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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; la 11</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>Una noche en la Once. Capítulo final.</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2015 19:56:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5. El Capítulo 6 es el FINAL. Capítulo 6. Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/10/una-noche-en-la-once-capitulo-final/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p>Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Capítulo 1</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Capítulo 2</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Capítulo 3</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">Capítulo 4</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/03/una-noche-en-la-once-cap-5/">Capítulo 5</a>. El Capítulo 6 es el FINAL.</p>
<h2>Capítulo 6.</h2>
<p>Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y espacioso de la 11 se había llenado de gente que deambulaba, se saludaba, se abrazaba, se daba sonoros besos en ambas mejillas. Gente de los dos extremos: había muchos viejitos y muchos niñitos. Nada de adolescentes, casi. Nada de adultos. Algo tenían de raro, pero Larry no lograba darse cuenta qué era. Un no sé qué, qué sé yo&#8230; La sensación que le producía era inquietante.</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Todo parecido a un acto escolar, prácticamente, excepto por la hora. La claridad de la luna se filtraba por los vidrios del gran portón enrejado de verde y las puertas de madera del salón de actos, abiertas de par en par, parecían ocultar efectos especiales sofisticados, que no eran más que los agujeros en el techo que dejaban pasar haces de rayos de luna, bellísimos, tenues, delicados. Larry no entraba allí desde que era chiquito, porque el salón de actos había sido clausurado precisamente a causa de esos agujeros. Sabía que estaba lleno de palomas durante el día, que sus cacas habían ensuciado el piso y las butacas antiquísimas cubriéndolas de indignidad. Y lo sabía porque una vez se había metido de incógnito, junto a sus amigos el Chispazo y El Piercing, en el palco del salón, y habían estado espiando y tirándole papelitos masticados con lapiceras usadas como cervatanas a las palomas. Obviamente no le habían pegado a ninguna, pero la habían pasado bárbaro y habían zafado de la hora de Física. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El salón lucía absolutamente diferente ahora. Era como si la oscuridad lo hubiera remozado, como si las sombras lo favorecieran ocultando las rasgaduras de las butacas plegables originales, el piso de madera, los escalones que llevaban al escenario, el telón. Las colgaduras parecían nuevas, intactas, aterciopeladas, y daban ganas de pasar la mano suavecito sobre ellas. De las palomas, ni noticias. El piano lucía solemne y bello, a un costado. Los cuadros colgaban derechitos. Y un run run de comienzo de espectáculo, de acomodadores, de función, inundaba la escena.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Toda esta gente está acá porque hizo algo malo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi lo miró complacido. En el interior de Larry habían comenzado a encenderse los viejos mecanismos de inquietud, de curiosidad, de razonamiento ante lo incomprensible, ante lo nuevo y lo sorprendente. El Michi había estado al lado de Larry cuando su papá le revoleó la ropa, los cuadros, los libros, los maquillajes y la felicidad a Susana. Le había susurrado <i>&#8220;tranquilo, tranquilo, no es con vos, tranquilo, tranquilo&#8221;</i>, abajo de la cama, en donde Larry en esas épocas cabía y se había refugiado. Había estado junto al nene de los rulos rojos y la carita cubierta de lágrimas cuando la mamá juntó del piso lo que pudo, lo metió en una bolsa de consorcio, y se fue para siempre. Habían tardado años en decirle al chico que Susana se había ido a vivir a Paraguay. Y el chico, por su parte, había tardado años en vaciar su cabeza de cualquier recuerdo, de cualquier pensamiento, de cualquier ternura o caricia o sabor o perfume a madre. Para el padre había sido más fácil. Alcohol, drogarse hasta no dar más y llenarse de amigos, amigos, amigos de cualquier edad, irse, estar en la calle, no volver nunca a la casa, no pensar en nada. Y decían que Larry no se le parecía. Para el Michi, eran dos gotas de agua.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, no es así. Cuando empieces a ver, si estás preparado para hacerlo, vas a descubrir la diferencia entre unos y otros. La mayoría está aquí porque amó muchísimo en algún momento de su vida a esta escuela, porque fue su casa, porque se sintió protegido y estuvo a gusto acá. Casi todos esos viejitos que ves ahí fueron alumnos de la 11, y añoran la sensación de ser niñitos de nuevo, de pasar la manito por el pasamanos, de respirar el aire embotado del salón y la mirada dulce de las maestras.  Las viejitas de allá trabajaron de alguna cosa durante decenas de años en este edificio&#8230; limpiaron mocos, consolaron lágrimas inconsolables, enseñaron a usar plumas y lapiceras, limpiaron la escalera, barrieron, atendieron el kiosquito, plantaron los árboles que ves en el patio, pintaron una pared o algo. Y los chicos que ves, son casi todos permisos especiales. Mirá, mirá el parque, Larry, mirá bien a ver si podés ver&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró fijamente las sombras del Parque Saavedra, escudriñando con atención. Una horda de siluetas pequeñísimas se dirigía hacia la 11 desde el otro lado, donde estaba el Hospital de Niños. Había siluetas jugando en las hamacas, en los toboganes, sentadas en los bancos y en el pasto. Una sensación de serenidad desconocida invadió el pecho de Larry, que murmuró&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Están todos muertos.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, Larry. Están de permiso especial del director. Los deja venir a esta hora, desde el Hospital de Niños, para ver la función.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Algunos tienen una especie de luz&#8230; rodeándolos&#8230; Una luz que no ilumina pero que es como algo lindo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Hacés progresos rápido, amigo. Vení, vamos a sentarnos antes de que se llene, que ya va a empezar.Y vos sos invitado especial. Ya vas a ver.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Se sentaron en primera fila. Larry pasó entre butacas colmadas de señoras y señores de pelo blanco, todos amables y con expresión bondadosa. Los niños no actuaban como niños, estaban demasiado quietos, eran demasiado respetuosos. La mayoría tenía las manos cruzadas sobre sus piernitas y esperaban en silencio, con los ojos cerrados. Larry tuvo un escalofrío. Así, con los ojos cerrados, había esperado debajo de la cama que no fuera cierto, que papá no se hubiera enojado tanto con mamá, que no la hubiera echado de la casa (¿<i>a dónde se iba a ir</i>? ¿<i>a dónde se iba a ir</i>?). Tuvo un sobresalto. Los viejitos también tenían los ojos cerrados.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y de qué es la obra? Yo nunca fui al teatro&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se abrió con magnificencia; los engranajes de las cortinas corrieron silenciosos y sin fallas. Se hizo mayor la oscuridad que imperaba, y Larry se olvidó de los viejitos ciegos. En el escenario se veía una escenografía de salón de clases, con los banquitos chiquitos, las mesitas pequeñas, ventanales preciosos con cortinajes blancos y un escritorio que ostentaba un florerito sencillo, rebosante de fresias. El aroma de las flores le recordó a su mamá;  un nudo en la garganta le impidió decir nada. De un costado salió Yohana Ruiz Díaz del Vivar, haciendo malabares con unas naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Esa chica cometió un error inmundo. Ofrecía &#8220;protección&#8221; a cambio de las moneditas de los nenes de la primaria, en la puerta del kiosquito, y había montado una especie de mafia que fue muy difícil de desbaratar en la escuela. Es tan testaruda que todavía no entiende las consecuencias de lo que hizo, el dolor que ocasionó a centenares de nenes durante su estadía en la 11. El director le encargó este trabajo hasta que se haga cargo de sus actos, pero ella no lo sabe. Lleva mucho tiempo acá. Hasta parece disfrutarlo a pesar de que sabe que los nenes no la están viendo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A Larry no le importaba nada lo de Yohana Ruiz Díaz del Vivar. Un nene pelirrojo, pequeñísimo, enfundado en un guardapolvo planchado y almidonado con amor, estaba sentado entre muchos otros nenes, ahí, en su banquito, e intentaba tomar una lapicera por primera vez con sus manos torpes. Y Laurita, la bellísima Laurita, estaba sentada a su lado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- ¡Mirá, Michi! Ése soy yo. Esa lapicera me la había comprado mi papá, y era de las que si las inclinabas para un lado se veía un auto rojo, y si las inclinabas para el otro, uno azul. Me acuerdo de esto. Ahora le señorita Beatriz se va a sentar al lado mío y me va a ayudar&#8230; Tenía un montonazo de paciencia esa seño, yo la quería tanto que le hice un dibujo cuando terminó el año para que pusiera en el arbolito de navidad&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La segunda escena representaba a alumnos de años más grandes, en el recreo. Estaban todos en el pasillo y el pelirrojito se había escapado de la mirada vigilante de la seño Dora, que lo cuidaba tanto, y se había escondido en el baño de los chicos de la secundaria. Larry sintió que las lágrimas se le escapaban y le apretó la mano a Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- Fue horrible, es horrible. Ahora entro al baño y está Facundo Escalante fumando un porro. Y me agarra de los pelos, y del cuello, y me mete la cabeza en el mingitorio y me dice que si digo algo me va a matar&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi oprimió la mano de Larry, fuerte, muy fuerte, como hacía siempre cuando su amigo sufría mucho. Larry lloraba como hacía años no había llorado, igual a ese día escondido bajo la cama de sus padres viendo volar cuadros y ropas de mujer y pensando a dónde, a dónde se va a ir.  La escena siguiente tardó un poco más en aparecer&#8230; el telón quedó corrido, respetando el dolor profundo del chico. Hasta Yohana pareció retirarse un poco hacia un costado, sin parar de revolear sus naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La escena siguiente era en el salón de 1ero. Larry quedó asombrado ante el cambio. El escenario, tan bello y de ventanas limpias y aroma de flores, ahora mostraba un salón descuartizado a escrituras, a patadas, a bancos desvencijados y pizarrones vejados por <i>liquid paper</i>. Ahí estaba él, como en las escenas anteriores, tallando una rajadura con una trincheta. Los ojitos bellos que había visto en los Larrys niños habían desparecido bajo un velo de indiferencia y cansancio. El guardapolvo había desaparecido y su ropa colgaba raída y sucia, descuidada, sobre su cuerpo desmesurado. Los rulos rojos eran una maraña que intentaba tapar la cara y lo lograba. Las seños no estaban. Había una profesora que iba cambiando de cara y se iba transformando en muchas profesoras anónimas que le decían que se sentara, que se callara, que prestara atención, que era un irrespetuoso, que era una porquería de persona, que era un sucio, un desagradecido, un mal amigo, que era feo, que era malo, que iba a terminar mal, que iba a terminar con un prontuario&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se vio entrando en la pecera esa tarde, todo mojado y con dolor de espalda, después de destrozar el baño a patadas. Se vio sentado al fondo, vio entrar a la directora y escuchó lo que ella decía. Levantó la vista hacia la profesora y vio en su mirada la misma mirada que tenía la seño Beatriz, cuando se sentó al lado suyo para enseñarle a agarrar bien la lapicera. La lapicera que le había regalado su papá.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se corrió por fin. Todos los nenes, todos los viejitos, todas las paredes de la 11, las ventanas, las cortinas, las escaleras, todos estallaron en un aplauso al unísono. &#8220;¡Larry! ¡Larry!¡Larry!&#8221; vitoreaban. El chico, asombradísimo y emocionado hasta haber perdido absolutamente la voz, miró al Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es tu obra. Vos la escribiste, la dirigiste y la protagonizaste. Ahora quieren que subas y digas unas palabras.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Literalmente, Larry fue subido por centenares de brazos y llevado al escenario, que Yohana abandonó respetuosamente. Jamás había hablado en público y lo que había vivido recién era demasiado emocionante como para saber si aún le quedaba voz. Sin embargo subió, y desde arriba pudo ver a los niños de ojos cerrados, a los viejos; le pareció ver a Beatriz, a Dora, a Norma, a las preceptoras, a la de Física&#8230; a él mismo siendo niño sentadito en la primera fila al lado del Michi, con los rulos peinados y brillantes, con el guardapolvo planchado por su mamá. No dijo nada. Solamente cerró los ojos él también, inspiró hondo, lo más hondo que pudo, y se llenó los pulmones de la 11. Se sintió bien por primera vez en años: estaba en su casa, la 11 era su casa,  los aplausos eran para él  a pesar de que había hecho cosas malas&#8230; porque no era que las había hecho malas&#8230; era que le habían salido mal&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Pero eso va a cambiar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se sobresaltó. Su voz había sonado hueca y estridente en el salón de actos vacío. Sólo el Michi lo esperaba, de pie, apoyado en una de las paredes.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Vamos, Larry. Fue una noche intensa y hay muchas cosas sobre las que tenés que pensar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Vamos a dónde?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ En unos minutos, tu abuela va a venir a buscarte junto con la directora y la portera. Cuando tu abuela llegó a tu casa y no te vio pensó en llamar a la policía, a los hospitales, a los bomberos, a la NASA, qué sé yo qué escándalo iba a armar. Pero le susurré que llamara al Chispazo, bajito, y las abuelas y las madres siempre me escuchan. El Chispazo te vio escondido atrás de la puerta de la pecera y se hizo el que no veía nada&#8230; No te enojes con él&#8230; es un buen amigo, pero a veces confunde lo que realmente quiere decir la verdadera amistad. La cosa es que el Chispazo confesó que estabas acá encerrado y ahí vienen tu abuela, la directora y la portera a buscarte, locas de preocupación porque saben que acá no hay agua ni luz gracias a tu macana de la tarde y esperando que estés bien porque te quieren muchísimo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y qué hago? ¿Qué les digo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se encontró solo en el umbral de la 11. Pudo escuchar unas últimas palabras del Michi, pero ya no pudo verlo.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Yo estaba cuando te pasó lo de Facundo Escalante y te pido mil disculpas por no impedir lo que te pasó en el baño, cuando eras un chiquito indefenso. El director me acaba de levantar la pena: he cumplido. De vos depende, Larry, ser el hacedor de tu propio camino&#8230; Ya no voy a estar para cuidarte&#8230; acordate&#8230; De vos va a depender ahora todo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Una luz de linterna provenía de afuera, y el <i>clanc clinc</i> conocidísimo de la portera, que venía con todos los pelos parados y el maquillaje  corrido, le produjo una sensación de bienestar incomparable. &#8220;Te perdono&#8221;, murmuró. &#8220;Gracias por todo&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¡Neeeeeeeeeeeegrooooo! ¡Acá está, señora, vivito y coleando, no se preocupe!</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Su abuela lloraba y lo palpaba y lo besaba y la directora lo abrazaba y la portera lo zamarreaba para ver si estaba bien.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Estoy bien. No se preocupen. Vamos a casa, abuela. Señora directora, mañana voy a venir a hablar con usted junto a mi padre y veremos cómo hago para pagar los daños que le hice a la escuela.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La directora Norma sonrió misteriosamente, abrazó a Larry y le dijo en el oído:&#8221;Shhh, no te preocupes. Sé que una noche en la 11 puede ser una experiencia pesada. Andá a descansar, que preocupaste a toda la gente que te quiere&#8221;. </span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró a la gente que lo quería, mientras entraba en el remís que lo llevaría a su casa. Miró a su abuela, miró a la portera, miró a la directora, y por último, miró a la 11, que lo observaba majestuosa y cálida, envuelta en un manto de sombras que ya empezaban a dejar entrever tonos cálidos y rosados del amanecer. Y se sintió muy feliz, porque allí estaría su escuela, esperándolo para recibirlo mañana, y después de mañana, y después de después de mañana, y después de después.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"><br />
</span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">                                                         <strong>  FIN</strong></span></p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
</div>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 2</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 17:09:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Cap. 1 hacé click aquí. Capítulo 2. Fue tan, pero tan fácil, que le pareció mentira que no se le hubiera ocurrido antes. La escuela quedó absolutamente vacía en un santiamén; pudo escuchar desde... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Cap. 1 hacé click aquí.</a></p>
<h2>Capítulo 2.</h2>
<p>Fue tan, pero tan fácil, que le pareció mentira que no se le hubiera ocurrido antes. La escuela quedó absolutamente vacía en un santiamén; pudo escuchar desde su escondite el ruido que hizo el bolsillo de la portera al ser atacado por el llavero gigante, el trac trac trac de la llave girando en la cerradura y por fin, por primera vez, se quedó solo en la 11. Estaba seguro de que nadie se había dado cuenta de que él no había salido, de que él no estaba en la parada del colectivo, de que él no pasaba delante del kiosco de la esquina de su casa, de que él no había llegado a ninguna parte&#8230;</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p><span id="more-566"></span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A esa altura de sus pensamientos, Larry se puso un poco triste. Sí se iban a dar cuenta de que no había vuelto a su casa, pero tarde, a eso de la medianoche, cuando su abuela volviera del turno del hospital. No había pensado en eso. Se iba a asustar mucho, seguramente, iba a pensar que lo habían secuestrado, que lo habían matado en un robo, que había tenido un accidente y estaba tirado en la cama de algún hospital cercano&#8230;, no, eso no, porque la abuela venía del hospital cercano y no lo había visto ahí&#8230;  Larry se encogió de hombros recordando repentinamente la sanción que le había impuesto la directora. &#8220;No me importa, mal no le va a venir preocuparse un poco por mí, que nunca me da bola&#8221;. Y dejó de pensar en su abuela.</span></p>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La escuela se extendía a sus pies, enorme y mansa, como una mascota desmesurada. Cuando salió de atrás de la puerta de la pecera escuchó el familiar chirrido del gozne oxidado y experimentó un escalofrío. No era lo mismo entre tanto silencio&#8230; ni siquiera la pecera parecía la misma, inundada de una nube gris de penumbra y atravesada de haces de partículas de tiza flotando como fantasmas&#8230; Pensó en eso, e inmediatamente decidió dejar de pensar estupideces y salió raudamente a inspeccionar la vacía escuela.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Primero se metió en la cocina. Las veces que la portera lo habría echado de ahí amenazándolo con un trapo en la mano&#8230; Ahora no había nadie para impedirle meter las manos entre las porciones de tarta de jamón y queso, entre los panes recién cortados para los sanguchitos de mañana, entre los alfajores guaymallén y las pizzas frías. Comió hasta que se aburrió, porque en esa época Larry nunca se llenaba con la comida. Y ahí fue cuando se llevó el primer disgusto, que comparado con los que le deparaba la larguísima noche no era nada de nada, pero que detonó en él el mismo sentimiento que lo había llevado a subirse sobre la mesadita y ponerse a patear la puerta del baño: terminó de comer, abrió la canilla para servirse un vaso de agua y&#8230; no salió nada. No había agua en la escuela. Ni una gota. Seco. Y se puso a patear la canilla como si ésa fuera la manera de que brotara.</span></p>
</div>
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<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry sintió una sed inmensa, una sed que le subía desde la punta de los pies hasta la garganta y la volvía seca, seca y más seca. No podía esperar un minuto más, necesitaba agua, moría, moriría tirado ahí mismo sobre las baldosas frías de la 11, deshidratado,  lo encontraría la portera cuando llegase al otro día, temprano, y se iba a arrepentir cuando lo viera ahí, todo muerto, de las veces que le había gritado que saliera de la cocina con el repasador en la mano&#8230; Le gustó tanto la imagen de su cuerpo tirado en el piso, chatito por la deshidratación, que se olvidó de la sed abrasadora y ya no le pareció tan terrible que no hubiera agua. Decidió inspeccionar el armario de preceptoría, que siempre le había parecido misterioso, y se dirigió hacia allí. </span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tampoco había bebidas guardadas, solamente tizas, borradores viejos y toneladas de papeles. La espalda le dolía ahora en una forma intolerable, como si le estuvieran clavando una aguja gruesa y despiadada. Encontró una especie de cartuchera en el fondo del armario, la abrió y vio una tableta de pastillas empezada, una crema que decía &#8220;hidratante&#8221;, un lápiz de labios y una lapicera verde. Las pastillas parecían algún remedio. Meditó algunos segundos sobre el peligro de ingerir remedios sin saber su origen, sin que se los recetara un doctor, sin haber ido al médico&#8230; pero decidió que la cartuchera no tenía aspecto de peligrosa. La espalda le dolía demasiado;  si le seguía doliendo lo encontraría la portera tirado sobre el piso frío de la preceptoría, tieso y muerto del dolor, a la mañana siguiente&#8230; Disfrutó de la imagen que había aparecido nítidamente en su cabeza mientras tomaba la primera pastillita, qué chiquita, duele mucho&#8230; Decidió que serían dos.</span></p>
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<div>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Fue un error. Él no sabía lo larga que sería esa noche.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2 style="text-align: center"> <em>Continuará…</em></h2>
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<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"><em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
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<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 1.</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 18:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 a Juan C. Araya,  mi lector incondicional  Capítulo 1 &#160; Había sido una tarde común y corriente en la 11 hasta que Larry había resuelto, en un impulso inexplicable hasta para él mismo, subirse sobre la mesadita... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: left">Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<div>
<p style="text-align: right"><span style="font-size: small"><i>a Juan C. Araya,  mi lector incondicional</i></span></p>
<p><strong><span style="font-size: small"><i> </i></span><span style="font-size: 1.17em;text-align: center">Capítulo 1</span></strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Había sido una tarde común y corriente en la 11 hasta que Larry había resuelto, en un impulso inexplicable hasta para él mismo, subirse sobre la mesadita del baño y patear la puerta hasta destrozarla; mesadita y Larry habían caído violentamente sobre el piso arrastrando el lavatorio y rompiendo las cañerías&#8230; En el momento en que empieza nuestra historia, tenemos a Larry intentando disimular su dolor en la espalda sentado en la silla más atrás de los atrases, adentro de la pecera, en plena hora de Literatura. Y acá tengo que detenerme y explicar a los lectores qué es la pecera, en primer lugar, y destacar que la ropa empapada del chico era imposible de ocultar por más pecera que se llamara el salón de clases.</span></p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p><span id="more-551"></span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La 11 funciona en un edificio inmenso, centenario, diseñado expresamente para ser una escuela. Tiene altísimas paredes, escaleras de mármol, ventanas enormes bordeadas de granito, un patio extenso con zonas arboladas y pasto, un salón de actos que en sus épocas habrá sido envidiable, un ambiente fresco que te invade cuando la portera te abre la enorme puerta enrejada y un ajetreo incesante y sonoro de niñez y adolescencia latiendo, de maestras y profesoras trabajando a pleno, de lapiceras, y risas, y sanguchitos en movimiento. Fue una escuela primaria durante muchísimos años, hasta que se adaptó al cambio de la secundaria y se dividieron las dos instituciones en el mismo edificio. La pecera es testimonio de los malabares arquitectónicos de esa metamorfosis, el durlock simulando ser pared en aulas otrora inmensas y ahora reducidas, ruidosas hasta el tormento, la biblioteca llena de libros que sirven para la primaria y no para la secundaria, el patio vedado a los de la secundaria que quedaron relegados a los pasillos, el kiosquito que a veces está y a veces no, también vedado, y muchos etcéteras. Llamamos pecera al salón inventado al costado de la biblioteca porque sus paredes son de vidrio opaco y vaya a saber por qué razón, hay una franja de ese vidrio que no está pegada a la pequeña parecita que otrora fue pasamanos de escalera y que permite que, además de entrar ruidos constantemente dentro del salón, los alumnos sean observados por los que están afuera y se paran en la escalera a mirar, contribuyendo al efecto de sentir ser un carassius, un pez ángel, un pequeño bagre o un pececito exótico en el mejor de los casos&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">En el presente de este relato, Larry no parecía un pez ángel en absoluto y todos dentro del aula sabíamos que sobre su cabeza había un letrero invisible pero fosforescente titilando CULPABLE en letras rojas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> Golpearon la puerta.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tres de los alumnos que estaban deambulando se abalanzaron a abrirla con una tijera en mano (la puerta de la pecera no tiene picaporte y todos hemos desarrollado habilidades para abrirla con tijera). Era la directora.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Quién fue el que rompió todo el baño? ¿Quién fue? ¿Cómo pudieron hacer una cosa así? Fue en el baño de varones, los únicos cursos que estaban en el recreo eran ustedes y el otro primero y yo vengo de allá y&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La directora habla y de sus ojos sale cansancio, de sus manos emana tristeza, de sus piernas frustración e impotencia. Habla sentada; pocas veces la he visto hacer eso. Toda esa fuerza y energía que durante años contemplé en ella, ya no está. Mis ojos van hacia Larry, que desde allá, a mil kilómetros de distancia, simula escuchar. No está oyendo nada de lo que la directora dice. No está percibiendo su dolor, su preocupación, su enojo. Sólo está pensando en cómo pasar desapercibido, en cómo no responsabilizarse de lo que hizo, en cómo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Y no son buenos amigos si encubren a la persona que hizo semejante acto de vandalismo con nuestra escuela, semejante barbaridad. Ahora el baño, el que ustedes necesitan y usan todos los días junto a todos los varones de la escuela, está inutilizado. No son buenos amigos si lo encubren. Larry, estás mojado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ &#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Te estoy hablando a vos, Larry. Estás mojado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Yo? ¿Y qué? Yo no fui, no tuve nada que ver.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Vení a dirección. Profesora, me llevo a Larry. Disculpe. Puede proseguir con la clase.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Proseguir con la clase quiere decir que tres de las chicas saquen peines y espejitos y comiencen a maquillarse y peinarse los flequillos. Que cuatro varones sentados atrás prosigan un partido de truco con las barajas escondidas entre las piernas, bajo los bancos. Que una de las chicas apoye la cabeza sobre un brazo y se duerma. Que otra de las chicas me mire desafiante y declare &#8220;Hoy no pienso hacer nada, profe&#8221;. Que los tres que deambulaban por la pecera con la tijera en la mano se retiren hacia atrás, siempre más atrás, a conversar y especular sobre qué le van a hacer a Larry en dirección esta vez. Que cuatro o cinco caritas cansadas me miren preguntándose qué voy a hacer hoy para arreglármelas para que alguien me dé bolilla mientras hablo. Porque yo hablo. Y esta vez, hablo un rato largo sobre el porqué destrozar la querida escuela, de porqué no prestar atención en clase, del verdadero sentido de amistad, de pertenencia, de&#8230; y entra Larry. Así que se paran todos y se le abalazan reclamando el relato de qué pasó, qué le va a pasar, qué le hicieron en dirección&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Nada. Yo no fui.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Por suerte la curiosidad la satisface un chico de otro curso que estaba en dirección porque había tomado sin querer el celular de otro y presenció la escena. Cumpliendo su rol de testigo vociferó a través de la hendija de la pecera, parado en la escalera: &#8220;Le hizo un acta. Lo suspendieron. Tiene que venir con los padres mañana porque si no, no lo dejan entrar&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry me mira mientras me aproximo a hablarle, pero se encoje de hombros. Se escucha la campana y me doy vuelta para vigilar mi cartera, que quedó sobre lo que en una época fue un escritorio y ahora es un mueble indefinido y enclenque. Mi cartera está ahí, intacta, pero cuando me vuelvo ya he quedado sola. Todos salieron corriendo hacia la calle, todos, pensé. Lo que no sabía, lo que nadie sabía, era que una persona se había escondido tras la puerta abierta. Así que nos fuimos, la portera cerró la escuela y ahí quedó, detrás de la puerta de la pecera&#8230; y sí, quién va a ser, ahí quedó Larry.</span></p>
<h2 style="text-align: center"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> <em>Continuará&#8230;</em></span></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong><span style="text-decoration: underline">Una noche en la 11</span> es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
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