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	<title>#EntrePlazaYPlatea &#187; Política</title>
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	<description>Juan Pablo Quiroga pone especial foco en los temas de agenda y tendencias en materia de opinión pública</description>
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		<title>¿Cuánto vale (políticamente) un artista?</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2013 19:27:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[En las últimas semanas, una serie de eventos y situaciones llevaron a la comunidad artística y su relación con la política, a primera escena. En realidad, todo comenzó a principios de año con una entrevista a Ricardo Darín por parte de una revista del Grupo La Nación, en donde el actor manifestaba sus dudas sobre... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/08/09/cuanto-vale-politicamente-un-artista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En las últimas semanas, una serie de eventos y situaciones llevaron a la comunidad artística y su relación con la política, a primera escena.<span id="more-126"></span></p>
<p style="text-align: justify">En realidad, todo comenzó a principios de año con una entrevista a Ricardo Darín por parte de una revista del Grupo La Nación, en donde el actor manifestaba sus dudas sobre el patrimonio de la Presidenta de la República. Opinión que le valió no sólo duras réplicas de muchos de sus colegas, como Federico Luppi, sino también de la misma Primera Mandataria.</p>
<p style="text-align: justify">La saga continuó (no necesariamente en secuencia, pero sí en intensidad de debate) con un informe realizado por Jorge Lanata en su programa, algunas emisiones atrás, en relación a los subsidios del Gobierno Nacional a la industria audiovisual. Denuncia a la que le siguió una contundente respuesta de gran parte de la comunidad artística.</p>
<p style="text-align: justify">Por último, la secuencia terminó esta semana con dos hechos que cobraron una especial importancia al calor del cierre de las campañas de cara a las elecciones primarias. Se trató, en primer lugar, de los cruces entre actores y periodistas en y post la fiesta de los <em>Martín Fierro</em>; y, en segundo término, la presentación por parte de Massa de una serie de artistas que apoyarían su candidatura.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/08/Sergio-Massa-SHA-apoyanEMANUEL-FERNANDEZ_CLAIMA20130807_0036_14.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-127" alt="Sergio-Massa-SHA-apoyanEMANUEL-FERNANDEZ_CLAIMA20130807_0036_14" src="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/08/Sergio-Massa-SHA-apoyanEMANUEL-FERNANDEZ_CLAIMA20130807_0036_14.jpg" width="600" height="358" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Ahora bien, de todo esto, y del debate subsidiario, pueden extraerse cuatro primeras conclusiones.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>#1 Un vinculo…</strong> En primer lugar, se hace evidente la existencia de un vínculo (en lo absoluto nuevo) entre la comunidad artística y la política en todas sus manifestaciones, tanto oficialista como opositora.</li>
<li><strong>#2 Un vinculo de sospecha…</strong> En segundo término, lo interesante de esta relación es la <em>sospecha </em>que existe sobre el vínculo mismo. Hay algo malo, a los ojos de la opinión pública, en la relación entre ambos “mundos” aun cuando no se sepa bien por qué o qué es lo que habría de poco &#8220;natural&#8221; en ella.</li>
<li><strong>#3 Un vínculo de sospecha selectiva…</strong> Asimismo, lo interesante de esta sospecha es –justamente- su carácter <em>selectivo</em>: se desconfía del vínculo entre políticos y actores sólo cuando implican al oficialismo. Después de todo, no se ve con malos ojos que la oposición presente candidatos de la farándula como Gianola o Del sel, entre otros).</li>
<li><strong>#4 Una red de intereses…</strong> Por último, se asiste a una relación que se sustenta en una red de intereses mutuos. Desde el punto de vista de los artistas, los intereses son más o menos claros y van desde la militancia manifiesta hasta las necesidades de financiamiento y trabajo, pasando por la convicción real y comulgación efectiva de ideas.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify"> Ahora bien,<strong> lo que nunca parece quedar en claro es cuál es la ganancia (¿<em>plusvalor</em>?) que la política saca del trabajo de los artistas</strong>. En otras palabras: ¿Cuál es el valor de esa relación para la política? ¿En qué radica su importancia?</p>
<p style="text-align: justify">La respuesta parece asomar cuando se presta atención a uno de los actores (opacos pero) claves de nuestras democracias: los indecisos. Un segmento social cada vez más decisivo en las elecciones (algo mencionábamos en este <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/08/02/los-datos-y-la-campana/">post</a> en relación al <em>proceso de despartidización</em>). En una palabra,<strong> la importancia del artista está en los límites mismos de la política</strong>. En el lugar donde ella fracasa: en el acto de convencer a los indecisos. A un segmento poblacional que constituye una suerte de <strong>núcleo duro que se resiste a la política y sus argumentos</strong>. Es indiferente por completo a sus formas y sus relatos. De hecho, el esfuerzo creativo (o no tanto) de los equipos de campaña se ve obligado a apelar a formas externas a la política para poder llegar a él. Sin duda un ejemplo ilustrativo, en este sentido, lo dieron en esta elección <a href="http://www.infobae.com/notas/723384-Gil-Lavedra-y-Donda-fanaticos-del-Candy-Crush.html">Gil Lavedra y Victoria Donda jugando a Candy Crush</a> como mecanismo tendiente a explicar (!?) su posicionamiento en relación a los presuntos hechos de corrupción de público conocimiento.</p>
<p style="text-align: justify">Los artistas son otra de estas formas derivadas, indirectas, de llegar a los indecisos. En pocas palabras,<strong> allí donde la política falla por fuerza de su descrédito, los artistas le sirven de prótesis</strong>: ofrecen a los indecisos una serie de referencias de segundo orden sobre la política, su &#8220;mundo&#8221; y sus referentes. Después de todo, si bien los indecisos se resisten a la política, permanecen indiferentes a ella, no quedan ajenos al mercado y consumo de bienes de culturas. Leen libros, ven películas y series de televisión, escuchan música y –lo más importante- se interesan por la vida de sus artistas y se dejan llevar por ella.</p>
<p style="text-align: justify">En este orden de ideas, la respuesta –calificada por muchos de desmedida- de Cristina Fernández a Darín a principios de año, debe entenderse en este mismo sentido: una señal a la comunidad artística en general de <strong>cuál es el costo por expresiones públicas que tiendan a desarticular lo que intenta presentarse como una relación natural entre ciertos exponentes de la comunidad artística y el Gobierno Nacional</strong>. Articulación que Lanata -por cierto- lejos de poner en duda, ayudó a realinear: su crítica a la financiación de la producción audiovisual, al cuestionar la base misma de funcionamiento de gran parte de la industria, realineó las posiciones entre los artistas y sus referentes, por un lado, y la política por otro.</p>
<p style="text-align: justify">Si hay algo que la entrega de los premios <em>Martín Fierro</em> ha dejado en evidencia es que o los artistas y los periodistas no son “hermanos” o bien la Ley Primera que debería unirlos no aplica a ellos&#8230; La entrega fue la puesta en acto de una división, entre artistas y periodistas, que –aunque difusa- parece corresponderse bastante con el péndulo que oscila entre el apoyo y la crítica al relato.</p>
<p style="text-align: justify">Pero, entonces, volviendo sobre el interrogante con el que abrimos este post, <strong>¿cuánto vale políticamente un artista?</strong> Tanto como la suma de su influencia sobre los indecisos.</p>
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		<title>Los argentinos y la distancia (II): o por qué  la revolución no será twitteada</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 20:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
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		<description><![CDATA[En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el post está disponible acá). Me faltó entonces ilustrar un tema central: el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias. Tiempo atrás, la única forma que teníamos... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el <em>post</em> está disponible <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/">acá</a>). Me faltó entonces ilustrar un tema central:<strong> el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias.<span id="more-77"></span></strong></p>
<p style="text-align: justify">Tiempo atrás, la única forma que teníamos los mortales de reinventarnos a nosotros mismos era mudándonos de ciudad para empezar de nuevo o viajar. Ambos recursos nos permitían recrearnos una ficción en la que nos liberábamos de un pasado que nos definía a partir de inventarnos un relato nuevo sobre nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy por hoy, en cambio, las redes sociales suponen un nuevo capítulo en ese juego de distancias entre lo que fuimos, hicimos, hacemos y aquello que decimos de nosotros mismos. Sobran ejemplos, en este sentido, en los muros de Facebook de familiares, amigos o conocidos, de gente que no se movilizarían por causas locales, posiciones políticas o grandes temas de la agenda global, pero sí dedican gran cantidad de tiempo en escribir comentarios encendidos y arengas que<strong> nunca llegan a la acción efectiva</strong>. ¿Catarsis? Quizás… pero lo cierto es que este uso de las redes sociales nos ponen frente a una segunda vida del pueblo (por lo menos de aquella parte de aquél con acceso a la red) donde no sólo no se cumple, sino que se invierte la máxima de Woody Allen que reza que:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">&#8230;todo lo contrario al mundo 2.0 donde lo que no se dice, no existe y el silencio es solo otro de los nombre de la muerte.</p>
<p style="text-align: justify">Las redes sociales exponen así a muchos a esta ilusión de que con sólo decir las cosas, las mismas ocurren. Una suerte de <strong>pensamiento mágico</strong>, de fantasía, donde todos se recrean por fuerza de la distancia que separa lo virtual de lo real, un alter ego que “hace” por el hecho de decir que hace: un click adhiriendo a una causa basta como acción solidaria, la militancia puede bien resolverse hablando de un tema o re-publicando algún comentario de un tercero y el compromiso social puede ser resuelto en 140 caracteres con fuerte tono de indignación. Ya no hace falta entrar en contacto con nadie, hablar con nadie, caminar los barrios o compartir sueños de esos que iluminan las expresiones de quienes lo comparten cara a cara mientras se pasan el mate de mano en mano. Por el contario, <strong>en la distancia de las redes sociales se nos da todo lo que necesitamos para reinventarnos esa personalidad comprometida que siempre quisimos y por la que nunca hicimos nada</strong>. Todo un juego de distancia y fascinación que <strong>abre el camino de la vía de las máscaras</strong>: un rito que toda sociedad humana sobre la tierra conoció, pero que tenía lugar en el marco de celebraciones excepcionales. El Carnaval, ejemplo clásico del uso de máscaras en la cultura occidental, sólo ocurría en el marco de la cuaresma. Las clases populares asistían a esa segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa, como alguna vez la denominó Bajtín, sólo en ese marco de excepción. El “hacer” de la vida cotidiana se suspendía por un determinado tiempo y con él las distinciones jerárquicas, las cuales incluso se invertían por ese lapso, terminado el cual la cotidianidad renacía con el entierro del Carnaval.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy, por el contrario, la vía de las máscaras es no ya un camino de excepción sino el diario discurrir de muchos por la vida, en donde el “hacer” se subsume al “decir”.</p>
<p style="text-align: justify">Levi-Strauss, al analizar el arte de las máscaras advertía que</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“una máscara no es ante todo lo que representa sino lo que transforma, es decir, lo que ha elegido no representar. Igual que un rito, una máscara niega tanto como afirma; no está hecha solamente de lo que dice, sino de lo que excluye (&#8230;) se explica más bien por un deseo consciente o inconsciente de afirmarse diferente”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">Si está nuevas máscaras que parecen ser las redes sociales en nuestro tiempo vienen a afirmar el “decir” por sobre el “hacer” que niegan, aun cuando lo declaren, <strong>sólo puede esperarse la renuncia a la transformación de la realidad por el placer y la comodidad de la distancia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">La ansiedad por decir, por contar, nos empuja de a poco a la inmovilidad. Algo que ya adelantaba, en cierta forma, Evgeny Morozov en su libro “The Net Delusion”, cuando alertaba que tras que la ilusión de “libertad” y “liberación” que ofrece Internet, se esconden los gérmenes mismos de la anti-política y la erosión de la democracia por la distorsión que genera la idea de equiparar la movilización y participación política con el acto de “twittear” a favor o en contra de un gobierno o una política cualquiera.</p>
<p style="text-align: justify">Es verdad, por otra parte, que cierto modo de hacer política contribuye y mucho a este cuadro de situación y no queda exenta de este juego de ilusiones y distancias, pero se le suma un tensión propia que pocos políticos sortean con cintura. El uso político de las redes sociales supone un movimiento pendular entre (a) la necesidad de distanciarse para recrear una imagen idealizada del político en cuestión (más o menos alejada de la realidad) y (b) la búsqueda obsesiva por reconstruir cierta cercanía con la gente. Dos polos siempre en tensión y de los que el tristemente célebre <em>tweet</em> del Intendente de La Plata es un claro ejemplo… algo sobre lo que volveremos en el próximo post.</p>
<p style="text-align: center"> # # #</p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="text-decoration: underline">Ex-post</span>:</strong> Justo al momento de terminar este post, el Jefe de Gobierno de la Ciudad daba explicaciones vía Twitter sobre la represión en el Borda. Un ejemplo, casi en vivo, de la distorción que el uso de la redes sociales puede producir, cuando explicaciones que deberían darse en persona son sustituidas por la cómoda distancia que brindan 140 caracteres.</p>
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