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	<title>#EntrePlazaYPlatea &#187; Redes Sociales</title>
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	<description>Juan Pablo Quiroga pone especial foco en los temas de agenda y tendencias en materia de opinión pública</description>
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		<title>El lugar del medio (I/II)</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/05/20/el-lugar-del-medio-iii/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 May 2013 21:09:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Causas]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[IPSOS-Mora y Araujo]]></category>
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		<description><![CDATA[En el último post argumentaba que la revolución no sería twitteada porque las redes sociales nos ofrecen a diario una plataforma a partir de las cual se puede adherir a causas, declarar buenas intenciones, sin realmente hacer nada sustantivo por ellas. Un juego de distancias entre el decir y el hacer a partir del cual... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/05/20/el-lugar-del-medio-iii/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En el último <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/"><em>post</em> </a>argumentaba que la revolución no sería <em>twitteada</em> porque las redes sociales nos ofrecen a diario una plataforma a partir de las cual se puede adherir a causas, declarar buenas intenciones, sin realmente hacer nada sustantivo por ellas. Un juego de distancias entre el decir y el hacer a partir del cual muchos pueden sentirse comprometidos con causas u opciones políticas por las que no estarían dispuestos a hacer algo en la “vida real”.</p>
<p style="text-align: justify">De hecho, encontré, casi por casualidad, una publicidad de UNICEF que condensa de forma extraordinaria este tema.<span id="more-89"></span></p>
<p style="text-align: center"><img class="aligncenter  wp-image-90" src="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/05/UNICEF-FB-Likes.jpg" alt="" width="560" height="792" /></p>
<p style="text-align: justify">En el anuncio puede leerse en inglés: “<em>Síguenos en Facebook y vacunaremos a cero niños contra la polio&#8230; No tenemos nada en contra de los ‘Me gusta’ pero las vacunas cuestan dinero. Por favor, compra una vacuna en unicef.se. Solo te costará 4 euros pero salvará la vida de 12 niños</em>”. Un mensaje que el capítulo local de UNICEF podría difundir con sun simple: “<em>Con los “Me gusta” no se come, no se educa, ni se cura</em>”.</p>
<p style="text-align: justify">Sea como fuere, se trata de una imagen que condensa gran parte del drama de muchas organizaciones de la sociedad civil en busca de voluntarios y donación y –por qué no- de la oposición al Gobierno nacional de cara a las próximas elecciones. Sobre todo si consideramos que se trata en su mayoría de segmentos medios y altos frecuentemente proclives a manifestar de forma online (en comentarios, re-envíos o adhiriendo a causas) su disconformidad con la gestión kirchnerista.</p>
<p style="text-align: justify">Todo un desafío que puede resumirse en la siguiente serie de preguntas: ¿Cómo llevar a la acción a un segmento de la población que cómodamente “milita” en contra de la política en la comodidad de su living? ¿Cómo hacer que voten por ellos?</p>
<p style="text-align: justify">La primera parte de la pregunta es fácil. Después de todo, nuestro derecho al voto se basa en la paradoja por la cual la Ley nos obliga a votar. En este sentido, el voto obligatorio resuelve por la fuerza de la Ley el hecho de que los ciudadanos renuncien por unos minutos a la comodidad de su hogar y voten, con la excepción –claro- de los jóvenes entre 16 y 18 años que pueden optar si desean o no hacerlo.</p>
<p style="text-align: justify">La segunda parte de la pregunta, en cambio, sí genera dos problemas que la oposición se resiste a plantear de manera directa: (a) en primer lugar, el papel clave que los medios de comunicación juegan en la definición de sus candidatos, de sus temas y del territorio mismo en donde despliegan su estrategia (sobre todo cuando se han resignado ideologías, símbolos, agendas propias y la calle misma); y (b) la dificultad de todo el arco opositor de diferenciarse entre sí. De hecho, en su búsqueda por capitalizar el voto no-k (un 45% del caudal de votos según la última encuesta de IPSOS-Mora y Araujo que puede verse abajo) la oposición se repitió así misma, en sus temas y en sus formas al borde de la indistinción total. Renunció al poder de todo partido de producir diferencias no sólo con el partido de gobierno sino con todo el universo político. Toda la oposición nos parece los mismo.</p>
<p style="text-align: center"><img class="aligncenter  wp-image-91" src="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/files/2013/05/IPSOS.jpg" alt="" width="672" height="504" /></p>
<p style="text-align: justify">El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) firmado por Macri, y discutido hoy por la Legislatura, debe leerse como síntoma del primer problema: de la <strong>necesidad de proteger el único lugar que la Oposición ha sabido como propio mientras el oficialismo ganaba la calle: &#8220;el lugar del medio&#8221;</strong>. <strong>Después de todo,</strong> <strong>se trata menos de una medida que busque la protección de un grupo mediático que la necesidad de salvar todo un sistema que en la actualidad funciona como la única fuente de legitimidad del arco opositor, </strong>en el marco de una crisis que arrastra a ambos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify"> </p>
<p style="text-align: right">(Continuará&#8230;)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los argentinos y la distancia (II): o por qué  la revolución no será twitteada</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 20:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Quiroga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Argentinidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Distancia]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<category><![CDATA[Twitter]]></category>
		<category><![CDATA[Woody Allen]]></category>

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		<description><![CDATA[En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el post está disponible acá). Me faltó entonces ilustrar un tema central: el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias. Tiempo atrás, la única forma que teníamos... <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/26/los-argentinos-y-la-distancia-ii-o-por-que-la-revolucion-no-sera-twitteada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En un post pasado hacía mención a esa relación de comodidad y fascinación que los argentinos -no todos, es cierto- tenemos con la distancia (el <em>post</em> está disponible <a href="http://blogs.infobae.com/opinion-publica/2013/04/10/los-argentinos-y-la-comodidad-de-la-distancia/">acá</a>). Me faltó entonces ilustrar un tema central:<strong> el papel que las redes sociales desempeñan en ese juego de distancias.<span id="more-77"></span></strong></p>
<p style="text-align: justify">Tiempo atrás, la única forma que teníamos los mortales de reinventarnos a nosotros mismos era mudándonos de ciudad para empezar de nuevo o viajar. Ambos recursos nos permitían recrearnos una ficción en la que nos liberábamos de un pasado que nos definía a partir de inventarnos un relato nuevo sobre nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy por hoy, en cambio, las redes sociales suponen un nuevo capítulo en ese juego de distancias entre lo que fuimos, hicimos, hacemos y aquello que decimos de nosotros mismos. Sobran ejemplos, en este sentido, en los muros de Facebook de familiares, amigos o conocidos, de gente que no se movilizarían por causas locales, posiciones políticas o grandes temas de la agenda global, pero sí dedican gran cantidad de tiempo en escribir comentarios encendidos y arengas que<strong> nunca llegan a la acción efectiva</strong>. ¿Catarsis? Quizás… pero lo cierto es que este uso de las redes sociales nos ponen frente a una segunda vida del pueblo (por lo menos de aquella parte de aquél con acceso a la red) donde no sólo no se cumple, sino que se invierte la máxima de Woody Allen que reza que:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">&#8230;todo lo contrario al mundo 2.0 donde lo que no se dice, no existe y el silencio es solo otro de los nombre de la muerte.</p>
<p style="text-align: justify">Las redes sociales exponen así a muchos a esta ilusión de que con sólo decir las cosas, las mismas ocurren. Una suerte de <strong>pensamiento mágico</strong>, de fantasía, donde todos se recrean por fuerza de la distancia que separa lo virtual de lo real, un alter ego que “hace” por el hecho de decir que hace: un click adhiriendo a una causa basta como acción solidaria, la militancia puede bien resolverse hablando de un tema o re-publicando algún comentario de un tercero y el compromiso social puede ser resuelto en 140 caracteres con fuerte tono de indignación. Ya no hace falta entrar en contacto con nadie, hablar con nadie, caminar los barrios o compartir sueños de esos que iluminan las expresiones de quienes lo comparten cara a cara mientras se pasan el mate de mano en mano. Por el contario, <strong>en la distancia de las redes sociales se nos da todo lo que necesitamos para reinventarnos esa personalidad comprometida que siempre quisimos y por la que nunca hicimos nada</strong>. Todo un juego de distancia y fascinación que <strong>abre el camino de la vía de las máscaras</strong>: un rito que toda sociedad humana sobre la tierra conoció, pero que tenía lugar en el marco de celebraciones excepcionales. El Carnaval, ejemplo clásico del uso de máscaras en la cultura occidental, sólo ocurría en el marco de la cuaresma. Las clases populares asistían a esa segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa, como alguna vez la denominó Bajtín, sólo en ese marco de excepción. El “hacer” de la vida cotidiana se suspendía por un determinado tiempo y con él las distinciones jerárquicas, las cuales incluso se invertían por ese lapso, terminado el cual la cotidianidad renacía con el entierro del Carnaval.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy, por el contrario, la vía de las máscaras es no ya un camino de excepción sino el diario discurrir de muchos por la vida, en donde el “hacer” se subsume al “decir”.</p>
<p style="text-align: justify">Levi-Strauss, al analizar el arte de las máscaras advertía que</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify">“una máscara no es ante todo lo que representa sino lo que transforma, es decir, lo que ha elegido no representar. Igual que un rito, una máscara niega tanto como afirma; no está hecha solamente de lo que dice, sino de lo que excluye (&#8230;) se explica más bien por un deseo consciente o inconsciente de afirmarse diferente”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">Si está nuevas máscaras que parecen ser las redes sociales en nuestro tiempo vienen a afirmar el “decir” por sobre el “hacer” que niegan, aun cuando lo declaren, <strong>sólo puede esperarse la renuncia a la transformación de la realidad por el placer y la comodidad de la distancia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">La ansiedad por decir, por contar, nos empuja de a poco a la inmovilidad. Algo que ya adelantaba, en cierta forma, Evgeny Morozov en su libro “The Net Delusion”, cuando alertaba que tras que la ilusión de “libertad” y “liberación” que ofrece Internet, se esconden los gérmenes mismos de la anti-política y la erosión de la democracia por la distorsión que genera la idea de equiparar la movilización y participación política con el acto de “twittear” a favor o en contra de un gobierno o una política cualquiera.</p>
<p style="text-align: justify">Es verdad, por otra parte, que cierto modo de hacer política contribuye y mucho a este cuadro de situación y no queda exenta de este juego de ilusiones y distancias, pero se le suma un tensión propia que pocos políticos sortean con cintura. El uso político de las redes sociales supone un movimiento pendular entre (a) la necesidad de distanciarse para recrear una imagen idealizada del político en cuestión (más o menos alejada de la realidad) y (b) la búsqueda obsesiva por reconstruir cierta cercanía con la gente. Dos polos siempre en tensión y de los que el tristemente célebre <em>tweet</em> del Intendente de La Plata es un claro ejemplo… algo sobre lo que volveremos en el próximo post.</p>
<p style="text-align: center"> # # #</p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="text-decoration: underline">Ex-post</span>:</strong> Justo al momento de terminar este post, el Jefe de Gobierno de la Ciudad daba explicaciones vía Twitter sobre la represión en el Borda. Un ejemplo, casi en vivo, de la distorción que el uso de la redes sociales puede producir, cuando explicaciones que deberían darse en persona son sustituidas por la cómoda distancia que brindan 140 caracteres.</p>
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