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	<title>#HistoriasDeCharter</title>
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	<description>Eduardo Ceccotti te cuenta anécdotas que surgen de ir y venir en charter desde el Conurbano a Buenos Aires</description>
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		<title>Oficinistas en viaje</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Sep 2013 13:32:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[bajón]]></category>
		<category><![CDATA[charter]]></category>
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		<category><![CDATA[magnética colgante]]></category>
		<category><![CDATA[oficinas]]></category>

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		<description><![CDATA[Grabar durante toda una semana los diálogos entre los charteristas que día a día viajamos, resignados y pacientes, hacia nuestras encantadoras oficinas del microcentro de la ciudad de Buenos Aires, puede depararnos realidades disímiles. No diré que hice exactamente eso, aunque sí algo parecido. Al momento de filtrar los resultados, apareció un listado de palabras... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/09/03/oficinistas-en-viaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Grabar durante toda una semana los diálogos entre los charteristas que día a día viajamos, resignados y pacientes, hacia nuestras <strong>encantadoras oficinas del microcentro</strong> de la ciudad de Buenos Aires, puede depararnos realidades disímiles.</p>
<p>No diré que hice exactamente eso, aunque sí algo parecido. Al momento de filtrar los resultados, <strong>apareció un listado de palabras “oficineras”,</strong> que bordean zonas cercanas al <strong>bajón</strong>.</p>
<p>Las anoté en un papel, para no olvidarlas. Aquí las copio:</p>
<p><img class="wp-image-60 aligncenter" style="text-align: center" alt="Oficinas" src="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/files/2013/09/Oficinas.jpg" width="159" height="105" /></p>
<p><span id="more-59"></span></p>
<p>Compensatorio<br />
Caja chica<br />
Memo<br />
Fotocopiadora<br />
Fichado<br />
Legales<br />
Planta permanente<br />
Power Point<br />
Manual del empleado<br />
Despacho<br />
Día laborable<br />
Horas extras<br />
Formulario 556<br />
Memo<br />
Temporario<br />
Pasante<br />
Antigripal<br />
Recursos humanos<br />
Feriado trabajado<br />
Franco simple<br />
Lunes<br />
Tenés un minutito? Tengo que hablar con vos<br />
Horarios rotativos<br />
FYI<br />
Minuta<br />
Mesa de entrada<br />
Legajo<br />
Inventario<br />
Ticket Canasta<br />
Hora de almuerzo<br />
Tesorería<br />
Gestor<br />
Contaduría<br />
Oficina de personal<br />
Rendir<br />
ASAP<br />
Urgente<br />
Turno<br />
Se cayó el sistema<br />
Librería<br />
Bidón</p>
<p>Seguro hay peores. Conocés alguna más?</p>
<p>&#8220;Saludos cordiales&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Manejando la traición</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 18:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[charter]]></category>
		<category><![CDATA[chofer]]></category>
		<category><![CDATA[educecotti]]></category>
		<category><![CDATA[historiasdecharter]]></category>

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		<description><![CDATA[Y se nos plantó adelante. Y se levantó de su asiento de piloto. Y esperó que todos lo miráramos a los ojos. Y nos lanzó su veredicto sin margen de debate. &#8220;Yo me juego por ustedes, para que lleguen temprano, y me responden así?&#8221; Y cerró su alegato. &#8220;Así no va. Si no les gusta cómo manejo,... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/08/27/manejando-la-traicion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y se nos plantó adelante.</p>
<p>Y se levantó de su asiento de piloto.</p>
<p>Y esperó que todos lo <b>miráramos a los ojos.</b></p>
<p><b></b>Y nos lanzó su veredicto sin margen de debate. <i>&#8220;Yo me juego p</i><i>or ustedes, para que lleguen tempr</i><i>a</i><i>no, y me responden así?&#8221;</i></p>
<p><i></i>Y cerró su alegato. <i>&#8220;Así no va. Si no les gusta cómo manejo, me lo dicen de frente. No me mandan en cana con los dueños, llamando a la tarde para botonear!&#8221;</i></p>
<p><img class="wp-image-55 aligncenter" style="text-align: center" alt="combi" src="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/files/2013/08/combi-300x225.jpg" width="240" height="180" /><span id="more-53"></span>Y esperó 10 segundos para ver si alguien reaccionaba. <b>Todos en silencio</b>. Ochoa, el Minero, la Doctora. Beto el del libro. Todos.<i><br />
</i></p>
<p>Y volvió a sentarse.</p>
<p>Y siguió manejando.</p>
<p>Y hubo silencio. Luego, se escuchó un murmullo que apuntaba a denunciar. Olga, la del asiento del fondo, expresó en voz falsamente baja <i>&#8220;Seguro fue la que sube en la rotonda&#8230;&#8221;</i><i>. </i><b>Bicha.</b></p>
<p><b></b>Y llegó el otro día. El chofer volvió a levantarse de su asiento de piloto. <i>&#8220;Ya sé quién fue. La que sube en la estación de servicio&#8230;&#8221;</i></p>
<p><i></i>Y le pedimos que se tranquilice.</p>
<p>Y no nos hizo caso. &#8220;<i>Muy ingrata. A esta </i><i>persona yo la levanté aún sin lugar, con lluvia, siempre!&#8221;</i></p>
<p><i></i>Y sentenció: <i>&#8220;No la llevo más. Que la levante otro&#8221;.</i></p>
<p><i></i>Y se acercaba el momento clave. <i>Laquesubeenlaestacióndeservicio</i> (se llama así) delatora e ingrata, estaría ahí esperando. Según declaraciones del chofer,<b> él pasaría de largo, como venganza a la traición.</b></p>
<p><b></b>Y le suena el celular al chofer&#8230;Escuchamos <i>&#8220;Ya te dije que no la voy a levantar&#8230;&#8221;</i>. Silencio. <i>&#8220;No me interesa, es una ingr&#8230;&#8221;</i> Silencio. <i>&#8220;Yo tengo digni&#8230;&#8221;</i> Silencio. <i>&#8220;No me importa lo que decida la empresa&#8230;&#8221;</i> Corte violento.</p>
<p>Y llegamos a la estación de servicio. Sorpresa. Frena el charter. Le abre la puerta. Sube ella, triunfante, sonriente y saluda con un beso al chofer malherido. <b>Ladina</b>.</p>
<p>Y él traga bronca y saliva. Le dice que todos los asientos están reservados. Solo queda libre el individual, arriba de la rueda trasera. Ese que te manda <b>las rodillas a centímetr</b><b>os del mentón</b>.</p>
<p>Y ella se sienta allí. Condenada. Traga bronca y saliva.</p>
<p>Y el chofer, a modo de <b>castigo general</b>, comienza a manejar <i>a uno por hora</i>, ingresando a todos los embotellamientos posibles. Llegamos tarde durante una semana.</p>
<p>Y un día, volvió a levantarse de su asiento de piloto. Nos miró. Dijo<i>: &#8220;Esto es lo que querían?. Hablen con ella.&#8221;</i></p>
<p><b>Y señaló con el dedo a la <em>traidora.</em></b></p>
<p>Y se pudrió todo en el charter.</p>
<p>Cariños.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>La Batalla del Apoyabrazos</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 21:16:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[apoyabrazos]]></category>
		<category><![CDATA[historias de chartes]]></category>

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		<description><![CDATA[Los días pasan, los viajes se suceden, las horas de charter acumuladas suman cada vez más, y la cantidad de millas charteriles ya representan valores más que respetables. En mi caso, la temperatura de la convivencia, el termómetro de la situación lo marca un evento del cual mucho podemos hablar, e incluso dedicar un libro... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/08/20/la-batalla-del-apoyabrazos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los días pasan, los viajes se suceden, las horas de charter acumuladas suman cada vez más, y la cantidad de millas charteriles ya representan valores más que respetables.</p>
<p>En mi caso, la temperatura de la convivencia, el termómetro de la situación lo marca un evento del cual mucho podemos hablar, e incluso dedicar un libro entero. <strong>“La Batalla del el Apoyabrazos”</strong></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/files/2013/08/Apoyabrazos.jpg"><img class="size-full wp-image-38 aligncenter" alt="Apoyabrazos" src="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/files/2013/08/Apoyabrazos.jpg" width="641" height="545" /></a></p>
<p><span id="more-37"></span></p>
<p>Esa disputa por lograr ganar el apoyabrazos que divide el asiento doble, marca el punto crítico de la relación con el colega charteril, señala y determina de qué modo, y bajo qué humores, viajaremos la siguiente hora.</p>
<p>En “La Batalla del Apoyabrazos” hay uno de los dos soldados que corre con ventaja: <strong>el que llegó primero</strong>, siempre y cuando tenga la precaución de bajar el apoyabrazos, y usarlo a pesar de la ausencia de compañero.</p>
<p>No hacerlo, es darle toda la ventaja al que llega, que además, luego de sentarse, lo bajará tranquilo, casi como diciendo “Qué pasó, te dormiste? Ahora es mío.”</p>
<p>Una vez que comenzó la batalla, quien ocupa el lugar de perdedor momentáneo, esperará el<strong> instante para contraatacar</strong>.</p>
<p>Si el dueño del apoyabrazos está leyendo un libro, será cuando dé vuelta la hoja. Si está hablando por celular, será cuando lo apague. Si está dormido, será cuando realice un reacomodamiento inocente.</p>
<p>En todos los casos, <strong>“La Batalla del Apoyabrazos”</strong> se define en los detalles, en los segundos de atención, en un instante de descuido.</p>
<p>Siempre habrá ganadores y perdedores del apoyabrazos. Pocas veces se dará el empate. El empate es pérdida para ambos. <strong>Los dos brazos en el apoyabrazos, disputándose las migas, no es negocio para nadie.</strong></p>
<p><strong><em>La victoria me encontró en mi primera vez. Suerte de principiante. Luego, todas derrotas.</em></strong></p>
<p>Aún hoy puedo sentir la intransigencia de un vecino de asiento desconocido, un “eventual”. Su brazo, firme e inmóvil en el apoyabrazos, no me regalaba centímetro alguno.</p>
<p>Y, vieja táctica del charterista ventajero, fingía estar durmiendo.</p>
<p>Si bien yo con mi brazo buscaba, lentamente, alterar su “sueño” para provocarle un movimiento (como quien en la oscuridad de la noche, intenta atenuar los ronquidos de su compañero/a de cuarto haciendo ruiditos casuales) nada servía.</p>
<p>Codo agresivo sobre brazo de él, nada.</p>
<p>Golpe de rodilla sobre sus piernas, menos.</p>
<p>Justamente este no reaccionar me llevó a confirmar que su sueño era fingido.</p>
<p><strong>Asumí la derrota. Aún espero mi revancha.</strong></p>
<p>El chárter también es una escuela. Como en la vida, de las derrotas es de donde más aprendemos. Si queremos.</p>
<p>Aún, en “La Batalla del Apoyabrazos”.</p>
<p>Acepto consejos.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>El flaco de sistemas</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Aug 2013 18:06:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[flaco de sistemas]]></category>
		<category><![CDATA[historias de charter]]></category>

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		<description><![CDATA[Esa tarde de viernes, cuando ya lo que quedaba por delante era la mejor noche del mundo (la del viernes, pre &#8211; sábado), sonó el celular de mi vecino de asiento, que hasta aquí era un ser humano más. El viaje recién arrancaba. Sus frases fueron: “En serio se colgó?” Silencio “Y no llamaste al... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/08/13/el-flaco-de-sistemas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Esa tarde de viernes, cuando ya lo que quedaba por delante era la mejor noche del mundo (la del viernes, pre &#8211; sábado), sonó el celular de mi vecino de asiento, que hasta aquí era un ser humano más. El viaje recién arrancaba.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://lh6.googleusercontent.com/nUhFhLHqx28sdekQZmcWn6480XUg46SmyQB7moDQoRkBJfBGYMPczPQEOtM-7zpF8S6WGOSbqBpvyIijx-Gi2_61fG0yVO-1bicC3_DtW8gKaadB31DJWvIr3tcIcLpsYA" width="264px;" height="198px;" /></p>
<p><span id="more-28"></span></p>
<p>Sus frases fueron:</p>
<ul>
<li>“En serio se colgó?”</li>
</ul>
<p>Silencio</p>
<ul>
<li>“Y no llamaste al servicio técnico?”</li>
</ul>
<p>Silencio</p>
<ul>
<li>“Ya reiniciaste?”</li>
</ul>
<p>Silencio</p>
<p>Cuando escuche la palabra <strong>“reiniciar”</strong>, supe que a mi lado estaba sentado un “flaco de sistemas” de una de las tantas empresas de Buenos Aires, a quien llamaban en una emergencia.</p>
<p>El diálogo telefónico siguió bajo el estricto y clásico protocolo del <strong>“flaco de sistemas”</strong>:</p>
<p>- “Proba de apagar y prender el router”<br />
Silencio<br />
- “Ahora cerrá todos los programas”<br />
Silencio<br />
- “Deslogueate”<br />
Silencio<br />
- “Anda a inicio”<br />
Silencio<br />
- ”Andá a propiedades”<br />
Silencio<br />
- “Ves donde dice opciones? <em>Desclickeá</em> la ventana de contraseña autenticada”</p>
<p>Y así seguía. Mi compañero tenía <strong>la tranquilidad propia de los “flacos de sistemas”</strong>, que aún en el mayor de los incendios informáticos te miran con cara de “Y, viste como son las máquinas…”<br />
Yo sentía que del otro lado, el empleado con la computadora en problemas empezaba a tener problemas mayores. La solución no llegaba . . .<br />
Cosa que confirmé cuando mi compañero de asiento emitió la siguiente frase:</p>
<ul>
<li>“Y esto tenés que terminarlo hoy? “</li>
</ul>
<p>Silencio<br />
El “flaco de sistemas”, cerró su asesoramiento telefónico con un</p>
<ul>
<li>“Llamá al teléfono que está pegado en el costado de la CPU y si no te lo solucionan, <strong>volvé a llamarme</strong>. . . “</li>
</ul>
<p>Luego de decir eso, cortó la comunicación, reclinó el asiento, apagó el teléfono y le sacó la batería . . .<strong> y sonrió</strong>.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>La mentira del buen viaje</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/08/05/la-mentira-del-buen-viaje/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Aug 2013 15:09:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[historias de charter]]></category>

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		<description><![CDATA[“El Colo” parecía ser un joven bien dispuesto, con vocación de aprendiz y tan tranquilo y sereno como Beto, nuestro chofer de siempre. Antes de su debut “oficial”, Beto era quien, con paciencia infinita y actitud paternal, le indicaba cada mañana los secretos del oficio. “El Colo” era un encanto y parecía estar listo para... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/08/05/la-mentira-del-buen-viaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>“El Colo”</em> parecía ser un joven bien dispuesto, con<strong> vocación de aprendiz</strong> y tan tranquilo y sereno como Beto, nuestro chofer de siempre. Antes de su debut “oficial”, Beto era quien, con paciencia infinita y actitud paternal, le indicaba cada mañana los secretos del oficio.</p>
<p><em>“El Colo”</em><strong> era un encanto</strong> y parecía estar listo para asumir su rol de nuevo chofer.</p>
<p>Nunca imaginamos lo que vendría después.</p>
<p>Ese día, bien temprano, el charter me esperaba en la esquina de siempre. Llegó. Subí.</p>
<p>A bordo, <em>“El Colo”</em> descansaba con los brazos apoyados sobre el volante y, encorvado hacia delante, depositaba el mentón sobre sus manos</p>
<p><span id="more-23"></span></p>
<p>-¡Buen día!<br />
-<strong>¿No sabés si sube alguien más acá, o sos vos solo?</strong>- me lanzó, ignorando el “buen día”.<br />
-Viene una chica rubia- respondí con cierto temor.<br />
-La espero hasta “y veinticuatro”, y si no llega, me voy-</p>
<p>Así, <strong>con esa distancia y con una dudosa disposición para el servicio</strong>, <em>“El Colo”</em> me daba la bienvenida.</p>
<p>Ya en las primeras bocacalles que cruzábamos, pude advertir una leve tendencia a la prepotencia.</p>
<p>A lo lejos, dos esquinas más allá, detecté una silueta típica de cliente charteril esperando su carroza.</p>
<p>-Esa que está ahí ¿viene siempre?- gritó “<em>El Colo”</em> &#8211; <strong>si no reservó, no la subo!</strong></p>
<p>Frena. Abre la puerta.</p>
<p>“-¿Reservaste, vos?”.<br />
- “No, pero vengo siempre… ayer no vine.”, explica temerosa, intimidada.<br />
<strong>-No, sin reserva, no. Tenés que reservar-</strong><br />
-Pero yo vengo siempre…-<br />
-Correte que tengo que cerrar y seguir. Arreglate con “la base”.-</p>
<p><em>“El Colo”</em> resopla, y la manera en que pone la primera evidencia bronca y fastidio.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://lh4.googleusercontent.com/LqGw8ml0CeuvZ9qB2GHgdg7yiU3sa7D4s-28LLKhN8BZuRYegtlNgYiMK2FGubZrlajH6vSTB6KAGZxn4u2-Rhi-VNJbT_WKqDStcZgwkmYCfpk8hBKNm2XQWykNfyQ53w" width="346px;" height="292px;" /></p>
<p><strong>Seguimos.</strong></p>
<p>Los pasajeros ya comenzaban a cruzar las miradas. Estamos delante de un ser especial.</p>
<p><strong>-¿Hola, Gloria?, <em>“El Colo”</em> soy</strong> &#8211; dice por el handy. Del otro lado, en la base, Gloria lo escucha entusiasmada, ignorando lo que está ocurriendo arriba del charter.</p>
<p><strong>-No pude cargar gas antes de venir, tengo que frenar-</strong></p>
<p>Esta frase entró en nuestros oídos como un misil.</p>
<p>Sin piedad ni consulta, <em>“El Colo”</em> gira y ubica el charter en la fila para cargar combustible.</p>
<p>-¿Pueden bajar todos, que<strong> me lo pide el chabón de la estación</strong>?- dice en su tono ya habitual de esa mañana.</p>
<p>Todos abajo, al lado del charter, esperando a que el nuevo chofer cargue gas. Algunos empezaban a llamar a sus oficinas, avisando que llegarían tarde</p>
<p>Al final, <strong>otra vez todos a bordo</strong>, resignados ya a ser parte de una experiencia inolvidable. &#8220;<em>El Colo&#8221;</em> y su ruda forma de andar, nos llevaba a mundos desconocidos.</p>
<p>Seguimos.</p>
<p>A la permanente protesta del <em>“Colo”</em> por el tránsito, la gente, el agua, el sol, la tierra y la vida misma (y sus clásicos resoples), llegó el momento de hacer la última escala antes de entrar a la ciudad.</p>
<p>Otra vez, unos metros delante, se adivinaba la silueta de un pasajero que, además, sacó la mano onda bondi, para asegurarse que el charter frenara.</p>
<p><strong>El cupo estaba lleno. No había lugar. <em>“El Colo”</em> lo tenía más que claro. Nosotros, desafortunadamente, también.</strong></p>
<p>Frena, no abre la puerta. Solo ventana. Desde abajo, la señora exige:</p>
<p>-Necesito subir, necesito llegar a la ciudad. ¡Esto es un caos!-<br />
-No tengo lugar, ¿hiciste reserva?-<br />
-Soy pasajera habitual. Bajá a alguno que sea eventual de hoy! ¡Es una injusticia!-</p>
<p>Afuera, además, se escuchaban bocinas, frenadas, y toda la banda sonora de un lunes en hora pico, agravado por la situación de la falta de subtes.</p>
<p>-¡Abrime! ¡Tengo que subir!- siguió la señora.<br />
-¡¿No te das cuenta que está lleno?! ¡Chau, loca! &#8211; emite <em>“El Colo”</em>.</p>
<p>Desde abajo, la pasajera comenzó a pegarle al charter con el mango de un paraguas que colgaba de su muñeca derecha. <em>“El Colo”</em> aceleró, y dando su veredicto a media voz, todos escuchamos un inconfundible <strong>“loca de cuartaaaa”</strong>.</p>
<p>Nosotros seguíamos ahí, serios. Estábamos entregados. Observando todo como si lo que pasaba fuera algo normal.</p>
<p><strong><em>“El Colo”</em> resopla por enésima vez.</strong></p>
<p><strong>Seguimos.</strong></p>
<p><em>“El Colo”</em> a esa altura del recorrido, comenzaba a sufrir los embates del tránsito desbordado, del avance a paso de hombre, de las bocinas asesinas.</p>
<p>Luego de veinte minutos subidos a ese escenario, la situación se calmó.</p>
<p>Habíamos entrado a la ciudad. Las avenidas anchas nos daban un grado de complicidad.</p>
<p>La calma era aún mayor cuando frenamos al fin, en ese semáforo. Faltaban diez minutos para llegar. <strong>Entonces, <em>“El Colo”</em> decide ganar tiempo</strong>. Está primero en la fila y arranca.</p>
<p><strong>¡¡¡Buuuum!!!</strong>, escuchamos todos.</p>
<p>Ruido fuerte. Frenada. Gritos del “Colo”. Él, el chofer nuevo, acababa de chocar el charter contra un auto que, desde una fila paralela ubicada a nuestra izquierda, doblaba para adelantarnos.</p>
<p><em>“El Colo”</em> estaba furioso. Nosotros, resignados, entregados y condenados.</p>
<p>Sin parar de agredir verbalmente y a la distancia al otro conductor,“El Colo” buscaba enajenado los “papeles del seguro”. Luego de abrir la puerta con violencia, bajó enfurecido y la cerró con instinto asesino.</p>
<p>Ambos conductores se encontraron frente a frente. <em>“El Colo”</em> grita, señala, va y viene como loco. Hace gestos con manos y brazos, cuestionando la maniobra.</p>
<p>Frente a él,<strong> el hombre del auto chocado – con sabiduría – lo deja hablar, expresarse, descargarse.</strong></p>
<p>A bordo del charter, una vez más, volvemos a hacer llamados a las oficinas.</p>
<p><img alt="" src="https://lh3.googleusercontent.com/UseaFBNzrL-ycxI3fBIq9OrLW8m9LKVgt5GMcO35sXCJoZoX-F6fxwxr-sD6hR_wf6jGkWqENCpiwsKEiKz7nGgiaqjGIegxB3s4cTvCWfwLDu12lUQQLXnPnmgKLaD6rA" width="385px;" height="334px;" /></p>
<p><em>“El Colo”</em> vuelve a su lugar y ya a bordo, nos comenta su versión del choque.</p>
<p>Disfruta de la diferencia de tamaño de los vehículos, al asegurar que al Charter no le hicieron “ni un raspón”.</p>
<p><strong>Cierra la puerta con violencia, otra vez.</strong></p>
<p>Como un latigazo, pone primera y retoma el andar. Furioso y satisfecho por la batalla. Ganada?</p>
<p>Vuelve a conectar la radio.</p>
<p>Las noticias hablan de asesinatos, choques, robos, violaciones, denuncias por maltratos y muertos en protestas sociales.</p>
<p><strong><em>“El Colo”</em> las escucha y las disfruta, en paz y silencio, como si lo que sale de la radio, fuera una obra de Mozart.</strong></p>
<p><strong>Llegamos.</strong></p>
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		<title>Emerge un líder, al rescate de Ochoa</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jul 2013 15:19:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[charter]]></category>
		<category><![CDATA[chofer]]></category>
		<category><![CDATA[historias de charter]]></category>

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		<description><![CDATA[A bordo del charter, si bien – como en el ideal de sociedad – todos somos iguales ante la ley, bien podríamos decir que en el universo charteril todos somos iguales ante el chofer. Es decir, pasajeros rutinarios que – entregados a la agenda de viajes – esperamos cada mañana o cada tarde nuestro charter,... <a href="http://blogs.infobae.com/historias-de-charter/2013/07/25/emerge-un-lider-al-rescate-de-ochoa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A bordo del charter, si bien – como en el ideal de sociedad – todos somos iguales ante la ley, bien podríamos decir que <strong>en el universo charteril todos somos iguales ante el chofer</strong>.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://lh3.googleusercontent.com/5zauv5xc363ESjClOW2tm12itgxKtwZsExN_txUQ70FBYM2WRIptAGJHUzPGSY8UhODMbquLjaDoqxFtnJe_o84_L5ozMrbU6MNRLZ7qkOtzVTRiVQJdNmWcs8nr7cVXIw" width="285px;" height="214px;" /></p>
<p><span id="more-13"></span></p>
<p>Es decir, pasajeros rutinarios que – entregados a la agenda de viajes – esperamos cada mañana o cada tarde nuestro charter, para sentarnos y encontrarnos con nosotros mismos, y con otros colegas de rutina.</p>
<p>Sin embargo, también – como suele escucharse al caminar por cualquier vereda &#8211; algunos son más iguales que otros.</p>
<p>En el charter, todo depende de la actitud con la que uno suba, y la disposición a ayudar con la que uno ande a esas horas de la mañana.</p>
<p>Con sólo viajar unos pocos días en el mismo charter, el pasajero advertirá que existen roles y espacios solidarios para ocupar.</p>
<p><strong>Uno de ellos es el del control de los boletos.</strong></p>
<p>Una tarea que dejarla a merced del chofer, de modo exclusivo, es exponerlo al riesgo de desconcentración en el manejo. Entonces, ahí aparece el charterista que asume responsabilidades, que se involucra desinteresadamente, que – en definitiva – viaja con <strong>un propósito adicional al de vegetar sentado, de un punto de la ciudad a otro.</strong></p>
<p>Paciente, irá uno por uno de los asientos, recolectando los tickets de la “cuponera” o la plata del pasajero “eventual”, debiendo tolerar la demora de cada uno de los pasajeros en buscar su ticket en el bolsillo (tarea difícil, antinatural, la de buscar cosas en los bolsillos del pantalón, mientras se está sentado).</p>
<p>Suele ocurrir que quien asume esta responsabilidad, la mantiene a lo largo del tiempo. Es un papel protagónico. Un espacio de poder. Construye desde ahí.</p>
<p><strong>Es que desde ese momento, solo habrá dos líderes, con responsabilidades definidas. El Chofer, y “el que pide los boletos”. Un líder surgido del pueblo.</strong></p>
<p>También, en términos de solidaridad, aparecen roles esporádicos productos de situaciones puntuales.</p>
<p>Me vi enrolado en aquella situación una mañana húmeda, de miércoles.</p>
<p>Un nuevo chofer asumía la conducción del charter, y carecía de la información necesaria para saber en qué esquinas frenar, quiénes eran sus pasajeros, quiénes no.</p>
<p>Es decir, tenía una lista impresa, pero a los nervios de ser su primer viaje, sumarle esa responsabilidad era ciertamente una situación no deseada.</p>
<p>Subo al charter. Fui el primero de todos.</p>
<ul>
<li>Buenas…- lo saludo.</li>
<li>Buen día. Ceccotti, ¿no?-</li>
<li>Si, de las 7.44-</li>
<li><strong>Perfecto. Soy nuevo, sabe…-</strong></li>
<li>Todo bien. ¡Suerte!-</li>
</ul>
<p>Ya me dirigía a la zona de “popa”, retirado de los ruidos y los movimientos que ocurren en la proa (gente que sube, que baja, diálogos con el chofer, la radio) cuando escucho al nuevo chofer que me habla, mirándome por el espejito.</p>
<p>Siguiendo el consejo que alguna vez recibí, me puse al servicio tal como ameritaba la situación.</p>
<p>Me olvidé de mi música, mis ojos cerrados, para asumir una responsabilidad clave.</p>
<p>Ocupé el primer asiento y<strong> empezamos el “doble comando”</strong>.</p>
<p>Yo le cantaba las esquinas por venir, con las cantidades de pasajeros que debían subir. En el medio, él me hacía comentarios sobre la lluvia de la última noche, la humedad, Mangeri.</p>
<p>Enfocado en mi rol de copiloto, como en un rally, miraba la hoja de ruta y le decía al piloto el derrotero por venir.</p>
<p>Y ahí estaba yo, que <strong>con total seriedad y como si lo hubiera conocido de toda la vida, decía “Ahora, en dos cuadras más, en la estación de servicio, sube Ochoa”.</strong></p>
<p>Y en efecto, allí estaba<strong> Ochoa</strong>, bajo un baño de Lord Cheseline, un sobretodo beigecito, mocasines con hebilla, y maletín.</p>
<p><strong>Ochoa</strong> es mi nuevo amigo.</p>
<p>Y el chárter siguió andando. Igual que la vida.</p>
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