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	<title>#SoySolo &#187; él</title>
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	<description>Martín París comparte anécdotas de un hombre que busca la mujer ideal. El humor y el sarcasmo son actores principales de cada historia</description>
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		<title>Hasta siempre. Hasta mañana.</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Oct 2013 12:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A quien corresponda:</p>
<p>Te escribo esta carta sin dirección en el sobre. Es que todavía no sé dónde vivís. Disculpá si no entendés el idioma porque, quién sabe, quizás ni hables español. Por ahí tu lengua es anglosajona, escribís con ideogramas, o quizás hasta ni sepas de qué planeta vienen estos signos extraños. No importa, no me preocupa. Estoy seguro que si sos vos la que estoy buscando nos vamos a entender con una simple mirada, incluso con el mismo silencio.</p>
<p>Perdoname que no te la entregue en mano. Es que todavía no sé cómo te ves. Te pararía por la calle, te sonreiría y, evitando cualquier gesto que corra el peligro de ser malinterpretado, me tomaría el atrevimiento de regalarte esta epístola personalmente. Si me preguntás, te digo que sos rubia de ojos celestes, aunque colorada con pecas y ojos verdes no te voy a decir que no. Tampoco me niego a una melena azabache o castaña acompañada de un buen par de ojos marrones. Te sonará extraño, pero pelada y con esa iris que cambia de color según el estado del tiempo te querría igual.</p>
<p>Espero que no tomes este acto de escribirte como un signo de cobardía. Yo sé que hablando se entiende la gente, pero no sería la primera vez que me pasa que al verte no me salen las palabras. Es que no sabés lo que siento adentro cuando estoy frente a vos. Es como un fuego acá adentro que no puedo controlar. El corazón me late a mil, el cerebro me manda cualquier señal. Me pongo algo tosco, tartamudeo, transpiro. Es muy fuerte. Ojalá que te pase lo mismo el día que estés frente a mí.</p>
<p>Este es el final de una historia, o el principio de otra. Aún no lo sé, pero estoy seguro que quiero descubrirlo. Siempre me rompe la cabeza pensar lo trascendental que es el amor. Nos hace elegir a una persona para que esté a nuestro lado. Una, de todas las que hay (y eso que somos bocha). Después eso puede cambiar, es verdad. Darse cuenta que no era la indicada duele mucho. Es que el precio que se paga por el desengaño es la tristeza. Qué le vas a hacer. Igual de todo se aprende. ¿Pero viste la plenitud que se siente cuando sentís que es? Uf… me encantaría vivir en ese estado todo el tiempo que pudiera.</p>
<p>Yo también pensé que después de una despedida jamás me iba a volver a enamorar, que nada iba a volver a ser como antes. Un poco de razón tenía. El nuevo amor nunca es igual al anterior. A veces es menos efusivo, menos apasionado, menos volador de peluca, pero a veces es mucho más que eso también. Si hay algo que me quedó de todo este loco asunto medio mágico que se da entre dos personas que se encuentran para toda la vida es que esta fuerza sobrevive al paso del tiempo, a las distancias e, incluso, a las personas. Amar siempre, absolutamente siempre, es posible. No te olvides de eso.</p>
<p>De todos modos, déjame aclararte de antemano que no soy perfecto. Eso está a la vista, pensarás, pero no, también tengo imperfecciones secretas que escondo bastante bien. Igual todos las tenemos. Hasta vos inclusive. Sí, aunque suene poco caballero te las veo desde acá nomás, sin conocerte siquiera. Pero te doy mi palabra de que voy a ayudarte a mejorar, a crecer, a ser feliz. Es que el amor no es un bien para atesorar. La cosa es abrirse, bajar el escudo, entregarse entero aunque el miedo de que te hagan pedazos te amenace todo el tiempo. Eso sí, yo lo hago con una condición: que vos también te entregues entera a mí para hacerme feliz.</p>
<p>Como no me gustan las despedidas (sobre todo si son el preámbulo de un nuevo comienzo), quiero decirte que, desde ya, será un gusto conocerte. Espero que no nos gane la ansiedad (aunque no queramos verlo ese encuentro puede darse o no, lo importante es no perder las esperanzas). Y si en el camino elegís y te equivocas, no te preocupes. De esto se trata la vida: de curar mil heridas y de volverse a lastimar.</p>
<p>Yo no creo que estemos solos, estamos perdidos, nomás. Con un poco de suerte quizás nos encontremos. Así que mejor aprovechemos la oportunidad de estar juntos que no hay peor pobreza que la soledad.</p>
<p>Hasta siempre.<br />
Hasta mañana.</p>
<p style="text-align: right">Yo</p>
<p>P.D.: Ah, una cosa. No pidas <em>“más amor, por favor”</em>. El amor no se mendiga.</p>
<p>Ahora sí…</p>
<p style="text-align: center">Chau #SoySolo.<br />
Hola #SoyYo.<br />
FIN</p>
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		<title>La última chance</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jul 2013 13:32:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando corté el teléfono sentí que se me venía el mundo abajo. Ese último <em>“Chau”</em>, era la frase final de una historia que le había dado sentido a muchas noches de insomnio. Porque pensaba que la había encontrado, que la búsqueda implacable había dado, por fin, su rédito tan deseado. Pero no, al cortarme el teléfono me lanzó al olvido una vez más. El gordo pasó por casa y salimos a recorrer el barrio. Me preguntó por qué estaba mal y yo le conté que acababa de terminar con esa chica de la que tanto le venía hablando. Que no podía entender cómo había pasado, pero que me cabía igual. Y, entonces, mi amigo me miró a los ojos y, con esa honestidad brutal que tiene la gente que te conoce en carne viva, me dijo: <em>“¿Cuándo vas a hacer algo en tu vida sin pensar?”</em>.</p>
<p><span id="more-283"></span></p>
<p>Les dije a mis viejos que me iba a cenar con él. Me subí a su auto y encaramos para su casa, pero al llegar a la esquina dio un volantazo y salimos a pique por la General Paz.<em> “Dale. Siempre pensaste cada cosa que hiciste hasta el hartazgo y mirá cómo te salió todo. Probá dejar de ser tan racional y dejá que te guíe el instinto alguna vez. Por ahí, quien sabe, la suerte está de tu lado”</em>, me dijo mi amigo sintiendo mi tristeza y me dejó en la parada del bondi porque tenía que volver a su casa volando (se estaba garcando). La zona era heavy. Estaba de visitante y eso se notaba a diez kilómetros. Sentía miedo, nervios, angustia, tristeza, excitación. Me la pasé rogando que esté en su casa. No le había avisado nada que iba para allá. Es que estaba a punto de pedirle al arquero que vaya a cabecear al área contraria. No me importaba nada: lo mismo da perder por un gol que por goleada.</p>
<p>En la parada del colectivo me la pasé ensayando formas de decirle lo mucho que la amaba, cuánto la necesitaba, lo importante que era en mi vida. Que solamente quería hacerla feliz, que deseaba verla envejecer a mi lado como esa abuelita que esperaba el colectivo junto a mí. Y en medio de ese maremoto mental que me aislaba del mundo terrenal haciendo miles de elucubraciones imposibles, el bondi llegó y yo quise dejar pasar a la nona que se negó a aceptar mi gesto de educación. Un flaco que estaba antes que yo se me adelantó y otro me dejó pasar a mí dejándome en el medio de los dos. De manera imprevista, el de adelante decidió bajarse y, a pesar de que yo lo estaba dejando pasar, me empujaba contra el otro. De pronto, me encontraba yendo y viniendo como si fuera uno de esos muñecos a los que les pegan y nunca se caen. Yo no entendía qué estaba pasando, hasta que noté que la dulce abuelita que todavía esperaba para subir me estaba mandando mano entre los bolsillos desde abajo. Era claro: los tres me estaban choreando.</p>
<p>Yo me agaché como pude, agarré al flaco que tenía adelante y lo empujé fuera del colectivo que arrancó. La abuelita me puteó, el de atrás me pegó un cachetazo en la cabeza con furia antes de bajarse de un salto. Yo me puse de pie y pedí el boleto como si nada me hubiera pasado. Me quedé parado en el medio del vehículo y descubrí que todos los pasajeros me miraban, como si fuese el bufón del pueblo. Y fue ahí que caí en la cuenta de que acababa de zafar de una situación ultra violenta. Me toqué todo el cuerpo para asegurarme que no estaba lastimado, porque el corazón me latía a mil y yo no entendía nada, y todo estaba pasando muy rápido, y me sentí en una selva urbana tratando de sobrevivir. Alguien me cedió el asiento y me senté temblando: <em>“Te quisieron robar, ¿no?”</em>, me preguntó ella, que era igual a la otra, pero más dulce, más hermosa, más real. Y yo la miré y le dije: <em>“Sí. No. No sé”</em>. Estaba confundido por todos lados.</p>
<p>Los minutos pasaron y, de a poco, fui cayendo otra vez a la realidad. Yo tenía un tornado en la cabeza. Todo era tan extraño. Pensaba en ella, pensaba en que quizás no estuviese, pensaba en que me habían querido robar, pensaba en que no le había pedido el teléfono a mi compañera de viaje, pensaba y no dejaba de pensar que pensar no había sido el objetivo de esa aventura. Bajé del bondi corriendo y llegué a su puerta. Toqué el timbre de su depto y esperé. Existían grandes chances de que esa travesía que me había costado tanto hubiera sido en vano. Ella podría estar de sus viejos, en el supermercado, en la cancha, donde sea, pero no ahí arriba en su casa, conmigo ahí abajo en su puerta. Pero no, ella atendió: <em>“¿Sos vos?”</em>, me preguntó por el portero eléctrico como si me hubiese estado esperando, y yo le contesté:<em> “Si, soy yo”</em>, y bajó a abrirme la puerta. Sudor fío me caía por la espalda cuando la vi aparecer llave en mano, me temblaban las piernas, sentía la cara hecha un fuego. Crucé los dedos: que fuera lo que Superman quisiera.</p>
<p>Apenas entré le pedí que me disculpara por verme así tan nervioso, pero que me habían querido chorear hacía un toque, y ella, más confundida que yo, me preguntó:<em> “¿Qué hacés acá?”</em>. Inspiré profundo, tomé coraje y, como pude, saqué un paquete del bolsillo. Se lo entregué: <em>“Es una cintita que te compré en San Clemente&#8230; con el gordo”</em>. Ella miró con cierta ternura el sobrecito y me lo devolvió. Me dijo que no podía aceptar ese regalo, que no era de ella. Yo le insistí y le dije que si todo había terminado entre nosotros que por lo menos me deje darle un último recuerdo de lo lindo que había sido haberla conocido. Ella abrió el paquetito y metió la mano. <em>“No hay nada”</em>, me dijo. Yo agarré el sobre y busqué una cintita que ya no estaba ahí: era lo único que había logrado robarme la dulce abuelita toquetona del colectivo. Saqué todas las cosas que tenía en mis bolsillos desesperado. Ahí estaban mis documentos, mis llaves, el celular y la cajita de forros para el sexo de reconciliación que había llevado inútilmente, pero la cintita no, la cintita ya no estaba. Entonces, levanté la vista, la miré a los ojos y, con la cabeza otra vez a mil revoluciones por minuto, le hice una última pregunta…</p>
<p>…<em>“¿No me das un par de monedas para el bondi?”</em>.</p>
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		<title>Dos caras</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2013 14:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Él quedó detonado después del asado con fernet que preparó para el cumple del negro. Ella invita a sus amigas al depto para comer una picadita. Él putea porque no le tocó el as que le faltaba para quedarse con toda la guita. Ella tiene bronca porque se le corrió la media nueva y ahora... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/07/16/dos-caras/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Él quedó detonado después del asado con fernet que preparó para el cumple del negro. Ella invita a sus amigas al depto para comer una picadita. Él putea porque no le tocó el as que le faltaba para quedarse con toda la guita. Ella tiene bronca porque se le corrió la media nueva y ahora no le queda otra que pasar frío. Él se mete en el Face desde el celu a ver si pica alguna. Ella lo ve conectado y decide hablarle por primera vez. Él aprieta la pantalla con dedos doloridos de tanto chamuyo. Ella le dice que está aburrida y con una amiga. Él le pide al gordo que no lo deje tirado. Ella lo espera en el boliche en una hora. Él le dice a los pibes que <em>“la parte en veinticinco”</em>. Ella les dice a las chicas que es <em>“re copado”</em>. Él no lo puede creer. Ella está re contenta. Y esa noche se encuentran las dos caras de una misma moneda.</p>
<p><span id="more-274"></span></p>
<p>Él juega a los <em>“tequilazos”</em> en una previa furiosa para tomar coraje. Ella toma un vaso de espumante y ya está mareada. Él le promete a los muchachos que <em>“algo”</em> se lleva. Ella siempre se divierte cuando sale. Él canta a capella con los muchachos. Ella ensaya con sus amigas los pasos del nuevo tema de moda. Él le pide al gordo un desodorante porque la parrilla le dejó toda la ropa con olor a humo. Ella se maquilla frente al espejo la sombra para resaltar sus ojos claros. Él quiere arrancar ya, pero los pibes le dicen que llegue un toque más tarde para no quedar como un desesperado. Ella no encuentra taxi ni remís y no le queda otra que tomarse un bondi. Él está ansioso por llegar. Ella siente curiosidad por verlo en persona. Él para en la farmacia y compra forros. Ella para en el kiosko y compra chicles.</p>
<p>Él la ve por primera vez y se muere. Ella lo ve por primera vez y se confunde. Él le dice que es más linda personalmente que en la foto de perfil. Ella le dice que lo hacía más alto. Él le invita la entrada del boliche. Ella le dice que nunca había salido por ahí. Él la saca a bailar una cumbia. Ella le enseña a menear un reggaetón. Él va <em>pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras&#8230; para delante y para atrás</em>. Ella va <em>hasta abajo, hasta abajo, mami, hasta abajo</em>. Él la invita a la barra a tomar un trago. Ella le dice que prefiere agua. Él le avisa que la espera en los reservados. Ella se va al baño. Él ve al gordo comiéndose a la amiga. Ella le saca fotos para cargarla mañana. Él le pregunta por qué esa noche. Ella le contesta que tenía ganas de conocerlo. Él le dice que vive solo. Ella le dice que también. Él le mira la boca esperando ese silencio. Ella empieza a hablarle de su ex.</p>
<p>Él le dice que esa historia ya fue. Ella le dice que lo que pasó fue muy fuerte. Él le aconseja que lo mejor es dar vuelta la página. Ella le cuenta que todavía se ven. Él le pregunta si es fiel. Ella le confiesa que nunca se portó mal. Él se muere de calor. Ella no soporta más el encierro. Él le alcanza su abrigo. Ella le agradece que sea tan caballero. Él le abre la puerta. Ella odia ver el sol a la salida. Él le cuenta que a esa hora se levanta todos los días para ir a laburar. Ella mira la hora y se ríe. Él la invita a desayunar. Ella le dice que es tarde. Él acepta y le para un taxi. Ella lo abraza fuerte. Él se va a dormir manija. Ella se acuesta feliz de haberlo conocido. Él le manda un mensaje al gordo que dice <em>“¿Qué onda?”</em>. Ella le pregunta a su amiga <em>“¿Cómo te fue?”</em>. Él se ríe cuando le llega <em>“Una histérica. ¿Y tu mina?”</em>. Ella sonríe al leer <em>“Un divino. ¿Y tu amigo?”</em>.</p>
<p>Él pensaba que ella…</p>
<p>…pero ella pensaba otra cosa.</p>
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		<title>Excusas</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2013 17:43:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Que querés irte. Volvé. Que la distancia. Vení. Que no es el momento. Encontralo. Que odiás tu trabajo. Renunciá. Que apareció tu ex. Cortale. Que te tenés que mudar. Acomodate. Que rendís un parcial. Estudiá. Que no bancás a tus viejos. Independizate. Que estás triste. Reí. Que no te gusta. Dejá. Que Dios te castiga.... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/07/09/excusas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Que querés irte. Volvé.<br />
Que la distancia. Vení.<br />
Que no es el momento. Encontralo.<br />
Que odiás tu trabajo. Renunciá.<br />
Que apareció tu ex. Cortale.<br />
Que te tenés que mudar. Acomodate.<br />
Que rendís un parcial. Estudiá.<br />
Que no bancás a tus viejos. Independizate.<br />
Que estás triste. Reí.<br />
Que no te gusta. Dejá.<br />
Que Dios te castiga. Pecá.<br />
Que tenés un secreto. Confesá.<br />
Que no sabés qué hacer. Decidí.<br />
Que te arrepentís. Aceptá.<br />
Que te da culpa. Elegí.<br />
Que restás. Sumá.<br />
Que te aburrís. Divertite.<br />
Que estás cansada. Dormí.<br />
Que nada te conmueve. Creá.<br />
Que te falta experiencia. Crecé.<br />
Que sentís angustia. Llorá.<br />
Que estás herida. Saná.<br />
Que te duele. Sufrí.<br />
Que sos esclava. Liberate.<br />
Que el encierro. Salí.<br />
Que estás condenada. Apelá.<br />
Que te persigue. Huí.<br />
Que te atrapa. Escapá.<br />
Que estás detenida. Avanzá.<br />
Que no estás conforme. Cambiá.<br />
Que te traicionaron. Perdoná.<br />
Que no se borra. Olvidá.<br />
Que todo es oscuro. Brillá.<br />
Que estás enferma. Curate.<br />
Que sentís miedo. Enfrentalo.<br />
Que todo es una pesadilla. Soñá.<br />
Que no podés. Intentalo.<br />
Que estás en un pozo. Volá.<br />
Que querés jugar. Apostá.<br />
Que odiás perder. Ganá.<br />
Que tenés bronca. Puteá.<br />
Que te quedaste muda. Gritá.<br />
Que no te pasa lo mismo. Dejá.<br />
Que necesitás. Pedí.<br />
Que sentís morir. Viví.<br />
Que querés ser feliz. Amá.</p>
<p>Pero no me vengas con excusas, por favor.</p>
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		<title>Procesiones</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Jun 2013 13:45:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las cosas que más me quita el sueño luego de haber salido por primera vez con una chica es saber qué impresión se llevó de mí luego de la cita. ¿Se habrá sentido cómoda? ¿Habremos logrado alguna conexión al contarnos nuestras historias? ¿Creerá que realmente me interesa conocerla? ¿Le habré gustado? ¿Volveremos a... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/06/04/procesiones/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las cosas que más me quita el sueño luego de haber salido por primera vez con una chica es saber qué impresión se llevó de mí luego de la cita. ¿Se habrá sentido cómoda? ¿Habremos logrado alguna conexión al contarnos nuestras historias? ¿Creerá que realmente me interesa conocerla? ¿Le habré gustado? ¿Volveremos a salir? Todas estas preguntas y muchas más me surgen instantáneamente en la cabeza cuando nos despedimos y ahí arranca un maremoto de pensamientos agotadores que repasan cada pequeño detalle, gesto y palabra del encuentro para tratar de identificar aunque sea una mínima señal que me permita saber si el futuro nos encontrará intentando algo juntos o nos abandonará nuevamente a la soledad del desencuentro. Es que a veces los nervios te juegan una mala pasada y te querés matar porque una primera cita tiene el poder de definirlo todo: algo puede nacer o morir para siempre. Por eso, al despedirnos, al mirarla por última vez a los ojos sin saber si los voy a volver a ver alguna vez, en mi cabeza comienzan procesiones.</p>
<p><span id="more-237"></span></p>
<p>No una, varias procesiones, muchas, y todas juntas a la vez que van por dentro apretujándose entre sí. Porque a mí me pasa que si compruebo fácticamente que la chica me gusta y su historia y personalidad me conmueven, entonces adentro me empieza una lucha interna para tratar de calmar mis voraces ganas de estar con ella. Pasa que cuando conozco a una persona interesante, lo primero que se me viene a la mente es la ansiedad de empezar a descubrirla y la angustia de no haberlo podido hacer desde mucho tiempo antes. <em>“¡Qué lástima que no la conocí hace unos años!”</em>, me digo sintiendo pena al repasar todos los hechos de mi vida que me gustaría haber compartido con ella. Pero también otro gladiador me presenta batalla al instante de verme movilizado por una persona así: la horrible sensación de saber que quizás no sea yo la persona que ella quiera a su lado.</p>
<p>Porque, aunque prefiramos no verlo y no queramos aceptarlo, no ser elegidos es una opción posible, y es ahí donde, aunque lo odiemos, sentimos la necesidad de ponerle lomos de burro a nuestras muestras de cariño hasta tanto no constatemos que conseguimos los permisos necesarios para expresarlo (si no, puede ser ilegal, guarda). Durante ese período es común sufrir algunas noches de insomnio pensando que todo lo que te gustaría vivir con ella, quizás, nunca se concrete y sentís que es injusto porque lo único que deseas en esta vida es darle todo lo que necesita para hacerla feliz (siempre y cuando ella sienta lo mismo por vos, porque la cosa es recíproca, a no olvidar). Y no querés transformarte en un ser vil, frío y distante. No te sale, pero te debatís internamente si no deberías guardar el corazón en el freezer un rato para no derretirte de angustia cada minuto que pasa sin saber si ella te eligió como vos la elegiste.</p>
<p>Ojo, también me la paso pensando si no debería esperar tranquilo a que las cosas fluyan con naturalidad. La verdad que me encantaría, acepto que sería conveniente para mi estabilidad psicológica, pero la verdad es que, a pesar de que por afuera muestre una careta de que la vengo piloteando como un campeón, por adentro siento un raid de emociones que no puedo evitar. Porque me quedo flasheado al imaginar que esa chica que conocí el otro día, esa que, azarosamente o por una serie de causas específicas que apenas puedo elucubrar, se cruzó en mi camino, que tanto me costó invitar a salir y que tuve frente a mí por primera vez, puede ser la persona más trascendental de mi vida. Y ahí, al toque, me pregunto…</p>
<p>…¿estas procesiones también las estará sintiendo ella?</p>
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		<title>Un día</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Apr 2013 12:51:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un día vamos a abrir los ojos y la almohada nos va a seguir atrayendo como un imán capaz de generar el campo magnético más potente del universo. Yo voy a pisar el suelo frío de mi habitación porque nunca sé dónde dejo las ojotas cuando me levanto a hacer pis en la madrugada. Vos vas a mirarte en el espejo preocupada por ese granito que te salió al lado de la boca. No, no das Marilyn ni a gancho con ese volcán de pus. Yo voy a enjuagarme la cara con agua caliente para ablandar la barba, maldiciendo la vez que envidié a mi viejo tener que afeitarse todos los días. Vos vas a cepillarte esa sonrisa de publicidad, escupiendo la espuma con bronca al recordar que todavía no desayunaste. Ni vos ni yo lo sabemos todavía, pero un día, un día todo va a cambiar.</p>
<p><span id="more-182"></span></p>
<p>Yo voy a calentar la leche chocolatada en el microondas con el orgullo de mantener uno de los tantos rasgos de inmadurez que conservo desde mi niñez. Vos vas a darle un cachetazo a la cafetera que tarda media hora en llenarte un pocillo con un jugo horrible de petróleo. Yo voy a encender la compu siempre con el mismo terror mañanero a que el disco duro no arranque nunca más y pierda todos mis archivos, jurándome que ese día será el último en el que no backupeo toda mi vida digital. Vos vas a saludar a la vecina del piso de al lado que te entrega la factura de tu celular con cara de lástima, porque no puede entender como podés sobrevivir sin un marido que te pida todos los días que le prepares la ropa para ir al trabajo. Yo voy a chequear los mails esperando que me lleguen las líneas del nuevo capítulo, deseando secretamente escribir finales infelices y personajes contradictorios como la realidad, mientras me entran por la ventana las voces de conductores malhablados de radios pedorras que te leen las noticias del diario como si fueran avisos fúnebres.</p>
<p>Vos te vas a apretar entre la gente que viaja en el subte, sintiendo alientos espesos de tipos que parecen haber dormido en jaulas de leones, que tienen el coraje de tocarte el culo pero no de mirarte a los ojos arrancándolos de las pantallas de sus celulares. A mí me va a sonar el teléfono en medio de una escena que podría ser el comienzo de <em>“El Padrino”</em>, para que un androide mutante me pregunte qué joraca estoy mirando por TV, haciéndome olvidar por completo el principio, el nudo y el desenlace de lo que estaba escribiendo. A vos, un cliente te va a abrir la puerta de la oficina para que pases antes que él, pero bien sabés que detrás de ese gesto de lord inglés no hay otra cosa que dos ojos traidores que te imaginan sin ropa interior, tratando de adivinar cómo se vería ese cuerpo desnudo bailando sobre el escritorio del jefe.</p>
<p>Yo voy a terminar mi jornada laboral para seguir laburando en todas las otras historias que amenazan con seguir usurpándome la imaginación hasta que las baje a papel. Yendo luego al gimnasio más por la obligación de hacer algo que contrarreste mi trabajo sedentario de escritor que por el placer que me puede redituar bajar la panza de niño que heredé junto al apellido. Vos vas a dudar si comprar el queso diet o ese otro tan rico lleno de grasa que te deja esos gramitos de más imperceptibles para la jauría de tipos que te devorarían de un bocado cuando te ven en la caja del super chino contando las monedas para que no te las choreen. Yo voy a chequear por Internet la cuenta del banco, asegurándome que mis ahorros siguen haciéndose cada vez más escasos, haciendo malabares a fin de mes con ese resto que reservo para gastarlo en algo que yo ya sé de antemano que no me va a redituar ni un mísero instante de placer.</p>
<p>Vos vas a abrazar a tu amiga, que te va a contar la cantidad de pañuelos que lleva empapando con lágrimas mientras espera y le pide a todos los santos que el calendario y sus ovarios vuelvan a entrar en sincronía otra vez. Yo voy a leer los mensajes kamasutra que le mandan al gordo sus admiradoras secretas, mientras lo disecciono como un sapo para tratar de entender cómo hace para fanatizar a tantas minas juntas a la vez. La puerta de tu casa la vas a cerrar con doble cerrojo, porque, aunque no quieras confesárselo a nadie, desde que decidiste irte a vivir sola, muchas noches deseás volver a dormir en medio de tu papá y tu mamá, y te abrazás a ese osito ya medio aniquilado por los años y los juegos bruscos de tu sobri, porque sabés que no hay tesoro más precioso que la inocencia perdida.</p>
<p>Mientras, yo miro el mundo dormir por la ventana, dejando que la luna entre a bañarme con su reflejo plateado, buscando inspiración en canciones cursis de tipos que se la pasan cantándole a un amor no correspondido que les llegó al toque cuando firmaron su primer contrato discográfico. Vos vas a escuchar las primeras gotas de lluvia golpeando el techo y vas a decidir que ni loca agarrás el paraguas para salir. Yo voy a bajar a la esquina y, antes de que empiece a estornudar y crea que voy a quedar a pasitos de la catedral, me voy a tomar el primer bondi que aparezca, a ver si encuentro el sueño perdido de esa noche (otra noche) de insomnio por no poder encontrarte. Y cuando el chofer te deje subir al bondi sin pagar, porque tu amiga te llamó llorando diciéndote que le dio positivo el test, te vas a sentar a mi lado sintiendo que a vos también te falta algo. Y entonces ahí, en ese preciso momento, en aquel mismo lugar…</p>
<p>…vos y yo nos vamos a conocer.</p>
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