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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; locura</title>
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		<title>El autoboicot</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 00:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a ese “todo es posible”…se mezcla, esta vez, con profundas cuestiones que hacen a mi práctica cotidiana.</p>
<p>Los seres humanos atentamos contra nosotros mismos. Hay una tendencia destructiva que apunta a la aniquilación de  nuestra especie. Las guerras, el poco cuidado del planeta, la violencia en cualquiera de sus formas, es hacia nosotros, siempre: en el fondo no hay enemigos, sólo fuerzas  que se va anclando en diferentes odios o argumentos para desplegarse, pero el resultado final es siempre el mismo… “el hombre es el lobo del hombre”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-434" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg" width="267" height="189" /></a></p>
<p><span id="more-433"></span>Entonces: en el territorio más individual,  tenemos una tendencia masoquista, autodestructiva, ejecutamos  acciones en contra nuestra. Es curioso, y puede ser paradójico para muchos, pero la realidad lo demuestra día a día. Gente que se destruye la salud con drogas, tabaco&#8230;comida…hasta morir o enfermar gravemente; personas que eligen y construyen vínculos no convenientes y enfermos; tipos que andan a trescientos kilómetros por hora en la panamericana; mujeres y hombres que tienen relaciones sexuales sin cuidarse; personas que el día del examen final para graduarse no van o se quedan dormidos; sujetos que salen a la ruta sin cinturón de seguridad; gente que escala montañas sin anclajes ni soga; personas con potencial que se autoimponen una vida limitada; individuos que muestran sus infidelidades para destruirlo todo…o los ludópatas… etc. La lista es larga, cosas grandes o pequeñas e inofensivas…pero es cotidiano: somos una lucha de fuerzas, una parte impulsiva, autodestructiva e inconsciente y otra más racional y erótica que intenta tomar la delantera. Conciencia, inconsciente, enemigos internos…núcleos sanos que se defienden…somos muy complejos.</p>
<p>Los cierto es que estos hombres fueron arrasados por los peor de sí. A ver: es claro que hay mujeres que generan tensiones eróticas y caudales de excitación sexual que pueden desorganizar psíquicamente a mucha gente, ese componente estuvo: cuando la sexualidad (la actitud sexual) de una dama está muy en 3D, muchas personas quedan devastadas en su capacidad de razonar, entran en estados casi hipnóticos, les bajan las defensas y aparece lo peor de sí. Yo creo que lo que ocurrió fue un verdadero autoatentado en los pilotos, incluso en la dama en cuestión. Estamos hablando de personas que lo perdieron todo, y con una profunda condena legal y social sobre sus espaldas, por nada, ¿por nada? ¿Por babosos? No: por su núcleo masoquista que se los llevó puestos. Todas las alarmas estaban encendidas, se estaba filmando; sabían que iban hacia un abismo: pero no pudieron frenar, se los tragó el enemigo interno. Es como esa persona que me decía cierta vez &#8211; “cuando tuve relaciones sin preservativo, y mientras estaba allí, sabía que era una potencial portadora&#8230;pero no pude frenar”.</p>
<p>Lo que vimos fue  cómo tres personas se entregaban alegremente a perderlo todo. Es interesante como se camufla lo peor de nosotros, ¿verdad? Porque la chica también se jugaba mucho,  y no pudo escuchar, entender, la complejidad de la situación.</p>
<p>Pero también está lo fálico, sí: muchos hombres, en su necesidad de afirmar su masculinidad, o de impresionar a una mujer -o incluso a otro hombre-  pueden batirse a duelo y morir en un segundo. Y algo de eso ocurrió allí: los autos, los aviones, son símbolos fálicos, de potencia, de virilidad;  son sustitutos hacia donde se desplaza la necesidad de potencia que siempre, en mayor o menor medida, tenemos todos los varones. El avión fue usado como sustituto directo de esa potencia;  a ver: los tipos pasaron a buscar con la Ferrari a la chica para impresionarla, fue eso, sí, sí: lo que pasa es que en esa nube de excitación sexual…de depredación de todo lo simbólico que ordena el mundo…olvidaron que era un avión con pasajeros y que había riesgos. Si nos ponemos más agudos, podemos decir que allí se pulverizó el contrato social que regula las conductas entre los seres humanos.</p>
<p>Y así las cosas, yo sé que esto podría a haber derivado en una catástrofe, con muertos, con decenas de víctimas colaterales; con mucho dolor social. También es importante mencionar  la cantidad de gente que tiene miedo, fobia a volar, y que con todo esto se angustia más aún y se fortalecen sus síntomas.  Pero no ocurrió, por eso hago estos análisis, porque -sepan disculpar-  no puedo dejar de ver a los tres tripulantes desde lo mío, desde mi perspectiva. Son acciones que pueden  costar muy caro: si una persona en un enojo con su mujer, yendo en su auto, empieza a acelerar…se está exponiendo a matarse….es masoquista sí, pero, también, es sádico….pues está arrastrando a la muerte a otros. Pero, de todas maneras, considero que aquí, lo ocurrido, tiene predominantemente este componente masoquista, fue más contra ellos mismos que contra otros.</p>
<p>Todo fue una escena emblemática de cómo los seres humanos atentamos contra nosotros mismos y lo  perdemos todo. Se han puesto a jugar  alegremente a la ruleta rusa, la bala salió, no fue letal, pero fue un acto irreversible para ellos. La justicia tiene que accionar, el mundo funciona con un sistema de premios y castigos, pero, a mí, y en particular con la dama, me cabe una sanción del tipo probation, de trabajo social, de poner a otros como protagonistas, de obligatoriedad a una terapia…de dedicarse a otros, en serio, mucho: reparar desde allí, quizá eso cura y mejora a las personas con exceso de narcisismo, los saca del espejo. Realmente el caso de la dama en cuestión, la verdad, no puedo ver mucha responsabilidad, más allá de algunos aspectos de su personalidad le nublan la razón y la exponen (y exponen) a este tipo de cosas, como recién decíamos.</p>
<p>Hoy quería acercarles estas reflexiones, el episodio fue algo muy extraordinario, que merece que lo sigamos pensando.</p>
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		<title>&#8220;El caso Elvira&#8221;&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:32:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo-... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/06/19/el-caso-elvira/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo- pero yo no le di bola. ¿Su argumento? Me dijo que era enchufarles  algo muy mío…pero bueno, él no me va a entender jamás, seguramente no se ha puesto a escuchar detenidamente a estos cuatro marcianos del siglo XX. También le conté a mi “Psico”. -así le digo yo-  que como no podía tener más hijos, en  compensación, me había comprado un perro y  que lo había nombrado “Ringo”. Echó a reír a carcajadas y me dijo: &#8211; Bueno, Elvira, está bien, usted gana, usted gana.  Años después terminé medio amigota de ese terapeuta, era un muy buen tipo, muy astuto, pero  musicalmente  equivocado. Un día fuimos a su casa y en la biblioteca tenía una foto de  Queen!! Freddie Mercury! Ese gritón todo sudado.  Ese espasmódico insoportable! Esa foto hizo que mi terapeuta termine por caer, eso cerró definitivamente nuestro pasado como paciente y analista.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-423" alt="the beatles" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg" width="304" height="166" /></a></p>
<p><span id="more-422"></span>Pero les contaba acerca  de mis accidentes. Anoche, mientras le enumeraba  a mi marido los beneficios de un nuevo jabón en polvo que sacaba las manchas con oxígeno concentrado, pensaba -en paralelo- en el número de accidentes que he acumulado. Pero antes de eso les digo: ¡Cómo me gustan los jabones en polvo! Y ni hablar los quitamanchas. Miren, si ustedes algún día me encuentran por la calle o me invitan a su casa…sáquenme el tema; si  se ponen a hablar de jabón en polvo o de quitamanchas,  yo me enciendo, puedo hablar seis horas seguidas sobre el tema, me apasiona. Es un mundo casi  místico para mí. Hay para diferentes tipos de ropa y tela o fibras,  para diferentes colores y texturas…puedo estar 50 minutos frente a la góndola mirando y gozando de esos envases milagrosos. Hay uno de un jabón en polvo marca Skip que me produce, – se los digo con cierta vergüenza- me produce excitación! Si,   me erotizo un poco cuando lo veo o agarro. Se trata del “Skip Perfect Black”. Su envase es totalmente negro, contundente…es como el “All blacks “de los jabones en polvo. Lo puede todo. Siempre que lo introduzco en mi lavarropas automático “Eslabón de lujo” imagino las batallas de mi producto contra las manchas; es casi una épica para mí lo que “ahí sucede”.</p>
<p>Entonces: entre accidentes mínimos, como puede ser quemarme con la asadera del horno, hasta caerme de la escalera, he contabilizado más o menos ochocientos   en lo que va de mis 43 años. De chica patinaba, mucho. Mis codos, manos y rodillas eran realmente de película de terror. Vivía en el piso “limándome”. No había manera. Mis padres &#8211; judíos, pesados y llenos de miedo &#8211; ya no sabían qué hacer conmigo. Me mandaron a Hockey, ¡para qué! Varias fracturas, moretones por todos lados. Nunca controlé muy bien mi cuerpo y mis fuerzas. Cuando agarraba la pelota ponía quinta. y siempre seguía de largo hasta tragarme literalmente el alambrado. Eso es hasta hoy, mi cuerpo suele manejarme a mí, algo he regulado eso (el “fan de Queen” ayudó mucho), pero es mi temperamento. Rompo todo y me rompo toda siempre. ¿Perdón? ¿Por mi marido, me preguntan? Miren, mi marido es una gran persona, hace veintidos  años que cada día que lo miro a los ojos me enciende y le da sentido a mi vida.Me gusta, me parece “viril” y también es muy tierno. Pero no me entiende. En el fondo soy una incomprendida. Él “desestima” ciertas preocupaciones mías. Dice que son “banales”. El muy cretino me dice que son ¡BA NA LES! A veces lo odio profundamente. Pero entiendo que el amor es eso, y que también es un trabajo.  “El Fan” siempre me decía – Elvira tranquilizate, el amor también es sufrimiento, tenés que trabajar más para el amor.  Me jodía con eso constantemente. Cuando conocí a su mujer me sorprendí tremendamente.  Era una enana.  Era un Hobbit. Muy linda, ex bailarina clásica, femenina&#8230;pero pelirroja, eso no me gustó nada; no confío en las pelirrojas nativas. Son traidoras. Bueno, son cientos los accidentes que he tenido. De todas maneras ya he gastado en los últimos 2 años cerca de cincuenta  mil pesos en “tunearme”. Me retoqué toda. Me harté de verme “Todas Desflecada”, luego de mis partos y mis accidentes. Ahora estoy espléndida. Mi marido no parece haber registrado demasiado el “tuning”, él siempre tiene ganas, con o sin flecos. Pero bueno, los tengo que dejar, tengo cosas que hacer, no sean tan demandantes conmigo, sigan en sus cosas, después les sigo contando.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Monólogos de la envidia</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2015 18:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/05/29/monologos-de-la-envidia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No soporto ver el éxito ajeno, licenciado. No tolero contemplar cómo otros tienen lo que yo anhelo y deseo. Me duele, me siento una infeliz;  me percibo  nada cuando veo que hay gente que ama, que disfruta y goza de lo que yo no puedo tener y gozar.  Eso es lo que me pasa, esa es mi verdad. Estas son mis miserias, me odio por eso: es un sentimiento que me gobierna, y me hace vivir mal; pero se me impone, me toma. Tengo pensamientos destructivos hacia los que tienen lo que yo creo no poder tener.</p>
<p style="text-align: left">La vez pasada observaba a una conocida que tiene un  novio súper  caballero, que la acompaña a todos lados: un tipo potente económicamente, y me llené de odio. Muy probablemente sufra de un profundo complejo de inferioridad, lo sé. Pero poco importa eso. El asunto sigue siendo que yo sigo sin tener lo que el otro tiene.  ¿Seguramente  usted está pensando que soy mala persona no? Si, no hace falta que me lo diga: es lo que ud cree; pero no me condene, no lo soy.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-405" alt="envidia" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/envidia.jpg" width="360" height="240" /></a></p>
<p><span id="more-404"></span>No sé cómo nació este sentimiento en mí, lo  percibo  desde niña: odiaba a una compañerita, la más linda y que tenía mucha personalidad. Envidiaba cada centímetro de su cuerpo, lo que tenía, lo que era, su casa, sus padres, su perro; pero jamás le hice daño ¿cree ud que sí le hice no? ¡Se equivoca! nunca he hecho mal a nadie o&#8230; sí,  quizá un poco: difamar, inventar… o reproducir cosas para  ensuciar a mis envidiados de turno, pero no mucho más que eso. Por otro lado creo que mi vida no es digna de ser envidiada en nada. Mi anterior analista me dijo toda una serie de cosas que jamás entendí sobre mi madre, mi padre;  sobre la dinámica que existía o que ellos habían generado entre mis hermanos y yo. Pero el asunto es que no se me va. He logrado algunas cosas, pero todo…es nada: siempre hay alguien que tiene más que yo, y cuando lo veo, sufro, padezco.</p>
<p>Nunca envidio virtudes, envidio “potencias”,  rasgos o cosas que el otro tiene y que, en definitiva,  son más materiales que espirituales. Quizá sí el amor: ver gente feliz y con cierto equilibrio me da tirria.</p>
<p>Me siento sola: la envidia siempre es en solitario, no es un sentimiento compartido, nadie declara poseerla, no hay mesas redondas con este padecer. Estoy al tanto de que,  en mayor o menor medida,  es un sentimiento negativo que todos tienen. Pero a mí me gobierna, y me hunde en la más profunda de las soledades humanas. Se envidia desde la cripta, licenciado: es siempre un acto vampírico, oscuro, solitario, no se comparte. Otros sentimientos son comunitarios, la ira, el odio: se odia en masa; la envidia no “hace masa”, no se socializa.</p>
<p>Odio fingir ponerme feliz por los logros de los otros, me siento sucia, me vampirizo aún más.  He llegado  -usted creerá que estoy loca- a envidiar a mi mascota. Si,  su vida es serena: mi perro no precisa  proyectos para vivir, sólo come,  juega y me espera. Y no envidia: estoy seguro que no tiene ese sentimiento dentro de sí, y eso… me contamina el vínculo con él.</p>
<p>¿Cree que estoy loca? Bueno, créalo, es su problema, no el mío; yo solo quiero ser escuchada, quiero salir de la soledad, quiero que usted mastique conmigo todo esto, yo ya no puedo metabolizar lo que me pasa.</p>
<p>Le digo todo esto de una. Jamás  en mi vida pude decirle todo esto a alguien; es la primera vez que me decido a salir de la cárcel en la que me ha metido este sentimiento. Quiero exorcizar, sacarme de encima esta calamidad: necesito desterrar de mi alma esta peste que gobierna mis estados de ánimo, quiero ser libre.</p>
<p>Tengo la humana y profunda necesidad de  ponerme contenta con los logros del otro, quiero reírme de verdad con alguien. Ya no me río, sólo hago muecas para fingir alegría, muecas que son como cicatrices, duras, rígidas.</p>
<p>Quiero que usted me explique el por qué  siento que no puedo nada y,  los demás&#8230;pueden todo. Quiero ser una persona normal. ¿Es mucho pedir?  ¿Usted, podrá ayudarme? Seguramente no le interesa mi caso: si, dígamelo, dele, condéneme usted también como lo hace mi enemigo interno;  hágalo, no siga con esta farsa de escucharme y comprenderme.</p>
<p>Seguramente usted está pensando que lo mío no tiene arreglo, pues póngalo en palabras, no sea canalla: estoy preparada para todo, váyase al diablo. Poco me importo lo que ud crea sabe.</p>
<p>Le hago una pregunta: ¿usted me ve linda mujer? No, mejor no, deje, no me responda, seguramente ve un monstruo lleno de odio. Probablemente usted tiene una vida feliz, llena de equilibrio y de afecto ¿es posible que yo a ud no lo envidie? ¿Qué opina? Viniendo para aquí pensaba que quizá mi cura es construir un primer vínculo en donde yo no experimente este sentimiento. ¿Qué opina? Bueno, de todas maneras lo tengo que dejar, tengo que llevar a mi hija al club. Lo llamo, gracias por escucharme, me voy mejor ¿quizá todo esto no es tan grave no? ¿Usted qué piensa?</p>
<p>Noelia se levanta y, antes de llegar a la puerta, me muestra una foto carnet que estaba en su billetera:</p>
<p>- Esta es mi hija, Sofía, dígame ¿no es un sol?</p>
<p>- Si sí, muy linda niña, y tiene mirada intensa, inteligente; como la suya Noelia.</p>
<p>– ah muchas gracias, me voy más aliviada. Si quiere vuelvo, tengo mucho para contarle. ¿Quiere que vuelva?  Lo dudo. De todas maneras yo creo que mi caso le va a sumar mucho a usted, pero es su decisión, cualquier cosa espero su llamado.</p>
<p>Fin de sesión.(relato inspirado en historias de consultorio)</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El ataque de pánico: un grito salvaje</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2015 10:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas” -“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo” -“Sentía temor a partirme en mil pedazos” -&#8221;Como si me hubiese estallado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/02/el-ataque-de-panico-un-grito-salvaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas”</p>
<p>-“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo”</p>
<p>-“Sentía temor a partirme en mil pedazos”</p>
<p>-&#8221;Como si me hubiese estallado una bomba adentro&#8221;</p>
<p>Y así describen los consultantes esta situación. Queridos lectores: cuando una persona está “tomada”, “gobernada” por esos instantes de pánico/terror…no hay consuelo, la realidad  cae, pierde el brillo, todo se vuelve opaco;  el desamparo y la indefensión son absolutos, ¿vieron los bebes cuando despiertan en estado de pánico en la noche? Bueno, eso. Son estados muy regresivos: el miedo es a la fragmentación,  el “yo” teme pulverizarse. A ver, estoy hablando de un ataque de pánico franco y no de esos episodios de angustia fuertes que tienen muchas personas, y que se suelen confundir con el pánico.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-361" alt="mazazo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg" width="220" height="294" /></a></p>
<p><span id="more-360"></span>Un ataque de pánico es un golpe de estado que nos  hace el cuerpo y la mente; perdemos casi  todo “gobierno” sobre nosotros mismos. El asunto implica un rayo de padecimiento grande, de un alto poder traumático: entendamos por trauma a aquello que “se nos viene encima o nos invade” (desde dentro o de afuera) de manera sorpresiva, intensa, y que nuestro psiquismo no puede simbolizar, metabolizar, tramitar y  -entonces-  colapsa. Explota en todos esos síntomas físicos y psíquicos, que no son otra cosa que un intento desesperado por descargar todo lo que ocurre.</p>
<p>Ahora bien: la persona, una vez que el estallido pasa, teme que eso vuelva a ocurrir: &#8211; “¿y si voy a la cena de trabajo y me agarra, licenciado?”… -“¿y si salgo con esta mujer que me encanta y me agarra?” Entonces, muchas veces, se  empieza a acotar la vida social;  de hecho, pueden armarse fobias sociales con diferentes grados de intensidad. Las personas, asustadas, van acotando sus actividades, se van  aislando;  el temor va armando “cepos” y, como consecuencia de todo esto, mucha gente se deprime, o empieza a armar hipocondrías fuertes con todo el típico  peregrinaje por decenas de médicos para “descartar si no tengo algo grave”.</p>
<p>Y así las cosas: presentado  de esta manera, es una catástrofe el asunto. Es que sí, se vive como algo así. Pero que algo se viva como una catástrofe, no significa que lo sea. Lo que “parece” a veces  no “es”. El pánico es una experiencia muy cinematográfica, las personas quedan muy impresionadas, con  mucho miedo posterior; pero es -por lejos- de los motivos de consulta que mejor pronóstico tienen  ¿por qué? Por eso, es la instalación de una crisis, salvaje, pero es eso: una crisis.  Las personas, a medida que van trabajando “la causa” que pudo haber  detonado el estallido de angustia (pues eso es, la angustia sale a lo loco, tipo tsunami y arrasa toda posibilidad de defensa), se van mejorando, transformando su vida. Pero es central  ubicar la situación actual  -real o fantaseada- que lo desató,  eso siempre se encuentra.</p>
<p>Los ataques de pánico son el último eslabón de una cadena: siempre hay señales antes, algunos elementos empiezan a hablar en nosotros, a decirnos: “algo anda mal”, “hay que parar con el ritmo”, “hay que establecer prioridades en la vida”, “hay algo que no estás viendo”, “algo te está apretando el alma y estás siguiendo de largo”. El pánico es la expresión salvaje de un profundo conflicto interno, y es el resultado de una acumulación sistemática de angustia;  el pánico viene a decirnos con un mazazo en la cabeza, “hay que dar un giro en la viva, cambiar el rumbo”. Es la manifestación de que algo&#8230;no camina más, y que hay que ponerse a trabajar con las emociones, con la angustia, con nuestra historia, con la actualidad de la vida diaria y no seguir haciéndonos los distraídos y acumular y acumular.</p>
<p>El líneas generales, bien tratado, encarado a tiempo, es un cuadro que cae a corto plazo. Por supuesto que implica trabajo y, la verdad, es que no alcanza con psicoterapia (cualquiera sea la teoría que se aplique), hace falta tener a raya, regulada, a la ansiedad: con deporte, sexualidad, sublimación, aprendiendo a sacar el malestar en cuotas, en dosis, y no de golpe.  También están los psicofármacos, los psicólogos siempre tenemos un psiquiatra de confianza al cual acudimos cuando consideramos que la vida de ese paciente…se hace invivible, y  que no alcanza con la palabra y el vínculo para que la persona mejore, pero  como un último recurso. A ver: muchos ya  acuden a la consulta medicados, pues en las guardias, cuando se presentan personas con este cuadro, los medican enseguida; pero la idea es que luego la persona salga y supere esta problemática con sus propios recursos y que, en todo caso,  -y si el malestar continúa- la medicación,  que en general es muy suave y  que un bien médico psiquiatra, sabe retirarla a corto plazo.</p>
<p>Si las personas se enganchan con un buen terapeuta, que conozca el tipo de padecimiento que se pone en juego allí, (el rol del psicólogo es ser generoso en el vínculo con su paciente, atender el teléfono, dar, contener y ayudar a simbolizar, a poner en palabras lo traumático; ayudar a “armarlo” y sostenerlo, para que no caiga al abismo temido).  El grueso del problema se elimina en los primeros seis meses de tratamiento. Pero el asunto central, una vez que la persona está ya más tranquila, es investigar, a partir de un trabajo historización, y  descubrir las coordenadas que nos llevaron a esa situación.</p>
<p>En mi experiencia, los ataques de pánico son siempre una verdadera posibilidad de cambio. Si, por supuesto: ese grito del cuerpo y del alma, se presenta de manera muy brutal. Pero sí es cierto que, lamentablemente, las personas hacemos cambios en la vida cuando tocamos ciertos fondos, es así, no lo digo yo, lo dicen los pacientes, lo muestra la experiencia de la humanidad. Casualmente, un análisis  -un buen análisis-  “educa” a la persona para que escuchen las alarmas antes de que estallen las bombas. Que tomen decisiones más sanas y responsables; es ayudar a que un sujeto pueda mirarse al espejo y ver otra cosa, es  muchas otras cosas: pero  un tratamiento tiene que levantar síntomas, suavizar el malestar y generar mejor calidad de vida, y no muy a largo plazo. Y algo central: nos tenemos que amigar un poco con nuestra historia, con nuestras miserias y limitaciones, pelear siempre por superarlas, sí,  y evolucionar con las experiencias,  pero aceptar que ciertas cuestiones de la personalidad de base, no se modifican mucho, sólo es aceptarnos, siempre un poco más; después, está el mundo que es harto complejo. El gran problema de la humanidad, es que el odio, la violencia, la envidia, la psicopatía&#8230; son pasiones, ¿se entiende?  Y bueno, como dicen en el campo: “no hay mal que por bien no venga”. Entonces, el terror/pánico sacude sí, pero –a mi criterio- puede ser un invalorable motor de cambio. La vida moderna, y su cultura de la manía y de la euforia,  genera mucha devastación.</p>
<p>Queridos: no pasa nada, del pánico se vuelve, no tienen por qué eternizarse los síntomas, ni el miedo, ni  “el corralito” social que suele armarse, ni la fobia&#8230;ni la depresión, ni los fármacos, se resuelve: pasa, bien encarado pasa rápido. Pero el asunto es escuchar el por qué vino.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>50 sombras de fantasía: la tierra prometida</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2015 18:57:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                                                  “La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza”  Marques De Sade. Todos tenemos sombras, zonas oscuras, lados “B”, muchas veces no... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/13/50-sombras-de-fantasiala-tierra-prometida/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><i>                                                  “La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza</i>”  Marques De Sade.</p>
<p>Todos tenemos sombras, zonas oscuras, lados “B”, muchas veces no son visibles a simple vista, para uno mismo, para los otros: pero  más allá de si son percibidas o no, pueden gobernar nuestra vida. La tendencia a autodestruirnos, a destruir a otros, al sadismo…a construir vínculos enfermos…todo eso  está en nosotros, en nuestra naturaleza.  A veces, ese submundo de fuerzas que luchan dentro nuestro, se presenta de manera visible, pero otras no: están más camufladas  y se hace difícil  identificarlas,  pero están allí, produciendo efectos.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/sado.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-304" alt="sado" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/sado.jpg" width="259" height="194" /></a></p>
<p><span id="more-303"></span>Lo cierto es que por estos días, “sale a la luz” un film: “50 Sombras de Grey”  que viene siendo un fenómeno descomunal, lo fue también el libro. Ambos muy flojos, pero no lo digo desde un lugar intelectual que pregona solo leer J. L. Borges o Dostoievski, no: hay mucha literatura y cine hecho solo para entretener que está muy bien, pero  bueno: no es el caso.  A ver: se cuenta una historia, bastante trillada, sobre un hombre atormentado por una infancia brutal…una niña virgen que se enamora de él… un “cuarto del dolor”…dos clases sociales&#8230;es una suerte de “La Cenicienta” pero con AC/DC de fondo a todo volumen. Pero de veras: tiene  todos los elementos de la literatura clásica Universal;  es “de libro” en eso. De todas maneras, el asunto es que nos sirva  de disparador para pensar algunas cosas.</p>
<p>El film, sintéticamente, trata sobre una relación entre un hombre y una mujer en donde se empieza a imponer, lentamente,  un vínculo  del tipo amo-esclavo sadomasoquista. El mensaje general es&#8230;medio pobre… negativo en casi todo;  pero no por esto del sadomasoquismo,  si se quiere, sino  por  todo el planteo de fondo general, y ni hablar si nos ponemos a pensar  la “obra” desde cuestiones de género, o desde ciertas ideas o conceptos generales como el amor, los vínculos,  la educación  sexual en niños y niñas, sus deferencias, etc. Por otro lado, la piba, se acerca al muchacho desde una suerte de &#8220;fantasia de rescate&#8221; , casi sin experiencia de vida, de vínculos&#8230;eso es un punto a pensar tambien. Pero bueno,  locura, furor en cine y en librerías… ¡ey! Algo está pasando: cuando algo tiene mecha tan corta, y desata  tan intenso fanatismo y exaltación, es porque ha tocado algún punto del inconsciente colectivo y de ciertas fantasías o tendencias que todos tenemos y que han encontrado  “algo” en la realidad (film, libro) para abrirse camino y hacer su  catarsis (descarga).</p>
<p>Decíamos: la crueldad,  las tendencias autodestructivas y demás “cositas”, son parte de la naturaleza humana, lo vemos todos los días: es un componente central en la historia de la humanidad y en la vida cotidiana. Ya desde niños todo eso emerge en nosotros: nacemos bastante jodidos digamos: celosos, posesivos, violentos, autodestructivos  y bueno, con suerte, la sociedad, los padres, las instituciones, nos van regulando un poco todo eso como para poder vivir en sociedad y para que no nos auto eliminemos. Por supuesto que los seres humanos también tenemos decenas de cosas fantásticas: el amor, la ternura, la generosidad, la amistad, pero lo que digo es la  pulsión de vida y de muerte es constitutiva de nuestra especie.</p>
<p>Seguramente  todos coincidimos en que para que un encuentro sexual tenga cierto vuelo o intensidad, muchas veces, se juega un poco al “sometimiento”, a cierta cosa  de “agresión”, de posesión del otro; pero  todo eso,  legitimado, aceptado, es lo que  llamamos erotismo: a ese componente de  agresión, pasión,  pero colocada al servicio del placer compartido en una relación sexual intensa y de mutuo acuerdo. No estamos diciendo que esa sea la única sexualidad válida, hacer el amor con ternura y suavidad puede ser una experiencia también súper intensa, pero en donde no se ve, en principio, tanto el componente agresivo.  Ahora bien: ¿Cuál es el límite de ese juego de sometedor -sometido, de sujeto- objeto, de esa “agresión” legitimada?</p>
<p>El film explota al máximo ese límite, esa delgada línea que describimos, allí está todo el asunto de esta novela. Todos van al cine al contemplar, a espiar  “lo prohibido”. Todos quieren, cual voyeristas, asisten a ver esa  trastienda en donde están los que, desde las fantasías,  acceden a un goce superlativo. Y esa es la primera trampa. Porque con esa lógica, allí están los libres, los “sin represiones”…los que “se animan, y del otro lado,  los infelices que gozamos poquito, llenos de limitaciones y represiones, seres aburridos que “no se animan” a lo Thrash Metal. Ni a eso, ni a la bisexualidad, ni al intercambio de parejas,  a que se yo que cosa. Amigos, cada cual hace lo que le gusta en la intimidad, pero no es que los que hacen ciertas cosas, gozan más o son más libres: la capacidad de disfrutar de la sexualidad, no pasa por allí, en todo caso, se puede ir logrando libertad de montones de maneras, el trabajo con uno, con nuestra historia, es lo que más resultado da para ir  “soltándose” cada vez más, y la creatividad compartida con otro, ocasional o un “otro del amor”. Pero ese goce de “libertad”  al que empuja la película&#8230;y la sociedad en general es, de alguna manera,  la nueva versión de  “la tierra prometida”. De hecho es muy común que cuando en las redes criticamos el film, se agrede con la palabra &#8220;pacato&#8221;, ¿se entiende? De alguna manera, su tu modalidad de gozar la sexualidad no tiene algo de lo que allí se muestra&#8230;sos eso; un reprimido moralista.</p>
<p>Muchas personas, por medio de esos  juegos eróticos legitimados, realizan un poco ciertas fantasías,  juegan  a serlo en sus relaciones íntimas: pero el sadomasoquismo, en el sentido duro del término, es otra cosa. Por otro lado pensemos: ver a una mujer o un hombre siendo azotado, es la escena de este tipo de relacion por excelencia, emblemática,  pero cualquier forma de maltrato entre los seres humanos, o de automaltrato, cotidiano si se quiere, está en esa línea: fumar dos paquetes de cigarrillos por día es masoquista, ir al casino y salir pelado es masoquista 100%;  maltratar a una mujer o a un niño,  a un perro o a un hombre,  descalificar, ningunear…es sadismo: y esas conductas no están enmarcadas dentro de una relación sexual. Es decir: no circunscribamos sadomasoquismo solo a la esfera de lo sexual puro.</p>
<p>Pero volviendo al  tema: allí el goce, el disfrute, no está en el placer, sino que está en el dolor, en el de uno,  en el del otro: ese dolor es placentero para una parte del YO de la persona en la escena, y displacentero para otra. Las personas en esas situaciones están bastantes divididas y van y vienen en esa línea delgada entre dolor y placer. Insisto, es una cuestión de “volumen” de esos componentes en una relación lo que  determina el pasaje del juego a la agresión directa, a la crueldad. (Volumen del tipo perilla de un equipo de música, que va subiendo). Pero lo cierto es que, en el dolor y muchas veces en la angustia del otro, está  el placer. El sadomasoquista pone  en acto, “realiza”, hace (pero de verdad), lo que en su  gran mayoría queda en el territorio de la fantasías o de ciertos juegos eróticos. De todas maneras, y retomando el tema del disfrute  “superlativo” al que acceden ciertas personas: simplemente son sujetos que pueden hacerlo. Igual ojo: ponen millones de reglas, casi obsesivas, para construir las diferentes escenas sadomasoquistas, no es “el libre albedrío”, más bien, todo lo contrario. Sadomasoquismo franco es cuando es “sí y solo si eso” o no gozo nada. Incluso, la meta del orgasmo o eyaculación, queda relegada. El único disfrute digamos, es el látigo, sin eso, no hay nada. Desde ese punto de vista, es una limitación si claro;  pero no se puede hablar de patología, de enfermedad y mucho menos de cuestiones morales.</p>
<p>Entonces: una cosa es “jugar a ser” y otra serlo. “50 sombras…”  ha habilitado a que una enorme masa de la población, vía identificación con sus personajes, realice un poco esas fantasías sadomasoquistas. Por otro lado, es central debatir el tema de la&#8221;decision&#8221;, pues a veces, mucha gente , frágil, manipulable, es llevada a ese tipo de escenas, y la cosa termina en una cosa peligrosa y de sometimiento de verdad, pero no por decision, sino por imposibilidad de decir no.</p>
<p>Ahora bien:  en el cine (es allí más fuerte que en una lectura, por el predominio de lo visual) esa identificación con los personajes puede ser muy masiva;  es allí en donde hablamos de “Identificación Introyectiva”, traduzco: “me identifico a tal punto con el personaje del film  que “me lo meto adentro” lo introyecto (intro = adentro), lo incorporo tipo comida,  y paso a ser yo mismo ese personaje “yo soy él”;  y hago y vivo en  carne propia lo que él hace y goza, ahí ya no hay más espectador. Es como una suerte de&#8230; ¿despersonalización? Sí: cuando en una película construimos ese mecanismo… nos despersonalizamos, pasamos  a ser otra persona por un rato ¿comprenden?  Pero también la identificación puede ser más suave, ahí estaríamos hablando de “Identificación Proyectiva”: soy “un poco” como el otro, estoy identificado sí, estoy proyectado parcialmente en el personaje (le proyecto aspectos míos, se los deposito) pero mantengo un anclaje en la realidad, estoy dividido,  sigo siento espectador, pero a su vez vivo y gozo lo del  personaje. En los dos mecanismos, ya sea leyendo o mirando… hay disfrute y excitación sexual franca en el lector/ espectador. El magnetismo de esta novela tiene que ver con eso. Mujeres y hombres se van a identificar, en un lugar o en otro, masoquistas o sádicos (siempre la identificación es en los dos lados, pero con más predisposición a uno u otro polo), en función de nuestra historia, de cómo fuimos educados, de nuestras vivencias, de lo que observamos de niños en los padres y vínculos primarios.</p>
<p>Por supuesto que gran parte de esos “fantaseadores”, frente a la situación real de una escena sadomasoquista franca (no de juego) se angustiarían tremendamente, se paralizarían o entrarían en el pánico más profundo. Pues gozar del dolor y de  la angustia y del sometimiento&#8230;no es para cualquiera. Los que estamos en salud mental hablamos de los sadomasoquistas como perversos. Pero, insisto, sáquenle toda connotación moral; entiéndanlo  simplemente  un tipo de persona;  que también, puede ser portadora de un grado de psicopatía (con todos los mecanismos que se juega allí) pero eso no es exclusivo de los perversos, puede estar en todas las personas a estructuras mentales.</p>
<p>Entonces: no existe el masoquista o el sádico: son los dos en uno, siempre. El sádico goza identificándose (relean la explicación de identificación proyectiva e introyectiva) con el masoquista, y viceversa. Allí, en esa escena, yo soy yo y el otro…cada uno es él y el otro a la vez. El que está ubicado en el lugar del sometido, goza identificándose con el sometedor que  lo castiga. Comprenden. Un gran lío, pero es así.</p>
<p>Por ahí hay una canción infantil que dice “juguemos en el bosque, mientras el lobo no está”. Si, jugar, pero cuando aparece un lobo real, que le puede ocurrir a cualquiera de ustedes si se  encuentran con una persona que les pide dolor o que  les propone ponerse de objeto para recibirlo (dolor “placentero”)…no podrían tolerarlo;  es un submundo muy complejo en donde está todo invertido y hay que tener un carnet muy especial para poder entrar en él.</p>
<p>Pero bueno: es lo que hay. Si quieren captar  bien  ciertos submundos, o jugar un poco con ellos&#8230;lean al Marques de Sade (la palabra sadismo viene de allí), es bueno de verdad, gran escritor, un loco de atar, rebelde total de su época, ¿un amoral?, quizá, pero un tipo brillante, formado, admirado por los grandes de la literatura y el pensamiento. A los que les interese, les paso títulos de él, los que a mí más me han gustado. Sus cuentos eróticos son buenos, pesados eh! 50 sombras…es Antojito en comparación, y  sus planteos sobre la religión…son una maravilla, y tienen 200 años.</p>
<p>Esta novela, y su pasaje a la pantalla grande, es una cáscara vacía… al menos para mí, no tiene  ningún planteo interesante de fondo, no hay subtrama, no hay nada, sólo pirotecnia con pólvora vencida… pero me hizo escribir estas palabras para ustedes: misión cumplida compatriotas.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>El valor del enojo y el desastre de la violencia</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2014 09:57:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/10/el-valor-del-enojo-y-el-desastre-de-la-violencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left">Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad – es motor de adelanto social e individual. Enojarse es mucho más productivo que la pasividad, que  vivir atragantado y sin reaccionar ante las cosas que consideramos injustas. El punto es cuando el asunto toma mucho volumen y se pasa a la ira o furia incontrolable y ya estamos en los límites de la violencia. Hoy me enojé  con un tipo del seguro que me hizo una trampita, de esas que hacen los vendedores. Fue con la persona directa, pues era en un banco.  Mi enfado fue captado por el amigo y, finalmente, el conflicto se resolvió. A decir verdad mi enojo era mínimo, pero “actuaba” para lograr el objetivo. Un poco como uno hace con los hijos: sus conductas pueden dispararnos enojos, pero tenemos que entender que no podemos estarlo realmente, pues son niños, están aprendiendo a vivir y sólo tenemos que educarlos ¿qué hacemos? o  ¿qué debiéramos hacer? Actuar un poco, construir un “como si”.  El enojo puede estar, real y válido, pero tenemos que instrumentarlo a los fines de que el chico entienda   -por ejemplo-  que tiene de dejarse de “joder” con los fósforos, con el fuego.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-183" alt="Cómo-controlar-el-enojo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg" width="436" height="384" /></a></p>
<p>Cuando los enojos se transforman en furia o  ira y los impulsos pierden su cauce… terminando perdiendo el gobierno sobre nosotros mismos. Es importante que entendamos que la violencia no es un camino o un método de resolución de conflictos, al contrario, los potencia.  El mundo y la vida cotidiana están llenos de violencia;  las grandes ciudades son fabricas de tensión y gatillan lo peor de los hombres.  Pero la experiencia muestra que la violencia, en cualquiera de sus formas, sólo hace que las personas sigan devorándose entre sí. Sigamos apostando a la palabra, a las vías legales para resolver los conflictos que genera la compleja vida anímica de los seres humanos.</p>
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		<title>El hombre en la pareja</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 14:03:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“No me escucha Gervasio, nunca me escucha” “No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente” “Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí” “Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende” “Gran persona, pero le falta agresividad, dominio” “No es conmigo como es con nuestros... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/03/el-hombre-en-la-pareja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“No me escucha Gervasio, nunca me escucha”</p>
<p>“No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente”</p>
<p>“Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí”</p>
<p>“Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende”</p>
<p>“Gran persona, pero le falta agresividad, dominio”</p>
<p>“No es conmigo como es con nuestros hijos”</p>
<p>“No me cuenta nada de su vida cotidiana, y a los bobos de los amigos, no me los banco más te juro”</p>
<p>Los sufrimientos derivados del amor de pareja  son el puesto número Nº 1 en la práctica cotidiana de un psicólogo. Infidelidad, destrato, autismo vincular, sexualidad, odio, competencia, posesión&#8230; es que los seres humanos poseemos grandes cantidades de egoísmo, de posesividad, de celos y de un  sin número de sentimientos y emociones que, desde ciertos ideales, tendrían que estar excluidos de la escena amorosa.</p>
<p>El amor de pareja, queridos lectores, es un escándalo para todo el mundo. A los seres humanos nos cuesta adaptarnos y funcionar acorde a la necesidad del otro, en general nos movemos por intereses narcisistas. El amor es una suerte de espejismo: si uno va caminando por el desierto, con toda una serie de necesidades vitales insatisfechas, desde esa desesperación, va a tender a ver un oasis, repleto de agua, comida y demás cosas para aliviar esas necesidades.  Para nuestro caminante desesperado, ese lugar que ve a lo lejos, es la fuente perfecta, completa… que lo tiene todo.</p>
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<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-176" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg" width="301" height="167" /><span id="more-175"></span></a></p>
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<p>Bueno,  la ilusión, el relato inconsciente que se pone en juego en el amor, es ese: el otro nos va a completar y hasta, quizá, por un momento, nos transforme en inmortales. No olvidemos que el amor (la matriz, el esquema primario de lo que es el amor) nace de un acto de desesperación de un niño que, al salir al mundo desde el cuerpo materno,  movilizado por una profunda necesidad de sobrevivir, se aferra a esos adultos que pueden decodificar lo que le pasa y lo cuidan, lo alimentan, le dan ternura: somos y seguimos en el camino gracias a eso. Esa experiencia que todos transitamos, nos marca, y yo creo que en algún punto muy primario, por más bien que estemos, vamos al amor para sobrevivir, por desesperación, pues ese otro (la madre por sobre todo) nos salvó realmente del fin, en el origen  el asunto fue así.</p>
<p>¿Pero usted es un apocalíptico, licenciado? No, casualmente: creo profundamente que el amor existe. Pero me gusta trabajar  para que la gente <i>construya amores reales y no ideales</i>. Es que la vida es el arte de lo posible: el amor  –el hecho de llegar a construir un amor medianamente sano-  está directamente relacionado a poder ir debilitando todos esos componentes que mencionábamos, que son destructivos y que los seres humanos tenemos dentro. Allí, en ese arte de transformar la destrucción en ternura y erotismo, está el desafío de la vida. En amar “pese a eso” (a esos rasgos humanos constitutivos, antropológicos) está la libertad para poder lograr un amor posible, real.</p>
<p>Pero insisto: es central que tengamos presente las características destructivas de nuestra especie, pues si no, es empezar un viaje desde una profunda y letal ingenuidad.</p>
<p>El amor muta, se va metamorfoseando a lo largo del tiempo en una pareja, se transforma. La pasión, el enamoramiento, pueden sostenerse por supuesto, pero va sufriendo ciertas modificaciones que tiene que ver con decenas de factores: los hijos, los proyectos, la edad. El amor es un movimiento pendular constante entre dos personas diferentes,  atravesados por estados de ánimo cambiantes y ambivalentes, entre sujetos con historias disímiles y, cosa central,  entre dos géneros con características más opuestas aún.</p>
<p>Sigmund Freud decía que <i>“el amor nacía de un cálculo de conveniencia”</i>. Cien años después, Gustavo Cerati, retrucaba<i>: “creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”.</i> Dos hombres, dos mundos diferentes, dos visiones realistas sobre el fenómeno del amor.</p>
<p>En la vida amorosa hay, por lo menos, seis participantes: los dos protagonistas, y sus padres. Es sorprendente lo que cuesta desprenderse de esos modelos primarios y poder <i>“crear”</i> algo nuevo. Es lógico: durante la primera infancia los padres son el centro del universo, imprimen en nuestra cabeza un sin fin de emociones, de formas de trato: son los modelos de donde se parte y desde donde, muchas veces, no podemos salir. En síntesis: el amor cuesta por todo esto que vengo mencionando hasta aquí.</p>
<p>Ahora bien: la experiencia de mi práctica profesional cotidiana me indica que los hombres maduramos mucho más tarde que las mujeres,  y que tenemos mucha más dificultad  para entender que el amor  implica cierto grado de renuncia narcisista. Una mujer, a los veinte años –hablo en general-  ya está preparada para el mundo del amor. A los hombres nos cuesta más: a esa misma edad los varones solemos tener la cabeza en todos y en ningún lado. Considero que el universo  del amor, el de entender que hacen falta ciertas renuncias (+); el hecho de compartir tiempo, el armar ciertos goces compartidos, es una tarea que tracciona más desde las interioridades femeninas. Son ellas las que trabajan y marcan con más frecuencia la importancia de ser escuchadas, de ir armando proyectos. No es que eso no esté en nosotros: es sólo que esas actitudes, en el varón, van surgiendo más retrasadas.</p>
<p>En algún punto creo que las damas, en el amor de pareja, terminan cumpliendo una terea. ¿Cómo decirlo? ¿Educativa? Educan, enseñan a amar y ser amados (como lo hace una mamá con su bebé). Bueno, creo que sí. He trabajado mucho con parejas, tiendo a pensar  que es el género femenino el que va delatando los pantanos en los que se suele entrar en las relaciones de pareja. Muchas veces  las mujeres empujan esto que digo desde una emotividad muy desmedida (la mujer funciona desde allí, mientras que los hombres tendemos más a lo intelectual, a la razón como método de resolución de conflictos)  pero -cómo sea-  considero que los hombres vamos haciendo ciertos saltos madurativos gracias a la tracción pasional femenina.</p>
<p>También es cierto que  la capacidad práctica que naturalmente tenemos los hombres para la resolución de conflictos, alivia tremendamente al alma femenina, y la pueden sacar de la locura más imparable en medio segundo. Una mujer, librada a navegar por el océano infinito de su emotividad, termina padeciendo mucho, o finaliza en una locura cotidiana muy displacentera.</p>
<p>Entonces: la media naranja, la fantasía de que existe “el ensamble perfecto”, en el territorio del amor es  -paradójicamente-  el causante de las más grandes frustraciones.</p>
<p>Escuchemos más las intuiciones femeninas, seamos más permeables a ciertas críticas. Los hombres, en nuestra antropológica necesidad de realizarnos y de lograr ciertas potencias, olvidamos algunos matices del mundo afectivo, simplemente se nos pasan. Los varones siempre, en nuestras fantasías inconscientes, tenemos una sombra amenazante que nos está apuntando con un 38 corto en la nuca y que nos dice: “tenes que ir para adelante hermano, siempre”. Eso nos erosiona, nos estresa mucho;  pero es lo que  -también-  nos empuja a la vida y a ser alguien en esta experiencia que es existir. La búsqueda  de dinero y de  realización personal ( muchas veces la presión social ejercida sobre nosotros en ese punto) nos puede hacer descuidar la vida cotidiana, los hijos, nuestra mujer (el amor es la vida cotidiana, “corta la bocha” diría I.C). Ser conscientes de eso, tener presente esa tendencia, nos reconecta con los deleites del amor del día a día. Pero insisto, escuchemos el alma femenina,ciertas criticas que de allí vienen, es una brújula, a veces medio descalibrada, pero portadora de un rumbo y, queridos lectores: lavemos los platos, así sea llorando y penando, a ellas les gusta, es un acto de amor<em>. Y recuerden: nunca jamás un hombre, en la historia de la humanidad, ganó una discusión con una mujer</em>. El próximo escrito va desde esta frase última.</p>
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		<title>¿Qué es la locura? (los psicólogos  hablamos de psicosis)</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Sep 2014 03:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En  principio les cuento que hablar de locura no es algo ofensivo; de hecho, gran parte de ellos considera que llamarlos “psicóticos” es más estigmatizante que decirles locos. Por otro lado, les digo que estas líneas no pretenden ser  algo formal o científico, es sólo un intento de explicar lo más simplemente posible un fenómeno... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/09/28/que-es-la-locura-los-psicologos-hablamos-de-psicosis/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En  principio les cuento que hablar de locura no es algo ofensivo; de hecho, gran parte de ellos considera que llamarlos “psicóticos” es más estigmatizante que decirles locos. Por otro lado, les digo que estas líneas no pretenden ser  algo formal o científico, es sólo un intento de explicar lo más simplemente posible un fenómeno muy complejo  -acaso misterioso e incomprensible -  como es el de la locura.  Hay miles de formas de describir este estado tan particular de la mente humana y yo sólo tomo un modelo, una forma medio inventada para aportar claridad.</p>
<p>Hay muchos tipos de psicosis: las paranoides, la esquizofrenia y decenas de cuadros mixtos, de rarezas y estados de locura que no son psicóticos en el sentido estricto del término. Digo: una persona, por intoxicación de drogas o por otras causas, puede entrar en la locura y luego salir sin problema. No hablo de esos casos aquí.</p>
<p>Entonces, un psicótico es una persona a la cual la realidad se le vuelve tan pero tan insoportable  que <i>decide armarse otra, una realidad delirante, paralela, diferente, distorsionada. No puede soportar esta realidad. </i> Por eso corta, rechaza la realidad y se construye otra. “Corta la bocha”  (diría  I. Cutzarida). El delirio es, en principio, un intento de defensa  de eso que me supera, me frustra y me atormenta.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-142" alt="frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe.jpg" width="630" height="280" /></a></p>
<p><span id="more-144"></span>Supongamos que para un muchacho de 20 años su padre es una figura aplastadora, intrusiva, violenta y que nunca lo tuvo en cuenta, o que nunca fue amado y deseado  lo suficiente   -o nada- por sus progenitores. Bueno, esa persona, un día, arma un delirio místico y se presenta al consultorio diciendo <i>“soy el hijo de Dios, él me cuida y guía, y me dio una tarea</i>”. Así, ahora tiene una figura paterna que lo protege, que lo tiene en cuenta, pero a costa de volverse loco,  pasó a  otra realidad, diferente a la nuestra, y la sociedad  percibe ese delirio, capta que esa persona está en otra realidad. Pero agrego algo: ese Dios, también, en algún momento, pasa a castigarlo y a atormentarlo  o a abandonarlo al igual que lo hacían sus padres.</p>
<p>¿Se entiende?  El deliro es, básicamente eso: un intento de defensa, como lo es la fiebre. Y voy más allá: todos los síntomas y patologías (pánico, fobias, histerias, trastornos obsesivos, depresiones) también son un intento, fallido, de curarse o resolver  algo, de defenderse de  aquello que se vuelve insoportable, y lo camuflamos con esos estados o síntomas. La fiebre es, en realidad, un intento de defensa del organismo y puede ser útil en cierta medida, pero también nos puede llegar a matar si la dejamos cruzar cierto umbral.</p>
<p>Por supuesto que no cualquiera puede volverse loco. Esa modalidad radical de suprimir una  realidad  insoportable armándose otra no es algo que nos puede pasar a todos. Una persona arma una psicosis “gracias” a una estructura  previa, estructural, primaria, que puede crearla.  Hoy por hoy, la psicología y la psiquiatría ofrece muchas salidas para las psicosis pero no olvidemos el aspecto social; un psicótico, un loco, es el emergente de un sistema, de una sociedad  psicotizante.</p>
<p>La locura es un hachazo que meten algunos sujetos  en esa realidad imperante (la cuerda digamos) con un costo subjetivo tremendo, pero allí, en esas personas  -muchas veces-  descubrimos ciertas verdades que “la realidad” no nos deja ver.</p>
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		<title>La tiranía del “estar bien”</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Aug 2014 01:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay que estar bien, “pum para arriba”, para adelante ¿hay dolor? hay que extirparlo ¿hay angustia?  ¡Fuera! ¡Es tóxica! ¡Metete psicofármacos! Salí a aturdirte a algún bar, intoxícate. Ponete a hablar sin parar, mirate 400 series, hasta la ceguera.  A ver: “tenes que estar bien” ¡La vida es para disfrutar hermanito!&#8230; ¡No- te- ha- gas-dra-ma!... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/08/28/la-tirania-del-estar-bien/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay que estar bien, “pum para arriba”, para adelante ¿hay dolor? hay que extirparlo ¿hay angustia?  ¡Fuera! ¡Es tóxica! ¡Metete psicofármacos! Salí a aturdirte a algún bar, intoxícate. Ponete a hablar sin parar, mirate 400 series, hasta la ceguera.  A ver: “tenes que estar bien” ¡La vida es para disfrutar hermanito!&#8230; ¡No- te- ha- gas-dra-ma! ¿Problemas sexuales? No te plantees nada, tomate un Viagra y fue.  ¿Esas mal con tu cuerpo? Operate, inyectate algo: rápido, todo al toque. Nada de tomarte en trabajo un  año en el gimnasio o modificando tu dieta. La vida pasa ¡HAY QUE VIVIR A FULL!.. Stop, pongámonos a pensar un poco en el sentido de todo.</p>
<p>El nuevo imperativo social, el nuevo mandato: la nueva tiranía social es tener que sentirte bien, a cualquier costo. Por supuesto no  todo el mundo compra o entra en esto; pero sí vemos que es una tendencia que aumenta. No hay tiempo para trabajar con uno, estamos enfermos de tiempo, de ansiedad (la ansiedad es una patología del tiempo, es querer ir más rápido que él). Cada vez veo más intolerancia al sufrimiento, a las frustraciones lógicas de la vida: frente a los primeros conflictos de pareja, o laborales, o lo que sea…se rompen los vínculos, no se tolera nada, o  “estamos bien o no estemos” como si habría que sacarse de encima lo antes posible aquello que es fuente de conflictos.</p>
<p>Donde hay seres humanos hay problemas. Donde hay amor y pasión, hay líos&#8230;tensiones, desamparo, fragilidades de los dos lados. En el mundo del trabajo hay combates y objetivos, y estrés; con los hijos hay angustias y grandes satisfacciones…es decir: creo que hay de bajar los ideales de lo que “es la vida” porque si no, o “<i>es eso ideal</i>”… o “<i>todo es poco</i>”, todo es nada, y ante las primeras frustraciones o diferencias… rompemos  vínculos y relaciones. No olvidemos que en las búsquedas desenfrenadas de los ideales, se gestan grandes patologías: ideal de cuerpo, de querer hijos perfectos, novios perfectos, de  estatus social, de libertad, de lo que te da el dinero&#8230;etc. La vida es el arte de lo posible; no propongo que aceptemos el sufrimiento y nos entreguemos: solo digo que en nuestra existencia no  todo es pasarla bien y  hacer lo que se quiere en cada momento y ya. Por ejemplo: ser padres responsables es entender que ciertas  responsabilidades como padres están por sobre nuestros intereses narcisisticos. Por supuesto que hay que  buscar  un equilibrio, pero siempre, en definitiva, y en determinadas situaciones, es la responsabilidad lo que ordena  la cosa, luego sí: todo lo demás. En el trabajo, en el amor ¿por qué no? el amor es  -también &#8211; trabajo, creatividad, construcción, proyectos.</p>
<p>Lo que quiero decir es que hay que bajar un poco las exigencias para con nosotros y para con “los otros” que nos rodean. Somos humanos, estamos transitando una experiencia que es vivir  y  &#8211; vivir-  tiene cosas buenas y malas. Yo creo que, naturalmente y más allá de estas ideas que comparto con ustedes, vivir es una experiencia predominantemente muy buena.  Cada vez me encuentro más diciéndole a mis pacientes cosas como estas: “tranquilo, no te exijas tanto, la vida es compleja, no le exijas tanto a los otros, ni a la realidad, pues ella es lo que es, tenés  que adaptarte a algunas cosas e intentar modificar otras,   tranquilo, casi nada es tan grave”.</p>
<p>Las personas tenemos naturalmente un enorme abanico de estados de ánimo, buenos y malos, los trabajamos, buscamos el bienestar, un equilibrio pero,  ojo: esa búsqueda puede volverse algo muy tiránico e interminable…y puede derivar en una búsqueda delirante y angustiosa de algo inexistente&#8230; ideal. Propongo que a los ideales, que a veces los tocamos de  cerca ¿por qué no? los llamemos IRREALES. Los ideales nos dan fuerza, son  motivadores: aspiramos a ellos y, bien tomados, nos hacen mejores personas o mejores en lo que hacemos.  Por supuesto que muchas veces en la vida sentimos tocarlos, nos sentimos plenos con muchas situaciones, pero pretender más que eso…mal camino para la vida mundana. Todo esto que he escrito, quizá, son  obviedades: pero ustedes no saben la cantidad de gente que está atrapada en este nuevo mandato de aturdirse y buscar más&#8230;y más, dejando  incluso a veces&#8230;la vida misma en el camino.</p>
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		<title>“Un pirata del asfalto en tratamiento”(caso clínico, parte I)</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2014 18:01:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo que les voy a contar sucedió hace bastante, si bien yo ya venía laburando hace algunos años de psicólogo y contaba con experiencia, hoy, a la distancia, y con todo el aprendizaje sedimentado de estos años&#8230;seguramente manejaría algunas situaciones mejor. Pero, más allá de algunos errores o de esas cosas que haría diferente, creo... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/06/19/un-pirata-del-asfalto-en-tratamientocaso-clinico-parte-i/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que les voy a contar sucedió hace bastante, si bien yo ya venía laburando hace algunos años de psicólogo y contaba con experiencia, hoy, a la distancia, y con todo el aprendizaje sedimentado de estos años&#8230;seguramente manejaría algunas situaciones mejor. Pero, más allá de algunos errores o de esas cosas que haría diferente, creo que &#8211; en líneas generales- tomaría el mismo camino. Ciertos elementos, nombres, datos y el contexto, serán levemente modificados a los fines de preservar la identidad de aquel consultante. Todo será muy abreviado y -obviamente &#8211; rellenado. Pero los diálogos, lo que ustedes van a leer en general, será bastante fiel a lo que se dijo e hizo en aquel entonces. Ustedes luego, si lo desean, podrán preguntar; no tengo problema en contarles el por qué tomé algunas decisiones. El caso lo a dividir en unas cuatro entregas, como hacía Dostoievski con sus novelas en la Rusia zarista del siglo XIX. (Risas)<br />
Cerca de donde yo vivía en esos años había un puesto de diarios. Yo todas las mañanas pasaba por allí a buscar revistas y el periódico. Con el canillita había un vínculo, esos que son de dos minutos por día, de hacer chistes, cargadas, fútbol&#8230;cosas de hombres. El canillita sabía que era psicólogo y siempre me cargaba con eso, yo le retrucaba a su &#8221; bullying&#8221; diciéndole que él se hacía el pendejo rockero (era un tipo grande), siempre el mismo tiroteo. Una vuelta, al llegar al puesto, veo un hombre con pinta de duro total. Piel morena, cara bien de malo, mirada ágil y filosa. Mediría 1,80 de estatura y era tremendamente fibroso ¿vieron esos tipos musculosos natural? ¿Fibrosos y magros 100%? ¿Tipo como son los negros? Bueno, era así. Muy prolijamente vestido, remera ajustada, vaquero y zapatillas&#8230;todo súper limpio y prolijo. Se movía como un mono, de veras, se balanceaba en el lugar y rebotaba al caminar, un tipo movedizo, nervioso, pero en el sentido orgánico del término. Se notaba que era una persona muy despierta, rápido, esos tipos de acción que están muy en el mundo. Luego de decirnos las jodas de siempre con el canillita, y yo ya casi doblando la esquina, escucho que me llaman…<span id="more-9"></span></p>
<p>- ¡Ey, amigo! Disculpe ¿usted es psicólogo?<br />
- Sí, sí, qué tal, soy Gervasio.<br />
- Digamé: ¿podemos tomar un café? Le quiero hacer una consulta?<br />
- Tengo 20 minutos, cómo no ¿cuál es tu nombre?</p>
<p>Entramos al bar que estaba a 10 metros de donde arrancó el diálogo. Les cuento básicamente lo que Carlos me dijo en esos 15 minutos que duró la… ¿sesión?</p>
<p>Carlos tenía 41 años, su carrera delictiva había arrancado a los 13 años con joyerías y estaciones de servicio y algunas otras cosas menores cada tanto. A los 17 Carlos entra en una banda de piratas del asfalto para ya dedicarse únicamente a esa modalidad delictiva, camiones de carga, blindados de caudales…etc. De 28 años de carrera delictiva había estado preso 11. De entrada me dijo que él era un tipo con códigos: “nunca maltraté a nadie, nunca le falté el respeto a niños o mujeres, jamás pegué un culatazo, siempre fui muy respetuoso, he tenido decenas de enfrentamientos y tiroteos, pero con polis, los dos enfierrados hasta los dientes, en igualdad de condiciones; alguna vez me he tenido que poner un poco duro con algún camionero que defendía demasiado la mercadería del dueño; pero no pasó de una amenaza para que se baje del camión y me deje laburar, soy un ladrón de los de antes”. ¿Captan lo que era Carlos no? Aclaro que metía un poco de miedo, a mí no realmente (yo nací, crecí y me forjé como pibe en el conurbano, en colegios del estado, en barrios de clase media y conocí y estuve en las entrañas de la cultura bonaerense con todos sus más y sus menos). Al tipo se le notaba que era un pesado. Bien: había salido hacía 6 días de un penal. Tenía dos hijos. Era realmente muy inteligente e intuitivo, tenía una rapidez mental admirable, me estudiaba y observaba mis reacciones frente a su relato. No me tuteaba, y hablaba muy bien,  pese a que, claramente, no tenía casi ninguna instrucción.</p>
<p>- Bueno -yo le digo- (los primeros 7 u 8 minutos fueron la presentación que les abrevié), no hay problema con todo lo que me contás. Ahora decime ¿en qué te puedo ayudar y quién paga el feca? (Carlos sonrió levemente, no era  de reírse  nunca lo hizo durante los 9 meses que duró el tratamiento)</p>
<p>- Mire, no quiero robar más, ya tengo varios tiros, la última vez casi no zafo. Me he perdido lo mejor de mis hijos y de mi mujer. Yo creo que soy adicto a la cocaína. Yo no fumo, no tomo alcohol, no he probado otras drogas. Y le digo doctor, es raro, pero cuando estoy preso no consumo absolutamente nada. Y mire que en los penales está la mejor cocaína y todos los convictos consumen cantidades enormes de drogas, no hay otra cosa para hacer que no sea eso, pero yo, estando preso, nada. Al contrario, soy famoso por pelear muy bien y nadie me toca o molesta por esa razón. Todos me respetan y saben que yo no hago ninguna estando allí. Practico mucho deporte en los penales, limpio todo el día. Estoy de buen ánimo. Sólo pienso en tener buena conducta y así poder salir. Es como me dijo una vez un carcelero “a vos estar preso te ordena”, eso me dijo. Y sí, eso me pasa, ahí me transformo en un señor ingles. Pero eso sí: salgo, ando tranquilo un rato, comienzo a consumir, no mucho… pero todos los días&#8230;después vienen los viejos amigos a proponer fechorías y… de vuelta a los fierros. Dos, tres&#8230;cuatro años libre…y de vuelta privado de mi libertad. Y así. Sólo una vez vi un psicólogo, en un penal. Esta persona puso voluntad y me propuso verlo semanalmente, pero  no podía conmigo, yo me di cuenta. No tenía lo que yo veo en usted, en su mirada, yo creo que usted sí me va a poder ayudar.<br />
Bueno, el tipo había notado cierta actitud en mí, o no sé qué cosa en mi forma de mirar. Cuestión: le dije que sí, que lo podía ayudar, pero que no esperase jamás ningún tipo de certificado y que “ni a punta de pistola”  (tampoco le resultó graciosa la imagen, no más humor con Carlitos, me dije al instante) iba yo a poner ningún gancho por él”. Tengo una explicación válida y basada en la experiencia del por qué le dije esto de entrada. Le propuse verlo la siguiente semana en el mismo bar, a las 9 hs, y que ahí hablaríamos más largo y que también íbamos a ver lo de la plata…lo de las sesiones y todo eso. Yo, desde que arranqué a trabajar, suelo hacer sesiones en bares. Lo hago poco y con determinados pacientes y no todas las sesiones, pero lo hago. Quizá porque yo mismo me analicé mis últimos tres años en bares, me había hartado del consultorio y con quien era mi psicólogo, acordamos esa modalidad…continuará&#8230;</p>
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