5 canales y un banquete que ya podemos saborear

#RespiroTV

Quizás fuera mejor parir este espacio hablando de la tele de hoy, de la pantalla caliente en la que quiero que nos empecemos a quemar, pero les pido una licencia, una especie de “corte publicitario” para presentarme en sociedad; a mí y a mi “noviazgo” con la televisión.

La década del ´80 estaba a punto de llegar a su final y en mi casa hacíamos zapping con una pinza porque la perilla “cambia canal” había dicho basta. Años después llegaría una tele de botones duros, y más después incorporaríamos el control remoto.

Pero a decir verdad, a mí nunca me importó el modelo del aparato que me regalaba imagen y sonido. Como de las personas, de la televisión también siempre valoré más lo de adentro.

Corría mayo en cualquier año de mi vida y yo, consciente de que el sueño siempre me jugó una mala pasada, dormía la siesta para aguantar despierta hasta el final de la ceremonia de los Martín Fierro. Por la tarde, llenaba esa especie de prode que venía con el diario en formato de doble página y les ponía fichas a mis ganadores. Minutos antes del inicio, estallaba de nervios y le pedía a mi mamá que me tomara las pulsaciones. Después me sentaba y no me movía ni un solo momento del sillón.

Al otro día, no quería escuchar a nadie de la escuela opinando sobre los ganadores y los perdedores; pensaba que ellos no sabían, que ellos no miraban tanta tele como yo, que ellos no habían tenido el corazón acelerado minutos antes de la transmisión.

Sabía, desde entonces, que algo me unía a la televisión. No era cholulez, era otra cosa.

No cruzaba la barrera de los diez años y me sabía de memoria los créditos de “Amigovios” ¡los créditos! Me llamaba la atención el elenco, la escenografía, el guión.

Y así me pasé la vida mirando tele. Siempre miré de todo, y ahora también.

Y como uno vive de elecciones continuas y el cambio de canal está más que permitido en este espacio, elijo iniciar este tránsito de análisis, críticas, comentarios, percepciones y tendencias compartiendo el título del programa de TV que más me gustó en mis 28 años: “Vientos de agua”, una creación de Juan José Campanella.

Me quedo con Gemma (si hacen uso de mi recomendación, la adorarán al instante), un personaje hermoso que un día se plantó frente a sus paisanos y dijo: “Yo sigo avanti, avanti antes y avanti siempre”.

Y avanzando y siguiendo el carretel de este último hilo, con mi presentación ya pasada/pisada, los invito a que nos adentremos en el mundo de la televisión abierta: cinco canales y un banquete que ya podemos empezar a saborear.