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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; adicción</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>El nombre del ciruja</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 17:41:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 50. El nombre del ciruja &#160; Dicen que en el instante previo a la muerte, las personas tenemos que ver nuestra vida entera desfilar ante nuestros ojos. A mí me pasa eso en este momento. Soy un niño pequeño, de pie ante las vías de... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/24/el-nombre-del-ciruja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: center">50. El nombre del ciruja</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que en el instante previo a la muerte, las personas tenemos que ver nuestra vida entera desfilar ante nuestros ojos. A mí me pasa eso en este momento.</p>
<p>Soy un niño pequeño, de pie ante las vías de la estación de Liniers. La marea de gente me atraviesa: van y vienen caras enojadas o preocupadas, hay ruido de pies, voces, bocinas, silbatos. Nadie me ve, porque no soy nadie. Mi pelo es lo único que se mueve en mi cuerpo; mis ojos están clavados en la nuca de ese hombre animalizado que también soy yo y que deambula vacilante en torno a las barreras, que están bajas. A él tampoco lo ve nadie: dejó de ser alguien hace mucho tiempo y las caras, brazos, pies, piernas de la marea de gente se escurren entre sus hendiduras acostumbradas a su no-presencia de ciruja mugriento y bestial, inofensivo y cubierto de silencio.</p>
<div id="attachment_609" class="wp-caption alignnone" style="width: 218px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/04/dibujito.jpg"><img class="size-full wp-image-609" alt="El nombre del ciruja" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/04/dibujito.jpg" width="208" height="320" /></a><p class="wp-caption-text">El nombre del ciruja</p></div>
<p>Sigo ahí: me veo hacia atrás. Estoy más joven, pero sucio y desnudo como antes, envuelto en una bolsa de consorcio negra que tiene agujeros por donde salen mis brazos (no sé quién hizo los agujeros, pero allí están). Mis pies sangran entre las costras de coágulos viejos, mi andar se detiene e impulsado por el hambre meto las manos en los contenedores de basura de la General Paz y me unto la boca con una pasta repugnante, fría y amarilla que quizás fue comida alguna vez. Hace frío.</p>
<p>Mis ojos están minados por la desesperación.</p>
<p>Yo, niño, doy gracias al Universo por tener que verme sin experimentar lo que sentía el hombre-bestia y tan exactamente recuerdo ahora que soy ése y estoy escuchando la campana que repica deambulando ante la barrera.</p>
<p>Me veo en la carnicería, metiendo carne cruda en el pozo que es mi boca; escucho las risotadas de los carniceros. No puedo pensar nada porque soy sólo sentir sin pensamiento, pero ahora que soy niño veo una chica que vomita en la vereda completando la escena. En la esquina, una mujer  disimula dudosas lágrimas y se oprime levemente el pecho.</p>
<p>Lástima que no puedo cerrar los ojos. Suerte que no tengo que sentirlo de nuevo.</p>
<p>Tan breve. Y a mí, que me pareció una eternidad.</p>
<p>Veo la primera vez del pegamento. Si pudiera moverme sonreiría, de pura autocompasión; el relámpago del sentir me atraviesa: soy de edad indefinida, estoy peludo, sucio, mal vestido; el mareo del alcohol me arrojó sobre la vereda y estoy ahí yaciendo, escupiendo espumarajos ácidos sobre dos baldosas ennegrecidas&#8230; y sucede: me caigo. Cierro los ojos sin párpados porque sí siento en los dos lugares ahora: experimento la angustia infinita&#8230; me caigo en picada en el pozo que rebalsa miel fría, me hundo, no hay bordes ni piso, la desesperación es tanta, qué hago, qué hago, ayúdenme, acá estoy&#8230;</p>
<p>No puedo hacer nada&#8230;</p>
<p>Unas voces que se oían lejanas me acercan una bolsita y escucho que alguien dice &#8220;olé&#8221; afuera o adentro y con fruición me aferro a ese plástico y me inundo y conozco el pico de ansiedad y caigo inconsciente sobre mi propia saliva.</p>
<p>No puedo hacer nada&#8230; es tan triste. Desde acá veo el cuadro completo de nuevo: mi cabeza golpea contra el piso, las voces que se ríen ensordecedoramente y me arrancan las zapatillas, el pantalón, el cinturón, me patean, me escupen, soy un perro muerto, soy un objeto repugnante sumergido en la basura&#8230; Recuerdo mi nombre ahora: me llamo Roberto.</p>
<p>Me es tedioso de ahí en más; eso de recordar me es tedioso. Pero falta poco.</p>
<p>El niño que soy ahora me ve niño, idéntico a mí mismo. Estoy en mi cama y la huelo y la experimento, mi pijama está remendado prolijamente, mi manito oprime un payasito de plástico caliente por mi calor y espero, espero, espero, pero llega el sueño antes de que llegue quien espero y sólo puedo murmurar su nombre justo en el instante en que me duermo: veo la luz, escucho el bocinazo. Es ahora. Digo &#8220;mami&#8221; con una voz casi sin voz y salto encandilado frente al tren.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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		<title>En la puerta de la escuela, el Paco espera</title>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2014 18:19:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 9. En la puerta de la escuela, el Paco espera La primera vez que lo vio era un cachorrito; salía de una caja de cartón, debajo del banco de una plaza. Le pareció feo y defectuoso, rengo, con la... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/05/30/en-la-puerta-de-la-escuela-el-paco-espera/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #808080"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">9. En la puerta de la escuela, el Paco espera</h2>
<p style="text-align: left">La primera vez que lo vio era un cachorrito; salía de una caja de cartón, debajo del banco de una plaza. Le pareció feo y defectuoso, rengo, con la panza desmesurada por los parásitos, perfecto. Dejó de mirar hacia adentro, interrumpió el monólogo interior miserable y odioso, se detuvo para ver al perro. Bastó con un chiflido. Juan Moreira lo miró, movió la cola, caminaron y crecieron juntos a partir de ese momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_154" class="wp-caption alignnone" style="width: 473px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/05/Juan-Moreira.jpg"><img class="size-full wp-image-154" alt="Ilustración: Aylén Giraudo" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/05/Juan-Moreira.jpg" width="463" height="402" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Aylén Giraudo</p></div>
<p><span id="more-153"></span></p>
<p>De niño se aferró a la rutina y al animal, su único amigo conocido. A todos les pareció que continuaría haciendo lo mismo; quizás una manera eficaz de afrontar una vida así, de hacer orden en el desorden. A las 12:55, el preadolescente hirsuto por dentro y por fuera, continuó cruzando la reja y entrando en la escuela. No le hacía falta cerciorarse: Juan Moreira permanecería allí, sentado, firme, guarecido bajo el improvisado techito formado por la cornisa del piso de arriba. Desde aquel chiflido ya añoso, con lluvia, nieve, frío o calor (los chicos así jamás faltan a la escuela), el perro espera pacientemente junto a la reja la salida de su dueño. Recibió algunas patadas al principio, pero fueron pocas. La portera del jardín (una señora robusta y con fama de pícara), lo bautizó &#8220;Paco&#8221;, y comenzó a traerle las sobras de sus comidas. El portero de la primaria le puso un cacharro roto, con agua. Cuando el  invierno se puso fiero, la seño Soledad le llevó un pullóver viejo, de su papá. La rutina del chico se bifurcó y pautó la rutina del perro, que fue Juan Moreira durante casi todo el día excepto ante la reja, donde era el Paco, para la malicia de algunos y la indiferencia de casi todos.</p>
<p>El día que ocupa este relato, rompió para siempre la dupla cotidiana. Empieza como siempre: 17:15 suena el timbre y el perro se estira, atento, expectante. Salen todos y al final, se oye el chiflido. Aparece  el dueño, huraño, ceñudo. Caminan juntos, pero separados ( las costillas de Juan Moreira saben lo que sucederá si se acerca demasiado en público, pero ignoran que este momento siginifica el comienzo del final de la cadena). Los pasos se sincronizan, como su relación, simple y compleja. Son veintisiete cuadras, sin abrigo ni paraguas. Manos en los bolsillos, auriculares, el monólogo interior de dientes apretados, ininterrumpido. Ojos sin ojos. Cara gris. Juan Moreira presiente a las 17:43 que sus vidas cambiarán para siempre. Se niega a admitirlo, sacude la cabeza: está bien así. A Juan Moreira, las apariencias de la luz del sol bajando sobre los árboles y el viento frío no lo engañan. Presiente que, tras la reja misteriosa que le veda el paso, ese día su dueño ha cometido un error que les costará caro. Tensos, llegan a la esquina última. El chico saca las manos de sus bolsillos, convertidas en puños. El perro reconoce a dos chicos de la escuela, en actitud de espera. Abre la boca para ladrarles, pero la mano de su dueño detiene el sonido de su voz y, resignado, se sienta a unos pasos, guardando distancia. Ve que uno de los otros blande un cuchillito, que lanza un reflejo que encandila. Ve cómo su dueño mete nuevamente la mano en su bolsillo y saca algo indefinido, oloroso, en una bolsita. La bolsita cambia de manos, pero el cuchillito refulgente no desaparece en un bolsillo, sino en la espalda de su amigo, que gira convertido en niño (qué extraño, es la cara que tenía cuando soñaba pesadillas y lo abrazaba y lo besaba en las noches estrepitosas de esa infancia sobresaltada de gritos, frío, hambre y cosas rotas) y cae de rodillas ante él, como en un rezo. Juan Moreira no sabe lo que es un rezo. No entiende por qué lo patean los policías, cuando llegan, y lo arrancan de los brazos de su dueño, que se ha transformado en muñeco. No entiende por qué el chico no le hace la acostumbrada seña con la mano, cuando lo suben al estruendoso auto. No entiende por qué, para las miradas de la portera del jardín, del portero de la primaria y de la seño Soledad,  no vuelve a significar perro, sino metáfora. Ya no vuelve a su casa, se queda esperando frente a la reja.  No entiende por qué, si existen las 12:55 y las 17:15, en un continuado día que al final es todos los días, no ha vuelto aún a escuchar el esperado chiflido.</p>
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		<title>El Acontecimiento</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2014 15:38:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 3. El Acontecimiento (Nomofobia) Quién se iba a imaginar que las consecuencias de algo tan inocente, común y corriente, iban a ser catastróficas. Les cuento: El invento ya era antiguo, pero en 2026 se perfeccionó. Fue Bill Soul, un... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/04/18/el-acontecimiento/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #993366"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">3. El Acontecimiento</h2>
<h3 style="text-align: center">(Nomofobia)</h3>
<p>Quién se iba a imaginar que las consecuencias de algo tan inocente, común y corriente, iban a ser catastróficas. Les cuento:</p>
<p>El invento ya era antiguo, pero en 2026 se perfeccionó. Fue Bill Soul, un discípulo de Bill Gates, el que descubrió la forma económica de dotar a los celulares de las múltiples funciones robóticas que los completaron y los volvieron FULL.</p>
<p>Fue tan revolucionario el resultado que, vertiginosamente, en 2029, los FULL fueron integrados a los Derechos del Niño y los mandatarios del mundo tuvieron que garantizar uno disponible para cada bebé desde el minuto cero de su vida.</p>
<div id="attachment_50" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/04/ikari-shinji-neon-genesis-evangelion-2804613-480x320.png"><img class="size-medium wp-image-50 " alt="ikari-shinji-neon-genesis-evangelion-2804613-480x320" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/04/ikari-shinji-neon-genesis-evangelion-2804613-480x320-300x200.png" width="300" height="200" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen: Evangelion</p></div>
<p style="text-align: left"><span id="more-47"></span></p>
<p>La forma humana y la voz estuvieron prohibidas desde ese año para los aparatos, fueran estándar o no. La gente conocía bastantes historias de ciencia ficción como para prevenir las consecuencias, así que los aparatos se parecían a tradicionales grúas mecánicas o a cafeteras con ruedas. En 2029, cada bebé se entregaba al cuidado de su FULL apenas nacido y el aparato realizaba los controles médicos completos, lo vestía, alimentaba, controlaba su temperatura e higienizaba las veinticuatro horas del día. Las madres contaron entonces repentinamente con un pediatra formidable, niñera experta y ángel de la guarda de privilegio, todo en uno: se produjo un cambio social de inmediato, la mortalidad infantil bajó a prácticamente cero, el mercado laboral se vio desbordado de mujeres que sólo necesitaban echar un vistazo en su propia pantalla para cerciorarse de lo feliz, regordete y abrigado que estaba su bebé y el mundo debió comenzar a adaptarse a este gran cambio.</p>
<p>Lo primero que desapareció fue la inseguridad, porque pudo impedirse de ahí en adelante que sucedieran accidentes e incidentes. Los FULL educaban con valores y mensajes positivos; la nueva generación de niños jamás hubiera concebido el robar algo, patear un gato en la calle, bajar de un hondazo un pajarito. Porque si lo hubieran pensado, si se hubiese al menos esbozado mínimamente la idea en la típica frase: &#8220;¿Qué sucedería si yo&#8230;?&#8221;&#8230;  todos sabían que el FULL no lo hubiera permitido: instantáneamente sonaban centenares de alarmas y los padres, policías y otros FULL hubieran aparecido.</p>
<p>Nadie tenía hambre, ni frío, era golpeado, ni maltratado o abusado: <b>no había modo de apagar al FULL</b>; las baterías eran eternas y su inteligencia artificial, invencible. Lo único que no podía dar era amor, amistad, compasión&#8230; pero brindaba tantos otros servicios que pronto la gente comenzó a hacer de cuenta que eso también estaba incluido.</p>
<p>En 2032 desaparecieron las escuelas. El FULL era tutor: Bill Soul había perfeccionado tanto los modelos estándar que se terminaron de volver obsoletas (obviamente ya lo eran). Los edificios escolares se transformaron en gimnasios; se iba allí a hacer ejercicio dos horas por día, con el FULL como entrenador. Por ley, los estándar caducaban cuando el niño cumplía los 16 años; en ese momento podía ingresar a la universidad si estaba en condiciones de adquirir su propio personal aparato: el COOL, de venta libre. Y eso no era nada difícil: los estándar eran relativamente baratos para los gobiernos, la calidad de vida mundial había mejorado increíblemente y sí, a qué negarlo, nacía menos gente, así que los COOL eran accesibles y nadie, pero nadie, nadie, hubiera renunciado a su adorada maquinita.</p>
<p>Ya no había delincuencia (los aparatos vigilaban).</p>
<p>Ya no había accidentes (los aparatos protegían).</p>
<p>Ya no había ignorancia (los aparatos educaban).</p>
<p>Ya no había aburrimiento (los aparatos entretenían).</p>
<p>La  lista de los &#8220;ya no&#8221; se hizo larga, pero nacía menos gente. Y la que había, bueno, cómo decirlo&#8230; si un habitante del siglo XX la hubiera visto&#8230; hubiese pensado que era bastante rara.</p>
<p>Como nacía menos gente, faltaba menos la comida y abundaba la energía; el mundo se volvió próspero y positivo&#8230; y que el uso de las máquinas le pareciera malo a los viejos barbudos y llenos de canas, la verdad, pareció poco importante. La gente pasaba sus días observando y manipulando su aparato, que se usaba para hacer absolutamente todo, así que a quién iba a importarle si había menos fiestas de cumpleaños, la desaparición del fútbol y de los clubes, la increíble elevación de la producción farmacológica (las máquinas prevenían o curaban cualquier enfermedad, física o mental, y el suicidio se había extinguido por ser imposible de concretar). En 2050 hasta un FULL estándar estaba equipado para hacer cirugías a corazón abierto y se parecía mucho menos a una cafetera con ruedas que al principio.</p>
<p>La cosa es que un buen día, a un chico que estaba pronto a cumplir 16 años se le ocurrió una idea que su FULL no pudo prevenir. Preocupado por la cercanía del momento en que debería cambiar su aparato, tuvo un sueño revelador. Este muchachito no quiso exterminar nada, no pensó en liberar la humanidad de su estado de sopor e inhumanidad, no fue impulsado por los ideales de la revolución de la resistencia ni nada por el estilo, como en algunos textos de historia se nos quiere hacer creer. Sólo tuvo un ocurrente sueño, en donde él mismo se preguntaba: &#8220;¿Qué pasaría si invento una forma para que mi FULL se renueve y se vuelva COOL sin tener que desprenderme de él?&#8221;.Lo soñó tan claro que saltó de su cama, tecleó muy rápido e introdujo el nuevo código&#8230; y el FULL no tuvo tiempo de reaccionar y se infectó. Y claro, añares sin que hubiera necesidad de hackers, hasta el modelo más moderno hubiera sucumbido; por más Bill Soul y la mar en coche, nada se pudo hacer.</p>
<p>Las máquinas formaban una inmensa red: se apagaron simultáneamente.</p>
<p>El hacker que no sabía que era un hacker abrió los ojos con asombro ante lo que había hecho.</p>
<p>Habían sido demasiados años continuos: los más jóvenes no sabían vivir sin su FULL&#8230; los adultos se habían acostumbrado tanto a ellos que no pudieron superar el ACONTECIMIENTO.</p>
<p>Fue igual que en las guerras, pero con las mujeres jóvenes y adultas  incluidas, y sin guerra. Sólo quedaron los niños pequeños, los viejos y las viejas. Hubo que reconocer masivamente que los FULL y los COOL habían provocado una adicción insana, y la gente sucumbió al síndrome de abstinencia mansamente, sin patalear ni quejarse: cada habitante se acostó en algún lugar, en algún momento, con su adorada maquinita apagada sobre el pecho, y entre estertores calladitos, simplemente, dejó de respirar.</p>
<p style="text-align: center"> <span style="color: #993366"><em> Indicá &#8220;me gusta&#8221; PROYECTO PIBE LECTOR <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector?ref=bookmarks"><span style="color: #993366">haciendo click aquí </span></a>y recibí información y actualizaciones en forma personalizada</em></span></p>
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