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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; hombre</title>
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		<title>¿Cuál es el drama masculino por excelencia?</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:10:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/06/cual-es-el-drama-masculino-por-excelencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis se explicita cómo resolver, fusionar, unir, lo tierno -amoroso- con lo erótico (sexualidad, pasión), en una misma mujer.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-336" alt="hombre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg" width="178" height="210" /></a><span id="more-335"></span></p>
<p>No digo que este drama (hablo de drama porque es así como se vive internamente) sea exclusivamente patrimonio del género masculino; muchas mujeres también viven su vida de pareja así; pero tengo que hablar de lo que observo; en el universo femenino esta disociación entre lo erótico y lo amoroso se presenta de manera más suave, o puede no presentarse, no producir síntomas o grandes líos digamos. La modalidad de cómo las damas viven su sexualidad, sus tiempos; la tendencia biológica y antropológica a la maternidad, a armar un hogar para los cachorros; el empuje a unir, hace que este asunto no constituya la regla en el cosmos femenino.</p>
<p>Ahora bien: ¿por qué ocurre esto? En el varón, el famoso Complejo de Edipo, es una tendencia inconsciente muy profunda. Cuando el hombre va hacia el amor, y cuando va pasando ya el período de enamoramiento, y empiezan a consolidarse proyectos – ya sea convivir, empezar a armar una familia, etc. – muchas veces la madre interna se empieza a… ¿soldar con la mujer elegida?…va por ahí. Esto puede intensificarse más aún cuando pasa a ser madre de nuestro cachorro. Allí, el varón, recuerda a esa madre constructora del hogar, dadora de amor, de cuidados, de alimentos, de ternura. Y bueno, allí la sexualidad, el deseo, puede empezar a trabarse. Esa “mujer-madre”, ahora asociada a esa figura casi antropológica de “la madre”…puede perder el brillo erótico para un varón. Y acurre que es allí en donde aparecen todos los mecanismos defensivos de fuga, falta de afecto, dejadez, poca paciencia, presencias ausentes, de las cuales muchas mujeres se quejan.</p>
<p>De todas maneras no digo que esto sea algo irreversible, ni mucho menos: simplemente describo lo que se presenta una y otra vez como motivo de consulta en mujeres y hombres, es decir: desde los lados de este problema que planteo.</p>
<p>Dar vuelta esta situación, ganar esta batalla -que en realidad se juega en las sombras de territorios pasionales, inconscientes- es, acaso, “el desafío” que la realidad impone al varón a resolver. Y la experiencia dice que con trabajo y cierta toma de conciencia, el asunto tiene solución, pero es central el rol de la mujer allí. Los hombres con capacidad de amar saben tomar los reclamos de sus mujeres, resisten un poco al principio, pero todo queda, y produce efectos. Es central que la mujer empuje y se autorice a sí misma a marcar lo que ve, con buenas formas -cosa central- y no a “todo volumen” (como suele ocurrir) para llevar a que su hombre identifique que está ausente, replegado sobre sí mismo o poco atento.</p>
<p>Considero que al amor (el amor entendido como proyecto común entre dos personas) en realidad, lo sostienen más las mujeres: a ellas se le suelen encender primero las alarmas cuando algo anda mal y el vínculo se está empantanando. Por eso la importancia de que hablen, digan, marquen, pues, queridas: los hombres nos hacemos en la esquina sí, y con el modelo paterno que a cada quien le toque; pero mucho más es lo que crecemos y maduramos gracias a las mujeres que pasan por nuestra vida y nos van haciendo señalamientos, desde el amor, desde la entrega, o desde vínculos pasajeros también.</p>
<p>Porque en este género, en esta cuestión de armarnos a nosotros mismos (y la presión cultural que hay en relación a esto), muchas veces, hace que se nos escapen ciertos detalles. El tema de ir para delante, de desplegar potencias, de ser valientes, de producir, conducir y sostener el timón del barco…es una presión y una tendencia muy fuerte para nosotros, desde el origen de los tiempos es así el asunto.</p>
<p>Tenemos que ir para el frente: laburar, defender, proveer, y las mujeres se fijan en el desarrollo de esas potencias, cosa que está perfecto; pero también tienen que comprender que es una presión que está allí como telón de fondo en todo hombre, lo diga o no. Porque la mujer, una vez que arma su feminidad, eso queda: se logra construir “el ser mujer” y ya mujer se es siempre, eso perdura. En cambio, la masculinidad está siempre bajo amenaza: se puede perder digamos, por eso siempre fantaseamos con ser héroes, y ser “un maricon” o un “pecho frío”, o tibio o lo que sea…en esas cosas se juega mucho para nosotros y la sociedad condena esas actitudes. En la pérdida de un trabajo se puede jugar todo lo que somos, no es así en la mujer: en la mujer, casi en nada “va la vida” (sólo en la cuestiones de maternidad), en los varones, en casi todo. Es así de dramático el asunto. En una discusión de tránsito, o en cualquier tipo de debate o conflicto con otros hombres, en cualquier situación cotidiana de lo que sea, podemos –eventualmente- poner en juego nada más y nada menos que…todo. Es lo mejor y peor que tenemos, queridas. Lo que nos da fuerza y, a su vez, lo que nos puede paralizar y deprimir profundamente.</p>
<p>No estoy diciendo “vivimos sufriendo”, para nada: digo que todo esto se juega en nuestro inconsciente y orienta gran parte de nuestras conductas y produce efectos, visibles e invisibles: conocer esa esencia es, casualmente, poder gobernar muestra vida y poder llevar una vida feliz, dentro de lo que el mundo y los quilombos lógicos de la vida, permiten.</p>
<p>Entonces: los grandes temas del hombre, podemos sintetizar, son el despliegue de su potencia por un lado y, por otro, poder lograr, en una misma mujer, la pasión sexual y lo amoroso o tierno, agrego una tercera (muy cercana a lo que estoy planteando), bancarse una mujer con capacidad de amar, poder sostener y gozar de una mujer deseante, amadora: pero lo desarrollaré en otro escrito eso. La masculinidad, de manera implícita o explícita, siempre se tiene que seguir afirmando, así parece, y ahí sí me animo a decir que esto es un tema de género. Y eso es también lo lindo de ser hombre, no es algo ridículo o tonto: desde los primeros hombres esto es así: el hombre primitivo salía a cazar y traía sus presas y se las presentaba orgulloso a la tribu, a su mujer o hijos. Vivimos, de diferentes maneras, haciendo el Haka.</p>
<p>Esa tenacidad, esa sana ambición, esa capacidad de mantenernos fríos para algunas cosas, es lo que buscan la mayoría de las mujeres, lo digan, no lo digan o lo nieguen, buscan esa firmeza y contundencia del varón. Pero también luchan contra esa cosa disociada, que muchas veces se presenta de maneras muy rabiosas. Y así las cosas y, por favor, dejemos de querer desdibujar las productivas y hermosas diferencias entre los géneros; no dejemos que la posmodernidad siga triturándolo todo, porque es eso: para la posmodernidad es todo lo mismo, todo es relativo y todo es combate entre géneros vieron, un plomo che, salgamos de ahí, eso no produce nada, solo dogmas y peleas estériles ¿lo más interesante de la vida? La diferencia. Viva la diferencia, entonces. Igual, la próxima, voy a escribir sobre “el drama femenino”…</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>El hombre en la pareja</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 14:03:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[“No me escucha Gervasio, nunca me escucha” “No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente” “Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí” “Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende” “Gran persona, pero le falta agresividad, dominio” “No es conmigo como es con nuestros... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/03/el-hombre-en-la-pareja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“No me escucha Gervasio, nunca me escucha”</p>
<p>“No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente”</p>
<p>“Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí”</p>
<p>“Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende”</p>
<p>“Gran persona, pero le falta agresividad, dominio”</p>
<p>“No es conmigo como es con nuestros hijos”</p>
<p>“No me cuenta nada de su vida cotidiana, y a los bobos de los amigos, no me los banco más te juro”</p>
<p>Los sufrimientos derivados del amor de pareja  son el puesto número Nº 1 en la práctica cotidiana de un psicólogo. Infidelidad, destrato, autismo vincular, sexualidad, odio, competencia, posesión&#8230; es que los seres humanos poseemos grandes cantidades de egoísmo, de posesividad, de celos y de un  sin número de sentimientos y emociones que, desde ciertos ideales, tendrían que estar excluidos de la escena amorosa.</p>
<p>El amor de pareja, queridos lectores, es un escándalo para todo el mundo. A los seres humanos nos cuesta adaptarnos y funcionar acorde a la necesidad del otro, en general nos movemos por intereses narcisistas. El amor es una suerte de espejismo: si uno va caminando por el desierto, con toda una serie de necesidades vitales insatisfechas, desde esa desesperación, va a tender a ver un oasis, repleto de agua, comida y demás cosas para aliviar esas necesidades.  Para nuestro caminante desesperado, ese lugar que ve a lo lejos, es la fuente perfecta, completa… que lo tiene todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-176" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg" width="301" height="167" /><span id="more-175"></span></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bueno,  la ilusión, el relato inconsciente que se pone en juego en el amor, es ese: el otro nos va a completar y hasta, quizá, por un momento, nos transforme en inmortales. No olvidemos que el amor (la matriz, el esquema primario de lo que es el amor) nace de un acto de desesperación de un niño que, al salir al mundo desde el cuerpo materno,  movilizado por una profunda necesidad de sobrevivir, se aferra a esos adultos que pueden decodificar lo que le pasa y lo cuidan, lo alimentan, le dan ternura: somos y seguimos en el camino gracias a eso. Esa experiencia que todos transitamos, nos marca, y yo creo que en algún punto muy primario, por más bien que estemos, vamos al amor para sobrevivir, por desesperación, pues ese otro (la madre por sobre todo) nos salvó realmente del fin, en el origen  el asunto fue así.</p>
<p>¿Pero usted es un apocalíptico, licenciado? No, casualmente: creo profundamente que el amor existe. Pero me gusta trabajar  para que la gente <i>construya amores reales y no ideales</i>. Es que la vida es el arte de lo posible: el amor  –el hecho de llegar a construir un amor medianamente sano-  está directamente relacionado a poder ir debilitando todos esos componentes que mencionábamos, que son destructivos y que los seres humanos tenemos dentro. Allí, en ese arte de transformar la destrucción en ternura y erotismo, está el desafío de la vida. En amar “pese a eso” (a esos rasgos humanos constitutivos, antropológicos) está la libertad para poder lograr un amor posible, real.</p>
<p>Pero insisto: es central que tengamos presente las características destructivas de nuestra especie, pues si no, es empezar un viaje desde una profunda y letal ingenuidad.</p>
<p>El amor muta, se va metamorfoseando a lo largo del tiempo en una pareja, se transforma. La pasión, el enamoramiento, pueden sostenerse por supuesto, pero va sufriendo ciertas modificaciones que tiene que ver con decenas de factores: los hijos, los proyectos, la edad. El amor es un movimiento pendular constante entre dos personas diferentes,  atravesados por estados de ánimo cambiantes y ambivalentes, entre sujetos con historias disímiles y, cosa central,  entre dos géneros con características más opuestas aún.</p>
<p>Sigmund Freud decía que <i>“el amor nacía de un cálculo de conveniencia”</i>. Cien años después, Gustavo Cerati, retrucaba<i>: “creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”.</i> Dos hombres, dos mundos diferentes, dos visiones realistas sobre el fenómeno del amor.</p>
<p>En la vida amorosa hay, por lo menos, seis participantes: los dos protagonistas, y sus padres. Es sorprendente lo que cuesta desprenderse de esos modelos primarios y poder <i>“crear”</i> algo nuevo. Es lógico: durante la primera infancia los padres son el centro del universo, imprimen en nuestra cabeza un sin fin de emociones, de formas de trato: son los modelos de donde se parte y desde donde, muchas veces, no podemos salir. En síntesis: el amor cuesta por todo esto que vengo mencionando hasta aquí.</p>
<p>Ahora bien: la experiencia de mi práctica profesional cotidiana me indica que los hombres maduramos mucho más tarde que las mujeres,  y que tenemos mucha más dificultad  para entender que el amor  implica cierto grado de renuncia narcisista. Una mujer, a los veinte años –hablo en general-  ya está preparada para el mundo del amor. A los hombres nos cuesta más: a esa misma edad los varones solemos tener la cabeza en todos y en ningún lado. Considero que el universo  del amor, el de entender que hacen falta ciertas renuncias (+); el hecho de compartir tiempo, el armar ciertos goces compartidos, es una tarea que tracciona más desde las interioridades femeninas. Son ellas las que trabajan y marcan con más frecuencia la importancia de ser escuchadas, de ir armando proyectos. No es que eso no esté en nosotros: es sólo que esas actitudes, en el varón, van surgiendo más retrasadas.</p>
<p>En algún punto creo que las damas, en el amor de pareja, terminan cumpliendo una terea. ¿Cómo decirlo? ¿Educativa? Educan, enseñan a amar y ser amados (como lo hace una mamá con su bebé). Bueno, creo que sí. He trabajado mucho con parejas, tiendo a pensar  que es el género femenino el que va delatando los pantanos en los que se suele entrar en las relaciones de pareja. Muchas veces  las mujeres empujan esto que digo desde una emotividad muy desmedida (la mujer funciona desde allí, mientras que los hombres tendemos más a lo intelectual, a la razón como método de resolución de conflictos)  pero -cómo sea-  considero que los hombres vamos haciendo ciertos saltos madurativos gracias a la tracción pasional femenina.</p>
<p>También es cierto que  la capacidad práctica que naturalmente tenemos los hombres para la resolución de conflictos, alivia tremendamente al alma femenina, y la pueden sacar de la locura más imparable en medio segundo. Una mujer, librada a navegar por el océano infinito de su emotividad, termina padeciendo mucho, o finaliza en una locura cotidiana muy displacentera.</p>
<p>Entonces: la media naranja, la fantasía de que existe “el ensamble perfecto”, en el territorio del amor es  -paradójicamente-  el causante de las más grandes frustraciones.</p>
<p>Escuchemos más las intuiciones femeninas, seamos más permeables a ciertas críticas. Los hombres, en nuestra antropológica necesidad de realizarnos y de lograr ciertas potencias, olvidamos algunos matices del mundo afectivo, simplemente se nos pasan. Los varones siempre, en nuestras fantasías inconscientes, tenemos una sombra amenazante que nos está apuntando con un 38 corto en la nuca y que nos dice: “tenes que ir para adelante hermano, siempre”. Eso nos erosiona, nos estresa mucho;  pero es lo que  -también-  nos empuja a la vida y a ser alguien en esta experiencia que es existir. La búsqueda  de dinero y de  realización personal ( muchas veces la presión social ejercida sobre nosotros en ese punto) nos puede hacer descuidar la vida cotidiana, los hijos, nuestra mujer (el amor es la vida cotidiana, “corta la bocha” diría I.C). Ser conscientes de eso, tener presente esa tendencia, nos reconecta con los deleites del amor del día a día. Pero insisto, escuchemos el alma femenina,ciertas criticas que de allí vienen, es una brújula, a veces medio descalibrada, pero portadora de un rumbo y, queridos lectores: lavemos los platos, así sea llorando y penando, a ellas les gusta, es un acto de amor<em>. Y recuerden: nunca jamás un hombre, en la historia de la humanidad, ganó una discusión con una mujer</em>. El próximo escrito va desde esta frase última.</p>
<p>&nbsp;</p>
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