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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; proyecto</title>
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		<title>El amor real</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2015 12:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="420" height="336" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-428"></span>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
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		<title>Ludopatía: cuando “jugar” no construye</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 01:27:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé” -“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones;... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/17/ludopatia-cuando-jugar-no-construye/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“No lo puedo parar Gervasio, he llegado  -y lo digo con vergüenza- a hacer mis necesidades parado al lado de la máquina para no cortar la racha, estoy loco, lo sé”</p>
<p>-“Es más fuerte que yo, pienso todo el día en el juego; ya en el taxi,  se me pone la boca seca, tengo palpitaciones; me agarra como un estado de desesperación, de abstinencia”</p>
<p>-“Cruzo  la puerta del  bingo o las maquinitas y me pierdo, es una suerte de estado narcótico;  he llegado a estar veintidós horas jugando sin parar, casi sin hidratarme ni ir al baño, mi marido ya no sabe qué hacer”</p>
<p>-“Entro en un estado en que el mundo desaparece, nada importa, sólo las cartas o esa ruleta…me pierdo, no me importan mis hijos, mi mujer, mi trabajo… no me importa nada. Es, y se lo digo de verdad, como cuando uno tiene sexo, que se pierde la cabeza y se olvida de todo, pero haciendo algo que uno sospecha que le hace mal”</p>
<p>-“Mi padre era jugador, mi infancia fue de lo más rara: llegábamos a Mar del Plata a una casa increíble,  llenos de lujos, y a los tres días  teníamos que volvernos porque papá se había quedado sin nada, los vecinos nos daban para la nafta, si es que todavía había auto…yo no entendía, era chica”</p>
<p>-“ Ya no sé qué hacer con mi vieja, está todo el día en las maquinitas, casi ya no ve a sus nietos, mis hijos, no acepta que le diga nada, es negadora, se pone irascible, me ataca o me trata como enferma a mí, que estoy delirando, me dice. Ahora entiendo el por qué era y fue siempre una madre ausente, ahora sé donde estaba”</p>
<p>Queridos lectores de “Herramientas Psicológicas”… ¿duro verdad? Estos relatos, sacados de mi trabajo diario, son sólo algunas imágenes elegidas para que ustedes puedan comprender, imaginar, “la fuerza impulsiva e imparable” que suele gobernar al jugador, son casos ya muy avanzados, es cierto: la ludopatía, como enfermedad, es algo que se va instalando de manera progresiva, siempre de menos a más; y digo esto para que podamos entender que se puede identificar cuando se está gestando, y detenerla, antes de que la catástrofe ya esté instalada, y los fondos que se toquen sean irreversibles.</p>
<p>La ludopatía, o adicción al juego, como quieran llamarlo, es una enfermedad,  acaso de las más salvajes: es un tipo de trastorno de la conducta y de los pensamientos que puede empujar a la persona, y a su entorno, a una vida llena de angustia y sobresaltos. Y digo salvaje como expresión de algo “indomable”; porque ese impulso que “toma” al sujeto y lo lleva a jugar una y otra vez, es así, imparable. La persona está literalmente “arrasada” por esa fuerza interna (impulso) y no puede parar  de hacer aquello que le hace daño. Pero no es solo jugar; el juego está todo el tiempo en la mente del jugador, de manara obsesiva e intrusiva, digo: piensa todo el día en el juego, y no puede frenar esos pensamientos, y luego pongo “en acto” esos pensamientos”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-374" alt="images (2)" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/images-2.jpg" width="285" height="177" /></a><span id="more-373"></span></p>
<p>El asunto es totalmente irracional y autodestructivo: por más que el jugador sabe y tiene evidencia de sobra en relación al resultado final de su accionar o conducta, no puede salir. Es la “puesta en acto” de un masoquismo muy primitivo y sin ley. El jugador es “un creyente”. Sí,  cree que va a poder ganarle al azar (cree que puede ordenar el caos…) construye hipótesis, ideas y pensamientos que suenan sensatas, pero que son irracionales e incomprobables desde el punto de vista de la experiencia directa.   Eso es lo que solemos llamar “pensamiento mágico”. En el juego se empiezan a expresar   toda una serie de mecanismos de compensación que sólo fortalecen la enfermedad. Y es así que juegan hoy, para compensar la angustia de la pérdida de ayer, o van a otro lugar porque “el asunto es que tal sitio da mala racha”; o se cambia de juego, o lo que sea…pero la cosa siempre termina en esos altibajos de euforia y depresión (y desesperanza) que tanto conocen los jugadores.</p>
<p>La ludopatía es una enfermedad de negación, la persona niega, desestima, minimiza su problema, “sólo voy para desenchufarme un poco”,  “no juego lo que no tengo” “yo lo controlo, el juego no me controla a mí”…y así, las escusas y los razonamientos para negar el problema son interminables; y ni hablar de la red de mentiras que el jugador tiene que armar para “poder jugar tranquilo”. Y los afectos… la familia: la vida intrafamiliar suele transformarse en un verdadero zamba (ese juego que estaba un el Italpark, ¿lo recuerdan?), lo cotidiano son los sobresaltos, la inestabilidad, la confusión, desorientación; pues el engaño, la  negación, confunden mucho al entorno. A ver, no lo hacen de “malos”, de jodidos (más allá de que dentro de los jugadores hay de todo, como en la vida) simplemente, están enfermos.</p>
<p>Ahora bien: la ludopatía se puede tratar y detener, no curar, pero si detener. No es una enfermedad como otras que, más allá de la buena voluntad que se ponga en un tratamiento, no se cura, digo: si una persona se enferma de, por ejemplo, cáncer o diabetes, lo que puede hacer es hacer el tratamiento en tiempo y forma, y trabajar lo anímico para un mejor pronóstico, pero no depende de él la cura. En la ludopatía sí, está en sus manos  detener la enfermedad, depende enteramente de él y su actitud, y de que pueda tomar conciencia de que se es responsable de aceptar y tratar la patología. No hay escusas con eso. Porque se puede frenar, dejando de jugar, de manera absoluta, y luego revisar las coordenadas históricas que llevan a una persona a adquirir ese trastorno. Y lo cierto es que hay decenas de millares de personas que lo han logrado, y están bien,  rearmaron su vida; llegaron a un gobierno sobre los impulsos y pensamientos, y a recuperar los afectos perdidos. Porque, les digo: la adicción al juego es una enfermedad de pérdida; se pierde dinero, trabajos, afectos, objetos…vínculos…y la persona&#8230;el que se pierde es, fundamentalmente, el jugador.</p>
<p>Hay placeres que son destructivos, el masoquismo, en cualquiera de sus formas (la ludopatía es una forma de masoquismo bien claro),  generan placer, si las cosas autodestructivas no proporcionaran “placer” no habría tanta gente atrapada  en las adicciones. Lo que ocurre es que son placeres narcisistas, de gozar con uno mismo, desconectándose parcialmente o totalmente de la realidad y tienen  costos muy caros. A ese placer en lo destructivo lo llamamos “goce”, pero eso es para los colegas;  ustedes sólo tengan presente que algo puede ser placentero para un parte de nosotros y displacentero para otra. El jugador está  atrapado en una búsqueda desesperada de “la tierra prometida”, busca esa “recompensa” desde un gran vacío existencial. Algunos se juegan…hasta la vida; de  hecho, es así en la famosa  “Ruleta Rusa”, que si bien es algo muy extremo y que casi nadie llega hasta allí, nos sirve para graficar la complejidad de esta enfermedad. La palabra juego, lo lúdico, es una parte fundamental en la construcción de la personalidad de los seres humanos; por ese medio simbolizamos la realidad, expresamos nuestros conflictos,   fundamentalmente durante toda la infancia, nos “construye”, nos adapta al mundo. Bueno, en la ludopatía nada de eso ocurre, “el juego” en la ludopatía, sólo destruye.</p>
<p>Como decía, es muchísima la gente que sale, a mi criterio, lo mejor, es la combinación de terapia  -para descubrir el origen y la  historia del por qué se produjo esa problemática- y los grupos de autoayuda tipo Jugadores Anónimos que son realmente muy buenos, y son los que tienen mayores estadísticas de recuperación, y  que dentro de su estructura, conviven con  grupos de autoayuda para los familiares de la persona portadora del problema.  Pues el jugador genera un clima emocional muy desorganizante y nocivo para el buen  desarrollo familiar.  Y algo no menor: estos grupos son totalmente gratuitos.</p>
<p>Después está el asunto de lo social: el juego es algo asociado a divertirse y es totalmente legal. Digo, con el alcohol y las drogas hay penas, si usted maneja alcoholizado, hay sanción, si le encuentran drogas, hay leyes, aquí no; no sólo es legal, sino que se lo estimula y promociona.</p>
<p>Salir de estos cuadros es tarea que requiere mucho trabajo, mucho compromiso con los tratamientos, en donde el secreto, al menos durante los primeros tiempos, es no subestimar a ese enemigo interno que emerge camuflado para llevarnos de vuelta a la derrota frente a los impulsos. Aceptación de la enfermedad, tratamiento, y mantenimiento a partir de incorporar conductas saludables, disfrutes y placeres sanos, sin necesidad de destruirse o destruir a otros.  Como complemento es este escrito,  les recomiendo que lean “El Jugador”, del gran escritor ruso Fiodor Dostoievski, acaso&#8230;el más gran traductor de los conflictos del alma humana.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Cómo elegir un buen profesional en salud mental?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 12:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que los alivie o que  -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas, de pensarse a sí mismos. Para empezar a hablar de lo que les pasa, los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo; de alguna manera él será el conductor en ese proceso de “cura”. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quién dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones de ayudarnos?</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg"><img alt="psicologia1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg" width="351" height="396" /></a></p>
<p><img title="Más..." alt="" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" /><span id="more-351"></span>La vez pasada una joven, en su primera consulta, me relataba que venía de una mala experiencia. Había estado nueve meses con una psicóloga que  le hablaba muy poco, que casi no le daba devoluciones; que la profesional fumaba en sesión, que el trato era rígido y distante. Otro me decía que el profesional al que había asistido tenía muchísimo sobrepeso  y que anotaba todo y la miraba muy poco. Otro, me dijo cierta vez,  que su psicólogo, también médico, en la primera sesión, le había recetado medicación: -&#8221;me pareció apresurado, ni me conocía, no me veo tan mal, como para que, de entrada, sin saber mi historia, me medique&#8221;.  Puedo contar muchos relatos de este tipo.  En un momento, la chica de la psicóloga &#8220;fumadora&#8221;, me dijo. :- “mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnóstico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que  acabo de contarle le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y están todos chapa, tienen millones de quilombos no resueltos y viven mal…y van… y atienden pacientes”-.</p>
<p>Bien, pero tomemos el ejemplo de la joven:<i>- </i>una chica muy lúcida e inteligente por cierto -.  Más allá de la problemática que relataba,  tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojalá todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Porque hay algo central: tiene que haber cambios concretos  y reales en las diferentes áreas de su vida, o en alguna, pero cambios, y más o menos a corto plazo. Por supuesto nuestro laburo no es exactamente levantar síntomas, la &#8220;cura por la palabra&#8221; tiene muchos objetivos, no solo ese; pero la gente viene para sentirse mejor &#8220;corta la bocha&#8221;, como dicen por ahí.  Veamos: una  profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando -casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo &#8211; pero eso es anecdótico si se quiere, puede no estar luchando contra el cigarrillo la paciente, es lo mismo. El tema es que allí hay un  profesional que fuma en sesión. A ver: al menos, si se está atrapada en una adicción&#8230;no lo exhibas frente a tus pacientes. El hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto” al consultante que estaba atornillada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo, que es pulsión de muerte lisa y llanamente. El otro, con el tema del sobrepeso, también mostraba o “decía” en acto: “soy dejada con mi cuerpo, no me cuido, no tengo control sobre mis impulsos, como y como,  hasta la obesidad”. A ver, hay excepciones en donde el sobrepeso ( la obesidad es una enfermedad en sí misma) es producto de problemas médicos muy complejos, pero, en líneas generales, está más asociado a cierto desorden y destructividad, y es una enfermedad que en gran parte de los casos, depende de nosotros &#8220;curarla&#8221; o mantenerla bajo nuestro control.  ¿Complicado no? ¿Acaso lo que tiene llegada no son los ejemplos? ¿Y si a esa psicóloga le llega una persona que lucha contra el sobrepeso? Digo, los consultantes se fijan en esas cosas, somos un cuerpo, nuestra apariencia habla de nosotros, mucho; el lenguaje es solo una forma de comunicación. El cuerpo, nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestra mirada, también comunican. ¿Todo un tema verdad? Con el trato rígido o distante igual, eso no suma a que las personas se suelten.</p>
<p>Pero volviendo al tema: ¿cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones de ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos tres o cuatro  sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia, de otras modalidades  que tenemos entre seres humanos. A ver: es un vínculo asimétrico, eso es así, los consultantes lo captan, pero no hace falta resaltarlo con distancia o no sé qué cosa.  En nuestra vida diaria, cuando charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones,  etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser muy diferente. Es diferente sí: habla más el paciente en general,  pero no tiene por qué serlo tanto.  Les cuento todo esto porque realmente  creo que esa postura “seria y aséptica”  que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también, ¿por qué no?  Pero tensiones productivas y no esas  innecesarias: las del excesivo silencio, la  de la distancia que algunos profesionales ponen con sus pacientes, o del diván  -el diván es una “herramienta de trabajo” muy cuestionable, instituida, pero cuestionable-  al menos yo lo veo así.  Porque el punto es que todo eso termina generando, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces se construyen  grandes pensamientos, inteligentes  interpretaciones de <i>“lo que me pasa”,</i> pero, en <i>la realidad, </i> no  hay cambios, no hay disfrute de la vida.</p>
<p>Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos, pueden defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque, aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga…incluso a veces el uso del diván (no digo siempre) puede hablar de ciertas  limitaciones del profesional, de que no puede sostener el cara a cara,   hay profesionales muy buenos que lo usan, que yo lo considere una herramienta obsoleta, no anula que a muchos consultantes o a algunos colegas les funcione.  En general, en salud mental, los  más efectivos, son aquellos que cuando vamos a la primera sesión,   notamos cierta soltura en el trato, algo normal, algo  común digamos, sin tanto misterio. Y cierta actitud -cómo decirlo- ¿vital?..Sí, eso.  Armarse un personaje misterioso y silencioso quizá garpa más, da más enigma&#8230;misterio, pero&#8230;a mi criterio, eso no camina. Y algo central: las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, quizá más en conflicto, pero menos angustiadas;  y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de qué cuadro era.  A esta persona le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo me hubiese ido también.  Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino y rígido en el trato. También se rechaza el exceso de intelectualidad en el tratamiento o los psicólogos que aplican “técnicas” violentas, como atender 10 minutos y cortar la sesión,  un disparate. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones, una pequeña evaluación del profesional.</p>
<p>Ahora bien: ¿un psicólogo, psiquiatra,  tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No  -eso no es posible &#8211; ni para nosotros ni para nadie.   Pero tiene que haber vivido una experiencia sostenida y productiva como paciente. Y si, tiene que tener un grado importante de dominio de sus pulsiones destructivas, un importante conocimiento de sí mismo y  -por sobre todo-  tiene que tener gobierno sobre sus enemigos internos y cierto manejo y realización de sus deseos. Y algo no menos importante: tiene que haber vivido, mucho. Somos nuestras experiencias, y lo que aprendimos de ellas…también como psicólogos eso está en juego, tratamos de no poner mucho &#8220;de nuestros pensamientos y experiencias&#8221;, pero eso es un ideal, y es más: ante escenarios de mucha devastación, tenemos que jugar ciertas cartas asociadas a nuestra vida, no pasa nada, si uno sabe por qué y para qué.  Todos los seres humanos tenemos dentro un enemigo que empuja a vivir mal, y a que hagamos goles en contra. Los que trabajamos con el dolor humano tenemos la responsabilidad ética de trabajar profundamente con nosotros, de ser, por qué no, ejemplo de gobierno sobre lo peor de nosotros.  Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar algo a alguien, imposible diría. Después, claro, en la vida pasan cosas, y somos como cualquier persona en relación al abanico de emociones que podemos sentir.  Tómense su tiempo para elegir terapeuta,  agudicen sus intuiciones para hacer una breve evaluación. Hagan eso también para elegir pareja o para tomar cualquier tipo de decisión en la vida, no nos apuremos para las cosas. Y no olviden: &#8220;lo que cura”, si hablamos de terapias, cualquiera sea la teoría que el profesional use, ES EL VINCULO. Si el profesional les mezquina el vínculo&#8230;o si les dice cosas demasiado raras&#8230;a seguir buscando.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Diciembre: balances</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2014 02:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Diciembre es un mes en donde confluyen  muchas cosas: el cansancio acumulado durante al año, las fiestas (siempre algo tensionantes), el cierre o finalización de muchas actividades, la planificación de las vacaciones, las reuniones. Es un mes en donde, en general, no tenemos demasiado tiempo para pensar. Sin embargo, casi naturalmente, todos hacemos algún tipo de balance. La vida es ciclos, como el día y la noche: el tiempo es una convención cultural, pero  apropiarnos de él, planificarlo, es un arte necesario.</p>
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<p>El asunto es que llegó el último mes del año y  todos miramos un poco hacia atrás,  lo que pudimos o no hacer en él, los cambios internos, las transformaciones y aprendizajes que hayamos logrado…nos meten, naturalmente, en un balance. ¿Pude sostener aquello que en marzo me propuse? ¿Logré  mantener mis pasiones o intereses? ¿Conseguí evolucionar en algo como persona? ¿Y,  en el  amor? ¿Y, en el mundo del trabajo? Es decir: ese fragmento de historia que queda detrás,  puede mostrar muchas cosas, podemos aprovecharlo para hacer  introspección y   -a partir de  un sano balance-  evaluar y aferrarnos a los logros o, si lo que vemos no nos conforma, cambiar el rumbo y modificar ciertas cosas, evolucionar.</p>
<p>Todos tenemos una suerte de idiota dentro, una especie de enemigo interno que nos quiere anestesiados, limitados, achatados,  en nuestros deseos  y pasiones. Ese idiota vive de lo mejor de nosotros y nos limita la vida,  en el amor, en nuestra capacidad de disfrutar de nuestras potencialidades; nos mete un cepo en el arte de gozar de la sexualidad, de los hijos…del trabajo: ser conscientes de esa tendencia interna negativa, no es ser paranoicos, es simplemente no dar ventaja, y tratar de vivir lo mejor que se pueda, lo más acorde a nuestro verdadero potencial.</p>
<p>En los últimos meses del año aumentan muchísimo las consultas. En esas charlas,  es muy común escuchar cosas de este estilo:   “otro año que se va…y yo sigo igual;  abandoné las cosas que había arrancado…sigo  mal con mi pareja;  no hice los cambios que me había propuesto”;  gente que mira para atrás y ve otro año de pantano, de falta de aprendizaje, de derrotas contra lo peor de sí mismo. Es que vivir, disfrutar de la vida, incluso entender y aceptar que la angustia es parte de ella, es todo un tema. Y aclaro esto último porque noto que últimamente  se ve como prohibido sufrir, es que el nuevo mandato es estar  “¡para arriba!”, siempre, y eso no suma, pues sentirnos mal, tener momentos de sana melancolía, de necesaria tristeza&#8230;es normal, y hasta puede ser  útil, puede ser combustible para ciertos cambios.</p>
<p>De todos modos, para mí, lo central de esos balances está en revisar  si hemos evolucionado en el territorio en cuanto a ser  mejores personas. Es fundamental, por ejemplo,  que nos preguntemos sobre  cómo es el trato que tenemos hacia los demás: ¿Cómo trato yo a  las personas,  en general? Considero que esa pregunta es central, pues nos mete de lleno en  nuestro narcisismo, en  nuestra historia más profunda. También es bueno preguntarnos si hemos tomado algún señalamiento de los seres queridos en relación a algún rasgo de nuestra personalidad. ¿Qué aprendizaje hemos hecho, en qué pudimos mejorar en relación a nosotros y a los otros? En el mundo actual, en donde se impone el híper consumo y  la exaltación de los goces narcisistas, el refugio, la defensa  frente a  toda la artillería de nuevos mandatos, está en las pasiones verdaderas y en los afectos. Es en el amor de pareja, en los amigos, en los hijos, etc,  en donde tenemos que crecer.  Allí  donde hay que poner el  foco en  los balances.</p>
<p>En el tema de las pasiones,  lo central es entender que, sin ellas, la vida se va vaciando: puede ser escribir, correr, nadar, hacer  teatro, cocina, carpintería&#8230;lo que sea, pero que implique un “hacer”. Leer, ver cine…son cosas centrales&#8230;pero no son un “hacer”. Son actividades en donde somos espectadores. El asunto es sostener  los goces en donde uno sea el protagonista: las verdaderas transformaciones parten de allí. Sostener las pasiones es complejo ¿qué paradoja, verdad? Tendría que surgir naturalmente el hecho de mantener algo que nos gusta: pero no, cuesta. Es el ser humano,  es siempre ese idiota interno que atenta  contra todo lo bueno de la vida, y nos aferra a lo displacentero y destructivo.</p>
<p>Por eso, luego de ese balance, y mientras vamos haciendo conscientes ciertas tendencias inconscientes que nos gobiernan…hay que ponerse a trabajar para que el próximo año sea mejor; para sostener…amar&#8230;y aprender a enfrentar las lógicas angustias de la vida, los miedos,  con más dignidad, sin que nos paralicen. De eso se trata: eso es lo que yo les deseo para un nuevo año que comienza, que tengan deseos y pasiones, y que los sostengan a capa y espada, si no, la vida, se va transformando en un “durar en la monotonía”…y eso, queridos, es naufragar. Pongamos las velas, demos  un rumbo  al barco, a navegar en esta aventura que es la vida.</p>
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		<title>La sexualidad después de los hijos</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2014 10:51:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil. Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/09/la-sexualidad-despues-de-los-hijos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil.</p>
<p dir="ltr">Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que alarmarse o sentirse en falta con uno, con la pareja: es algo que en mayor o menor medida, le ocurre a todo el mundo. La llegada de un hijo es un acontecimiento extraordinario, en el mejor de los casos ese niño viene desde hace meses ya en las fantasías de esos padres. Son momentos de mucha expectativa; de una espera que puede ser hermosa, pero también es tensionante y se acoplan montones de lógicos miedos; y ni hablar cuando la pareja es primeriza.  No tengan ninguna duda: tener un hijo es un acontecimiento traumático, nacer también. Es un hecho tan, pero tan extraordinario y delirante, que supera ampliamente nuestra capacidad de metabolizarlo, de simbolizarlo. Es un tsunami de estímulos visuales, emocionales, racionales&#8230; todo en horas. Pero ocurre que hay traumas positivos y otros negativos. Entiendan “lo traumático” como aquel acontecimiento o situación  que nos supera en la capacidad de procesarlos, no como sinónimo de algo negativo. Por ejemplo: la metamorfosis de la pubertad es un acontecimiento traumático, pero es parte de la evolución. Allí lo biológico, el cuerpo y sus transformaciones, van delante de la apropiación simbólica/emocional de ese suceso. Con un hijo es algo por el estilo, la escena (potente y desorganizante como lo es un parto) se presenta antes de que tengamos las herramientas para entenderla y digerirla… por eso “traumatiza” un poco. Nadie está preparado para esos partidos.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-227" alt="sexo e hijos" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg" width="300" height="168" /></a><span id="more-226"></span></p>
<p dir="ltr">Y bueno, ese niño fantaseado, deseado ya está en el mundo: se mueve, llora, demanda y uno no sabe bien qué hacer, o sí sabe, pero no se tiene la experiencia práctica. Tener un hijo, sobre todo para la mamá, es una tarea atlética. Sí, es físico el asunto: hasta lo afectivo pasa casi por una tarea muy asociada a lo corporal, a un esfuerzo de un cuerpo para vitalizar y cuidar a otro cuerpo y aquí. Las mujeres gastan enormes cantidades de energía para sostener en todos los aspectos a su cachorro. Los hombres, por más colaboradores que seamos, nos tenemos que ir a laburar, nos dan solo algunos días de licencia; pero igualmente, si pudiésemos  estar las veinticuatro horas con nuestra mujer e hijo, ese niño, al menos en los primeros tiempos, “se pega”, “se suelda”, más a la figura materna, pues es la que  puede ir interpretando mejor las demandas, las necesidades de ese niño que lucha por sobrevivir.</p>
<p dir="ltr">Entonces: la ternura,  el amor, el agotamiento físico que implica ocuparse responsablemente de los niños copan la parada. Es así. Y en un principio, tiene que ser así. Por otro lado, la casa se va llenando de  Mickey, de Poco- yo  y de ositos de todos los calibres. También de “memas”, “pañales” y de una infinidad de insondables objetos asociados a los cuidados del nuevo integrante. Digo: la ternura entra en la casa a lo loco y eso puede opacar un poco el erotismo ¡y ni hablar del olfato que tienen los bebés para despertar justo cuando los padres arrancan con el asunto! Dar de comer, bañarlos, cambiarlos, ocuparse de que no falten las cosas básicas cotidianas, pasar tiempo con ellos, jugar, cantarles… Todo este movimiento que apunta a nutrir de amor y cuidados  al cachorro es a fuerza de libido y allí es donde –naturalmente-  la pasión, la libido libre que uno podría destinar a la sexualidad, termina siendo poca. Y sumemos el tema del sueño, que siempre se trastorna un poco… Es decir: dentro de lo apasionante y hermoso que es ser padres y por más que todo esto que decimos es parte del juego, sería imposible que la sexualidad de la pareja no sufra alguna modificación. Por supuesto que hay parejas que tiene problemas con esto desde siempre y que un hijo, en todo caso, sólo acentúa algo previo; no estoy hablando aquí de ello. Solo estoy describiendo el escenario que suele presentarse en parejas en donde eso caminaba más o menos sin mayores problemas antes de los hijos.</p>
<p dir="ltr">Lo primero que como profesional uno recomienda es que se naturalice un poco todo esto. Porque si no, todo esto deriva en parejas sobrepreocupadas y atormentadas, que se sienten en falta: “ no atiendo más a mi mujer o a mi hombre”. Mal camino. Reconocer que esto es un poco así siempre, es empezar a aliviarse y comenzar a buscar una forma para apostar a la reconexión amorosa. Sostener el amor, en todas sus áreas, es un arte;  y si hablamos de arte tenemos que pensar en la creatividad. La tendencia es a  volvernos un poco sonámbulos, el agotamiento de los primeros tiempos nos seca un poco la cabeza, por eso es central –ya una vez que ese niño se va adaptando al mundo y a la vida familiar- empezar a hacer algunas cosas, aunque sea de manera medio forzada. Sí, forzada. El cansancio, ciertas rutinas en las que nos introducen los bebes (necesarias para la vida cotidiana de ese niño) nos aplastan un poco. Es ahí donde tenemos que salir a la calle, tratando que esas salidas sean de la pareja primaria, sin familiares o amigos. Escapadas a lugares verdes, caminatas por el barrio con el cochecito, mirar a nuestro hombre o mujer en otros contextos o paisajes que no sean la casa o departamento. Arreglarse para el otro, aunque sea para salir a caminar 10 minutos. No perder eso de ponerse “lindo” para el ser amado. Tener esa charla a la noche, a solas, en la cena: charlas sobre la nueva vida, sobre la experiencia que se está transitando,  de cómo va llevando cada uno el “ser padres”. Yo recomiendo no ver TV, o ver poca. Un hijo precisa atención permanente, cuando la pareja está a solas y el bebe duerme, hay que conectarse con el otro y no con la TV. Son pocos los momentos en donde se puede estar a solas y sin estar haciendo cosas para la criatura. Esas charlas tienen que estar, allí también se puede empezar a hablar del tema de la sexualidad: hablar de ella es empezar a activar el asunto.</p>
<p dir="ltr">Muchas veces es sólo cambiar un poco de ambiente, salir del mundo de Mickey, digamos. Recuerdo una pareja: habíamos pensado que ellos,  como trabajaban a cuadras uno del otro, podían encontrarse al mediodía, en sus horas de almuerzo, en un hotel. Luego de ir pensando en ello, le encontraron la vuelta para hacerlo cada 15 días. En la casa no se podían conectar, no había manera. Ambos tenían prejuicio con el hecho de “ir forzados al hotel a hacerlo”, yo les decía que sí, que quizá era un poco así, pero que dependía de ellos el poder apropiarse de esa escena y terminar conectando y disfrutando. La primera experiencia de hotel no pudieron soltarse, de hecho, en un intento de aflojarse empezaron a tomar (no eran de tomar) y medio se mamaron ¡un lunes a la una de la tarde! Recuerdo que vinieron al consultorio y me dijeron: “Ganó Pluto Doc, no hicimos nada, nos re mamamos, no pudimos volver al laburo, somos dos losers”. Lo de Pluto me lo decían porque que se había instalado como joda con ellos de que “Mickey y Pluto les estaban cagando la vida, eran los responsables de la no sexualidad”. El asunto es que a la segunda y tercera vez, ya arrancaron conectarse.</p>
<p dir="ltr">Otra consultante, que venía de una vida sexual muy intensa antes del hijo, me relataba lo mal que estaba con ese tema su matrimonio. No había manera: habían tenido gemelos, no tenían fuerza “ni para darse un beso”, me decía. Algunas veces intentaban y no podían, se quedaban dormidos literalmente. Bueno, a ella –en sesión- se le ocurrió proponerle al marido sentarse a ver cine condicionado. Venía y me decía: “es patético lo que estamos intentando Gervasio ¡aparte justo enganché una porno rusa que la mina tenía una cicatriz enorme de una cesárea, me impresioné y empezó a dolerme la mía. Cero erotismo!” (era una tipa muy graciosa en su modo de relatar). El asunto es que no aceptaban su cansancio natural, su agotamiento, querían que la pasión surja de la nada y no: muchas veces hay que estimular, obligarse un poco a hacer algunos movimientos inclusive, con pocas ganas. Es como en las depresiones, donde es común que los depresivos, naturalmente, no tengan ganas de hacer nada; nada los enciende. Pero bueno, hay que obligarse a hacer algunos movimientos, sino la depresión, no se va.  Es decir, reactivar la pasión, es un desafío que a veces puede resultar medio un trabajo, pero es la actitud. Son los pequeños movimientos los que van haciendo que “los cepos” se vayan soltando.</p>
<p dir="ltr">Ser padres es entrar en otro mundo, uno en donde las responsabilidades como padres están por sobre nuestro narcisismo y, muchas veces, por sobre nuestros disfrutes, pero no tiene uno por qué eternizarse en eso, son cosas lógicas y que se pueden dar vuelta sin problema. Agreguemos a esto que el hombre, cuando ve a su mujer tan en madre, literalmente se le materniza un poco en su inconsciente  y eso le apaga en cierta medida algo de su deseo. Y a la mujer se le apaga porque es tanto, pero tanto, lo que pone en ese bebe, que queda con el tanque vacío. Queridos lectores: es tan increíble lo que hace una madre, tan sorprendente su trabajo, esa pasión, ese “hacer por el otro” &#8230; es estar todo el día o lo que dure esa licencia de trabajo con un bebe haciendo y haciendo: atletismo puro.</p>
<p dir="ltr">Es tanto, pero tanto lo que nos dan los hijos, que todo esto que digo tiene que ver con “los problemas del progreso”, son sólo algunos costos que tiene el deseo: la gente tiene hijos por deseo (yo creo que casi  todos los niños, en algún punto, vienen desde el deseo) pero los deseos, y su realización, no son algo ideal. Nada es ideal, ni el amor, ni los hijos, ni el trabajo que tengo que es resultado de mi vocación, nada: todo tiene su complejidad, la vida humana es con complejidad y contradicciones, siempre. Pero eso es casualmente lo lindo de la vida: continuar y reinventarse pese a eso. Todo es parte de un proceso pero es recomendable que no descuidemos la sexualidad por mucho tiempo o que la pareja pase periodos muy prolongados sin relaciones sexuales porque eso deteriora un poco la vida amorosa. Tomemos el desafío de encontrarle la vuelta, no dejemos que  Mickey o Pluto o Poco-yo (como diría nuestra simpática pareja) ganen la batalla. Y recomiendo tener hijos, de la manera que sea. Yo estimulo eso, cuando sospecho un deseo oculto detrás de algunas resistencias, lo estimulo en los consultantes ¿por que no? Armar una familia, dure el tiempo que dure, intentar cambiar cosas de uno&#8230; por los otros; ponerse desafíos colectivos, disfrutar la vida y las cosas que ocurren en el mundo con otros, y con esos ñatos quilomberos que corren por la casa, es una gran cosa, compañeros, una gran cosa.</p>
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		<title>El amor, los ideales: la realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Dec 2014 16:07:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/03/el-amor-los-ideales-la-realidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-221" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="600" height="480" /></a></p>
<p>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
<p><i> </i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La acción como salida a los problemas</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Nov 2014 00:08:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En nuestro país la psicología está por todos lados. Se presenta  en televisión, revistas, diarios, internet. Todo esto tiene un costado muy positivo: la gente ya sabe que esa herramienta existe y que está comprobada su eficacia, que ayuda, que suma y que -muy a menudo- salva vidas humanas, muchas. Pero también, la excesiva presencia... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/17/la-accion-como-salida-a-los-problemas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En nuestro país la psicología está por todos lados. Se presenta  en televisión, revistas, diarios, internet. Todo esto tiene un costado muy positivo: la gente ya sabe que esa herramienta existe y que está comprobada su eficacia, que ayuda, que suma y que -muy a menudo- salva vidas humanas, muchas. Pero también, la excesiva presencia de la psicología o el psicoanálisis en nuestra sociedad ha generado algo curioso. Les cuento: la vez pasada yo le decía a una persona algo así:  - vos has pasado por varios psicólogos y teorías; ya tenés una vastísima idea de los condicionamientos que te ha impuesto tu historia familiar. Ya sabes, en líneas generales, la subtrama de muchos de tus síntomas y angustias. También comprendiste a muchos de tus enemigos internos: es hora de empezar a vivir.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/accioin.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-187" alt="accioin" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/accioin.jpg" width="211" height="239" /></a><span id="more-186"></span></p>
<p>Entonces, es muchísima la gente que anda deambulando por diferentes tratamientos, buscando  “al gran psicólogo prestigioso y de apellido” o “la teoría” que lo alivie o cure: y  pasa años pensando  y construyendo hipótesis, intelectualizando, racionalizando. Pero se olvida que lo que realmente cura es vivir.  Si, suena como una canción de Ricky Arjona <i>“Lo que realmente cura es vivir”,</i> puesto número uno en todas las FM, pero es así.  A ver: si el problema fundamental de una muchacha son los hombres, bueno,  se resuelve estando con hombres, y no sólo hablando de si su madre la anuló como mujer o de si su padre fue un gran seductor.  Si el problema es al amor; si el tema es que no puede producir dinero;   o la vocación… o la sexualidad. Lo que importa -en todos estos casos- es que el sujeto “salga al mundo a buscar experiencias” para resolver esos conflictos  o bloqueos y, con esas experiencias cosechadas, ponerse a trabajar y ahí sí: averiguar  por qué le pasa tal o cual cosa.</p>
<p>Es decir: la terapia es una pata del asunto, pero absolutamente estéril e improductiva si se transforma en un espacio sacro en donde se razona  y no se sale al encuentro del mundo. No hay mejorías o “cura” si no se vive, si no se toman ciertos riesgos productivos. <i>¡No hay “cura” sin Arjona digamos!</i> No hay evolución si no intentamos adelantarnos a nuestros pre-juicios (los prejuicios sobre diferentes  asuntos  suelen ser el enemigo silencioso más destructivo para un proceso curativo) e ir hacia el  mundo, a vivir experiencias, incluso a veces en contra de nuestra voluntad y nuestros supuestos “gustos y elecciones válidos”; hay que hacer, como sea y con lo mucho o poco que se tenga.</p>
<p>Por supuesto que todo es progresivo;  a una persona totalmente inhibida no se la puede empujar a que “salga a vivir&#8221;. Pues seguramente ese sea su motivo de consulta, que no puede hacer nada o muy poco. Pero luego sí. La vida es acción, hasta ficción es acción.  Muchos analistas, muchos psicólogos y pacientes transforman un proceso terapéutico en una gran ficción de palabras. ¿Ud. quiere mejorar? Bien: en algún momento va a tener que actuar, se va a tener que trasformar en un “hacedor” de situaciones;  buenas, regulares, medio fallidas: pero si no, la cosa, queridos amigos, no camina. Mucha gente se mejora más por la actitud de salir a vivir y por acontecimientos o causas a veces azarosas, que por el tratamiento en sí.  Es que cuando uno empieza a caminar,  a circular por el mundo, “pasan cosas”. Entonces: bien encarado, un proceso terapéutico, hace que las personas encuentren ciertas respuestas, pero, para eso, hay que estar en movimiento real en esto que llamamos “el mundo”.</p>
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		<title>El hombre en la pareja</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 14:03:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“No me escucha Gervasio, nunca me escucha” “No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente” “Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí” “Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende” “Gran persona, pero le falta agresividad, dominio” “No es conmigo como es con nuestros... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/03/el-hombre-en-la-pareja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“No me escucha Gervasio, nunca me escucha”</p>
<p>“No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente”</p>
<p>“Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí”</p>
<p>“Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende”</p>
<p>“Gran persona, pero le falta agresividad, dominio”</p>
<p>“No es conmigo como es con nuestros hijos”</p>
<p>“No me cuenta nada de su vida cotidiana, y a los bobos de los amigos, no me los banco más te juro”</p>
<p>Los sufrimientos derivados del amor de pareja  son el puesto número Nº 1 en la práctica cotidiana de un psicólogo. Infidelidad, destrato, autismo vincular, sexualidad, odio, competencia, posesión&#8230; es que los seres humanos poseemos grandes cantidades de egoísmo, de posesividad, de celos y de un  sin número de sentimientos y emociones que, desde ciertos ideales, tendrían que estar excluidos de la escena amorosa.</p>
<p>El amor de pareja, queridos lectores, es un escándalo para todo el mundo. A los seres humanos nos cuesta adaptarnos y funcionar acorde a la necesidad del otro, en general nos movemos por intereses narcisistas. El amor es una suerte de espejismo: si uno va caminando por el desierto, con toda una serie de necesidades vitales insatisfechas, desde esa desesperación, va a tender a ver un oasis, repleto de agua, comida y demás cosas para aliviar esas necesidades.  Para nuestro caminante desesperado, ese lugar que ve a lo lejos, es la fuente perfecta, completa… que lo tiene todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-176" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg" width="301" height="167" /><span id="more-175"></span></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bueno,  la ilusión, el relato inconsciente que se pone en juego en el amor, es ese: el otro nos va a completar y hasta, quizá, por un momento, nos transforme en inmortales. No olvidemos que el amor (la matriz, el esquema primario de lo que es el amor) nace de un acto de desesperación de un niño que, al salir al mundo desde el cuerpo materno,  movilizado por una profunda necesidad de sobrevivir, se aferra a esos adultos que pueden decodificar lo que le pasa y lo cuidan, lo alimentan, le dan ternura: somos y seguimos en el camino gracias a eso. Esa experiencia que todos transitamos, nos marca, y yo creo que en algún punto muy primario, por más bien que estemos, vamos al amor para sobrevivir, por desesperación, pues ese otro (la madre por sobre todo) nos salvó realmente del fin, en el origen  el asunto fue así.</p>
<p>¿Pero usted es un apocalíptico, licenciado? No, casualmente: creo profundamente que el amor existe. Pero me gusta trabajar  para que la gente <i>construya amores reales y no ideales</i>. Es que la vida es el arte de lo posible: el amor  –el hecho de llegar a construir un amor medianamente sano-  está directamente relacionado a poder ir debilitando todos esos componentes que mencionábamos, que son destructivos y que los seres humanos tenemos dentro. Allí, en ese arte de transformar la destrucción en ternura y erotismo, está el desafío de la vida. En amar “pese a eso” (a esos rasgos humanos constitutivos, antropológicos) está la libertad para poder lograr un amor posible, real.</p>
<p>Pero insisto: es central que tengamos presente las características destructivas de nuestra especie, pues si no, es empezar un viaje desde una profunda y letal ingenuidad.</p>
<p>El amor muta, se va metamorfoseando a lo largo del tiempo en una pareja, se transforma. La pasión, el enamoramiento, pueden sostenerse por supuesto, pero va sufriendo ciertas modificaciones que tiene que ver con decenas de factores: los hijos, los proyectos, la edad. El amor es un movimiento pendular constante entre dos personas diferentes,  atravesados por estados de ánimo cambiantes y ambivalentes, entre sujetos con historias disímiles y, cosa central,  entre dos géneros con características más opuestas aún.</p>
<p>Sigmund Freud decía que <i>“el amor nacía de un cálculo de conveniencia”</i>. Cien años después, Gustavo Cerati, retrucaba<i>: “creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”.</i> Dos hombres, dos mundos diferentes, dos visiones realistas sobre el fenómeno del amor.</p>
<p>En la vida amorosa hay, por lo menos, seis participantes: los dos protagonistas, y sus padres. Es sorprendente lo que cuesta desprenderse de esos modelos primarios y poder <i>“crear”</i> algo nuevo. Es lógico: durante la primera infancia los padres son el centro del universo, imprimen en nuestra cabeza un sin fin de emociones, de formas de trato: son los modelos de donde se parte y desde donde, muchas veces, no podemos salir. En síntesis: el amor cuesta por todo esto que vengo mencionando hasta aquí.</p>
<p>Ahora bien: la experiencia de mi práctica profesional cotidiana me indica que los hombres maduramos mucho más tarde que las mujeres,  y que tenemos mucha más dificultad  para entender que el amor  implica cierto grado de renuncia narcisista. Una mujer, a los veinte años –hablo en general-  ya está preparada para el mundo del amor. A los hombres nos cuesta más: a esa misma edad los varones solemos tener la cabeza en todos y en ningún lado. Considero que el universo  del amor, el de entender que hacen falta ciertas renuncias (+); el hecho de compartir tiempo, el armar ciertos goces compartidos, es una tarea que tracciona más desde las interioridades femeninas. Son ellas las que trabajan y marcan con más frecuencia la importancia de ser escuchadas, de ir armando proyectos. No es que eso no esté en nosotros: es sólo que esas actitudes, en el varón, van surgiendo más retrasadas.</p>
<p>En algún punto creo que las damas, en el amor de pareja, terminan cumpliendo una terea. ¿Cómo decirlo? ¿Educativa? Educan, enseñan a amar y ser amados (como lo hace una mamá con su bebé). Bueno, creo que sí. He trabajado mucho con parejas, tiendo a pensar  que es el género femenino el que va delatando los pantanos en los que se suele entrar en las relaciones de pareja. Muchas veces  las mujeres empujan esto que digo desde una emotividad muy desmedida (la mujer funciona desde allí, mientras que los hombres tendemos más a lo intelectual, a la razón como método de resolución de conflictos)  pero -cómo sea-  considero que los hombres vamos haciendo ciertos saltos madurativos gracias a la tracción pasional femenina.</p>
<p>También es cierto que  la capacidad práctica que naturalmente tenemos los hombres para la resolución de conflictos, alivia tremendamente al alma femenina, y la pueden sacar de la locura más imparable en medio segundo. Una mujer, librada a navegar por el océano infinito de su emotividad, termina padeciendo mucho, o finaliza en una locura cotidiana muy displacentera.</p>
<p>Entonces: la media naranja, la fantasía de que existe “el ensamble perfecto”, en el territorio del amor es  -paradójicamente-  el causante de las más grandes frustraciones.</p>
<p>Escuchemos más las intuiciones femeninas, seamos más permeables a ciertas críticas. Los hombres, en nuestra antropológica necesidad de realizarnos y de lograr ciertas potencias, olvidamos algunos matices del mundo afectivo, simplemente se nos pasan. Los varones siempre, en nuestras fantasías inconscientes, tenemos una sombra amenazante que nos está apuntando con un 38 corto en la nuca y que nos dice: “tenes que ir para adelante hermano, siempre”. Eso nos erosiona, nos estresa mucho;  pero es lo que  -también-  nos empuja a la vida y a ser alguien en esta experiencia que es existir. La búsqueda  de dinero y de  realización personal ( muchas veces la presión social ejercida sobre nosotros en ese punto) nos puede hacer descuidar la vida cotidiana, los hijos, nuestra mujer (el amor es la vida cotidiana, “corta la bocha” diría I.C). Ser conscientes de eso, tener presente esa tendencia, nos reconecta con los deleites del amor del día a día. Pero insisto, escuchemos el alma femenina,ciertas criticas que de allí vienen, es una brújula, a veces medio descalibrada, pero portadora de un rumbo y, queridos lectores: lavemos los platos, así sea llorando y penando, a ellas les gusta, es un acto de amor<em>. Y recuerden: nunca jamás un hombre, en la historia de la humanidad, ganó una discusión con una mujer</em>. El próximo escrito va desde esta frase última.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La vida sin proyectos.</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Aug 2014 13:09:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los mayores problemas que se presentan en los consultantes es la falta de proyectos. Por sobre todo en gente joven que, muy precozmente, va perdiendo el rumbo y no saben para dónde ir,  o de dónde vienen; sienten que han perdido el tiempo, entienden que están empantanados, pero no hay dirección, no hay... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/08/21/la-vida-sin-proyectos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/proyecto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-83" alt="proyecto" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/08/proyecto.jpg" width="640" height="480" /></a></p>
<p>Uno de los mayores problemas que se presentan en los consultantes es la falta de proyectos. Por sobre todo en gente joven que, muy precozmente, va perdiendo el rumbo y no saben para dónde ir,  o de dónde vienen; sienten que han perdido el tiempo, entienden que están empantanados, pero no hay dirección, no hay proyectos: les falta ese anhelo que empuja hacia adelante y  entonces, lo que aparece, es la depresión, el vacío, y toda una florida serie de síntomas psicopatológicos. La vida, de esta manera, se transforma en ir al trabajo, volver a casa, TV o series hasta la ceguera, salida con amigos; algunos  pueden  ocuparse de los suyos en el caso de que haya familia, pero el asunto es que pasan los días, los meses y no hay cambios…y la vida va perdiendo su sustancia vital.<span id="more-82"></span></p>
<p>A ver: no se trata de ir a estudiar a la universidad o de planificar un ascenso al Aconcagua. Hablo de pequeños proyectos asociados a los intereses y  deseos que, quizá, están encapsulados y no se han podido desarrollar o desplegar en el mundo. Puede ser, como me decía ayer una persona, arrancar con el viejo proyecto gastronómico de vender bandejas de comida en la zona de oficinas. O planificar, remodelar, con dinero o a pulmón, la casa, ponerla linda.  Animarse a retomar aquella actividad que nos daba placer, de niños, o arrancar eso que nos gusta y que -por una u otra cosa- postergamos. Quizá es arrancar con el proyecto de hacer ropa de diseño casera y comercializarla, o comenzar ese curso que nos va a hacer mejores en nuestra profesión. También un objetivo es volver a militar en las causas que defendemos, o colaborar activamente en la cooperadora del colegio de nuestros hijos…o hacer algo por nuestro barrio o edificio. Lo que quiero transmitir es que no tienen que ser grandes cosas, pero sí es importante que el asunto implique la planificación, la dedicación y la búsqueda de un resultado; que haya un objetivo digo, que nos de placer, satisfacción ya que, en general, los verdaderos placeres de la vida, implican un grado de dedicación y esfuerzo: si a mí me gusta el surf y, bueno, voy a tener que meterme horas al agua, no hay otra.  Ese resultado puede ser algo abstracto o concreto, pero la fuerza de trabajo que ponemos en la realización de nuestros deseos y proyectos se tiene que ver o sentir.</p>
<p>Si yo tuviera que delimitar o decir cuál es el gran problema actual en la gente…y…es el vacío: la falta de proyectos genera una sutil pero efectiva depresión en las personas. Se van “desvitalizando”, comienzan a aburrirse (si, la gente se aburre y no sabe qué hacer con su tiempo libre) y eso &#8211; para mí- es algo complicado. La vida es una sola, lo sabemos, podemos camuflar todo este asunto diciendo que hay otra, que estamos de paso, lo que quieran. Pero hay un argumento que es o se impone como una verdad absoluta: el vacío de proyectos y  de deseos genera angustia, malestar y síntomas, en muchos casos. Pero también produce empobrecimiento subjetivo, nos vuelve opacos, nos va aislando del mundo que es, fundamentalmente, movimiento y sana actividad. Y nos transformamos en una batería, una pila que dura hasta que se acaba la carga. Tomémonos cinco minutos por día para evaluar cómo andamos en relación a lo que planteo, siempre podemos cambiar el rumbo de nuestra vida.</p>
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