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	<title>#HerramientasPsicologicas &#187; tratamientos</title>
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		<title>El autoboicot</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 00:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por estos días estuvo en la escena pública el episodio de los dos pilotos y una reconocida vedette del medio. La escena ocurrida en la cabina puso a la sociedad en alarma, pues son situaciones que visibilizan el estado de anomia general que impera en nuestra sociedad. Ahora bien: este legítimo malestar social frente a ese “todo es posible”…se mezcla, esta vez, con profundas cuestiones que hacen a mi práctica cotidiana.</p>
<p>Los seres humanos atentamos contra nosotros mismos. Hay una tendencia destructiva que apunta a la aniquilación de  nuestra especie. Las guerras, el poco cuidado del planeta, la violencia en cualquiera de sus formas, es hacia nosotros, siempre: en el fondo no hay enemigos, sólo fuerzas  que se va anclando en diferentes odios o argumentos para desplegarse, pero el resultado final es siempre el mismo… “el hombre es el lobo del hombre”.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-434" alt="descarga" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2015/07/descarga.jpg" width="267" height="189" /></a></p>
<p><span id="more-433"></span>Entonces: en el territorio más individual,  tenemos una tendencia masoquista, autodestructiva, ejecutamos  acciones en contra nuestra. Es curioso, y puede ser paradójico para muchos, pero la realidad lo demuestra día a día. Gente que se destruye la salud con drogas, tabaco&#8230;comida…hasta morir o enfermar gravemente; personas que eligen y construyen vínculos no convenientes y enfermos; tipos que andan a trescientos kilómetros por hora en la panamericana; mujeres y hombres que tienen relaciones sexuales sin cuidarse; personas que el día del examen final para graduarse no van o se quedan dormidos; sujetos que salen a la ruta sin cinturón de seguridad; gente que escala montañas sin anclajes ni soga; personas con potencial que se autoimponen una vida limitada; individuos que muestran sus infidelidades para destruirlo todo…o los ludópatas… etc. La lista es larga, cosas grandes o pequeñas e inofensivas…pero es cotidiano: somos una lucha de fuerzas, una parte impulsiva, autodestructiva e inconsciente y otra más racional y erótica que intenta tomar la delantera. Conciencia, inconsciente, enemigos internos…núcleos sanos que se defienden…somos muy complejos.</p>
<p>Los cierto es que estos hombres fueron arrasados por los peor de sí. A ver: es claro que hay mujeres que generan tensiones eróticas y caudales de excitación sexual que pueden desorganizar psíquicamente a mucha gente, ese componente estuvo: cuando la sexualidad (la actitud sexual) de una dama está muy en 3D, muchas personas quedan devastadas en su capacidad de razonar, entran en estados casi hipnóticos, les bajan las defensas y aparece lo peor de sí. Yo creo que lo que ocurrió fue un verdadero autoatentado en los pilotos, incluso en la dama en cuestión. Estamos hablando de personas que lo perdieron todo, y con una profunda condena legal y social sobre sus espaldas, por nada, ¿por nada? ¿Por babosos? No: por su núcleo masoquista que se los llevó puestos. Todas las alarmas estaban encendidas, se estaba filmando; sabían que iban hacia un abismo: pero no pudieron frenar, se los tragó el enemigo interno. Es como esa persona que me decía cierta vez &#8211; “cuando tuve relaciones sin preservativo, y mientras estaba allí, sabía que era una potencial portadora&#8230;pero no pude frenar”.</p>
<p>Lo que vimos fue  cómo tres personas se entregaban alegremente a perderlo todo. Es interesante como se camufla lo peor de nosotros, ¿verdad? Porque la chica también se jugaba mucho,  y no pudo escuchar, entender, la complejidad de la situación.</p>
<p>Pero también está lo fálico, sí: muchos hombres, en su necesidad de afirmar su masculinidad, o de impresionar a una mujer -o incluso a otro hombre-  pueden batirse a duelo y morir en un segundo. Y algo de eso ocurrió allí: los autos, los aviones, son símbolos fálicos, de potencia, de virilidad;  son sustitutos hacia donde se desplaza la necesidad de potencia que siempre, en mayor o menor medida, tenemos todos los varones. El avión fue usado como sustituto directo de esa potencia;  a ver: los tipos pasaron a buscar con la Ferrari a la chica para impresionarla, fue eso, sí, sí: lo que pasa es que en esa nube de excitación sexual…de depredación de todo lo simbólico que ordena el mundo…olvidaron que era un avión con pasajeros y que había riesgos. Si nos ponemos más agudos, podemos decir que allí se pulverizó el contrato social que regula las conductas entre los seres humanos.</p>
<p>Y así las cosas, yo sé que esto podría a haber derivado en una catástrofe, con muertos, con decenas de víctimas colaterales; con mucho dolor social. También es importante mencionar  la cantidad de gente que tiene miedo, fobia a volar, y que con todo esto se angustia más aún y se fortalecen sus síntomas.  Pero no ocurrió, por eso hago estos análisis, porque -sepan disculpar-  no puedo dejar de ver a los tres tripulantes desde lo mío, desde mi perspectiva. Son acciones que pueden  costar muy caro: si una persona en un enojo con su mujer, yendo en su auto, empieza a acelerar…se está exponiendo a matarse….es masoquista sí, pero, también, es sádico….pues está arrastrando a la muerte a otros. Pero, de todas maneras, considero que aquí, lo ocurrido, tiene predominantemente este componente masoquista, fue más contra ellos mismos que contra otros.</p>
<p>Todo fue una escena emblemática de cómo los seres humanos atentamos contra nosotros mismos y lo  perdemos todo. Se han puesto a jugar  alegremente a la ruleta rusa, la bala salió, no fue letal, pero fue un acto irreversible para ellos. La justicia tiene que accionar, el mundo funciona con un sistema de premios y castigos, pero, a mí, y en particular con la dama, me cabe una sanción del tipo probation, de trabajo social, de poner a otros como protagonistas, de obligatoriedad a una terapia…de dedicarse a otros, en serio, mucho: reparar desde allí, quizá eso cura y mejora a las personas con exceso de narcisismo, los saca del espejo. Realmente el caso de la dama en cuestión, la verdad, no puedo ver mucha responsabilidad, más allá de algunos aspectos de su personalidad le nublan la razón y la exponen (y exponen) a este tipo de cosas, como recién decíamos.</p>
<p>Hoy quería acercarles estas reflexiones, el episodio fue algo muy extraordinario, que merece que lo sigamos pensando.</p>
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		<title>¿Cómo elegir un buen profesional en salud mental?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 12:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2015/03/20/como-elegir-un-buen-profesional-en-salud-mental/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En  el país de más psicólogos por habitante, en  donde la gente consulta masivamente, vamos a pensar algunas cosas.  Las personas, al decidir emprender un proceso terapéutico, llegan con muchas expectativas; siempre se consulta en estado de  sufrimiento en algún área de la vida. Los consultantes vienen a su sesión en busca de algo que los alivie o que  -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas, de pensarse a sí mismos. Para empezar a hablar de lo que les pasa, los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo; de alguna manera él será el conductor en ese proceso de “cura”. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quién dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones de ayudarnos?</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg"><img alt="psicologia1" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/07/psicologia11.jpg" width="351" height="396" /></a></p>
<p><img title="Más..." alt="" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" /><span id="more-351"></span>La vez pasada una joven, en su primera consulta, me relataba que venía de una mala experiencia. Había estado nueve meses con una psicóloga que  le hablaba muy poco, que casi no le daba devoluciones; que la profesional fumaba en sesión, que el trato era rígido y distante. Otro me decía que el profesional al que había asistido tenía muchísimo sobrepeso  y que anotaba todo y la miraba muy poco. Otro, me dijo cierta vez,  que su psicólogo, también médico, en la primera sesión, le había recetado medicación: -&#8221;me pareció apresurado, ni me conocía, no me veo tan mal, como para que, de entrada, sin saber mi historia, me medique&#8221;.  Puedo contar muchos relatos de este tipo.  En un momento, la chica de la psicóloga &#8220;fumadora&#8221;, me dijo. :- “mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnóstico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que  acabo de contarle le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y están todos chapa, tienen millones de quilombos no resueltos y viven mal…y van… y atienden pacientes”-.</p>
<p>Bien, pero tomemos el ejemplo de la joven:<i>- </i>una chica muy lúcida e inteligente por cierto -.  Más allá de la problemática que relataba,  tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojalá todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Porque hay algo central: tiene que haber cambios concretos  y reales en las diferentes áreas de su vida, o en alguna, pero cambios, y más o menos a corto plazo. Por supuesto nuestro laburo no es exactamente levantar síntomas, la &#8220;cura por la palabra&#8221; tiene muchos objetivos, no solo ese; pero la gente viene para sentirse mejor &#8220;corta la bocha&#8221;, como dicen por ahí.  Veamos: una  profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando -casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo &#8211; pero eso es anecdótico si se quiere, puede no estar luchando contra el cigarrillo la paciente, es lo mismo. El tema es que allí hay un  profesional que fuma en sesión. A ver: al menos, si se está atrapada en una adicción&#8230;no lo exhibas frente a tus pacientes. El hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto” al consultante que estaba atornillada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo, que es pulsión de muerte lisa y llanamente. El otro, con el tema del sobrepeso, también mostraba o “decía” en acto: “soy dejada con mi cuerpo, no me cuido, no tengo control sobre mis impulsos, como y como,  hasta la obesidad”. A ver, hay excepciones en donde el sobrepeso ( la obesidad es una enfermedad en sí misma) es producto de problemas médicos muy complejos, pero, en líneas generales, está más asociado a cierto desorden y destructividad, y es una enfermedad que en gran parte de los casos, depende de nosotros &#8220;curarla&#8221; o mantenerla bajo nuestro control.  ¿Complicado no? ¿Acaso lo que tiene llegada no son los ejemplos? ¿Y si a esa psicóloga le llega una persona que lucha contra el sobrepeso? Digo, los consultantes se fijan en esas cosas, somos un cuerpo, nuestra apariencia habla de nosotros, mucho; el lenguaje es solo una forma de comunicación. El cuerpo, nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestra mirada, también comunican. ¿Todo un tema verdad? Con el trato rígido o distante igual, eso no suma a que las personas se suelten.</p>
<p>Pero volviendo al tema: ¿cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones de ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos tres o cuatro  sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia, de otras modalidades  que tenemos entre seres humanos. A ver: es un vínculo asimétrico, eso es así, los consultantes lo captan, pero no hace falta resaltarlo con distancia o no sé qué cosa.  En nuestra vida diaria, cuando charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones,  etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser muy diferente. Es diferente sí: habla más el paciente en general,  pero no tiene por qué serlo tanto.  Les cuento todo esto porque realmente  creo que esa postura “seria y aséptica”  que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también, ¿por qué no?  Pero tensiones productivas y no esas  innecesarias: las del excesivo silencio, la  de la distancia que algunos profesionales ponen con sus pacientes, o del diván  -el diván es una “herramienta de trabajo” muy cuestionable, instituida, pero cuestionable-  al menos yo lo veo así.  Porque el punto es que todo eso termina generando, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces se construyen  grandes pensamientos, inteligentes  interpretaciones de <i>“lo que me pasa”,</i> pero, en <i>la realidad, </i> no  hay cambios, no hay disfrute de la vida.</p>
<p>Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos, pueden defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque, aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga…incluso a veces el uso del diván (no digo siempre) puede hablar de ciertas  limitaciones del profesional, de que no puede sostener el cara a cara,   hay profesionales muy buenos que lo usan, que yo lo considere una herramienta obsoleta, no anula que a muchos consultantes o a algunos colegas les funcione.  En general, en salud mental, los  más efectivos, son aquellos que cuando vamos a la primera sesión,   notamos cierta soltura en el trato, algo normal, algo  común digamos, sin tanto misterio. Y cierta actitud -cómo decirlo- ¿vital?..Sí, eso.  Armarse un personaje misterioso y silencioso quizá garpa más, da más enigma&#8230;misterio, pero&#8230;a mi criterio, eso no camina. Y algo central: las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, quizá más en conflicto, pero menos angustiadas;  y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de qué cuadro era.  A esta persona le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo me hubiese ido también.  Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino y rígido en el trato. También se rechaza el exceso de intelectualidad en el tratamiento o los psicólogos que aplican “técnicas” violentas, como atender 10 minutos y cortar la sesión,  un disparate. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones, una pequeña evaluación del profesional.</p>
<p>Ahora bien: ¿un psicólogo, psiquiatra,  tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No  -eso no es posible &#8211; ni para nosotros ni para nadie.   Pero tiene que haber vivido una experiencia sostenida y productiva como paciente. Y si, tiene que tener un grado importante de dominio de sus pulsiones destructivas, un importante conocimiento de sí mismo y  -por sobre todo-  tiene que tener gobierno sobre sus enemigos internos y cierto manejo y realización de sus deseos. Y algo no menos importante: tiene que haber vivido, mucho. Somos nuestras experiencias, y lo que aprendimos de ellas…también como psicólogos eso está en juego, tratamos de no poner mucho &#8220;de nuestros pensamientos y experiencias&#8221;, pero eso es un ideal, y es más: ante escenarios de mucha devastación, tenemos que jugar ciertas cartas asociadas a nuestra vida, no pasa nada, si uno sabe por qué y para qué.  Todos los seres humanos tenemos dentro un enemigo que empuja a vivir mal, y a que hagamos goles en contra. Los que trabajamos con el dolor humano tenemos la responsabilidad ética de trabajar profundamente con nosotros, de ser, por qué no, ejemplo de gobierno sobre lo peor de nosotros.  Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar algo a alguien, imposible diría. Después, claro, en la vida pasan cosas, y somos como cualquier persona en relación al abanico de emociones que podemos sentir.  Tómense su tiempo para elegir terapeuta,  agudicen sus intuiciones para hacer una breve evaluación. Hagan eso también para elegir pareja o para tomar cualquier tipo de decisión en la vida, no nos apuremos para las cosas. Y no olviden: &#8220;lo que cura”, si hablamos de terapias, cualquiera sea la teoría que el profesional use, ES EL VINCULO. Si el profesional les mezquina el vínculo&#8230;o si les dice cosas demasiado raras&#8230;a seguir buscando.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>La ansiedad: un problema con el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 18:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que se ha transformado en epidemia en los últimos 40 años, son los trastornos de ansiedad; que son la base,  el combustible  -o un componente fundamental-  en  decenas de diagnósticos y síntomas que escuchamos diariamente. Oímos sobre el pánico, sobre las fobias; de cuadros obsesivos compulsivos, sobre el estrés, sobre  síndrome de burnout…en todos ellos este factor, fuera de control, está  presente.</p>
<p>Hablamos de un estado emocional y físico displacentero,  familiar  -prima hermana digamos-  de la angustia. Por supuesto que todos tenemos cierta dosis de ansiedad, pero hoy vamos a hablar de cuando esta “sustancia”  se presenta con la potencia necesaria como para complicarnos demasiado la vida.<a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-153" alt="tiempooo" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/10/tiempooo.jpg" width="261" height="193" /></a></p>
<p><span id="more-341"></span>Entonces: mucha gente no se permite o “no se hace tiempo” para conectarse con los miedos, angustias  y conflictos  que son parte del abanico normal de emociones y situaciones que transitamos  los seres humanos; todos estos “estados del alma”  siempre son “señales”, de que algo está pasando  -para bien o para mal-  pero el asunto es si nos podemos ir conectando  con esos factores y así  poder  ir encontrando (desde la introspección con esas señales), los mecanismos para regularlos y así evitar de deriven en estados o problemáticas aún mayores. Es desde allí que podemos ir a “su causa”.  Ir postergando esa actitud de sana conexión con uno mismo, es un factor desencadenante de esos picos de ansiedad  que tanto ruido hacen. Por supuesto que, cuando una persona “sufre” de ansiedad estructural en su personalidad, las causas  son más complejas, históricas: nacer en un ambiente de discusión, de ansiedad o violencia; ser recibidos en este mundo en brazos de padres con desmedido miedo o ansiedad… situaciones traumáticas en la primera infancia…las causas  pueden ser varias;  yo creo que el asunto se desarrolla en los primeros años de vida, en “el clima” familiar, primario, en el que crecemos;  de allí emerge la predisposición a todos los trastornos derivados de este factor.</p>
<p>De  todas maneras,  una  dosis de ansiedad frente a situaciones que tenemos que encarar, es propio de la vida. El tema es el volumen que toman esos estados. Es la intensidad. Por supuesto que hay estados ansiógenos muy desmedidos  que hacen imposible la vida, y que precisan la intervención de los famosos psicofármacos, pero son los menos.  En mi experiencia directa, el tema puede resolverse sin su uso (o con poco uso) en gran parte de los casos.</p>
<p>La ansiedad es o se presenta más en los medios urbanos.  En el campo, o en zonas más despobladas y de vida más tranquila, las patologías derivadas de este factor,  se dan  menos, a un volumen más bajo.  La vida citadina es difícil y estresante para todo el mundo, por más anticuerpos que se tenga.  Construir un blindaje contra la tiranía de los “tiempos modernos” es todo un trabajo.</p>
<p>Yo pienso la ansiedad como un estado casi filosófico: en algún punto es querer ir más rápido que el tiempo. Si  pudiera traer al gran Albert Einstein a un café,  acá en la esquina, seguramente  me diría: -querido, la ansiedad es vivir en “estado de relatividad temporal”<em> <b>es querer ganarle al tiempo</b></em><em>, ir más rápido que él. </em><em> </em>“Siempre estoy apurado, hasta para ir al baño”, me decía la vez pasada un paciente: se trata de una persona que a sus treinta y pico,  la realidad, ya le había pasado una factura importante  en materia de salud física, por  trabajar y estar “a mil” todo el día. Ustedes no saben lo que han aumentado las consultas: gente cada vez más joven que  viene con problemas de salud concretos por este flagelo, por esta  locura de vivir  “al palo”  y ni hablar de las problemáticas de pánico, de estrés, y de decenas de trastornos en donde la ansiedad y “el no poder parar” son un factor central.  Y claro: no pudieron dominar al tiempo, no lograron decir que “no” a casi nada, no soportaron  quedarse afuera,  no pudieron ponerse límites y aceptar los tiempos del mundo. Entonces, a esos límites, los pone la realidad, con un grito en su cuerpo.</p>
<p>Hay que escuchar los llamados, las señales, antes de que vengan problemas más pesados; porque, aparte, hay mucho por hacer y es un asunto que realmente tiene salida a corto plazo: las terapias, la actividad física, la reconexión profunda con los afectos, el dejar de priorizar el trabajo y “el deber ser&#8221;  para comenzar “a ser”…y eso está en los vínculos fundamentalmente.  Las curas son siempre sociales, vinculares si queremos.</p>
<p>Es así el asunto. Uno, como profesional,  lucha también para que los pacientes no trasladen esos tiempos de la ansiedad (que no son los tiempos del mundo real) al tratamiento. Muchos   quieren  resultados rápidos. Se  explica que el proceso en el cual una persona se va enfermando o adquiriendo estados sintomáticos o patológicos es largo y que de eso no se vuelve tan fácilmente. Yo creo que todos, los ansiosos ya declarados y los que se sienten tranquilos, tenemos que revisar cada tanto qué nivel de  estrés sufrimos. Porque son estados que se van instalando muy silenciosamente y, un día, de repente, ya estamos tomados por esta enfermedad de la premura.   Aumentar la capacidad de analizarnos; hacer deporte, amar, vivir con intensidad pero en calma, eso es prevenir, lo otro es ya “despertar” cuando estamos a tres metros del piso… y una hora dura 20 minutos.</p>
<p>* Infobae no se responsabiliza por las opiniones vertidas por los columnistas, como así tampoco por el contenido de las publicaciones.</p>
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		<title>¿Qué es la locura? (los psicólogos  hablamos de psicosis)</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Sep 2014 03:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En  principio les cuento que hablar de locura no es algo ofensivo; de hecho, gran parte de ellos considera que llamarlos “psicóticos” es más estigmatizante que decirles locos. Por otro lado, les digo que estas líneas no pretenden ser  algo formal o científico, es sólo un intento de explicar lo más simplemente posible un fenómeno muy complejo  -acaso misterioso e incomprensible -  como es el de la locura.  Hay miles de formas de describir este estado tan particular de la mente humana y yo sólo tomo un modelo, una forma medio inventada para aportar claridad.</p>
<p>Hay muchos tipos de psicosis: las paranoides, la esquizofrenia y decenas de cuadros mixtos, de rarezas y estados de locura que no son psicóticos en el sentido estricto del término. Digo: una persona, por intoxicación de drogas o por otras causas, puede entrar en la locura y luego salir sin problema. No hablo de esos casos aquí.</p>
<p>Entonces, un psicótico es una persona a la cual la realidad se le vuelve tan pero tan insoportable  que <i>decide armarse otra, una realidad delirante, paralela, diferente, distorsionada. No puede soportar esta realidad. </i> Por eso corta, rechaza la realidad y se construye otra. “Corta la bocha”  (diría  I. Cutzarida). El delirio es, en principio, un intento de defensa  de eso que me supera, me frustra y me atormenta.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-142" alt="frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe" src="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/files/2014/09/frase-la_ciencia_todavia_no_nos_ha_ensenado_si_la_locura_es_o_no_e-edgar_allan_poe.jpg" width="630" height="280" /></a></p>
<p><span id="more-144"></span>Supongamos que para un muchacho de 20 años su padre es una figura aplastadora, intrusiva, violenta y que nunca lo tuvo en cuenta, o que nunca fue amado y deseado  lo suficiente   -o nada- por sus progenitores. Bueno, esa persona, un día, arma un delirio místico y se presenta al consultorio diciendo <i>“soy el hijo de Dios, él me cuida y guía, y me dio una tarea</i>”. Así, ahora tiene una figura paterna que lo protege, que lo tiene en cuenta, pero a costa de volverse loco,  pasó a  otra realidad, diferente a la nuestra, y la sociedad  percibe ese delirio, capta que esa persona está en otra realidad. Pero agrego algo: ese Dios, también, en algún momento, pasa a castigarlo y a atormentarlo  o a abandonarlo al igual que lo hacían sus padres.</p>
<p>¿Se entiende?  El deliro es, básicamente eso: un intento de defensa, como lo es la fiebre. Y voy más allá: todos los síntomas y patologías (pánico, fobias, histerias, trastornos obsesivos, depresiones) también son un intento, fallido, de curarse o resolver  algo, de defenderse de  aquello que se vuelve insoportable, y lo camuflamos con esos estados o síntomas. La fiebre es, en realidad, un intento de defensa del organismo y puede ser útil en cierta medida, pero también nos puede llegar a matar si la dejamos cruzar cierto umbral.</p>
<p>Por supuesto que no cualquiera puede volverse loco. Esa modalidad radical de suprimir una  realidad  insoportable armándose otra no es algo que nos puede pasar a todos. Una persona arma una psicosis “gracias” a una estructura  previa, estructural, primaria, que puede crearla.  Hoy por hoy, la psicología y la psiquiatría ofrece muchas salidas para las psicosis pero no olvidemos el aspecto social; un psicótico, un loco, es el emergente de un sistema, de una sociedad  psicotizante.</p>
<p>La locura es un hachazo que meten algunos sujetos  en esa realidad imperante (la cuerda digamos) con un costo subjetivo tremendo, pero allí, en esas personas  -muchas veces-  descubrimos ciertas verdades que “la realidad” no nos deja ver.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Qué son las adicciones?</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jul 2014 08:30:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gervasio Diaz Castelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Hablemos claro: &#8220;No hay cura, hay recuperación&#8221; “No pude licenciado, es mas fuerte que yo, volví a  tomar y a fumar, estoy harto de esto, es el cuento de la buena pipa” “Me salió el demonio de vuelta, volví a consumir, no pude parar, es más fuerte que yo, me siento pésimo” Frases así se... <a href="http://blogs.infobae.com/herramientas-psicologicas/2014/07/30/que-son-las-adicciones-hablemos-claro-no-hay-cura-hay-recuperacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hablemos claro: </strong><em>&#8220;No hay cura, hay recuperación&#8221;</em></p>
<p><img class="aligncenter" alt="http://emmahbruce.files.wordpress.com/2014/06/enjoy_the_silence-1920x1080.jpg" src="http://emmahbruce.files.wordpress.com/2014/06/enjoy_the_silence-1920x1080.jpg" width="1009" height="568" /></p>
<p><em>“No pude licenciado, es mas fuerte que yo, volví a  tomar y a fumar, estoy harto de esto, es el cuento de la buena pipa”</em></p>
<p><em>“Me salió el demonio de vuelta, volví a consumir, no pude parar, es más fuerte que yo, me siento pésimo”</em></p>
<p style="text-align: justify">Frases así se escuchan  diariamente en los consultorios. Todo sujeto gobernado por una adicción  sufre y tiene un gran desgaste psicológico por esa lucha interna que siempre pierde frente a la sustancia. Ese combate se convierte en algo muy agotador que se suma a la enfermedad de la adicción en sí misma.  Ahora bien: estas frases, que cito arriba, son de personas que medianamente aceptan  que tienen problemas de adicción, cosa que es difícil pues señores: la característica central del adicto es que niega que tiene un problema de adicción. <strong>  El sujeto desmiente que realmente tenga un inconveniente con las drogas, alcohol o el tabaco; puede aceptarlo de la boca para afuera, pero  -en su interior- tiende a pensar que  lo puede manejar: “yo no soy adicto” “yo soy diferente”.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Toda persona que termina consolidando una adicción, en algún momento, tal vez sí  pudo controlarla, hasta que ya no. Igual pensemos que en esto de “<i>manejo mi consumo</i>” también hay un costo para la salud mental y física. Se  puede consumir esporádicamente drogas y alcohol en exceso y no ser un adicto, pero se paga un costo también; digo: luego de una noche de euforia química y excesos de todo tipo, hay una fase depresiva tóxica posterior muy fuerte. Es decir, los “placeres” que dan las drogas, el alcohol o el “puchito” después de comer, tienen un costo alto, eso no hay duda.</p>
<p style="text-align: justify"><em>“Licenciado, es más fuerte que yo”.</em> Sí, de eso se trata. En las adicciones el YO (la persona), con toda su voluntad, no puede frenar esa fuerza interna que  sale y lo lleva a volver a fumar, a tomar o a consumir lo que fuere. Ese objeto a ser consumido (cualquier sustancia) es más fuerte que la voluntad del YO de no consumirla. ¿Se entiende? Entonces: <em>“Quiero dejar el alcohol, o el cigarrillo, la droga”</em> etc.;  pero “mi YO es débil para con eso, mi voluntad se quiebra”. El YO del sujeto es gobernado por ese impulso interno. Bien, ese mecanismo  que  intento explicares  es la adicción, tan simple y tan complejo a la vez. Mucha es la gente que aparentemente maneja su consumo, pero &#8211; desde lo psicológico &#8211; esa sustancia…el momento de consumirla, la manera de consumirla…  ocupa parte importante de su vida cotidiana y de sus pensamientos y de sus hábitos de vida.  Un adicto no es solo el que consume todos los días tal o cual cosa en cantidades gigantes, no: el tema es la dependencia psicológica -no solo la física- que la persona arma alrededor del consumo. Es decir: <strong>hay sujetos que solo consumen un poquito cada noche y raramente se exceden, otros que consumen solo los jueves a matarse,  eso no anula que no tengan algún tipo de problemática adictiva.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Ahora bien, la experiencia muestra que una vez que un sujeto consolida en su personalidad una adicción (hablamos de una adicción franca) no hay vuelta atrás; es muy difícil que un adicto al tabaco luego de 3 años de dejar de fumar vuelva a hacerlo y solo fume un “puchito” los martes después del partido. Es estadístico que ese sujeto  -a la larga o a la corta- vuelva a fumar desenfrenadamente sin poder parar. Lo mismo para un drogadependiente o alcohólico. Por eso  -a mi criterio- una vez que hay adicción, la única “cura” conocida es dejar totalmente el consumo. No ha cura, hay recuperación. <strong>La adicción es una enfermedad crónica, pero con consumo o sin consumo.</strong>  La experiencia de miles de personas con esta problemática muestra que son muchos los que luego de pasar largo tiempo sin consumir absolutamente nada, vuelven a consumir creyendo que lo “van a poder manejar” y terminan consumiendo de maneras destructivas e impulsivas otra vez. La negación de la que hablábamos antes, hace que la persona subestime a esa fuerza impulsiva que tiene dentro de sí (que es su enemigo interno) y vuelve a caer&#8230;y hasta peor aun. También hay  personas que consumen toda la vida con momentos de mayor o menor intensidad, lo  naturalizan, simplemente viven así, se bancan los costos y no se cuestionan nada. Pero eso no anula que no tengan algún problema con eso.</p>
<p style="text-align: justify">Los psicólogos podemos hacer mucho para que las personas tomen conciencia de este problema, para que constituyan la famosa “conciencia de enfermedad”, que es el primer paso, admitir que se es adicto. Pero los profesionales no podemos solos contra fuerzas tan intensas como las que se ponen en juego en los mecanismos adictivo-compulsivos. Lugares como Alcohólicos Anónimos (AA) o Narcóticos Anónimos (NA) son un buen aliado del terapeuta. Hay miles de dispositivos para la “cura” de las adicciones, desde la religión hasta las pastillas (el chaleco químico)  o las internaciones… a mi criterio estos grupos de autoayuda son los más efectivos; pero creo que tienen que ir acompañados y combinados con una buena terapia para que el sujeto entienda el por qué tiene el problema que tiene, pero psicólogo… solo, para las adicciones, no camina, no alcanza, sería un acto de omnipotencia de nosotros, de creer que podemos con eso en un cuerpo a cuerpo con el paciente. Es psicoterapia más grupos tipo AA o NA. Esa es mi convicción. Eso no anula los otros caminos: hay personas que se internaron y les salió bien, otras que se llenaron de pastillas y también anduvo: pero, a mi criterio, son los menos. En general los que toman esos caminos…no salen. Si bien las estadísticas de recuperación no son muy alentadoras, es muchísima la gente que sale, es numerosísima la gente que logra entender que el  “disfrute” que se pone en juego en el consumo…  es muy costoso, son muchos los que aprenden a disfrutar la vida intensamente y con mucho placer sin tener que consumir nada. Valerse de  algo externo (sustancias) para cambiar el estado de ánimo interno, es algo complejo ya en su fórmula, puesto que, en definitiva, son placeres  de “<i>uno mismo disfrutando de ese estado mental que pasa dentro de uno</i>”, no es disfrute con otros, ahí no hay otro.</p>
<p style="text-align: justify">Hay diferentes tipos de placer y disfrute, en general estas búsquedas de placer, a la larga,  empobrecen un poco a la gente, puesto que  muestran que lo que está en juego es cierta incapacidad de disfrutar más con otros, o de otras cosas… sexualidad, proyectos, amor etc. Lo que pasa es que el ser humano se acostumbra a todo ¿vieron?  se puede acostumbrar a vivir pésimo, o a vivir bien también. Pero para vivir bien, y para los placeres asociados a cosas que no tienen que ver con consumir “eso” que me modifica el estado mental, hay que tomarse más el trabajo, no es tan fácil. Puede llevar años acceder a disfrutar de ciertas cosas de la vida. Esa es la cuestión. El circuito que se pone en juego en los placeres inmediatos del consumo es simple. Es la lógica del todo YA. El contraste es muy grande en relación a los otros placeres que cuestan más.</p>
<p style="text-align: justify">No es una cuestión de sustancias fuertes o débiles, no pasa por allí: las drogas erosionan el “alma” humana, bestializan a los hombres, sacan lo peor de mucha gente y matan: de diferentes maneras; pues la vida de los adictos es un gran desorden, en donde se cometen un sinnúmero de imprudencias  e irresponsabilidades que ponen en juego la propia vida o la salud…de uno y de otros.  Es una enfermedad, bien, pero yo soy responsable de curarla. Si a mí mañana me agarra un cáncer de páncreas y…mucho no puedo hacer con eso, me tocó y ya: puedo cumplir a rajatabla con las quimio, tomar los remedios, ser responsable con el tratamiento&#8230;pero mucho no puedo hacer. En las adicciones es diferente: depende de mí, la cura está al alcance de mi mano, es solo detener el consumo, y eliminar la adicción activa. ¿Se entiende? Digo: si, es una enfermedad, pero que me la puedo sacar de un día para otro dejando el consumo, luego sigue el larguísimo camino de la recuperación, pues las personas quedan muy mal después de tantos años de martillarse la cabeza sistemáticamente cada día. <strong>Apostemos a la vida, y recordemos: somos responsables de la “cura”.</strong></p>
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