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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; psicologo</title>
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		<title>El amor real</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2015 12:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="420" height="336" /></a></p>
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<p><span id="more-428"></span>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
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		<title>¿Cómo elegir un buen profesional en salud mental?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 12:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/20/como-elegir-un-buen-profesional-en-salud-mental/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que los alivie o que  -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas, de pensarse a sí mismos. Para empezar a hablar de lo que les pasa, los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo; de alguna manera él será el conductor en ese proceso de “cura”. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quién dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones de ayudarnos?</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg"><img alt="psicologia1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg" width="351" height="396" /></a></p>
<p><img title="Más..." alt="" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" /><span id="more-351"></span>La vez pasada una joven, en su primera consulta, me relataba que venía de una mala experiencia. Había estado nueve meses con una psicóloga que  le hablaba muy poco, que casi no le daba devoluciones; que la profesional fumaba en sesión, que el trato era rígido y distante. Otro me decía que el profesional al que había asistido tenía muchísimo sobrepeso  y que anotaba todo y la miraba muy poco. Otro, me dijo cierta vez,  que su psicólogo, también médico, en la primera sesión, le había recetado medicación: -&#8221;me pareció apresurado, ni me conocía, no me veo tan mal, como para que, de entrada, sin saber mi historia, me medique&#8221;.  Puedo contar muchos relatos de este tipo.  En un momento, la chica de la psicóloga &#8220;fumadora&#8221;, me dijo. :- “mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnóstico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que  acabo de contarle le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y están todos chapa, tienen millones de quilombos no resueltos y viven mal…y van… y atienden pacientes”-.</p>
<p>Bien, pero tomemos el ejemplo de la joven:<i>- </i>una chica muy lúcida e inteligente por cierto -.  Más allá de la problemática que relataba,  tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojalá todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Porque hay algo central: tiene que haber cambios concretos  y reales en las diferentes áreas de su vida, o en alguna, pero cambios, y más o menos a corto plazo. Por supuesto nuestro laburo no es exactamente levantar síntomas, la &#8220;cura por la palabra&#8221; tiene muchos objetivos, no solo ese; pero la gente viene para sentirse mejor &#8220;corta la bocha&#8221;, como dicen por ahí.  Veamos: una  profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando -casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo &#8211; pero eso es anecdótico si se quiere, puede no estar luchando contra el cigarrillo la paciente, es lo mismo. El tema es que allí hay un  profesional que fuma en sesión. A ver: al menos, si se está atrapada en una adicción&#8230;no lo exhibas frente a tus pacientes. El hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto” al consultante que estaba atornillada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo, que es pulsión de muerte lisa y llanamente. El otro, con el tema del sobrepeso, también mostraba o “decía” en acto: “soy dejada con mi cuerpo, no me cuido, no tengo control sobre mis impulsos, como y como,  hasta la obesidad”. A ver, hay excepciones en donde el sobrepeso ( la obesidad es una enfermedad en sí misma) es producto de problemas médicos muy complejos, pero, en líneas generales, está más asociado a cierto desorden y destructividad, y es una enfermedad que en gran parte de los casos, depende de nosotros &#8220;curarla&#8221; o mantenerla bajo nuestro control.  ¿Complicado no? ¿Acaso lo que tiene llegada no son los ejemplos? ¿Y si a esa psicóloga le llega una persona que lucha contra el sobrepeso? Digo, los consultantes se fijan en esas cosas, somos un cuerpo, nuestra apariencia habla de nosotros, mucho; el lenguaje es solo una forma de comunicación. El cuerpo, nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestra mirada, también comunican. ¿Todo un tema verdad? Con el trato rígido o distante igual, eso no suma a que las personas se suelten.</p>
<p>Pero volviendo al tema: ¿cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones de ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos tres o cuatro  sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia, de otras modalidades  que tenemos entre seres humanos. A ver: es un vínculo asimétrico, eso es así, los consultantes lo captan, pero no hace falta resaltarlo con distancia o no sé qué cosa.  En nuestra vida diaria, cuando charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones,  etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser muy diferente. Es diferente sí: habla más el paciente en general,  pero no tiene por qué serlo tanto.  Les cuento todo esto porque realmente  creo que esa postura “seria y aséptica”  que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también, ¿por qué no?  Pero tensiones productivas y no esas  innecesarias: las del excesivo silencio, la  de la distancia que algunos profesionales ponen con sus pacientes, o del diván  -el diván es una “herramienta de trabajo” muy cuestionable, instituida, pero cuestionable-  al menos yo lo veo así.  Porque el punto es que todo eso termina generando, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces se construyen  grandes pensamientos, inteligentes  interpretaciones de <i>“lo que me pasa”,</i> pero, en <i>la realidad, </i> no  hay cambios, no hay disfrute de la vida.</p>
<p>Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos, pueden defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque, aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga…incluso a veces el uso del diván (no digo siempre) puede hablar de ciertas  limitaciones del profesional, de que no puede sostener el cara a cara,   hay profesionales muy buenos que lo usan, que yo lo considere una herramienta obsoleta, no anula que a muchos consultantes o a algunos colegas les funcione.  En general, en salud mental, los  más efectivos, son aquellos que cuando vamos a la primera sesión,   notamos cierta soltura en el trato, algo normal, algo  común digamos, sin tanto misterio. Y cierta actitud -cómo decirlo- ¿vital?..Sí, eso.  Armarse un personaje misterioso y silencioso quizá garpa más, da más enigma&#8230;misterio, pero&#8230;a mi criterio, eso no camina. Y algo central: las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, quizá más en conflicto, pero menos angustiadas;  y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de qué cuadro era.  A esta persona le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo me hubiese ido también.  Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino y rígido en el trato. También se rechaza el exceso de intelectualidad en el tratamiento o los psicólogos que aplican “técnicas” violentas, como atender 10 minutos y cortar la sesión,  un disparate. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones, una pequeña evaluación del profesional.</p>
<p>Ahora bien: ¿un psicólogo, psiquiatra,  tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No  -eso no es posible &#8211; ni para nosotros ni para nadie.   Pero tiene que haber vivido una experiencia sostenida y productiva como paciente. Y si, tiene que tener un grado importante de dominio de sus pulsiones destructivas, un importante conocimiento de sí mismo y  -por sobre todo-  tiene que tener gobierno sobre sus enemigos internos y cierto manejo y realización de sus deseos. Y algo no menos importante: tiene que haber vivido, mucho. Somos nuestras experiencias, y lo que aprendimos de ellas…también como psicólogos eso está en juego, tratamos de no poner mucho &#8220;de nuestros pensamientos y experiencias&#8221;, pero eso es un ideal, y es más: ante escenarios de mucha devastación, tenemos que jugar ciertas cartas asociadas a nuestra vida, no pasa nada, si uno sabe por qué y para qué.  Todos los seres humanos tenemos dentro un enemigo que empuja a vivir mal, y a que hagamos goles en contra. Los que trabajamos con el dolor humano tenemos la responsabilidad ética de trabajar profundamente con nosotros, de ser, por qué no, ejemplo de gobierno sobre lo peor de nosotros.  Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar algo a alguien, imposible diría. Después, claro, en la vida pasan cosas, y somos como cualquier persona en relación al abanico de emociones que podemos sentir.  Tómense su tiempo para elegir terapeuta,  agudicen sus intuiciones para hacer una breve evaluación. Hagan eso también para elegir pareja o para tomar cualquier tipo de decisión en la vida, no nos apuremos para las cosas. Y no olviden: &#8220;lo que cura”, si hablamos de terapias, cualquiera sea la teoría que el profesional use, ES EL VINCULO. Si el profesional les mezquina el vínculo&#8230;o si les dice cosas demasiado raras&#8230;a seguir buscando.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>La ansiedad: un problema con el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 18:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de burnout…en todos ellos este factor, fuera de control, está  presente.</p>
<p>Hablamos de un estado emocional y físico displacentero,  familiar  -prima hermana digamos-  de la angustia. Por supuesto que todos tenemos cierta dosis de ansiedad, pero hoy vamos a hablar de cuando esta “sustancia”  se presenta con la potencia necesaria como para complicarnos demasiado la vida.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-341"></span>Entonces: mucha gente no se permite o “no se hace tiempo” para conectarse con los miedos, angustias  y conflictos  que son parte del abanico normal de emociones y situaciones que transitamos  los seres humanos; todos estos “estados del alma”  siempre son “señales”, de que algo está pasando  -para bien o para mal-  pero el asunto es si nos podemos ir conectando  con esos factores y así  poder  ir encontrando (desde la introspección con esas señales), los mecanismos para regularlos y así evitar de deriven en estados o problemáticas aún mayores. Es desde allí que podemos ir a “su causa”.  Ir postergando esa actitud de sana conexión con uno mismo, es un factor desencadenante de esos picos de ansiedad  que tanto ruido hacen. Por supuesto que, cuando una persona “sufre” de ansiedad estructural en su personalidad, las causas  son más complejas, históricas: nacer en un ambiente de discusión, de ansiedad o violencia; ser recibidos en este mundo en brazos de padres con desmedido miedo o ansiedad… situaciones traumáticas en la primera infancia…las causas  pueden ser varias;  yo creo que el asunto se desarrolla en los primeros años de vida, en “el clima” familiar, primario, en el que crecemos;  de allí emerge la predisposición a todos los trastornos derivados de este factor.</p>
<p>De  todas maneras,  una  dosis de ansiedad frente a situaciones que tenemos que encarar, es propio de la vida. El tema es el volumen que toman esos estados. Es la intensidad. Por supuesto que hay estados ansiógenos muy desmedidos  que hacen imposible la vida, y que precisan la intervención de los famosos psicofármacos, pero son los menos.  En mi experiencia directa, el tema puede resolverse sin su uso (o con poco uso) en gran parte de los casos.</p>
<p>La ansiedad es o se presenta más en los medios urbanos.  En el campo, o en zonas más despobladas y de vida más tranquila, las patologías derivadas de este factor,  se dan  menos, a un volumen más bajo.  La vida citadina es difícil y estresante para todo el mundo, por más anticuerpos que se tenga.  Construir un blindaje contra la tiranía de los “tiempos modernos” es todo un trabajo.</p>
<p>Yo pienso la ansiedad como un estado casi filosófico: en algún punto es querer ir más rápido que el tiempo. Si  pudiera traer al gran Albert Einstein a un café,  acá en la esquina, seguramente  me diría: -querido, la ansiedad es vivir en “estado de relatividad temporal”<em> <b>es querer ganarle al tiempo</b></em><em>, ir más rápido que él. </em><em> </em>“Siempre estoy apurado, hasta para ir al baño”, me decía la vez pasada un paciente: se trata de una persona que a sus treinta y pico,  la realidad, ya le había pasado una factura importante  en materia de salud física, por  trabajar y estar “a mil” todo el día. Ustedes no saben lo que han aumentado las consultas: gente cada vez más joven que  viene con problemas de salud concretos por este flagelo, por esta  locura de vivir  “al palo”  y ni hablar de las problemáticas de pánico, de estrés, y de decenas de trastornos en donde la ansiedad y “el no poder parar” son un factor central.  Y claro: no pudieron dominar al tiempo, no lograron decir que “no” a casi nada, no soportaron  quedarse afuera,  no pudieron ponerse límites y aceptar los tiempos del mundo. Entonces, a esos límites, los pone la realidad, con un grito en su cuerpo.</p>
<p>Hay que escuchar los llamados, las señales, antes de que vengan problemas más pesados; porque, aparte, hay mucho por hacer y es un asunto que realmente tiene salida a corto plazo: las terapias, la actividad física, la reconexión profunda con los afectos, el dejar de priorizar el trabajo y “el deber ser&#8221;  para comenzar “a ser”…y eso está en los vínculos fundamentalmente.  Las curas son siempre sociales, vinculares si queremos.</p>
<p>Es así el asunto. Uno, como profesional,  lucha también para que los pacientes no trasladen esos tiempos de la ansiedad (que no son los tiempos del mundo real) al tratamiento. Muchos   quieren  resultados rápidos. Se  explica que el proceso en el cual una persona se va enfermando o adquiriendo estados sintomáticos o patológicos es largo y que de eso no se vuelve tan fácilmente. Yo creo que todos, los ansiosos ya declarados y los que se sienten tranquilos, tenemos que revisar cada tanto qué nivel de  estrés sufrimos. Porque son estados que se van instalando muy silenciosamente y, un día, de repente, ya estamos tomados por esta enfermedad de la premura.   Aumentar la capacidad de analizarnos; hacer deporte, amar, vivir con intensidad pero en calma, eso es prevenir, lo otro es ya “despertar” cuando estamos a tres metros del piso… y una hora dura 20 minutos.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Cuál es el drama masculino por excelencia?</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:10:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/06/cual-es-el-drama-masculino-por-excelencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser varón, la masculinidad, está atravesada por un drama fundamental, podríamos decir “estructural”: una  parte de los hombres, en mayor o menor medida, en el territorio del amor de pareja, luchan con la siguiente situación: allí donde aman…les cuesta desear; y donde desean, les cuesta amar. A ver: esto es lo que, desde el psicoanálisis se explicita cómo resolver, fusionar, unir, lo tierno -amoroso- con lo erótico (sexualidad, pasión), en una misma mujer.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-336" alt="hombre" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/03/hombre.jpg" width="178" height="210" /></a><span id="more-335"></span></p>
<p>No digo que este drama (hablo de drama porque es así como se vive internamente) sea exclusivamente patrimonio del género masculino; muchas mujeres también viven su vida de pareja así; pero tengo que hablar de lo que observo; en el universo femenino esta disociación entre lo erótico y lo amoroso se presenta de manera más suave, o puede no presentarse, no producir síntomas o grandes líos digamos. La modalidad de cómo las damas viven su sexualidad, sus tiempos; la tendencia biológica y antropológica a la maternidad, a armar un hogar para los cachorros; el empuje a unir, hace que este asunto no constituya la regla en el cosmos femenino.</p>
<p>Ahora bien: ¿por qué ocurre esto? En el varón, el famoso Complejo de Edipo, es una tendencia inconsciente muy profunda. Cuando el hombre va hacia el amor, y cuando va pasando ya el período de enamoramiento, y empiezan a consolidarse proyectos – ya sea convivir, empezar a armar una familia, etc. – muchas veces la madre interna se empieza a… ¿soldar con la mujer elegida?…va por ahí. Esto puede intensificarse más aún cuando pasa a ser madre de nuestro cachorro. Allí, el varón, recuerda a esa madre constructora del hogar, dadora de amor, de cuidados, de alimentos, de ternura. Y bueno, allí la sexualidad, el deseo, puede empezar a trabarse. Esa “mujer-madre”, ahora asociada a esa figura casi antropológica de “la madre”…puede perder el brillo erótico para un varón. Y acurre que es allí en donde aparecen todos los mecanismos defensivos de fuga, falta de afecto, dejadez, poca paciencia, presencias ausentes, de las cuales muchas mujeres se quejan.</p>
<p>De todas maneras no digo que esto sea algo irreversible, ni mucho menos: simplemente describo lo que se presenta una y otra vez como motivo de consulta en mujeres y hombres, es decir: desde los lados de este problema que planteo.</p>
<p>Dar vuelta esta situación, ganar esta batalla -que en realidad se juega en las sombras de territorios pasionales, inconscientes- es, acaso, “el desafío” que la realidad impone al varón a resolver. Y la experiencia dice que con trabajo y cierta toma de conciencia, el asunto tiene solución, pero es central el rol de la mujer allí. Los hombres con capacidad de amar saben tomar los reclamos de sus mujeres, resisten un poco al principio, pero todo queda, y produce efectos. Es central que la mujer empuje y se autorice a sí misma a marcar lo que ve, con buenas formas -cosa central- y no a “todo volumen” (como suele ocurrir) para llevar a que su hombre identifique que está ausente, replegado sobre sí mismo o poco atento.</p>
<p>Considero que al amor (el amor entendido como proyecto común entre dos personas) en realidad, lo sostienen más las mujeres: a ellas se le suelen encender primero las alarmas cuando algo anda mal y el vínculo se está empantanando. Por eso la importancia de que hablen, digan, marquen, pues, queridas: los hombres nos hacemos en la esquina sí, y con el modelo paterno que a cada quien le toque; pero mucho más es lo que crecemos y maduramos gracias a las mujeres que pasan por nuestra vida y nos van haciendo señalamientos, desde el amor, desde la entrega, o desde vínculos pasajeros también.</p>
<p>Porque en este género, en esta cuestión de armarnos a nosotros mismos (y la presión cultural que hay en relación a esto), muchas veces, hace que se nos escapen ciertos detalles. El tema de ir para delante, de desplegar potencias, de ser valientes, de producir, conducir y sostener el timón del barco…es una presión y una tendencia muy fuerte para nosotros, desde el origen de los tiempos es así el asunto.</p>
<p>Tenemos que ir para el frente: laburar, defender, proveer, y las mujeres se fijan en el desarrollo de esas potencias, cosa que está perfecto; pero también tienen que comprender que es una presión que está allí como telón de fondo en todo hombre, lo diga o no. Porque la mujer, una vez que arma su feminidad, eso queda: se logra construir “el ser mujer” y ya mujer se es siempre, eso perdura. En cambio, la masculinidad está siempre bajo amenaza: se puede perder digamos, por eso siempre fantaseamos con ser héroes, y ser “un maricon” o un “pecho frío”, o tibio o lo que sea…en esas cosas se juega mucho para nosotros y la sociedad condena esas actitudes. En la pérdida de un trabajo se puede jugar todo lo que somos, no es así en la mujer: en la mujer, casi en nada “va la vida” (sólo en la cuestiones de maternidad), en los varones, en casi todo. Es así de dramático el asunto. En una discusión de tránsito, o en cualquier tipo de debate o conflicto con otros hombres, en cualquier situación cotidiana de lo que sea, podemos –eventualmente- poner en juego nada más y nada menos que…todo. Es lo mejor y peor que tenemos, queridas. Lo que nos da fuerza y, a su vez, lo que nos puede paralizar y deprimir profundamente.</p>
<p>No estoy diciendo “vivimos sufriendo”, para nada: digo que todo esto se juega en nuestro inconsciente y orienta gran parte de nuestras conductas y produce efectos, visibles e invisibles: conocer esa esencia es, casualmente, poder gobernar muestra vida y poder llevar una vida feliz, dentro de lo que el mundo y los quilombos lógicos de la vida, permiten.</p>
<p>Entonces: los grandes temas del hombre, podemos sintetizar, son el despliegue de su potencia por un lado y, por otro, poder lograr, en una misma mujer, la pasión sexual y lo amoroso o tierno, agrego una tercera (muy cercana a lo que estoy planteando), bancarse una mujer con capacidad de amar, poder sostener y gozar de una mujer deseante, amadora: pero lo desarrollaré en otro escrito eso. La masculinidad, de manera implícita o explícita, siempre se tiene que seguir afirmando, así parece, y ahí sí me animo a decir que esto es un tema de género. Y eso es también lo lindo de ser hombre, no es algo ridículo o tonto: desde los primeros hombres esto es así: el hombre primitivo salía a cazar y traía sus presas y se las presentaba orgulloso a la tribu, a su mujer o hijos. Vivimos, de diferentes maneras, haciendo el Haka.</p>
<p>Esa tenacidad, esa sana ambición, esa capacidad de mantenernos fríos para algunas cosas, es lo que buscan la mayoría de las mujeres, lo digan, no lo digan o lo nieguen, buscan esa firmeza y contundencia del varón. Pero también luchan contra esa cosa disociada, que muchas veces se presenta de maneras muy rabiosas. Y así las cosas y, por favor, dejemos de querer desdibujar las productivas y hermosas diferencias entre los géneros; no dejemos que la posmodernidad siga triturándolo todo, porque es eso: para la posmodernidad es todo lo mismo, todo es relativo y todo es combate entre géneros vieron, un plomo che, salgamos de ahí, eso no produce nada, solo dogmas y peleas estériles ¿lo más interesante de la vida? La diferencia. Viva la diferencia, entonces. Igual, la próxima, voy a escribir sobre “el drama femenino”…</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>La sexualidad después de los hijos</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2014 10:51:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil. Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/12/09/la-sexualidad-despues-de-los-hijos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">Es una realidad observable, una cuestión que se escucha a diario, ya sea en  pacientes individuales, en consultas de pareja o en los diferentes ámbitos por donde circulamos: sostener la pasión, el erotismo, con la venida de los hijos, se hace muchas veces difícil.</p>
<p dir="ltr">Para abrir el tema, me gustaría decir que no hay que alarmarse o sentirse en falta con uno, con la pareja: es algo que en mayor o menor medida, le ocurre a todo el mundo. La llegada de un hijo es un acontecimiento extraordinario, en el mejor de los casos ese niño viene desde hace meses ya en las fantasías de esos padres. Son momentos de mucha expectativa; de una espera que puede ser hermosa, pero también es tensionante y se acoplan montones de lógicos miedos; y ni hablar cuando la pareja es primeriza.  No tengan ninguna duda: tener un hijo es un acontecimiento traumático, nacer también. Es un hecho tan, pero tan extraordinario y delirante, que supera ampliamente nuestra capacidad de metabolizarlo, de simbolizarlo. Es un tsunami de estímulos visuales, emocionales, racionales&#8230; todo en horas. Pero ocurre que hay traumas positivos y otros negativos. Entiendan “lo traumático” como aquel acontecimiento o situación  que nos supera en la capacidad de procesarlos, no como sinónimo de algo negativo. Por ejemplo: la metamorfosis de la pubertad es un acontecimiento traumático, pero es parte de la evolución. Allí lo biológico, el cuerpo y sus transformaciones, van delante de la apropiación simbólica/emocional de ese suceso. Con un hijo es algo por el estilo, la escena (potente y desorganizante como lo es un parto) se presenta antes de que tengamos las herramientas para entenderla y digerirla… por eso “traumatiza” un poco. Nadie está preparado para esos partidos.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-227" alt="sexo e hijos" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/sexo-e-hijos.jpg" width="300" height="168" /></a><span id="more-226"></span></p>
<p dir="ltr">Y bueno, ese niño fantaseado, deseado ya está en el mundo: se mueve, llora, demanda y uno no sabe bien qué hacer, o sí sabe, pero no se tiene la experiencia práctica. Tener un hijo, sobre todo para la mamá, es una tarea atlética. Sí, es físico el asunto: hasta lo afectivo pasa casi por una tarea muy asociada a lo corporal, a un esfuerzo de un cuerpo para vitalizar y cuidar a otro cuerpo y aquí. Las mujeres gastan enormes cantidades de energía para sostener en todos los aspectos a su cachorro. Los hombres, por más colaboradores que seamos, nos tenemos que ir a laburar, nos dan solo algunos días de licencia; pero igualmente, si pudiésemos  estar las veinticuatro horas con nuestra mujer e hijo, ese niño, al menos en los primeros tiempos, “se pega”, “se suelda”, más a la figura materna, pues es la que  puede ir interpretando mejor las demandas, las necesidades de ese niño que lucha por sobrevivir.</p>
<p dir="ltr">Entonces: la ternura,  el amor, el agotamiento físico que implica ocuparse responsablemente de los niños copan la parada. Es así. Y en un principio, tiene que ser así. Por otro lado, la casa se va llenando de  Mickey, de Poco- yo  y de ositos de todos los calibres. También de “memas”, “pañales” y de una infinidad de insondables objetos asociados a los cuidados del nuevo integrante. Digo: la ternura entra en la casa a lo loco y eso puede opacar un poco el erotismo ¡y ni hablar del olfato que tienen los bebés para despertar justo cuando los padres arrancan con el asunto! Dar de comer, bañarlos, cambiarlos, ocuparse de que no falten las cosas básicas cotidianas, pasar tiempo con ellos, jugar, cantarles… Todo este movimiento que apunta a nutrir de amor y cuidados  al cachorro es a fuerza de libido y allí es donde –naturalmente-  la pasión, la libido libre que uno podría destinar a la sexualidad, termina siendo poca. Y sumemos el tema del sueño, que siempre se trastorna un poco… Es decir: dentro de lo apasionante y hermoso que es ser padres y por más que todo esto que decimos es parte del juego, sería imposible que la sexualidad de la pareja no sufra alguna modificación. Por supuesto que hay parejas que tiene problemas con esto desde siempre y que un hijo, en todo caso, sólo acentúa algo previo; no estoy hablando aquí de ello. Solo estoy describiendo el escenario que suele presentarse en parejas en donde eso caminaba más o menos sin mayores problemas antes de los hijos.</p>
<p dir="ltr">Lo primero que como profesional uno recomienda es que se naturalice un poco todo esto. Porque si no, todo esto deriva en parejas sobrepreocupadas y atormentadas, que se sienten en falta: “ no atiendo más a mi mujer o a mi hombre”. Mal camino. Reconocer que esto es un poco así siempre, es empezar a aliviarse y comenzar a buscar una forma para apostar a la reconexión amorosa. Sostener el amor, en todas sus áreas, es un arte;  y si hablamos de arte tenemos que pensar en la creatividad. La tendencia es a  volvernos un poco sonámbulos, el agotamiento de los primeros tiempos nos seca un poco la cabeza, por eso es central –ya una vez que ese niño se va adaptando al mundo y a la vida familiar- empezar a hacer algunas cosas, aunque sea de manera medio forzada. Sí, forzada. El cansancio, ciertas rutinas en las que nos introducen los bebes (necesarias para la vida cotidiana de ese niño) nos aplastan un poco. Es ahí donde tenemos que salir a la calle, tratando que esas salidas sean de la pareja primaria, sin familiares o amigos. Escapadas a lugares verdes, caminatas por el barrio con el cochecito, mirar a nuestro hombre o mujer en otros contextos o paisajes que no sean la casa o departamento. Arreglarse para el otro, aunque sea para salir a caminar 10 minutos. No perder eso de ponerse “lindo” para el ser amado. Tener esa charla a la noche, a solas, en la cena: charlas sobre la nueva vida, sobre la experiencia que se está transitando,  de cómo va llevando cada uno el “ser padres”. Yo recomiendo no ver TV, o ver poca. Un hijo precisa atención permanente, cuando la pareja está a solas y el bebe duerme, hay que conectarse con el otro y no con la TV. Son pocos los momentos en donde se puede estar a solas y sin estar haciendo cosas para la criatura. Esas charlas tienen que estar, allí también se puede empezar a hablar del tema de la sexualidad: hablar de ella es empezar a activar el asunto.</p>
<p dir="ltr">Muchas veces es sólo cambiar un poco de ambiente, salir del mundo de Mickey, digamos. Recuerdo una pareja: habíamos pensado que ellos,  como trabajaban a cuadras uno del otro, podían encontrarse al mediodía, en sus horas de almuerzo, en un hotel. Luego de ir pensando en ello, le encontraron la vuelta para hacerlo cada 15 días. En la casa no se podían conectar, no había manera. Ambos tenían prejuicio con el hecho de “ir forzados al hotel a hacerlo”, yo les decía que sí, que quizá era un poco así, pero que dependía de ellos el poder apropiarse de esa escena y terminar conectando y disfrutando. La primera experiencia de hotel no pudieron soltarse, de hecho, en un intento de aflojarse empezaron a tomar (no eran de tomar) y medio se mamaron ¡un lunes a la una de la tarde! Recuerdo que vinieron al consultorio y me dijeron: “Ganó Pluto Doc, no hicimos nada, nos re mamamos, no pudimos volver al laburo, somos dos losers”. Lo de Pluto me lo decían porque que se había instalado como joda con ellos de que “Mickey y Pluto les estaban cagando la vida, eran los responsables de la no sexualidad”. El asunto es que a la segunda y tercera vez, ya arrancaron conectarse.</p>
<p dir="ltr">Otra consultante, que venía de una vida sexual muy intensa antes del hijo, me relataba lo mal que estaba con ese tema su matrimonio. No había manera: habían tenido gemelos, no tenían fuerza “ni para darse un beso”, me decía. Algunas veces intentaban y no podían, se quedaban dormidos literalmente. Bueno, a ella –en sesión- se le ocurrió proponerle al marido sentarse a ver cine condicionado. Venía y me decía: “es patético lo que estamos intentando Gervasio ¡aparte justo enganché una porno rusa que la mina tenía una cicatriz enorme de una cesárea, me impresioné y empezó a dolerme la mía. Cero erotismo!” (era una tipa muy graciosa en su modo de relatar). El asunto es que no aceptaban su cansancio natural, su agotamiento, querían que la pasión surja de la nada y no: muchas veces hay que estimular, obligarse un poco a hacer algunos movimientos inclusive, con pocas ganas. Es como en las depresiones, donde es común que los depresivos, naturalmente, no tengan ganas de hacer nada; nada los enciende. Pero bueno, hay que obligarse a hacer algunos movimientos, sino la depresión, no se va.  Es decir, reactivar la pasión, es un desafío que a veces puede resultar medio un trabajo, pero es la actitud. Son los pequeños movimientos los que van haciendo que “los cepos” se vayan soltando.</p>
<p dir="ltr">Ser padres es entrar en otro mundo, uno en donde las responsabilidades como padres están por sobre nuestro narcisismo y, muchas veces, por sobre nuestros disfrutes, pero no tiene uno por qué eternizarse en eso, son cosas lógicas y que se pueden dar vuelta sin problema. Agreguemos a esto que el hombre, cuando ve a su mujer tan en madre, literalmente se le materniza un poco en su inconsciente  y eso le apaga en cierta medida algo de su deseo. Y a la mujer se le apaga porque es tanto, pero tanto, lo que pone en ese bebe, que queda con el tanque vacío. Queridos lectores: es tan increíble lo que hace una madre, tan sorprendente su trabajo, esa pasión, ese “hacer por el otro” &#8230; es estar todo el día o lo que dure esa licencia de trabajo con un bebe haciendo y haciendo: atletismo puro.</p>
<p dir="ltr">Es tanto, pero tanto lo que nos dan los hijos, que todo esto que digo tiene que ver con “los problemas del progreso”, son sólo algunos costos que tiene el deseo: la gente tiene hijos por deseo (yo creo que casi  todos los niños, en algún punto, vienen desde el deseo) pero los deseos, y su realización, no son algo ideal. Nada es ideal, ni el amor, ni los hijos, ni el trabajo que tengo que es resultado de mi vocación, nada: todo tiene su complejidad, la vida humana es con complejidad y contradicciones, siempre. Pero eso es casualmente lo lindo de la vida: continuar y reinventarse pese a eso. Todo es parte de un proceso pero es recomendable que no descuidemos la sexualidad por mucho tiempo o que la pareja pase periodos muy prolongados sin relaciones sexuales porque eso deteriora un poco la vida amorosa. Tomemos el desafío de encontrarle la vuelta, no dejemos que  Mickey o Pluto o Poco-yo (como diría nuestra simpática pareja) ganen la batalla. Y recomiendo tener hijos, de la manera que sea. Yo estimulo eso, cuando sospecho un deseo oculto detrás de algunas resistencias, lo estimulo en los consultantes ¿por que no? Armar una familia, dure el tiempo que dure, intentar cambiar cosas de uno&#8230; por los otros; ponerse desafíos colectivos, disfrutar la vida y las cosas que ocurren en el mundo con otros, y con esos ñatos quilomberos que corren por la casa, es una gran cosa, compañeros, una gran cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El amor, los ideales: la realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Dec 2014 16:07:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El amor existe, y se impone al odio y la crueldad de los seres humanos: el mundo sería un lugar siniestro sin esa fuerza que neutraliza lo peor de nosotros; pues así como tenemos la capacidad  de amar, también podemos ser crueles, odiar, destruir.  El mundo, y todo lo que ocurre en él, es una lucha permanente  entre esas dos fuerzas; de cómo se equilibren entre sí, y de quien tome la delantera,  está el destino de la humanidad y de cada uno de nosotros.  Pues la fuerza del odio es muy grande: emerge fácil, de manera explosiva o planificada, y opaca todo el brillo de la vida. La historia de la humanidad y las noticias que escuchamos cada día lo demuestran.</p>
<p>Hago esta breve intro para hablar del amor de pareja, ustedes se preguntaran qué tiene que ver. Bueno, creo que es desde ahí, y desde lo que cada quien logre construir en ese plano, que arranca la resistencia a todo eso negativo que describíamos antes. Considero que el blindaje ante ciertas cosas espantosas que pasan, se construye apostando a estar “es estado de amor”, que es simplemente, estar y trabajar para él. No es una cosa hippie o espiritual lo que planteo, solo digo que es en esa dimensión donde tenemos que  trabajar y pulir lo que somos, estar atentos a eso. Porque cuando amamos, cuando alguien nos ama, un destrato, una desatención, un maltrato, duele,  angustia. A uno, al otro. Porque lo que uno observa es que es casualmente en el mundo del amor, en donde  paradójicamente, muchas veces  la gente se “autoriza” a sacar lo peor de sí. El vínculo ya está armado, va en piloto automático digamos, puede haber hijos, grandes proyectos o no, y es allí en donde (esas fuerzas destructivas de las que hablábamos antes) se empiezan a abrir camino y a degradar la vida amorosa.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-221" alt="freud" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/freud.jpg" width="600" height="480" /></a></p>
<p>Es que el amor angustia, el deseo del otro hacia uno, angustia y genera fobias de todo tipo, por eso, aguantar esos embates, nos da tanta sabiduría. En el amor la dimensión del trabajo existe; es traccionar, es proponer, proyectar, hacer. El amor es un sentir, pero también es fundamentalmente un hacer; es estar atentos a las emociones del otro, a las de uno. Vale decir: es una construcción cotidiana a partir de estar en un mismo campo emocional con alguien.</p>
<p>Hay decenas de maneras de ir erosionando y empobreciendo un vínculo amoroso: los celos, la violencia o ir dejando la sexualidad de lado. Son solo las formas más evidentes. Pero hay muchas más. Cuando en una pareja se va disolviendo la creatividad, los vínculos se empantanan. Muchas veces la monotonía (no las lindas rutinas) literalmente  “agarran” a la pareja y lo llevan a un espacio de “sin sentido”, de vacío, de falta de proyectos y disfrutes cotidianos… Y empieza el aburrimiento, que deriva y saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Queridos lectores, el amor es un universo de cosas, en donde esos amores  ideales que nos plantean las películas o las frases hechas,  ¡tienen que ver con la realidad, si claro! pero no es la constante. Y soy un convencido de que se puede lograr un amor profundo, sano, intenso y duradero, lo veo cada día en el consultorio, en la vida, por los lugares por donde circulo. Pero en el amor hay –también- sufrimiento, porque en ese estado del alma se actualiza nuestra historia.</p>
<p>Pretender que no haya malos entendidos, discusiones, enojos pasionales, o lo que sea, es querer navegar en un mas sin olas, sin viento, no es eso el amor. Muchas veces se tarda mucho en comprender profundamente que el amor ideal no existe, ni el hombre o la mujer ideal. Todos lo sabemos y lo decimos racionalmente, pero en algún núcleo de nuestro ser, el “otro ideal”, el “amor ideal”, existen…y si…  “es que realmente existió”… en nuestra niñez.</p>
<p>Nuestros padres en un periodo de la vida fueron “eso ideal”, ese registro está en nuestro inconsciente, y nosotros –también de manera inconsciente- perseguimos ese estado en donde todo era ideal.</p>
<p>Muchas personas no alcanzan a amar y ser amados por eso, mucha gente se va quedando sola por qué no tolera la incompletud del amor, la del otro, y ante las primeras frustraciones, se rompen los vínculos, pues nada de la realidad, de las personas reales, alcanza o se acerca a ese ideal.</p>
<p>Los dificultades en el amor son el gran motivo de consulta, de alguna manera todos vienen sorprendidos.de “que el amor es un quilombo”. Todos esperábamos que, en ese plano, la cosa marche sin mayores problemas. Pero no es así. Yo creo que la clave es ponerse sistemáticamente en el lugar del otro: considero que es desde allí de donde se construyen los amores más sanos y de donde salen la conductas más acordes al mundo del amor. Vale decir: es a partir de hacer un esfuerzo cotidiano de debilitar nuestro narcisismo (hablo del narcisismo negativo, de ese que atenta contra los vínculos) que se construye el amor. Y de ser tolerantes y de saber negociar, ceder y aflojar, poniendo como estandarte el bien común o un valor más alto  que nuestro propio orgullo. Tener grandeza es eso: es salir de la lógica de  “o vos o yo”, del blanco sobre negro, nadie tiene la verdad en una discusión de pareja: puede ser que uno de los dos esté razonando mejor en relación a algo, pero es central no imponer esa razón y, en todo caso, tratar de que el otro entienda el fundamento y después ver, pero más en frío.</p>
<p>Hay una frase por ahí de Jacques Lacan que dice <i>que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es</i>”. ¿Cómo entenderla? Simple: yo no tengo para darle al otro lo que ese otro cree que yo tengo, y viceversa. No tengo la espada de la felicidad, no soy la persona ideal que el otro cree que soy, no la puedo completar, no soy su media naranja…pero en esa ilusión, en esa fantasía, se sostiene el amor, y diría casi todas las cosas, por sobre todo el deseo,  siempre insatisfecho, porque persigue y funciona desde las ilusiones.</p>
<p><i> </i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El hombre en la pareja</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 14:03:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“No me escucha Gervasio, nunca me escucha” “No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente” “Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí” “Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende” “Gran persona, pero le falta agresividad, dominio” “No es conmigo como es con nuestros... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/03/el-hombre-en-la-pareja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“No me escucha Gervasio, nunca me escucha”</p>
<p>“No ayuda en nada de la casa, pero no solo eso: desordena todo, permanentemente”</p>
<p>“Las mismas leyes se aplican diferente para él que para mí”</p>
<p>“Es un tipazo, bueno, contenedor, pero no me enciende”</p>
<p>“Gran persona, pero le falta agresividad, dominio”</p>
<p>“No es conmigo como es con nuestros hijos”</p>
<p>“No me cuenta nada de su vida cotidiana, y a los bobos de los amigos, no me los banco más te juro”</p>
<p>Los sufrimientos derivados del amor de pareja  son el puesto número Nº 1 en la práctica cotidiana de un psicólogo. Infidelidad, destrato, autismo vincular, sexualidad, odio, competencia, posesión&#8230; es que los seres humanos poseemos grandes cantidades de egoísmo, de posesividad, de celos y de un  sin número de sentimientos y emociones que, desde ciertos ideales, tendrían que estar excluidos de la escena amorosa.</p>
<p>El amor de pareja, queridos lectores, es un escándalo para todo el mundo. A los seres humanos nos cuesta adaptarnos y funcionar acorde a la necesidad del otro, en general nos movemos por intereses narcisistas. El amor es una suerte de espejismo: si uno va caminando por el desierto, con toda una serie de necesidades vitales insatisfechas, desde esa desesperación, va a tender a ver un oasis, repleto de agua, comida y demás cosas para aliviar esas necesidades.  Para nuestro caminante desesperado, ese lugar que ve a lo lejos, es la fuente perfecta, completa… que lo tiene todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-176" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/descarga.jpg" width="301" height="167" /><span id="more-175"></span></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bueno,  la ilusión, el relato inconsciente que se pone en juego en el amor, es ese: el otro nos va a completar y hasta, quizá, por un momento, nos transforme en inmortales. No olvidemos que el amor (la matriz, el esquema primario de lo que es el amor) nace de un acto de desesperación de un niño que, al salir al mundo desde el cuerpo materno,  movilizado por una profunda necesidad de sobrevivir, se aferra a esos adultos que pueden decodificar lo que le pasa y lo cuidan, lo alimentan, le dan ternura: somos y seguimos en el camino gracias a eso. Esa experiencia que todos transitamos, nos marca, y yo creo que en algún punto muy primario, por más bien que estemos, vamos al amor para sobrevivir, por desesperación, pues ese otro (la madre por sobre todo) nos salvó realmente del fin, en el origen  el asunto fue así.</p>
<p>¿Pero usted es un apocalíptico, licenciado? No, casualmente: creo profundamente que el amor existe. Pero me gusta trabajar  para que la gente <i>construya amores reales y no ideales</i>. Es que la vida es el arte de lo posible: el amor  –el hecho de llegar a construir un amor medianamente sano-  está directamente relacionado a poder ir debilitando todos esos componentes que mencionábamos, que son destructivos y que los seres humanos tenemos dentro. Allí, en ese arte de transformar la destrucción en ternura y erotismo, está el desafío de la vida. En amar “pese a eso” (a esos rasgos humanos constitutivos, antropológicos) está la libertad para poder lograr un amor posible, real.</p>
<p>Pero insisto: es central que tengamos presente las características destructivas de nuestra especie, pues si no, es empezar un viaje desde una profunda y letal ingenuidad.</p>
<p>El amor muta, se va metamorfoseando a lo largo del tiempo en una pareja, se transforma. La pasión, el enamoramiento, pueden sostenerse por supuesto, pero va sufriendo ciertas modificaciones que tiene que ver con decenas de factores: los hijos, los proyectos, la edad. El amor es un movimiento pendular constante entre dos personas diferentes,  atravesados por estados de ánimo cambiantes y ambivalentes, entre sujetos con historias disímiles y, cosa central,  entre dos géneros con características más opuestas aún.</p>
<p>Sigmund Freud decía que <i>“el amor nacía de un cálculo de conveniencia”</i>. Cien años después, Gustavo Cerati, retrucaba<i>: “creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”.</i> Dos hombres, dos mundos diferentes, dos visiones realistas sobre el fenómeno del amor.</p>
<p>En la vida amorosa hay, por lo menos, seis participantes: los dos protagonistas, y sus padres. Es sorprendente lo que cuesta desprenderse de esos modelos primarios y poder <i>“crear”</i> algo nuevo. Es lógico: durante la primera infancia los padres son el centro del universo, imprimen en nuestra cabeza un sin fin de emociones, de formas de trato: son los modelos de donde se parte y desde donde, muchas veces, no podemos salir. En síntesis: el amor cuesta por todo esto que vengo mencionando hasta aquí.</p>
<p>Ahora bien: la experiencia de mi práctica profesional cotidiana me indica que los hombres maduramos mucho más tarde que las mujeres,  y que tenemos mucha más dificultad  para entender que el amor  implica cierto grado de renuncia narcisista. Una mujer, a los veinte años –hablo en general-  ya está preparada para el mundo del amor. A los hombres nos cuesta más: a esa misma edad los varones solemos tener la cabeza en todos y en ningún lado. Considero que el universo  del amor, el de entender que hacen falta ciertas renuncias (+); el hecho de compartir tiempo, el armar ciertos goces compartidos, es una tarea que tracciona más desde las interioridades femeninas. Son ellas las que trabajan y marcan con más frecuencia la importancia de ser escuchadas, de ir armando proyectos. No es que eso no esté en nosotros: es sólo que esas actitudes, en el varón, van surgiendo más retrasadas.</p>
<p>En algún punto creo que las damas, en el amor de pareja, terminan cumpliendo una terea. ¿Cómo decirlo? ¿Educativa? Educan, enseñan a amar y ser amados (como lo hace una mamá con su bebé). Bueno, creo que sí. He trabajado mucho con parejas, tiendo a pensar  que es el género femenino el que va delatando los pantanos en los que se suele entrar en las relaciones de pareja. Muchas veces  las mujeres empujan esto que digo desde una emotividad muy desmedida (la mujer funciona desde allí, mientras que los hombres tendemos más a lo intelectual, a la razón como método de resolución de conflictos)  pero -cómo sea-  considero que los hombres vamos haciendo ciertos saltos madurativos gracias a la tracción pasional femenina.</p>
<p>También es cierto que  la capacidad práctica que naturalmente tenemos los hombres para la resolución de conflictos, alivia tremendamente al alma femenina, y la pueden sacar de la locura más imparable en medio segundo. Una mujer, librada a navegar por el océano infinito de su emotividad, termina padeciendo mucho, o finaliza en una locura cotidiana muy displacentera.</p>
<p>Entonces: la media naranja, la fantasía de que existe “el ensamble perfecto”, en el territorio del amor es  -paradójicamente-  el causante de las más grandes frustraciones.</p>
<p>Escuchemos más las intuiciones femeninas, seamos más permeables a ciertas críticas. Los hombres, en nuestra antropológica necesidad de realizarnos y de lograr ciertas potencias, olvidamos algunos matices del mundo afectivo, simplemente se nos pasan. Los varones siempre, en nuestras fantasías inconscientes, tenemos una sombra amenazante que nos está apuntando con un 38 corto en la nuca y que nos dice: “tenes que ir para adelante hermano, siempre”. Eso nos erosiona, nos estresa mucho;  pero es lo que  -también-  nos empuja a la vida y a ser alguien en esta experiencia que es existir. La búsqueda  de dinero y de  realización personal ( muchas veces la presión social ejercida sobre nosotros en ese punto) nos puede hacer descuidar la vida cotidiana, los hijos, nuestra mujer (el amor es la vida cotidiana, “corta la bocha” diría I.C). Ser conscientes de eso, tener presente esa tendencia, nos reconecta con los deleites del amor del día a día. Pero insisto, escuchemos el alma femenina,ciertas criticas que de allí vienen, es una brújula, a veces medio descalibrada, pero portadora de un rumbo y, queridos lectores: lavemos los platos, así sea llorando y penando, a ellas les gusta, es un acto de amor<em>. Y recuerden: nunca jamás un hombre, en la historia de la humanidad, ganó una discusión con una mujer</em>. El próximo escrito va desde esta frase última.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El maltrato infantil</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Oct 2014 10:34:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser padres no nos hace, de por sí, buenas personas. Tener hijos no nos hace padres. ¿Lo central? amor, cuidados primarios y limites pues,  esas personitas, tienen que entender de chicos que “todo no se puede”. La sociedad funciona con normas. Cruzar esas normas,  es exponerse a peligros, pues los niños no las  comprenden. La... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/10/26/el-maltrato-infantil/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser padres no nos hace, de por sí, buenas personas. Tener hijos no nos hace padres. ¿Lo central? amor, cuidados primarios y limites pues,  esas personitas, tienen que entender de chicos que “todo no se puede”. La sociedad funciona con normas. Cruzar esas normas,  es exponerse a peligros, pues los niños no las  comprenden. La rebeldía, es parte de la sana evolución de los seres humanos. Ustedes observen: los chicos tienden a la  violencia, al egoísmo, poseen  cantidades importantes esas &#8220;cualidades&#8221;. Les cuesta compartir sus juguetes o integrar a otros a sus juegos. Hay una tendencia al sadismo, a dominar, a someter, a romper, al capricho, a manipular, al bullyng…a la vagancia;  a no estudiar. Es decir: todo esto es parte de los seres humanos, y es sano si no cruza cierto umbral. El  hombre primitivo, antes de ser Sapiens, resolvía todo  a garrotazo limpio. Pero bueno, ahora tenemos pensamientos, podemos reflexionar e ir moderando esos componentes.</p>
<p>El punto es que nosotros, los adultos, que sí sabemos el daño que produce la pérdida de control, la violencia, el maltrato y el egoísmo, tenemos que llevar a ese niño a un territorio en donde entienda que las cosas que hacemos y decimos tienen sus consecuencias sobre otros coterráneos. Pero insisto: pobre de aquel niño que no muestre alguna de las cosas que hemos mencionado, pues estaríamos ante una sobreadaptación peligrosa. Cuando vienen mis pacientes y me dicen “mi hijo es impecable: estudia solo y es sobresaliente, no hace lio, es super educado, no tiene maldad…” me preocupo más que si me dice que tiene ciertos problemas adaptativos. A ver, es sano que los chicos hagan lio y no se dejen mucho manejar.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.diazcastelli.com/wp-content/uploads/2014/10/abusoss-100809.jpg"><img class="aligncenter" alt="abusoss-100809" src="http://www.diazcastelli.com/wp-content/uploads/2014/10/abusoss-100809-300x185.jpg" width="529" height="326" /></a></p>
<p><span id="more-164"></span>Entonces, los niños nacen siendo un caos, un manojo de impulsos y emociones desordenadas. ¿Han jugado al Scrabble alguna vez? Bueno, tiramos todas las piezas sobre la mesa, algunas quedan al derecho, mostrando letra, otras al revés, todo desordenado. La cultura, los padres, las intuiciones… van ordenado el juego, armando las primeras palabras, los primeros sentimientos organizados, los primeros caminos a seguir. Y esto, queridos lectores, se produce fundamentalmente por imitación/identificación de ellos sobre nosotros: se reflejan, se identifican; aprenden e imitan conductas. La construcción de lo que se llama personalidad, es la sedimentación de los vínculos, las conductas, las pasiones que un niño ha vivido y observado.</p>
<p>Ahora bien: hay decenas de miles de adultos que son malos o crueles con los niños.  ¿Podemos hablar de maldad? ¿Suena raro que un psicólogo hable de maldad verdad? Pero si: en rigor, tendría que hablar de la pulsión de muerte, que es esa  -como describirla-  ¿Sustancia o fuerza  interna que empuja y  nos lleva a la destrucción de uno y de los otros? Hablemos de maldad como sinónimo de crueldad. Hablo de padres con rasgos evidentemente psicopáticos: no sienten empatía con la angustia de ese niño (entienden lo que le pasa a ese  niño, pero no sienten nada; a eso lo podemos llamar empatía fría). Podría mencionar decenas de rasgos más, pero ese es el central. Pero lo fundamental aquí es que los chicos,  cuando vivencian ese caudal de agresividad por parte de sus cuidadores, piensan: “Papa malo” “Mama mala”. Un niño no pude entender el porqué ese adulto  -que tendría que amarlo y protegerlo- lo maltrata. Pero es más:  cómo mecanismo de supervivencia, y de defensa, tiende a amarlo y a buscar su tranquilidad para que no se desate la furia o enojo.  La cuestión central es que esos “padres malos”  golpean, atormentan, castigan  o son desmedidamente rígidos, y  hasta pueden dan muerte a esos niños que solo están viendo qué es esto de “ser humanos”. Si un niño hace lío, o anda mal en el colegio, o si le pega a la hermana, o destroza el juguete del hermano; o si vacía la billetera del padre…si nosotros, los adultos, los humillamos, los golpeamos, los maltratamos como castigo, lo que le queda al chico es el terror, el dolor y el sentimiento de impotencia de no poder reaccionar: ¡pues no pueden! Son chiquitos, ese padre o madre que “se les viene encima” y que lo golpea en soledad o públicamente, mide tres metros para él, tiene mucha fuerza, voz muy fuerte, cara de loco/loca fuera de control. Al chico no le va a quedar el mensaje de que ha hecho algo mal o que no debe hacer tal o cual cosa, no:  le va a quedar el terror, la forma que ha implementado ese padre para poner “un límite”. No queda la palabra educadora, queda el maltrato.</p>
<p>Por supuesto no me meto aquí con el maltrato más asociado a la indiferencia, a los padres poco afectuosos o  abandonadores; o  a aquellos que no dan el suficiente amor y limites para que el niño se desarrolle lo más sanamente posible. Tampoco abro el tema del abuso sexual, ese tipo de maltrato lo dejo para otro escrito.</p>
<p>Ustedes no se dan una idea de la cantidad de adultos consultantes que han pasado  maltratos  en su niñez.  Miles de niños son maltratados o destratados, golpeados, atormentados en los hogares. Y esto no discrimina clases sociales. Gente considerada “buena persona” para muchos – puertas adentro-  con los frágiles, con los indefensos: con los hijos o ancianos o animalitos…tremendos jodidos. Miles son los filicidios a nivel mundial. La crueldad de los adultos, la psicopatía, la perversión… está por encima de los vínculos y las filiaciones. Todo esto que menciono ocurre, existe, no es una ficción.  Si una persona  sádico y cruel o fría,  o si usted tiene esa predisposición natural a gozar del dolor y de la angustia del otro (de un niño inocente e indefenso en este caso) y bueno, lo va a hacer  con sus hijos. Nada cambia. El sadismo no discrimina.</p>
<p>Por eso invito a una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Todo padre alguna vez puede perder un poco el control o pasarse de rosca con un reto un hijo. Puede ocurrir alguna vez: pero tenemos que pedir disculpas: “mi mama/papa hizo algo malo, pero reflexionó y me pidió disculpas, estaba desbordado, no fue con crueldad”, eso es lo que le tiene que quedar al niño. No podemos enojarnos con nuestros hijos: ¿se entiende que un adulto no puede enojarse en serio con un chico de 6 años? Simplemente eso, no puede: el niño está aprendiendo cosas, erra, se equivoca, no pasa nada. Podemos “hacer que nos enojamos”, teatralizar un poco para lograr un efecto de que el niño se calme, pero no podemos enojarnos de verdad, o maltratar. El vínculo es asimétrico en todo aspecto. Tenemos que combatir el maltrato, la crueldad y el desprecio por la vida en cualquiera de sus formas. Poner límites es difícil, a un jefe del laburo, a los padres si son jodidos y metidos, a los compañeros de vida; al tipo que nos atiende agresivamente en el supermercado. Cuesta, es verdad. Hay que trabajar en lo actitudinal y desde donde uno pone un límite a otro,  si la actitud es firme, el niño entiende, aprende y acepta, y capta que era para su bien. El sadismo y la crueldad son, sin duda, el gran enemigo de la sociedad, allí donde se posan…hay destrucción de vidas y situaciones. Lo que quiero que quede claro en este escrito, es que cualquier forma de maltrato hacia un niño es de las cosas más graves que hay; denunciemos, juntemos coraje, tenemos que intervenir cuando presenciamos escenas donde se maltrata a un niño. Empecemos a atacarlo dando el ejemplo. Por supuesto que del maltrato se vuelve, quedan marcas, cicatrices: pero  con trabajo y amor &#8211; que todo lo repara- se puede  construir una vida linda (una vida posible, como la de todos) eso se los aseguro. Pero de eso, me ocuparé en un próximo escrito, de lo que produce, de cómo identificarlo, y de cómo reparar y suturar esas marcas del miedo y de la falta de amor.</p>
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		<title>¿Qué es ser una mujer?</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Oct 2014 15:09:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué es ser una mujer? o ¿qué es el &#8220;ser mujer&#8221;? Quizá, este recorte de lo que cierta vez me dijo una consultante, nos ayude a entender y responder estas preguntas: “Mis padres no me dejaban salir casi nada, eran muy castradores, eso hizo que no pueda tener muchas amigas, ni conocer chicos, o tener... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/10/18/que-es-ser-una-mujer/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es ser una mujer? o ¿qué es el &#8220;ser mujer&#8221;? Quizá, este recorte de lo que cierta vez me dijo una consultante, nos ayude a entender y responder estas preguntas:</p>
<p><i>“Mis padres no me dejaban salir casi nada, eran muy castradores, eso hizo que no pueda tener muchas amigas, ni conocer chicos, o tener casi vida social por fuera de la familiar. Durante toda mi niñez y adolescencia las salidas eran ir al colegio y hacer las compras por las tardes y alguna salida a cumpleaños y, una vez por año, alguna matiné. Recuerdo que me pintaba, me súper arreglaba porque, camino al almacén, estaba el chico que me gustaba. Mi fantasía era ser vista por él, resultarle linda, que me diga algo y que -finalmente- me bese y tome en sus brazos. Pero no, volvía y me sentía sola, sin haberlo visto, frustrada; me sacaba el maquillaje medio triste. Siempre me acuerdo de esas escenas, y me deprimo, me doy lástima. Pero bueno,  hoy tengo un hombre que me mira con amor y ternura y que, cuando me abraza o besa, me hace sentir única, linda, protegida. ¿Entiende lo que le digo, Gervasio?”.</i></p>
<p>Las frases hechas, de grandes pensadores o psicoanalistas, también hacen su aporte; pero son los relatos de cada mujer  -una mujer es todas las mujeres- (cada hombre es todos los  hombres decía J. L. Borges) las que me interesan. ¿Qué desea una mujer? Muchas cosas, al igual que los hombres. Desarrollarse, tener proyectos, estudiar, trabajar; ser buenas y evolucionar en lo que hacen. Las pasiones, los deseos.  Pero ser amadas, y tener hijos (algo antropológico, ancestral…empuje biológico de la especie…) esa es la gran búsqueda inconsciente/consciente del alma femenina. De gran parte de las mujeres.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-161" alt="frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/frase-que-tan-bueno-es-ser-marilyn-monroe-por-que-no-puedo-simplemente-ser-una-mujer-normal-una-marilyn-monroe-193716.jpg" width="850" height="400" /></a><span id="more-160"></span></p>
<p>Está chica, que estuvo cuatro años en tratamiento conmigo, tenía enormes dificultades para relacionarse con los hombres. Por temores, por falta de modelos, por toda una serie de cuestiones históricas. Ella siempre me decía <i>“por qué  soy tan retorcida con el tema hombres”.</i> De hecho, se había instalado la cómica situación de que su diagnóstico era “trastorno retorcido”. Imagínense: un trastorno -en psicología-  es hablar de algo confuso, si a eso le agregamos “retorcido”&#8230;y bueno, ¡es intentar leer un papiro escrito en arameo! Por otro lado, profesionalmente, era una chica muy desarrollada y exitosa; una gran intuitiva en relación al cómo moverse en el mundo del trabajo que era, también, su vocación.</p>
<p>Obviamente, para poder ser receptora de un amor real, Andrea  &#8211; llamémosla así-  había tenido que trabajar mucho con sus falsos ideales en relación al amor y con su tendencia a pasarle la minipimer a decenas de  buenos muchachos. Pero, finalmente,  fue capaz de dejarse amar y construir un amor posible, y bastante bueno por cierto. Un día se apareció con el novio, sin avisar. Alegremente, ni bien entró dijo: <i>“lo traigo para que me lo evalúe un poquito”</i>. Era brava, con mucho sentido del humor (elemento central,  indicador de que hay chances de mejorar)  había podido lograr reírse un poco de su historia que, por cierto, era realmente muy complicada. Dentro de poco voy a sacar su caso, ella me ha autorizado formalmente a que pueda contar su experiencia terapéutica<i>: “cómo no, licenciado, para que otras mujeres puedan  acceder al amor”, </i>me dijo. Miren: si les digo que era un personaje, es poco.</p>
<p>Por una serie de hechos, las mujeres consultan más. El asunto es que  uno escucha diariamente mucho sobre su idiosincrasia. La situación de una consulta se presta para que el fantasear y la forma de respirar el mundo que tienen las mujeres, se abra de manera más fluida.  Lo que observo es que el tema de ser amadas y protegidas, y el asunto de los hijos…finalmente…se termina abriendo como “el tema” central, y esto es hasta  en las almas mas feministas.  No es esto algo que yo pienso, una opinión mía digamos: es el resultado de lo que observo en mis consultantes por sobre todo y, también en la vida; por los lugares por donde circulo. En la intimidad, hasta las más feministas, buscan eso; su realización está muy asociada a este planteo.</p>
<p>Recibo y he recibido  decenas mujeres talentosísimas en lo que hacen: artistas, periodistas, empresarias…pero, en general, si la realización que menciono no está…el vacio aparece y aprieta fuerte la subjetividad femenina. Ahora bien,  por supuesto que esto se complica mucho  en la histeria: allí lo que no hay es entrega o deseo a  “un hombre”. El disfrute histérico es generar deseo, pero están medio impedidas de realizarlo, de desear ellas; o sí buscan ser amadas, pero por “todos los hombres” “por el mundo todo”… pero no por uno, entonces es ninguno.  Están completas, y ama el que está en falta: amamos por que nos faltan cosas y porque  -al parecer-  es mejor compartir esta experiencia de  vivir…con otros. Por eso, también, la gente muy narcisista no puede acceder a un amor real, pues a ellos  “nada les falta”, están completos.</p>
<p>Pero lo central es  que  los hombres, entramos en la grieta (me está saliendo una metáfora casi erótica), nos metemos en lo que falta, eso nos convoca: proteger, mimar, dar amor y protección. Vale decir: por más moderno que sea el discurso hoy, en el fondo, la cosa es más simple. El disfrute del hombre está más en el dar (amor, protección, seguridad económica, por qué no) y, en la mujer, en recibir todo eso; se siente segura y amada desde esos lugares. Hay muchas otras búsquedas y “cosas que convocan” atracción y deseo de una mujer hacia un hombre, pero hablo de las básicas.  Allí donde hay una mujer con capacidad de amar, la cosa va por ese lugar. Y esto es independiente de que la mujer logre todo eso por sus propios medios: en el hombre, busca eso. De hecho, en las mesas de mujeres se habla de esto en relación a “otras mujeres”, o con relación a los “los hombres”.</p>
<p>Toda mujer busca el secreto de lo que “es su esencia” en otras mujeres.</p>
<p>¿Cómo son? La  mujer indaga el secreto de lo que “es ser una mujer”…en otras mujeres ¿Cómo es esa mujer? ¿Qué tiene al lado? ¿Cómo accedió a tal o cual cosa? Por eso, por ahí dicen, que <i>“El problema de la mujer no son los hombres, sino, la otra mujer”</i>&#8230;es una frase medio trillada sí,  pero algo de eso hay.Freud murió diciendo: “La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de todos mis años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?”… ¿Interesante  lo del viejo Freud no? Los hombres tenemos menos misterio, nos construimos con ecuaciones más simples, para bien y para mal. Pero es central volver a estos planteos. Las posmodernidad nos hizo creer que a las mujeres ya todo esto que digo en el texto, no les interesa; que buscan realizarse a sí mismas  y que ya estamos “de vuelta” de estas cosas. Pero, queridos, en la intimidad de su alma&#8230;los anhelos…de ellas…de los seres humanos, son siempre los mismos… los primarios: amar, ser amados y “ser” y “tener” algunas pocas cosas.</p>
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		<title>Nadie cambia de un día para el otro</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Oct 2014 14:30:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los psicólogos, en nuestro trabajo cotidiano, escuchamos permanentemente frases que hablan de cambios repentinos. Por sobre todo es en las relaciones de pareja en donde suena más esa música. A ver: las personas sólo con mucho esfuerzo hacemos cambios, y pueden ser muy grandes, ¿por qué no? pero  lleva su tiempo. Nadie modifica aspectos fundamentales... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/10/06/nadie-cambia-de-un-dia-para-el-otro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los psicólogos, en nuestro trabajo cotidiano, escuchamos permanentemente frases que hablan de cambios repentinos. Por sobre todo es en las relaciones de pareja en donde suena más esa música. A ver: las personas sólo con mucho esfuerzo hacemos cambios, y pueden ser muy grandes, ¿por qué no? pero  lleva su tiempo. Nadie modifica aspectos fundamentales de su personalidad, de su carácter, de su temperamento o de su “modo de ser” de un día para el otro.</p>
<p>Sin embargo,  es cierto que frente a ciertas situaciones o acontecimientos, muchos individuos pueden dar saltos importantes en su vida.  Hablo de giros madurativos y emocionales que hacemos a partir de atravesar grandes crisis personales o de vivir situaciones traumáticas o experiencias extraordinarias positivas. Pero estas son la excepción, no la constante.  En casi  todos los casos, la variable tiempo es fundamental.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-152"></span>Esto que les comento es central porque  tiene que ver con la prudencia. Sistemáticamente, uno escucha en los  consultantes relatos acerca de sus parejas, cosas buenas, pero también aspectos de ese otro que tienen a su lado que son muy complicados. Un paciente puede estar meses, años, hablando  en torno a  asuntos sobre la personalidad o el carácter de su compañero y, de repente, de un día para el otro… “no sabes cómo cambió, es otra persona” y… no, la experiencia dice que los cambios  son muy paulatinos. El proceso por el cual una persona conforma su temperamento, su carácter o sus valores, es muy extenso; tiene que ver con su historia, sus vínculos y modelos históricos y hasta pre-históricos. Por eso yo siempre pongo paños fríos cuando  alguien plantea cambios repentinos y sorprendentes sobre sí mismo o sobre otros. Porque el riesgo es que esto no sea tal y que la persona se embarque en algo irreversible con “ese otro súper cambiado” y después, como realmente no  lo conocía  tanto como creía, o por subestimar las cosas malas, se termina en una relación llena de tropiezos.</p>
<p>Más de una vez me encuentro diciendo: “tomate más tiempo para conocer a las personas que elegís en el territorio del amor”; “podemos ser prudentes y entregarnos a la pasión”, “conocer a alguien a fondo lleva tiempo” , “los cambios no son mágicos”, y cosas por el estilo ¿Por qué? ¿De mala onda que soy nomás? Con el correr de los años y el trabajo, se van acumulando centenares de experiencias de los consultantes y, hay situaciones o “patrones” que se repiten. Los psicólogos tratamos, también, de prevenir y de que se eviten ciertas cosas, o por lo menos, pedir mesura y cierta racionalidad para abordar los conflictos en el territorio del amor. Porque sí: en ese universo hay que volver, cada tanto,  a la razón; no es sólo pasión, amor, entrega y sexualidad.</p>
<p>El tiempo es uno, para todos y todo. Piensen en lo que les cuesta a ustedes hacer cambios sustanciales: ¿lo pensaron? Bueno, lo mismo corre para los demás. Así que&#8230;tranquilos, y a seguir trabajando en estar despiertos, sin ser fatalistas o paranoicos o híper desconfiados, sólo amigándose con esa variable “tiempo”, que es sabio. Navegamos en tiempos muy ansiógenos, en la cultura del todo “ya”; la resistencia, hoy, es ir a velocidad crucero, tranquilos, disfrutando el paisaje.</p>
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