<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>#EntrePlazaYPlatea &#187; Distancia</title>
	<atom:link href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/tag/distancia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogs.infobae.com/opinion-publica</link>
	<description>Juan Pablo Quiroga pone especial foco en los temas de agenda y tendencias en materia de opinión pública</description>
	<lastBuildDate>Fri, 23 Aug 2013 02:36:34 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>Los argentinos y la distancia (II): o por qué  la revolución no será twitteada</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 20:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Argentinidad]]></category>
		<category><![CDATA[Bajtín]]></category>
		<category><![CDATA[Distancia]]></category>
		<category><![CDATA[Evgeny Morozov]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Levi-Strauss]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento Mágico]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Twitter]]></category>
		<category><![CDATA[Woody Allen]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.infobae.com/opinion-publica/?p=77</guid>
		<description><![CDATA[En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el post está disponible acá). Me faltó entonces ilustrar un tema central: el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias. Tiempo atrás, la única forma que teníamos... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el <em>post</em> está disponible <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/">acá</a>). Me faltó entonces ilustrar un tema central:<strong> el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias.<span id="more-77"></span></strong></p>
<p style="text-align: justify">Tiempo atrás, la única forma que teníamos los mortales de reinventarnos a nosotros mismos era mudándonos de ciudad para empezar de nuevo o viajar. Ambos recursos nos permitían recrearnos una ficción en la que nos liberábamos de un pasado que nos definía a partir de inventarnos un relato nuevo sobre nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy por hoy, en cambio, las redes sociales suponen un nuevo capítulo en ese juego de distancias entre lo que fuimos, hicimos, hacemos y aquello que decimos de nosotros mismos. Sobran ejemplos, en este sentido, en los muros de Facebook de familiares, amigos o conocidos, de gente que no se movilizarían por causas locales, posiciones políticas o grandes temas de la agenda global, pero sí dedican gran cantidad de tiempo en escribir comentarios encendidos y arengas que<strong> nunca llegan a la acción efectiva</strong>. ¿Catarsis? Quizás… pero lo cierto es que este uso de las redes sociales nos ponen frente a una segunda vida del pueblo (por lo menos de aquella parte de aquél con acceso a la red) donde no sólo no se cumple, sino que se invierte la máxima de Woody Allen que reza que:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">&#8230;todo lo contrario al mundo 2.0 donde lo que no se dice, no existe y el silencio es solo otro de los nombre de la muerte.</p>
<p style="text-align: justify">Las redes sociales exponen así a muchos a esta ilusión de que con sólo decir las cosas, las mismas ocurren. Una suerte de <strong>pensamiento mágico</strong>, de fantasía, donde todos se recrean por fuerza de la distancia que separa lo virtual de lo real, un alter ego que “hace” por el hecho de decir que hace: un click adhiriendo a una causa basta como acción solidaria, la militancia puede bien resolverse hablando de un tema o re-publicando algún comentario de un tercero y el compromiso social puede ser resuelto en 140 caracteres con fuerte tono de indignación. Ya no hace falta entrar en contacto con nadie, hablar con nadie, caminar los barrios o compartir sueños de esos que iluminan las expresiones de quienes lo comparten cara a cara mientras se pasan el mate de mano en mano. Por el contario, <strong>en la distancia de las redes sociales se nos da todo lo que necesitamos para reinventarnos esa personalidad comprometida que siempre quisimos y por la que nunca hicimos nada</strong>. Todo un juego de distancia y fascinación que <strong>abre el camino de la vía de las máscaras</strong>: un rito que toda sociedad humana sobre la tierra conoció, pero que tenía lugar en el marco de celebraciones excepcionales. El Carnaval, ejemplo clásico del uso de máscaras en la cultura occidental, sólo ocurría en el marco de la cuaresma. Las clases populares asistían a esa segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa, como alguna vez la denominó Bajtín, sólo en ese marco de excepción. El “hacer” de la vida cotidiana se suspendía por un determinado tiempo y con él las distinciones jerárquicas, las cuales incluso se invertían por ese lapso, terminado el cual la cotidianidad renacía con el entierro del Carnaval.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy, por el contrario, la vía de las máscaras es no ya un camino de excepción sino el diario discurrir de muchos por la vida, en donde el “hacer” se subsume al “decir”.</p>
<p style="text-align: justify">Levi-Strauss, al analizar el arte de las máscaras advertía que</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“una máscara no es ante todo lo que representa sino lo que transforma, es decir, lo que ha elegido no representar. Igual que un rito, una máscara niega tanto como afirma; no está hecha solamente de lo que dice, sino de lo que excluye (&#8230;) se explica más bien por un deseo consciente o inconsciente de afirmarse diferente”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">Si está nuevas máscaras que parecen ser las redes sociales en nuestro tiempo vienen a afirmar el “decir” por sobre el “hacer” que niegan, aun cuando lo declaren, <strong>sólo puede esperarse la renuncia a la transformación de la realidad por el placer y la comodidad de la distancia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">La ansiedad por decir, por contar, nos empuja de a poco a la inmovilidad. Algo que ya adelantaba, en cierta forma, Evgeny Morozov en su libro “The Net Delusion”, cuando alertaba que tras que la ilusión de “libertad” y “liberación” que ofrece Internet, se esconden los gérmenes mismos de la anti-política y la erosión de la democracia por la distorsión que genera la idea de equiparar la movilización y participación política con el acto de “twittear” a favor o en contra de un gobierno o una política cualquiera.</p>
<p style="text-align: justify">Es verdad, por otra parte, que cierto modo de hacer política contribuye y mucho a este cuadro de situación y no queda exenta de este juego de ilusiones y distancias, pero se le suma un tensión propia que pocos políticos sortean con cintura. El uso político de las redes sociales supone un movimiento pendular entre (a) la necesidad de distanciarse para recrear una imagen idealizada del político en cuestión (más o menos alejada de la realidad) y (b) la búsqueda obsesiva por reconstruir cierta cercanía con la gente. Dos polos siempre en tensión y de los que el tristemente célebre <em>tweet</em> del Intendente de La Plata es un claro ejemplo… algo sobre lo que volveremos en el próximo post.</p>
<p style="text-align: center"> # # #</p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="text-decoration: underline">Ex-post</span>:</strong> Justo al momento de terminar este post, el Jefe de Gobierno de la Ciudad daba explicaciones vía Twitter sobre la represión en el Borda. Un ejemplo, casi en vivo, de la distorción que el uso de la redes sociales puede producir, cuando explicaciones que deberían darse en persona son sustituidas por la cómoda distancia que brindan 140 caracteres.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los argentinos y la comodidad de la distancia</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 20:53:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Dirigencia Política]]></category>
		<category><![CDATA[Distancia]]></category>
		<category><![CDATA[Donaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Innundaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Lula Da Silva]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión Pública]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe Mujica]]></category>
		<category><![CDATA[Uruguay]]></category>
		<category><![CDATA[Walter Benjamin]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.infobae.com/opinion-publica/?p=72</guid>
		<description><![CDATA[Quise dejar pasar un tiempo prudencial entre los hechos de público conocimiento de la semana pasada y la escritura. No sólo por respeto a las víctimas y sus familiares, sino también porque además de haber sido inundados por el agua, creo que a su vez lo fuimos por cierta ansiedad de palabra. Los argentinos tenemos... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Quise dejar pasar un tiempo prudencial entre los hechos de público conocimiento de la semana pasada y la escritura. No sólo por respeto a las víctimas y sus familiares, sino también porque además de haber sido inundados por el agua, creo que a su vez lo fuimos por cierta ansiedad de palabra.</p>
<p style="text-align: justify">Los argentinos tenemos muchos problemas y –evidentemente- los vinculados a infraestructura, la continuidad en materia de obras públicas y el hecho de asumir responsabilidades y costos políticos por parte de cierta dirigencia que esté a la altura de las circunstancias, son algunos de ellos. Pero, no es menos cierto, que <strong>ante los problemas nos imponemos una cómoda distancia</strong>.<span id="more-72"></span></p>
<p style="text-align: justify"><strong>De hecho, si hay una actitud que resume la tragedia de la semana pasada es el acto de tomar distancia</strong>. Distancia de cierta dirigencia política para con sus responsabilidades, cristalizada en el hecho mismo de vacacionar kilómetros de distancia. Pero también distancia de buena parte de la opinión pública y de la opinión publicada para con la política. Todo ocurre como si de pronto descubriésemos que nos gobierna una suerte de casta que no mantiene vínculo alguno con nosotros. Nunca fueron electos por nadie. Aplaudidos por nadie. Reconocidos por nadie.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Hay algo en la fantasía-mito de la producción y reproducción automática de la política por la política que nos tranquiliza.</strong> Nos libera de ella. Nos pone a una buena distancia de sus modos y formas.</p>
<p style="text-align: justify">Pero además hay otro punto, aún más incómodo de tratar y que (en rigor de verdad) no me resulta fácil: <strong>la comodidad distante de las donaciones</strong>. Es, sin lugar a dudas, meritorio y digno de reconocimiento la actitud que muchos han tomado de donar cosas, pero sería ciego no reconocer que el acto de donar es otro de los tantos nombres de la distancia. Ese Otro necesitado se nos hace tolerable y objeto de nuestra complacencia porque no nos demanda más que el gesto de desprendernos de algo. Una sola vez, sin tener que hacer seguimiento alguno, uno adquiere la tranquilidad de quien cumple un mandato. Los programas sociales, en cambio, nos demandan mensualmente aportes de los que sólo podemos desconfiar, aun cuando no sepamos cómo se distribuye la ayuda o cómo es la logística en ninguno de los dos casos. Incluso, la militancia puede pensarse como su anverso lógico. Después de todo, lo que la donación tiene de tranquilizador y escéptico, la militancia tiene de sucio: implica dar respuestas permanentes de qué hacen “esos”, quiénes son y en qué piensan, por eso irrita.</p>
<p style="text-align: justify">La distancia también nos permite mantener conversaciones de cierto nivel de cómoda erudición en los bares o los asados con amigos. Podemos hablar de lo bien que le va a Brasil y Chile, aun cuando no conozcamos la brecha de desigualdad que separa a los más ricos de los más pobres en esos países; nos permite admirar a Lula, incluso cuando hubiese ejercido sobre nosotros una gran presión fiscal para sus políticas de hambre cero de haber sido nuestro Presidente. Aun más: por sobre todas las cosas, nos permite aplaudir las declaraciones de un presidente de otro país, en voz baja -ese tono que caracteriza a la cobardía-, entre dos varones y hablando de una mujer con ese fluir del cuerpo propio de los rioplatenses que caracteriza las conversaciones entre “machos” de barrio. Sólo faltaba el tango de fondo y un oficial de justicia que diera por muerto al nacionalismo en manos de una pelea política interna contaminada con cuestiones de género.</p>
<p style="text-align: justify">Por último, la distancia también nos permite definir qué nos gusta sin tener que hacer demasiada introspección o conocernos mucho (algo que tomaría mucho tiempo). Nuestros jugadores de fútbol, artistas y referentes sociales son buenos o malos en función del éxito internacional que pudieran o no adquirir. <strong>Toda una meritocracia consagrada en la distancia.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Pasamos gran parte de nuestras vidas en la comodidad de la distancia, pero aun cuando resulte cómodo escribir que monolíticamente esta es la actitud de “los argentinos”, cierto es que hay quienes, varones y mujeres, le ponen el hombro y el cuerpo en tiempo presente. En la incomodidad de la no-distancia. Es muy probable que no sean vistos a los ojos del Gran Público, ni lo serán en el futuro inmediato -por lo menos hasta que no sean reconocidos en el exterior- aun cuando hacen un gran esfuerzo por ponerle el cuerpo al barro de la historia.</p>
<p style="text-align: justify">Aún así, en algún punto, muy a pesar nuestro, la distancia como marca de nuestra cultura (sobre todo política) nos toca, aun cuando nos consideremos exentos de ella. Lo dice alguien que sólo en la comodidad de la distancia con los hechos de la semana pasada, ha logrado escribir estas breves líneas…</p>
<p style="text-align: justify">Romper este círculo para asumir la actitud presente de cambiar las cosas implicaría reconocer que la salida es política y que los esfuerzos deberían canalizarse en pos de la construcción común y no en la edificación de nuevas barreras que nos pongan a salvo, a prudencial distancia, de la inquietante mirada del otro.</p>
<p style="text-align: justify">Walter Benjamin escribió que no podemos prescindir de la idea de presente. Un presente no como transición entre un pasado determinado y un futuro inevitable, sino como un momento opuesto radicalmente a la distancia: un punto en el cual el tiempo se estanca y se detiene. Un aquí y ahora. Después de todo, es sólo en el presente cuando se escribe la historia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 0.388 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-29 20:00:06 -->
