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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; familias</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>Anhedonia</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 20:05:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 58. Anhedonia En ese estado, lo sabemos todo. El tiempo no existe y no hay apuro alguno para realizar la elección. A causa de una razón que aquí no debe ser revelada, la única restricción que existe es parental: sólo podemos experimentar la vida guarecidos... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/06/19/anhedonia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #993366"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">58. Anhedonia</h2>
<p>En ese estado, lo sabemos todo. El tiempo no existe y no hay apuro alguno para realizar la elección. A causa de una razón que aquí no debe ser revelada, la única restricción que existe es parental: sólo podemos experimentar la vida guarecidos por las ramas de nuestros árboles genealógicos. Por ejemplo: se puede elegir ser hijo, hija, madre, tío, durante una vida. Y a la siguiente, cambiar: ser madre de quien era tu madre, hija de quien eras hijo, y así. Esta regla, que escrita puede parecer limitante, no lo es: las genealogías de espíritus son inconmensurables.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/06/choque-galaxias.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-674" alt="choque-galaxias" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/06/choque-galaxias.jpg" width="596" height="498" /></a></p>
<p><span id="more-673"></span></p>
<p>En ese estado, el objetivo está a la vista. Uno tras otro, con una espontaneidad divinamente calculada, nos manifestamos ante el Portal. Reflexionamos ante la meta y elegimos orientados según cada personal y único estadío. Por ejemplo: &#8220;Esta vez deseo nacer prematuramente, ocasionar el fallecimiento de mi madre y morir joven&#8221;, o &#8220;Esta vez deseo ser estéril y adinerado&#8221;, o &#8220;Esta vez deseo una vida larga, plagada de enfermedades dolorosas&#8221;, o &#8220;Esta vez deseo vivir ante una ventana que permita ver el mar&#8221;.</p>
<p>Son pocos los que se atreven a desear la ancianidad.</p>
<p>Son muchos los que desean circunstancias vanas.</p>
<p>Hay quienes no desean nada, pero son los menos. Cuando eso sucede, apenas cruzan el Portal hacen un chasquido prácticamente imperceptible y se desintegran para siempre. (Esos son los que ocasionarán la extinción de la humanidad, pero no pueden ni siquiera desear evitarlo).</p>
<p style="text-align: center"><strong><em><span style="color: #993366">Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector"><span style="color: #993366">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </span></a>y leé en tu muro los relatos semanales.</span><br />
</em></strong></p>
<p style="text-align: center"><em>Las imágenes reproducidas en este blog pertenecen a autores diversos. Respetamos los derechos de autor de cada uno de ellos.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Preferencias</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jun 2015 17:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 56. Preferencias La puerta de su propia casa le pareció extraña. Al tocarla, recibió una pequeña descarga eléctrica. La habitación estaba en silencio. Por la persiana entraban delgados haces de sol. Pensó en Dios. Bajó la vista y ahí estaba, desarticulada como una muñeca vieja.... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/06/05/preferencias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #ff9900"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">56. Preferencias</h2>
<p>La puerta de su propia casa le pareció extraña.</p>
<p>Al tocarla, recibió una pequeña descarga eléctrica.</p>
<p>La habitación estaba en silencio. Por la persiana entraban delgados haces de sol.</p>
<p>Pensó en Dios. Bajó la vista y ahí estaba, desarticulada como una muñeca vieja.</p>
<p>Le miró las medias, el ruedo de la pollera, las várices inesperadamente opacas.</p>
<p>Pensó en esculturas.</p>
<p>Rozó con uno de sus dedos la mano de eso que había sido su abuela. Recordó un revolcón en la playa, la rodilla ensangrentada por el roce con la conchilla. &#8220;Te quedó una linda frutilla&#8221;, le había dicho ella, besando la herida.</p>
<div id="attachment_662" class="wp-caption alignnone" style="width: 251px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/06/Joaquín-Sorolla.1.jpg"><img class="size-full wp-image-662" alt="Pintura de Joaquín Sorolla" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/06/Joaquín-Sorolla.1.jpg" width="241" height="209" /></a><p class="wp-caption-text">Pintura de Joaquín Sorolla</p></div>
<p><span id="more-660"></span></p>
<p>La voz resonó claramente dentro de su cabeza y salió corriendo, sin saber hacia dónde ni para qué.</p>
<p>Pasó la tarde sentado en un banco de plaza, mirando sin ver.</p>
<p>Prefirió volver por la tarde.</p>
<p>La puerta de su casa le pareció amigable.</p>
<p>Al tocarla, recibió una pequeña descarga eléctrica.</p>
<p>En la habitación, inusualmente animada, lo esperaban sus tíos, sus primos. Gente desconocida sonreía desde la cocina. Un olor a tuco con laurel sacudía el alma. Desde el sillón, su hermanito lo llamó con la mirada.</p>
<p>_ Por fin llegaste, querido. Tu abuela se tuvo que ir de viaje. Te estuvimos buscando porque te quería saludar para despedirse&#8230;</p>
<p>Prefirió sentarse.</p>
<p>_ Tu hermanito tampoco la acompañó, porque estaba en la escuela. No importa. Manda besos y abrazos. Desde ahora los vamos a cuidar nosotros.</p>
<p>Se paró, caminó lentamente entre la gente y buscó su cuarto. Una vez allí, comenzó a llorar.</p>
<p>Pensó en confesar.</p>
<p>Prefirió no hacerlo.</p>
<p>Durante el resto de su vida, esperó junto a su hermano el retorno de su abuela viajera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><span style="color: #ff6600"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector"><span style="color: #ff6600">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </span></a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Las imágenes reproducidas en este blog pertenecen a autores diversos. Respetamos los derechos de autor de cada uno de ellos, nuestra finalidad al utilizarlas es educativa y cultural.</em></p>
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		<title>Consejos peligrosos para víctimas de bullying</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/17/consejos-peligrosos-para-victimas-de-bullying/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/17/consejos-peligrosos-para-victimas-de-bullying/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 16:44:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 49. Consejos peligrosos para víctimas de bullying &#160; El chico sale de la escuela e inmediatamente cambia su lenguaje corporal: en la calle, bañado por los rayos del sol del mediodía, ha dejado de ser alumno. Camina pensativo, tranquilo. Al llegar a su casa, golpea con... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/17/consejos-peligrosos-para-victimas-de-bullying/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: center">49. Consejos peligrosos para víctimas de bullying</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>El chico sale de la escuela e inmediatamente cambia su lenguaje corporal: en la calle, bañado por los rayos del sol del mediodía, ha dejado de ser alumno. Camina pensativo, tranquilo. Al llegar a su casa, golpea con firmeza la puerta de la habitación de su hermano mayor. </i></p>
<p>_ ¿Qué?</p>
<p>_ Soy yo. Tengo un problema.</p>
<div id="attachment_600" class="wp-caption alignnone" style="width: 530px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/04/MUNCH-El-grito.jpg"><img class="size-full wp-image-600" alt="&quot;El grito&quot; Munch" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/04/MUNCH-El-grito.jpg" width="520" height="656" /></a><p class="wp-caption-text">&#8220;El grito&#8221; Munch</p></div>
<p><i>No es habitual que el chico hable con su hermano acerca de alguna cosa. Ni siquiera es común que hable con alguien. El mayor, sorprendido, hace girar la llave en la cerradura y lo deja pasar. La música es ensordecedora, pero el anfitrión no da signos de desear bajar el volumen ni de apagarla.</i></p>
<p>_ ¿Qué pasa?</p>
<p>_ Me están molestando mucho en la escuela.</p>
<p>_ ¿Quién? ¿Qué te hace? <span style="color: #0000ff"><i>Seguro que te lo merecés, si siempre fuiste un mocoso insoportable y malcriado. Mirá la facha que tenés, la ropa que usás, mirate la cara. </i></span></p>
<p><i>_ </i>No es uno solo. Me tiran cosas, me revisan la mochila, me cargan. Me molestan. Ya no lo soporto más y no sé qué hacer.</p>
<p>_ ¿Le dijiste a mami? <span style="color: #0000ff"><i>Pedazo de maricón, nenito de mamá, claro que le dijiste, para qué me gasto. </i></span></p>
<p><i>_ </i>Sí. Dos veces. Me estuvo acompañando y yendo a buscar, pero no puede ir todos los días y ya estoy grande para andar molestándola así. Me siento cada vez peor. No sé qué hacer.</p>
<p>_ Bueno, esto es lo que tenés que hacer: los agarrás bien a trompadas. Los machos se hacen a los golpes. Y si seguís dando vueltas y acompañado por tu mamita, va a ser peor. Nadie respeta a un nenito de mamá. Dejá que se arme bien y listo, aunque te ligues algunas piñas. No pretenderás que vaya yo a pegarle a unos nenes que deben tener tu edad&#8230;</p>
<p>_ No. Gracias.</p>
<p><i>El chico sale de la casa y se dirige hacia la de su padrino, que vive a unas cuadras. Toca el timbre y le contestan por el portero eléctrico.</i></p>
<p>- ¿Quién?</p>
<p>_ Soy yo.</p>
<p>_ Estoy ocupado ahora, ¿qué querés?</p>
<p>_ Tengo un problema en la escuela.</p>
<p><i>Silencio.</i></p>
<p>_ ¿Estás ahí?</p>
<p>_ Sí, pero estoy ocupado. ¿Qué dijiste que te pasa?</p>
<p>_ Tengo un problema en la escuela. Hay unos pibes que me molestan y no aguanto más.</p>
<p>_ <i><span style="color: #800080">Siempre pensé que eras un nabo</span>. </i>Y bueno, querido, eso le pasa a todo el mundo, es más viejo que la humanidad. Cuando iba yo a la escuela, molestábamos a algunos <span style="color: #800080">(<em>a los giles, a los cuatro ojos, a los mariquitas, a los gordos, a los negros, a los villeros, a los chetos</em>) </span>y nadie murió por eso. <span style="color: #800080"><i>Si nos habremos divertido con tu viejo. </i></span>Agarrate a trompadas, dales una buena paliza y vas a ver cómo te dejan de joder.</p>
<p>_ Gracias.</p>
<p><i>El chico se queda en silencio, mirando el portero eléctrico. Unos minutos después, vuelve a su casa. Mientras está comiendo, llega su mamá. </i></p>
<p>_ ¿Cómo te fue hoy? ¿Hablaste con la preceptora? <span style="color: #741b47"><i>Es todo culpa mía, por sobreprotegerlo. </i></span></p>
<p>_ Hablé ya con todos. Me dicen que lo van a resolver dialogando, que van a hacer esto y lo otro, pero no hacen nada. Además, me mienten.</p>
<p>_ ¿Por qué te mienten? <span style="color: #741b47"><i>Claro que te mienten. Algo debés estar haciendo vos para que te molesten, pobre hijo mío. Te malcrié, te di todos los gustos. </i></span></p>
<p>_ Porque me dicen una cosa y se les nota que están pensando lo contrario. El padrino me dijo que les pegue. Ya no doy más. Lo voy a hacer.</p>
<p>_ No, hijo. Dejá que los adultos lo arreglen. Mañana voy a ir a hablar de nuevo. Ahí voy a estar, en la puerta. <span style="color: #741b47"><i>Te amo tanto, pobre hijo mío. Qué no daría por vos. </i></span></p>
<h6 style="text-align: center">&#8230;</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>Es un mediodía soleado el que aguarda que los alumnos se conviertan en chicos, detrás de las rejas del viejo edificio. A pesar de que encandila la luz, se puede ver que un muchachito se destaca en el grupo. Tiene los puños cerrados, la cara desfigurada por la impotencia, o por el odio. La pelea comienza inmediatamente, sobre la vereda. Se hace una rueda de gente que grita, filma, saca fotos y patea. Una mujer que aguardaba pacientemente bajo un árbol se transfigura. En su brutal metamorfosis, desgarra su cartera y empuña un arma. </i></p>
<p><i>El primer disparo hiere mortalmente a otra mujer, de aspecto insignificante, que con una fuerza sobrehumana intentaba rescatar a su hijo de una lluvia de patadas y golpes. </i></p>
<p><i>El segundo y último disparo hiere al hijo de esa misma mujer, en el pecho.</i></p>
<p><i>Horas más tarde, la mujer devenida en asesina declaró en la comisaría lo siguiente: </i></p>
<p>_ No sé porqué lo hice (<i><span style="color: #ff0000">No sé porqué lo hice</span>). </i>Todos sabíamos que iba a haber piñas en la puerta porque circulaba desde temprano el rumor. Fui a proteger a mis hijos. <span style="color: #ff0000"> </span>A la señora le di sin querer <span style="color: #ff0000">(<em>pobre mujer, ni siquiera la vi y dio la vida por su hijo</em>). </span>Al pibe le tiré por pura lástima, porque me miró como suplicándome que lo matara, empapado con la sangre de su madre muerta. <span style="color: #ff0000"><i>(Al pibe, le tiré por lástima. Él quiso morir, me lo suplicó con los ojos). </i></span></p>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
<p style="text-align: center">
<h6 style="text-align: left">Las imágenes reproducidas en este blog pertenecen a autores diversos. Respetamos los derechos de autor de cada uno de ellos, nuestra finalidad al utilizarlas es educativa y cultural.</h6>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Una noche en la Once. Capítulo final.</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2015 19:56:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5. El Capítulo 6 es el FINAL. Capítulo 6. Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/10/una-noche-en-la-once-capitulo-final/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p>Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Capítulo 1</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Capítulo 2</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Capítulo 3</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">Capítulo 4</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/03/una-noche-en-la-once-cap-5/">Capítulo 5</a>. El Capítulo 6 es el FINAL.</p>
<h2>Capítulo 6.</h2>
<p>Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y espacioso de la 11 se había llenado de gente que deambulaba, se saludaba, se abrazaba, se daba sonoros besos en ambas mejillas. Gente de los dos extremos: había muchos viejitos y muchos niñitos. Nada de adolescentes, casi. Nada de adultos. Algo tenían de raro, pero Larry no lograba darse cuenta qué era. Un no sé qué, qué sé yo&#8230; La sensación que le producía era inquietante.</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Todo parecido a un acto escolar, prácticamente, excepto por la hora. La claridad de la luna se filtraba por los vidrios del gran portón enrejado de verde y las puertas de madera del salón de actos, abiertas de par en par, parecían ocultar efectos especiales sofisticados, que no eran más que los agujeros en el techo que dejaban pasar haces de rayos de luna, bellísimos, tenues, delicados. Larry no entraba allí desde que era chiquito, porque el salón de actos había sido clausurado precisamente a causa de esos agujeros. Sabía que estaba lleno de palomas durante el día, que sus cacas habían ensuciado el piso y las butacas antiquísimas cubriéndolas de indignidad. Y lo sabía porque una vez se había metido de incógnito, junto a sus amigos el Chispazo y El Piercing, en el palco del salón, y habían estado espiando y tirándole papelitos masticados con lapiceras usadas como cervatanas a las palomas. Obviamente no le habían pegado a ninguna, pero la habían pasado bárbaro y habían zafado de la hora de Física. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El salón lucía absolutamente diferente ahora. Era como si la oscuridad lo hubiera remozado, como si las sombras lo favorecieran ocultando las rasgaduras de las butacas plegables originales, el piso de madera, los escalones que llevaban al escenario, el telón. Las colgaduras parecían nuevas, intactas, aterciopeladas, y daban ganas de pasar la mano suavecito sobre ellas. De las palomas, ni noticias. El piano lucía solemne y bello, a un costado. Los cuadros colgaban derechitos. Y un run run de comienzo de espectáculo, de acomodadores, de función, inundaba la escena.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Toda esta gente está acá porque hizo algo malo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi lo miró complacido. En el interior de Larry habían comenzado a encenderse los viejos mecanismos de inquietud, de curiosidad, de razonamiento ante lo incomprensible, ante lo nuevo y lo sorprendente. El Michi había estado al lado de Larry cuando su papá le revoleó la ropa, los cuadros, los libros, los maquillajes y la felicidad a Susana. Le había susurrado <i>&#8220;tranquilo, tranquilo, no es con vos, tranquilo, tranquilo&#8221;</i>, abajo de la cama, en donde Larry en esas épocas cabía y se había refugiado. Había estado junto al nene de los rulos rojos y la carita cubierta de lágrimas cuando la mamá juntó del piso lo que pudo, lo metió en una bolsa de consorcio, y se fue para siempre. Habían tardado años en decirle al chico que Susana se había ido a vivir a Paraguay. Y el chico, por su parte, había tardado años en vaciar su cabeza de cualquier recuerdo, de cualquier pensamiento, de cualquier ternura o caricia o sabor o perfume a madre. Para el padre había sido más fácil. Alcohol, drogarse hasta no dar más y llenarse de amigos, amigos, amigos de cualquier edad, irse, estar en la calle, no volver nunca a la casa, no pensar en nada. Y decían que Larry no se le parecía. Para el Michi, eran dos gotas de agua.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, no es así. Cuando empieces a ver, si estás preparado para hacerlo, vas a descubrir la diferencia entre unos y otros. La mayoría está aquí porque amó muchísimo en algún momento de su vida a esta escuela, porque fue su casa, porque se sintió protegido y estuvo a gusto acá. Casi todos esos viejitos que ves ahí fueron alumnos de la 11, y añoran la sensación de ser niñitos de nuevo, de pasar la manito por el pasamanos, de respirar el aire embotado del salón y la mirada dulce de las maestras.  Las viejitas de allá trabajaron de alguna cosa durante decenas de años en este edificio&#8230; limpiaron mocos, consolaron lágrimas inconsolables, enseñaron a usar plumas y lapiceras, limpiaron la escalera, barrieron, atendieron el kiosquito, plantaron los árboles que ves en el patio, pintaron una pared o algo. Y los chicos que ves, son casi todos permisos especiales. Mirá, mirá el parque, Larry, mirá bien a ver si podés ver&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró fijamente las sombras del Parque Saavedra, escudriñando con atención. Una horda de siluetas pequeñísimas se dirigía hacia la 11 desde el otro lado, donde estaba el Hospital de Niños. Había siluetas jugando en las hamacas, en los toboganes, sentadas en los bancos y en el pasto. Una sensación de serenidad desconocida invadió el pecho de Larry, que murmuró&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Están todos muertos.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, Larry. Están de permiso especial del director. Los deja venir a esta hora, desde el Hospital de Niños, para ver la función.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Algunos tienen una especie de luz&#8230; rodeándolos&#8230; Una luz que no ilumina pero que es como algo lindo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Hacés progresos rápido, amigo. Vení, vamos a sentarnos antes de que se llene, que ya va a empezar.Y vos sos invitado especial. Ya vas a ver.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Se sentaron en primera fila. Larry pasó entre butacas colmadas de señoras y señores de pelo blanco, todos amables y con expresión bondadosa. Los niños no actuaban como niños, estaban demasiado quietos, eran demasiado respetuosos. La mayoría tenía las manos cruzadas sobre sus piernitas y esperaban en silencio, con los ojos cerrados. Larry tuvo un escalofrío. Así, con los ojos cerrados, había esperado debajo de la cama que no fuera cierto, que papá no se hubiera enojado tanto con mamá, que no la hubiera echado de la casa (¿<i>a dónde se iba a ir</i>? ¿<i>a dónde se iba a ir</i>?). Tuvo un sobresalto. Los viejitos también tenían los ojos cerrados.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y de qué es la obra? Yo nunca fui al teatro&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se abrió con magnificencia; los engranajes de las cortinas corrieron silenciosos y sin fallas. Se hizo mayor la oscuridad que imperaba, y Larry se olvidó de los viejitos ciegos. En el escenario se veía una escenografía de salón de clases, con los banquitos chiquitos, las mesitas pequeñas, ventanales preciosos con cortinajes blancos y un escritorio que ostentaba un florerito sencillo, rebosante de fresias. El aroma de las flores le recordó a su mamá;  un nudo en la garganta le impidió decir nada. De un costado salió Yohana Ruiz Díaz del Vivar, haciendo malabares con unas naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Esa chica cometió un error inmundo. Ofrecía &#8220;protección&#8221; a cambio de las moneditas de los nenes de la primaria, en la puerta del kiosquito, y había montado una especie de mafia que fue muy difícil de desbaratar en la escuela. Es tan testaruda que todavía no entiende las consecuencias de lo que hizo, el dolor que ocasionó a centenares de nenes durante su estadía en la 11. El director le encargó este trabajo hasta que se haga cargo de sus actos, pero ella no lo sabe. Lleva mucho tiempo acá. Hasta parece disfrutarlo a pesar de que sabe que los nenes no la están viendo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A Larry no le importaba nada lo de Yohana Ruiz Díaz del Vivar. Un nene pelirrojo, pequeñísimo, enfundado en un guardapolvo planchado y almidonado con amor, estaba sentado entre muchos otros nenes, ahí, en su banquito, e intentaba tomar una lapicera por primera vez con sus manos torpes. Y Laurita, la bellísima Laurita, estaba sentada a su lado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- ¡Mirá, Michi! Ése soy yo. Esa lapicera me la había comprado mi papá, y era de las que si las inclinabas para un lado se veía un auto rojo, y si las inclinabas para el otro, uno azul. Me acuerdo de esto. Ahora le señorita Beatriz se va a sentar al lado mío y me va a ayudar&#8230; Tenía un montonazo de paciencia esa seño, yo la quería tanto que le hice un dibujo cuando terminó el año para que pusiera en el arbolito de navidad&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La segunda escena representaba a alumnos de años más grandes, en el recreo. Estaban todos en el pasillo y el pelirrojito se había escapado de la mirada vigilante de la seño Dora, que lo cuidaba tanto, y se había escondido en el baño de los chicos de la secundaria. Larry sintió que las lágrimas se le escapaban y le apretó la mano a Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- Fue horrible, es horrible. Ahora entro al baño y está Facundo Escalante fumando un porro. Y me agarra de los pelos, y del cuello, y me mete la cabeza en el mingitorio y me dice que si digo algo me va a matar&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi oprimió la mano de Larry, fuerte, muy fuerte, como hacía siempre cuando su amigo sufría mucho. Larry lloraba como hacía años no había llorado, igual a ese día escondido bajo la cama de sus padres viendo volar cuadros y ropas de mujer y pensando a dónde, a dónde se va a ir.  La escena siguiente tardó un poco más en aparecer&#8230; el telón quedó corrido, respetando el dolor profundo del chico. Hasta Yohana pareció retirarse un poco hacia un costado, sin parar de revolear sus naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La escena siguiente era en el salón de 1ero. Larry quedó asombrado ante el cambio. El escenario, tan bello y de ventanas limpias y aroma de flores, ahora mostraba un salón descuartizado a escrituras, a patadas, a bancos desvencijados y pizarrones vejados por <i>liquid paper</i>. Ahí estaba él, como en las escenas anteriores, tallando una rajadura con una trincheta. Los ojitos bellos que había visto en los Larrys niños habían desparecido bajo un velo de indiferencia y cansancio. El guardapolvo había desaparecido y su ropa colgaba raída y sucia, descuidada, sobre su cuerpo desmesurado. Los rulos rojos eran una maraña que intentaba tapar la cara y lo lograba. Las seños no estaban. Había una profesora que iba cambiando de cara y se iba transformando en muchas profesoras anónimas que le decían que se sentara, que se callara, que prestara atención, que era un irrespetuoso, que era una porquería de persona, que era un sucio, un desagradecido, un mal amigo, que era feo, que era malo, que iba a terminar mal, que iba a terminar con un prontuario&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se vio entrando en la pecera esa tarde, todo mojado y con dolor de espalda, después de destrozar el baño a patadas. Se vio sentado al fondo, vio entrar a la directora y escuchó lo que ella decía. Levantó la vista hacia la profesora y vio en su mirada la misma mirada que tenía la seño Beatriz, cuando se sentó al lado suyo para enseñarle a agarrar bien la lapicera. La lapicera que le había regalado su papá.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se corrió por fin. Todos los nenes, todos los viejitos, todas las paredes de la 11, las ventanas, las cortinas, las escaleras, todos estallaron en un aplauso al unísono. &#8220;¡Larry! ¡Larry!¡Larry!&#8221; vitoreaban. El chico, asombradísimo y emocionado hasta haber perdido absolutamente la voz, miró al Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es tu obra. Vos la escribiste, la dirigiste y la protagonizaste. Ahora quieren que subas y digas unas palabras.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Literalmente, Larry fue subido por centenares de brazos y llevado al escenario, que Yohana abandonó respetuosamente. Jamás había hablado en público y lo que había vivido recién era demasiado emocionante como para saber si aún le quedaba voz. Sin embargo subió, y desde arriba pudo ver a los niños de ojos cerrados, a los viejos; le pareció ver a Beatriz, a Dora, a Norma, a las preceptoras, a la de Física&#8230; a él mismo siendo niño sentadito en la primera fila al lado del Michi, con los rulos peinados y brillantes, con el guardapolvo planchado por su mamá. No dijo nada. Solamente cerró los ojos él también, inspiró hondo, lo más hondo que pudo, y se llenó los pulmones de la 11. Se sintió bien por primera vez en años: estaba en su casa, la 11 era su casa,  los aplausos eran para él  a pesar de que había hecho cosas malas&#8230; porque no era que las había hecho malas&#8230; era que le habían salido mal&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Pero eso va a cambiar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se sobresaltó. Su voz había sonado hueca y estridente en el salón de actos vacío. Sólo el Michi lo esperaba, de pie, apoyado en una de las paredes.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Vamos, Larry. Fue una noche intensa y hay muchas cosas sobre las que tenés que pensar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Vamos a dónde?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ En unos minutos, tu abuela va a venir a buscarte junto con la directora y la portera. Cuando tu abuela llegó a tu casa y no te vio pensó en llamar a la policía, a los hospitales, a los bomberos, a la NASA, qué sé yo qué escándalo iba a armar. Pero le susurré que llamara al Chispazo, bajito, y las abuelas y las madres siempre me escuchan. El Chispazo te vio escondido atrás de la puerta de la pecera y se hizo el que no veía nada&#8230; No te enojes con él&#8230; es un buen amigo, pero a veces confunde lo que realmente quiere decir la verdadera amistad. La cosa es que el Chispazo confesó que estabas acá encerrado y ahí vienen tu abuela, la directora y la portera a buscarte, locas de preocupación porque saben que acá no hay agua ni luz gracias a tu macana de la tarde y esperando que estés bien porque te quieren muchísimo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y qué hago? ¿Qué les digo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se encontró solo en el umbral de la 11. Pudo escuchar unas últimas palabras del Michi, pero ya no pudo verlo.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Yo estaba cuando te pasó lo de Facundo Escalante y te pido mil disculpas por no impedir lo que te pasó en el baño, cuando eras un chiquito indefenso. El director me acaba de levantar la pena: he cumplido. De vos depende, Larry, ser el hacedor de tu propio camino&#8230; Ya no voy a estar para cuidarte&#8230; acordate&#8230; De vos va a depender ahora todo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Una luz de linterna provenía de afuera, y el <i>clanc clinc</i> conocidísimo de la portera, que venía con todos los pelos parados y el maquillaje  corrido, le produjo una sensación de bienestar incomparable. &#8220;Te perdono&#8221;, murmuró. &#8220;Gracias por todo&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¡Neeeeeeeeeeeegrooooo! ¡Acá está, señora, vivito y coleando, no se preocupe!</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Su abuela lloraba y lo palpaba y lo besaba y la directora lo abrazaba y la portera lo zamarreaba para ver si estaba bien.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Estoy bien. No se preocupen. Vamos a casa, abuela. Señora directora, mañana voy a venir a hablar con usted junto a mi padre y veremos cómo hago para pagar los daños que le hice a la escuela.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La directora Norma sonrió misteriosamente, abrazó a Larry y le dijo en el oído:&#8221;Shhh, no te preocupes. Sé que una noche en la 11 puede ser una experiencia pesada. Andá a descansar, que preocupaste a toda la gente que te quiere&#8221;. </span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró a la gente que lo quería, mientras entraba en el remís que lo llevaría a su casa. Miró a su abuela, miró a la portera, miró a la directora, y por último, miró a la 11, que lo observaba majestuosa y cálida, envuelta en un manto de sombras que ya empezaban a dejar entrever tonos cálidos y rosados del amanecer. Y se sintió muy feliz, porque allí estaría su escuela, esperándolo para recibirlo mañana, y después de mañana, y después de después de mañana, y después de después.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"><br />
</span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">                                                         <strong>  FIN</strong></span></p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>
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		<item>
		<title>Una noche en la Once. Cap. 4</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2015 17:58:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí. Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí.  Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí.  Capítulo 4. Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí.</a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí. </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí. </a></p>
<h2>Capítulo 4.</h2>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los pensamientos desoladores sobre la sanción, el acta, su abuela llegando a la casa vacía, la noche, la soledad, la sed y la espalda se desvanecieron en segundos gracias a la locuacidad del nuevo amigo, a su risa estridente que no hacía eco pero se desparramaba por los pasillos desiertos de la 11 como Pancha por su casa, a sus anécdotas. Porque Roberto parecía una fuente inagotable de relatos; sabía la historia de la escuela desde sus inicios, los secretos de miles de alumnos, de profesores, de maestros, de directivos. Historias picantes, escabrosas, guardadas por generaciones. Larry estaba fascinado, escuchando y escuchando.</span></p>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a></p>
<dl class="wp-caption alignnone" id="attachment_552" style="width: 1610px">
<dd class="wp-caption-dd">Una noche en la 11</dd>
</dl>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Por qué estabas golpeando ese caño hace un rato? Me asustaste&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El caño? Tengo que golpearlo sí o sí. Me hiciste acordar. Si paro determinado lapso de tiempo me pueden sancionar más y no estoy ni ahí&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lamentó haber preguntado. El chico se había parado como por un resorte, pálido y sombrío, y se había puesto a hacer <em>clanc clanc</em> otra vez con todas sus fuerzas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tuvo que gritar para continuar la conversación: </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El qué? ¿Qué sanción con el caño? Y además no me acuerdo de haber visto ese caño de día&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto contestó sin dejar de golpear. Era una historia corta y simple: Una tarde, cuando él estaba en 8vo, en la época en que existía 8vo, durante uno de los recreos había arrancado el caño de gas que estaba en la escalera. Y lindo lío. Había empezado a salir gas, obviamente, la escuela se había llenado de gritos de alarma, un olor espantoso que subía y se metía y se te metía, gente corriendo desesperada hacia el parque de enfrente,  tironeos de mangas, chicos que se caían y se golpeaban, miedo, miedo, uy, qué hice. Fue cuando tuvo el accidente de la cadera el gordito Pereyra, que quedó usando bastón de por vida. Él no había pensado que iba a salir gas. Y no era ningún tonto, tenía un 8 en Matemáticas y en Inglés estaba casi aprobado ese año. Pero bueno, hubo que evacuar la escuela y había intoxicados que fueron llevados al Hospital de Niños. Él también estuvo ahí unos días. Pero no se pudo hacer nada. Así que ahora le tocaba golpear el caño todo el tiempo hasta que el director avisara. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es directora. Se llama Norma.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, ya sé, no ésa. El de verdad, el director. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry estaba en una edad en la que las preguntas estaban de más. Roberto usaba algunas palabras que no entendía, pero lo de romper un caño no le parecía nada escandaloso a un adolescente que esa misma tarde había arrancado un lavatorio de cuajo y roto una puerta a las patadas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y por qué nunca vi el caño?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto sonrió misteriosamente.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Aunque no lo veamos, el caño está. Tonto, lo embutieron en la pared después de que me mandé ese mocazo. Era un peligro.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y no podés parar de hacer eso, que me estás haciendo gritar, me estás dejando sordo y me estoy aburriendo?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto meditó unos instantes. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Bueno, pero por vos nada más. Te voy a presentar al Michi. Te va a hacer un <em>tour,</em> seguramente, porque le encantan los de tu 2do. Él fue el que te salvó el año pasado cuando se cayó el ventilador de techo derechito sobre tu cabeza&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lo miró asombrado. El año anterior, durante la hora de Geografía, el ventilador de techo se había desprendido y había caído sobre su mesa haciendo tal ruido que los profesores de los otros salones habían corrido para ver qué pasaba. La de Geografía había tenido una crisis nerviosa; hubo que llamar la ambulancia y eso había estado muy bueno, ver a la vieja toda blanca y con las medibachas al aire, pataleando en el suelo. Acordarse de eso y tentarse de risa fue una sola cosa. Estuvo ahí riéndose hasta que le dolió la cara.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No puedo más, Roberto, pará de hacerme reír. No me salvó ningún Michi ese día, si el ventilador me pasó raspando, pero no me hice nada&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se detuvo en la mitad de la frase. Ya no tuvo ganas de reírse. Los <em>clanc clanc</em> habían cesado mientras él carcajeaba como un desenfrenado, al igual que Roberto y el caño. Pasó la mano por el borde de la escalera, de los dos lados. Nada, no había ni señales de agujero, de revoque, de caño, de Roberto. En eso estaba, meditabundo, cuando oyó un chistido que venía desde adentro de la pecera. Pero antes de que pudiera ni siquiera asustarse, apareció en la puerta (tijera en mano en lugar de picaporte, naturalmente), un chico altísimo, flaquísimo y blanquísimo que dijo sonriendo: &#8220;Hola, soy Michi, vos debés ser el amigo nuevo de Roberto. Él se tuvo que ir porque lo llamó el director, pero vení, dale, que yo soy buena compañía también. ¿Damos una vuelta por la escuela?&#8221;. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Y sí, dale, vamos&#8230;, murmuró Larry, mientras pensó: &#8220;no me queda otra&#8221;.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2 style="text-align: center"><em>Continuará…</em></h2>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"> <em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
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<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
<p style="text-align: center">
</div>
<div style="text-align: center"></div>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 3</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 16:58:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[adolescentes]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí  Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí Capítulo 3. Al principio no pasó nada fuera de lo normal. Larry se aburría muy pronto y la mayoría de las... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: left">Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí</a></p>
<h2>Capítulo 3.</h2>
<p>Al principio no pasó nada fuera de lo normal. Larry se aburría muy pronto y la mayoría de las puertas de la escuela habían quedado cerradas con llave. El llavero que las abría estaba colgado en dirección y se veía desde el agujerito de la cerradura por donde Larry había estado espiando, pero por más que trató de abrir la enorme puerta de madera ornamentada, vestigio de las mejores épocas de la 11, no pudo. No hubo patada que no resistiera. Así que, cansado de deambular por el pasillo y harto de la cocina, el chico se dirigió nuevamente a preceptoría y se repatingó en el sillón de caña que una de las preceptoras había donado para el lugar.</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El parque Saavedra lucía extraordinario a esa hora. Las hojas de los árboles se habían teñido de rojo y violeta, el pasto se había vuelto oscuro y uniforme y un cielo anaranjado caía pesadamente sobre las rejas que lo bordeaban, haciendo suaves las puntas de flecha de los bordes. Larry conocía sus mediodías y sus tardes; quedó extasiado ante la novedad del atardecer, ante la noche. Pasó mucho tiempo pensando en nada, sólo observando las tonalidades del parque. Cuando salió la luna, decidió que ya no había peligro de acercarse a la ventana y se asomó. Nadie podría verlo ahí, adentro de la escuela. La oscuridad era total.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Fue en ese momento cuando se le ocurrió que, si prendía una luz, alguien del exterior podría darse cuenta de que en la escuela había un intruso y llamar a la policía. Lindo sería que vinieran los patrulleros, que llamaran a su abuela, a la directora, a un juez, que le abrieran una causa por usurpador, ladrón o lo que fuera y ya tuviera un prontuario a los 15 años. Un prontuario&#8230; &#8220;<i>Lindo prontuario tenés vos adentro de esta escuela</i>&#8220;, le había dicho una maestra cuando estaba en sexto grado, y a él le había molestado mucho a pesar de no tener ni idea de lo que quería decir la palabra &#8220;prontuario&#8221;.  Decidió que no prendería ninguna luz por el momento, &#8220;a menos que fuera indispensable&#8221;. Y volvió a tirarse cuan largo era encima del silloncito.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Así estaba cuando oyó los primeros golpes. Primero pensó que venían desde afuera, del parque. Después pensó que era su imaginación, que lo molestaba. Pero cuando se hizo evidente que los golpes existían, que no eran imaginados y que venían desde adentro de la escuela&#8230; desde adentro, muy cerca de donde él estaba recostado en un silloncito en una habitación sin llave en la puerta&#8230;  Larry dio un salto y se escondió dentro del armario de preceptoría,&#8221;para pensar qué haría&#8221;. Un miedo desconocido, una sensación espantosa de angustia, ansiedad y soledad lo invadió por completo. Esta vez sí que había metido la pata. Los golpes eran repetidos y fuertes, como si alguien le pegara con un palo a un caño hueco&#8230; no recordaba haber visto caños cerca de la puerta de preceptoría. Juntó valor y decidió salir. No podía ser nada grave. No podía ser alguien adentro de la escuela. Quizá tuviera que ver con la canilla que él mismo había estado pateando&#8230; Ese pensamiento lo envalentonó, agarró un borrador fuertemente para defenderse &#8220;por si acaso&#8221; y salió del armario.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Espió el pasillo. Oscuridad pura. Los golpes resonaban sonoros junto a la escalera.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_¿Quién está ahí?_ preguntó. Y se asustó por cómo había sonado su propio tono de voz en la plenitud del silencio.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¡Clanc, clanc, clanc!</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Hay alguien ahí?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> No pudo evitar un alarido tremendamente agudo al sentir el peso de una mano en su hombro. Aterrorizado hasta la médula se alejó lo más que pudo y blandiendo el borrador volvió a gritar:</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Quién sos? ¿Qué hacés acá?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Sus ojos se iban acostumbrando paulatinamente a la oscuridad. Vio primero una silueta, luego un poco más. Un chico común y corriente, vestido con un guardapolvo blanco un poco pasado de moda, estaba parado junto al borde de la escalera con un caño amarillo en la mano. Era con ese objeto que golpeaba otro caño, uno que evidentemente era de gas, que recorría la escalera junto al pasamanos. Larry no recordaba haber visto jamás ese caño de gas en la escuela, pero ése era un detalle sin importancia. Había un chico ahí adentro, con cara amigable, y ya no estaba solo.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Soy Roberto. Bienvenido a la noche de la 11.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><em>Continuará…</em></h2>
<p style="text-align: center"> <em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
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		<item>
		<title>Una noche en la Once. Cap. 2</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 17:09:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Cap. 1 hacé click aquí. Capítulo 2. Fue tan, pero tan fácil, que le pareció mentira que no se le hubiera ocurrido antes. La escuela quedó absolutamente vacía en un santiamén; pudo escuchar desde... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Cap. 1 hacé click aquí.</a></p>
<h2>Capítulo 2.</h2>
<p>Fue tan, pero tan fácil, que le pareció mentira que no se le hubiera ocurrido antes. La escuela quedó absolutamente vacía en un santiamén; pudo escuchar desde su escondite el ruido que hizo el bolsillo de la portera al ser atacado por el llavero gigante, el trac trac trac de la llave girando en la cerradura y por fin, por primera vez, se quedó solo en la 11. Estaba seguro de que nadie se había dado cuenta de que él no había salido, de que él no estaba en la parada del colectivo, de que él no pasaba delante del kiosco de la esquina de su casa, de que él no había llegado a ninguna parte&#8230;</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p><span id="more-566"></span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A esa altura de sus pensamientos, Larry se puso un poco triste. Sí se iban a dar cuenta de que no había vuelto a su casa, pero tarde, a eso de la medianoche, cuando su abuela volviera del turno del hospital. No había pensado en eso. Se iba a asustar mucho, seguramente, iba a pensar que lo habían secuestrado, que lo habían matado en un robo, que había tenido un accidente y estaba tirado en la cama de algún hospital cercano&#8230;, no, eso no, porque la abuela venía del hospital cercano y no lo había visto ahí&#8230;  Larry se encogió de hombros recordando repentinamente la sanción que le había impuesto la directora. &#8220;No me importa, mal no le va a venir preocuparse un poco por mí, que nunca me da bola&#8221;. Y dejó de pensar en su abuela.</span></p>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La escuela se extendía a sus pies, enorme y mansa, como una mascota desmesurada. Cuando salió de atrás de la puerta de la pecera escuchó el familiar chirrido del gozne oxidado y experimentó un escalofrío. No era lo mismo entre tanto silencio&#8230; ni siquiera la pecera parecía la misma, inundada de una nube gris de penumbra y atravesada de haces de partículas de tiza flotando como fantasmas&#8230; Pensó en eso, e inmediatamente decidió dejar de pensar estupideces y salió raudamente a inspeccionar la vacía escuela.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Primero se metió en la cocina. Las veces que la portera lo habría echado de ahí amenazándolo con un trapo en la mano&#8230; Ahora no había nadie para impedirle meter las manos entre las porciones de tarta de jamón y queso, entre los panes recién cortados para los sanguchitos de mañana, entre los alfajores guaymallén y las pizzas frías. Comió hasta que se aburrió, porque en esa época Larry nunca se llenaba con la comida. Y ahí fue cuando se llevó el primer disgusto, que comparado con los que le deparaba la larguísima noche no era nada de nada, pero que detonó en él el mismo sentimiento que lo había llevado a subirse sobre la mesadita y ponerse a patear la puerta del baño: terminó de comer, abrió la canilla para servirse un vaso de agua y&#8230; no salió nada. No había agua en la escuela. Ni una gota. Seco. Y se puso a patear la canilla como si ésa fuera la manera de que brotara.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry sintió una sed inmensa, una sed que le subía desde la punta de los pies hasta la garganta y la volvía seca, seca y más seca. No podía esperar un minuto más, necesitaba agua, moría, moriría tirado ahí mismo sobre las baldosas frías de la 11, deshidratado,  lo encontraría la portera cuando llegase al otro día, temprano, y se iba a arrepentir cuando lo viera ahí, todo muerto, de las veces que le había gritado que saliera de la cocina con el repasador en la mano&#8230; Le gustó tanto la imagen de su cuerpo tirado en el piso, chatito por la deshidratación, que se olvidó de la sed abrasadora y ya no le pareció tan terrible que no hubiera agua. Decidió inspeccionar el armario de preceptoría, que siempre le había parecido misterioso, y se dirigió hacia allí. </span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tampoco había bebidas guardadas, solamente tizas, borradores viejos y toneladas de papeles. La espalda le dolía ahora en una forma intolerable, como si le estuvieran clavando una aguja gruesa y despiadada. Encontró una especie de cartuchera en el fondo del armario, la abrió y vio una tableta de pastillas empezada, una crema que decía &#8220;hidratante&#8221;, un lápiz de labios y una lapicera verde. Las pastillas parecían algún remedio. Meditó algunos segundos sobre el peligro de ingerir remedios sin saber su origen, sin que se los recetara un doctor, sin haber ido al médico&#8230; pero decidió que la cartuchera no tenía aspecto de peligrosa. La espalda le dolía demasiado;  si le seguía doliendo lo encontraría la portera tirado sobre el piso frío de la preceptoría, tieso y muerto del dolor, a la mañana siguiente&#8230; Disfrutó de la imagen que había aparecido nítidamente en su cabeza mientras tomaba la primera pastillita, qué chiquita, duele mucho&#8230; Decidió que serían dos.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Fue un error. Él no sabía lo larga que sería esa noche.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2 style="text-align: center"> <em>Continuará…</em></h2>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"><em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
<p style="text-align: center">
</div>
<div style="text-align: center"></div>
<p style="text-align: center">
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Búmeran</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/12/12/bumeran/</link>
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		<pubDate>Fri, 12 Dec 2014 21:07:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 36. Búmeran &#160; Piiiiiiiiiiiippp (portero eléctrico) _¿Quién? _ ¿Está mi abuelo? _ No, vuelve a eso de las doce, está en el Hospital. Pasá. La chica le da un beso discreto a la señora que ayuda en la casa.... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/12/12/bumeran/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #000080"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">36. Búmeran</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piiiiiiiiiiiippp <em>(portero eléctrico)</em></p>
<p>_¿Quién?</p>
<p>_ ¿Está mi abuelo?</p>
<p>_ No, vuelve a eso de las doce, está en el Hospital. Pasá.</p>
<div id="attachment_466" class="wp-caption alignnone" style="width: 560px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/12/Ernest-Descals.jpg"><img class="size-full wp-image-466" alt="Ernest Descals" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/12/Ernest-Descals.jpg" width="550" height="443" /></a><p class="wp-caption-text">Ernest Descals</p></div>
<p><span id="more-465"></span>La chica le da un beso discreto a la señora que ayuda en la casa. Se mete en la biblioteca, diciendo algo parecido a “lo espero ahí porque necesito algo para”. Viene porque no tuvo ganas de ir a la escuela, para sentir el olor de los libros viejos y para hablar por teléfono gratis. Cuando escucha el ruido del lavarropas, claro indicio de que la señora está lejos, se abalanza sobre el teléfono, marca un número y entabla una larga conversación que incluye cosas como:</p>
<p>_ ¡Mi mamá me compró el pantalón azul!</p>
<p>_ ¡Te queda divino!</p>
<p>_ ¿Cómo sabés? ¿Me estás viendo?</p>
<p>_ ¡No! ¡Pero me imagino!</p>
<p>A las doce menos diez, la señora le dice a la chica que se debe ir. Dice algo sobre dar de comer a su hijo antes de marcharse a otro lugar para trabajar. El abuelo no ha llegado, quizás tuvo problemas con el turno del hospital. La chica decide cortar la comunicación y salir. Piensa que llegará su abuelo y quiere verlo, pero sin tener que verlo. El sentimiento contradictorio es demasiado complicado para analizarlo. Manotea su coartada al azar: un libro cubierto de polvo. Se arrepiente de inmediato: al sacarlo queda el hueco en el estante de madera, decolorado por la mugre de incontables años. No hay tiempo para arreglarlo.</p>
<p>_ ¡Decile que lo esperé y me tuve que ir, que mañana vengo!</p>
<p>El tomo encuadernado pesa mucho dentro de la mochila rosada y hace calor. Al pasar por la plaza, la chica decide soltar el lastre. Piensa que es igualito a un montón de volúmenes de la biblioteca de su abuelo y que a quién le va a importar, si son todos iguales y el hombre ya está más cerca de morirse que de leer libros. La ocurrencia de la muerte próxima de su abuelo la estremece por un segundo: imagina al señor alto, formidable y flaco en un cajón, vestido de vampiro. “Consumido en semanas, fulminante”. Sacude su cabeza, en un gesto que le es cotidiano cuando quiere deshacerse de pensamientos complicados o desagradables. Se dirige a un chico alto y bello que está sentado en un banco, leyendo al sol, saca graciosamente (según ella) el libro de la mochila y le dice, imitando a su personaje favorito de animé:</p>
<p>_ Para vos.</p>
<p>El muchacho estaba leyendo unas fotocopias del CBC y considera que la chica es demasiado rosa y de secundaria como para sentirse halagado por el gesto. El mamotreto huele a vejez y a enfermedad. De repente el sol que le había parecido agradable le resulta insano. Con aprensión, deja el libro sobre el banco y se aleja del lugar.</p>
<p>(El estudiante intentará sin éxito, durante toda su vida, recordar el título del libro que abandonó despiadadamente sobre un banco de una plaza.)</p>
<p>La señora que atendió el portero eléctrico al principio de este relato aparece en la plaza luego y se sienta para tomar un poco de aire antes de seguir caminando. Lo hace en el banco donde está el libro. Tiene que correrlo para apoyar su cartera y sin querer lo tira al piso. Lo mira arrepentida, tan lindo, tan sobadito. “Perdoname, fue sin querer”, dice en voz alta. Lo abraza fuertemente contra su pecho mientras piensa en el calor, en el nene que quedó solo toda la mañana. Sólo le daría de almorzar y volvería al trabajo en la jornada dura que le esperaba. “Ya vendrán tiempos mejores”, piensa porque sí, sin pensar. Repentinamente angustiada, susurra: “Tranquilo, seguro tu dueño te está viniendo a buscar”. Deja el libro sobre el banco y corre hacia su casa.</p>
<p>Una paloma se posa sobre el libro. Un chiquilín que espía desde el balcón de un edificio cercano mira la escena y experimenta unas ganas intensas de dibujarla. Cuando termina el dibujo lo exhibe al aire, para que la paloma lo vea. El libro luce diferente sin el pájaro; el sol de mediodía ya no está para hacerlo refulgente y no se ve especial. “Nos dejaron solos a los dos”, piensa el chico, antes de comenzar un nuevo dibujo.</p>
<p>El abuelo de la chica del principio de este relato camina despacio. El médico le dijo que aprovechara el tiempo para hacer lo que no había hecho, para acomodar bienes, para darse los gustos. “Mientras todavía se sienta bien”. Se pregunta qué podría hacer que no hubiera hecho ya, qué sentido tendría “acomodar sus bienes”. Por primera vez en decenas de años, ve los edificios mientras camina y los mira. Observa el contorno de los árboles, la silueta de la estatua central de la plaza cercana a su casa. Un banco luce invitador; extrañamente hay un libro sobre él. Se sienta complacido y lo toma entre sus manos. En la portada lee con ojos viejos la dedicatoria de ese amigo tan querido, escrita en los tiempos de la universidad, de los sueños y el vozarrón soberbio. Despacito, perturbado ante lo insólito del hallazgo, pasa sus dedos largos y arrugados por la suavidad blanca de las letras impresas. En la página 98 está la pluma de paloma que guardó un día remoto, cuando todavía miraba el mundo con ojos despejados y las chicas le decían que sus poemas eran hermosos. Entre las páginas 110 y 111 está la carta de su primera novia, la que lo abandonó después de que perdieron el embarazo. ¿Cómo hubiera sido ese hijo? “Ya vendrán tiempos mejores”, decía siempre la chica. Lee el papelito con ternura, inundado de autocompasión. En la página 238 está el sobre con los dólares. Hay varias fotos. “Acomodar los bienes”, resuena en el aire. Las biblioteca como caja fuerte. Piensa en los libros que no escribió, en los premios que no ganó, en el amigo que perdió. No hay tiempo para arreglarlo. El chiquilín que dibuja la escena desde el balcón vecino le hace un gesto con la manito, que se parece a un saludo. “Los libros te arrancan del sopor que uno mismo ha creado para poder transcurrir la vida”, dice en voz alta, devolviendo el saludo del niño. “Cuando me muera, ni siquiera permaneceré en una página que valga la pena”. Piensa en la muerte y siente ganas de experimentarla, pero sin tener que morirse. Sacude su cabeza, en un gesto que le es cotidiano cuando quiere deshacerse de pensamientos complicados o desagradables, y comienza a leer.</p>
<p>El niño que dibujó la escena de la plaza, al rato, se duerme. Repetirá en sus cuadros infinidad de veces la imagen del hombre lector, que recordará por siempre. A pesar de las adversidades que sufrirá durante su niñez, será un pintor trascendental.</p>
<p>Ya es muy tarde cuando el hombre se pone de pie y continúa el camino, para devolver el libro a su lugar en la biblioteca y para volver a su casa. Quizás al día siguiente su nieta vaya a verlo, piensa. Tiene ganas de verla y, al mismo tiempo, no tiene ganas.</p>
<p>La señora atraviesa la plaza, minutos después. Pasa ante el banco solitario sin recordar el libro que atesoró sobre su pecho ese mediodía, ciega de cansancio y ansiedad. Una vez en su casa, besa a su niñito dormido. Sobre su cama encuentra el dibujo: un señor leyendo en un banco de una plaza, un sol con una sonrisa y un pájaro. “Búmeran”, escribió el chico, detrás de la hoja. La mujer no lo lee; rendida de cansancio, duerme.</p>
<p>El dibujo cae al piso. Al otro día, la mujer lo levantará y lo guardará cuidadosamente entre las páginas de un libro que elegirá al azar entre los tomos de la biblioteca del lugar donde trabaja, para poder contemplarlo cuando sienta ganas de ver a su hijito y no pueda verlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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