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	<title>#EntrePlazaYPlatea &#187; La Nación</title>
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	<description>Juan Pablo Quiroga pone especial foco en los temas de agenda y tendencias en materia de opinión pública</description>
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		<title>Transferencia de riesgos</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Jun 2013 18:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estudios de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Sexuales y Reproductivos]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelina Himitian]]></category>
		<category><![CDATA[Instituto Gino Germani]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
		<category><![CDATA[Métodos Anticonceptivos]]></category>

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		<description><![CDATA[Al llegar ayer a la oficina, presencié un debate (intenso, por cierto, y con todo un abanico de aditamentos personales y anécdotas) en relación a un artículo de la periodista Evangelina Himitian, publicado en La Nación, sobre el uso del preservativo y la (mal llamada) “pastilla del día después” en adolescentes. La nota toma como... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/06/26/transferencia-de-riesgos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Al llegar ayer a la oficina, presencié un debate (intenso, por cierto, y con todo un abanico de aditamentos personales y anécdotas) en relación a un artículo de la periodista Evangelina Himitian,<a href="http://www.lanacion.com.ar/1595210-sexualidad-adolescente-usan-mas-la-pildora-que-el-preservativo"> publicado en La Nación</a>, sobre el uso del preservativo y la (mal llamada) “pastilla del día después” en adolescentes.<span id="more-115"></span></p>
<p style="text-align: justify">La nota toma como punto de partida una investigación del Instituto Gino Germani en donde, en función de la comparación de dos encuestas autoaadministradas (una en 2005 y otra en 2012), se evidenciaría un crecimiento en el uso de la “píldora del día después” (que pasa de un 8% en 2005 a un 47% en 2012), mientras que el uso del preservativo decrecería 10 puntos porcentuales en el mismo período, pasando de 76% en 2005 a un 66%.</p>
<p style="text-align: justify">La nota es menos interesante por los datos que arroja que por el <strong>esfuerzo retórico en establecer una correlación entre el crecimiento en el uso de una y la caída del otro</strong>. De hecho, el título del artículo es “<em>Sexualidad adolescente. Usan más la “píldora” que el preservativo</em>”, aun cuando ambos usos<strong> no son mutuamente excluyentes</strong>, por lo que no puede establecerse sobre la base de la evidencia disponible ninguna correlación de ese tipo. Después de todo, la baja del uso del preservativo como método no explica el crecimiento del uso de la “píldora”: el uso o no de uno no determina el uso o no del otro, sino que –sin ir más lejos- bien puede el crecimiento en el uso de las pastillas simplemente deberse a la decisión de muchas jurisdicciones de comenzar a distribuirlas de forma gratuita en Centros de Salud.</p>
<p style="text-align: justify">De hecho, la idea que expone el artículo en relación a que los adolescentes le temen más al embarazo que a las enfermedades de transmisión sexual (ETS), por eso el uso creciente de la “píldora” en detrimento del preservativo (aun cuando esta correlación, como dijimos, sea dudosa), tiene como presupuesto que (a) todos los adolescentes tienen un amplio conocimiento de ambos métodos, (b) que existe <strong>disponibilidad</strong> y <strong>acceso libre</strong>, <strong>fácil</strong> y –sobre todo- <strong>por igual</strong> a ambos métodos por parte de cualquier adolescente y (c) que este grupo conoce acabadamente contra qué los protege cada uno de esos métodos y -en un acto de racionalidad perfecta- sopesan contra qué quieren protegerse (si ETS o embarazos), eligiendo en consecuencia. Todas premisas que se dan por supuestas pero de dudosa vigencia, sobre todo si consideremos las formas en que se vive la sexualidad adolescente en sectores con derechos vulnerados y acceso diferencial a los servicios de salud…</p>
<p style="text-align: justify">En una palabra, el artículo busca establecer una correlación que –en mi opinión- <strong>sólo puede tener por objetivo poner en discusión el uso (polémico, para ciertos sectores) de la “pastilla del día después” y la efectividad de las políticas públicas en materia de educación sexual</strong>, al precio de subestimar otras dimensiones. De hecho, el artículo menciona -al pasar- un dato que encuentro mucho más alentador e interesante que el resto: <strong>el número de los adolescentes que no se cuidan se redujo de un período a otro a un 8%</strong>, aunque se omita decirnos en qué proporción ocurrió este cambio.</p>
<p style="text-align: justify">Se omite, incluso, en toda esta comparación un rasgo de género fundamental que atraviesa esos “usos” en materia de métodos anticonceptivos y “métodos de emergencia” (como es la “pastilla”): <strong>no puede establecerse una correlación de usos o desusos entre y otro por que su consumo está marcado fuertemente por la condición de género de los usuarios</strong>. Es más, lo más lo “alarmante” del los resultados del estudio del Germani, si se quiere, no es que un uso baje y otro crezca, sino<strong> la transferencia de riesgo que con lleva sobre las mujeres</strong>. En el crecimiento del uso de métodos de emergencia como métodos de anticoncepción (la “pastilla”) son las mujeres las que terminan asumiendo el riesgo sobre su propio cuerpo (por el impacto hormonal que implica) y la responsabilidad sobre un eventual embarazo, del placer sexual de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El poder, la voluntad y el tercero ausente: la apertura de sesiones del Congreso</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Mar 2013 15:52:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Apertura Sesiones Ordinarias]]></category>
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		<description><![CDATA[Que el campo mediático, salvo pocas y contadas excepciones, se encuentra polarizado es una afirmación que ya no sorprende a nadie. No obstante, se trata de una situación que acarrea consecuencias interesantes en el denominado “mercado de los medios”. En sociedades democráticas, como la nuestra, la prensa escrita e incluso los noticieros, rara vez se... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/03/04/el-poder-la-voluntad-y-el-tercero-ausente-la-apertura-de-sesiones-del-congreso/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Que el campo mediático, salvo pocas y contadas excepciones, se encuentra polarizado es una afirmación que ya no sorprende a nadie. No obstante, se trata de una situación que acarrea consecuencias interesantes en el denominado “mercado de los medios”.<span id="more-39"></span></p>
<p style="text-align: justify">En sociedades democráticas, como la nuestra, la prensa escrita e incluso los noticieros, rara vez se distinguen por los temas que tratan. Dado un día “x”, la agenda temática que nos ofrecen dos medios que compiten por el mismo público lector es relativamente la misma. ¿Qué sustenta, entonces, la opción de compra? ¿Por qué compramos un diario en lugar de otro si tratan los mismos temas? Porque la forma en que tratan esos temas sí varían. Compramos uno y no otro porque nos sentimos más cercanos o distantes, según el caso, al modo en que los mismos temas son discutidos, presentados, jerarquizados, aceptados como evidentes, relativizados o polemizados.</p>
<p style="text-align: justify">Ahora bien, la condición ideal es que estas formas de presentarnos los temas de interés público sean contrastantes entre sí, sobre todo si dos o más medios pelean por el mismo segmento de consumo. La premisa es que cuanto más notoria sea la diferencia sobre el modo en que trata los temas un medio, más posibilidades de ser identificado por los lectores para ser luego consumido. De hecho, la estrategia de diferenciación debe ser evidente desde la tapa misma, de forma que un indeciso frente al mostrador de un kiosco de revistas pueda definir a partir del tratamiento mismo de la portada por cuál optar.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, la polarización del mercado mediático a la que asistimos suspende el funcionamiento de esta lógica y la pone al servicio del posicionamiento del medio o grupo de medios para con el poder político. Algo que siempre existió, con mayor o menor sutileza, pero que hoy se nos presenta a cara desnuda. En una palabra, los medios empiezan a funcionar en “eco”: lo que antes rara vez hubiera ocurrido, como por ejemplo modos similares de titular o las mismas fotos en tapa, empiezan a ocurrir con una regularidad creciente.</p>
<p style="text-align: justify">La repercusión tras la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, fue un claro ejemplo de esto último. De hecho, las tapas de los principales diarios nacionales pueden agruparse en dos series: por un lado, Clarín, La Nación y Perfil y, por otro, Página/12, Diario Popular, Crónica y Tiempo Argentino.</p>
<p style="text-align: justify">La primera serie pone énfasis en la idea de “avance”, donde el Ejecutivo deviene en una figura omnipotente que con furia desmedida avanza sobre otros poderes, sectores, derechos adquiridos, entre otros. La idea de “ir por” (Perfil) como la de “avanzar sobre” (Clarín y La Nación) conllevan<strong> cierta connotación de desmesura y ambición. Un ejercicio sin límites del poder</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">EL segundo grupo, en cambio, se congrega no ya sobre la idea de avance desmedido, sino como manifestación de una voluntad: “Cristina: Quiero una justicia democrática” (Popular) o “Yo quiero en serio una justicia democrática” (Página/12) o “Cristina propuso una amplia democratización de la Justicia” (Tiempo Argentino). <strong>Voluntad, por otra parte, que limita y contiene el ejercicio irrestricto del poder.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Voluntad y poder son dos conceptos de larga historia. Existe cierto acuerdo (relativo) entre los académicos acerca que la reflexión sobre la voluntad, sobre la idea de “querer”, aparece bastante tarde en la filosofía. De hecho, según un filósofo italiano contemporáneo, su emergencia como problema del pensamiento nace atada a la problemática del “poder”. Agamben, el filósofo en cuestión, investigó cómo surgieron ambas conceptualizaciones y llegó a la conclusión que la idea de “querer” nace como una solución que ofrecieron los teólogos al problema del poder de Dios. La solución es simple: si Dios es omnipotente pudo haber salvado a Judas y condenado a Pedro, puede mentir o incluso cometer un crimen. No obstante, aun estando en condiciones de hacer todo esto, no lo hace… ¿por qué? Porque no quiere. Siendo la idea de “querer” un límite ético a las infinitas posibilidades que ofrece el hecho de poderlo todo.</p>
<p style="text-align: justify">De esta forma, la teología creía solucionar uno de sus grandes dilemas: la voluntad es el límite de la potencia. Dios puede (potencialmente) hacer cualquier cosa, pero es su voluntad la que dirige su potencia y la contiene. El querer ordena al poder.</p>
<p style="text-align: justify">La prensa gráfica argentina llega a este debate -de una forma pagana y con siglos de demora- al momento de dar cuenta de la apertura del 131° período de sesiones del Congreso de la Nación y lo hace de una forma dicotómica, en lugar de complementaria.  Se trata de dos construcciones de la figura presidencial que aun siendo opuestas entre sí, comparten una misma condición de posibilidad: <strong>la ausencia de límite externo. La ausencia de oposición</strong>. Después de todo, un ejercicio presuntamente desmesurado del poder sólo puede ser posible si no hay tercero que imponga un límite. Asimismo, la voluntad de autolimitarse sólo puede devenir necesaria cuando no hay otro que ejerza activamente ese papel.</p>
<p style="text-align: justify">En resumen, la prensa gráfica se distingue al punto de polarizarse sobre el modo en que el Gobierno ejerce el poder o su voluntad de poder (según el caso), pero sobre la base de un acuerdo fundamental, de fondo: <strong>el hecho que la oposición no impone límite alguno. La oposición ausente es el nudo argumental que une, bajo la forma de un presupuesto compartido, dos formulaciones dicotómicas.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Cristina oscila en la prensa gráfica entre la desmesura de un poder que se ejerce sin límites y la voluntad (personal) que lo ordena y lo condiciona por restricciones de orden ético. La oposición, en cambio, es tan sólo, el lugar  del tercero ausente. Un lugar que abre el juego de las oposiciones entre ambas formulaciones  a condición de ser construido por fuera del juego mismo.</p>
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