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	<title>#EntrePlazaYPlatea &#187; Levi-Strauss</title>
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	<description>Juan Pablo Quiroga pone especial foco en los temas de agenda y tendencias en materia de opinión pública</description>
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		<title>Los argentinos y la distancia (II): o por qué  la revolución no será twitteada</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 20:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
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		<description><![CDATA[En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el post está disponible acá). Me faltó entonces ilustrar un tema central: el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias. Tiempo atrás, la única forma que teníamos... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el <em>post</em> está disponible <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/">acá</a>). Me faltó entonces ilustrar un tema central:<strong> el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias.<span id="more-77"></span></strong></p>
<p style="text-align: justify">Tiempo atrás, la única forma que teníamos los mortales de reinventarnos a nosotros mismos era mudándonos de ciudad para empezar de nuevo o viajar. Ambos recursos nos permitían recrearnos una ficción en la que nos liberábamos de un pasado que nos definía a partir de inventarnos un relato nuevo sobre nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy por hoy, en cambio, las redes sociales suponen un nuevo capítulo en ese juego de distancias entre lo que fuimos, hicimos, hacemos y aquello que decimos de nosotros mismos. Sobran ejemplos, en este sentido, en los muros de Facebook de familiares, amigos o conocidos, de gente que no se movilizarían por causas locales, posiciones políticas o grandes temas de la agenda global, pero sí dedican gran cantidad de tiempo en escribir comentarios encendidos y arengas que<strong> nunca llegan a la acción efectiva</strong>. ¿Catarsis? Quizás… pero lo cierto es que este uso de las redes sociales nos ponen frente a una segunda vida del pueblo (por lo menos de aquella parte de aquél con acceso a la red) donde no sólo no se cumple, sino que se invierte la máxima de Woody Allen que reza que:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">&#8230;todo lo contrario al mundo 2.0 donde lo que no se dice, no existe y el silencio es solo otro de los nombre de la muerte.</p>
<p style="text-align: justify">Las redes sociales exponen así a muchos a esta ilusión de que con sólo decir las cosas, las mismas ocurren. Una suerte de <strong>pensamiento mágico</strong>, de fantasía, donde todos se recrean por fuerza de la distancia que separa lo virtual de lo real, un alter ego que “hace” por el hecho de decir que hace: un click adhiriendo a una causa basta como acción solidaria, la militancia puede bien resolverse hablando de un tema o re-publicando algún comentario de un tercero y el compromiso social puede ser resuelto en 140 caracteres con fuerte tono de indignación. Ya no hace falta entrar en contacto con nadie, hablar con nadie, caminar los barrios o compartir sueños de esos que iluminan las expresiones de quienes lo comparten cara a cara mientras se pasan el mate de mano en mano. Por el contario, <strong>en la distancia de las redes sociales se nos da todo lo que necesitamos para reinventarnos esa personalidad comprometida que siempre quisimos y por la que nunca hicimos nada</strong>. Todo un juego de distancia y fascinación que <strong>abre el camino de la vía de las máscaras</strong>: un rito que toda sociedad humana sobre la tierra conoció, pero que tenía lugar en el marco de celebraciones excepcionales. El Carnaval, ejemplo clásico del uso de máscaras en la cultura occidental, sólo ocurría en el marco de la cuaresma. Las clases populares asistían a esa segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa, como alguna vez la denominó Bajtín, sólo en ese marco de excepción. El “hacer” de la vida cotidiana se suspendía por un determinado tiempo y con él las distinciones jerárquicas, las cuales incluso se invertían por ese lapso, terminado el cual la cotidianidad renacía con el entierro del Carnaval.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy, por el contrario, la vía de las máscaras es no ya un camino de excepción sino el diario discurrir de muchos por la vida, en donde el “hacer” se subsume al “decir”.</p>
<p style="text-align: justify">Levi-Strauss, al analizar el arte de las máscaras advertía que</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“una máscara no es ante todo lo que representa sino lo que transforma, es decir, lo que ha elegido no representar. Igual que un rito, una máscara niega tanto como afirma; no está hecha solamente de lo que dice, sino de lo que excluye (&#8230;) se explica más bien por un deseo consciente o inconsciente de afirmarse diferente”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">Si está nuevas máscaras que parecen ser las redes sociales en nuestro tiempo vienen a afirmar el “decir” por sobre el “hacer” que niegan, aun cuando lo declaren, <strong>sólo puede esperarse la renuncia a la transformación de la realidad por el placer y la comodidad de la distancia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">La ansiedad por decir, por contar, nos empuja de a poco a la inmovilidad. Algo que ya adelantaba, en cierta forma, Evgeny Morozov en su libro “The Net Delusion”, cuando alertaba que tras que la ilusión de “libertad” y “liberación” que ofrece Internet, se esconden los gérmenes mismos de la anti-política y la erosión de la democracia por la distorsión que genera la idea de equiparar la movilización y participación política con el acto de “twittear” a favor o en contra de un gobierno o una política cualquiera.</p>
<p style="text-align: justify">Es verdad, por otra parte, que cierto modo de hacer política contribuye y mucho a este cuadro de situación y no queda exenta de este juego de ilusiones y distancias, pero se le suma un tensión propia que pocos políticos sortean con cintura. El uso político de las redes sociales supone un movimiento pendular entre (a) la necesidad de distanciarse para recrear una imagen idealizada del político en cuestión (más o menos alejada de la realidad) y (b) la búsqueda obsesiva por reconstruir cierta cercanía con la gente. Dos polos siempre en tensión y de los que el tristemente célebre <em>tweet</em> del Intendente de La Plata es un claro ejemplo… algo sobre lo que volveremos en el próximo post.</p>
<p style="text-align: center"> # # #</p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="text-decoration: underline">Ex-post</span>:</strong> Justo al momento de terminar este post, el Jefe de Gobierno de la Ciudad daba explicaciones vía Twitter sobre la represión en el Borda. Un ejemplo, casi en vivo, de la distorción que el uso de la redes sociales puede producir, cuando explicaciones que deberían darse en persona son sustituidas por la cómoda distancia que brindan 140 caracteres.</p>
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		<title>La esperanza: un producto escaso</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Mar 2013 19:25:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Afiche]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación Política]]></category>
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		<category><![CDATA[Regimen del producto escaso]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de este análisis, muchos me preguntaron –casi a título de desafío- cuándo sería el momento en que haría lo mismo con el partido de gobierno. Bueno, ese día llegó en este post. En mi opinión, la calidad y creatividad de muchas de las propagandas del gobierno nacional o de agencias para-oficiales, afines al gobierno,... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/03/23/la-esperanza-un-producto-escaso/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Después de <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/02/24/la-gramatica-publicitaria-de-la-nueva-politica/">este análisis</a>, muchos me preguntaron –casi a título de desafío- cuándo sería el momento en que haría lo mismo con el partido de gobierno. Bueno, ese día llegó en este post.</p>
<p style="text-align: justify">En mi opinión, la calidad y creatividad de muchas de las propagandas del gobierno nacional o de agencias para-oficiales, afines al gobierno, es un hecho que no admite (casi) excepciones.</p>
<p style="text-align: justify">No obstante, la última pieza de vía pública firmada por “equipos de difusión” me parece que puede calificar como una de esas raras excepciones. En mi opinión hay una tensión muy grande en la imagen entre su prolijidad y riqueza estética y algunas significaciones derivadas.<span id="more-66"></span></p>
<p> <img class="aligncenter  wp-image-68" src="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/03/PRE-gobierno-papa.jpg_2033098437.jpg" alt="" width="432" height="364" /></p>
<p style="text-align: justify">En primer lugar, la imagen es realmente buena y tiene lo que algunos llaman “economía de discurso”: presenta con muy pocos recursos una gran riqueza de símbolos y significaciones. De hecho, no hace falta mostrar ni a la Presidenta ni al Papa para saber quienes son ellos. Sólo se privilegian las manos y algunos accesorios. El foco de atención no está ya en los personajes, los cuales han sido eliminados de la foto. El centro de atención está en otro lado.</p>
<p style="text-align: justify">Es este descentramiento de las figuras principales, aun cuando todos podemos identificar de quienes se trata, lo que posibilita que el centro de gravitación pase a otro lado. El gran protagonista no es ni la presidenta argentina, ni el Papa argentino, sino todos los argentinos, la argentinidad, condensada en el mate como símbolo.</p>
<p style="text-align: justify">Incluso, dada la espontaneidad y rapidez del momento, el balance que tiene la foto no puede dejar de sorprender: una mano por arriba, la otra por abajo, lo blanco primando por sobre los colores oscuros en el encuadre, etc.</p>
<p style="text-align: justify">Ahora bien, sostengo que el problema de esta argumentación visual es que para poder ilustrar la <strong>idea de compartir</strong>, que el mate condensa, primero tiene que marcar las divisiones, las tensiones u oposiciones entre ambas posiciones que comparten. La idea de compartir reconoce de manera implícita que las dos partes son, cuando menos, diferentes. De hecho, en los comentarios de la gente la nota sobre el tema que publicó en InfoBAE <a href="http://www.infobae.com/notas/701844-El-kirchnerismo-ahora-hace-afiches-papales.html">acá</a>, puede verse como muchos reconocen, implícita o hasta explícitamente esas oposiciones (sobre todo entre el negro/blanco y el conjunto de asociaciones -malo/bueno, etc.- que le son subsidiarias).</p>
<p style="text-align: justify">Estamos ante un afiche que en su esfuerzo por evidenciar el acto de compartir, pone en escena el germen mismo de una lectura destructiva de sí. Toda una serie de tensiones y juego de oposiciones: el blanco y el negro, un varón y una mujer, lo Sagrado y lo profano. Todo una serie de tensiones alrededor de la figura del mate.</p>
<p style="text-align: justify">Incluso, existe una oposición más: entre la simpleza y el exceso. Las manos desnudas del Papa contrastan con el anillo de Cristina. Sobre todo, cuando la expectativa de estos días era el proceso mismo de investidura papal, en donde éste es “coronado” con el anillo del pescador en su nueva versión “jesuítica”.</p>
<p style="text-align: justify">¿Qué razones de peso hay detrás de una estrategia centrada en el compartir que nos obliga a reconocer la brecha que hay entre “nosotros” y “él”? En mi opinión, el afiche es un síntoma de un juego más profundo entre seguridad, temor, posesión y poder. Algo que el antropólogo francés, Levi-Strauss, denominó el <strong>régimen del producto escaso</strong> y que ejemplificó con una serie de casos que había tomado de la psicología infantil.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando los chicos son muy chicos tienen el deseo de posesión exclusiva de las cosas. Los chicos no tienen una lección más difícil que el hecho de aprender a compartir y a esperar su turno de jugar con ese objeto que desean. Sólo saben que otros chicos tienen ese juguete y ellos no. No obstante, existe un punto en el desarrollo de la psicología infantil en que los chicos entienden que si su placer va a estar limitado por el otro, que no pueden tener posesión exclusiva de las cosas todo el tiempo, por lo menos es necesario que ese otro posea lo mismo. Después de todo, si se le admite ese derecho a tener lo mismo, no querrá más. En palabras del autor: “<strong>la igualdad es el menor común denominador de todos esos deseos y de todos esos temores contradictorios</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify">Compartir la esperanza, reconocerle al otro parte en la generación de esperanzas, es la búsqueda por ganar la seguridad de no perderlo todo. Sobre todo, cuando, según una encuesta de IPSOS-Mora y Araujo, el 48% considera que en algo Francisco representa la oposición al gobierno nacional.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/03/Presentación21.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-69" src="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/03/Presentación21.jpg" alt="" width="399" height="360" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Este reconocimiento del lugar del otro como otro, la pelea por la apropiación de la figura del Papa, no es sólo un tema latente al interior del peronismo, cuyo origen se encuentra en la Doctrina social de la Iglesia. Es además –y por sobre todo- un nuevo capítulo, en una serie de larga data, en la <strong>pelea por la administración de los bienes simbólicos</strong> entre el Estado y Iglesia. Entre el peronismo y catolicismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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