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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; profesores</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 4</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2015 17:58:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí. Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí.  Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí.  Capítulo 4. Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí.</a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí. </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí. </a></p>
<h2>Capítulo 4.</h2>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los pensamientos desoladores sobre la sanción, el acta, su abuela llegando a la casa vacía, la noche, la soledad, la sed y la espalda se desvanecieron en segundos gracias a la locuacidad del nuevo amigo, a su risa estridente que no hacía eco pero se desparramaba por los pasillos desiertos de la 11 como Pancha por su casa, a sus anécdotas. Porque Roberto parecía una fuente inagotable de relatos; sabía la historia de la escuela desde sus inicios, los secretos de miles de alumnos, de profesores, de maestros, de directivos. Historias picantes, escabrosas, guardadas por generaciones. Larry estaba fascinado, escuchando y escuchando.</span></p>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a></p>
<dl class="wp-caption alignnone" id="attachment_552" style="width: 1610px">
<dd class="wp-caption-dd">Una noche en la 11</dd>
</dl>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Por qué estabas golpeando ese caño hace un rato? Me asustaste&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El caño? Tengo que golpearlo sí o sí. Me hiciste acordar. Si paro determinado lapso de tiempo me pueden sancionar más y no estoy ni ahí&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lamentó haber preguntado. El chico se había parado como por un resorte, pálido y sombrío, y se había puesto a hacer <em>clanc clanc</em> otra vez con todas sus fuerzas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tuvo que gritar para continuar la conversación: </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El qué? ¿Qué sanción con el caño? Y además no me acuerdo de haber visto ese caño de día&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto contestó sin dejar de golpear. Era una historia corta y simple: Una tarde, cuando él estaba en 8vo, en la época en que existía 8vo, durante uno de los recreos había arrancado el caño de gas que estaba en la escalera. Y lindo lío. Había empezado a salir gas, obviamente, la escuela se había llenado de gritos de alarma, un olor espantoso que subía y se metía y se te metía, gente corriendo desesperada hacia el parque de enfrente,  tironeos de mangas, chicos que se caían y se golpeaban, miedo, miedo, uy, qué hice. Fue cuando tuvo el accidente de la cadera el gordito Pereyra, que quedó usando bastón de por vida. Él no había pensado que iba a salir gas. Y no era ningún tonto, tenía un 8 en Matemáticas y en Inglés estaba casi aprobado ese año. Pero bueno, hubo que evacuar la escuela y había intoxicados que fueron llevados al Hospital de Niños. Él también estuvo ahí unos días. Pero no se pudo hacer nada. Así que ahora le tocaba golpear el caño todo el tiempo hasta que el director avisara. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es directora. Se llama Norma.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, ya sé, no ésa. El de verdad, el director. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry estaba en una edad en la que las preguntas estaban de más. Roberto usaba algunas palabras que no entendía, pero lo de romper un caño no le parecía nada escandaloso a un adolescente que esa misma tarde había arrancado un lavatorio de cuajo y roto una puerta a las patadas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y por qué nunca vi el caño?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto sonrió misteriosamente.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Aunque no lo veamos, el caño está. Tonto, lo embutieron en la pared después de que me mandé ese mocazo. Era un peligro.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y no podés parar de hacer eso, que me estás haciendo gritar, me estás dejando sordo y me estoy aburriendo?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto meditó unos instantes. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Bueno, pero por vos nada más. Te voy a presentar al Michi. Te va a hacer un <em>tour,</em> seguramente, porque le encantan los de tu 2do. Él fue el que te salvó el año pasado cuando se cayó el ventilador de techo derechito sobre tu cabeza&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lo miró asombrado. El año anterior, durante la hora de Geografía, el ventilador de techo se había desprendido y había caído sobre su mesa haciendo tal ruido que los profesores de los otros salones habían corrido para ver qué pasaba. La de Geografía había tenido una crisis nerviosa; hubo que llamar la ambulancia y eso había estado muy bueno, ver a la vieja toda blanca y con las medibachas al aire, pataleando en el suelo. Acordarse de eso y tentarse de risa fue una sola cosa. Estuvo ahí riéndose hasta que le dolió la cara.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No puedo más, Roberto, pará de hacerme reír. No me salvó ningún Michi ese día, si el ventilador me pasó raspando, pero no me hice nada&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se detuvo en la mitad de la frase. Ya no tuvo ganas de reírse. Los <em>clanc clanc</em> habían cesado mientras él carcajeaba como un desenfrenado, al igual que Roberto y el caño. Pasó la mano por el borde de la escalera, de los dos lados. Nada, no había ni señales de agujero, de revoque, de caño, de Roberto. En eso estaba, meditabundo, cuando oyó un chistido que venía desde adentro de la pecera. Pero antes de que pudiera ni siquiera asustarse, apareció en la puerta (tijera en mano en lugar de picaporte, naturalmente), un chico altísimo, flaquísimo y blanquísimo que dijo sonriendo: &#8220;Hola, soy Michi, vos debés ser el amigo nuevo de Roberto. Él se tuvo que ir porque lo llamó el director, pero vení, dale, que yo soy buena compañía también. ¿Damos una vuelta por la escuela?&#8221;. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Y sí, dale, vamos&#8230;, murmuró Larry, mientras pensó: &#8220;no me queda otra&#8221;.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2 style="text-align: center"><em>Continuará…</em></h2>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"> <em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
<p style="text-align: center">
</div>
<div style="text-align: center"></div>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 1.</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 18:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 a Juan C. Araya,  mi lector incondicional  Capítulo 1 &#160; Había sido una tarde común y corriente en la 11 hasta que Larry había resuelto, en un impulso inexplicable hasta para él mismo, subirse sobre la mesadita... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: left">Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<div>
<p style="text-align: right"><span style="font-size: small"><i>a Juan C. Araya,  mi lector incondicional</i></span></p>
<p><strong><span style="font-size: small"><i> </i></span><span style="font-size: 1.17em;text-align: center">Capítulo 1</span></strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Había sido una tarde común y corriente en la 11 hasta que Larry había resuelto, en un impulso inexplicable hasta para él mismo, subirse sobre la mesadita del baño y patear la puerta hasta destrozarla; mesadita y Larry habían caído violentamente sobre el piso arrastrando el lavatorio y rompiendo las cañerías&#8230; En el momento en que empieza nuestra historia, tenemos a Larry intentando disimular su dolor en la espalda sentado en la silla más atrás de los atrases, adentro de la pecera, en plena hora de Literatura. Y acá tengo que detenerme y explicar a los lectores qué es la pecera, en primer lugar, y destacar que la ropa empapada del chico era imposible de ocultar por más pecera que se llamara el salón de clases.</span></p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<p><span id="more-551"></span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La 11 funciona en un edificio inmenso, centenario, diseñado expresamente para ser una escuela. Tiene altísimas paredes, escaleras de mármol, ventanas enormes bordeadas de granito, un patio extenso con zonas arboladas y pasto, un salón de actos que en sus épocas habrá sido envidiable, un ambiente fresco que te invade cuando la portera te abre la enorme puerta enrejada y un ajetreo incesante y sonoro de niñez y adolescencia latiendo, de maestras y profesoras trabajando a pleno, de lapiceras, y risas, y sanguchitos en movimiento. Fue una escuela primaria durante muchísimos años, hasta que se adaptó al cambio de la secundaria y se dividieron las dos instituciones en el mismo edificio. La pecera es testimonio de los malabares arquitectónicos de esa metamorfosis, el durlock simulando ser pared en aulas otrora inmensas y ahora reducidas, ruidosas hasta el tormento, la biblioteca llena de libros que sirven para la primaria y no para la secundaria, el patio vedado a los de la secundaria que quedaron relegados a los pasillos, el kiosquito que a veces está y a veces no, también vedado, y muchos etcéteras. Llamamos pecera al salón inventado al costado de la biblioteca porque sus paredes son de vidrio opaco y vaya a saber por qué razón, hay una franja de ese vidrio que no está pegada a la pequeña parecita que otrora fue pasamanos de escalera y que permite que, además de entrar ruidos constantemente dentro del salón, los alumnos sean observados por los que están afuera y se paran en la escalera a mirar, contribuyendo al efecto de sentir ser un carassius, un pez ángel, un pequeño bagre o un pececito exótico en el mejor de los casos&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">En el presente de este relato, Larry no parecía un pez ángel en absoluto y todos dentro del aula sabíamos que sobre su cabeza había un letrero invisible pero fosforescente titilando CULPABLE en letras rojas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> Golpearon la puerta.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tres de los alumnos que estaban deambulando se abalanzaron a abrirla con una tijera en mano (la puerta de la pecera no tiene picaporte y todos hemos desarrollado habilidades para abrirla con tijera). Era la directora.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Quién fue el que rompió todo el baño? ¿Quién fue? ¿Cómo pudieron hacer una cosa así? Fue en el baño de varones, los únicos cursos que estaban en el recreo eran ustedes y el otro primero y yo vengo de allá y&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La directora habla y de sus ojos sale cansancio, de sus manos emana tristeza, de sus piernas frustración e impotencia. Habla sentada; pocas veces la he visto hacer eso. Toda esa fuerza y energía que durante años contemplé en ella, ya no está. Mis ojos van hacia Larry, que desde allá, a mil kilómetros de distancia, simula escuchar. No está oyendo nada de lo que la directora dice. No está percibiendo su dolor, su preocupación, su enojo. Sólo está pensando en cómo pasar desapercibido, en cómo no responsabilizarse de lo que hizo, en cómo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Y no son buenos amigos si encubren a la persona que hizo semejante acto de vandalismo con nuestra escuela, semejante barbaridad. Ahora el baño, el que ustedes necesitan y usan todos los días junto a todos los varones de la escuela, está inutilizado. No son buenos amigos si lo encubren. Larry, estás mojado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ &#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Te estoy hablando a vos, Larry. Estás mojado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Yo? ¿Y qué? Yo no fui, no tuve nada que ver.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Vení a dirección. Profesora, me llevo a Larry. Disculpe. Puede proseguir con la clase.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Proseguir con la clase quiere decir que tres de las chicas saquen peines y espejitos y comiencen a maquillarse y peinarse los flequillos. Que cuatro varones sentados atrás prosigan un partido de truco con las barajas escondidas entre las piernas, bajo los bancos. Que una de las chicas apoye la cabeza sobre un brazo y se duerma. Que otra de las chicas me mire desafiante y declare &#8220;Hoy no pienso hacer nada, profe&#8221;. Que los tres que deambulaban por la pecera con la tijera en la mano se retiren hacia atrás, siempre más atrás, a conversar y especular sobre qué le van a hacer a Larry en dirección esta vez. Que cuatro o cinco caritas cansadas me miren preguntándose qué voy a hacer hoy para arreglármelas para que alguien me dé bolilla mientras hablo. Porque yo hablo. Y esta vez, hablo un rato largo sobre el porqué destrozar la querida escuela, de porqué no prestar atención en clase, del verdadero sentido de amistad, de pertenencia, de&#8230; y entra Larry. Así que se paran todos y se le abalazan reclamando el relato de qué pasó, qué le va a pasar, qué le hicieron en dirección&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Nada. Yo no fui.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Por suerte la curiosidad la satisface un chico de otro curso que estaba en dirección porque había tomado sin querer el celular de otro y presenció la escena. Cumpliendo su rol de testigo vociferó a través de la hendija de la pecera, parado en la escalera: &#8220;Le hizo un acta. Lo suspendieron. Tiene que venir con los padres mañana porque si no, no lo dejan entrar&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry me mira mientras me aproximo a hablarle, pero se encoje de hombros. Se escucha la campana y me doy vuelta para vigilar mi cartera, que quedó sobre lo que en una época fue un escritorio y ahora es un mueble indefinido y enclenque. Mi cartera está ahí, intacta, pero cuando me vuelvo ya he quedado sola. Todos salieron corriendo hacia la calle, todos, pensé. Lo que no sabía, lo que nadie sabía, era que una persona se había escondido tras la puerta abierta. Así que nos fuimos, la portera cerró la escuela y ahí quedó, detrás de la puerta de la pecera&#8230; y sí, quién va a ser, ahí quedó Larry.</span></p>
<h2 style="text-align: center"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> <em>Continuará&#8230;</em></span></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong><span style="text-decoration: underline">Una noche en la 11</span> es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
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		<item>
		<title>La isla del Alumno Autodidacta. Parte 1</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2014 12:54:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 13. La isla del Alumno Autodidacta (cuento dividido en dos partes) &#160; Primera Parte. Hace más o menos diez años, un excéntrico multimillonario al que llamaremos &#8220;X&#8221; notó con disgusto que los empleados de su empresa no trabajaban con... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/06/27/la-isla-del-alumno-autodidacta-parte-1/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #993300"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">13. La isla del Alumno Autodidacta</h2>
<h3 style="text-align: center"><strong><em>(cuento dividido en dos partes)</em></strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Primera Parte.</p>
<p>Hace más o menos diez años, un excéntrico multimillonario al que llamaremos &#8220;X&#8221; notó con disgusto que los empleados de su empresa no trabajaban con el ahínco que esperaba. Contrató un equipo de especialistas para averiguar la causa de semejante desidia y, entre las posibles razones que ellos encontraron, una le pareció la culpable por sobre las demás: todos los empleados haraganes tenían hijos adolescentes. El adinerado señor tenía motivos personales para creer que ésa era la clave: su hijo de 13 años lo tenía angustiado, mareado y desvelado. &#8220;La piel de Judas&#8221;, pensó al recordarlo. Y contrató un doctor especialista en educación, entonces.</p>
<p>Como llegado a este punto, al señor X le dio fiaca continuar involucrándose en la investigación que él mismo había iniciado, puso una considerable suma de dinero en las manos del erudito, le encargó que incluyera a su propio hijo en el proyecto y se olvidó por un tiempo del asunto.</p>
<div id="attachment_188" class="wp-caption alignnone" style="width: 970px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/06/mapa.jpg"><img class="size-full wp-image-188" alt="La isla del Alumno Autodidacta" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/06/mapa.jpg" width="960" height="760" /></a><p class="wp-caption-text">La isla del Alumno Autodidacta</p></div>
<p><span id="more-187"></span></p>
<p>El doctor sabio vio la posibilidad de llevar a la práctica una de sus teorías. Compró una pequeña isla y convenció a los empleados del señor X de que le entregaran a sus hijos para realizar una experiencia revolucionaria y educativa allí. Fundó desde su escritorio la  &#8221;Isla del alumno autodidacta&#8221;, basada en el sencillo principio de la &#8220;autoeducación autodidacta por medio de las tecnologías modernas&#8221;. La idea era vieja, pero engalanada con dinero y artefactos de última generación, parecía acertada. Todos sabían, ya en esa época, que la escuela tradicional era algo obsoleto. Y todos (menos el sabio, que no tenía hijos ni sobrinos y se sentía incómodo con los adolescentes, hecho por el cual los evitaba desde su propia, dolorosa y olvidable adolescencia) estaban en la misma situación inconfesable: no sabían qué hacer con sus hijos. Así que aplaudieron unánimemente las ideas del doctorcito, que muy impresionado hasta él mismo con su oratoria, su valor y su eficacia, logró sin tener la necesidad de viajar que en tiempo récord el edificio estuviera abierto para los educandos autodidactas, que comenzaron a deambular libremente por allí, conectados a sus músicas, juegos y aparatos.</p>
<p>El proyecto fue mutando: no por nada era una experiencia piloto, y el sabio estaba dispuesto a ser indulgente consigo mismo. El primer mes contrató un ejército de docentes especializados, elegidos estrictamente entre los mejores de sus respectivas áreas. Su función era estar ahí, al alcance de la mano del educando, por así decirlo, en caso de que éste tuviera una pregunta o necesitara orientación para algo. Se suponía que los jóvenes poseían innatamente la curiosidad y la avidez por el conocimiento que caracterizan a los seres humanos, así que ¿por qué no esperar de ellos preguntas más o menos funcionales, en el período de su autoinstrucción? Un equipo de nutricionistas se encargaba de la alimentación en la isla, había campos de deportes equipados profusamente y un gimnasio digno de un hotel de lujo. Todo estaba preparado para que las cosas anduvieran sobre rieles. El hijo del señor X había abandonado su prestigioso colegio privado y estaba ahí, en un ejemplo increíble de justicia e igualdad social (el sabio sentía un nudo en la garganta cuando pronunciaba esa frase y se le ponía la piel de gallina de la inmensa emoción). Y agregaba la pregunta retórica, dejada para el final:  ¿Qué podía tener de malo la autoeducación? Los más grandes sabios de la historia de la humanidad fueron autodidactas.</p>
<p>Las cosas cambiaron un poco cuando terminó el primer trimestre. Un equipo de docentes enviado por el Ministerio de Educación del país donde vivían los papás de los niños, el sabio y el olvidadizo señor X, viajó a la isla para realizar la evaluación parcial de los aprendizajes realizados por los chicos. Era la única condición que le habían puesto a la experiencia piloto para otorgar certificados oficiales y reconocer su validez.</p>
<p>En la isla no importaban la edad ni los conocimientos previos de los educandos. La única normativa era que los docentes no debían inmiscuirse ni molestar a los alumnos mientras se autoeducaban. La tecnología disponible tenía en los escritorios de sus pantallas las orientaciones mínimas, los gérmenes del conocimiento, lo que los docentes tradicionales llaman &#8220;contenidos mínimos obligatorios&#8221;. Se esperaba que los jóvenes construyeran sus propios valores, se edificaran como ciudadanos, multiplicaran sus capacidades, sintieran nacer, crecer y desarrollar sus inquietudes mediante la manipulación de las máquinas. Internet evacuaría las dudas, brindaría las herramientas. Internet, hace diez años, ya era la biblioteca madre de las bibliotecas, la videoteca de las videotecas. Allí figuran los contenidos que un ser humano puede imaginar, ahí, al alcance de la vista de cualquiera. (El sabio, cuando pronunciaba esta frase sobre internet, se conmovía con su propia oratoria y sus ojos se humedecían de entusiasmo). Además, los docentes cobraban su sueldo igual, fueran o no solicitados sus servicios. ¿Qué podía salir mal?</p>
<p>En teoría, si a los 13 años un chico lograba demostrar ante los evaluadores del Ministerio de Educación que estaba capacitado, podría ingresar en la universidad, ¿por qué no? Y si tardaba más en adquirir los conocimientos, hasta los 18 años, por ejemplo&#8230; ¿cuál era el problema? Los tiempos de cada individuo son diferentes, y en la isla, la individualidad de los jóvenes se respetaba por sobre todas las cosas. Y ni hablar del ocio creativo y sus beneficios. Ni hablar.</p>
<p>En la práctica, esto fue lo que sucedió:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center">CONTINUARÁ (y finalizará) LA PRÓXIMA SEMANA</p>
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<p><strong>Comentarios:</strong></p>
<p><strong><em>Yésica</em></strong><em> (inició sesión en messenger)</em>: ¿Desde cuándo estas notas van divididas en partes? Yo te digo cómo termina: bien, los pibes no son ningunos giles.</p>
<p><em><strong>Jorge</strong></em> <em>(comentarista destacado)</em>: Yésica, vos sola en el universo debés usar messenger. Este artículo es pura sanata, si hubiera existido la isla esa ya nos hubiéramos enterado, si yo leo este diario todos los días y no sé nada. Además, ¿por qué le pone X la mina esta al tipo? Siempre protegiendo a los poderosos que se la mandan.</p>
<p><em><strong> María:</strong></em> ¡Qué lindo, el cuentito! ¡Siempre escribís cosas lindas, nene!</p>
<p><em><strong>Jorge</strong> (comentarista destacado)</em>: María, andate al carajo.</p>
<p><em><strong>Juan:</strong> </em>$$$$#&#8221;&amp;amp;%&amp;amp;//()&amp;amp;&amp;amp;&amp;amp;</p>
<p><strong><em>Pedro:</em></strong> ¡Ni el PAPA nos va a salvar!</p>
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