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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; maltrato</title>
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		<title>Maltrato infantil.</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2015 00:04:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser padres no nos hace, de por sí, buenas personas. Tener hijos no nos hace padres. ¿Lo central? amor, cuidados primarios y limites pues,  esas personitas, tienen que entender de chicos que “todo no se puede”. La sociedad funciona con normas. Cruzar esas normas,  es exponerse a peligros, pues los niños no las  comprenden. La rebeldía, es parte de la sana evolución de los seres humanos. Ustedes observen: los chicos tienden a la  violencia, al egoísmo, poseen  cantidades importantes esas cualidades. Les cuesta compartir sus juguetes o integrar a otros a sus juegos. Hay una tendencia al sadismo, a dominar, a someter, a romper, al capricho, a manipular, al bullyng…a la vagancia;  a no estudiar. Es decir: todo esto, a cierto volumen, es parte de los seres humanos. El  hombre primitivo, antes de ser Sapiens, resolvía todo  a garrotazo limpio.  Pero bueno, ahora tenemos pensamientos, podemos reflexionar e ir moderando y gobernando esos componentes.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/abusoss-100809.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-438" alt="abusoss-100809" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/abusoss-100809.jpg" width="378" height="234" /></a></p>
<p><span id="more-437"></span>El punto es que nosotros, los adultos, que sí sabemos el daño que produce la pérdida de control, la violencia, el maltrato y el egoísmo, tenemos que llevar a ese niño a un territorio en donde entienda que las cosas que hacemos y decimos tienen sus consecuencias sobre otros coterráneos. Pero insisto: pobre de aquel niño que no muestre alguna de las cosas que hemos mencionado, pues estaríamos ante una sobreadaptación peligrosa. Cuando vienen mis pacientes y me dicen “mi hijo es impecable: estudia solo y es sobresaliente, no hace lio, es súper educado, no tiene maldad…”  me preocupo más que si me dice que tiene ciertos problemas adaptativos. A ver, es sano que los chicos hagan lio y no se dejen mucho manejar.</p>
<p>Entonces, los niños nacen siendo un caos, un manojo de impulsos y emociones desordenadas. ¿Han jugado al Scrabble alguna vez? Bueno, tiramos todas las piezas sobre la mesa, algunas quedan al derecho, mostrando letra, otras al revés, todo desordenado. La cultura, los padres, las intuiciones… van ordenado el juego, armando las primeras palabras, los primeros sentimientos organizados, los primeros caminos a seguir. Y esto, queridos lectores, se produce fundamentalmente por imitación/identificación de ellos sobre nosotros: se reflejan, se identifican; aprenden e imitan conductas. La construcción de lo que se llama personalidad, es la sedimentación de los vínculos, las conductas, las pasiones que un niño ha vivido y observado.</p>
<p>Ahora bien: hay decenas de miles de adultos que son malos o crueles con los niños.  ¿Podemos hablar de maldad? ¿Suena raro que un psicólogo hable de maldad verdad? Pero si: en rigor, tendría que hablar de la pulsión de muerte, que es esa  -como describirla-  ¿Sustancia o fuerza  interna que empuja y  nos lleva a la destrucción de uno y de los otros? Hablemos de maldad como sinónimo de crueldad. Ese niño que es maltratado, cuando vivencia ese caudal de agresividad por parte de sus cuidadores, piensan: “Papa malo” “Mama mala”. La cuestión central es que esos “padres malos”  golpean, atormentan, castigan y hasta pueden dan muerte a esos niños que solo están viendo que es esto de “ser humanos”. Si un niño hace lio, o anda mal en el colegio, o si le pega a la hermana, o destroza el juguete del hermano; o si vacía la billetera del padre…si nosotros, los adultos, los humillamos, los golpeamos, los maltratamos como castigo, lo que le queda al chico es el terror, el dolor y el sentimiento de impotencia de no poder reaccionar  ¡pues no pueden! Son chiquitos, ese padre o madre que “se les viene encima” y que lo golpea en soledad o públicamente, mide tres metros para él, tiene mucha fuerza, voz muy fuerte, cara de loco/loca fuera de control. Al chico no le va a quedar el mensaje de que ha hecho algo mal o que no debe hacer tal o cual cosa, no:  le va a quedar el terror, la forma que ha implementado ese padre para poner “un límite”. No queda la palabra educadora, queda el maltrato.</p>
<p>Por supuesto no me meto aquí con el maltrato más asociado a la indiferencia, a los padres poco afectuosos o  abandonadores; o  a aquellos que no dan el suficiente amor y limites para que el niño se desarrolle lo más sanamente posible. Tampoco abro el tema del abuso sexual, ese tipo de maltrato lo dejo para otro escrito.</p>
<p>Ustedes no se dan una idea de la cantidad de adultos consultantes que han pasado por tormentos descomunales en su niñez.  Miles de niños son maltratados, golpeados, atormentados en los hogares. Y esto no discrimina clases sociales. Gente considerada “buena persona” para muchos – puertas adentro-  con los frágiles, con los indefensos: con los hijos o ancianos o animalitos…tremendos jodidos. Miles son los filicidios a nivel mundial. La crueldad de los adultos, la psicopatía, la perversión… está por encima de los vínculos y las filiaciones. Todo esto que menciono ocurre, existe, no es una ficción.  Si yo soy un tipo sádico y cruel, o si usted tiene esa predisposición natural a gozar del dolor y de la angustia del otro (de un niño inocente e indefenso en este caso) y bueno, lo va a hacer  con sus hijos. Nada cambia. El sadismo no discrimina.</p>
<p>Por eso invito a una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Todo padre alguna vez puede perder la paciencia o un poco el control o pasarse de rosca con un reto un hijo. Puede ocurrir alguna vez: pero tenemos que pedir disculpas: “mi mama/papa hizo algo malo, pero reflexionó y me pidió disculpas, estaba desbordado, no fue con crueldad”, eso es lo que le tiene que quedar al niño. No podemos enojarnos con nuestros hijos: ¿se entiende que un adulto no puede enojarse en serio con un chico de seis años? Simplemente eso, no puede: el niño está aprendiendo cosas, erra, se equivoca, no pasa nada. Podemos “hacer que nos enojamos”, teatralizar un poco para lograr un efecto de que el niño se calme, pero no podemos enojarnos de verdad, o maltratar. El vínculo es asimétrico en todo aspecto. Tenemos que combatir el maltrato, la crueldad y el desprecio por la vida en cualquiera de sus formas. Poner límites es difícil, a un jefe del laburo, a los padres si son jodidos y metidos, a los compañeros de vida; al tipo que nos atiende agresivamente en el supermercado. Cuesta, es verdad. Hay que trabajar en lo actitudinal y desde donde uno pone un límite a otro,  si la actitud es firme, el niño entiende, aprende y acepta, y capta que era para su bien. El sadismo y la crueldad son, sin duda, el gran enemigo de la sociedad.  Allí donde se posan…hay destrucción de vidas y situaciones. Empecemos a atacarlo dando el ejemplo con las nuevas generaciones pues, en definitiva, el futuro es de ellos. Por supuesto del maltrato se vuelve, quedan marcas, cicatrices:  pero se puede, con trabajo y amor reparador, construir una vida linda por más que se hayan vivido estas experiencias en la infancia. Eso se los aseguro. Hoy la sociedad ha sufrido una gran perdida..un niño ya no está entre nosotros&#8230;producto de la crueldad humana&#8230; a ese chiquito dedico este texto&#8230;que no sea en vano esta perdida.</p>
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		<title>La violencia femicida</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2015 14:55:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Saben qué? En cuestiones de violencia de género, no puedo decirles nada que ya no hayan leído o escuchado. Hoy prefiero hablarles como persona, desde la impotencia que siento como ciudadano cuando me levanto a la mañana y, al leer los  diarios, me entero de casos como el de Lola, Chiara, Ángeles y tantas otras. Pibas con todo por delante, llenas de vida, pero que un día -un verdugo de turno- las toma como si fueran un objeto, y las retira del mundo como si nada. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo alguien puede hacer algo así? Repetimos hasta la locura. Y lo hacemos pensando en esas niñas adolescentes, en sus padres: tratamos de no imaginar lo que pudieron ser sus horas finales; nos identificamos con esos padres desgarrados de dolor e impotencia. Pensamos en nuestros hijos, nietos, en nuestros sobrinos, hermanos: nos vienen a la mente sus cartitas, sus cuerpos, el vínculo que tenemos con cada uno de ellos.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/femicidio.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-395" alt="femicidio" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/05/femicidio.jpg" width="320" height="310" /></a><span id="more-394"></span></p>
<p>Y seguimos reflexionando sobre la crueldad del ser humano, en la falta de justicia. Y los crueles, los sádicos,  los psicópatas que “entran y salen”…y que en una de esas salidas… van… y se llevan vidas ajenas. Y sabemos que entre ese grupo tan particular de personas que se dedican a destruir la sociedad, hay una conducta imitativa, hay contagio: hay “causa común”…y al adolecer de una justica legítima,  al no funcionar los resortes institucionales que regulan la violencia y la criminalidad…siguen matando…tranquilamente, total… “no pasa nada”. Sin premios y castigos justos, ninguna sociedad ha funcionado a lo largo de la historia.  Porque la justicia es lenta, pero  los depredadores son un rayo: son un instante, y esas chicas se van en ese instante.</p>
<p>Sabemos y decimos con los nuestros: “ya tenían  antecedentes, ya había denuncias por violencia, por abuso, por intento de homicidio&#8230;” pero la prevención no funcionó y ya es tarde. Y no podemos entender, “no entramos en razón”, no queremos entrar en razón, no nos cabe nada. Nos angustiamos pero…tenemos que ir al trabajo, hay que llevar a los  hijos al colegio, o ir a esa cena con amigos, o al partido esta noche, o a la fábrica: el mundo sigue traccionando y hay que seguir viviendo.</p>
<p>Y no hay reacción de los jueces, los fiscales, y la sociedad se inunda de garantistas extremos que hablan pavadas y no tienen sentimientos, son reptiles sin emociones, burócratas, teóricos que ponen una firma y liberan al verdugo de la próxima víctima. ¿Saben qué? Son unos canallas, están hechos de la misma sustancia que los depredadores, la empatía la tiene con los victimarios, y no con los inocentes, con las víctimas.</p>
<p>Y cómo mecanismo de defensa, para no hundirnos en el desencanto y la impotencia y el escepticismo, seguimos para adelante: amando, cenando, jugando con nuestros hijos, charlando con amigos. Es que para no ser “tomados” por el dolor y el pesimismo, decidimos seguir honrando la vida: la vida como experiencia, como asunto que hay que valorar y enseñar a que se valore. Y metemos nuestro voto en las urnas, casi como niños, que esperan un premio. Tratamos de elegir a alguien que, entre otras cosas, se ocupe de evitar la violencia: si, es tarea nuestra,  esa, claro: pero precisamos de las instituciones, pues nuestros hijos están, son y andan por el mundo. Y los políticos, en su mayoría, sin empatía, no manifiestan dolor: los vemos hablar y hablar sobre internas partidarias, asuntos menores, y poco de las cosas en donde va la vida. Y así es el astado estado actual de cosas: si no nos ocupamos de esto en serio, vamos hacia ser Honduras, México, en donde mueren miles de mujeres, niños y adolescentes producto de los violentos. La psicopatía, queridos lectores  -entendámoslo de una vez-  no es una patología, es un “modo de ser”, los tipos no están enfermos y hay que “curarlos”, la pasan bien. Por sus tres minutos de satisfacción narcisista y homicida,  destruyen una vida, y la de decenas de víctimas colaterales. Cárcel efectiva de por vida, no tenemos otra opción. El psicópata, el depredador franco, sale, y repite conducta, ¿lo digo yo? No: lo dice la realidad, la estadística, lo dicen nuestros muertos.</p>
<p>A mí, a esta altura, me gusta hablar de violencia: ni de género, ni infantil, ni nada: violencia, crueldad, a secas.</p>
<p>El gran remedio para todo este asunto es hacer, cado uno, lo que corresponda. Generar conciencia en casa, con los vecinos, en la escuela de los hijos: proponer que se hagan charlas sobre la violencia ya desde los primeros años. Tenemos que lograr que las nuevas generaciones rechacen la violencia y la crueldad en cualquiera de sus formas. Con educación, con talleres, con juegos de roles,  se crea conciencia y se logra que los chicos construyan empatía y deseen el bien común. Y educar en el arte del amor  y  la ternura como sustancia vital y reparadora de todo aquello que daña. Y enseñar a tratar bien, desde el ejemplo: somos humanos, todos podemos tener algún mal modo, algún trato cuestionable para con otro. Pero lo central es verlo, pedir disculpas, tratar de modificarlo. La violencia, la agresión, el sadismo está en nosotros, es parte del “Ser Humano”: la historia lo muestra,  pero lo podemos debilitar y  ser lo suficientemente buenas personas para no joder a nadie;  sabiendo que cierta dosis de capacidad de agresión, para responder al maltrato, para defender una postura, para ganar un partido de tenis, es necesaria.  Este estado de cosas es el resultado directo de la ausencia de los gobiernos en políticas específicas y  leyes mejores en  criminalidad y delito.  Uno, como psicólogo, como persona que trabaja con el dolor, con el desamparo que genera la injusticia, a veces, les juro, no sabe qué decir. Están las herramientas, decenas, todas para reparar y lograr que la gente siga viviendo lo mejor que pueda con lo que le tocó, pero siempre somos ortopedistas del desgarro que dejan estos episodios en una persona.</p>
<p>Ahora la sociedad, no los políticos, los fiscales, los jueces, está reaccionando. En los próximos días tenemos una marcha  de la que sugiero participar. Cada uno, cada día, puede aportar algo para que esto se detenga, ese es mi deseo.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Niños atrapados en la irresponsabilidad adulta</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 11:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/24/ninos-atrapados-en-la-irresponsabilidad-adulta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el amor hay conflictos, siempre. Y ni hablar cuando hablamos del amor de pareja. Es lo más lindo de la vida, sí, pero allí donde se desatan pasiones, donde hay sexualidad directa, en donde hay proyectos, siempre va a haber dificultades; es inherente al ser humano. La unión de dos personas es el ensamble de dos historias, de dos tribus, con códigos diferentes, con valores y formas disímiles. Las tensiones aparecen. Pero casualmente, en ir superando esas tensiones y conflictos del amor, es que vamos aprendiendo a amar, comprendiendo que no es algo ideal todo ese mundo. Pero más allá de esto que digo, hay amores que son destructivos, enfermos, que se sostienen sólo en la complementariedad de lo peor de cada uno de los sujetos que integran esa pareja: vínculos que están “vivos” sólo por estar vibrando en el conflicto, en la  agresión y descalificación, en las idas y  vueltas… “Y bueno, cada uno hace lo que puede”, dicen por ahí. Es cierto, pero cuando hay hijos…</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-379" alt="niñossss" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/niñossss.jpg" width="347" height="145" /></a><span id="more-378"></span></p>
<p>Cuando hay hijos todo -pero absolutamente todo- tiene que repensarse, resinificarse; porque todo lo que hacemos o dejamos de hacer va a influir sobre esas personitas que están en proceso de construcción de su mundo biológico y anímico.</p>
<p>Ser padres responsables es entender que la salud mental de nuestros hijos está por sobre nuestro narcisismo, nuestros enojos, odios rencores, despechos. Somos humanos, naturalmente podemos experimentar esos sentimientos pero, casualmente, ser responsables como padres es entender que no podemos trasladar eso a nuestros hijos. Los niños están a nuestro cuidado, no pueden decidir por sí mismos dónde estar, qué escuchar, qué ver, qué modelos seguir… Siguen e imprimen en sus psiquismos lo que ven en nosotros.</p>
<p>Nuestra tarea es preservarlos de todas las pasiones que puedan desatarse en el territorio de una ruptura, de una separación, de un conflicto transitorio de pareja. Tenemos que hacer el mayor esfuerzo (el mayor) en cuidarlos de eso. Los niños no tienen y no deben ser un instrumento de nuestro odio, no tienen que tomar partido de uno u otro progenitor en un conflicto, no tienen que presenciar (o escuchar) el maltrato, la violencia y los límites que se puedan llegar cruzar producto del odio. Si hay niños, tenemos que hacer un esfuerzo desmedido por poder controlar esas pasiones y no trasladárselas a ellos. Esto es así, sin debate, no todo es relativo, esto tiene que ser así: hay que reducir lo más que se pueda todo eso, siempre. Hacer el mayor esfuerzo para que eso no ocurra por que produce daño, “corta la bocha”, como dicen por allí.</p>
<p>Los niños no tienen el capital simbólico ni la madurez emocional para metabolizar, significar y entender eso que ven o que sienten, todo eso no se va a poder inscribir sanamente ni entender y, por ende, va a ser traumático siempre. Porque los niños cuando ven violencia o reciben violencia directa (en cualquiera de sus formas), no pueden comprenderlo: se llenan de terror, no pueden defenderse, no quieren “traicionar” a ningunos de los dos padres,  sienten que tienen que tomar partido por el “aparentemente” más débil,  pero su la vez, quieren mantenerse neutrales, pues no quieren perder el amor de ninguno de los dos. Ni de los familiares implicados en las escenas familiares. En la mente infantil, esos debates generan enormes angustias y síntomas, es una situación realmente insoportable y confusa para ellos.</p>
<p>Entonces: los niños captan todo, desde bebes ya todo. Que no lo puedan poner en palabras, no significa que no “sepan” lo que ocurre. Lo expresan en síntomas, en sus dibujos, en sus juegos, lo saben,  por más que no lo puedan verbalizar. Aparte, y fundamentalmente, todo eso va a traer enormes dificultades en la vida adulta.</p>
<p>Por otro lado, no olvidemos: los niños tienen sus derechos, y ni hablar , por ejemplo, en cuestiones de identidad. Yo les aseguro, si ustedes le preguntan a un niño de uno, dos, cinco años, si quiere que se sepa públicamente  acerca de la incertidumbre que hay con respecto a saber de quién es hijo, el niño diría: -“no, prefiero que eso quede en el ámbito de lo familiar, de lo privado, y no que se haga público”. Sin duda que respondería eso. Por supuesto que también tiene derecho de saber quién es su padre biológico y del corazón, pero el derecho a que eso quede en el ámbito intrafamiliar es tan fundamental como el otro. Pero es más: tiene el derecho -lo digo en el territorio simbólico y legal- a que así sea; pero ese derecho lo tenemos que hacer valer los adultos que muchas veces somos, casualmente, quienes lo publicamos en todos lados.</p>
<p>Ese niño circula y seguirá circulando por un mundo muchas veces cruel con ese tipo de información, un mundo en donde todos van a saber algo de él que él no sabe o simplemente él no va a saber lo que la gente sabe de él. Y eso es injusto e inaceptable. Por amor, por los derechos civiles del niño, es un gran atropello de parte de los adultos dar a conocer ciertas cosas de una persona, un niño en este caso.</p>
<p>Una pavada para muchos quizá: hace mucho tiempo, estando con una gente amiga -éramos seis personas-, una mamá en un momento dice, delante de su hijo de ocho años: &#8211; Bueno, ahora estamos con el tema de que -y mira a su hijo- Miguel se está haciendo pis en la cama. El niño se puso colorado, se sentía avergonzado de que eso se diga públicamente. Fue sutil el asunto, pero el niño se incomodó. Bueno, es nada en relación a todas las cosas que veníamos mencionando, pero ¿saben qué? El niño tiene derecho de que eso quede en el territorio intrafamiliar, más los médicos o psicólogos tratantes si los hay. Uno puede contar eso a los amigos, a los seres queridos, uno habla de los hijos siempre, de lo que les pasa,  no hay cosa más linda; pero ese tipo de información, no delante del niño en público.</p>
<p>Pero volviendo al tema: los adultos podemos volver de ciertas cosas, hasta tenemos derecho a destruirnos la vida si queremos ¿Por qué no? pero ellos no pueden decidir, no pueden “hacer con eso” que sucede, no pueden defenderse. No naturalicemos la crueldad hacia los niños, somos humanos, podemos cometer un error tomados por el odio y los enojos, pero si es así, reparemos y apréndanos de la experiencia, y no repitamos conductas que los dañan.</p>
<p>No planteo una vida intrafamiliar en donde todo sea color de rosa, el mundo no es eso: los niños pueden presenciar esas peleas cotidianas e inofensivas del amor adulto, lo que taxativamente no pueden presenciar es el odio, la mala leche, la venganza&#8230; Esos sentimientos son la gran peste pandémica del mundo, no se los tenemos que enseñar, eso destruye, jamás construye.</p>
<p>Seamos cuidadosos. Los niños son ellos mismos, pero también son el futuro, son “nosotros en el mundo cuando ya no estemos”. Antes de trasladarles el odio, el rencor, de hacerles daño con relatos culpabilizadores,  “con todo lo que hice por vos y ahora apoyas a tu padre”, o de ponerlos como instrumentos del odio o ventilar algo sobre su intimidad, mirémoslos a los ojos, miremos la cara de nuestros hijos, la transparencia de su mirada, no saben qué carajo hacer con todo eso, con esa toxicidad que a veces tenemos los adultos, no lo pueden elaborar,  sólo enfermar y limitarse la vida. Despertemos, hay muchas formas de maltrato hacia ellos, los niños primero, siempre. Veo mucha violencia hacia la infancia últimamente, tema que debe preocuparnos de verdad.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Los hijos y su  la infancia olvidada</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 10:39:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/02/06/los-hijos-la-infancia-olvidada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué recuerdan ustedes de cuando tenían un año,  seis meses, dos años? Seguramente poco y nada ¿Es curioso no? Porque, justamente, es en esa época de nuestra existencia en donde se construye  gran parte  de lo que somos; es allí en donde se producen  las primeras impresiones y experiencias que va a dar como resultado todo lo que después va a ser la base de lo que llamamos “personalidad”. Lo cierto es que un día “aparecemos” (como por arte de magia) en este mundo;  y comenzamos a transitar  las primeras experiencias de satisfacción, de alegría, de dolor, de angustia, y  se van consolidando las matrices fundamentales de todo el enorme abanico de sentimientos,  emociones y estados de ánimo que experimentamos los seres humanos durante toda la vida.  Y bueno, allí empezamos a construir el vínculo con nuestros padres;  que se construye si, como cualquier otro. El niño va adoptando a esos padres y viceversa. Si bien es cierto que un niño está  quizá desde mucho antes  en el deseo y fantasías  de sus  padres (esa es nuestra pre-existencia),  lo central es que nacemos  y empezamos a dejar atrás nuestra prehistoria para meternos de lleno en una historia tangible, de cuerpos digamos, intenso como pocos, como lo es el del cachorro humano con sus progenitores.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-296" alt="foto" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/02/foto.jpg" width="327" height="154" /></a></p>
<p><span id="more-295"></span>Y ahí empieza, entonces, una relación de amor con  ese bebe. Y le cantamos, y lo mimamos; y a medida que va creciendo vamos introduciéndole los primeros límites y los “no” necesarios para que pueda vivir en sociedad y para que ese niño logre gobernar sus impulsos.  Y los bañamos, y reímos con ellos, y empiezan a devolvernos con sus sonrisas, gestos y  juegos… el amor que les damos. A ver: se trata de un vínculo de muy alto volumen, en donde pasan montones de cosas emocionales todos los días. El psiquismo del niño, que viene al mundo solo con un puñado de  inscripciones (leer mi texto aquí en Infobae sobre la vida intrauterina), se va estructurando en toda ese época de la vida.  Y los ayudamos a dar sus primeros pasos, a  pronunciar las  primeras palabras, a nadar, a pedir, a dar: los matices emocionales y afectivos son tantos, y tan difíciles de poner en palabras&#8230;dejemos eso para cada uno en su intimidad afectiva.</p>
<p>El punto es que, en determinado momento, todo eso tan rico, todas esas profundas en intensas vivencias cotidianas…se sepultan y,  ya de grandes, olvidamos gran parte de todo aquello. Ahora bien: ¿saben qué? no importa, no tiene ninguna importancia que todo ese Universo afectivo esté olvidado en el plano de la conciencia: se recuerda de otra forma, en actos, en sensaciones que “nos toman” y no sabemos de dónde vienen;  en los vínculos que construimos, en cómo transitamos las angustias de la vida…todo “eso” está allí, en nuestro “modo de ser”…en nuestro inconsciente, produciendo efectos y modalidades vinculares y  bueno, también se olvida lo traumático:  pero no estoy entrando en esa área hoy.</p>
<p>El asunto es que  “somos”, en gran parte, aquello olvidado, eso  “perdido” de nuestra biografía. No lo recordamos, pero es casualmente lo que forja nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra modalidad de amar y ser amados  y &#8211; cosa no menor-  nuestra ética. También, en esos años, somos grandes observadores  de lo que ocurre entre nuestros padres, de cómo es el vínculo entre ellos;  eso también nos marca profundamente.  En la actualidad  hay una tendencia a pensar que lo que no se recuerda no es importante: mucha gente, frente a los que tenemos una orientación más psicoanalítica, dice cosas  como: &#8211; “uh, pero no quiero ir a la infancia, quiero resolver los temas actuales”. Si, es válido. Pero “estamos hechos “de esa infancia primaria olvidada, es nuestra “sustancia” fundamental.  Y esas experiencias primarias, esos vínculos tan intensos, vividos y observados, nos determinan e imprimen en el psiquismo, que es cemento fresco, un sinfín de sensaciones, que son huellas, marcas: caminos fundadores para que luego transiten las experiencias posteriores.   No lo duden, están siempre presentes en nuestros vínculos actuales, para bien y para mal.</p>
<p>Entonces: hay que conectarse un poco con eso. Piensen ustedes en sus hijos, en todo lo que allí ocurre; en todas las emociones y sentimientos  de ida y vuelta con ellos (estoy hablando fundamentalmente en la etapa que va de cero a tres o cuatro años)&#8230;bueno, ellos se van al olvidar de gran parte de todo eso  pero, repito, sí, hasta el cansancio: “eso” es lo que somos y vamos a ser siempre en esencia.  La sedimentación de todo aquello que vivimos en esa infancia olvidada es lo que somos, y lo que vamos logrando hacer con eso, es el arte del asunto. Por supuesto que después, el “circular por el mundo”, los diferentes vínculos que vamos logrando construir en los diferentes ámbitos de la vida, las cosas del azar…las tragedias… siguen inscribiendo y transformándonos como personas, pero eso es para otro análisis, quizá más complejo.</p>
<p>No quiero plantear una infancia ideal llena de amor, cuidados y vínculos puros y claros como el agua, no: lamentablemente también, muchas veces, hay maltrato, destrato&#8230;agresión, ambivalencia afectica&#8230;abandono&#8230;pero bueno, es la intención de estas palabras fortalecer lo afectivo, el buen trato y la ternura de los padres, a partir de que puedan  tomar conciencia de la importancia de todo esto que planteamos  que ocurre en el primer periodo de la vida. Es mi propósito que  los padres, piensen, que se sigan pensándose a sí mismos, nunca sobra eso.</p>
<p>Los niños, al nacer,  son como una plantita: hay que regarla mucho para que se  “agarre” y afirme a la tierra y crezca sanamente, por sobre todo en los primeros momentos.  El agua con lo que regamos al niño es el amor y los limites también. Si ustedes van a un vivero y compran un árbol, le van a dar toda una serie de indicaciones de cómo y cuándo plantarlo, de cómo “guiarlos” para que crezcan derechos, de cómo es asunto del riego, del control de plagas&#8230;etc. Bueno, con los hijos es parecido, hay que aplicar el sentido común, pero tenemos que tener muy presentes que esos primeros años son determinantes en la construcción del psiquismo humano, y en la predisposición a la salud o la enfermedad en el plano de la salud mental.  Lo que hagamos, el clima emocional general que podamos lograr,  el disfrute que podamos poner en juego en esto de ser padres, el cómo podamos ir llevando las angustias lógicas de ser responsables de un niño…ahí…es ese interjuego permanente…está la “formula” para no hacer, por lo menos, grandes macanas.</p>
<p>Después bueno, yo podría contarles decenas de cuestiones técnicas sobre el por qué se sepulta todo ese fragmento de nuestra historia, pero a ustedes, creo, no les va a resultar muy atractivo. Solo entréguense al hecho de ser padres como si fuera una aventura, si: como si fueran  a conocer un lugar inhóspito, en otro lado del mundo…a descubrir un contiende perdido… disfruten de sorprenderse, de meterse en ese mundo nuevo, en ese “otro mundo”&#8230;el de los niños que es, acaso, el más interesante de todos los mundos, al menos para mí.</p>
<p><i>infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones</i></p>
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		<title>El maltrato infantil</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Oct 2014 10:34:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser padres no nos hace, de por sí, buenas personas. Tener hijos no nos hace padres. ¿Lo central? amor, cuidados primarios y limites pues,  esas personitas, tienen que entender de chicos que “todo no se puede”. La sociedad funciona con normas. Cruzar esas normas,  es exponerse a peligros, pues los niños no las  comprenden. La rebeldía, es parte de la sana evolución de los seres humanos. Ustedes observen: los chicos tienden a la  violencia, al egoísmo, poseen  cantidades importantes esas &#8220;cualidades&#8221;. Les cuesta compartir sus juguetes o integrar a otros a sus juegos. Hay una tendencia al sadismo, a dominar, a someter, a romper, al capricho, a manipular, al bullyng…a la vagancia;  a no estudiar. Es decir: todo esto es parte de los seres humanos, y es sano si no cruza cierto umbral. El  hombre primitivo, antes de ser Sapiens, resolvía todo  a garrotazo limpio. Pero bueno, ahora tenemos pensamientos, podemos reflexionar e ir moderando esos componentes.</p>
<p>El punto es que nosotros, los adultos, que sí sabemos el daño que produce la pérdida de control, la violencia, el maltrato y el egoísmo, tenemos que llevar a ese niño a un territorio en donde entienda que las cosas que hacemos y decimos tienen sus consecuencias sobre otros coterráneos. Pero insisto: pobre de aquel niño que no muestre alguna de las cosas que hemos mencionado, pues estaríamos ante una sobreadaptación peligrosa. Cuando vienen mis pacientes y me dicen “mi hijo es impecable: estudia solo y es sobresaliente, no hace lio, es super educado, no tiene maldad…” me preocupo más que si me dice que tiene ciertos problemas adaptativos. A ver, es sano que los chicos hagan lio y no se dejen mucho manejar.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.diazcastelli.com/wp-content/uploads/2014/10/abusoss-100809.jpg"><img class="aligncenter" alt="abusoss-100809" src="http://www.diazcastelli.com/wp-content/uploads/2014/10/abusoss-100809-300x185.jpg" width="529" height="326" /></a></p>
<p><span id="more-164"></span>Entonces, los niños nacen siendo un caos, un manojo de impulsos y emociones desordenadas. ¿Han jugado al Scrabble alguna vez? Bueno, tiramos todas las piezas sobre la mesa, algunas quedan al derecho, mostrando letra, otras al revés, todo desordenado. La cultura, los padres, las intuiciones… van ordenado el juego, armando las primeras palabras, los primeros sentimientos organizados, los primeros caminos a seguir. Y esto, queridos lectores, se produce fundamentalmente por imitación/identificación de ellos sobre nosotros: se reflejan, se identifican; aprenden e imitan conductas. La construcción de lo que se llama personalidad, es la sedimentación de los vínculos, las conductas, las pasiones que un niño ha vivido y observado.</p>
<p>Ahora bien: hay decenas de miles de adultos que son malos o crueles con los niños.  ¿Podemos hablar de maldad? ¿Suena raro que un psicólogo hable de maldad verdad? Pero si: en rigor, tendría que hablar de la pulsión de muerte, que es esa  -como describirla-  ¿Sustancia o fuerza  interna que empuja y  nos lleva a la destrucción de uno y de los otros? Hablemos de maldad como sinónimo de crueldad. Hablo de padres con rasgos evidentemente psicopáticos: no sienten empatía con la angustia de ese niño (entienden lo que le pasa a ese  niño, pero no sienten nada; a eso lo podemos llamar empatía fría). Podría mencionar decenas de rasgos más, pero ese es el central. Pero lo fundamental aquí es que los chicos,  cuando vivencian ese caudal de agresividad por parte de sus cuidadores, piensan: “Papa malo” “Mama mala”. Un niño no pude entender el porqué ese adulto  -que tendría que amarlo y protegerlo- lo maltrata. Pero es más:  cómo mecanismo de supervivencia, y de defensa, tiende a amarlo y a buscar su tranquilidad para que no se desate la furia o enojo.  La cuestión central es que esos “padres malos”  golpean, atormentan, castigan  o son desmedidamente rígidos, y  hasta pueden dan muerte a esos niños que solo están viendo qué es esto de “ser humanos”. Si un niño hace lío, o anda mal en el colegio, o si le pega a la hermana, o destroza el juguete del hermano; o si vacía la billetera del padre…si nosotros, los adultos, los humillamos, los golpeamos, los maltratamos como castigo, lo que le queda al chico es el terror, el dolor y el sentimiento de impotencia de no poder reaccionar: ¡pues no pueden! Son chiquitos, ese padre o madre que “se les viene encima” y que lo golpea en soledad o públicamente, mide tres metros para él, tiene mucha fuerza, voz muy fuerte, cara de loco/loca fuera de control. Al chico no le va a quedar el mensaje de que ha hecho algo mal o que no debe hacer tal o cual cosa, no:  le va a quedar el terror, la forma que ha implementado ese padre para poner “un límite”. No queda la palabra educadora, queda el maltrato.</p>
<p>Por supuesto no me meto aquí con el maltrato más asociado a la indiferencia, a los padres poco afectuosos o  abandonadores; o  a aquellos que no dan el suficiente amor y limites para que el niño se desarrolle lo más sanamente posible. Tampoco abro el tema del abuso sexual, ese tipo de maltrato lo dejo para otro escrito.</p>
<p>Ustedes no se dan una idea de la cantidad de adultos consultantes que han pasado  maltratos  en su niñez.  Miles de niños son maltratados o destratados, golpeados, atormentados en los hogares. Y esto no discrimina clases sociales. Gente considerada “buena persona” para muchos – puertas adentro-  con los frágiles, con los indefensos: con los hijos o ancianos o animalitos…tremendos jodidos. Miles son los filicidios a nivel mundial. La crueldad de los adultos, la psicopatía, la perversión… está por encima de los vínculos y las filiaciones. Todo esto que menciono ocurre, existe, no es una ficción.  Si una persona  sádico y cruel o fría,  o si usted tiene esa predisposición natural a gozar del dolor y de la angustia del otro (de un niño inocente e indefenso en este caso) y bueno, lo va a hacer  con sus hijos. Nada cambia. El sadismo no discrimina.</p>
<p>Por eso invito a una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Todo padre alguna vez puede perder un poco el control o pasarse de rosca con un reto un hijo. Puede ocurrir alguna vez: pero tenemos que pedir disculpas: “mi mama/papa hizo algo malo, pero reflexionó y me pidió disculpas, estaba desbordado, no fue con crueldad”, eso es lo que le tiene que quedar al niño. No podemos enojarnos con nuestros hijos: ¿se entiende que un adulto no puede enojarse en serio con un chico de 6 años? Simplemente eso, no puede: el niño está aprendiendo cosas, erra, se equivoca, no pasa nada. Podemos “hacer que nos enojamos”, teatralizar un poco para lograr un efecto de que el niño se calme, pero no podemos enojarnos de verdad, o maltratar. El vínculo es asimétrico en todo aspecto. Tenemos que combatir el maltrato, la crueldad y el desprecio por la vida en cualquiera de sus formas. Poner límites es difícil, a un jefe del laburo, a los padres si son jodidos y metidos, a los compañeros de vida; al tipo que nos atiende agresivamente en el supermercado. Cuesta, es verdad. Hay que trabajar en lo actitudinal y desde donde uno pone un límite a otro,  si la actitud es firme, el niño entiende, aprende y acepta, y capta que era para su bien. El sadismo y la crueldad son, sin duda, el gran enemigo de la sociedad, allí donde se posan…hay destrucción de vidas y situaciones. Lo que quiero que quede claro en este escrito, es que cualquier forma de maltrato hacia un niño es de las cosas más graves que hay; denunciemos, juntemos coraje, tenemos que intervenir cuando presenciamos escenas donde se maltrata a un niño. Empecemos a atacarlo dando el ejemplo. Por supuesto que del maltrato se vuelve, quedan marcas, cicatrices: pero  con trabajo y amor &#8211; que todo lo repara- se puede  construir una vida linda (una vida posible, como la de todos) eso se los aseguro. Pero de eso, me ocuparé en un próximo escrito, de lo que produce, de cómo identificarlo, y de cómo reparar y suturar esas marcas del miedo y de la falta de amor.</p>
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		<title>Inseguridad: el exceso de garantismo y la crueldad</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Sep 2014 18:13:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[abogado]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Nadie en su sano juicio puede cuestionar al garantismo como corriente  del pensamiento jurídico. Es una  línea teórica que  aporta herramientas fundamentales para que puedan cumplirse  derechos inalienables de los individuos. Gracias a estas ideas, estamos defendidos de posibles arbitrariedades y tenemos garantías de  un buen proceso en el territorio de las instituciones judiciales.... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/09/17/inseguridad-el-exceso-de-garantismo-y-la-crueldad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie en su sano juicio puede cuestionar al garantismo como corriente  del pensamiento jurídico. Es una  línea teórica que  aporta herramientas fundamentales para que puedan cumplirse  derechos inalienables de los individuos. Gracias a estas ideas, estamos defendidos de posibles arbitrariedades y tenemos garantías de  un buen proceso en el territorio de las instituciones judiciales. Ahora bien: hasta acá, todo correcto. El asunto es que existen los fundamentalistas y los que caen  en el exceso…y suprimen la realidad.</p>
<p>Pero entremos en el tema de la enorme crispación social que hay por la inseguridad. Ante todo, queridos lectores,  es fundamental que legitimemos la enorme  angustia general que flota en el aire en estos tiempos. La gente está con miedo, por sí misma, por sus seres queridos; siente que todo es posible&#8230;y, sistemáticamente, vivencia estados de desamparo e impotencia.  Hay un estado de anomia general en este país; no es ser pesimista decirlo. Reconocer el problema es empezar a resolverlo. Por otro lado, no es central si los medios  de comunicación <a title=" Hornos de Barro" href="http://www.hornoselcardal.com.ar/">fogonean</a> o no el asunto;  lo importante es que el malestar de la población es real, es “un sentir físico”.  Poco importa si los que “salen a gritar” sobre ese miedo son “los salvajes de la palabra”, o gente un poco  exaltada o fuera de control. Lo ideal sería que los que gritan  “nos están matando”, fuesen  personas coherentes y precisas en su modalidad de expresarse. Pero bueno, los aullidos sociales se abren camino como pueden. Nada es ideal. Y, en el estado actual de cosas, me parece un tema menor también.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/inseguridad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-134" alt="inseguridad" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/inseguridad.jpg" width="740" height="555" /></a><span id="more-133"></span></p>
<p>Pero volviendo a los “talibanes del garantismo”, a los dogmáticos: lo primero que noto es el enorme desconocimiento que tienen en  asuntos de psicología básica. Primer punto: los psicópatas y sociópatas que están en las calles produciendo  actos aberrantes <i>no son enfermos</i>. Las personas que matan, violan, que abusan,  maltratan y golpean gente indefensa y débil, son psicópatas  y,  la psicopatía, es un “modo de ser”, un “tipo de personalidad”, no una enfermedad a curar o recuperar. El psicópata no tiene contradicción interna en sus actos, no experimenta culpa o arrepentimiento, pues no puede entrar en resonancia con la angustia o dolor de su víctima. Actúa sólo por satisfacción personal y, simplemente, no siente nada. Hace lo que quiere hacer, disfruta de hacerlo… y se va al cine, o a tomar una  cerveza. Por lo tanto, la insistencia de los fundamentalistas del garantismo en rehabilitarlos, etc, etc, es un error de criterio desde el vamos. Ahora bien, como psicólogo, les puedo hablar diez horas  seguidas sobre el por qué un sujeto puede tener esas conductas destructivas;  les puedo decir que de chico  no recibió amor, que fue maltratado, golpeado, violado, excluido. ¿Y?, nada, pues millones de personas viven hechos  de ese calibre  en su infancia, o han atravesado por grandes carencias  (yo atiendo pacientes que han sufrido experiencias  tremendas)  pero son incapaces de producirle daño a alguien. Entonces, la maldad,  los “Hijos de pu…”  existen, que vamos a hacer, son “el más allá” de la psicología. Son pura pulsión de muerte, destruyen. Por cinco segundos de placer narcisista&#8230;le destruyen la vida a una familia entera,  por años.  Es muy peligroso que sigamos haciendo sociología con estas personas.  Después está el tema de la exclusión y sus efectos en la gente: eso es real, y hay mucho por hacer; pero son cosas a largo plazo, por el lado de inclusión y de la educación está la solución, eso es así.  También es cierto que hay una porción grande de delincuentes que son recuperables, pero no son los que recién describíamos. Yo les puedo decir que, por ejemplo, yo atiendo a una persona que fue 15 años pirata del asfalto; cuando lo conocí, aún robaba: hoy ya hace más de tres años que no lo hace, labura y está dispuesto a ser libre, por él, por sus hijos. Este hombre producía daño social, por supuesto, pero no era psicópata. Esos sí se recuperan.  Entonces, ¿qué hacemos? Lo sensato es que las  personas con ese grado de crueldad, de sadismo y perversión, no salgan más, vía juicio justo, por supuesto, el mundo funciona con leyes, pero no salen más. Porque no <a title="A leña" href="http://www.hornoselcardal.com.ar/hornos-a-lena/">estamos hablando</a> de una enfermedad psiquiátrica o de una persona que en emoción violenta hizo tal o cual cosa.</p>
<p>Pero voy a lo central: un sujeto que pide la eliminación de la reincidencia como agravante. O personas que en medio de tanta angustia social salen a hablar de reducción de penas. O un comisario,  juez o fiscal, que &#8211; vía corrupción-  suelta a estos personajes; o las instituciones penitenciarias que, también  vía corrupción, hacen informes para que los depredadores salgan&#8230;bueno, esas personas…son tan psicópatas y crueles como los detenidos que devuelven  a la sociedad. ¿Se entiende? Son tan responsables  por la vida  que se va, o que queda destrozada, como  el que comete el hecho. La relación es directa. Son casi lo mismo. El tipo que en el 76 estaba en el escritorio escuchando radio  y a tres metros de él había un psicópata torturando, es, también, el torturador, es indisociable. Participa  de esa escena aún escuchando un partido. Por eso, la corrupción y la complicidad psicopática son los primeros responsables de que estos individuos sigan en la calle. También es cierto que muchos jueces no tienen opción, que les llega una carpeta llena de elementos jurídicos que avalan una excarcelación y no hay opción: digo, lejos estoy de hacer generalidades con los que ponen en práctica las leyes.</p>
<p>Por último el tema drogas. Quien escribe ha trabajado con poblaciones muy marginales y mucho en adicción, allá, por mis comienzos. He tratado a adictos muy rabiosos, al paco y a otras drogas. A mi  criterio, no sacan nada que no esté en la personalidad de base del sujeto. Digo: miles de pibes que están atrapados en la adicción más destructiva no matan, no violan, no golpean a un niño o anciano. En los casos que yo tuve, que fueron muchos, casi todos terminaban haciendo actos ilegales, o robando. Robaban a familiares desde las sombras, autos, comercios, de noche, venta de drogas. Pocos eran los que salían armados a matar o que cometían  actos aberrantes con niños o mujeres…. o lo que sea. ¿Comprenden? No es un justificativo, tampoco, que un tipo esté dado vuelta. No es un atenuante. Hay excepciones, claro.  Pero son las excepciones.</p>
<p>Señores garantistas extremos, dogmaticos: agarren los libros de psicología, no muerden, dejen de estar solamente en el  “del mundo de las ciencias del  derecho”. Traten de empatizar con la angustia de los ciudadanos, sientan (traten de sentir queridos reptiles) el dolor de una persona a la cual le matan, violan o le desaparecen un ser querido. Sientan el sufrimiento de los otros de manera sana, dejen de defender la crueldad, pues, si lo hacen, son crueles y criminales también (sí, también). Lo son de hecho y desde, seguramente, sus fantasías inconscientes. Porque quizá se trata de eso: en algún punto ustedes, soltando, defendiendo y justificando con teorías impecables a estas personas, realizan sus fantasías  sádicas y  perversas y de maltrato y  de desprecio hace la vida humana. Tal vez disfrutan un poco del dolor y de la angustia de la gente. Quizá disfrutan eróticamente de todo este asunto de la crueldad. Tal vez  ustedes tienen, dentro de sí la misma “sustancia” destructiva y perversa, pero ustedes  están más camuflados, más  adornados de títulos y honores universitarios.</p>
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