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	<title>#MundoEnCrisis &#187; Clase social</title>
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	<description>Darío Mizrahi aplica los conocimientos generados por la sociología e invita a reflexionar sobre los cambios culturales que transforman a la sociedad</description>
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		<title>Por qué la corrupción está en la naturaleza humana</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Mar 2013 23:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío Mizrahi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Clase social]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[Las 5 claves para entender por qué la corrupción mata. Primera Parte ¿Hay una naturaleza humana? ¿Una esencia con la que todos nacemos y de la que no nos podemos liberar aunque luchemos contra ella? Si lo que nos separa de los animales es que somos capaces de formar algo tan complejo como la sociedad,... <a href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/2013/03/19/por-que-la-corrupcion-esta-en-la-naturaleza-humana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a title="Las 5 claves" href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/2013/03/12/las-5-claves-para-entender-por-que-la-corrupcion-mata/" target="_blank"><em>Las 5 claves para entender por qué la corrupción mata</em></a>. Primera Parte</strong></p>
<p><strong><br />
<a href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/files/2013/03/3002509432_869d5f4a0e.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-150" src="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/files/2013/03/3002509432_869d5f4a0e-287x300.jpg" alt="" width="287" height="300" /></a>¿Hay una naturaleza humana?</strong> ¿Una esencia con la que <strong>todos nacemos</strong> y de la que no nos podemos liberar aunque luchemos contra ella?</p>
<p>Si lo que <strong>nos separa de los animales</strong> es que somos capaces de formar algo tan complejo como la <strong>sociedad</strong>, y no nacemos con ella incorporada, sino que la sociedad se nos va introduciendo a medida que crecemos, habría que responder que no.</p>
<p>Si <strong><em>ser humano</em></strong> es equivalente a <strong><em>ser social</em></strong>, lo distintivamente humano no está en nuestra naturaleza. Lo adquirimos.</p>
<p>¿Entonces por qué insistimos en hablar de naturaleza humana?</p>
<p>Porque todos los hombres y mujeres del mundo tenemos ciertas <strong>características comunes que son tan universales que parecen naturales</strong>, como tener dos piernas, dos brazos y una cabeza.<span id="more-148"></span></p>
<p>Así, podemos decir que <strong>la capacidad de hablar</strong>, entendiéndola como la posibilidad de comprender y utilizar un determinado código lingüístico, está en nuestra <em><strong>naturaleza social</strong></em>: no hay en la historia de la humanidad sociedad mínimamente desarrollada que no haya manejado <strong>cierto tipo de lenguaje</strong>.</p>
<p>De la misma manera, sostengo que <strong>no hubo, ni hay, ni habrá sociedad alguna sin corrupción.</strong></p>
<p>Si bien puede manifestarse en infinidad de formas, esencialmente es siempre lo mismo: la transgresión, <strong>la violación de algún tipo de ley</strong>, ya sea formal y escrita, moral o convencional. <strong>El corrupto es, antes que nada, un transgresor</strong>.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>¿Y por qué no hay sociedad sin transgresión?</strong> Porque todas <strong>las sociedades se constituyen a partir de la ley</strong>, separando lo que está prohibido de lo que está permitido.</p>
<p>No hay que pensar la ley en su sentido moderno de código escrito: se trata de algo previo, que regía a las sociedades que no habían desarrollado la escritura.</p>
<p><strong>La ley</strong>, -insisto- entendida como <strong>lo que separa lo que se puede</strong> (y lo que se debe) <strong>de lo que no se puede</strong>, es el gran <strong>organizador de la vida social</strong>. Si pensamos en cualquier organización de la que participamos, todas, a su manera, funcionan a partir de esa delimitación, señalando quiénes pueden qué cosa y quiénes no.</p>
<p>Y acá viene lo más importante de todo: ¿Cómo se impone la ley? De muchas maneras, pero fundamentalmente por la fuerza.</p>
<p><iframe width="640" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/gCVj1LeYnsc?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><a title="El Padrino" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_padrino_(pel%C3%ADcula)" target="_blank"><strong>El Padrino</strong></a><em>, de Francis Ford Coppola, protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino, es un retrato de lo inevitable de la transgresión. Empezando por Michael, el hijo “limpio” de una familia mafiosa, que no puede evitar convertirse en lo que siempre había rechazado, la película muestra cómo todos los estamentos de la sociedad caen en la corrupción.</em></p>
<p>Al nacer, nos acostumbramos durante nuestros primeros meses de vida a que <strong>todos nuestros deseos sean automáticamente satisfechos</strong>: el bebé tiene hambre, llora, y en cuestión de segundos aparece la madre para calmarle el apetito.</p>
<p>Pensemos un instante lo frustrado que se puede sentir ese bebé cuando, a medida que va creciendo, empieza a <strong>encontrarse con prohibiciones que no entiende</strong>: que no se toque, que no llore, que no se haga pis encima…</p>
<p>Esas interdicciones, que <strong>son las que lo introducen de a poco en la sociedad</strong>, son necesariamente vividas como un gran acto de violencia, por más dulces y cariñosos que sean los padres.</p>
<p>Así, desde muy chicos, crecemos amando a nuestros padres que nos cumplen nuestros deseos más profundos, pero también odiándolos por esa violencia que ejercen contra nosotros.</p>
<p><strong>Esa ambivalencia que sentimos ante la primera ley</strong>, la paterna, la mantenemos toda nuestra vida ante las regulaciones sociales: sentimos que hay que cumplir la ley, nos indignamos cuando alguien no lo hace, pero <strong>no podemos evitar sentirnos permanentemente tentados por la posibilidad de transgredirla</strong>.</p>
<p>No hay ley que no sea transgredida. Aunque sea sólo un poco y por unos pocos, las normas tuvieron y tendrán siempre cierto margen de incumplimiento.</p>
<p>Por eso no hay nada más ingenuo que reclamar el fin de la corrupción (como de tantos otros vicios sociales). Aunque nos asombremos y nos cueste creerlo, <strong>hasta en las organizaciones más inmaculadas</strong> y puritanas está presente la corrupción en sus formas más vulgares.</p>
<p>Pero esto no supone rendirse ante la <strong>inevitabilidad de vivir en una sociedad corrupta</strong>: la corrupción, inevitable como es, ha tenido y tiene un <strong>lugar marginal en muchas sociedades</strong>. Existe, pero no es un problema porque hay <strong>mecanismos sociales que la reprimen</strong> y la mantienen a raya.</p>
<p>El problema es cuando alcanza una <strong>envergadura tan grande que pone en jaque el funcionamiento de la sociedad</strong>. Cuando penetró tanto en instituciones fundamentales como el Estado, que se vuelve imposible una <strong>administración justa y eficiente de lo público</strong>. Entonces sí, la corrupción se vuelve una patología.</p>
<p>¿Problema sin solución? Nunca. Sólo se trata de tener la suficiente convicción y creatividad colectiva para desarrollar métodos eficaces para controlarla.</p>
<p>Y, sobre todo, de <strong>no avalar a quienes de la corrupción hacen su ley</strong>.</p>
<p>(<em>Para una ampliación del lugar que tiene la ley en la constitución de la sociedad, consultar la función que cumple la prohibición del incesto en </em><a title="Las estructuras elementales" href="http://es.scribd.com/doc/10956243/LeviStrauss-Las-Estructuras-Elementales-del-Parentesco-Cap-III" target="_blank">Las estructuras elementales del parentesco</a><em>, del antropólogo <a title="Levi-Stráuss" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Claude_L%C3%A9vi-Strauss" target="_blank">Claude Lévi-Strauss</a>, y en </em><a title="Tótem y Tabú" href="http://www.pcs-mfc.org/documentos/libros/Fortalecimiento-de-Lideres/Sigmund-Freud-Totem-y-Tabu.pdf" target="_blank">Tótem y Tabú</a><em>, de <a title="Freud" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sigmund_Freud" target="_blank">Sigmund Freud</a></em>.</p>
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		<title>¿Y vos, de qué clase social sos?</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Dec 2012 17:34:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío Mizrahi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Clase social]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[Probablemente de clase media. Al menos eso es lo que piensa casi todo el mundo en los países occidentales. Pero si todos están en el medio, ¿quiénes están arriba y abajo? Así no tiene mucho sentido hablar de medio. Además, las diferencias sociales son demasiado evidentes como para pensar que todos pueden pertenecer a la... <a href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/2012/12/29/y-vos-de-que-clase-social-sos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/files/2012/12/Los-compañeros.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-63" src="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/files/2012/12/Los-compañeros-300x185.jpg" alt="" width="300" height="185" /></a>Probablemente <strong>de clase media</strong>. Al menos eso es lo que piensa casi todo el mundo en los países occidentales.</p>
<p>Pero si todos están en el medio, <strong>¿quiénes están arriba y abajo?</strong> Así no tiene mucho sentido hablar de medio. Además, las diferencias sociales son demasiado evidentes como para pensar que todos pueden pertenecer a la misma clase.</p>
<p>“La clase tiende a interpretarse como una <strong>cuestión de carácter personal</strong>. Por eso, cuando el <strong>80 por ciento</strong> de un grupo de panaderos dice que es de clase media, en realidad no están contestando a la pregunta de <strong>cuánto dinero tienen</strong>, o cuánto poder, sino de cómo se valoran a sí mismos. La respuesta es: <strong>‘Soy bastante bueno’</strong>”, asegura <a title="Quién es Sennett" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Sennett" target="_blank"><strong>Richard Sennett</strong></a> en <strong><em>La corrosión del carácter</em></strong> (página 67).<span id="more-62"></span></p>
<p>Pero esto no fue siempre así. Para que la pertenencia a una clase sea interpretada en clave personal, la <strong>sociedad</strong> <a title="Las causas del individualismo" href="http://blogs.infobae.com/mundo-en-crisis/2012/11/21/los-5-motivos-por-los-que-somos-mas-individualistas/" target="_blank"><strong>tiene que estar muy individualizada</strong></a>. Como las personas no se sienten parte de ningún <strong>grupo humano que las contenga</strong>, optan por dar una definición vaga e imprecisa, que habla más de ellas que de su posición social.</p>
<p>Para mostrar las diferencias en cómo se vivía la pertenencia a una clase a <strong>mediados del siglo XX</strong> y cómo se vive ahora, Sennett  regresó a <strong>principios de los 2000</strong> a una panadería en la que había hecho una de sus primeras investigaciones como sociólogo, varias décadas atrás.<br />
<strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Antes</strong></p>
<p><iframe width="640" height="480" src="http://www.youtube.com/embed/CymDXhRYANU?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><a title="Ficha de la película" href="http://www.imdb.com/title/tt0056945/" target="_blank"><strong>Los compañeros</strong></a><em>, de Mario Monicelli, y protagonizada por<a title="La vida del actor" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marcello_Mastroianni" target="_blank"> <strong>Marcello Mastroianni</strong></a>, muestra el compañerismo y la solidaridad que surge en una fábrica del siglo XIX, y los problemas que eso genera.</em></p>
<p>&nbsp;<br />
“Cuando entrevisté por primera vez a los <strong>panaderos de Boston</strong> (Estados Unidos), la panadería tenía un nombre italiano y se preparaban panes italianos. La mayoría de <strong>los trabajadores eran griegos</strong>, hijos de panaderos que habían trabajado para la misma empresa” (p. 67).</p>
<p>“Los puestos de <strong>trabajo habían pasado de padres a hijos</strong> a través del <strong>sindicato local</strong>, que también estructuraba rígidamente los salarios, los beneficios y las pensiones” (p. 68).</p>
<p>“La preparación del pan era un ejercicio coreográfico que requería <strong>años de entrenamiento</strong> para salir bien. No obstante, imperaba el bullicio: el olor a la levadura se mezclaba con el del sudor humano, <strong>las manos de los panaderos se sumergían</strong> constantemente en la harina y el agua, y los hombres usaban la nariz y los ojos para saber cuándo estaba listo el pan. A menudo se quemaban con el horno, la amasadora primitiva <strong>requería mucha fuerza</strong>, y además era un trabajo nocturno. <strong>El orgullo del oficio era fuerte</strong>, aunque los hombres decían que no disfrutaban con su trabajo” (p. 68).</p>
<p>El empleo es el principal <strong>organizador de la vida en sociedad</strong>. De cómo sea y del lugar que se ocupe en él depende la posición social que se ocupe y la manera de percibirse en relación al resto de las personas.</p>
<p>El trabajo antes creaba un <strong>sentido de pertenencia muy grande</strong> cuando reunía a personas de un mismo origen para realizar una tarea compleja que requería de un aprendizaje, y que era algo que realizaban durante toda la vida, al igual que sus padres. Cuando uno se siente parte de un grupo de gente con el que comparte tantas características, se da cuenta de las diferencias que lo separan de otros grupos de rasgos muy distintos.</p>
<p>Así se explicaban las distinciones de clase. Por eso <strong>un obrero podía sentirse claramente obrero</strong>, diferente de un profesional como un abogado o un médico.</p>
<p>“<strong>La panadería unía</strong> efectivamente a sus empleados creándoles una <strong>conciencia</strong> de sí mismos” (p. 68).</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong>Ahora</strong></p>
<p><strong></strong></p>
<p><iframe width="640" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/fGEx1IMfWyc?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><a title="Ficha de la película" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_m%C3%A9todo_(pel%C3%ADcula)" target="_blank"><strong>El método</strong></a><em>, de Marcelo Piñeyro, describe el particular método de selección de personal aplicado por una empresa española, que consiste en elegir al más calificado para el puesto, poniendo a competir a los aspirantes. La solidaridad parece una utopía en una organización semejante.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“<strong>El dueño de la panadería</strong> es ahora una <strong>cadena gigante</strong> del ramo de la alimentación. Trabaja utilizando <strong>máquinas complejas y reconfigurables</strong>. Un día los panaderos pueden hacer mil barras de pan francés, y al día siguiente mil <a title="Qué es un bagel" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bagel" target="_blank"><strong><em>bagels</em></strong></a>, según la demanda del mercado de Boston. La panadería ya no huele a sudor y es asombrosamente fresca. Todo tiene un aspecto extrañamente silencioso” (p. 69).</p>
<p>“Desde el punto de vista social, <strong>ya no es una panadería de griegos</strong>. Algunos jóvenes <strong>italianos</strong> trabajan ahora, junto con dos <strong>vietnamitas</strong>, un <strong>hippy</strong> incompetente y varios individuos sin una identidad étnica discernible. Además, ya no sólo trabajan hombres. Los trabajadores vienen y van a lo largo del día; la panadería es una compleja <strong>red de horarios a tiempo parcial</strong>. El poder del sindicato de panaderos se ha debilitado. Como resultado, los más jóvenes no están cubiertos por contratos sindicales, y trabajan con un régimen contingente y <strong>horarios flexibles</strong>” (p. 69).</p>
<p>“La mayoría de las personas permanece, <strong>a lo sumo, dos años en la panadería</strong>” (p. 72).</p>
<p>“Los trabajadores no tienen <strong>contacto físico con los ingredientes</strong> ni con los panes. Supervisan todo el proceso a través de una <strong>pantalla</strong>. Como resultado, los panaderos ya <strong>no saben cómo se hace el pan</strong>. Dependen de un trabajo informático y, en consecuencia, no pueden tener un conocimiento práctico del oficio” (p. 70).</p>
<p>“Uno de los italianos me dijo: ‘En casa sí que hago pan, soy panadero. <strong>Aquí aprieto botones</strong>’. Cuando le pregunté por qué no había asistido al seminario de capacitación, me respondió: ‘No importa, no voy a hacer esto el resto de mi vida’. Una y otra vez, la gente dijo lo mismo con otras palabras: en realidad, <strong>no soy panadero</strong>. Son personas con una <strong>identidad laboral débil</strong>” (p. 73).</p>
<p>“En este lugar de trabajo flexible y altamente tecnologizado donde todo es de fácil manejo, <strong>los trabajadores se sienten degradados</strong> por la manera en que trabajan” (página 70). “La gente se identifica con las tareas que son un reto para ellos, tareas que son difíciles. Pero en este lugar de trabajo flexible, con sus trabajadores de distintas lenguas que entran y salen cumpliendo un horario irregular, con pedidos radicalmente distintos cada día, la <strong>maquinaria es el único criterio real</strong> de orden, y por eso tiene que ser sencilla para todos. La <strong>dificultad es contraproducente</strong> en un régimen flexible” (p. 74).</p>
<p>Cada vez son menos los trabajos organizados como la primera panadería y el modelo de la segunda es el que se impone. Lugares en los que se convive con personas de orígenes muy distintos, y donde casi <strong>no hay manera de forjar lazos de solidaridad</strong> porque nadie se queda demasiado tiempo.</p>
<p>Esto tiene aspectos positivos. Nadie está <strong>condenado a permanecer</strong> siempre en el mismo empleo, <strong>la diversidad abre la cabeza</strong> y  nos vuelve <strong>menos discriminatorias</strong>, y las condiciones de trabajo se pueden negociar con <strong>mayor libertad</strong>.</p>
<p>Como contrapartida, se hace más difícil encontrar <strong>una identidad y un lugar en el mundo</strong>. Con la simplificación del trabajo es menos frecuente sentirse orgulloso de lo que uno es o hace, lo que puede generar un <strong>sentimiento de vacío</strong>. Además, si uno tiene problemas laborales, no tiene ya un <strong>grupo de compañeros en quienes apoyarse.</strong></p>
<p><strong>Somos más libres. Pero estamos más solos</strong>.</p>
<p>&nbsp;<br />
<em><strong>Sennett, Richard (2000): La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Editorial Anagrama.</strong></em></p>
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