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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; infancia</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
	<lastBuildDate>Fri, 10 Jul 2015 19:26:25 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 5</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2015 20:26:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí. Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí.  Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí.  Para leer el Capítulo 4 hacé click aquí. Capítulo 5. El Michi era... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/03/una-noche-en-la-once-cap-5/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí.</a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí. </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí. </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">Para leer el Capítulo 4 hacé click aquí</a>.</p>
<h2>Capítulo 5.</h2>
<div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi era demasiado flaco, pálido y ojeroso, pero en la oscuridad total de la escuela vacía, resultaba buena compañía. Hablaba mucho, eso sí, como Roberto, y utilizaba muchas palabras que Larry no comprendía y que, por primera vez en su vida, lamentaba no entender. Seguramente, Esteban, el que se sacaba 10 en todas las materias y era siempre abanderado, entendería lo que estos decían. O Laura, la escolta, agrandada y estirada, toda vestida con ropa de marca y tan linda que era una tortura tratar de no mirarla. S</span>e puso colorado al pensar en Laura. Pegó un salto al escuchar la risa del Michi cargándolo.</p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Esa mina no te va a dar nunca ni bola si seguís haciéndote el vivo y mantenés la cabeza hueca&#8230;</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lo miró asombradísimo. ¿Habría estado hablando solo en lugar de pensar? Si lo de Laura no lo sabía nadie, ni su propia almohada&#8230; Se había dedicado a insultarla, a empujarla, a tirarle las hojas y a humillarla de todas las formas que se le habían ocurrido desde 1er grado para que no se dieran cuenta de que le gustaba&#8230;</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Qué mina? ¿Qué sos, adivino?</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Algo así_ contestó Michi, misteriosamente. Además, Larry, sigo tus pasos desde que pusiste tu piececito por primera vez en este edificio, piececito que, obviamente, ha crecido&#8230; ¡y cómo!</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry no pudo evitar ponerse otra vez colorado. Su estatura desmesurada lo avergonzaba, sus pies parecían no parar de crecer y se chocaba con todo, pisaba a todo el mundo, derribaba sillas, mesas, gente; era la torpeza personificada. No era su culpa. En menos de un año había pasado de ser un chico normal a una especie de adulto con cara de chico, se había llenado de granitos imposibles de tapar por más flequillo gigante que se pusiese, su pelo rojo y enrulado no ayudaba en nada y solía revolverlo todo y echárselo sobre la cara para que no lo viesen. Su abuela no había tenido plata para pagarle la ortodoncia que todos los dentistas que había visto habían recomendado con seriedad extrema, y ahí estaba, con la cara brotada como un choclo, los rulos rojos todos enredados sobre la cara, los dientes torcidos apuntando para todos lados, chocando la cabeza contra los marcos de las puertas de lo alto que era y calzando 45. Un desastre. Cómo lo iba a mirar siquiera, la hermosísima Laura&#8230;</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No sos un desastre, Larry. Sos un adolescente. Estás creciendo, y a todos los adolescentes les pasa. Lo único que deberías hacer es poner un poco de voluntad y mejorar&#8230; Por ejemplo: podrías bañarte todos los días. Laura lo apreciaría, y los demás también&#8230;</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A Larry, Michi ya le parecía, a esta altura, INSOPORTABLE. Odiaba a Michi. Se dio vuelta y le gritó: </span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Cortala, chabón, no sé quién sos pero ya me cansaste, qué te pensás. Yo me baño cuando quiero, y qué te hacés el que sabés de mi vida si ni te conozco, sos más fantasma&#8230;</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Michi sonrió y le dio unas palmaditas en el hombro. </span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Tranquilo, amigo. Ya llegamos al patio. Primero te voy a mostrar a la Adoquinada, después el paredón del Enamorado Eterno y después, apenas nos queda tiempo para llegar a la función del salón de actos, así que no peleemos, que la noche no es tan larga como parece y acá hay mucho que ver. Mirá fijo para allá y la vas a ver.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Al qué y dónde? ¿El qué?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Le decimos la Adoquinada porque lleva tanto tiempo acá que nos olvidamos del nombre. Su tarea es llevar los adoquines que están al lado de la entrada del otro patio hasta el borde del paredón y, una vez que ya tiene una linda montaña, ir arrojándolos hacia el otro lado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Pero eso no es peligroso? Digo, si hay alguien del otro lado del paredón se podría ligar un adoquín en el medio de la cabeza &#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry parecía haberse vuelto juicioso con el pasar de las horas de la noche de la 11. Michi sonrió divertido, pero no se lo hizo notar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Sí, claro que es peligroso. Y era peligroso. El día que a la Adoquinera se le ocurrió que sería gracioso hacer el experimento no pensó en el Terciario que funcionaba al lado de la 11. Tiró el adoquín con todas sus fuerzas, haciéndose la fortachona delante de sus compañeras de 2do año. Y le dio en pleno cráneo a una pobre chica que estudiaba para maestra en el Instituto de al lado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miraba el patio pensativo. Estaba oscuro, pero menos que el interior de la escuela, ya que una luna considerable iluminaba la escena en forma algo fantasmagórica. La Adoquinera se parecía a Marta, a Claudia, a Mariela, a cualquiera de sus compañeras. Iba y venía con andar de laboriosa hormiga, con una expresión de pesar en su rostro, una expresión de pesar casi plagado de indiferencia. Hacía su montículo de cuadrados grises y luego, uno a uno, comenzaba y recomenzaba a arrojar el peso. Asombrosamente, la montaña que la esperaba allá lejos, a unos metros, no parecía disminuir cuando ella tomaba los bloques. El trabajo debía ser agotador, pero ni una gota de sudor corría por el rostro de la anónima chica.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Los más cultos le dicen Sísifo. Su tarea consiste en levantar adoquines, acumularlos y arrojarlos, hasta que el director lo decida.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Pero Larry ya paseaba la mirada por otros lugares del patio. Las paredes, cubiertas de murales coloridos durante el día, ostentaban algo parecido a letras escritas con aerosol. &#8220;Anto te amo&#8221;, decía la 11, &#8220;Anto te amo&#8221;, gritaban todas las paredes y paredones de la 11. Un chico alto y flaco, también de guardapolvo, pintaba con seriedad cada espacio vacío, cada segmento de pared, cada vestigio de blanco. Y mientras pintaba un paredón, el otro se despintaba como si la tinta se derritiera o se desvaneciera&#8230; o se volviera invisible.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Muy poético. Como el amor: intangible_ dijo el Michi. Ése es Yony, y su tarea es declarar su amor a Antonela hasta que le levanten la sanción. Parecería un daño mínimo el que hizo, ¿no? Él sólo se trepó por las paredes de la 11 en la década del 90 para pintar unos graffitis para su novia, esperando sorprenderla al otro día. Se cayó del paredón y ahí empezó la sanción. Porque el amor no es cosa que pueda a tomarse a la ligera, y menos cuando es amor adolescente. El corazón a los 15 años palpita y siente como un corazón virgen de desconfianzas, de amarguras, de reparos, de traiciones. El corazón adolescente es nuevo en el amor, y Yony inauguró el de Anto, su chica, causándole una herida tremenda que no se cerrará fácilmente. El director fue claro: el día que esa mujer deje de recordarlo, las paredes dejarán de borrarse y podrá finalizar su tarea. Pero ella recuerda, y recuerda, y recuerda&#8230; Pero uy, ¿escuchás, Larry? Me distraje demasiado, corré que vamos a perdernos el comienzo de la función del salón de actos y no vamos a conseguir asiento, dale vamos.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi tomó de la mano a Larry y lo arrastró por el pasillo, mientras éste se sentía como un largo y flotante barrilete rojo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2><em>Continuará… y finalizará el próximo viernes</em></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la última parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
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<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
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</div>
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		<title>Solita por la calle</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/02/13/solita-por-la-calle/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2015 15:09:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 45. Solita por la calle &#160; La nena es la mimada de la casa. Primera nieta, primera hija. La alegría del hogar. La familia gira en torno a sus horarios, sus actividades, sus deseos, sus gustos. Como una flor delicada, ella crece saludable y sana,... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/02/13/solita-por-la-calle/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: center">45. Solita por la calle</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>La nena es la mimada de la casa. Primera nieta, primera hija. La alegría del hogar.</p>
<p>La familia gira en torno a sus horarios, sus actividades, sus deseos, sus gustos. Como una flor delicada, ella crece saludable y sana, inocente y a salvo.</p>
<p>A los doce años, la nena quiere ir a pileta libre. Argumenta larga y consistentemente. Dice que ya está grande para jugar en la colonia, que se aburre. A su mejor amiga la van a dejar ir.</p>
<div id="attachment_528" class="wp-caption alignnone" style="width: 610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/02/Piranesi_carceri-XIV.jpg"><img class="size-full wp-image-528" alt="Piranesi. Carceri XIV" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/02/Piranesi_carceri-XIV.jpg" width="600" height="446" /></a><p class="wp-caption-text">Piranesi. Carceri XIV</p></div>
<p><span id="more-527"></span>Sus padres discuten el tema, se pelean, se reconcilian. Resuelven concederle el permiso, siempre y cuando tenga infinito cuidado y respete los siguientes consejos de su mamá:</p>
<p style="text-align: center"> <b>No hables con extraños, jamás.</b></p>
<div style="text-align: center">
<p><b>Cada dos horas, renová tu bloqueador solar. </b></p>
<p><b>No te separes de tus amiguitas.</b></p>
</div>
<div style="text-align: center">
<p><b>No entres al vestuario ni a alguna zona del club sola. (¡No te separes de tus amiguitas!)</b></p>
</div>
<div style="text-align: center">
<p><b>Si alguien te molesta, decile al guardavidas o a la señora que está en la entrada del club, que es conocida de tu abuela. .</b></p>
</div>
<div style="text-align: center">
<p><b>Si el guardavidas te molesta, decile a la señora que está en la entrada del club, que es conocida de tu abuela.</b></p>
</div>
<div style="text-align: center">
<p><b>No te acerques a la rejilla del fondo de la pileta porque te puede succionar y podés quedar atrapada ahí y morir ahogada.</b></p>
</div>
<div style="text-align: center">
<p><b>No aceptes ninguna bebida ni comida de nadie. Si comprás en el club, fijate que su envase esté cerrado.</b></p>
</div>
<div>
<p style="text-align: center"><b>Cualquier, pero cualquier cosa, me llamás y yo a los cinco minutos estoy ahí.</b></p>
</div>
<p>Una semana después, la nena dice que está grande y que quiere ir sola al club, que queda a siete cuadras de su casa. Su madre consulta con su padre y esta vez, a pesar del método insistente de la chica, no consigue el permiso. El mundo es peligroso y ella es muy chica para andar sola por la calle. Su mamá la acompaña hasta la puerta del club y su padre la va a buscar.</p>
<p style="text-align: center"> <b>No te movés de ahí hasta que llega tu papá.</b></p>
<p> La nena pasa un verano inolvidable. Aprende a tirarse a la pileta de cabeza, a nadar estilo mariposa, a jugar al truco gallo. Hace amistades nuevas y se divierte como nunca. Obedece punto por punto las instrucciones de su mamá e ignora el universo de miradas y comentarios que provoca al pasar por cierto sector con sus amigas enfundada en su traje de baño. Le gusta que su familia la cuide tanto, que la protejan. Se siente apreciada y segura, en esa soleada calle que le parece su vida. Una callecita sinuosa y con escalones, con un adulto que la ama observando cuidadosamente cada uno de sus pasos y cuidando que no se lastime, que nadie se le acerque con malas intenciones, que nada malo le pase.</p>
<p>Por las noches, luego de cenar, con el cabello mojado por la ducha y la mochila lista para la jornada siguiente en la pileta, navega en internet esperando el sueño, en la cama. Desde los seis años que lo hace, libremente. Jamás recibió consejos ni advertencias sobre los peligros de hacer eso. Ni sus padres ni ella misma se han dado cuenta de que esa <b><i>otra </i></b>calle está plagada de extraños que pueden hablarle. Una infinita y transitada maraña de calles en donde vaga sola desde que tiene memoria, a un simple click de cualquiera que quiera lastimarla, que tenga malas intenciones, que quiera que algo malo le pase.</p>
<p>La nena deambula solita por internet, noche tras noche. Esperemos que no le pase nada que haya que lamentar.</p>
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		<title>Con olor a mandarinas</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/01/23/con-olor-a-mandarinas/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Jan 2015 14:15:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Proyecto Pibe Lector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 42. Con olor a mandarinas Los pasillos del barrio son su privilegio: nadie osa entrar por ahí. Ni la gente &#8220;de afuera&#8221;&#8230; ni los médicos, remiseros, taxistas, deliverys, policías, bomberos. Los miran desde lejos, desde arriba de los puentes, desde... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/01/23/con-olor-a-mandarinas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>Proyecto Pibe Lector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: center">42. Con olor a mandarinas</h2>
<p>Los pasillos del barrio son su privilegio: nadie osa entrar por ahí. Ni la gente &#8220;de afuera&#8221;&#8230; ni los médicos, remiseros, taxistas, deliverys, policías, bomberos. Los miran desde lejos, desde arriba de los puentes, desde el confortable asiento de sus autos. Están protegidos por lo intrincado y por el miedo.</p>
<div id="attachment_503" class="wp-caption alignnone" style="width: 458px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/01/Naturaleza-muerta-van-Gogh.jpg"><img class="size-full wp-image-503" alt="van Gogh: &quot;Naturaleza muerta&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/01/Naturaleza-muerta-van-Gogh.jpg" width="448" height="370" /></a><p class="wp-caption-text">van Gogh: &#8220;Naturaleza muerta&#8221;</p></div>
<p><span id="more-502"></span></p>
<p>El Negro tiene trece años. Le faltan algunos dientes y es hermoso cuando sonríe. Usa el pelo cortado como Ronaldo y sueña con ser Ronaldo de noche y de día. Su cuerpo abundante no aparece en los sueños: ahí es ligero como plumita y tiene botines colorados. En la realidad, el asma y la obesidad aparecen de tanto en tanto como molestia, pero son un detalle. El Negro tiene planes simples: triunfar en el fútbol, tener mucha plata. Lo demás es circunstancia y mala suerte.</p>
<p>A metros de la entrada del pasillo que lo llevará a su puerta, en el primer recodo, está el primero. Hay que darle plata, diez pesos por lo menos. Los billetes no son problema: los chicos del barrio aprenden desde bebés, prácticamente, a conseguirlos. En el segundo recodo hay droga. Gritos, el llanto de mil hijos, risas, carcajadas, músicas, palabras sueltas, botellas de cerveza, ropa colgada, vajilla que se entrechoca, conversaciones amuchadas y olores de comidas completan el abigarrado lugar.</p>
<p>Una mañana cualquiera, camino a la escuela, el Negro escucha una voz desconocida que lo llama.</p>
<p>_ Che, Negro&#8230; vos, sí. Vení un toque.</p>
<p>Al Negro le dan miedo el sobretodo gris, los puños inmaculados, el peinado tirante. Tiene ganas de salir corriendo, pero el cuerpo se le engarabita, le tiembla, y no le obedece.</p>
<p>_ No soy un buchón.</p>
<p>El desconocido lo mira a la cara, buscando algo.</p>
<p>_ No me confundas, atrevido. Supe que te gusta jugar a la pelota. Venite este domingo temprano, ¿eh? Por cada gol pagamos cuatrocientos pesos en mano, para lo que quieras. Los botines te los quedás para la próxima.</p>
<p>El Negro continúa su camino esa mañana, radiante. En la escuela se porta inusitadamente bien, pero nadie se da cuenta. Al llegar a su casa, le es más fácil decir que no al recodo, a los pibes que conoce de toda la vida y le gritan que es un gato y le tiran patadas.</p>
<p>_ Tengo un partido importante este domingo: no puedo.</p>
<p>Se ríen, se burlan, lo olvidan. En su casa hay comida, pero el Negro sabe que para el domingo tiene que estar liviano y se va a dormir sin comer. Está en eso cuando llega uno de sus hermanitos y se acomoda en el mismo colchón, oliendo a mandarinas. Rebalsa de ternura, se le sale el amor, se desparrama junto al llanto y susurra:</p>
<p>- El hermano este domingo empieza su carrera y vas a ver, te va a sacar de acá, vas a ver&#8230;</p>
<p>Irrumpe Ronaldo en el sueño, y corre, corre, corre. El Negro se limpia la punta de los botines colorados con una servilleta de papel y sale a la cancha, ovacionado por la hinchada que grita &#8220;¡Negrooooo, negrooooo, negroooooo!&#8221;, saluda a la tribuna embanderada con su nombre y es feliz.</p>
<p style="text-align: center">
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		<title>Lecciones de pirotecnia</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 16:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR  es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 38. Lecciones de pirotecnia Las calles son de asfalto y están ornamentadas por zanjas de agua verde esmeralda, olorosa. En mi barrio, las calles son de tierra y en las zanjas hay totoras y profundidad suficiente para pescar ranas... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/12/26/lecciones-de-pirotecnia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
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<h2 style="text-align: center">38. Lecciones de pirotecnia</h2>
<p>Las calles son de asfalto y están ornamentadas por zanjas de agua verde esmeralda, olorosa. En mi barrio, las calles son de tierra y en las zanjas hay totoras y profundidad suficiente para pescar ranas con la mano. Es diferente el olor. Año nuevo en la casa de mi abuela tiene un hálito de mejora social: hay un arbolito de navidad más alto que yo, dos turbos que no hay que apagar a cada rato para ahorrar electricidad, un cristalero celeste, postre helado y salame de chocolate.</p>
<div id="attachment_476" class="wp-caption alignnone" style="width: 1524px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/12/Jackson-Pollock-Convergence.jpg"><img class="size-full wp-image-476" alt="Jackson Pollock: &quot;Convergence&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/12/Jackson-Pollock-Convergence.jpg" width="1514" height="896" /></a><p class="wp-caption-text">Jackson Pollock: &#8220;Convergence&#8221;</p></div>
<p><span id="more-475"></span></p>
<p>Bajo del auto (porque tenemos auto, a pesar de las ranas y las totoras) y pongo mi piececito, calzado con sandalia de estreno, bien en el borde de la zanja. Me resbalo, inevitablemente, y recibo el primer reto de la noche (ya tuve los del día y cayó el sol mientras viajábamos hacia Ensenada mirando el campo y las vacas). A esa edad no me importan mucho; salto, bajo y corro hacia la puerta, que desde que tengo memoria, siempre está abierta.</p>
<p>Adentro están mis tíos, mis tías, mis abuelos. Lo fenomenal es que están mis primas. Lucen vestiditos iguales, preciosas, y yo me muero de envidia por tener uno igual. Nos escapamos hacia el garage de la casa y jugamos a la mancha, a las estatuas, a la escondida. Al rato mi vestido da lástima y mi peinado con hebillitas ni se ve debajo de la maraña de Cachavacha y la transpiración, pero ese reto no es nada al lado del que recibo cuando le doy una patada (sin querer) a un tacho con aceite quemado de algún auto y me caigo sentada encima de una suciedad que me deja media hora en el baño, la piel roja de la refregada con una toalla que queda inservible y disfrazada con un pijama de mi tía la soltera. Las sandalias se salvaron: una pena, las pantuflas de mi abuelo me hubieran evitado las quemaduras con las estrellitas en los dedos de los pies.</p>
<p>La comida no nos importa, ni el pijama: seguimos con los juegos. Hay lechón frío y nos causa gracia mirarle la cabeza. Una tremenda pataleta al hígado experimentada el primer día del año en curso me enseñó para siempre a mirarlo de lejos, así que le pongo un nombre gracioso y le invento una historia trágica que deja llorando a mis primas más chiquitas, que se quedan sin comer. Los grandes se enojan y nos echan; nos encerramos en una pieza y jugamos a verdad-consecuencia, pero como somos todas mujeres y el único varón que hay es mi hermano chiquito, no tiene gracia y nos aburrimos de nuevo. Vamos afuera: es esa época en la que se puede correr por ahí de día y de noche sin miedo. Saludamos a Rogelio, el vecino de al lado, que se ríe como un Citröen 12 cv que no quiere arrancar porque se ahogó. Qué misteriosa es la memoria: recuerdo innecesariamente el nombre de ese señor desconocido y el sonido de su risa sobre la vereda embaldosada, pero no su cara&#8230; En mi barrio, todavía no hay veredas ni baldosas.</p>
<p>Cuando se acercan las 12, nos llaman a los gritos. Mis tíos meten una cañita voladora dentro de una botella de vidrio y nos juntamos a ver qué pasa. &#8220;Tito, tito, capotito, sube al cielo y pega un grito&#8221;, decía la adivinanza de la revista &#8220;Anteojito&#8221;: iba a ser la primera vez que viera una cañita voladora de cerca, porque a mis papás la pirotecnia no les gusta ni les gustará nada&#8230; A esa edad, soy consciente de mis primeras veces con las cosas y las observo con atención. Es un hilito dorado&#8230; que se convierte en cobre, y hace un hermoso chistido de espuma. No dura nada; es una gran decepción. En mi barrio, como no hay pirotecnia, la gente sale a los balazos limpios y hay que tener cuidado; acá no. Son las 12 y suena la sirena de los bomberos, que está ahí nomás de la casa de mi abuela. Dos de mis tías sacuden botellas de sidra, las destapan con esfuerzo y arrojan el contenido a la calle, entre risas que no se explican junto al derroche. Los vecinos salen a la vereda con las copas en la mano y se cruzan, se saludan, se ríen; mi tío el más alto agarra un palo y se pone a darle al poste de luz con todas las ganas, como si estuviera loco, ¡pam!¡pam!¡pam! 12 veces. Dice que lo hace porque es la tradición. En mi barrio no hay postes de luz. Yo miro a los adultos comportarse como chicos, con los pies llenos de pancutan y un pedazo de salame de chocolate en la mano. Cuando sea grande me voy a acordar de la escena, de los olores, de los ruidos, del sabor&#8230; pero todavía no sé eso.</p>
<p>Cuando se van todos para adentro porque el teléfono repiquetea a lo loco (en mi barrio no tenemos teléfono), me quedo ahí. La botella luce atractiva, tan sola como yo, en el medio de la calle, abandonada. Corro hacia ella y la agarro fuerte del pico, y como quema que pela chancho (es ahí cuando aprendo que las cañitas voladoras calientan las botellas que se usan como soporte para tirarlas al aire y que mis papás tienen razón con respecto a los peligros de la pirotecnia) la revoleo por el aire, sacudiendo la mano quemada que ahora hace juego con los deditos de mis pies, y me corto uno de los brazos y las piernas con los vidrios que salen despedidos hacia todos lados, haciéndome acreedora de unas bonitas cicatrices y de los primeros retos del nuevo año.</p>
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		<title>Qué hacer en caso de pibe que rebota</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 2014 18:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 14. Qué hacer en caso de pibe que rebota Folleto informativo hallado en la sala de espera de una salita de primeros auxilios INTRODUCCIÓN: Existen los pibes que rebotan. Algunos tienen la suerte de nacer en el seno de... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/07/11/que-hacer-en-caso-de-pibe-que-rebota/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #000080"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">14. Qué hacer en caso de pibe que rebota</h2>
<p><b><i>Folleto informativo hallado en la sala de espera de una salita de primeros auxilios</i></b></p>
<p><b><br />
</b><b>INTRODUCCIÓN:</b></p>
<p>Existen los pibes que rebotan.</p>
<p>Algunos tienen la suerte de nacer en el seno de familias amorosas y atentas, que detectarán de inmediato que su niñito no deja de rebotar y lo abrazarán fuertemente, le darán té de tilo, lo llevarán a practicar básquet, a estudiar batería, a la iglesia o al pediatra. La familia en primer lugar y, luego, las señoritas, los profesores, los especialistas, harán las veces, para él, de suave y elástica red contenedora, juntos, unidos, acompañando su crecimiento. Para ellos, el futuro será más que promisorio. Serán eximios artistas, deportistas, profesionales exitosos, escalarán el Everest. Esos jovencitos no nos preocupan en absoluto.</p>
<p>Otros pibes no tendrán esa suerte. A pesar de que el sentido común indique que todas las familias son amorosas y atentas, en la realidad eso no sucede. El niño, entonces, no dejará de rebotar; como si fuera el pato Lucas, dará tumbos para el deleite de sus espectadores y desesperación de los adultos transitoriamente responsables. Lo hará entre redes improvisadas, nada elásticas ni suaves, o sin red.</p>
<p><i>Nota: Cabe destacar que, como no todo es blanco ni negro, en el medio existe una serie de matices que ayudará o entorpecerá la situación de los rebotes. </i></p>
<p style="text-align: center"><i> <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/07/El-Pato-Lucas.png"><img class="size-medium wp-image-210 aligncenter" alt="" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/07/El-Pato-Lucas-300x71.png" width="300" height="71" /></a></i></p>
<p style="text-align: left"><span id="more-209"></span></p>
<p><b>CARACTERÍSTICAS:</b></p>
<p>Los pibes que rebotan suelen hacerlo de la misma manera.</p>
<p>Si están en la calle, andarán en moto, en bicicleta, skate, rollers o corriendo, según las posibilidades económicas de su familia, a la mayor velocidad que puedan.</p>
<p>Si están dentro de un espacio cerrado, sea cual sea la situación y el contexto (1), se arrojarán contra las paredes del lugar, mobiliario o seres vivientes, se pararán de manos, harán abdominales, lagartijas, imitarán a un cachorro desenfrenado y hambriento, dando tumbos y acompañando sus movimientos desacompasados con gritos estridentes y risotadas destempladas.</p>
<p>Como suelen accidentarse en su andar atropellado, andan cubiertos de cicatrices, que varían en magnitud e intensidad. A esas heridas suelen sumarse las que obtienen cuando alguien con poca tolerancia (o impotencia) los agarra bien a trompadas, justificando su actuar en el saludable objetivo de que dejen de rebotar.</p>
<p>Son delgados, finitos, les gusta mostrar sus costillas, panzas, el elástico de los calzoncillos. Esta clase de pibes adora exhibir sus cortes, raspones y moretones. Se levantan la ropa, se bajan o arremangan los pantalones con la naturalidad de un lactante, sin pudor ni permiso, ante la mirada escandalizada de todo quien padece los rebotes.</p>
<p>Para comunicarse, comúnmente usan latiguillos. Sin embargo, esta pobreza de vocabulario es aparente, ya que los pibes que rebotan poseen un rico y variado repertorio del que harán gala en el caso de que se tenga un grano en la nariz, un lunar peludo, un ligero estrabismo, las raíces del pelo sin teñir, la sombra de un incipiente bigote, el cierre bajo, una mancha sospechosa en la parte trasera del pantalón &#8230; El pibe describirá y adjetivará a los gritos, dejando nuestro defecto expuesto, fosforescente, refulgente e inocultable para toda la eternidad.</p>
<p>Es fácil identificarlos; mencionar otras señas carece de sentido. A los diez minutos de haber ingresado en un espacio físico donde hay un pibe que rebota, uno lo detectará. A los treinta minutos, deseará no haber ido a ese lugar. A la hora, la situación será tan insoportable que deberá tomar medidas acerca de la misma: marcharse, gritar, simular una descompostura, iniciar un incendio. Si debe tolerar esto durante meses o años, no le quedará otro camino que la meditación, la terapia, el yoga o las flores de bach. Porque estos pibes, cuando están sin red, no descansan. No hay forma humana en el universo de lograr que se queden quietos y se dejen de&#8230; rebotar. A medida que pasan los años, si sobreviven, el peso de la realidad hará que poco a poco se vayan quedando mustios, pero ya no serán pibes, será demasiado tarde para ayudar.</p>
<p><i>(1) Los pibes que rebotan sin red lo hacen en el cine, en un casamiento, en un bautismo, en la ceremonia de asunción de un presidente, en el acto del 9 de julio, en un velorio, durante una cirugía odontológica, etc.</i></p>
<p><b><br />
</b><b>CONCLUSIÓN:</b></p>
<p>Los pibes que rebotan sin red, o con red precaria, muchas veces tienen &#8220;conclusiones&#8221; y terminan en esta salita. Se queman, se cortan, se lastiman, se meten en problemas graves o gravísimos, lastiman a los demás, se ven envueltos en calamidades que ni ganas dan de ponerse a contar. Arriesgan su vida a cada momento y pueden morir. Ninguna gracia causa cuando esto sucede: ahí es cuando los adultos toman conciencia de que han cometido un irreparable error y que estos chicos no se parecen ni remotamente al pato Lucas, que es un dibujito animado y si se rompe la cabeza, no pasa nada. Porque lo de rebotar es una metáfora desesperada, un intento de descripción emitido como un pedido de auxilio. En caso de pibe que rebota, lo primero que hay que hacer es recordarle a los papás que los pibes no rebotan, porque son pibes. Y si el que está leyendo el presente informe es el padre de uno de ellos, sí&#8230; del mocosito de pequitas y peinado con copete, es hora de dejar de hacerse el chancho rengo, ¿no le parece? Digo, antes que sea demasiado tarde. Con cambiar a la criatura de colegio a cada rato no se soluciona nada, estimado señor. Los vecinos del barrio no aguantan más. Podría parar de echarle el fardo a las pobres señoritas y a nosotras, las enfermeras, que aunque parezcamos de fierro somos personas como usted, y hacerse cargo de cuidar al nene, quererlo, ayudarlo y educarlo, cosas que, aunque parezcan tan naturales, a los adultos, se les suele olvidar tan seguido que necesitan que se las recuerden mediante un folleto.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p style="text-align: center">
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