de aquel niño que no muestre alguna de las cosas que hemos mencionado, pues estaríamos ante una sobreadaptación peligrosa. Cuando vienen mis pacientes y me dicen “mi hijo es impecable: estudia solo y es sobresaliente, no hace lio, es súper educado, no tiene maldad…”  me preocupo más que si me dice que tiene ciertos problemas adaptativos. A ver, es sano que los chicos hagan lio y no se dejen mucho manejar.</p>
<p>Entonces, los niños nacen siendo un caos, un manojo de impulsos y emociones desordenadas. ¿Han jugado al Scrabble alguna vez? Bueno, tiramos todas las piezas sobre la mesa, algunas quedan al derecho, mostrando letra, otras al revés, todo desordenado. La cultura, los padres, las intuiciones… van ordenado el juego, armando las primeras palabras, los primeros sentimientos organizados, los primeros caminos a seguir. Y esto, queridos lectores, se produce fundamentalmente por imitación/identificación de ellos sobre nosotros: se reflejan, se identifican; aprenden e imitan conductas. La construcción de lo que se llama personalidad, es la sedimentación de los vínculos, las conductas, las pasiones que un niño ha vivido y observado.</p>
<p>Ahora bien: hay decenas de miles de adultos que son malos o crueles con los niños.  ¿Podemos hablar de maldad? ¿Suena raro que un psicólogo hable de maldad verdad? Pero si: en rigor, tendría que hablar de la pulsión de muerte, que es esa  -como describirla-  ¿Sustancia o fuerza  interna que empuja y  nos lleva a la destrucción de uno y de los otros? Hablemos de maldad como sinónimo de crueldad. Ese niño que es maltratado, cuando vivencia ese caudal de agresividad por parte de sus cuidadores, piensan: “Papa malo” “Mama mala”. La cuestión central es que esos “padres malos”  golpean, atormentan, castigan y hasta pueden dan muerte a esos niños que solo están viendo que es esto de “ser humanos”. Si un niño hace lio, o anda mal en el colegio, o si le pega a la hermana, o destroza el juguete del hermano; o si vacía la billetera del padre…si nosotros, los adultos, los humillamos, los golpeamos, los maltratamos como castigo, lo que le queda al chico es el terror, el dolor y el sentimiento de impotencia de no poder reaccionar  ¡pues no pueden! Son chiquitos, ese padre o madre que “se les viene encima” y que lo golpea en soledad o públicamente, mide tres metros para él, tiene mucha fuerza, voz muy fuerte, cara de loco/loca fuera de control. Al chico no le va a quedar el mensaje de que ha hecho algo mal o que no debe hacer tal o cual cosa, no:  le va a quedar el terror, la forma que ha implementado ese padre para poner “un límite”. No queda la palabra educadora, queda el maltrato.</p>
<p>Por supuesto no me meto aquí con el maltrato más asociado a la indiferencia, a los padres poco afectuosos o  abandonadores; o  a aquellos que no dan el suficiente amor y limites para que el niño se desarrolle lo más sanamente posible. Tampoco abro el tema del abuso sexual, ese tipo de maltrato lo dejo para otro escrito.</p>
<p>Ustedes no se dan una idea de la cantidad de adultos consultantes que han pasado por tormentos descomunales en su niñez.  Miles de niños son maltratados, golpeados, atormentados en los hogares. Y esto no discrimina clases sociales. Gente considerada “buena persona” para muchos – puertas adentro-  con los frágiles, con los indefensos: con los hijos o ancianos o animalitos…tremendos jodidos. Miles son los filicidios a nivel mundial. La crueldad de los adultos, la psicopatía, la perversión… está por encima de los vínculos y las filiaciones. Todo esto que menciono ocurre, existe, no es una ficción.  Si yo soy un tipo sádico y cruel, o si usted tiene esa predisposición natural a gozar del dolor y de la angustia del otro (de un niño inocente e indefenso en este caso) y bueno, lo va a hacer  con sus hijos. Nada cambia. El sadismo no discrimina.</p>
<p>Por eso invito a una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Todo padre alguna vez puede perder la paciencia o un poco el control o pasarse de rosca con un reto un hijo. Puede ocurrir alguna vez: pero tenemos que pedir disculpas: “mi mama/papa hizo algo malo, pero reflexionó y me pidió disculpas, estaba desbordado, no fue con crueldad”, eso es lo que le tiene que quedar al niño. No podemos enojarnos con nuestros hijos: ¿se entiende que un adulto no puede enojarse en serio con un chico de seis años? Simplemente eso, no puede: el niño está aprendiendo cosas, erra, se equivoca, no pasa nada. Podemos “hacer que nos enojamos”, teatralizar un poco para lograr un efecto de que el niño se calme, pero no podemos enojarnos de verdad, o maltratar. El vínculo es asimétrico en todo aspecto. Tenemos que combatir el maltrato, la crueldad y el desprecio por la vida en cualquiera de sus formas. Poner límites es difícil, a un jefe del laburo, a los padres si son jodidos y metidos, a los compañeros de vida; al tipo que nos atiende agresivamente en el supermercado. Cuesta, es verdad. Hay que trabajar en lo actitudinal y desde donde uno pone un límite a otro,  si la actitud es firme, el niño entiende, aprende y acepta, y capta que era para su bien. El sadismo y la crueldad son, sin duda, el gran enemigo de la sociedad.  Allí donde se posan…hay destrucción de vidas y situaciones. Empecemos a atacarlo dando el ejemplo con las nuevas generaciones pues, en definitiva, el futuro es de ellos. Por supuesto del maltrato se vuelve, quedan marcas, cicatrices:  pero se puede, con trabajo y amor reparador, construir una vida linda por más que se hayan vivido estas experiencias en la infancia. Eso se los aseguro. Hoy la sociedad ha sufrido una gran perdida..un niño ya no está entre nosotros&#8230;producto de la crueldad humana&#8230; a ese chiquito dedico este texto&#8230;que no sea en vano esta perdida.</p>
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		<title>¿Cuál es el drama masculino por excelencia?</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:10:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/06/cual-es-el-drama-masculino-por-excelencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis se explicita cómo resolver, fusionar, unir, lo tierno -amoroso- con lo erótico (sexualidad, pasión), en una misma mujer.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-336" alt="hombre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg" width="178" height="210" /></a><span id="more-335"></span></p>
<p>No digo que este drama (hablo de drama porque es así como se vive internamente) sea exclusivamente patrimonio del género masculino; muchas mujeres también viven su vida de pareja así; pero tengo que hablar de lo que observo; en el universo femenino esta disociación entre lo erótico y lo amoroso se presenta de manera más suave, o puede no presentarse, no producir síntomas o grandes líos digamos. La modalidad de cómo las damas viven su sexualidad, sus tiempos; la tendencia biológica y antropológica a la maternidad, a armar un hogar para los cachorros; el empuje a unir, hace que este asunto no constituya la regla en el cosmos femenino.</p>
<p>Ahora bien: ¿por qué ocurre esto? En el varón, el famoso Complejo de Edipo, es una tendencia inconsciente muy profunda. Cuando el hombre va hacia el amor, y cuando va pasando ya el período de enamoramiento, y empiezan a consolidarse proyectos – ya sea convivir, empezar a armar una familia, etc. – muchas veces la madre interna se empieza a… ¿soldar con la mujer elegida?…va por ahí. Esto puede intensificarse más aún cuando pasa a ser madre de nuestro cachorro. Allí, el varón, recuerda a esa madre constructora del hogar, dadora de amor, de cuidados, de alimentos, de ternura. Y bueno, allí la sexualidad, el deseo, puede empezar a trabarse. Esa “mujer-madre”, ahora asociada a esa figura casi antropológica de “la madre”…puede perder el brillo erótico para un varón. Y acurre que es allí en donde aparecen todos los mecanismos defensivos de fuga, falta de afecto, dejadez, poca paciencia, presencias ausentes, de las cuales muchas mujeres se quejan.</p>
<p>De todas maneras no digo que esto sea algo irreversible, ni mucho menos: simplemente describo lo que se presenta una y otra vez como motivo de consulta en mujeres y hombres, es decir: desde los lados de este problema que planteo.</p>
<p>Dar vuelta esta situación, ganar esta batalla -que en realidad se juega en las sombras de territorios pasionales, inconscientes- es, acaso, “el desafío” que la realidad impone al varón a resolver. Y la experiencia dice que con trabajo y cierta toma de conciencia, el asunto tiene solución, pero es central el rol de la mujer allí. Los hombres con capacidad de amar saben tomar los reclamos de sus mujeres, resisten un poco al principio, pero todo queda, y produce efectos. Es central que la mujer empuje y se autorice a sí misma a marcar lo que ve, con buenas formas -cosa central- y no a “todo volumen” (como suele ocurrir) para llevar a que su hombre identifique que está ausente, replegado sobre sí mismo o poco atento.</p>
<p>Considero que al amor (el amor entendido como proyecto común entre dos personas) en realidad, lo sostienen más las mujeres: a ellas se le suelen encender primero las alarmas cuando algo anda mal y el vínculo se está empantanando. Por eso la importancia de que hablen, digan, marquen, pues, queridas: los hombres nos hacemos en la esquina sí, y con el modelo paterno que a cada quien le toque; pero mucho más es lo que crecemos y maduramos gracias a las mujeres que pasan por nuestra vida y nos van haciendo señalamientos, desde el amor, desde la entrega, o desde vínculos pasajeros también.</p>
<p>Porque en este género, en esta cuestión de armarnos a nosotros mismos (y la presión cultural que hay en relación a esto), muchas veces, hace que se nos escapen ciertos detalles. El tema de ir para delante, de desplegar potencias, de ser valientes, de producir, conducir y sostener el timón del barco…es una presión y una tendencia muy fuerte para nosotros, desde el origen de los tiempos es así el asunto.</p>
<p>Tenemos que ir para el frente: laburar, defender, proveer, y las mujeres se fijan en el desarrollo de esas potencias, cosa que está perfecto; pero también tienen que comprender que es una presión que está allí como telón de fondo en todo hombre, lo diga o no. Porque la mujer, una vez que arma su feminidad, eso queda: se logra construir “el ser mujer” y ya mujer se es siempre, eso perdura. En cambio, la masculinidad está siempre bajo amenaza: se puede perder digamos, por eso siempre fantaseamos con ser héroes, y ser “un maricon” o un “pecho frío”, o tibio o lo que sea…en esas cosas se juega mucho para nosotros y la sociedad condena esas actitudes. En la pérdida de un trabajo se puede jugar todo lo que somos, no es así en la mujer: en la mujer, casi en nada “va la vida” (sólo en la cuestiones de maternidad), en los varones, en casi todo. Es así de dramático el asunto. En una discusión de tránsito, o en cualquier tipo de debate o conflicto con otros hombres, en cualquier situación cotidiana de lo que sea, podemos –eventualmente- poner en juego nada más y nada menos que…todo. Es lo mejor y peor que tenemos, queridas. Lo que nos da fuerza y, a su vez, lo que nos puede paralizar y deprimir profundamente.</p>
<p>No estoy diciendo “vivimos sufriendo”, para nada: digo que todo esto se juega en nuestro inconsciente y orienta gran parte de nuestras conductas y produce efectos, visibles e invisibles: conocer esa esencia es, casualmente, poder gobernar muestra vida y poder llevar una vida feliz, dentro de lo que el mundo y los quilombos lógicos de la vida, permiten.</p>
<p>Entonces: los grandes temas del hombre, podemos sintetizar, son el despliegue de su potencia por un lado y, por otro, poder lograr, en una misma mujer, la pasión sexual y lo amoroso o tierno, agrego una tercera (muy cercana a lo que estoy planteando), bancarse una mujer con capacidad de amar, poder sostener y gozar de una mujer deseante, amadora: pero lo desarrollaré en otro escrito eso. La masculinidad, de manera implícita o explícita, siempre se tiene que seguir afirmando, así parece, y ahí sí me animo a decir que esto es un tema de género. Y eso es también lo lindo de ser hombre, no es algo ridículo o tonto: desde los primeros hombres esto es así: el hombre primitivo salía a cazar y traía sus presas y se las presentaba orgulloso a la tribu, a su mujer o hijos. Vivimos, de diferentes maneras, haciendo el Haka.</p>
<p>Esa tenacidad, esa sana ambición, esa capacidad de mantenernos fríos para algunas cosas, es lo que buscan la mayoría de las mujeres, lo digan, no lo digan o lo nieguen, buscan esa firmeza y contundencia del varón. Pero también luchan contra esa cosa disociada, que muchas veces se presenta de maneras muy rabiosas. Y así las cosas y, por favor, dejemos de querer desdibujar las productivas y hermosas diferencias entre los géneros; no dejemos que la posmodernidad siga triturándolo todo, porque es eso: para la posmodernidad es todo lo mismo, todo es relativo y todo es combate entre géneros vieron, un plomo che, salgamos de ahí, eso no produce nada, solo dogmas y peleas estériles ¿lo más interesante de la vida? La diferencia. Viva la diferencia, entonces. Igual, la próxima, voy a escribir sobre “el drama femenino”…</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Ser padres: decir no</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Feb 2015 15:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y el nene empezó a gatear… y va directo, cual misil teledirigido, hacia el enchufe…y hay millones de opciones, pero no: la pasión  es la electricidad  &#8211; “hijo no, ahí no”. Y comienza  a “agarrar” absolutamente todo lo que tiene a su alcance, a romper algunas cosas, a tirar, y les vamos explicando y volviendo... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/20/ser-padres-decir-no/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y el nene empezó a gatear… y va directo, cual misil teledirigido, hacia el enchufe…y hay millones de opciones, pero no: la pasión  es la electricidad  &#8211; “hijo no, ahí no”. Y comienza  a “agarrar” absolutamente todo lo que tiene a su alcance, a romper algunas cosas, a tirar, y les vamos explicando y volviendo a decir “no”; y se inician con los berrinches y &#8211; de nuevo-  “no”; y luego se mandan corriendo a cruzar la calle&#8230;y  las peleas con la hermana o compañerito&#8230;y se pueden poner naturalmente agresivos y desafiantes con nosotros…y &#8230;&#8221;basta de compu  o video juegos&#8221;..y  &#8221;a la cama de papa y mamá no&#8221;&#8230;y les volvemos a decir  “no”&#8230;y “no”&#8230;y así las cosas. Con suerte, casi inmediatamente, el niño va incorporando esos señalamientos, y entonces luego, ya antes de hacer la “macana”…nos miran, se autosancionan antes de hacerlas: internamente empiezan a  captar, ya está en su memoria emotiva  que eso “no” lo pueden hacer. Y nos miran, con ojitos cómplices y picaros&#8230;y uno se pone contento, porque eso significa   que ya van aprendiendo. Podemos poner decenas de ejemplos, situaciones en donde a ese niño que nace sin normas sociales, de autocuidado, lo tenemos que ir   “ordenando”, “normativizando”&#8230;para que aprenda a controlar y canalizar  sus impulsos y a vivir en sociedad.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/no.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-320" alt="no" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/no.jpg" width="289" height="174" /></a><span id="more-319"></span>Todo esto, en un principio, no les gusta nada  pero, a su vez, buscan esos límites; pues las normas alivian el “alma” del niño, lo contienen, lo “arman”, y algo no menos importante: las prohibiciones o sanciones, empujan  las pasiones.  Por supuesto que el asunto es darle opciones: les decimos: &#8211; “con el celular no”, pero le damos algún “chichito” como compensación a la prohibición;  con los 220 voltios no, y le damos otra cosa, digo:  no  se trata solo de prohibir, el tema consiste en darle un camino alternativo al niño para que descargue sus tensiones, su curiosidad, “dejarlo ser” &#8230;como dicen ahora, pero tratando de eliminar ciertos riesgos, lo logramos a medias, y ese es, casualmente, el objetivo: pues caídas, frustraciones, va  tener  igual, por suerte,  aprendemos con la experiencia directa, es la vida. Los padres que se obsesionan con que sus hijos no sufran nada…  “que no les falte nada”&#8230; mal camino. Por otro lado, lo mejor que se puede hacer es llevar todo al territorio “del juego”,  pues jugar es la mejor  manera para que los niños vayan internalizando el mundo y la mejor plataforma para que  expresan sus conflictos y  emociones.  Pero lo cierto es que la base y la construcción de nuestra personalidad y de nuestra modalidad de vincularnos, se funda en una seria sucesiva de “no”. A ver: en crianza no hay fórmulas, pero si caminos recomendables a seguir. Ser firmes en algunas cosas, es garantía para que ellos, de adultos, tambien tengan su temperamento y puedan poner limites a sí mismos, y a los demás.</p>
<p>Entonces: nuestro ser  se va recortando, ordenando a partir de toda una serié de prohibiciones. Nacemos anarquistas, medios punk  digamos, pero en un mundo  con normas, con prohibiciones, con riesgos y bueno: los padres tenemos la tarea de trasmitir esas normas. Pero algo central: cuando internalizamos esas normas, con ellas, también incorporamos decenas de represiones. Porque  es así: tenemos que reprimir montones de tendencias que, de ejercerlas, harían imposible la propia vida y las relaciones con otros en sociedad.  Es que naturalmente somos caprichosos, violentos, trasgresores, promiscuos, celosos, narcisistas, exhibicionistas: queremos dominar y tiranizar a nuestros padres, ser el centro de todo y bueno…eso&#8230;no puede ser, que vamos a hacer, se nos frustra ese plan. Cualquier buen observador del desarrollo de los niños puede comprobar esas conductas en ellos. No es hacer moral, es describir que el ser humano es un anarquista natural y, si tiene suerte&#8230;se va ordenando. Con un costo por supuesto, adaptarse al mundo, entrar en el contrato social que regula los vínculos humanos, genera cierto malestar estructural, pues tenemos que renunciar a muchos “ instintos naturales” y a tendencias, pero es el mejor camino, o el menos malo digamos. La salud mental se puede entender también desde ese lugar: en cómo cada uno logre mantener cierto grado de inadaptación  y, por otro lado, adaptarse un poco.</p>
<p>Ahora bien, para que todas esas necesarias prohibiciones a ese bebe/niño tengan “llegada” o eficacia, es preciso que nosotros, los adultos, funcionemos desde esas mismas normas, ser coherentes digamos, las reglas y regulaciones son incorporadas por ese niño mediante cierta lógica de premios y castigos y, fundamentalmente, por modelos: los padres, son un espejo, los chicos imitan. De nada sirve el reto, los cuidados, las prohibiciones&#8230;si nosotros, los adultos, no aceptamos eso mismo y actuamos en consecuencia.</p>
<p>El mundo funciona con sistema de premios ya castigos, el mundo del trabajo, del deporte…hasta del amor (aquí más camuflado) con este sistema. Pero lo central es no quedarse en la norma, es introducir la lógica del “esto no, pero esto otro, si”… ese es el arte, el sistema de compensaciones que vamos introduciendo en la educación y en la crianza de un niño.</p>
<p>Y recordemos: el deseo, nuestra capacidad de desear,  de tener pasiones, vocaciones&#8230;depende en gran medida en el cómo nos ordenan y nos ayudan a vehiculizar, canalizar,  nuestros impulsos e instintos fundamentales. Y, por favor, jamás nos podemos enojar con un niño, enojarnos en serio: podemos actuar  un “como si”, para que paren cuando están en esos días de capricho, pero jamás enojo, ni chirlo, ni grito desmedido o violento, eso, no nutre ni educa, solo atemoriza y confunde al alma infantil.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Los hijos y su  la infancia olvidada</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 10:39:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/06/los-hijos-la-infancia-olvidada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado todo lo que después va a ser la base de lo que llamamos “personalidad”. Lo cierto es que un día “aparecemos” (como por arte de magia) en este mundo;  y comenzamos a transitar  las primeras experiencias de satisfacción, de alegría, de dolor, de angustia, y  se van consolidando las matrices fundamentales de todo el enorme abanico de sentimientos,  emociones y estados de ánimo que experimentamos los seres humanos durante toda la vida.  Y bueno, allí empezamos a construir el vínculo con nuestros padres;  que se construye si, como cualquier otro. El niño va adoptando a esos padres y viceversa. Si bien es cierto que un niño está  quizá desde mucho antes  en el deseo y fantasías  de sus  padres (esa es nuestra pre-existencia),  lo central es que nacemos  y empezamos a dejar atrás nuestra prehistoria para meternos de lleno en una historia tangible, de cuerpos digamos, intenso como pocos, como lo es el del cachorro humano con sus progenitores.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-296" alt="foto" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg" width="327" height="154" /></a></p>
<p><span id="more-295"></span>Y ahí empieza, entonces, una relación de amor con  ese bebe. Y le cantamos, y lo mimamos; y a medida que va creciendo vamos introduciéndole los primeros límites y los “no” necesarios para que pueda vivir en sociedad y para que ese niño logre gobernar sus impulsos.  Y los bañamos, y reímos con ellos, y empiezan a devolvernos con sus sonrisas, gestos y  juegos… el amor que les damos. A ver: se trata de un vínculo de muy alto volumen, en donde pasan montones de cosas emocionales todos los días. El psiquismo del niño, que viene al mundo solo con un puñado de  inscripciones (leer mi texto aquí en Infobae sobre la vida intrauterina), se va estructurando en toda ese época de la vida.  Y los ayudamos a dar sus primeros pasos, a  pronunciar las  primeras palabras, a nadar, a pedir, a dar: los matices emocionales y afectivos son tantos, y tan difíciles de poner en palabras&#8230;dejemos eso para cada uno en su intimidad afectiva.</p>
<p>El punto es que, en determinado momento, todo eso tan rico, todas esas profundas en intensas vivencias cotidianas…se sepultan y,  ya de grandes, olvidamos gran parte de todo aquello. Ahora bien: ¿saben qué? no importa, no tiene ninguna importancia que todo ese Universo afectivo esté olvidado en el plano de la conciencia: se recuerda de otra forma, en actos, en sensaciones que “nos toman” y no sabemos de dónde vienen;  en los vínculos que construimos, en cómo transitamos las angustias de la vida…todo “eso” está allí, en nuestro “modo de ser”…en nuestro inconsciente, produciendo efectos y modalidades vinculares y  bueno, también se olvida lo traumático:  pero no estoy entrando en esa área hoy.</p>
<p>El asunto es que  “somos”, en gran parte, aquello olvidado, eso  “perdido” de nuestra biografía. No lo recordamos, pero es casualmente lo que forja nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra modalidad de amar y ser amados  y &#8211; cosa no menor-  nuestra ética. También, en esos años, somos grandes observadores  de lo que ocurre entre nuestros padres, de cómo es el vínculo entre ellos;  eso también nos marca profundamente.  En la actualidad  hay una tendencia a pensar que lo que no se recuerda no es importante: mucha gente, frente a los que tenemos una orientación más psicoanalítica, dice cosas  como: &#8211; “uh, pero no quiero ir a la infancia, quiero resolver los temas actuales”. Si, es válido. Pero “estamos hechos “de esa infancia primaria olvidada, es nuestra “sustancia” fundamental.  Y esas experiencias primarias, esos vínculos tan intensos, vividos y observados, nos determinan e imprimen en el psiquismo, que es cemento fresco, un sinfín de sensaciones, que son huellas, marcas: caminos fundadores para que luego transiten las experiencias posteriores.   No lo duden, están siempre presentes en nuestros vínculos actuales, para bien y para mal.</p>
<p>Entonces: hay que conectarse un poco con eso. Piensen ustedes en sus hijos, en todo lo que allí ocurre; en todas las emociones y sentimientos  de ida y vuelta con ellos (estoy hablando fundamentalmente en la etapa que va de cero a tres o cuatro años)&#8230;bueno, ellos se van al olvidar de gran parte de todo eso  pero, repito, sí, hasta el cansancio: “eso” es lo que somos y vamos a ser siempre en esencia.  La sedimentación de todo aquello que vivimos en esa infancia olvidada es lo que somos, y lo que vamos logrando hacer con eso, es el arte del asunto. Por supuesto que después, el “circular por el mundo”, los diferentes vínculos que vamos logrando construir en los diferentes ámbitos de la vida, las cosas del azar…las tragedias… siguen inscribiendo y transformándonos como personas, pero eso es para otro análisis, quizá más complejo.</p>
<p>No quiero plantear una infancia ideal llena de amor, cuidados y vínculos puros y claros como el agua, no: lamentablemente también, muchas veces, hay maltrato, destrato&#8230;agresión, ambivalencia afectica&#8230;abandono&#8230;pero bueno, es la intención de estas palabras fortalecer lo afectivo, el buen trato y la ternura de los padres, a partir de que puedan  tomar conciencia de la importancia de todo esto que planteamos  que ocurre en el primer periodo de la vida. Es mi propósito que  los padres, piensen, que se sigan pensándose a sí mismos, nunca sobra eso.</p>
<p>Los niños, al nacer,  son como una plantita: hay que regarla mucho para que se  “agarre” y afirme a la tierra y crezca sanamente, por sobre todo en los primeros momentos.  El agua con lo que regamos al niño es el amor y los limites también. Si ustedes van a un vivero y compran un árbol, le van a dar toda una serie de indicaciones de cómo y cuándo plantarlo, de cómo “guiarlos” para que crezcan derechos, de cómo es asunto del riego, del control de plagas&#8230;etc. Bueno, con los hijos es parecido, hay que aplicar el sentido común, pero tenemos que tener muy presentes que esos primeros años son determinantes en la construcción del psiquismo humano, y en la predisposición a la salud o la enfermedad en el plano de la salud mental.  Lo que hagamos, el clima emocional general que podamos lograr,  el disfrute que podamos poner en juego en esto de ser padres, el cómo podamos ir llevando las angustias lógicas de ser responsables de un niño…ahí…es ese interjuego permanente…está la “formula” para no hacer, por lo menos, grandes macanas.</p>
<p>Después bueno, yo podría contarles decenas de cuestiones técnicas sobre el por qué se sepulta todo ese fragmento de nuestra historia, pero a ustedes, creo, no les va a resultar muy atractivo. Solo entréguense al hecho de ser padres como si fuera una aventura, si: como si fueran  a conocer un lugar inhóspito, en otro lado del mundo…a descubrir un contiende perdido… disfruten de sorprenderse, de meterse en ese mundo nuevo, en ese “otro mundo”&#8230;el de los niños que es, acaso, el más interesante de todos los mundos, al menos para mí.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>Los hijos: su prehistoria, la vida intrauterina</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2015 22:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Finalmente, cierto día, vamos corriendo al sanatorio y   -casi por arte de magia-   “aparece” una nueva persona en el mundo. Un parto es un acontecimiento creacionista en el sentido duro del término. La mujer allí es “quien  crea  de la nada, un niño”. Dios es mujer digamos. Lo único en el mundo real, parecido a... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/01/11/los-hijos-su-prehistoria-la-vida-intrauterina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente, cierto día, vamos corriendo al sanatorio y   -casi por arte de magia-   “aparece” una nueva persona en el mundo. Un parto es un acontecimiento creacionista en el sentido duro del término. La mujer allí es “quien  crea  de la nada, un niño”. Dios es mujer digamos. Lo único en el mundo real, parecido a lo que sería  “lo divino” se ve allí. Hablo de lo divino entendido en el sentido bíblico. Un parto es,  más allá de la ciencia o  de las religiones,  un hecho imposible de metabolizar. Es “mucho”  -en todo sentido-  en un lapso  muy corto: es algo  traumático para todos los integrantes de la escena:  para ese “ser”  que “emerge” a la vida, para la madre, el padre; es una situación que  destruye, “pulveriza”  la razón,  y nos mete en el imperio de la emoción más  insimbolizable que se pueda vivir. Todos nos despersonalizamos un poco allí, en ese quirófano, bastante psicótico es el asunto.  Así es: hay acontecimientos que son difíciles de simbolizar,  esas  experiencias  híper intensas &#8211; como puede serlo  el estado de enamoramiento, o la entrada a la sexualidad, el parto-  son, a veces,  las más interesantes. Lo inentendible, lo que no se puede hacer pasar por la maquinaria de palabras  es, muchas veces, lo mejor de la vida.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/01/gemelos-national.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-254" alt="gemelos-national" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/01/gemelos-national.jpg" width="435" height="290" /></a><span id="more-253"></span></p>
<p>El asunto es que al nacer, empieza nuestra historia, la trama del film, la sucesión de escenas. Pero hay una prehistoria (hay preproducción digamos)  que tiene que ver con cómo fuimos deseados y fantaseados por nuestros padres. Yo tengo la suerte de acompañar a muchas mujeres y hombres en el camino a ser padres,  primerizos, generalmente. Disfruto mucho al hacerlo y soy, me lo dicen mis pacientes, insoportable con el cuidado del clima emocional de la pareja durante el embarazo. ¿Por qué? Metámonos allí de lleno.</p>
<p>Ni yo ni nadie puede llevar al territorio de lo científico el efecto del clima emocional de la madre sobre el niño que lleva dentro de sí. Y hablo de “clima”, porque el cuerpo materno es  el  hábitat en donde se desarrolla el feto. A ver queridos: ellos son una misma cosa, se inscriben mutuamente toda una serie de marcas. Sin duda que lo que se va imprimiendo en el niño (por sobre todo en los últimos meses de gestación) ocupa un rol central en lo que  termina siendo lo que llamamos “el temperamento”. Cada hijo de una misma pareja es diferente, porque fue gestado en momentos distintos de la biografía de sus padres;  desde deseos y fantasías disímiles y con climas gestacionales variados. Esa mamá construye un vínculo con el niño que lleva en su vientre, vinculo simbólico y físico. El estado emocional de esa madre; cómo es tratada por su pareja, por  su entorno familiar; sus ansiedades, la  tensión o relajación corporal  durante la gestación, imprime, y genera un mundo  de sensaciones en ese feto (niño)… que resuena, palpita  “cabalga” y  vibra con y dentro de su madre. El rol del padre, en todo esto que decimos,  es más que central: en cómo mimamos a nuestras mujeres, en ser incondicionales al momento de acompañar a los médicos,  en la manera en cómo ayudamos a ordenar y contener las emociones y sentimientos que se desatan en el universo femenino en esa situación, está el complemento, está la alucinante maravilla de  la diferencia  de géneros.</p>
<p>Cuando escuchan  por ahí decir a un hombre “estamos embarazados”   eso es anular las necesarias diferencias complementarias. Somos distintos, vivimos esos procesos de maneras diferentes y eso, amigos, es lo interesante.  El asunto es que se  imprimen  sensaciones, estados que son un sin fin de huellas  grabadas en un psiquismo en formación, y  que son la base &#8211; las matrices más primarias-  de lo que después llamamos “el inconsciente” (o, por lo menos, de la imagen inconsciente, primaria, primitiva del propio cuerpo)  o sea: de lo que es el “sí mismo”, el “yo”, de la “autoconciencia”, de la idea de “ser” y reconocernos en el espejo.</p>
<p>Al nacer ya tenemos toda una serie de ¿vivencias?&#8230;- polémico- ; sí,  todo esto que escribo es mi experiencia. Aparte,  me apasiona el mundo infantil (que es en algún punto con el que se trabaja  con adultos  en el consultorio).  Los pacientes relatan su historia, cuentan lo que les dijeron que fueron los climas emocionales  mientras ellos se estaban gestando. Ven como sus padres  son con sus hijos;  deducen lo que pudieron llegar a ser sus infancias,  su propia prehistoria gestacional.</p>
<p>He acompañado unos veinticinco  embarazos en estos años de trabajo. Más mi propia experiencia. Estimulo mucho la maternidad y la paternidad. Soy de estar muy encima  para cuidar el clima emocional durante esos particulares nueve  meses de gestación. Pues allí, estoy convencido, suceden muchas cosas. Nada de lo que digo tiene fuerza científica, ni estadística. Pero poco me importa todo eso: tampoco me interesa si la psicología o el psicoanálisis resisten  lo epistemológico de la ciencia. Creo  que es un método efectivo y que, bien instrumentado, ayuda a resolver síntomas, angustias e inhibiciones que hacen invivible la vida, la única que  tenemos.  Y que  puede llegar a producir enormes transformaciones en mucha gente, en su manera de ver el mundo y a sí mismos.</p>
<p>Somos nuestra historia y nuestra prehistoria: J. L. Borges en su famoso  poema “La Nube”, dice: “…eres también, aquello que has perdido”… somos, también, ese período en donde estábamos envueltos en esas cálidas aguas amnióticas maternas;  somos la calma, la ansiedad, la violencia, la ternura…de nuestros padres en esas épocas. El mundo  actual nos quiere hacer pensar que esa prehistoria, y nuestra historia infantil…está perdida…o que no es tan central; que en  las problemáticas actuales que cada uno de ustedes tienen,  poco importan estas cosas.  Pues bien: tomemos la frase de Borges en ese sentido, somos eso que nos quieren hacer  perder de nuestra biografía.   Por último, les digo: tener miedos, ansiedad, discusiones de pareja;  todo eso ocurre, y es lógico y  humano y hasta necesario transitar por esos estados durante ese período. El asunto, y a donde apunta este escrito, es a que tengamos presente que si todo eso sube a volúmenes muy altos, imprime en ese “ser” huellas. Ser padres responsables es, también, tener presente  eso ya de entrada, y no sólo cuando ya el niño está en el mundo.</p>
<p><i>Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>Diciembre: balances</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2014 02:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Diciembre es un mes en donde confluyen  muchas cosas: el cansancio acumulado durante al año, las fiestas (siempre algo tensionantes), el cierre o finalización de muchas actividades, la planificación de las vacaciones, las reuniones. Es un mes en donde, en general, no tenemos demasiado tiempo para pensar. Sin embargo, casi naturalmente, todos hacemos algún tipo... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/19/diciembre-balances/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Diciembre es un mes en donde confluyen  muchas cosas: el cansancio acumulado durante al año, las fiestas (siempre algo tensionantes), el cierre o finalización de muchas actividades, la planificación de las vacaciones, las reuniones. Es un mes en donde, en general, no tenemos demasiado tiempo para pensar. Sin embargo, casi naturalmente, todos hacemos algún tipo de balance. La vida es ciclos, como el día y la noche: el tiempo es una convención cultural, pero  apropiarnos de él, planificarlo, es un arte necesario.</p>
<p><span id="more-231"></span></p>
<p>El asunto es que llegó el último mes del año y  todos miramos un poco hacia atrás,  lo que pudimos o no hacer en él, los cambios internos, las transformaciones y aprendizajes que hayamos logrado…nos meten, naturalmente, en un balance. ¿Pude sostener aquello que en marzo me propuse? ¿Logré  mantener mis pasiones o intereses? ¿Conseguí evolucionar en algo como persona? ¿Y,  en el  amor? ¿Y, en el mundo del trabajo? Es decir: ese fragmento de historia que queda detrás,  puede mostrar muchas cosas, podemos aprovecharlo para hacer  introspección y   -a partir de  un sano balance-  evaluar y aferrarnos a los logros o, si lo que vemos no nos conforma, cambiar el rumbo y modificar ciertas cosas, evolucionar.</p>
<p>Todos tenemos una suerte de idiota dentro, una especie de enemigo interno que nos quiere anestesiados, limitados, achatados,  en nuestros deseos  y pasiones. Ese idiota vive de lo mejor de nosotros y nos limita la vida,  en el amor, en nuestra capacidad de disfrutar de nuestras potencialidades; nos mete un cepo en el arte de gozar de la sexualidad, de los hijos…del trabajo: ser conscientes de esa tendencia interna negativa, no es ser paranoicos, es simplemente no dar ventaja, y tratar de vivir lo mejor que se pueda, lo más acorde a nuestro verdadero potencial.</p>
<p>En los últimos meses del año aumentan muchísimo las consultas. En esas charlas,  es muy común escuchar cosas de este estilo:   “otro año que se va…y yo sigo igual;  abandoné las cosas que había arrancado…sigo  mal con mi pareja;  no hice los cambios que me había propuesto”;  gente que mira para atrás y ve otro año de pantano, de falta de aprendizaje, de derrotas contra lo peor de sí mismo. Es que vivir, disfrutar de la vida, incluso entender y aceptar que la angustia es parte de ella, es todo un tema. Y aclaro esto último porque noto que últimamente  se ve como prohibido sufrir, es que el nuevo mandato es estar  “¡para arriba!”, siempre, y eso no suma, pues sentirnos mal, tener momentos de sana melancolía, de necesaria tristeza&#8230;es normal, y hasta puede ser  útil, puede ser combustible para ciertos cambios.</p>
<p>De todos modos, para mí, lo central de esos balances está en revisar  si hemos evolucionado en el territorio en cuanto a ser  mejores personas. Es fundamental, por ejemplo,  que nos preguntemos sobre  cómo es el trato que tenemos hacia los demás: ¿Cómo trato yo a  las personas,  en general? Considero que esa pregunta es central, pues nos mete de lleno en  nuestro narcisismo, en  nuestra historia más profunda. También es bueno preguntarnos si hemos tomado algún señalamiento de los seres queridos en relación a algún rasgo de nuestra personalidad. ¿Qué aprendizaje hemos hecho, en qué pudimos mejorar en relación a nosotros y a los otros? En el mundo actual, en donde se impone el híper consumo y  la exaltación de los goces narcisistas, el refugio, la defensa  frente a  toda la artillería de nuevos mandatos, está en las pasiones verdaderas y en los afectos. Es en el amor de pareja, en los amigos, en los hijos, etc,  en donde tenemos que crecer.  Allí  donde hay que poner el  foco en  los balances.</p>
<p>En el tema de las pasiones,  lo central es entender que, sin ellas, la vida se va vaciando: puede ser escribir, correr, nadar, hacer  teatro, cocina, carpintería&#8230;lo que sea, pero que implique un “hacer”. Leer, ver cine…son cosas centrales&#8230;pero no son un “hacer”. Son actividades en donde somos espectadores. El asunto es sostener  los goces en donde uno sea el protagonista: las verdaderas transformaciones parten de allí. Sostener las pasiones es complejo ¿qué paradoja, verdad? Tendría que surgir naturalmente el hecho de mantener algo que nos gusta: pero no, cuesta. Es el ser humano,  es siempre ese idiota interno que atenta  contra todo lo bueno de la vida, y nos aferra a lo displacentero y destructivo.</p>
<p>Por eso, luego de ese balance, y mientras vamos haciendo conscientes ciertas tendencias inconscientes que nos gobiernan…hay que ponerse a trabajar para que el próximo año sea mejor; para sostener…amar&#8230;y aprender a enfrentar las lógicas angustias de la vida, los miedos,  con más dignidad, sin que nos paralicen. De eso se trata: eso es lo que yo les deseo para un nuevo año que comienza, que tengan deseos y pasiones, y que los sostengan a capa y espada, si no, la vida, se va transformando en un “durar en la monotonía”…y eso, queridos, es naufragar. Pongamos las velas, demos  un rumbo  al barco, a navegar en esta aventura que es la vida.</p>
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		<title>La sexualidad después de los hijos</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2014 10:51:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil. Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/09/la-sexualidad-despues-de-los-hijos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil.</p>
<p dir="ltr">Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que alarmarse o sentirse en falta con uno, con la pareja: es algo que en mayor o menor medida, le ocurre a todo el mundo. La llegada de un hijo es un acontecimiento extraordinario, en el mejor de los casos ese niño viene desde hace meses ya en las fantasías de esos padres. Son momentos de mucha expectativa; de una espera que puede ser hermosa, pero también es tensionante y se acoplan montones de lógicos miedos; y ni hablar cuando la pareja es primeriza.  No tengan ninguna duda: tener un hijo es un acontecimiento traumático, nacer también. Es un hecho tan, pero tan extraordinario y delirante, que supera ampliamente nuestra capacidad de metabolizarlo, de simbolizarlo. Es un tsunami de estímulos visuales, emocionales, racionales&#8230; todo en horas. Pero ocurre que hay traumas positivos y otros negativos. Entiendan “lo traumático” como aquel acontecimiento o situación  que nos supera en la capacidad de procesarlos, no como sinónimo de algo negativo. Por ejemplo: la metamorfosis de la pubertad es un acontecimiento traumático, pero es parte de la evolución. Allí lo biológico, el cuerpo y sus transformaciones, van delante de la apropiación simbólica/emocional de ese suceso. Con un hijo es algo por el estilo, la escena (potente y desorganizante como lo es un parto) se presenta antes de que tengamos las herramientas para entenderla y digerirla… por eso “traumatiza” un poco. Nadie está preparado para esos partidos.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-227" alt="sexo e hijos" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg" width="300" height="168" /></a><span id="more-226"></span></p>
<p dir="ltr">Y bueno, ese niño fantaseado, deseado ya está en el mundo: se mueve, llora, demanda y uno no sabe bien qué hacer, o sí sabe, pero no se tiene la experiencia práctica. Tener un hijo, sobre todo para la mamá, es una tarea atlética. Sí, es físico el asunto: hasta lo afectivo pasa casi por una tarea muy asociada a lo corporal, a un esfuerzo de un cuerpo para vitalizar y cuidar a otro cuerpo y aquí. Las mujeres gastan enormes cantidades de energía para sostener en todos los aspectos a su cachorro. Los hombres, por más colaboradores que seamos, nos tenemos que ir a laburar, nos dan solo algunos días de licencia; pero igualmente, si pudiésemos  estar las veinticuatro horas con nuestra mujer e hijo, ese niño, al menos en los primeros tiempos, “se pega”, “se suelda”, más a la figura materna, pues es la que  puede ir interpretando mejor las demandas, las necesidades de ese niño que lucha por sobrevivir.</p>
<p dir="ltr">Entonces: la ternura,  el amor, el agotamiento físico que implica ocuparse responsablemente de los niños copan la parada. Es así. Y en un principio, tiene que ser así. Por otro lado, la casa se va llenando de  Mickey, de Poco- yo  y de ositos de todos los calibres. También de “memas”, “pañales” y de una infinidad de insondables objetos asociados a los cuidados del nuevo integrante. Digo: la ternura entra en la casa a lo loco y eso puede opacar un poco el erotismo ¡y ni hablar del olfato que tienen los bebés para despertar justo cuando los padres arrancan con el asunto! Dar de comer, bañarlos, cambiarlos, ocuparse de que no falten las cosas básicas cotidianas, pasar tiempo con ellos, jugar, cantarles… Todo este movimiento que apunta a nutrir de amor y cuidados  al cachorro es a fuerza de libido y allí es donde –naturalmente-  la pasión, la libido libre que uno podría destinar a la sexualidad, termina siendo poca. Y sumemos el tema del sueño, que siempre se trastorna un poco… Es decir: dentro de lo apasionante y hermoso que es ser padres y por más que todo esto que decimos es parte del juego, sería imposible que la sexualidad de la pareja no sufra alguna modificación. Por supuesto que hay parejas que tiene problemas con esto desde siempre y que un hijo, en todo caso, sólo acentúa algo previo; no estoy hablando aquí de ello. Solo estoy describiendo el escenario que suele presentarse en parejas en donde eso caminaba más o menos sin mayores problemas antes de los hijos.</p>
<p dir="ltr">Lo primero que como profesional uno recomienda es que se naturalice un poco todo esto. Porque si no, todo esto deriva en parejas sobrepreocupadas y atormentadas, que se sienten en falta: “ no atiendo más a mi mujer o a mi hombre”. Mal camino. Reconocer que esto es un poco así siempre, es empezar a aliviarse y comenzar a buscar una forma para apostar a la reconexión amorosa. Sostener el amor, en todas sus áreas, es un arte;  y si hablamos de arte tenemos que pensar en la creatividad. La tendencia es a  volvernos un poco sonámbulos, el agotamiento de los primeros tiempos nos seca un poco la cabeza, por eso es central –ya una vez que ese niño se va adaptando al mundo y a la vida familiar- empezar a hacer algunas cosas, aunque sea de manera medio forzada. Sí, forzada. El cansancio, ciertas rutinas en las que nos introducen los bebes (necesarias para la vida cotidiana de ese niño) nos aplastan un poco. Es ahí donde tenemos que salir a la calle, tratando que esas salidas sean de la pareja primaria, sin familiares o amigos. Escapadas a lugares verdes, caminatas por el barrio con el cochecito, mirar a nuestro hombre o mujer en otros contextos o paisajes que no sean la casa o departamento. Arreglarse para el otro, aunque sea para salir a caminar 10 minutos. No perder eso de ponerse “lindo” para el ser amado. Tener esa charla a la noche, a solas, en la cena: charlas sobre la nueva vida, sobre la experiencia que se está transitando,  de cómo va llevando cada uno el “ser padres”. Yo recomiendo no ver TV, o ver poca. Un hijo precisa atención permanente, cuando la pareja está a solas y el bebe duerme, hay que conectarse con el otro y no con la TV. Son pocos los momentos en donde se puede estar a solas y sin estar haciendo cosas para la criatura. Esas charlas tienen que estar, allí también se puede empezar a hablar del tema de la sexualidad: hablar de ella es empezar a activar el asunto.</p>
<p dir="ltr">Muchas veces es sólo cambiar un poco de ambiente, salir del mundo de Mickey, digamos. Recuerdo una pareja: habíamos pensado que ellos,  como trabajaban a cuadras uno del otro, podían encontrarse al mediodía, en sus horas de almuerzo, en un hotel. Luego de ir pensando en ello, le encontraron la vuelta para hacerlo cada 15 días. En la casa no se podían conectar, no había manera. Ambos tenían prejuicio con el hecho de “ir forzados al hotel a hacerlo”, yo les decía que sí, que quizá era un poco así, pero que dependía de ellos el poder apropiarse de esa escena y terminar conectando y disfrutando. La primera experiencia de hotel no pudieron soltarse, de hecho, en un intento de aflojarse empezaron a tomar (no eran de tomar) y medio se mamaron ¡un lunes a la una de la tarde! Recuerdo que vinieron al consultorio y me dijeron: “Ganó Pluto Doc, no hicimos nada, nos re mamamos, no pudimos volver al laburo, somos dos losers”. Lo de Pluto me lo decían porque que se había instalado como joda con ellos de que “Mickey y Pluto les estaban cagando la vida, eran los responsables de la no sexualidad”. El asunto es que a la segunda y tercera vez, ya arrancaron conectarse.</p>
<p dir="ltr">Otra consultante, que venía de una vida sexual muy intensa antes del hijo, me relataba lo mal que estaba con ese tema su matrimonio. No había manera: habían tenido gemelos, no tenían fuerza “ni para darse un beso”, me decía. Algunas veces intentaban y no podían, se quedaban dormidos literalmente. Bueno, a ella –en sesión- se le ocurrió proponerle al marido sentarse a ver cine condicionado. Venía y me decía: “es patético lo que estamos intentando Gervasio ¡aparte justo enganché una porno rusa que la mina tenía una cicatriz enorme de una cesárea, me impresioné y empezó a dolerme la mía. Cero erotismo!” (era una tipa muy graciosa en su modo de relatar). El asunto es que no aceptaban su cansancio natural, su agotamiento, querían que la pasión surja de la nada y no: muchas veces hay que estimular, obligarse un poco a hacer algunos movimientos inclusive, con pocas ganas. Es como en las depresiones, donde es común que los depresivos, naturalmente, no tengan ganas de hacer nada; nada los enciende. Pero bueno, hay que obligarse a hacer algunos movimientos, sino la depresión, no se va.  Es decir, reactivar la pasión, es un desafío que a veces puede resultar medio un trabajo, pero es la actitud. Son los pequeños movimientos los que van haciendo que “los cepos” se vayan soltando.</p>
<p dir="ltr">Ser padres es entrar en otro mundo, uno en donde las responsabilidades como padres están por sobre nuestro narcisismo y, muchas veces, por sobre nuestros disfrutes, pero no tiene uno por qué eternizarse en eso, son cosas lógicas y que se pueden dar vuelta sin problema. Agreguemos a esto que el hombre, cuando ve a su mujer tan en madre, literalmente se le materniza un poco en su inconsciente  y eso le apaga en cierta medida algo de su deseo. Y a la mujer se le apaga porque es tanto, pero tanto, lo que pone en ese bebe, que queda con el tanque vacío. Queridos lectores: es tan increíble lo que hace una madre, tan sorprendente su trabajo, esa pasión, ese “hacer por el otro” &#8230; es estar todo el día o lo que dure esa licencia de trabajo con un bebe haciendo y haciendo: atletismo puro.</p>
<p dir="ltr">Es tanto, pero tanto lo que nos dan los hijos, que todo esto que digo tiene que ver con “los problemas del progreso”, son sólo algunos costos que tiene el deseo: la gente tiene hijos por deseo (yo creo que casi  todos los niños, en algún punto, vienen desde el deseo) pero los deseos, y su realización, no son algo ideal. Nada es ideal, ni el amor, ni los hijos, ni el trabajo que tengo que es resultado de mi vocación, nada: todo tiene su complejidad, la vida humana es con complejidad y contradicciones, siempre. Pero eso es casualmente lo lindo de la vida: continuar y reinventarse pese a eso. Todo es parte de un proceso pero es recomendable que no descuidemos la sexualidad por mucho tiempo o que la pareja pase periodos muy prolongados sin relaciones sexuales porque eso deteriora un poco la vida amorosa. Tomemos el desafío de encontrarle la vuelta, no dejemos que  Mickey o Pluto o Poco-yo (como diría nuestra simpática pareja) ganen la batalla. Y recomiendo tener hijos, de la manera que sea. Yo estimulo eso, cuando sospecho un deseo oculto detrás de algunas resistencias, lo estimulo en los consultantes ¿por que no? Armar una familia, dure el tiempo que dure, intentar cambiar cosas de uno&#8230; por los otros; ponerse desafíos colectivos, disfrutar la vida y las cosas que ocurren en el mundo con otros, y con esos ñatos quilomberos que corren por la casa, es una gran cosa, compañeros, una gran cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Qué es ser una mujer?</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Oct 2014 15:09:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué es ser una mujer? o ¿qué es el &#8220;ser mujer&#8221;? Quizá, este recorte de lo que cierta vez me dijo una consultante, nos ayude a entender y responder estas preguntas: “Mis padres no me dejaban salir casi nada, eran muy castradores, eso hizo que no pueda tener muchas amigas, ni conocer chicos, o tener... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/10/18/que-es-ser-una-mujer/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es ser una mujer? o ¿qué es el &#8220;ser mujer&#8221;? Quizá, este recorte de lo que cierta vez me dijo una consultante, nos ayude a entender y responder estas preguntas:</p>
<p><i>“Mis padres no me dejaban salir casi nada, eran muy castradores, eso hizo que no pueda tener muchas amigas, ni conocer chicos, o tener casi vida social por fuera de la familiar. Durante toda mi niñez y adolescencia las salidas eran ir al colegio y hacer las compras por las tardes y alguna salida a cumpleaños y, una vez por año, alguna matiné. Recuerdo que me pintaba, me súper arreglaba porque, camino al almacén, estaba el chico que me gustaba. Mi fantasía era ser vista por él, resultarle linda, que me diga algo y que -finalmente- me bese y tome en sus brazos. Pero no, volvía y me sentía sola, sin haberlo visto, frustrada; me sacaba el maquillaje medio triste. Siempre me acuerdo de esas escenas, y me deprimo, me doy lástima. Pero bueno,  hoy tengo un hombre que me mira con amor y ternura y que, cuando me abraza o besa, me hace sentir única, linda, protegida. ¿Entiende lo que le digo, Gervasio?”.</i></p>
<p>Las frases hechas, de grandes pensadores o psicoanalistas, también hacen su aporte; pero son los relatos de cada mujer  -una mujer es todas las mujeres- (cada hombre es todos los  hombres decía J. L. Borges) las que me interesan. ¿Qué desea una mujer? Muchas cosas, al igual que los hombres. Desarrollarse, tener proyectos, estudiar, trabajar; ser buenas y evolucionar en lo que hacen. Las pasiones, los deseos.  Pero ser amadas, y tener hijos (algo antropológico, ancestral…empuje biológico de la especie…) esa es la gran búsqueda inconsciente/consciente del alma femenina. De gran parte de las mujeres.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-161" alt="frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716.jpg" width="850" height="400" /></a><span id="more-160"></span></p>
<p>Está chica, que estuvo cuatro años en tratamiento conmigo, tenía enormes dificultades para relacionarse con los hombres. Por temores, por falta de modelos, por toda una serie de cuestiones históricas. Ella siempre me decía <i>“por qué  soy tan retorcida con el tema hombres”.</i> De hecho, se había instalado la cómica situación de que su diagnóstico era “trastorno retorcido”. Imagínense: un trastorno -en psicología-  es hablar de algo confuso, si a eso le agregamos “retorcido”&#8230;y bueno, ¡es intentar leer un papiro escrito en arameo! Por otro lado, profesionalmente, era una chica muy desarrollada y exitosa; una gran intuitiva en relación al cómo moverse en el mundo del trabajo que era, también, su vocación.</p>
<p>Obviamente, para poder ser receptora de un amor real, Andrea  &#8211; llamémosla así-  había tenido que trabajar mucho con sus falsos ideales en relación al amor y con su tendencia a pasarle la minipimer a decenas de  buenos muchachos. Pero, finalmente,  fue capaz de dejarse amar y construir un amor posible, y bastante bueno por cierto. Un día se apareció con el novio, sin avisar. Alegremente, ni bien entró dijo: <i>“lo traigo para que me lo evalúe un poquito”</i>. Era brava, con mucho sentido del humor (elemento central,  indicador de que hay chances de mejorar)  había podido lograr reírse un poco de su historia que, por cierto, era realmente muy complicada. Dentro de poco voy a sacar su caso, ella me ha autorizado formalmente a que pueda contar su experiencia terapéutica<i>: “cómo no, licenciado, para que otras mujeres puedan  acceder al amor”, </i>me dijo. Miren: si les digo que era un personaje, es poco.</p>
<p>Por una serie de hechos, las mujeres consultan más. El asunto es que  uno escucha diariamente mucho sobre su idiosincrasia. La situación de una consulta se presta para que el fantasear y la forma de respirar el mundo que tienen las mujeres, se abra de manera más fluida.  Lo que observo es que el tema de ser amadas y protegidas, y el asunto de los hijos…finalmente…se termina abriendo como “el tema” central, y esto es hasta  en las almas mas feministas.  No es esto algo que yo pienso, una opinión mía digamos: es el resultado de lo que observo en mis consultantes por sobre todo y, también en la vida; por los lugares por donde circulo. En la intimidad, hasta las más feministas, buscan eso; su realización está muy asociada a este planteo.</p>
<p>Recibo y he recibido  decenas mujeres talentosísimas en lo que hacen: artistas, periodistas, empresarias…pero, en general, si la realización que menciono no está…el vacio aparece y aprieta fuerte la subjetividad femenina. Ahora bien,  por supuesto que esto se complica mucho  en la histeria: allí lo que no hay es entrega o deseo a  “un hombre”. El disfrute histérico es generar deseo, pero están medio impedidas de realizarlo, de desear ellas; o sí buscan ser amadas, pero por “todos los hombres” “por el mundo todo”… pero no por uno, entonces es ninguno.  Están completas, y ama el que está en falta: amamos por que nos faltan cosas y porque  -al parecer-  es mejor compartir esta experiencia de  vivir…con otros. Por eso, también, la gente muy narcisista no puede acceder a un amor real, pues a ellos  “nada les falta”, están completos.</p>
<p>Pero lo central es  que  los hombres, entramos en la grieta (me está saliendo una metáfora casi erótica), nos metemos en lo que falta, eso nos convoca: proteger, mimar, dar amor y protección. Vale decir: por más moderno que sea el discurso hoy, en el fondo, la cosa es más simple. El disfrute del hombre está más en el dar (amor, protección, seguridad económica, por qué no) y, en la mujer, en recibir todo eso; se siente segura y amada desde esos lugares. Hay muchas otras búsquedas y “cosas que convocan” atracción y deseo de una mujer hacia un hombre, pero hablo de las básicas.  Allí donde hay una mujer con capacidad de amar, la cosa va por ese lugar. Y esto es independiente de que la mujer logre todo eso por sus propios medios: en el hombre, busca eso. De hecho, en las mesas de mujeres se habla de esto en relación a “otras mujeres”, o con relación a los “los hombres”.</p>
<p>Toda mujer busca el secreto de lo que “es su esencia” en otras mujeres.</p>
<p>¿Cómo son? La  mujer indaga el secreto de lo que “es ser una mujer”…en otras mujeres ¿Cómo es esa mujer? ¿Qué tiene al lado? ¿Cómo accedió a tal o cual cosa? Por eso, por ahí dicen, que <i>“El problema de la mujer no son los hombres, sino, la otra mujer”</i>&#8230;es una frase medio trillada sí,  pero algo de eso hay.Freud murió diciendo: “La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de todos mis años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?”… ¿Interesante  lo del viejo Freud no? Los hombres tenemos menos misterio, nos construimos con ecuaciones más simples, para bien y para mal. Pero es central volver a estos planteos. Las posmodernidad nos hizo creer que a las mujeres ya todo esto que digo en el texto, no les interesa; que buscan realizarse a sí mismas  y que ya estamos “de vuelta” de estas cosas. Pero, queridos, en la intimidad de su alma&#8230;los anhelos…de ellas…de los seres humanos, son siempre los mismos… los primarios: amar, ser amados y “ser” y “tener” algunas pocas cosas.</p>
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		<title>El secreto para ser buenos padres.</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jul 2014 01:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ocuparse de uno, es la mejor manera de ocuparse de los hijos.  Es permanente, uno ve y escucha por todos lados a padres y madres que exigen que sus hijos logren, que sus hijos tengan, que sus hijos disfruten…de lo que ellos mismos no pueden o no han podido lograr, tener o disfrutar.  Esa búsqueda... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/07/25/el-secreto-para-ser-buenos-padres/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="color: #000000">Ocuparse de uno, es la mejor manera de ocuparse de los hijos. </span></em></p>
<p style="text-align: left"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/familias-20120529094409.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-54" alt="familias-20120529094409" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/familias-20120529094409.jpg" width="667" height="249" /></a>Es permanente, uno ve y escucha por todos lados a padres y madres que exigen que sus hijos logren, que sus hijos tengan, que sus hijos disfruten…de lo que ellos mismos no pueden o no han podido lograr, tener o disfrutar.  Esa búsqueda desmedida de realizarse en los hijos, ese “hace vos lo que yo no puedo o pude hacer”  genera daño, es así.  El chico o adolescente capta (percibe desde su inconsciente /consciente) que esos padres dicen y exigen desde un lugar raro…confuso, lo notan, se dan cuenta.</p>
<p>Que haga deporte, que ame; que estudie y sea exitoso, que sea músico&#8230;  ¡que disfrute de la vida! Que sostenga sus pasiones; nada de eso tiene llegada a un hijo si sus padres no transitan la vida desde ese lugar que indican transitar ¡pero nada, eh!  En cambio, si el niño respira desde chico que sus padres ríen, que tienen y sostienen sus pasiones, que son curiosos, que están vivos y que disfrutan medianamente de la vida,  eso es lo válido, ¡eso es lo que llega!  Eso es lo va a influir en  el niño cuando  sea adulto. Porque tiene modelos y ejemplos de que la cosa pasa por ahí.<span id="more-47"></span></p>
<p>Lo que llega es  la coherencia entre lo que digo y lo que hago. Uno ve  a decenas de adultos por ahí, por la vida, en el consultorio… sin pasiones, sin algo que los encienda; sin  mucho entusiasmo por nada, y cuando empieza el proceso de exploración, siempre llegamos al mismo punto “mis padres eran así: a mí me exigieron a hacer de todo, pero ellos están y estuvieron siempre apagados, sin muchos proyectos, sin mucha vitalidad o en toda caso su proyecto soy o fui siempre yo”. A veces a los hijos les cuesta mucho autorizarse a ser felices si sus padres no lo han sido, les genera culpa. Ayer un paciente me decía: “el sentido de la vida de mis padres siempre fuimos nosotros, yo y mi hermana, sin nosotros…no hay ellos, no son nada”. ¿Vaya peso no?</p>
<p>Por eso digo que ocuparse de uno, es la mejor manera de ocuparse de los hijos. Vivir, tratar de dar lugar a nuestras pasiones, salir con amigos y disfrutar de la amistad, del deporte, de tocar la guitarra, de la naturaleza; leer, ver cine, seguir jugando al tenis o al fútbol o al ajedrez; disfrutar de un oficio…de ir a pescar a Chascomus: es decir, lo que sea. Pues un chico se desarrolla y va hacia las pasiones y disfruta de la vida si lo ve, si  respira eso. El ser humano “imita”, somos -en primera instancia-   pura imitación. Si a un bebe de ocho meses lo saludamos  con la mano, el bebe hace lo mismo con la suya, imita el movimiento, pero no sabe o entiende el concepto de “saludar”, imita. Con las pasiones y con las ganas de vivir, la cosa es igual.</p>
<p>A padres vitales, hijos vitales y con intereses y curiosidad y con capacidad de trabajo. Los niños construyen su ser, su personalidad o su carácter (o todo eso junto), tomando “ejemplos de sus otros primarios”, y luego secundarios, de sus modelos.  A mí por ejemplo, entre otras cosas, me gusta escribir. Bueno: yo toda mi infancia vi sentado a mi abuelo y a mi padre y a mi madre  escribiendo, esa escena era algo medio mística para mí, los veía ahí, en silencio, sentados sobre su máquina de escribir, concentrados… bueno: jamás me dijeron que escriba o que lea, pero sí los veía a todos ellos hacer eso. Hoy, naturalmente lo hago, y lo disfruto: “yo soy ellos”. La cosa va por ahí. No exijan a sus hijos nada (sí las cosas fundamentales y relacionadas con los límites), digo: que usen cubiertos para comer, que usen el inodoro en vez del living, que vayan al colegio etc. etc.); pero no les pidan mucho, sólo hagan ustedes por ustedes, de esa manera les estarán dando el  mayor capital para disfrutar de este asunto de estar vivos. No piensen tanto en ellos, piensen más en ustedes  ¿suena  a una exaltación del narcisismo de los padres  no? Por supuesto que hay que ocuparse,  estar atentos e  incentivar  si vemos que en el niño surgen intereses, y hasta podemos proponer y estimular, pero lo que llega, lo que va a servir, es lo que ellos vean. Y eso tiene que “ser” y no “parecer”.</p>
<p>También pueden vernos mal ¿Por qué no? en la vida pasan cosas, podemos pasar malos momentos: económicos, de pareja, cosas dolorosas…la vida. Pero el asunto es que ellos perciban  la actitud de reponernos, de resolver los conflictos, de ponernos bien. Esa es la mejor escuela. Por supuesto que con los niños tenemos que usar ciertos filtros: sobreinformarlos de  los  problemas de la vida adulta, no suma, pues mucho no comprenden ni les haría bien tampoco. Ocupémonos de nosotros, por supuesto que las responsabilidades con los hijos están por sobre nuestro narcisismo. Pero podemos conciliar lo nuestro y lo de ellos.</p>
<p>Los hijos son soberanos, tenemos que tener  -hasta cierta edad- autoridad sobre esa soberanía, no hay que temer tener autoridad: pero luego, compatriotas&#8230;los hijos son del mundo…que emprendan  su viaje tranquilos, con libertad,  pues sus padres… hacen la suya… y la pasan bien -también- sin ellos.</p>
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