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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; sufrimiento</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>Una noche en la Once. Capítulo final.</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2015 19:56:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5. El Capítulo 6 es el FINAL. Capítulo 6. Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/10/una-noche-en-la-once-capitulo-final/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p>Para leer los capítulos anteriores, hacé click aquí: <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Capítulo 1</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Capítulo 2</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Capítulo 3</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">Capítulo 4</a>, <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/04/03/una-noche-en-la-once-cap-5/">Capítulo 5</a>. El Capítulo 6 es el FINAL.</p>
<h2>Capítulo 6.</h2>
<p>Era un espectáculo de lo más extraño. El vestíbulo ancho y espacioso de la 11 se había llenado de gente que deambulaba, se saludaba, se abrazaba, se daba sonoros besos en ambas mejillas. Gente de los dos extremos: había muchos viejitos y muchos niñitos. Nada de adolescentes, casi. Nada de adultos. Algo tenían de raro, pero Larry no lograba darse cuenta qué era. Un no sé qué, qué sé yo&#8230; La sensación que le producía era inquietante.</p>
<div id="attachment_552" class="wp-caption alignnone" style="width: 1610px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a><p class="wp-caption-text">Una noche en la 11</p></div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Todo parecido a un acto escolar, prácticamente, excepto por la hora. La claridad de la luna se filtraba por los vidrios del gran portón enrejado de verde y las puertas de madera del salón de actos, abiertas de par en par, parecían ocultar efectos especiales sofisticados, que no eran más que los agujeros en el techo que dejaban pasar haces de rayos de luna, bellísimos, tenues, delicados. Larry no entraba allí desde que era chiquito, porque el salón de actos había sido clausurado precisamente a causa de esos agujeros. Sabía que estaba lleno de palomas durante el día, que sus cacas habían ensuciado el piso y las butacas antiquísimas cubriéndolas de indignidad. Y lo sabía porque una vez se había metido de incógnito, junto a sus amigos el Chispazo y El Piercing, en el palco del salón, y habían estado espiando y tirándole papelitos masticados con lapiceras usadas como cervatanas a las palomas. Obviamente no le habían pegado a ninguna, pero la habían pasado bárbaro y habían zafado de la hora de Física. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El salón lucía absolutamente diferente ahora. Era como si la oscuridad lo hubiera remozado, como si las sombras lo favorecieran ocultando las rasgaduras de las butacas plegables originales, el piso de madera, los escalones que llevaban al escenario, el telón. Las colgaduras parecían nuevas, intactas, aterciopeladas, y daban ganas de pasar la mano suavecito sobre ellas. De las palomas, ni noticias. El piano lucía solemne y bello, a un costado. Los cuadros colgaban derechitos. Y un run run de comienzo de espectáculo, de acomodadores, de función, inundaba la escena.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Toda esta gente está acá porque hizo algo malo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi lo miró complacido. En el interior de Larry habían comenzado a encenderse los viejos mecanismos de inquietud, de curiosidad, de razonamiento ante lo incomprensible, ante lo nuevo y lo sorprendente. El Michi había estado al lado de Larry cuando su papá le revoleó la ropa, los cuadros, los libros, los maquillajes y la felicidad a Susana. Le había susurrado <i>&#8220;tranquilo, tranquilo, no es con vos, tranquilo, tranquilo&#8221;</i>, abajo de la cama, en donde Larry en esas épocas cabía y se había refugiado. Había estado junto al nene de los rulos rojos y la carita cubierta de lágrimas cuando la mamá juntó del piso lo que pudo, lo metió en una bolsa de consorcio, y se fue para siempre. Habían tardado años en decirle al chico que Susana se había ido a vivir a Paraguay. Y el chico, por su parte, había tardado años en vaciar su cabeza de cualquier recuerdo, de cualquier pensamiento, de cualquier ternura o caricia o sabor o perfume a madre. Para el padre había sido más fácil. Alcohol, drogarse hasta no dar más y llenarse de amigos, amigos, amigos de cualquier edad, irse, estar en la calle, no volver nunca a la casa, no pensar en nada. Y decían que Larry no se le parecía. Para el Michi, eran dos gotas de agua.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, no es así. Cuando empieces a ver, si estás preparado para hacerlo, vas a descubrir la diferencia entre unos y otros. La mayoría está aquí porque amó muchísimo en algún momento de su vida a esta escuela, porque fue su casa, porque se sintió protegido y estuvo a gusto acá. Casi todos esos viejitos que ves ahí fueron alumnos de la 11, y añoran la sensación de ser niñitos de nuevo, de pasar la manito por el pasamanos, de respirar el aire embotado del salón y la mirada dulce de las maestras.  Las viejitas de allá trabajaron de alguna cosa durante decenas de años en este edificio&#8230; limpiaron mocos, consolaron lágrimas inconsolables, enseñaron a usar plumas y lapiceras, limpiaron la escalera, barrieron, atendieron el kiosquito, plantaron los árboles que ves en el patio, pintaron una pared o algo. Y los chicos que ves, son casi todos permisos especiales. Mirá, mirá el parque, Larry, mirá bien a ver si podés ver&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró fijamente las sombras del Parque Saavedra, escudriñando con atención. Una horda de siluetas pequeñísimas se dirigía hacia la 11 desde el otro lado, donde estaba el Hospital de Niños. Había siluetas jugando en las hamacas, en los toboganes, sentadas en los bancos y en el pasto. Una sensación de serenidad desconocida invadió el pecho de Larry, que murmuró&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Están todos muertos.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, Larry. Están de permiso especial del director. Los deja venir a esta hora, desde el Hospital de Niños, para ver la función.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Algunos tienen una especie de luz&#8230; rodeándolos&#8230; Una luz que no ilumina pero que es como algo lindo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Hacés progresos rápido, amigo. Vení, vamos a sentarnos antes de que se llene, que ya va a empezar.Y vos sos invitado especial. Ya vas a ver.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Se sentaron en primera fila. Larry pasó entre butacas colmadas de señoras y señores de pelo blanco, todos amables y con expresión bondadosa. Los niños no actuaban como niños, estaban demasiado quietos, eran demasiado respetuosos. La mayoría tenía las manos cruzadas sobre sus piernitas y esperaban en silencio, con los ojos cerrados. Larry tuvo un escalofrío. Así, con los ojos cerrados, había esperado debajo de la cama que no fuera cierto, que papá no se hubiera enojado tanto con mamá, que no la hubiera echado de la casa (¿<i>a dónde se iba a ir</i>? ¿<i>a dónde se iba a ir</i>?). Tuvo un sobresalto. Los viejitos también tenían los ojos cerrados.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y de qué es la obra? Yo nunca fui al teatro&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se abrió con magnificencia; los engranajes de las cortinas corrieron silenciosos y sin fallas. Se hizo mayor la oscuridad que imperaba, y Larry se olvidó de los viejitos ciegos. En el escenario se veía una escenografía de salón de clases, con los banquitos chiquitos, las mesitas pequeñas, ventanales preciosos con cortinajes blancos y un escritorio que ostentaba un florerito sencillo, rebosante de fresias. El aroma de las flores le recordó a su mamá;  un nudo en la garganta le impidió decir nada. De un costado salió Yohana Ruiz Díaz del Vivar, haciendo malabares con unas naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Esa chica cometió un error inmundo. Ofrecía &#8220;protección&#8221; a cambio de las moneditas de los nenes de la primaria, en la puerta del kiosquito, y había montado una especie de mafia que fue muy difícil de desbaratar en la escuela. Es tan testaruda que todavía no entiende las consecuencias de lo que hizo, el dolor que ocasionó a centenares de nenes durante su estadía en la 11. El director le encargó este trabajo hasta que se haga cargo de sus actos, pero ella no lo sabe. Lleva mucho tiempo acá. Hasta parece disfrutarlo a pesar de que sabe que los nenes no la están viendo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">A Larry no le importaba nada lo de Yohana Ruiz Díaz del Vivar. Un nene pelirrojo, pequeñísimo, enfundado en un guardapolvo planchado y almidonado con amor, estaba sentado entre muchos otros nenes, ahí, en su banquito, e intentaba tomar una lapicera por primera vez con sus manos torpes. Y Laurita, la bellísima Laurita, estaba sentada a su lado.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- ¡Mirá, Michi! Ése soy yo. Esa lapicera me la había comprado mi papá, y era de las que si las inclinabas para un lado se veía un auto rojo, y si las inclinabas para el otro, uno azul. Me acuerdo de esto. Ahora le señorita Beatriz se va a sentar al lado mío y me va a ayudar&#8230; Tenía un montonazo de paciencia esa seño, yo la quería tanto que le hice un dibujo cuando terminó el año para que pusiera en el arbolito de navidad&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La segunda escena representaba a alumnos de años más grandes, en el recreo. Estaban todos en el pasillo y el pelirrojito se había escapado de la mirada vigilante de la seño Dora, que lo cuidaba tanto, y se había escondido en el baño de los chicos de la secundaria. Larry sintió que las lágrimas se le escapaban y le apretó la mano a Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">- Fue horrible, es horrible. Ahora entro al baño y está Facundo Escalante fumando un porro. Y me agarra de los pelos, y del cuello, y me mete la cabeza en el mingitorio y me dice que si digo algo me va a matar&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El Michi oprimió la mano de Larry, fuerte, muy fuerte, como hacía siempre cuando su amigo sufría mucho. Larry lloraba como hacía años no había llorado, igual a ese día escondido bajo la cama de sus padres viendo volar cuadros y ropas de mujer y pensando a dónde, a dónde se va a ir.  La escena siguiente tardó un poco más en aparecer&#8230; el telón quedó corrido, respetando el dolor profundo del chico. Hasta Yohana pareció retirarse un poco hacia un costado, sin parar de revolear sus naranjas.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La escena siguiente era en el salón de 1ero. Larry quedó asombrado ante el cambio. El escenario, tan bello y de ventanas limpias y aroma de flores, ahora mostraba un salón descuartizado a escrituras, a patadas, a bancos desvencijados y pizarrones vejados por <i>liquid paper</i>. Ahí estaba él, como en las escenas anteriores, tallando una rajadura con una trincheta. Los ojitos bellos que había visto en los Larrys niños habían desparecido bajo un velo de indiferencia y cansancio. El guardapolvo había desaparecido y su ropa colgaba raída y sucia, descuidada, sobre su cuerpo desmesurado. Los rulos rojos eran una maraña que intentaba tapar la cara y lo lograba. Las seños no estaban. Había una profesora que iba cambiando de cara y se iba transformando en muchas profesoras anónimas que le decían que se sentara, que se callara, que prestara atención, que era un irrespetuoso, que era una porquería de persona, que era un sucio, un desagradecido, un mal amigo, que era feo, que era malo, que iba a terminar mal, que iba a terminar con un prontuario&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se vio entrando en la pecera esa tarde, todo mojado y con dolor de espalda, después de destrozar el baño a patadas. Se vio sentado al fondo, vio entrar a la directora y escuchó lo que ella decía. Levantó la vista hacia la profesora y vio en su mirada la misma mirada que tenía la seño Beatriz, cuando se sentó al lado suyo para enseñarle a agarrar bien la lapicera. La lapicera que le había regalado su papá.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">El telón se corrió por fin. Todos los nenes, todos los viejitos, todas las paredes de la 11, las ventanas, las cortinas, las escaleras, todos estallaron en un aplauso al unísono. &#8220;¡Larry! ¡Larry!¡Larry!&#8221; vitoreaban. El chico, asombradísimo y emocionado hasta haber perdido absolutamente la voz, miró al Michi.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es tu obra. Vos la escribiste, la dirigiste y la protagonizaste. Ahora quieren que subas y digas unas palabras.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Literalmente, Larry fue subido por centenares de brazos y llevado al escenario, que Yohana abandonó respetuosamente. Jamás había hablado en público y lo que había vivido recién era demasiado emocionante como para saber si aún le quedaba voz. Sin embargo subió, y desde arriba pudo ver a los niños de ojos cerrados, a los viejos; le pareció ver a Beatriz, a Dora, a Norma, a las preceptoras, a la de Física&#8230; a él mismo siendo niño sentadito en la primera fila al lado del Michi, con los rulos peinados y brillantes, con el guardapolvo planchado por su mamá. No dijo nada. Solamente cerró los ojos él también, inspiró hondo, lo más hondo que pudo, y se llenó los pulmones de la 11. Se sintió bien por primera vez en años: estaba en su casa, la 11 era su casa,  los aplausos eran para él  a pesar de que había hecho cosas malas&#8230; porque no era que las había hecho malas&#8230; era que le habían salido mal&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Pero eso va a cambiar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se sobresaltó. Su voz había sonado hueca y estridente en el salón de actos vacío. Sólo el Michi lo esperaba, de pie, apoyado en una de las paredes.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Vamos, Larry. Fue una noche intensa y hay muchas cosas sobre las que tenés que pensar.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Vamos a dónde?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ En unos minutos, tu abuela va a venir a buscarte junto con la directora y la portera. Cuando tu abuela llegó a tu casa y no te vio pensó en llamar a la policía, a los hospitales, a los bomberos, a la NASA, qué sé yo qué escándalo iba a armar. Pero le susurré que llamara al Chispazo, bajito, y las abuelas y las madres siempre me escuchan. El Chispazo te vio escondido atrás de la puerta de la pecera y se hizo el que no veía nada&#8230; No te enojes con él&#8230; es un buen amigo, pero a veces confunde lo que realmente quiere decir la verdadera amistad. La cosa es que el Chispazo confesó que estabas acá encerrado y ahí vienen tu abuela, la directora y la portera a buscarte, locas de preocupación porque saben que acá no hay agua ni luz gracias a tu macana de la tarde y esperando que estés bien porque te quieren muchísimo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y qué hago? ¿Qué les digo?</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se encontró solo en el umbral de la 11. Pudo escuchar unas últimas palabras del Michi, pero ya no pudo verlo.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Yo estaba cuando te pasó lo de Facundo Escalante y te pido mil disculpas por no impedir lo que te pasó en el baño, cuando eras un chiquito indefenso. El director me acaba de levantar la pena: he cumplido. De vos depende, Larry, ser el hacedor de tu propio camino&#8230; Ya no voy a estar para cuidarte&#8230; acordate&#8230; De vos va a depender ahora todo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Una luz de linterna provenía de afuera, y el <i>clanc clinc</i> conocidísimo de la portera, que venía con todos los pelos parados y el maquillaje  corrido, le produjo una sensación de bienestar incomparable. &#8220;Te perdono&#8221;, murmuró. &#8220;Gracias por todo&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¡Neeeeeeeeeeeegrooooo! ¡Acá está, señora, vivito y coleando, no se preocupe!</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Su abuela lloraba y lo palpaba y lo besaba y la directora lo abrazaba y la portera lo zamarreaba para ver si estaba bien.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Estoy bien. No se preocupen. Vamos a casa, abuela. Señora directora, mañana voy a venir a hablar con usted junto a mi padre y veremos cómo hago para pagar los daños que le hice a la escuela.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">La directora Norma sonrió misteriosamente, abrazó a Larry y le dijo en el oído:&#8221;Shhh, no te preocupes. Sé que una noche en la 11 puede ser una experiencia pesada. Andá a descansar, que preocupaste a toda la gente que te quiere&#8221;. </span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry miró a la gente que lo quería, mientras entraba en el remís que lo llevaría a su casa. Miró a su abuela, miró a la portera, miró a la directora, y por último, miró a la 11, que lo observaba majestuosa y cálida, envuelta en un manto de sombras que ya empezaban a dejar entrever tonos cálidos y rosados del amanecer. Y se sintió muy feliz, porque allí estaría su escuela, esperándolo para recibirlo mañana, y después de mañana, y después de después de mañana, y después de después.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"><br />
</span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">                                                         <strong>  FIN</strong></span></p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
</div>
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		<title>Una noche en la Once. Cap. 4</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2015 17:58:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Entrega N° 48 Una noche en la 11 Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí. Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí.  Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí.  Capítulo 4. Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/27/una-noche-en-la-once-cap-4/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2>Entrega N° 48</h2>
<h2 style="text-align: center">Una noche en la 11</h2>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/06/una-noche-en-la-11-cap-1/">Para leer el Capítulo 1 hacé click aquí.</a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/13/una-noche-en-la-once-cap-2/">Para leer el Capítulo 2 hacé click aquí. </a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/03/20/una-noche-en-la-once-cap-3/">Para leer el Capítulo 3 hacé click aquí. </a></p>
<h2>Capítulo 4.</h2>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto resultó ser muy, pero muy, pero muy simpático. Todos los pensamientos desoladores sobre la sanción, el acta, su abuela llegando a la casa vacía, la noche, la soledad, la sed y la espalda se desvanecieron en segundos gracias a la locuacidad del nuevo amigo, a su risa estridente que no hacía eco pero se desparramaba por los pasillos desiertos de la 11 como Pancha por su casa, a sus anécdotas. Porque Roberto parecía una fuente inagotable de relatos; sabía la historia de la escuela desde sus inicios, los secretos de miles de alumnos, de profesores, de maestros, de directivos. Historias picantes, escabrosas, guardadas por generaciones. Larry estaba fascinado, escuchando y escuchando.</span></p>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg"><img class="size-full wp-image-552" alt="Una noche en la 11" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/03/Una-noche-en-la-11.jpg" width="1600" height="1200" /></a></p>
<dl class="wp-caption alignnone" id="attachment_552" style="width: 1610px">
<dd class="wp-caption-dd">Una noche en la 11</dd>
</dl>
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Por qué estabas golpeando ese caño hace un rato? Me asustaste&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El caño? Tengo que golpearlo sí o sí. Me hiciste acordar. Si paro determinado lapso de tiempo me pueden sancionar más y no estoy ni ahí&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lamentó haber preguntado. El chico se había parado como por un resorte, pálido y sombrío, y se había puesto a hacer <em>clanc clanc</em> otra vez con todas sus fuerzas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Tuvo que gritar para continuar la conversación: </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿El qué? ¿Qué sanción con el caño? Y además no me acuerdo de haber visto ese caño de día&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto contestó sin dejar de golpear. Era una historia corta y simple: Una tarde, cuando él estaba en 8vo, en la época en que existía 8vo, durante uno de los recreos había arrancado el caño de gas que estaba en la escalera. Y lindo lío. Había empezado a salir gas, obviamente, la escuela se había llenado de gritos de alarma, un olor espantoso que subía y se metía y se te metía, gente corriendo desesperada hacia el parque de enfrente,  tironeos de mangas, chicos que se caían y se golpeaban, miedo, miedo, uy, qué hice. Fue cuando tuvo el accidente de la cadera el gordito Pereyra, que quedó usando bastón de por vida. Él no había pensado que iba a salir gas. Y no era ningún tonto, tenía un 8 en Matemáticas y en Inglés estaba casi aprobado ese año. Pero bueno, hubo que evacuar la escuela y había intoxicados que fueron llevados al Hospital de Niños. Él también estuvo ahí unos días. Pero no se pudo hacer nada. Así que ahora le tocaba golpear el caño todo el tiempo hasta que el director avisara. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Es directora. Se llama Norma.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No, ya sé, no ésa. El de verdad, el director. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry estaba en una edad en la que las preguntas estaban de más. Roberto usaba algunas palabras que no entendía, pero lo de romper un caño no le parecía nada escandaloso a un adolescente que esa misma tarde había arrancado un lavatorio de cuajo y roto una puerta a las patadas. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y por qué nunca vi el caño?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto sonrió misteriosamente.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Aunque no lo veamos, el caño está. Tonto, lo embutieron en la pared después de que me mandé ese mocazo. Era un peligro.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ ¿Y no podés parar de hacer eso, que me estás haciendo gritar, me estás dejando sordo y me estoy aburriendo?</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Roberto meditó unos instantes. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Bueno, pero por vos nada más. Te voy a presentar al Michi. Te va a hacer un <em>tour,</em> seguramente, porque le encantan los de tu 2do. Él fue el que te salvó el año pasado cuando se cayó el ventilador de techo derechito sobre tu cabeza&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry lo miró asombrado. El año anterior, durante la hora de Geografía, el ventilador de techo se había desprendido y había caído sobre su mesa haciendo tal ruido que los profesores de los otros salones habían corrido para ver qué pasaba. La de Geografía había tenido una crisis nerviosa; hubo que llamar la ambulancia y eso había estado muy bueno, ver a la vieja toda blanca y con las medibachas al aire, pataleando en el suelo. Acordarse de eso y tentarse de risa fue una sola cosa. Estuvo ahí riéndose hasta que le dolió la cara.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ No puedo más, Roberto, pará de hacerme reír. No me salvó ningún Michi ese día, si el ventilador me pasó raspando, pero no me hice nada&#8230;</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">Larry se detuvo en la mitad de la frase. Ya no tuvo ganas de reírse. Los <em>clanc clanc</em> habían cesado mientras él carcajeaba como un desenfrenado, al igual que Roberto y el caño. Pasó la mano por el borde de la escalera, de los dos lados. Nada, no había ni señales de agujero, de revoque, de caño, de Roberto. En eso estaba, meditabundo, cuando oyó un chistido que venía desde adentro de la pecera. Pero antes de que pudiera ni siquiera asustarse, apareció en la puerta (tijera en mano en lugar de picaporte, naturalmente), un chico altísimo, flaquísimo y blanquísimo que dijo sonriendo: &#8220;Hola, soy Michi, vos debés ser el amigo nuevo de Roberto. Él se tuvo que ir porque lo llamó el director, pero vení, dale, que yo soy buena compañía también. ¿Damos una vuelta por la escuela?&#8221;. </span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif">_ Y sí, dale, vamos&#8230;, murmuró Larry, mientras pensó: &#8220;no me queda otra&#8221;.</span></p>
</div>
<div align="left">
<p><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif"> </span></p>
<h2 style="text-align: center"><em>Continuará…</em></h2>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"> <em><strong>Una noche en la 11 es un relato contado en 6 capítulos. Leé la próxima parte el viernes, cuando actualice #ProyectoPibeLector</strong></em></p>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Adriana Lara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Indicá “me gusta” en la <a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector">página de facebook de Proyecto Pibe Lector </a>y leé en tu muro los relatos semanales. </em></strong></p>
<p style="text-align: center">
</div>
<div style="text-align: center"></div>
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		<title>El día que Corina se fue de la casa</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/02/27/el-dia-que-corina-se-fue-de-la-casa/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Feb 2015 15:14:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 47. El día que Corina se fue de la casa &#160; Corina. De niña pasó a adolescente, en una transición imperceptible. Padres separados cuando ella era un bebé. Almuerzos, cenas, cine, ropa, juguetes, tecnología. A los diez años ya estaba envuelta en el torbellino de... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/02/27/el-dia-que-corina-se-fue-de-la-casa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center"></h2>
<p style="text-align: center"><strong>#ProyectoPibeLector es un blog de ficción.Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</strong></p>
<h2 style="text-align: center">47. El día que Corina se fue de la casa</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corina. De niña pasó a adolescente, en una transición imperceptible.</p>
<p>Padres separados cuando ella era un bebé. Almuerzos, cenas, cine, ropa, juguetes, tecnología. A los diez años ya estaba envuelta en el torbellino de las dos familias que se odiaban. Recién a los doce halló las palabras adecuadas para expresar cómo se sentía. Escribió sobre su cama: &#8220;Rodeada de gente, en soledad&#8221;.</p>
<div id="attachment_540" class="wp-caption alignnone" style="width: 1623px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/02/El-día-que-Corina-se-fue-de-la-casa.jpg"><img class=" wp-image-540" alt="El día que Corina se fue de la casa" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/02/El-día-que-Corina-se-fue-de-la-casa.jpg" width="1613" height="2150" /></a><p class="wp-caption-text">El día que Corina se fue de la casa</p></div>
<p><span id="more-539"></span>Una mañana su madre entró en su habitación sin golpear la puerta. Venía con la mente cargada de problemas laborales, notas que escribir, trámites que hacer. La primera sensación fue de sorpresa: las paredes rosadas del cuarto de la nena habían desaparecido bajo una capa de pintura negra. Los peluches no estaban. Los almohadones de Kitty tampoco. La computadora estaba prendida y la mujer leyó, azorada, lo que estaba a la vista de todos. Su segunda sensación fue de culpa. La culpa llevó a la furia. Lamentablemente, Corina entró en ese momento en su habitación y la invasora descargó un discurso rabioso e impotente sobre ella.</p>
<p>Debajo de los atavíos que componían su avatar, Corina se sintió ofendida.</p>
<p>Cuando terminó de gritar, la mujer arrancó el cable de la computadora y finalizó su monólogo con: <i>&#8220;Y de internet, olvidate&#8221;</i>.  Se fue dando un portazo, con el celular de la chica en la mano. El monólogo de Corina comenzó en ese justo momento, y fue más o menos así:</p>
<p>Mientras ponía algo de ropa en una mochila: <i>&#8220;Ahora venís, ahora salís con que pinté la pieza sin permiso, con que arruiné los muebles que te salieron una fortuna. Con que te sacrificás por mí y por mis hermanos, con que la culpa de todo la tiene mi papá. Hace más de seis meses que  no entrás acá, por eso no te diste cuenta de los cambios. Hace años que no me hablás. Ser madre no es dejarme plata arriba de la mesa, te aviso. Nunca voy a tener hijos, nunca, nunca, nunca. Jamás me voy a casar. Con razón papá no te quiere, sos una egoísta insoportable&#8221;.</i></p>
<p>Mientras bajaba en el ascensor : <i>&#8220;Te vas a arrepentir cuando sea tarde. Ni te vas a dar cuenta de que me fui, seguramente, hasta la semana que viene.&#8221;</i></p>
<p>Mientras caminaba hacia la parada del colectivo: <i>&#8220;Deberían morirse todos. Yo también. Somos estorbos, el mundo debería ser de los animales, que son mejores que las personas. La gente es un asco. Dice una cosa y hace otra.&#8221;</i></p>
<p>Mientras tocaba el timbre de la casa de su papá : <i>&#8220;Ahora me voy a tener que aguantar un lindo discurso. Él no es mejor que mamá, pero no me queda otra&#8221;.</i></p>
<p>En la casa de su papá no había nadie. Avanzaba el mediodía cuando prosiguió hablando sola.</p>
<p>Mientras caminaba sin rumbo : <i>&#8220;Como siempre: nunca estuvo cuando lo necesité. ¿Y ahora qué puedo hacer? No pienso volver nunca, nunca&#8221;.</i></p>
<p>Corina caminó durante algunas horas. Las palabras dejaron paso a una sucesión de imágenes fantasmagóricas, planes para su futuro: por momentos se presentaban luminosas y se veía triunfando, recibiendo un Oscar, radiante en las tapas de los diarios. Por momentos, la foto era de su cadáver en una bolsa. Era casi de noche cuando sintió un poco de frío. Desconcertada ante la situación, sola en la calle por primera vez en su vida, tuvo miedo de sí misma. Entró en el baño de una estación de servicio, buscando un espejo. Había fantaseado durante horas como una niñita, se había puesto en peligro, estaba haciendo una estupidez. Mientras se miraba buscando serenidad, entró una chica cargando un bebé. Corina no acostumbraba observar el mundo real&#8230; Deslumbrada, se dio cuenta de que no había estado en su casa durante todo el día. Debía tener cientos de mensajes sin leer, cientos de llamadas perdidas, cientos de videos sin mirar. La otra chica, tranquilamente, desvistió a su nenito en el baño helado y lo dejó desnudo sobre la mesada de granito. Inmóvil, Corina pensó que nunca había visto un bebé de verdad tan de cerca. Lloraba como un gatito mientras lo bañaban bajo la canilla, cuidadosamente. La chica secó al nene bajo la máquina de secado de manos; el aire caliente le movía los pelitos para todos lados. El monólogo interrumpido de Corina finalizó, en ese momento:</p>
<p><i>&#8220;Debe haber leído mis mensajes, visto las fotos. Es mi culpa, estaba todo ahí abierto. Ella no sabía que eran de mi grupo, no conoce a la gente, se debe haber preocupado muchísimo y reaccionó así, como le salió. Pobre. Debe ser difícil ser madre. Merece una segunda oportunidad&#8221;.</i></p>
<p>Recordó el billete de cien pesos que tenía en el bolsillo y pensó en regalárselo a la chica del baño, que ahora terminaba de envolver al nene en unas ropitas gastadas y le sonreía amorosamente. Metió la mano en el bolsillo, pero al tocarlo, decidió que lo usaría para pagar el taxi que la llevara de vuelta a su casa, porque era tarde y al otro día había que madrugar.</p>
<p>Ya no pensó más. En su habitación, la computadora estaba encendida y todo estaba en su lugar. Sobre una gran lata de pintura blanca encontró su celular y un pincel nuevo. Se acostó en su cama, sintiéndose liviana. Soñó que la chica que había visto esa tarde le entregaba un Oscar. Su mamá aplaudía, sentada en primera fila.</p>
<p>Al otro día, lo primero que cubrió con pintura fue la cabecera de su cama. &#8220;<em>Artífice de mi destino</em>&#8220;, escribió con primor. Esperó durante meses que su madre viera la frase, y terminó olvidándola. Cuando la mujer finalmente leyó, hacía mucho tiempo ya que Corina se había ido de la casa, para no volver.</p>
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<p style="text-align: left">Imagen: morguefile free photos</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sin vuelta atrás</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jan 2015 17:35:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 39. Sin vuelta atrás 4:00 a.m. Se realizó un allanamiento en el Barrio. Hubo un tiroteo que dejó como resultado cuatro heridos y dos muertos. Un argentino de sesenta años y tres jóvenes extranjeros quedaron detenidos. Serán acusados por... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2015/01/02/sin-vuelta-atras/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong><em><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></em></strong></p>
<h2 style="text-align: center">39. Sin vuelta atrás</h2>
<p><strong><em>4:00 a.m.</em></strong></p>
<p>Se realizó un allanamiento en el Barrio. Hubo un tiroteo que dejó como resultado cuatro heridos y dos muertos. Un argentino de sesenta años y tres jóvenes extranjeros quedaron detenidos. Serán acusados por poseer armas de guerra y dedicarse al narcotráfico. Ninguno saldrá del penal hasta muchos años después de esta madrugada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_480" class="wp-caption alignnone" style="width: 1034px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/01/Dalí-Los-relojes-blandos.jpg"><img class="size-full wp-image-480" alt="Dalí: &quot;Los relojes blandos&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2015/01/Dalí-Los-relojes-blandos.jpg" width="1024" height="627" /></a><p class="wp-caption-text">Dalí: &#8220;Los relojes blandos&#8221;</p></div>
<p><span id="more-479"></span></p>
<p><strong><em>3:30 a.m.</em></strong></p>
<p>Separadas entre sí por decenas de kilómetros, dos mujeres insomnes piensan en él. La madre mueve los labios apenas: reza por el hijo que no volvió, por los que eligieron la mala vida y no volverán, por la tierra vieja. La adolescente también murmura, enamorada por primera vez.</p>
<p><strong><em>2:06 a.m.</em></strong></p>
<p>Golpeó al llegar, despacito, pero con firmeza. Hacía meses que no pisaba el lugar. Había huido con su madre del envilecimiento de los hermanos, sucios por la codicia. Recibió el abrazo rígido como una estatua. <i>&#8220;La vieja no sabe dónde estoy&#8221;</i>, susurró uno de los dos. Podría dormir algunas horas más: la escuela estaba a pocas cuadras. Recordó la frase sobre su madre al proseguir con el sueño, dolorido de hambre, pero ni siquiera en ese estado revelador pudo saber si había sido su boca la que la había pronunciado.</p>
<p><strong><em> </em><em>12:01 a.m.</em></strong></p>
<p>Llevaba poco tiempo dormido en el umbral de una casa cuando lo echaron. Se sintió aliviado, a pesar de la situación: otra vez se deslizaba sobre la cinta mecánica de la pesadilla. Aturdido, arrancado de su monstruosa interioridad, decidió darse por vencido y buscar refugio entre sus hermanos.</p>
<p><strong><em> 7:30 p.m.</em></strong></p>
<p>La acompañó hasta su casa usando las monedas que tenía para regresar a la suya. Se sentía bien, pero al darle el último beso, furtivo, y oír el rechinar de la reja, el sentimiento cambió. Atardecía sobre la ciudad inhóspita y estaba solo. No tenía crédito para avisarle a su mamá y se iba a preocupar. Tal vez. Levantó el cuello de su campera y caminó sin rumbo, resignado.</p>
<p><strong><em> 1: 05 p.m.</em></strong></p>
<p>Ella lo esperó a la salida, bajo el árbol raquítico de la esquina de la escuela, y lo invitó a comer. A pesar de la vergüenza, pudo más el goce de mirarla a los ojos. Ignoraron juntos las zapatillas rotas, el pantalón viejo, la campera incongruente con el clima. Vieron una paloma muerta, caminaron entre la multitud hostil, se dieron el primer beso. Conversaron durante horas.</p>
<p><strong><em> 7: 45 a.m.</em></strong></p>
<p>Llegó tarde. Ella lo observó anhelante mientras recibía la reprimenda, desde el primer banco del aula. Los desmesurados kilómetros y el rocío de la madrugada adherido a sus hombros se hacían incomprensibles cuando salía el sol. Estaba cansado de explicar. Se limitaba a bajar la vista, a permitir la inundación de tristeza.</p>
<p><strong><em> 4: 30 a.m.</em></strong></p>
<p>Era noche cerrada cuando se subió al tren, a pesar de que el verano estaba próximo. Lo esperaban dos tramos de viaje largo: dos retazos de sueño bamboleante hasta llegar a la escuela.</p>
<p><strong><em> 4: 00 a.m.</em></strong></p>
<p>Despertó antes de que sonara la alarma de su celular. Había soñado con ella y con ríos de colores que se deslizaban como una cinta mecánica. En un punto indeterminado, los colores se mezclaban como en un remolino y la sensación era desagradable. Se alegró de salir del sueño, se levantó de un salto. Su madre ya trajinaba en la cocina preparando el pan para vender. Le había guardado un trozo de ayer para que comiera algo en el camino. Una vez en la calle, masticó despacio, pensando en qué le depararía el nuevo día.</p>
<p style="text-align: center"><span style="color: #000000"> </span><i style="color: #000000">Indicá “me gusta” en PROYECTO PIBE LECTOR<a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector?ref_type=bookmark"><span style="color: #000000"> haciendo click aquí </span></a>y recibí información y actualizaciones en forma personalizada</i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La Revolución del Agua Humana</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/11/14/la-revolucion-del-agua-humana/</link>
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		<pubDate>Fri, 14 Nov 2014 18:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<category><![CDATA[utopía]]></category>
		<category><![CDATA[violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 32. La Revolución del Agua Humana &#160; El niño se detuvo. Tomó aire, dirigió su mirada límpida hacia el cielo transparente. Desplegó el material sobre la Revolución del Agua Humana. Comenzó a indagar. Al cabo de unos minutos un... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/11/14/la-revolucion-del-agua-humana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #3366ff"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">32. La Revolución del Agua Humana</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>El niño se detuvo. Tomó aire, dirigió su mirada límpida hacia el cielo transparente. Desplegó el material sobre la <em><strong>Revolución del Agua Humana</strong></em>. Comenzó a indagar.</p>
<p>Al cabo de unos minutos un señor se le acercó, amable, para preguntar si necesitaba ayuda. El niño contestó apresuradamente que sería un honor escuchar la palabra de uno de sus mayores. El señor, entonces, habló:</p>
<div id="attachment_425" class="wp-caption alignnone" style="width: 211px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/11/Salvador-Dalí-Yang-y-Yin-ampurdaneses.jpg"><img class="size-full wp-image-425" alt="Dalí &quot;Yang y Yin ampurdaneses&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/11/Salvador-Dalí-Yang-y-Yin-ampurdaneses.jpg" width="201" height="251" /></a><p class="wp-caption-text">Dalí &#8220;Yang y Yin ampurdaneses&#8221;</p></div>
<p>_ En el año 2036 un investigador de la UNLP, en Argentina, hizo un descubrimiento que le pareció fenomenal: logró sintetizar el líquido que denominó <em><strong>&#8220;Agua Humana&#8221;</strong></em>, el néctar esencial, el maná, la fuente de la juventud, anhelada, buscada e imaginada por alquimistas y artistas durante milenios. La fórmula aún era imperfecta, pero la subió a internet en su blog personal.</p>
<p>En 2042 un jovencito hizo pruebas en su cuerpo basándose en la fórmula del <strong><em>Agua Humana</em></strong>. Incorporó el <em><strong>Inhibidor del Apetito</strong></em> y la perfeccionó. Quiso pasar a la posteridad como un héroe anónimo: no sólo envió la fórmula renovada a cada gobernante, a cada laboratorio, a cada universidad, sino que usó las redes sociales con tal habilidad que los datos se viralizaron. La gente de esa época estaba obsesionada con su imagen: seducida por la promesa de la pérdida de grasa corporal, fabricó la fórmula y empezó la <strong><em>Revolución</em></strong>.</p>
<p>El<strong><em> Agua Humana</em> </strong>adelgazó a las personas, pero además las volvió sanas. Desaparecieron los problemas de los dientes, de los pulmones, de los riñones, del corazón&#8230; ya nadie se enfermó. Los organismos funcionaron como debían y la gente se volvió perfecta. Eso trajo consecuencias que el joven dadivoso jamás pudo imaginar, ya que fue asesinado por una horda enfurecida el mismo año en que la <strong><em>Revolución</em></strong> comenzó.</p>
<p>Ya no hubo necesidad de comer ni de beber. Hasta ese momento, la humanidad giraba en torno a la comida: a producirla, a consumirla. Ser comensal era un ritual social. Restaurantes, fábricas, supermercados, vida familiar, horarios, modos de crianza: todo cambió y se produjo un inmenso desconcierto.  A medida que la gente se desintoxicaba de milenios de consumir comida se volvía sagaz: nadie dudó acerca de la importancia de abandonar el paradigma obsoleto y las naciones, unidas, comenzaron a buscar nuevas formas para que la economía no estallara del todo.</p>
<p>El mundo cambió vertiginosamente: tampoco se necesitaban abogados, psicólogos, agricultores, ganaderos&#8230; Millares de máquinas, en meses, se transformaron en chatarra. Lo relativo a la estética era vestigio de una época olvidable. Fue demasiado. Hubo que reorganizar todo. La naturaleza se erguía, triunfante: dejaba de ser explotada. El ser humano asumía finalmente su rol como eslabón, como engranaje ínfimo perteneciente al Reino Animal. La gente no sólo no se dejaba engañar, sino que había perdido las ganas de engañar a otra gente. El <strong><em>Agua Humana</em></strong> rasgó el velo que mantenía la Humanidad en la oscuridad y la corrupción; fue un renacer después de una especie de Sodoma y Gomorra. La gente se volvió reflexiva y crítica, y dejó de preocuparse por el consumo. ¿Desplegaste alguna vez el Museo del s. XX?</p>
<p>El niño escuchaba atentamente. &#8220;Sí&#8221;, contestó.</p>
<p>_ ¿Y qué te pareció?</p>
<p>_ Me dio vergüenza ajena y compasión. Las personas vivían embrutecidas, pendientes de frivolidades. Trabajaban para comprar objetos innecesarios, sufrían por cosas carentes de sentido.</p>
<p>_ No sientas vergüenza. Es parte de nuestra historia. No olvides que estaban intoxicados por la alimentación. Gracias al <strong><em>Agua Humana</em></strong>&#8230;</p>
<p>_ Sí, es suficiente. Muchas gracias por su tiempo, señor. ¿Usted llegó a tener padres con coincidencia biológica?</p>
<p>_ No, soy muy joven. Ni siquiera mis bisabuelos hubieran vivido esa época. ¿Querés que te hable de la <strong><em>Revolución Igualitaria</em></strong>?</p>
<p>_ No hace falta, muchas gracias. Fue cuando se decidió que tener hijos biológicos restaba igualdad de oportunidades a la Humanidad y los niños se volvieron comunitarios. Luego quedamos solos.</p>
<p>_ Exactamente. La Historia de la Humanidad fue siempre un baño de sangre, pero somos afortunados ahora. Que tengas un buen día, niño.</p>
<p>El niño cerró los ojos y la información desapareció. Se borraron las ciudades, las personas que caminaban apresuradas, los carteles de neón. En el siglo del niño, la gente no necesitaba nada. Mientras contemplaba nuevamente la serenidad diáfana del cielo, se preguntó si el señor que le había hablado amablemente sobre el <strong><em>Agua Humana</em></strong> pertenecía a la realidad o a los materiales históricos que se le había ocurrido curiosear. No supo qué pensar. Se le ocurrió que quizás hubiera soñado todo, que existía la posibilidad de que en ese exacto momento estuviera planteándose acertijos dentro de un sueño. Se le ocurrió que el soñador podía ser el señor, y él mismo, tal vez, fuese el producto de un sueño ajeno, en la soledad de unas ruinas con forma de círculo. Tampoco supo explicar el porqué del sentimiento de nostalgia que lo invadió al pensar todo eso.</p>
<p>Movió sus manos y desplegó el <strong><em>Agua Humana</em></strong>. Se sintió reconfortado. Había olvidado el episodio y los laberintos oníricos cuando comenzó a beber.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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		<title>Mentiras piadosas</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 18:23:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 30. Mentiras piadosas Cuando nació Catita, su familia no supo qué pensar. Decidieron esperar un tiempo, para asegurarse de que la criatura era realmente así&#8230; darle un changüí. Pero no pasó nada, la chica fue creciendo y cada vez... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/10/31/mentiras-piadosas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">30. Mentiras piadosas</h2>
<p>Cuando nació Catita, su familia no supo qué pensar. Decidieron esperar un tiempo, para asegurarse de que la criatura era realmente así&#8230; darle un changüí. Pero no pasó nada, la chica fue creciendo y cada vez fue más evidente que no se parecía en nada a sus parientes.</p>
<p>_ Los niños son crueles- dijo el abuelo.</p>
<p>_ Debemos protegerla- dijo la mamá.</p>
<p>Decidieron esconder a Catita de la sociedad, para evitar daños. Elaboraron un catálogo entero de mentiras piadosas. En la casa no había espejos ni superficies que reflejaran.</p>
<div id="attachment_410" class="wp-caption alignnone" style="width: 377px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/10/Mentiras-piadosas.jpg"><img class="size-full wp-image-410" alt="Albert Anker &quot;Louise y su muñeca&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/10/Mentiras-piadosas.jpg" width="367" height="500" /></a><p class="wp-caption-text">Albert Anker &#8220;Louise y su muñeca&#8221;</p></div>
<p><span id="more-409"></span></p>
<p>&#8220;La gente que no tiene nariz, Catita, es hermosa&#8221;, le decían a diario. &#8220;Catita: las manos bellas no tienen cinco dedos necesariamente&#8221;, &#8220;La gente es linda cuando sus piernitas no son del mismo largo&#8221;&#8230; &#8220;Es agradable no tener ni un pelito en la cabeza&#8221;, &#8220;Nada como las sonrisas sin labios para ser bello&#8221;, &#8220;Ese hundimiento del pecho es una cosa digna de admirar&#8221;.</p>
<p>_ Ojo. Que nadie la vea y que no vea a nadie. Se va a dar cuenta al instante y ahí nos quiero ver. Ni pensar si se junta con otros chicos, hay que alejarla de las escuelas. Los niños son crueles.- repetía el abuelo en secreto.</p>
<p>_ Nosotros la amamos y ella nos ama.</p>
<p>_ Es cierto que le mentimos, pero es por su bien.</p>
<p>La farsa se terminó el día que la abuela se cayó por las escaleras y se rompió la prótesis de la cadera. Hubo que abrir el portón  para que la ambulancia ingresara, y con ella, la vida real. No hubo caso: no sólo los chicos eran crueles. Ante el llamado (y los movimientos inusuales), ante la apertura de la puerta siempre cerrada, la gente del barrio se acercó a espiar.</p>
<p>_ ¡Hay una nena encerrada en esa casa!- aseguró una vecina a quien quiso escucharla.</p>
<p>Diez días después del accidente, la asistente social tocó el timbre y comenzó el caminito que llevó a Catita hasta 4to grado de la primaria del barrio, a su primer guardapolvo y a ser incomprendida por el resto de su vida.</p>
<p>_ Acordate de que la verdadera belleza, es la interior_ le había dicho su mamá, abrazándola fuertemente a pesar de su falta de brazos.</p>
<p>La nena salió, conoció a su maestra, a sus compañeros, se miró en las vidrieras del camino, en el espejo del baño de la escuela, en las cucharas del comedor, en el papel del alfajor que le regaló su nueva compañera de banco y descubrió la verdad. Antes de que terminara la jornada, según su maestra, dijo que no quería regresar a la casa. Muchos años después, la mujer confesó que había mentido al asegurar que la chica había pedido eso. &#8220;Hablaba de una forma muy particular, como si recitara poesías. Usaba las palabras cargándolas con significados novedosos, hecho que producía en el oyente un extrañamiento.&#8221; La niña había usado el término &#8220;Monstruos&#8221;, con todas las letras, el día de su salida, de eso estaba segura.&#8221;Por piedad&#8221;, había iniciado el trámite en el juzgado inmediatamente, y se había llevado a Catita a vivir con ella. &#8220;Ustedes hubieran hecho lo mismo que yo&#8221;, confesaba públicamente. &#8220;Sé que mentí, pero fue una mentira piadosa: no podía ni pensar que una nena tan bonita viviera entre gente así&#8221;.</p>
<p>La maestra y el abuelo confirmaron con la presunta actitud de la niña que los chicos son crueles por naturaleza, tal como lo sospechaban acientíficamente. Se puso en marcha un mecanismo que no contempla la existencia de la piedad relacionada con la mentira. Lo cierto fue que a Catita, al principio, lo monstruoso le pareció la tergiversación del término <em>belleza</em>. A continuación, lo monstruoso fue, para ella, la incomunicación. Era como si fuese de otro planeta, pero no del todo. Para ella, &#8220;monstruos&#8221; significaba &#8220;mentirosos&#8221;. &#8220;Lindo&#8221;, significaba &#8220;asimétrico&#8221;. &#8220;Belleza&#8221;, significaba &#8220;deformidad&#8221;. Gracias a las &#8220;mentiras piadosas&#8221; de su familia, para ella las palabras significaban cosas diferentes, y eso le dificultó para siempre la comunicación con el resto de la humanidad. Gracias a la &#8220;mentira piadosa&#8221; de su maestra, la niña fue a vivir con una familia sustituta y su familia verdadera quedó desolada. No hubo manera de subsanar los errores de Catita en cuanto al significado de las palabras; la nena, desanimada, terminaba señalando con el dedo lo que necesitaba, o haciendo dibujos. Se cansó de pedir que la llevaran a su casa: le decían que sí, que pronto llovería, o cualquier cosa sin sentido porque no la entendían.</p>
<p>Con los años, Catita dejó de parecerle a la gente tan bonita. El mundo se desinteresó de esa chica extraña que hablaba en acertijos y garabatos y se quedó absolutamente sola. De vez en cuando, por piedad, alguien fingía interesarse en ella y le decía alguna mentira. Ella huía, y la gente interpretaba que lo hacía porque era cruel.</p>
<p>No tuvo hijos. &#8220;Por las dudas&#8221;, aclaraba. Los que conocían su historia pensaban que tenía miedo de que el niño heredara las malformaciones familiares y fuese un monstruo. Sólo ella, bien en el fondo, sabía la verdad. Nunca pudo expresarla con palabras.</p>
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		<title>Qué hacer en caso de pibe permeable o impermeable</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Sep 2014 18:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 23. Qué hacer en caso de pibe permeable o impermeable Resultados aproximados para un primer estudio formal  &#160; 1. Adquisición de impermeabilidad   Obviamente, en caso de pibe impermeable, la culpa es de la madre (a esta altura todos sabemos... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/09/12/que-hacer-en-caso-de-pibe-permeable-o-impermeable/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">23. Qué hacer en caso de pibe permeable o impermeable</h2>
<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><em>Resultados aproximados para un primer estudio formal </em></span></p>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>1. Adquisición de impermeabilidad </b></p>
</div>
<div>
<p><b> </b><span style="font-size: 13px">Obviamente, en caso de pibe impermeable, la culpa es de la madre (a esta altura todos sabemos que </span><i style="font-size: 13px"><b>la madre tiene la culpa de todo, siempre</b></i><span style="font-size: 13px">). El pequeñín ha de haber sido consentido en demasía durante sus  años de lactante (y posteriores), y habrá escuchado e incorporado el siguiente mensaje reiteradamente: &#8220;Hacé lo que quieras&#8221;, acompañado de variadas gamas de: &#8220;Total, para qué lo vas a hacer&#8221;, &#8220;Dejá, no hagas nada que yo lo hago por vos&#8221;, &#8220;Vos sabés más que yo, para qué te voy a decir algo&#8221;, etc. </span></p>
</div>
<div>
<p> <span style="font-size: 13px">Una vez que el niño ha ingresado en la etapa escolar, el mensaje reiterado será más sofisticado: &#8220;No le hagas caso a nadie porque no saben nada&#8221;, &#8220;Vos avisame si alguien te molesta que voy y lo mato&#8221;, &#8220;Si te dice algo rompele la cara a patadas&#8221;, pueden ser ejemplos estándar. Con sólo sumar múltiples aparatos y una conexión a internet, la impermeabilidad ya incipiente se perfeccionará así hasta el extremo característico de los niños nacidos en este siglo.</span></p>
<div id="attachment_342" class="wp-caption alignnone" style="width: 410px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/09/Giovanni-Bragolin-El-niño-que-llora.jpg"><img class="size-full wp-image-342" alt="Bruno Amadio &quot;El niño que llora&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/09/Giovanni-Bragolin-El-niño-que-llora.jpg" width="400" height="537" /></a><p class="wp-caption-text">Bruno Amadio &#8220;El niño que llora&#8221;</p></div>
<p><span id="more-341"></span><i>NOTA: la no adquisición de la impermeabilidad no hace que el niño sea naturalmente permeable. Esa cualidad también desvela a los estudiosos, que la analizan desde el inicio de la humanidad. Curiosamente, muchos atribuyen al desempeño de la madre de la criatura su aparición, cultivo y desarrollo, especialmente las autoras de corrientes feministas. </i></p>
<p>Las estadísticas brindadas por el doctorando José Garmín indican que no hay diferencia en la adquisición de impermeabilidad en niños que carecen de madre. Tampoco tienen problemas en adquirirla los niños poseedores de madres que no les prestan la suficiente atención como para articular palabras para dirigirse a ellos. En esos casos, la impermeabilidad brota del contexto, ya que el niño se juntará con pares (en fiestas familiares, en el potrero, en la cola del supermercado, en el jardín o, finalmente, en la escuela) y ellos le transmitirán su cualidad trabajosamente adquirida en un santiamén.</p>
<p>Una observación fundamental del licenciado Garmín es que la necesidad de pertenecer al grupo es muy alta cuando los niños llegan a la preadolescencia y a la adolescencia. Por esa razón, será altísima la cantidad de jovencitos impermeables en esa etapa, ya que es <b>vox populi</b> que el estado permeable expone a las criaturas a diversos castigos, burlas y expresiones de asombro tanto en adultos como en pares.</p>
<p>Una característica del s.XXI es que la impermeabilidad es lo naturalizado como socialmente correcto. Es una marca distintiva de la época, que seguramente acarreará extensos e intensos estudios y análisis por parte de los intelectuales del mañana (si es que los hay, ya que para ser intelectual es necesario ser permeable).</p>
<p><b>2. ¿Es atributo de género la impermeabilidad?</b></p>
<div>
<p>El licenciado Garmín ha hecho público un estudio reciente que demuestra que tanto las niñas como los niños adquieren la impermeabilidad en forma constante, abundante y eficaz durante toda su infancia.</p>
</div>
<div>
<p><b style="font-size: 13px">3. ¿Incide en la adquisición de la impermeabilidad la clase social?</b></p>
</div>
<div>
<p>No. Rotundamente. Todos los estudios indican que los niños nacen de la misma manera, con condiciones naturales para ser permeables. Si bien es cierto que los niños que nacen en la pobreza, al recibir muchas veces alimentación insuficiente, no quedan en igualdad de condiciones que los niños de clases más favorecidas, está comprobado que la gran mayoría puede adquirir con fluidez la impermeabilidad, sea rico o sea pobre, sin problemas. Por supuesto, adquirir la permeabilidad y comenzar a aprender demanda infinitamente más esfuerzo y trabajo constante, fuerza de voluntad, capacidad de autocrítica, perseverancia, valentía, curiosidad; todas estas cualidades extrañas en los tiempos que corren, independientemente a la clase social a la que uno pertenezca.</p>
</div>
<div>
<p><b> </b><b>4. Conclusión:¿Qué hacer?</b></p>
<p>En el caso de un niño/a, la impermeabilidad se puede romper o atenuar deteniendo el proceso de emisión de mensajes del tenor de los mencionados anteriormente. Si se le habla con afecto, se pasa tiempo con él, se lo rodea de materiales didácticos, música, libros, juegos de ingenio, películas, y se conversa y comparte con él variados momentos, la impermeabilidad se romperá definitivamente. Si el chico ya atravesó su adolescencia y desarrolló la impermeabilidad, ésta será irreversible en la mayoría de los casos.</p>
<p><strong>4. 1. ¿Vale la pena seguir leyendo este texto?</strong></p>
<p>Sí. Pero tenga en cuenta que mi opinión es parcial. Continúe. Sé que no es habitual para los lectores enfrentar textos extensos, por lo que pido disculpas.</p>
<p><b> </b><b style="font-size: 13px">5. Cómo reconocer un niño/niña/adolescente/ permeable</b></p>
</div>
<div>
<p>Los estudiosos coinciden en que no existen estereotipos externos que permitan reconocer a los jóvenes permeables, a pesar de los esfuerzos que la televisión, las películas infantiles y los dibujitos animados hacen para presentarlos. Muchos confunden permeabilidad con ser &#8220;nerd&#8221;. Hay que tener en cuenta que el estereotipo del &#8220;nerd&#8221; ha caducado y pertenece al s XX, por lo que los &#8220;nerds&#8221; aún con vida han dejado hace rato de ser niños/niñas/adolescentes.</p>
</div>
<div>
<p><b style="font-size: 13px">6. Características comunes que se pueden mencionar</b></p>
</div>
<div>
<p>Los chicos permeables suelen ser independientes y capaces de realizar solos la mayoría de las cosas. Su vestimenta se ajusta a la capacidad monetaria de la familia en que viven, ya que estos niños son capaces de comprender que sus padres no pueden comprarles determinadas ropas, o sí pueden.</p>
</div>
<div>
<p> <i style="font-size: 13px"><b>NOTA</b>: Se ha notado que hay niños de alto grado de impermeabilidad, provenientes de familias humildes, que visten de modo que, si se vendiera una de sus prendas, se podría resolver el problema del hambre de alguna zona castigada de África. Eso demuestra que los padres de los niños impermeables son capaces de gastar lo que no tienen en satisfacer los caprichos de sus hijos. Los niños impermeables llegan al punto de no reconocer el daño que ocasionan con sus exigencias a la economía familiar, precisamente, porque son impermeables. Y no les importa, también por eso. </i></p>
</div>
<div>
<p> <span style="font-size: 13px">Los chicos permeables se muestran algo indiferentes al entorno, pero respetuosos. Suelen contar con un rico vocabulario y poseen la cualidad de la empatía, rarísima en la actualidad. Esta cualidad les permite darse cuenta si alguien de su entorno se siente mal, o si pasa algo, por eso a veces realizan preguntas en vías de extinción como: &#8220;¿Está usted bien hoy?&#8221; o &#8220;¿Necesitás algo?&#8221;</span></p>
</div>
<div>
<p>Suelen poder dibujar, tocar instrumentos musicales, crear poesías. Les gustan las mascotas.</p>
</div>
<div>
<p>Tienen la capacidad increíble de poder carecer de celular, o de no prenderlo durante muchas horas seguidas. No parecen necesitar internet ni aparato tecnológico alguno durante espacios temporales inauditos.</p>
</div>
<p><b>Los chicos permeables pueden leer libros, especialmente, de literatura. </b>Esta increíble peculiaridad hace que sea fácil detectarlos, a pesar de que hagan esfuerzos por ocultarse por temor al escarnio público que acarrea no ser impermeable.  De la misma manera, estos niños pueden emitir juicios y fundamentarlos. Una persona alerta reconocerá de inmediato por la caligrafía (pueden escribir en cursiva), la cohesión, la coherencia y la corrección ortográfica un alumno permeable. El común de la gente creerá que el chico se ha copiado de alguien, o que alguien le ha realizado su texto, y lo felicitará ante la gala de impermeabilidad que ha hecho.</p>
<p><b>7. Conclusión: qué hacer en caso de chico/chica permeable</b></p>
<p>En general<b>, </b>no se necesita hacer nada. Así como la impermeabilidad es fácilmente reversible a edades tempranas, el estado contrario difícilmente se pueda cambiar. Un chico o una chica permeable sorteará más o menos hábilmente su escolaridad, elegirá una carrera acorde a su vocación y se desarrollará positivamente como persona. Lamentablemente, ser permeable no garantiza la felicidad, sólo la libertad. Así que si a usted le tocó ser permeable en el s XXI, o tener que lidiar con un chico así, sólo recurra a los libros, al deporte, a la naturaleza, al arte, al afecto y al amor. Con eso, será suficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><em>Indicá “me gusta” en PROYECTO PIBE LECTOR<a href="https://www.facebook.com/ProyectoPIBELector?ref_type=bookmark"><span style="color: #888888"> haciendo click aquí </span></a>y recibí información y actualizaciones en forma personalizada</em></span></p>
<h3 style="text-align: center"><span style="color: #ff00ff">PROYECTO PIBE LECTOR TE INVITA A PARTICIPAR DE LA 12° MARATÓN DE LECTURA DE LA FUNDACIÓN LEER</span></h3>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Sin-t%C3%ADtulo-1.jpg"><img class="aligncenter" alt="Sin título (1)" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Sin-t%C3%ADtulo-1.jpg" width="135" height="68" /></a></p>
<h2 style="text-align: center"><span style="color: #ff00ff">ingresá en <a href="http://maraton.leer.org/"><span style="color: #ff00ff">http://maraton.leer.org/</span></a></span></h2>
<h3 style="text-align: center"><span style="color: #ff00ff">Sumate con tu institución desde donde estés</span></h3>
<p style="text-align: center">
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		<title>La Mola salió del Clóset</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Sep 2014 16:03:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 22. La Mola salió del Clóset Cuando la Mola pudo comprender la diferencia entre su cuerpo y lo que no lo era, la tragedia y la decadencia se habían desplomado sobre los Verdún. La tienda de antigüedades que los... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/09/05/la-mola-salio-del-closet/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">22. La Mola salió del Clóset</h2>
<p>Cuando la Mola pudo comprender la diferencia entre su cuerpo y lo que no lo era, la tragedia y la decadencia se habían desplomado sobre los Verdún. La tienda de antigüedades que los había colocado en el Club Social, en las fiestas de privilegio y en los mejores salones de Salinas, se cubrió de polvo, primero, y luego de la indignidad de la lata, el cacharro y la presunción de demencia. La abuela Verdún, viuda temprana, cuando la muerte se llevó a su única hija no pudo conservar el brillo de los bronces y abrió las bellas puertas ornamentadas a las excentricidades, primero, y luego (dicho francamente y sin eufemismos), a la baratija y a la basura. La colección de libros antiguos se fue mezclando con manuales del alumno bonaerense de sobados lomos, tocadiscos rotos desplazaron en los estantes a los cristales de Murano; había frascos con lombrices solitarias en formol, un feto con dos cabezas de dudosa autenticidad, vajilla descartable usada y mal lavada, muebles podridos, zapatos gastados y, finalmente, ropa vieja. Toneladas de prendas usadas, en valijas, en bolsas, en percheros abigarrados que formaban bloques impenetrables de telas harapientas y hediondas.</p>
<div id="attachment_331" class="wp-caption alignnone" style="width: 555px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/09/Arcimboldo-La-Tierra.jpg"><img class="size-full wp-image-331" alt="Arcimboldo: &quot;La Tierra&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/09/Arcimboldo-La-Tierra.jpg" width="545" height="800" /></a><p class="wp-caption-text">Arcimboldo: &#8220;La Tierra&#8221;</p></div>
<p><span id="more-330"></span>El olor pestilente de &#8220;El Clóset&#8221;, como rebautizara la abuela Verdún a la tienda, se hizo famoso. Para la Mola, que jamás salía de allí, era el único aire puro sobre la Tierra.</p>
<p>Cuando el lugar se convirtió en una sombra bizarra, la Mola tenía dos años. La abuela cerraba las persianas y permitía que la pequeña gateara sobre los fardos de la acumulación, entre bolitas de naftalina. La Mola se movía mientras la vieja mujer narraba la historia familiar de los Verdún, paso por paso, anécdotas del viaje desde Londres, las bodas, historias de dos hermanas, de la hija, del marido, todos muertos. El relato fragmentado se elevaba como mantra y rodeaba a la niñita, su única destinataria, la privilegiada, la heredera. La que escuchaba e imaginaba a sus ancestros, impregnándose de tal manera del espíritu de la senil ropavejera que, según los habitantes de Salinas, no hubo modo de que físicamente se convirtiera en otra cosa: una descomunal adolescente obesa, blandita, de cara redonda y colorada, melena flotante como copo de azúcar y manos rematadas en dedos como choricitos. Toda ella hedionda a naftalina, a usado y a viejo; toda ella a imagen, semejanza y tacto de &#8220;El Clóset&#8221;.</p>
<p>Los clientes invasores se sobresaltaban al doblar en algún recodo y toparse con la Mola, que leía encaramada sobre una pila de leños falsos. O cuando corrían el pesado cortinaje de un probador y la adivinaban arrebujada entre discos deformados por el tiempo, en el fondo de un bello espejo.</p>
<p>Como &#8220;El Clóset&#8221;, la Mola inspiraba repugnancia y fascinación. En Salinas, la Mola y su vivienda eran leyenda. La abuela la acariciaba y le susurraba que le traía suerte, que la clientela venía para ver a la bella heredera. Todos se preguntaban con un estremecimiento de regocijo morboso qué sucedería con la chica monstruosa cuando alguien tuviera el coraje de ponerle un punto final a la desagradable tienda.</p>
<p><span style="font-size: 13px">Durante el velatorio de la abuela Verdú, la Mola se quedó en &#8220;El Clóset&#8221;. Ni el qué dirán ni el peinado que le hizo la farmacéutica pudieron arrancarla de ahí: la chica cerró las persianas y se escondió sabiendo que la iba a encontrar Magoya si ella no quería que la encontraran. Fue una noche memorable. Lloró a mares, a gritos, la muerte de su abuela loca. Pensó en el mundo exterior, en la calle, imaginó la tienda vacía de cosas. Reconstruyó en su mente, cuidadosamente, el relato familiar contado millares de veces por su abuela y protagonizado por los muertos imaginados, vestidos con la ropa de los percheros de &#8220;El Clóset&#8221;. Se preguntó qué haría ella en un mundo ajeno que parecía estar esperando que saliera para despreciarla. Se preguntó quién era realmente ella. Recordó el sector de las prendas de los Verdún: la tribuna de los parientes fantasmales. </span></p>
<p>Se sorprendió al descubrir, después de toda una vida de deslizarse por la tienda, que no existían llaves ni cerraduras en las puertas. Bastó con encender la araña de caireles plásticos: ante ella estaba el perchero con el vestido de novia de la madre que no conoció, el de su abuela, el de la finada tía abuela Elvecia. Los treinta y siete tapados de piel pertenecientes a la bisabuela Verdú, exhalando olor a naftalina y anécdotas veleidosas, estremecidos de palpitación de rata y alimaña dormida. El gabán del abuelo, más allá. El perramus. Resonaron las palabras de la vieja loca: <em>&#8220;Saber que este vestido fue de tu madre te demuestra algo importante: vos sos hija. Mirá este abrigo: fue de tu bisabuela. Te hace bisnieta&#8221;.</em></p>
<p>La Mola se desnudó por completo, absolutamente sola por primera vez en su vida. Tenía dieciocho años ya. Sacudió su copo de pelo, descolgó el primer abrigo, se lo puso. Lentamente al principio y luego desesperada, histéricamente, hundió la nariz, el pelo, los dedos, las piernas, se refregó y restregó contra la piel amarillenta del tapado que de repente se volvió cálido, dorado, lujoso, amigable&#8230; un hogar.</p>
<p>Ése fue el punto de partida. El inicio del principio. La noche clave. La Mola, enfundada en pieles, se sintió lista para salir de la tienda, para respirar el aire de los subtes, de los trenes, de las calles. Lista para &#8220;el afuera&#8221;. Fue al &#8220;afuera&#8221; al que más le costó, probablemente, adaptarse a la salida de la Mola.</p>
<p><span style="font-size: 13px">La chica era un gigante peludo. Un oso con copete de azúcar, una nutria de pesadilla. En Salinas pusieron el grito en el cielo, pero no hubo nada que hacer: Manuela Verdú era mayor de edad y había leído a Freud, a Nietzche, a Lacan, a Sartre y vaya a saber a quién más. Apabullaba no sólo con su tamaño de gorila sino con sus argumentaciones. Aprobó todas las materias del secundario rindiendo libre y consiguió una beca en una universidad en el extranjero. Alquiló un subsuelo para su perchero de treinta y siete sacones y los respectivos fantasmas de la tribuna. Se paseó desnuda debajo de su cubierta de pieles durante inviernos y veranos por Salinas, por Buenos Aires, por Londres. Fue tan llamativa que logró que nadie la mirara, provocó tanto el qué dirán que nadie tuvo nada que decir.  </span></p>
<p><span style="font-size: 13px">Es pediatra en su pueblo ahora. Así como fue hija y nieta, ahora es madre, es amiga, es compañera. Sigue sin usar otra ropa que sus abrigos. Continúa sin peinarse ni teñir el copo esponjado que tiene como cabello. Si en algún momento aciago extraña a su abuela, le basta con pasar los dedos por la piel que lleva sobre el cuerpo. Si en algún momento se siente sola, recorre el perchero que llama &#8220;tribuna fantasmal&#8221;, o toma un libro de su biblioteca. No es fácil ser una Verdú, asegura. A sus íntimos les confiesa que a veces sueña con sus parientes, que le susurran palabras cariñosas. <em>&#8220;La soledad es no tener identidad, y no tener identidad es no tener herencia&#8221;</em>, decía la abuela. Cuando recuerda esas palabras, la Mola sonríe a solas, a la nada, con sonrisa de bebé, mientras sueña con vacunas gratuitas para los niños pobres, con puertas sin cerraduras y con heroínas gordas y peludas que luchan contra lombrices solitarias y las encierran en frascos.  </span></p>
<p><b> </b></p>
<p><b>                          </b></p>
<p><b>Comentarios:</b></p>
<p><b>Juan sin miedo: </b>Me manifiesto en contra del uso de pieles de animales, por ello estoy en contra de este cuento.</p>
<p><b>Blanquita<i> (inició sesión en yahoo)</i>: </b>Juan sin miedo, si se trata de un cuento, las pieles de los animales son imaginadas, entonces no hubo daño alguno.</p>
<p><b>Juan sin miedo: </b>¿Y qué te pensás, Blanquita? ¿Que los animales imaginados no sienten dolor? ¿Eh? ¿Sos obtusa, vos?</p>
<p><b>Vero: </b> Yo creo que Blanquita tiene razón, que si son inventados no sufren. Además, como es todo inventado (el abrigo y el animal), se puede imaginar que no sufre nadie porque, por ejemplo, se puede inventar que a un animal grandote se le viene el otoño y tiene que cambiar la piel y se la saca porque ya no le sirve y le sale otra. La que no le sirve la usan para hacer tapados, ¿ven? y así quedan todos contentos hasta el próximo otoño.</p>
<p><b>Blanquita: </b><i><b>(inició sesión en yahoo):</b> </i>¡Dale, me encanta tu propuesta! Pero que las pieles imaginadas sean sintéticas, y en colores. Y biodegradables.</p>
<p><b>Juan sin miedo:</b> Bueno. Si es biodegradable, no hay daño posible. Mil disculpas por decirte obtusa.</p>
<p><b>Blanquita:</b><strong> <i>(inició sesión en yahoo)</i></strong>: Aceptadas. Igual un poco de razón tenés, capaz. Muy lindo, el cuento de los bichitos que cambian la piel en otoño.</p>
<p><b>Vero:</b> ¡Totalmente! ¡Leer es lo más!</p>
<p>&nbsp;</p>
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<h3 style="text-align: center"><span style="color: #ff00ff">PROYECTO PIBE LECTOR TE INVITA A PARTICIPAR DE LA 12° MARATÓN DE LECTURA DE LA FUNDACIÓN LEER</span></h3>
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		<title>Booz, inmigrante, busca inventar casa</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Aug 2014 18:30:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 20. Booz, inmigrante, busca inventar casa Allá lejos, Booz subió al micro con lentitud estudiada. Intentaba no exteriorizar lo que sentía; la mirada de la gente le molestaba. La sensación de estar en ridículo, de algo vergonzoso, lo apresuraba.... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/22/booz-inmigrante-busca-inventar-casa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #808080"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">20. Booz, inmigrante, busca inventar casa</h2>
<p>Allá lejos, Booz subió al micro con lentitud estudiada. Intentaba no exteriorizar lo que sentía; la mirada de la gente le molestaba. La sensación de estar en ridículo, de algo vergonzoso, lo apresuraba. Hundido en su asiento y en sus auriculares, el viaje de 40 horas se le hizo una pesadilla. &#8220;Te espera tu padrino, con los primos&#8221;, había dicho su abuelo. &#8220;En las vacaciones te van a buscar tus papis. Sé bueno, Pórtate bien&#8221;.</p>
<p><span style="font-size: 13px">Con doce años, un viaje solitario puede convertirse en aventura. Para Booz sólo significó tener hambre, sed feroz, frío y desconcierto. El asiento se le pegó a la piel. Recién cuando llegó se dio cuenta de que no había ido al baño. Ignoraba que existía uno en el micro y, por miedo a que partieran sin él, no se había bajado en el camino ni una sola vez. </span></p>
<div id="attachment_305" class="wp-caption alignnone" style="width: 343px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Georges-Braque-Casas-en-I.jpg"><img class="wp-image-305 " alt="Georges Braque &quot;Casas en I' Estaque&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Georges-Braque-Casas-en-I.jpg" width="333" height="407" /></a><p class="wp-caption-text">Georges Braque &#8220;Casas en I&#8217; Estaque&#8221;</p></div>
<p><span id="more-300"></span>Con la misma estudiada lentitud despectiva del inicio de su viaje, Booz se bajó en Liniers. Llevaba una mochila con algunos útiles escolares, ropa interior, un abrigo, un peine. Nadie parecía buscarlo, nada le era demasiado ajeno, inserto en un paisaje con paisanos suyos caminando hacia todas las direcciones. Esperó pacientemente, primero. Esperó con desesperación, luego. Esperó. Cuando amanecía el segundo día de la espera, vomitó algo espeso y amarillo y se desmayó.</p>
<p>La señora del locutorio de la Terminal le permitió llamar gratis, con la condición de que algún día le devolvería el favor. La voz del abuelo sonó tan cerca que lo vivido pareció una broma siniestra. La señora también habló. Luego le dio agua, jugo, salchipapa. Unos días después, lo anotó en el colegio.</p>
<p>En la actualidad, Booz pasa sus días en un Taller, garrapateando trazos ininteligibles en un cuaderno cuadriculado y en la escuela. Un día alguien le preguntó qué pensaba y dijo que estaba juntando. No aclaró qué, pero yo creo que junta de todo: dinero, resentimiento, sueños, nostalgia, soledad. Sentado en la vereda con su cuaderno no espera ya a su inexistente padrino, sino que se le pase la adolescencia y le llegue la adultez, para poder inventar una casa sin penas y poder así, cada tarde, comenzar a volver.</p>
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		<title>Delicia de velorio</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2014 19:39:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 19. Delicia de velorio Quienes conocieron a Delicia sintieron algo inquietante al enterarse de la noticia de su muerte. Parecía mentira; era infinitamente vieja y la gente se había resignado. La hora llegó cuando la mujer se había convertido... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/15/delicia-de-velorio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></p>
<h2 style="text-align: center">19. Delicia de velorio</h2>
<p>Quienes conocieron a Delicia sintieron algo inquietante al enterarse de la noticia de su muerte. Parecía mentira; era infinitamente vieja y la gente se había resignado. La hora llegó cuando la mujer se había convertido en una arruga color beige clarito, de ojos como bolitas verde agua, brillantes, bajo pestañas ralas. Siempre impoluta, enfundada en su guardapolvo tieso, engalanado por los años de blancura. <i><b>La directora Delicia. Falleció. Lamentamos el deceso. ¿Se murió? Nuestras sinceras condolencias. </b>  </i></p>
<div id="attachment_290" class="wp-caption alignnone" style="width: 609px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/El-Aquelarre-Goya.jpg"><img class="size-full wp-image-290" alt="&quot;El Aquelarre&quot; detalle. Goya" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/El-Aquelarre-Goya.jpg" width="599" height="412" /></a><p class="wp-caption-text">&#8220;El Aquelarre&#8221; detalle. Goya</p></div>
<p><span id="more-289"></span>La gente fue llegando al velorio con cara de circunstancia. <i><b>No somos nada</b></i>. Delicia había sido maestra en la 79 cuando era la 14, en la primaria, y se contaban de ella leyendas que habían sentado las bases de un poderío indescriptible. Alumnos que se habían orinado encima sólo porque Delicia había pronunciado su nombre. Padres obsequiosos que se habían enamorado de sus ojos cuando eran oscuros y le habían regalado un visón, un viaje a Europa, un gato persa. <b><i>Un día estamos y al otro no</i>.</b>  Madres despechadas por la adoración que provocaba, celosas, rindiéndole pleitesía durante los actos del Día del Maestro, entregándole ramos de rosas con espinas.<b><i>La Delicia, la de la época del puntero, la pluma y el tintero.</i></b> <b><i>La vida, este valle de lágrimas. </i></b></p>
<p><span style="font-size: 13px">Murmullo de velatorio, entretejido de chismes, anécdotas, santiguaciones. </span><i style="font-size: 13px"><b>Que descanse en paz</b></i><span style="font-size: 13px">. Palabras de Delicia no pronunciadas por su boca muerta sino por el runrún de la sala, hojarasca sobrevolando el hedor de las calas podridas:</span></p>
<p><i>&#8220;El guardapolvo no se mancha&#8221;, </i><i>&#8220;Se debe ser y aparentar lo que se es&#8221; ,</i><i>&#8220;Maestra, con Mayúsculas&#8221;, </i><i>&#8220;Para ser Maestra, hay que tener vocación verdadera&#8221; </i><i>&#8220;Los educandos nos agradecerán en el futuro todo el rigor que les impongamos en el presente&#8221;, </i><i>&#8220;Es por su bien, no por el nuestro&#8221;&#8230; <b>Una enorme pérdida. Dios nos ayude a soportar tan grande ausencia.</b></i></p>
<p>Delicia fue secretaria, después de ser maestra. Luego, directora. Se murió en la escuela, con el guardapolvo puesto, detrás del escritorio a donde la habían relegado a causa de su pura vejez, mirando sin ver el transitar de docentes jóvenes, chiquillos impetuosos, auxiliares, padres, equipos de música, trajín de escuela, en fin, <i>&#8220;aire que respirar&#8221;</i>, en sus palabras. <i><b>No hay lágrimas suficientes. ¿Hijos no tuvo? Shhh, siempre señorita. Nunca se casó. </b></i></p>
<p>Una mujer espía escondida por una corona. No sabe que el resto de las mujeres presentes conocen su secreto. (Todas saben e ignoran que las demás saben). <i><b>Nos ha abandonado en cuerpo, pero su espíritu permanecerá eterno.</b></i> Cada una cree que Delicia le hizo algo personal, que fue con ellas el asunto de la pregunta. Jamás sabrán que formaban parte de un cosmos construido por una tirana increíblemente perversa, porque no compartirán su dolor: es un secreto teñido de vergüenza. Delicia, despojadora de la inocencia virgen del deleite del primer día de clases. <i><b> Era de Dolores, pero acá no se ve ningún pariente. ¿Se habrán enterado? Era muy vieja.</b></i></p>
<p>Durante su reinado infinito, Delicia recibió con una sonrisa de dientes afilados a cada mujer de cara emocionada. Le dio un paseo por la escuela, le dio papeles que firmar, ofreció té, le hizo la prueba. Las que aguantaron, se quedaron. <i>&#8220;En esta escuela enseñan las maestras con vocación, la escoria que vaya a otra parte&#8221;. </i>Había perfeccionado su método: un pequeño niño, angelical, suave, se acercaba a la maestra que, radiante, acababa de apoyar su cartera en la silla ante el escritorio. La nueva se inclinaba, solícita, para escuchar al pequeño. Delicia observaba desde la puerta: a veces pasaban años sin oportunidad de ver la escena. El pequeño pronunciaba la pregunta. En la reacción de la interrogada, Delicia medía cuidadosamente cuánta vocación tenía, cuán duradera sería&#8230; Delicia, la alquimista de la esencia docente. La desfloradora. La que arruinó la vida de tantas. La que perturbó las ilusiones. La que causó dolor. <i><b>Le llegó, por fin, la muerte. A todos nos llegará. ¿La querría alguien? Los acompaño en el sentimiento.</b></i></p>
<p>En el mujeril velorio, la que espiaba finalmente tomó coraje. Fue fácil hacerlo: nadie había entrado a ver el cadáver que descansaba entre velones inmensos y solemnidad fétida. Cuando quedó frente a la muerta, se sintió más sola que antes. No sabía que representaba en ese momento a decenas de mujeres dañadas de la misma manera. Se oía perfectamente el murmullo de afuera. <i><b>Una partida anunciada, pero no por ello poco sentida.</b></i> Recitaban hazañas de la directora, su fortaleza, sus logros, su despotismo, su crueldad, su fiereza. <i><b>Lo siento tanto. Se han enlutado nuestras almas.</b></i> La mujer se acercó al cadáver, se agachó, pegó su boca a los oídos llenos de algodón y pronunció la pregunta que el pequeño enviado le había hecho hacía décadas. Ella era de las que había durado solamente un día: no había pasado la prueba. Delicia había recibido su renuncia con inocultable sorna. <i><b>Taquicardia. Sudoración. Mareo.</b></i> Repitió la frase ajena, la dijo una, dos, veinte veces. No sintió nada. Había esperado pacientemente la muerte de la vieja. <i><b>La muerte nos ha cubierto con su manto oscuro.</b></i> Había jurado que se vengaría y ahora estaba ante un cajón. No alcanzaban las palabras. En un rapto de desesperación, la mujer desabotonó el guardapolvo que enfundaba el cadáver y se lo quitó.</p>
<p>Antes de salir corriendo, con una fuerza sobrehumana, levantó la tapa que estaba apoyada contra una pared y cerró el ataúd. Dobló cuidadosamente el guardapolvo que ya no era mortaja, vació uno de los enormes floreros, lo introdujo en él y lo quemó. <i><b>Causa una tristeza profunda perder un ser querido.</b></i></p>
<p><span style="font-size: 13px">Si alguien hubiera podido ver el rostro de Delicia cuando se hizo el silencio, cuando las luces se extinguieron, se hubiera estremecido. Desnuda hasta del alma, amarillenta, blanda y cerosa, la sonrisa se le hizo mueca y así marchó hacia el otro mundo, para responder despojada su propia, personal e inevitable pregunta.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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