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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; terapia</title>
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		<title>El autoboicot</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 00:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a ese “todo es posible”…se mezcla, esta vez, con profundas cuestiones que hacen a mi práctica cotidiana.</p>
<p>Los seres humanos atentamos contra nosotros mismos. Hay una tendencia destructiva que apunta a la aniquilación de  nuestra especie. Las guerras, el poco cuidado del planeta, la violencia en cualquiera de sus formas, es hacia nosotros, siempre: en el fondo no hay enemigos, sólo fuerzas  que se va anclando en diferentes odios o argumentos para desplegarse, pero el resultado final es siempre el mismo… “el hombre es el lobo del hombre”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-434" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg" width="267" height="189" /></a></p>
<p><span id="more-433"></span>Entonces: en el territorio más individual,  tenemos una tendencia masoquista, autodestructiva, ejecutamos  acciones en contra nuestra. Es curioso, y puede ser paradójico para muchos, pero la realidad lo demuestra día a día. Gente que se destruye la salud con drogas, tabaco&#8230;comida…hasta morir o enfermar gravemente; personas que eligen y construyen vínculos no convenientes y enfermos; tipos que andan a trescientos kilómetros por hora en la panamericana; mujeres y hombres que tienen relaciones sexuales sin cuidarse; personas que el día del examen final para graduarse no van o se quedan dormidos; sujetos que salen a la ruta sin cinturón de seguridad; gente que escala montañas sin anclajes ni soga; personas con potencial que se autoimponen una vida limitada; individuos que muestran sus infidelidades para destruirlo todo…o los ludópatas… etc. La lista es larga, cosas grandes o pequeñas e inofensivas…pero es cotidiano: somos una lucha de fuerzas, una parte impulsiva, autodestructiva e inconsciente y otra más racional y erótica que intenta tomar la delantera. Conciencia, inconsciente, enemigos internos…núcleos sanos que se defienden…somos muy complejos.</p>
<p>Los cierto es que estos hombres fueron arrasados por los peor de sí. A ver: es claro que hay mujeres que generan tensiones eróticas y caudales de excitación sexual que pueden desorganizar psíquicamente a mucha gente, ese componente estuvo: cuando la sexualidad (la actitud sexual) de una dama está muy en 3D, muchas personas quedan devastadas en su capacidad de razonar, entran en estados casi hipnóticos, les bajan las defensas y aparece lo peor de sí. Yo creo que lo que ocurrió fue un verdadero autoatentado en los pilotos, incluso en la dama en cuestión. Estamos hablando de personas que lo perdieron todo, y con una profunda condena legal y social sobre sus espaldas, por nada, ¿por nada? ¿Por babosos? No: por su núcleo masoquista que se los llevó puestos. Todas las alarmas estaban encendidas, se estaba filmando; sabían que iban hacia un abismo: pero no pudieron frenar, se los tragó el enemigo interno. Es como esa persona que me decía cierta vez &#8211; “cuando tuve relaciones sin preservativo, y mientras estaba allí, sabía que era una potencial portadora&#8230;pero no pude frenar”.</p>
<p>Lo que vimos fue  cómo tres personas se entregaban alegremente a perderlo todo. Es interesante como se camufla lo peor de nosotros, ¿verdad? Porque la chica también se jugaba mucho,  y no pudo escuchar, entender, la complejidad de la situación.</p>
<p>Pero también está lo fálico, sí: muchos hombres, en su necesidad de afirmar su masculinidad, o de impresionar a una mujer -o incluso a otro hombre-  pueden batirse a duelo y morir en un segundo. Y algo de eso ocurrió allí: los autos, los aviones, son símbolos fálicos, de potencia, de virilidad;  son sustitutos hacia donde se desplaza la necesidad de potencia que siempre, en mayor o menor medida, tenemos todos los varones. El avión fue usado como sustituto directo de esa potencia;  a ver: los tipos pasaron a buscar con la Ferrari a la chica para impresionarla, fue eso, sí, sí: lo que pasa es que en esa nube de excitación sexual…de depredación de todo lo simbólico que ordena el mundo…olvidaron que era un avión con pasajeros y que había riesgos. Si nos ponemos más agudos, podemos decir que allí se pulverizó el contrato social que regula las conductas entre los seres humanos.</p>
<p>Y así las cosas, yo sé que esto podría a haber derivado en una catástrofe, con muertos, con decenas de víctimas colaterales; con mucho dolor social. También es importante mencionar  la cantidad de gente que tiene miedo, fobia a volar, y que con todo esto se angustia más aún y se fortalecen sus síntomas.  Pero no ocurrió, por eso hago estos análisis, porque -sepan disculpar-  no puedo dejar de ver a los tres tripulantes desde lo mío, desde mi perspectiva. Son acciones que pueden  costar muy caro: si una persona en un enojo con su mujer, yendo en su auto, empieza a acelerar…se está exponiendo a matarse….es masoquista sí, pero, también, es sádico….pues está arrastrando a la muerte a otros. Pero, de todas maneras, considero que aquí, lo ocurrido, tiene predominantemente este componente masoquista, fue más contra ellos mismos que contra otros.</p>
<p>Todo fue una escena emblemática de cómo los seres humanos atentamos contra nosotros mismos y lo  perdemos todo. Se han puesto a jugar  alegremente a la ruleta rusa, la bala salió, no fue letal, pero fue un acto irreversible para ellos. La justicia tiene que accionar, el mundo funciona con un sistema de premios y castigos, pero, a mí, y en particular con la dama, me cabe una sanción del tipo probation, de trabajo social, de poner a otros como protagonistas, de obligatoriedad a una terapia…de dedicarse a otros, en serio, mucho: reparar desde allí, quizá eso cura y mejora a las personas con exceso de narcisismo, los saca del espejo. Realmente el caso de la dama en cuestión, la verdad, no puedo ver mucha responsabilidad, más allá de algunos aspectos de su personalidad le nublan la razón y la exponen (y exponen) a este tipo de cosas, como recién decíamos.</p>
<p>Hoy quería acercarles estas reflexiones, el episodio fue algo muy extraordinario, que merece que lo sigamos pensando.</p>
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		<title>&#8220;El caso Elvira&#8221;&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:32:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo-... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/06/19/el-caso-elvira/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-Mi cuerpo está lleno de cicatrices y machuques de todo tipo. A esto tenemos que sumarle que he tenido tres hijos, todos varones. En tan solo cinco años consecutivos saqué tres personas de mis entrañas. Una locura. Los nombré Paul, John y George. A mi analista le pareció algo “un poquito desmedido” -así me dijo- pero yo no le di bola. ¿Su argumento? Me dijo que era enchufarles  algo muy mío…pero bueno, él no me va a entender jamás, seguramente no se ha puesto a escuchar detenidamente a estos cuatro marcianos del siglo XX. También le conté a mi “Psico”. -así le digo yo-  que como no podía tener más hijos, en  compensación, me había comprado un perro y  que lo había nombrado “Ringo”. Echó a reír a carcajadas y me dijo: &#8211; Bueno, Elvira, está bien, usted gana, usted gana.  Años después terminé medio amigota de ese terapeuta, era un muy buen tipo, muy astuto, pero  musicalmente  equivocado. Un día fuimos a su casa y en la biblioteca tenía una foto de  Queen!! Freddie Mercury! Ese gritón todo sudado.  Ese espasmódico insoportable! Esa foto hizo que mi terapeuta termine por caer, eso cerró definitivamente nuestro pasado como paciente y analista.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-423" alt="the beatles" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/06/the-beatles.jpg" width="304" height="166" /></a></p>
<p><span id="more-422"></span>Pero les contaba acerca  de mis accidentes. Anoche, mientras le enumeraba  a mi marido los beneficios de un nuevo jabón en polvo que sacaba las manchas con oxígeno concentrado, pensaba -en paralelo- en el número de accidentes que he acumulado. Pero antes de eso les digo: ¡Cómo me gustan los jabones en polvo! Y ni hablar los quitamanchas. Miren, si ustedes algún día me encuentran por la calle o me invitan a su casa…sáquenme el tema; si  se ponen a hablar de jabón en polvo o de quitamanchas,  yo me enciendo, puedo hablar seis horas seguidas sobre el tema, me apasiona. Es un mundo casi  místico para mí. Hay para diferentes tipos de ropa y tela o fibras,  para diferentes colores y texturas…puedo estar 50 minutos frente a la góndola mirando y gozando de esos envases milagrosos. Hay uno de un jabón en polvo marca Skip que me produce, – se los digo con cierta vergüenza- me produce excitación! Si,   me erotizo un poco cuando lo veo o agarro. Se trata del “Skip Perfect Black”. Su envase es totalmente negro, contundente…es como el “All blacks “de los jabones en polvo. Lo puede todo. Siempre que lo introduzco en mi lavarropas automático “Eslabón de lujo” imagino las batallas de mi producto contra las manchas; es casi una épica para mí lo que “ahí sucede”.</p>
<p>Entonces: entre accidentes mínimos, como puede ser quemarme con la asadera del horno, hasta caerme de la escalera, he contabilizado más o menos ochocientos   en lo que va de mis 43 años. De chica patinaba, mucho. Mis codos, manos y rodillas eran realmente de película de terror. Vivía en el piso “limándome”. No había manera. Mis padres &#8211; judíos, pesados y llenos de miedo &#8211; ya no sabían qué hacer conmigo. Me mandaron a Hockey, ¡para qué! Varias fracturas, moretones por todos lados. Nunca controlé muy bien mi cuerpo y mis fuerzas. Cuando agarraba la pelota ponía quinta. y siempre seguía de largo hasta tragarme literalmente el alambrado. Eso es hasta hoy, mi cuerpo suele manejarme a mí, algo he regulado eso (el “fan de Queen” ayudó mucho), pero es mi temperamento. Rompo todo y me rompo toda siempre. ¿Perdón? ¿Por mi marido, me preguntan? Miren, mi marido es una gran persona, hace veintidos  años que cada día que lo miro a los ojos me enciende y le da sentido a mi vida.Me gusta, me parece “viril” y también es muy tierno. Pero no me entiende. En el fondo soy una incomprendida. Él “desestima” ciertas preocupaciones mías. Dice que son “banales”. El muy cretino me dice que son ¡BA NA LES! A veces lo odio profundamente. Pero entiendo que el amor es eso, y que también es un trabajo.  “El Fan” siempre me decía – Elvira tranquilizate, el amor también es sufrimiento, tenés que trabajar más para el amor.  Me jodía con eso constantemente. Cuando conocí a su mujer me sorprendí tremendamente.  Era una enana.  Era un Hobbit. Muy linda, ex bailarina clásica, femenina&#8230;pero pelirroja, eso no me gustó nada; no confío en las pelirrojas nativas. Son traidoras. Bueno, son cientos los accidentes que he tenido. De todas maneras ya he gastado en los últimos 2 años cerca de cincuenta  mil pesos en “tunearme”. Me retoqué toda. Me harté de verme “Todas Desflecada”, luego de mis partos y mis accidentes. Ahora estoy espléndida. Mi marido no parece haber registrado demasiado el “tuning”, él siempre tiene ganas, con o sin flecos. Pero bueno, los tengo que dejar, tengo cosas que hacer, no sean tan demandantes conmigo, sigan en sus cosas, después les sigo contando.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El ataque de pánico: un grito salvaje</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2015 10:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas” -“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo” -“Sentía temor a partirme en mil pedazos” -&#8221;Como si me hubiese estallado... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/04/02/el-ataque-de-panico-un-grito-salvaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>-“Lo que experimenté es como si hubiese saltado de un avión y, en el aire, de repente, descubrir que no tenía puesto el paracaídas”</p>
<p>-“Es lo peor que me pasó, es sentir la muerte inminente, el descontrol total de mi mente y cuerpo”</p>
<p>-“Sentía temor a partirme en mil pedazos”</p>
<p>-&#8221;Como si me hubiese estallado una bomba adentro&#8221;</p>
<p>Y así describen los consultantes esta situación. Queridos lectores: cuando una persona está “tomada”, “gobernada” por esos instantes de pánico/terror…no hay consuelo, la realidad  cae, pierde el brillo, todo se vuelve opaco;  el desamparo y la indefensión son absolutos, ¿vieron los bebes cuando despiertan en estado de pánico en la noche? Bueno, eso. Son estados muy regresivos: el miedo es a la fragmentación,  el “yo” teme pulverizarse. A ver, estoy hablando de un ataque de pánico franco y no de esos episodios de angustia fuertes que tienen muchas personas, y que se suelen confundir con el pánico.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-361" alt="mazazo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/04/mazazo.jpg" width="220" height="294" /></a></p>
<p><span id="more-360"></span>Un ataque de pánico es un golpe de estado que nos  hace el cuerpo y la mente; perdemos casi  todo “gobierno” sobre nosotros mismos. El asunto implica un rayo de padecimiento grande, de un alto poder traumático: entendamos por trauma a aquello que “se nos viene encima o nos invade” (desde dentro o de afuera) de manera sorpresiva, intensa, y que nuestro psiquismo no puede simbolizar, metabolizar, tramitar y  -entonces-  colapsa. Explota en todos esos síntomas físicos y psíquicos, que no son otra cosa que un intento desesperado por descargar todo lo que ocurre.</p>
<p>Ahora bien: la persona, una vez que el estallido pasa, teme que eso vuelva a ocurrir: &#8211; “¿y si voy a la cena de trabajo y me agarra, licenciado?”… -“¿y si salgo con esta mujer que me encanta y me agarra?” Entonces, muchas veces, se  empieza a acotar la vida social;  de hecho, pueden armarse fobias sociales con diferentes grados de intensidad. Las personas, asustadas, van acotando sus actividades, se van  aislando;  el temor va armando “cepos” y, como consecuencia de todo esto, mucha gente se deprime, o empieza a armar hipocondrías fuertes con todo el típico  peregrinaje por decenas de médicos para “descartar si no tengo algo grave”.</p>
<p>Y así las cosas: presentado  de esta manera, es una catástrofe el asunto. Es que sí, se vive como algo así. Pero que algo se viva como una catástrofe, no significa que lo sea. Lo que “parece” a veces  no “es”. El pánico es una experiencia muy cinematográfica, las personas quedan muy impresionadas, con  mucho miedo posterior; pero es -por lejos- de los motivos de consulta que mejor pronóstico tienen  ¿por qué? Por eso, es la instalación de una crisis, salvaje, pero es eso: una crisis.  Las personas, a medida que van trabajando “la causa” que pudo haber  detonado el estallido de angustia (pues eso es, la angustia sale a lo loco, tipo tsunami y arrasa toda posibilidad de defensa), se van mejorando, transformando su vida. Pero es central  ubicar la situación actual  -real o fantaseada- que lo desató,  eso siempre se encuentra.</p>
<p>Los ataques de pánico son el último eslabón de una cadena: siempre hay señales antes, algunos elementos empiezan a hablar en nosotros, a decirnos: “algo anda mal”, “hay que parar con el ritmo”, “hay que establecer prioridades en la vida”, “hay algo que no estás viendo”, “algo te está apretando el alma y estás siguiendo de largo”. El pánico es la expresión salvaje de un profundo conflicto interno, y es el resultado de una acumulación sistemática de angustia;  el pánico viene a decirnos con un mazazo en la cabeza, “hay que dar un giro en la viva, cambiar el rumbo”. Es la manifestación de que algo&#8230;no camina más, y que hay que ponerse a trabajar con las emociones, con la angustia, con nuestra historia, con la actualidad de la vida diaria y no seguir haciéndonos los distraídos y acumular y acumular.</p>
<p>El líneas generales, bien tratado, encarado a tiempo, es un cuadro que cae a corto plazo. Por supuesto que implica trabajo y, la verdad, es que no alcanza con psicoterapia (cualquiera sea la teoría que se aplique), hace falta tener a raya, regulada, a la ansiedad: con deporte, sexualidad, sublimación, aprendiendo a sacar el malestar en cuotas, en dosis, y no de golpe.  También están los psicofármacos, los psicólogos siempre tenemos un psiquiatra de confianza al cual acudimos cuando consideramos que la vida de ese paciente…se hace invivible, y  que no alcanza con la palabra y el vínculo para que la persona mejore, pero  como un último recurso. A ver: muchos ya  acuden a la consulta medicados, pues en las guardias, cuando se presentan personas con este cuadro, los medican enseguida; pero la idea es que luego la persona salga y supere esta problemática con sus propios recursos y que, en todo caso,  -y si el malestar continúa- la medicación,  que en general es muy suave y  que un bien médico psiquiatra, sabe retirarla a corto plazo.</p>
<p>Si las personas se enganchan con un buen terapeuta, que conozca el tipo de padecimiento que se pone en juego allí, (el rol del psicólogo es ser generoso en el vínculo con su paciente, atender el teléfono, dar, contener y ayudar a simbolizar, a poner en palabras lo traumático; ayudar a “armarlo” y sostenerlo, para que no caiga al abismo temido).  El grueso del problema se elimina en los primeros seis meses de tratamiento. Pero el asunto central, una vez que la persona está ya más tranquila, es investigar, a partir de un trabajo historización, y  descubrir las coordenadas que nos llevaron a esa situación.</p>
<p>En mi experiencia, los ataques de pánico son siempre una verdadera posibilidad de cambio. Si, por supuesto: ese grito del cuerpo y del alma, se presenta de manera muy brutal. Pero sí es cierto que, lamentablemente, las personas hacemos cambios en la vida cuando tocamos ciertos fondos, es así, no lo digo yo, lo dicen los pacientes, lo muestra la experiencia de la humanidad. Casualmente, un análisis  -un buen análisis-  “educa” a la persona para que escuchen las alarmas antes de que estallen las bombas. Que tomen decisiones más sanas y responsables; es ayudar a que un sujeto pueda mirarse al espejo y ver otra cosa, es  muchas otras cosas: pero  un tratamiento tiene que levantar síntomas, suavizar el malestar y generar mejor calidad de vida, y no muy a largo plazo. Y algo central: nos tenemos que amigar un poco con nuestra historia, con nuestras miserias y limitaciones, pelear siempre por superarlas, sí,  y evolucionar con las experiencias,  pero aceptar que ciertas cuestiones de la personalidad de base, no se modifican mucho, sólo es aceptarnos, siempre un poco más; después, está el mundo que es harto complejo. El gran problema de la humanidad, es que el odio, la violencia, la envidia, la psicopatía&#8230; son pasiones, ¿se entiende?  Y bueno, como dicen en el campo: “no hay mal que por bien no venga”. Entonces, el terror/pánico sacude sí, pero –a mi criterio- puede ser un invalorable motor de cambio. La vida moderna, y su cultura de la manía y de la euforia,  genera mucha devastación.</p>
<p>Queridos: no pasa nada, del pánico se vuelve, no tienen por qué eternizarse los síntomas, ni el miedo, ni  “el corralito” social que suele armarse, ni la fobia&#8230;ni la depresión, ni los fármacos, se resuelve: pasa, bien encarado pasa rápido. Pero el asunto es escuchar el por qué vino.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Cómo elegir un buen profesional en salud mental?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 12:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/20/como-elegir-un-buen-profesional-en-salud-mental/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que los alivie o que  -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas, de pensarse a sí mismos. Para empezar a hablar de lo que les pasa, los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo; de alguna manera él será el conductor en ese proceso de “cura”. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quién dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones de ayudarnos?</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg"><img alt="psicologia1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg" width="351" height="396" /></a></p>
<p><img title="Más..." alt="" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" /><span id="more-351"></span>La vez pasada una joven, en su primera consulta, me relataba que venía de una mala experiencia. Había estado nueve meses con una psicóloga que  le hablaba muy poco, que casi no le daba devoluciones; que la profesional fumaba en sesión, que el trato era rígido y distante. Otro me decía que el profesional al que había asistido tenía muchísimo sobrepeso  y que anotaba todo y la miraba muy poco. Otro, me dijo cierta vez,  que su psicólogo, también médico, en la primera sesión, le había recetado medicación: -&#8221;me pareció apresurado, ni me conocía, no me veo tan mal, como para que, de entrada, sin saber mi historia, me medique&#8221;.  Puedo contar muchos relatos de este tipo.  En un momento, la chica de la psicóloga &#8220;fumadora&#8221;, me dijo. :- “mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnóstico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que  acabo de contarle le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y están todos chapa, tienen millones de quilombos no resueltos y viven mal…y van… y atienden pacientes”-.</p>
<p>Bien, pero tomemos el ejemplo de la joven:<i>- </i>una chica muy lúcida e inteligente por cierto -.  Más allá de la problemática que relataba,  tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojalá todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Porque hay algo central: tiene que haber cambios concretos  y reales en las diferentes áreas de su vida, o en alguna, pero cambios, y más o menos a corto plazo. Por supuesto nuestro laburo no es exactamente levantar síntomas, la &#8220;cura por la palabra&#8221; tiene muchos objetivos, no solo ese; pero la gente viene para sentirse mejor &#8220;corta la bocha&#8221;, como dicen por ahí.  Veamos: una  profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando -casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo &#8211; pero eso es anecdótico si se quiere, puede no estar luchando contra el cigarrillo la paciente, es lo mismo. El tema es que allí hay un  profesional que fuma en sesión. A ver: al menos, si se está atrapada en una adicción&#8230;no lo exhibas frente a tus pacientes. El hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto” al consultante que estaba atornillada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo, que es pulsión de muerte lisa y llanamente. El otro, con el tema del sobrepeso, también mostraba o “decía” en acto: “soy dejada con mi cuerpo, no me cuido, no tengo control sobre mis impulsos, como y como,  hasta la obesidad”. A ver, hay excepciones en donde el sobrepeso ( la obesidad es una enfermedad en sí misma) es producto de problemas médicos muy complejos, pero, en líneas generales, está más asociado a cierto desorden y destructividad, y es una enfermedad que en gran parte de los casos, depende de nosotros &#8220;curarla&#8221; o mantenerla bajo nuestro control.  ¿Complicado no? ¿Acaso lo que tiene llegada no son los ejemplos? ¿Y si a esa psicóloga le llega una persona que lucha contra el sobrepeso? Digo, los consultantes se fijan en esas cosas, somos un cuerpo, nuestra apariencia habla de nosotros, mucho; el lenguaje es solo una forma de comunicación. El cuerpo, nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestra mirada, también comunican. ¿Todo un tema verdad? Con el trato rígido o distante igual, eso no suma a que las personas se suelten.</p>
<p>Pero volviendo al tema: ¿cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones de ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos tres o cuatro  sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia, de otras modalidades  que tenemos entre seres humanos. A ver: es un vínculo asimétrico, eso es así, los consultantes lo captan, pero no hace falta resaltarlo con distancia o no sé qué cosa.  En nuestra vida diaria, cuando charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones,  etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser muy diferente. Es diferente sí: habla más el paciente en general,  pero no tiene por qué serlo tanto.  Les cuento todo esto porque realmente  creo que esa postura “seria y aséptica”  que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también, ¿por qué no?  Pero tensiones productivas y no esas  innecesarias: las del excesivo silencio, la  de la distancia que algunos profesionales ponen con sus pacientes, o del diván  -el diván es una “herramienta de trabajo” muy cuestionable, instituida, pero cuestionable-  al menos yo lo veo así.  Porque el punto es que todo eso termina generando, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces se construyen  grandes pensamientos, inteligentes  interpretaciones de <i>“lo que me pasa”,</i> pero, en <i>la realidad, </i> no  hay cambios, no hay disfrute de la vida.</p>
<p>Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos, pueden defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque, aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga…incluso a veces el uso del diván (no digo siempre) puede hablar de ciertas  limitaciones del profesional, de que no puede sostener el cara a cara,   hay profesionales muy buenos que lo usan, que yo lo considere una herramienta obsoleta, no anula que a muchos consultantes o a algunos colegas les funcione.  En general, en salud mental, los  más efectivos, son aquellos que cuando vamos a la primera sesión,   notamos cierta soltura en el trato, algo normal, algo  común digamos, sin tanto misterio. Y cierta actitud -cómo decirlo- ¿vital?..Sí, eso.  Armarse un personaje misterioso y silencioso quizá garpa más, da más enigma&#8230;misterio, pero&#8230;a mi criterio, eso no camina. Y algo central: las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, quizá más en conflicto, pero menos angustiadas;  y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de qué cuadro era.  A esta persona le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo me hubiese ido también.  Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino y rígido en el trato. También se rechaza el exceso de intelectualidad en el tratamiento o los psicólogos que aplican “técnicas” violentas, como atender 10 minutos y cortar la sesión,  un disparate. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones, una pequeña evaluación del profesional.</p>
<p>Ahora bien: ¿un psicólogo, psiquiatra,  tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No  -eso no es posible &#8211; ni para nosotros ni para nadie.   Pero tiene que haber vivido una experiencia sostenida y productiva como paciente. Y si, tiene que tener un grado importante de dominio de sus pulsiones destructivas, un importante conocimiento de sí mismo y  -por sobre todo-  tiene que tener gobierno sobre sus enemigos internos y cierto manejo y realización de sus deseos. Y algo no menos importante: tiene que haber vivido, mucho. Somos nuestras experiencias, y lo que aprendimos de ellas…también como psicólogos eso está en juego, tratamos de no poner mucho &#8220;de nuestros pensamientos y experiencias&#8221;, pero eso es un ideal, y es más: ante escenarios de mucha devastación, tenemos que jugar ciertas cartas asociadas a nuestra vida, no pasa nada, si uno sabe por qué y para qué.  Todos los seres humanos tenemos dentro un enemigo que empuja a vivir mal, y a que hagamos goles en contra. Los que trabajamos con el dolor humano tenemos la responsabilidad ética de trabajar profundamente con nosotros, de ser, por qué no, ejemplo de gobierno sobre lo peor de nosotros.  Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar algo a alguien, imposible diría. Después, claro, en la vida pasan cosas, y somos como cualquier persona en relación al abanico de emociones que podemos sentir.  Tómense su tiempo para elegir terapeuta,  agudicen sus intuiciones para hacer una breve evaluación. Hagan eso también para elegir pareja o para tomar cualquier tipo de decisión en la vida, no nos apuremos para las cosas. Y no olviden: &#8220;lo que cura”, si hablamos de terapias, cualquiera sea la teoría que el profesional use, ES EL VINCULO. Si el profesional les mezquina el vínculo&#8230;o si les dice cosas demasiado raras&#8230;a seguir buscando.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>Las vacaciones: reflexiones.</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 22:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Irse de vacaciones es hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana. Es alejarse un poco de todas esas zonas de tensión que implican ciertos mundos a los cuales no nos queda otra que pertenecer.  Todos tenemos rutinas, y no tiene por qué ser  algo displacentero tenerlas; pero  romper con ellas, es algo imprescindible para renovarse. Entregarse al ocio,  poder  funcionar con tiempos propios, y no con los  que nos imponen las instituciones (trabajo, escuelas, clubes&#8230;lo que sea) es algo central. Lo más interesante del asunto, es que uno puede manejar el tiempo; pero bueno, no muchas personas logran ese acto de libertad. Simplemente  no saben qué hacer con el ocio cuando “no tienen nada que hacer en él”. La falta de obligaciones angustia. Y esto es independiente de que uno use el ocio de manera más activa que otros.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-248" alt="abierto-por-vacaciones1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/12/abierto-por-vacaciones1.jpg" width="400" height="259" /></a><span id="more-247"></span></p>
<p>Lo que es indudable, es que las vacaciones, si uno tiene la sabiduría y la capacidad de saber disfrutar de la vida, nos dan un marco para una mayor libertad. Ya sea si nos vamos en pareja, con amigos, en familia; siempre  se trata de una verdadera situación de cambio en donde se depositan muchos anhelos, fantasías y aspiraciones de romper con las rutinas. Pero muchas veces, esa búsqueda frenética de libertad, nos puede generar angustia. En esas típicas depresiones que se generan cuando las personas van al encuentro de algo ideal y sólo encuentran realidad, y ellos  allí parados, frente a esa realidad que no los satisface.</p>
<p>Lo que ocurre es que se ha impuesto una suerte de “idea moral” de lo que es o debería ser el disfrute en las vacaciones. Y  es allí donde lo que vemos es que las propuestas son “nadar con delfines en un mar turquesa”; o ir a instituciones de placer con “todo incluido” en donde  “uno no tiene que hacer nada”&#8230;o las típicas ventas de las “vacaciones de la euforia”&#8230;en donde el asunto pasa por vivir a mil de adrenalina tres semanas  seguidas.</p>
<p>Hoy,  la industria del entretenimiento, ha montado decenas de dispositivos (grandes cruceros,  ciudades con todo incluido, viajes a lugares inhóspitos con cataratas de excursiones, etc. Lugares para no hacer nada de nada) todo para salir de la rutina, salir del estrés: el tema es que todo ese montaje, muchas veces, no deja lugar para la recreación personal, para el deseo, para una conexión más auténtica con las cosas fundamentales de la vida: los afectos, estar con  nosotros mismos&#8230;</p>
<p>Yo les propongo que se sienten a pensar sobre qué es lo que realmente ustedes disfrutan, qué es lo que les gusta hacer. Y que lo hagan acorde a lo real de sus posibilidades económicas, pues es muy común ver mucha gente endeudarse, y padecer luego meses por eso. Sin planificar mucho, salgan a la ruta: en auto, en avión, en colectivo;  ejerciten   -más que nunca-  la plasticidad, la capacidad de poner en marcha la creatividad y no meterse en planes muy estructurados o propuestas de “combos” muy rígidos. Hay que aprender a disfrutar en nuestra vida cotidiana, a generar actividades desestresantes y de esparcimiento y ocio en  ella; eso no anula que las vacaciones sean algo fundamental  en el cierre de un año. Pero poner todo allí,  depositar desmedida expectativa en ciertas cosas, genera sólo ansiedad y  frustración y puede destruir  “la novedad”, lo que ocurre producto del azar.  En mi último texto para Infobae de este año, les deseo disfruten de sus viajes, de sus aventuras, de sus seres queridos en otros paisajes y cielos y nos encontramos para seguir compartiendo el próximo año.</p>
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		<title>El valor del enojo y el desastre de la violencia</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2014 09:57:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/11/10/el-valor-del-enojo-y-el-desastre-de-la-violencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left">Enojarnos con determinadas situaciones o personas es parte de la vida. Hay momentos en  que, si no fuera por ese estado emocional, no podrían resolverse los conflictos. Muchos logros sociales y personales, muchos cambios en la vida, arrancan desde esa baldosa. En algún punto –  si instrumentamos y colocamos bien ese enojo en la realidad – es motor de adelanto social e individual. Enojarse es mucho más productivo que la pasividad, que  vivir atragantado y sin reaccionar ante las cosas que consideramos injustas. El punto es cuando el asunto toma mucho volumen y se pasa a la ira o furia incontrolable y ya estamos en los límites de la violencia. Hoy me enojé  con un tipo del seguro que me hizo una trampita, de esas que hacen los vendedores. Fue con la persona directa, pues era en un banco.  Mi enfado fue captado por el amigo y, finalmente, el conflicto se resolvió. A decir verdad mi enojo era mínimo, pero “actuaba” para lograr el objetivo. Un poco como uno hace con los hijos: sus conductas pueden dispararnos enojos, pero tenemos que entender que no podemos estarlo realmente, pues son niños, están aprendiendo a vivir y sólo tenemos que educarlos ¿qué hacemos? o  ¿qué debiéramos hacer? Actuar un poco, construir un “como si”.  El enojo puede estar, real y válido, pero tenemos que instrumentarlo a los fines de que el chico entienda   -por ejemplo-  que tiene de dejarse de “joder” con los fósforos, con el fuego.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-183" alt="Cómo-controlar-el-enojo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/11/Cómo-controlar-el-enojo.jpg" width="436" height="384" /></a></p>
<p>Cuando los enojos se transforman en furia o  ira y los impulsos pierden su cauce… terminando perdiendo el gobierno sobre nosotros mismos. Es importante que entendamos que la violencia no es un camino o un método de resolución de conflictos, al contrario, los potencia.  El mundo y la vida cotidiana están llenos de violencia;  las grandes ciudades son fabricas de tensión y gatillan lo peor de los hombres.  Pero la experiencia muestra que la violencia, en cualquiera de sus formas, sólo hace que las personas sigan devorándose entre sí. Sigamos apostando a la palabra, a las vías legales para resolver los conflictos que genera la compleja vida anímica de los seres humanos.</p>
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		<title>Nadie cambia de un día para el otro</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Oct 2014 14:30:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los psicólogos, en nuestro trabajo cotidiano, escuchamos permanentemente frases que hablan de cambios repentinos. Por sobre todo es en las relaciones de pareja en donde suena más esa música. A ver: las personas sólo con mucho esfuerzo hacemos cambios, y pueden ser muy grandes, ¿por qué no? pero  lleva su tiempo. Nadie modifica aspectos fundamentales... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/10/06/nadie-cambia-de-un-dia-para-el-otro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los psicólogos, en nuestro trabajo cotidiano, escuchamos permanentemente frases que hablan de cambios repentinos. Por sobre todo es en las relaciones de pareja en donde suena más esa música. A ver: las personas sólo con mucho esfuerzo hacemos cambios, y pueden ser muy grandes, ¿por qué no? pero  lleva su tiempo. Nadie modifica aspectos fundamentales de su personalidad, de su carácter, de su temperamento o de su “modo de ser” de un día para el otro.</p>
<p>Sin embargo,  es cierto que frente a ciertas situaciones o acontecimientos, muchos individuos pueden dar saltos importantes en su vida.  Hablo de giros madurativos y emocionales que hacemos a partir de atravesar grandes crisis personales o de vivir situaciones traumáticas o experiencias extraordinarias positivas. Pero estas son la excepción, no la constante.  En casi  todos los casos, la variable tiempo es fundamental.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-152"></span>Esto que les comento es central porque  tiene que ver con la prudencia. Sistemáticamente, uno escucha en los  consultantes relatos acerca de sus parejas, cosas buenas, pero también aspectos de ese otro que tienen a su lado que son muy complicados. Un paciente puede estar meses, años, hablando  en torno a  asuntos sobre la personalidad o el carácter de su compañero y, de repente, de un día para el otro… “no sabes cómo cambió, es otra persona” y… no, la experiencia dice que los cambios  son muy paulatinos. El proceso por el cual una persona conforma su temperamento, su carácter o sus valores, es muy extenso; tiene que ver con su historia, sus vínculos y modelos históricos y hasta pre-históricos. Por eso yo siempre pongo paños fríos cuando  alguien plantea cambios repentinos y sorprendentes sobre sí mismo o sobre otros. Porque el riesgo es que esto no sea tal y que la persona se embarque en algo irreversible con “ese otro súper cambiado” y después, como realmente no  lo conocía  tanto como creía, o por subestimar las cosas malas, se termina en una relación llena de tropiezos.</p>
<p>Más de una vez me encuentro diciendo: “tomate más tiempo para conocer a las personas que elegís en el territorio del amor”; “podemos ser prudentes y entregarnos a la pasión”, “conocer a alguien a fondo lleva tiempo” , “los cambios no son mágicos”, y cosas por el estilo ¿Por qué? ¿De mala onda que soy nomás? Con el correr de los años y el trabajo, se van acumulando centenares de experiencias de los consultantes y, hay situaciones o “patrones” que se repiten. Los psicólogos tratamos, también, de prevenir y de que se eviten ciertas cosas, o por lo menos, pedir mesura y cierta racionalidad para abordar los conflictos en el territorio del amor. Porque sí: en ese universo hay que volver, cada tanto,  a la razón; no es sólo pasión, amor, entrega y sexualidad.</p>
<p>El tiempo es uno, para todos y todo. Piensen en lo que les cuesta a ustedes hacer cambios sustanciales: ¿lo pensaron? Bueno, lo mismo corre para los demás. Así que&#8230;tranquilos, y a seguir trabajando en estar despiertos, sin ser fatalistas o paranoicos o híper desconfiados, sólo amigándose con esa variable “tiempo”, que es sabio. Navegamos en tiempos muy ansiógenos, en la cultura del todo “ya”; la resistencia, hoy, es ir a velocidad crucero, tranquilos, disfrutando el paisaje.</p>
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		<title>Psicologos, en manos de quien dejamos nuestra salud mental.</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jul 2014 19:12:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<title>Lo que cura…es la vida (los psicólogos acompañamos)</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jun 2014 19:54:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Somos nuestras experiencias y lo que logramos aprender de ellas. La vez pasada  un consultante decía  sentirse empantanado, que consideraba que no estaba mejorando pese a su  año y pico de tratamiento; que sí me reconocía   haber dejado de ser “un vampiro”   -se había instalado como cosa cómica que él había llegado totalmente vampirizado- y... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/06/26/lo-que-curaes-la-vida-los-psicologos-acompanamos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Somos nuestras experiencias y lo que logramos aprender de ellas.</p>
<p>La vez pasada  un consultante decía  sentirse empantanado, que consideraba que no estaba mejorando pese a su  año y pico de tratamiento; que sí me reconocía   haber dejado de ser “un vampiro”   -se había instalado como cosa cómica que él había llegado totalmente vampirizado- y que se estaba planteando dejar de venir, estaba enojado conmigo, muy. Estoy hablando de una persona con una enorme complejidad de síntomas obsesivos, muy limitantes para su vida. De alguna manera, el culpable de su mal estar…era yo. Durante ese año, mi objetivo fundamental era que el muchacho salga de su casa &#8211; y de la oscuridad- y que se instale en el mundo del trabajo. Para él eso no era central ni era su motivo de consulta. Algunos de ustedes pueden pensar que lo que hice fue demasiado directivo. Sí, lo fue. Yo estaba convencido de  que el laburo, y todo lo que circula en ese mundo, para este caso (quizá no para otro) era el primer paso, y la verdad que no me moví mucho de ahí hasta que empezó a trabajar, con resultado muy positivo para él.<span id="more-12"></span></p>
<p>Las sesiones siguieron, los reclamos de “usted no me cura” eran cada vez más fuertes. En un momento le dije: “mira: yo vengo dándote todas la herramientas que tengo. Ya tenemos vista tu historia infantil y  lo que esa historia imprimió en tu psiquismo, y las limitaciones que te han producido. Tenemos explorados y hemos interpretado  tus síntomas e inhibiciones fundamentales&#8230;queda mucho por trabajar al respecto&#8230;pero las líneas fundamentales del por qué de tu sufrimiento&#8230;ya están sobre la mesa. Ahora vos tenés que salir al mundo a traer vivencias para que nuestro trabajo se reactive”</p>
<p>Si hay algo que tiñe esta época es el enorme grado de exigencia que hay para con los otros. Por ejemplo, en el amor, la gente pide y pide y quiere cambiar al otro. Esa híper exigencia, inhumana por el hecho de que las personas, todas, tienen sus limitaciones, terminan lastimando mucho los vínculos amorosos. En el mundo del trabajo…en las pretensiones desmedidas que los padres tienen para con sus niños…mucha gente, instalada en cierto vacío propio, busca llenarse “del otro”, a cualquier costo.  Muchas veces, somos los psicólogos los que pasamos a ser “ese otro que me va a llevar y resolver el vacio”. Bien: estamos lejos de poder lograrlo. Podemos, en un trabajo conjunto, dar sentido al sufrimiento de las persona. Y podemos hacer también cosas concretas por nuestros pacientes. Pero en lo que somos más eficaces es que la gente entienda y sienta  por qué sufre tanto. ¿Sufre por ese otro que ama? ¿O por  lo qué  ese otro despierta de su historia infantil? ¿O por las dos cosas?</p>
<p>Pero volviendo al caso planteado: vemos decenas de personas con tratamientos de años, que saben todo, que entienden todo, que tienen interpretaciones de sobra para explicar su sufrimiento y sus conductas pero… viven mal, en soledad…sin amor…sin proyectos&#8230;o con muy poco de todo eso.  Por eso yo siempre insisto que la cosa pasa por el hacer. Los consultantes tienen que salir al mundo, a cosechar experiencias, a buscar vínculos, a tomar algunos riesgos, a tomar algunas decisiones…a vivir. Entonces: salgo, vivo… frustraciones, alegrías, aciertos, desaciertos&#8230;y con todo eso sí, ¡ahí sí! Al psicólogo a trabajar todas esas vivencias. Pero la cosa no tiene que quedar solo en eso, también hay que ir al cine, ver buenos film,  leer buenos libros, salir a la naturaleza&#8230;es decir: en la medida de lo que cada uno pueda, hacer y vivir lo más se pueda. Sin eso, no hay efectividad terapéutica. Los psicólogos nada podemos hacer con personas que se quedan en su “zona de confort” de su supuesto bienestar o de su conocido malestar. Sin vivir, lo que cada uno vaya pudiendo&#8230;sin vivencias, no hay cura&#8230;sin ciertos riesgos controlados…no hay camino hacia el bienestar. No depositemos tanto en la figuras de que conducen los  procesos de cura.  En cuanto al profesional, solo tómense el trabajo de estudiar si es buena gente y si está solido en su saber, y si es generoso en el dialogo y en dar herramientas.  Lo demás es trabajo del paciente. Los psicólogos ortodoxos, rígidos, callados y distantes… han generado mucho daño con su sobrevalorización de la palabra como instrumento de cura.</p>
<p>Pero lo que cura es la acción en el mundo, ponerse en el mundo, hacer en el mundo pese al malestar.  Y, por supuesto, luego de transitar esas experiencias -somos nuestras experiencias y lo que aprendemos de ellas-  entender que las dudas, las frustraciones y cierta dosis de angustia, son parte de la vida; el tema es limitar al máximo las angustias auto producidas. Por supuesto que hay un tiempo para que la personas esten preparadas, para salir al mundo.  No es que de entrada uno empuja el  paciente a ¡salir a vivir! No, en muchos cuadros y diagnósticos ese es, casualmente, el problema central, hay que trabajar un tiempo antes, para luego si salir a la cancha. hoy, aquel querido paciente recuerda como anécdota &#8220;lo rompe pelotas&#8221; que fui con ciertas cosas, a veces, los profesionales, tambien tenemos que salir de la &#8220;neutralidad&#8221; y tomar algun riesgo, sino..la cosa&#8230;no tracciona.</p>
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		<title>“Un pirata del asfalto en tratamiento”(caso clínico, parte I)</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2014 18:01:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[asfalto]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que les voy a contar sucedió hace bastante, si bien yo ya venía laburando hace algunos años de psicólogo y contaba con experiencia, hoy, a la distancia, y con todo el aprendizaje sedimentado de estos años&#8230;seguramente manejaría algunas situaciones mejor. Pero, más allá de algunos errores o de esas cosas que haría diferente, creo que &#8211; en líneas generales- tomaría el mismo camino. Ciertos elementos, nombres, datos y el contexto, serán levemente modificados a los fines de preservar la identidad de aquel consultante. Todo será muy abreviado y -obviamente &#8211; rellenado. Pero los diálogos, lo que ustedes van a leer en general, será bastante fiel a lo que se dijo e hizo en aquel entonces. Ustedes luego, si lo desean, podrán preguntar; no tengo problema en contarles el por qué tomé algunas decisiones. El caso lo a dividir en unas cuatro entregas, como hacía Dostoievski con sus novelas en la Rusia zarista del siglo XIX. (Risas)<br />
Cerca de donde yo vivía en esos años había un puesto de diarios. Yo todas las mañanas pasaba por allí a buscar revistas y el periódico. Con el canillita había un vínculo, esos que son de dos minutos por día, de hacer chistes, cargadas, fútbol&#8230;cosas de hombres. El canillita sabía que era psicólogo y siempre me cargaba con eso, yo le retrucaba a su &#8221; bullying&#8221; diciéndole que él se hacía el pendejo rockero (era un tipo grande), siempre el mismo tiroteo. Una vuelta, al llegar al puesto, veo un hombre con pinta de duro total. Piel morena, cara bien de malo, mirada ágil y filosa. Mediría 1,80 de estatura y era tremendamente fibroso ¿vieron esos tipos musculosos natural? ¿Fibrosos y magros 100%? ¿Tipo como son los negros? Bueno, era así. Muy prolijamente vestido, remera ajustada, vaquero y zapatillas&#8230;todo súper limpio y prolijo. Se movía como un mono, de veras, se balanceaba en el lugar y rebotaba al caminar, un tipo movedizo, nervioso, pero en el sentido orgánico del término. Se notaba que era una persona muy despierta, rápido, esos tipos de acción que están muy en el mundo. Luego de decirnos las jodas de siempre con el canillita, y yo ya casi doblando la esquina, escucho que me llaman…<span id="more-9"></span></p>
<p>- ¡Ey, amigo! Disculpe ¿usted es psicólogo?<br />
- Sí, sí, qué tal, soy Gervasio.<br />
- Digamé: ¿podemos tomar un café? Le quiero hacer una consulta?<br />
- Tengo 20 minutos, cómo no ¿cuál es tu nombre?</p>
<p>Entramos al bar que estaba a 10 metros de donde arrancó el diálogo. Les cuento básicamente lo que Carlos me dijo en esos 15 minutos que duró la… ¿sesión?</p>
<p>Carlos tenía 41 años, su carrera delictiva había arrancado a los 13 años con joyerías y estaciones de servicio y algunas otras cosas menores cada tanto. A los 17 Carlos entra en una banda de piratas del asfalto para ya dedicarse únicamente a esa modalidad delictiva, camiones de carga, blindados de caudales…etc. De 28 años de carrera delictiva había estado preso 11. De entrada me dijo que él era un tipo con códigos: “nunca maltraté a nadie, nunca le falté el respeto a niños o mujeres, jamás pegué un culatazo, siempre fui muy respetuoso, he tenido decenas de enfrentamientos y tiroteos, pero con polis, los dos enfierrados hasta los dientes, en igualdad de condiciones; alguna vez me he tenido que poner un poco duro con algún camionero que defendía demasiado la mercadería del dueño; pero no pasó de una amenaza para que se baje del camión y me deje laburar, soy un ladrón de los de antes”. ¿Captan lo que era Carlos no? Aclaro que metía un poco de miedo, a mí no realmente (yo nací, crecí y me forjé como pibe en el conurbano, en colegios del estado, en barrios de clase media y conocí y estuve en las entrañas de la cultura bonaerense con todos sus más y sus menos). Al tipo se le notaba que era un pesado. Bien: había salido hacía 6 días de un penal. Tenía dos hijos. Era realmente muy inteligente e intuitivo, tenía una rapidez mental admirable, me estudiaba y observaba mis reacciones frente a su relato. No me tuteaba, y hablaba muy bien,  pese a que, claramente, no tenía casi ninguna instrucción.</p>
<p>- Bueno -yo le digo- (los primeros 7 u 8 minutos fueron la presentación que les abrevié), no hay problema con todo lo que me contás. Ahora decime ¿en qué te puedo ayudar y quién paga el feca? (Carlos sonrió levemente, no era  de reírse  nunca lo hizo durante los 9 meses que duró el tratamiento)</p>
<p>- Mire, no quiero robar más, ya tengo varios tiros, la última vez casi no zafo. Me he perdido lo mejor de mis hijos y de mi mujer. Yo creo que soy adicto a la cocaína. Yo no fumo, no tomo alcohol, no he probado otras drogas. Y le digo doctor, es raro, pero cuando estoy preso no consumo absolutamente nada. Y mire que en los penales está la mejor cocaína y todos los convictos consumen cantidades enormes de drogas, no hay otra cosa para hacer que no sea eso, pero yo, estando preso, nada. Al contrario, soy famoso por pelear muy bien y nadie me toca o molesta por esa razón. Todos me respetan y saben que yo no hago ninguna estando allí. Practico mucho deporte en los penales, limpio todo el día. Estoy de buen ánimo. Sólo pienso en tener buena conducta y así poder salir. Es como me dijo una vez un carcelero “a vos estar preso te ordena”, eso me dijo. Y sí, eso me pasa, ahí me transformo en un señor ingles. Pero eso sí: salgo, ando tranquilo un rato, comienzo a consumir, no mucho… pero todos los días&#8230;después vienen los viejos amigos a proponer fechorías y… de vuelta a los fierros. Dos, tres&#8230;cuatro años libre…y de vuelta privado de mi libertad. Y así. Sólo una vez vi un psicólogo, en un penal. Esta persona puso voluntad y me propuso verlo semanalmente, pero  no podía conmigo, yo me di cuenta. No tenía lo que yo veo en usted, en su mirada, yo creo que usted sí me va a poder ayudar.<br />
Bueno, el tipo había notado cierta actitud en mí, o no sé qué cosa en mi forma de mirar. Cuestión: le dije que sí, que lo podía ayudar, pero que no esperase jamás ningún tipo de certificado y que “ni a punta de pistola”  (tampoco le resultó graciosa la imagen, no más humor con Carlitos, me dije al instante) iba yo a poner ningún gancho por él”. Tengo una explicación válida y basada en la experiencia del por qué le dije esto de entrada. Le propuse verlo la siguiente semana en el mismo bar, a las 9 hs, y que ahí hablaríamos más largo y que también íbamos a ver lo de la plata…lo de las sesiones y todo eso. Yo, desde que arranqué a trabajar, suelo hacer sesiones en bares. Lo hago poco y con determinados pacientes y no todas las sesiones, pero lo hago. Quizá porque yo mismo me analicé mis últimos tres años en bares, me había hartado del consultorio y con quien era mi psicólogo, acordamos esa modalidad…continuará&#8230;</p>
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