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	<title>#SoySolo &#187; mujer</title>
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	<description>Martín París comparte anécdotas de un hombre que busca la mujer ideal. El humor y el sarcasmo son actores principales de cada historia</description>
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		<title>Hasta siempre. Hasta mañana.</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Oct 2013 12:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A quien corresponda:</p>
<p>Te escribo esta carta sin dirección en el sobre. Es que todavía no sé dónde vivís. Disculpá si no entendés el idioma porque, quién sabe, quizás ni hables español. Por ahí tu lengua es anglosajona, escribís con ideogramas, o quizás hasta ni sepas de qué planeta vienen estos signos extraños. No importa, no me preocupa. Estoy seguro que si sos vos la que estoy buscando nos vamos a entender con una simple mirada, incluso con el mismo silencio.</p>
<p>Perdoname que no te la entregue en mano. Es que todavía no sé cómo te ves. Te pararía por la calle, te sonreiría y, evitando cualquier gesto que corra el peligro de ser malinterpretado, me tomaría el atrevimiento de regalarte esta epístola personalmente. Si me preguntás, te digo que sos rubia de ojos celestes, aunque colorada con pecas y ojos verdes no te voy a decir que no. Tampoco me niego a una melena azabache o castaña acompañada de un buen par de ojos marrones. Te sonará extraño, pero pelada y con esa iris que cambia de color según el estado del tiempo te querría igual.</p>
<p>Espero que no tomes este acto de escribirte como un signo de cobardía. Yo sé que hablando se entiende la gente, pero no sería la primera vez que me pasa que al verte no me salen las palabras. Es que no sabés lo que siento adentro cuando estoy frente a vos. Es como un fuego acá adentro que no puedo controlar. El corazón me late a mil, el cerebro me manda cualquier señal. Me pongo algo tosco, tartamudeo, transpiro. Es muy fuerte. Ojalá que te pase lo mismo el día que estés frente a mí.</p>
<p>Este es el final de una historia, o el principio de otra. Aún no lo sé, pero estoy seguro que quiero descubrirlo. Siempre me rompe la cabeza pensar lo trascendental que es el amor. Nos hace elegir a una persona para que esté a nuestro lado. Una, de todas las que hay (y eso que somos bocha). Después eso puede cambiar, es verdad. Darse cuenta que no era la indicada duele mucho. Es que el precio que se paga por el desengaño es la tristeza. Qué le vas a hacer. Igual de todo se aprende. ¿Pero viste la plenitud que se siente cuando sentís que es? Uf… me encantaría vivir en ese estado todo el tiempo que pudiera.</p>
<p>Yo también pensé que después de una despedida jamás me iba a volver a enamorar, que nada iba a volver a ser como antes. Un poco de razón tenía. El nuevo amor nunca es igual al anterior. A veces es menos efusivo, menos apasionado, menos volador de peluca, pero a veces es mucho más que eso también. Si hay algo que me quedó de todo este loco asunto medio mágico que se da entre dos personas que se encuentran para toda la vida es que esta fuerza sobrevive al paso del tiempo, a las distancias e, incluso, a las personas. Amar siempre, absolutamente siempre, es posible. No te olvides de eso.</p>
<p>De todos modos, déjame aclararte de antemano que no soy perfecto. Eso está a la vista, pensarás, pero no, también tengo imperfecciones secretas que escondo bastante bien. Igual todos las tenemos. Hasta vos inclusive. Sí, aunque suene poco caballero te las veo desde acá nomás, sin conocerte siquiera. Pero te doy mi palabra de que voy a ayudarte a mejorar, a crecer, a ser feliz. Es que el amor no es un bien para atesorar. La cosa es abrirse, bajar el escudo, entregarse entero aunque el miedo de que te hagan pedazos te amenace todo el tiempo. Eso sí, yo lo hago con una condición: que vos también te entregues entera a mí para hacerme feliz.</p>
<p>Como no me gustan las despedidas (sobre todo si son el preámbulo de un nuevo comienzo), quiero decirte que, desde ya, será un gusto conocerte. Espero que no nos gane la ansiedad (aunque no queramos verlo ese encuentro puede darse o no, lo importante es no perder las esperanzas). Y si en el camino elegís y te equivocas, no te preocupes. De esto se trata la vida: de curar mil heridas y de volverse a lastimar.</p>
<p>Yo no creo que estemos solos, estamos perdidos, nomás. Con un poco de suerte quizás nos encontremos. Así que mejor aprovechemos la oportunidad de estar juntos que no hay peor pobreza que la soledad.</p>
<p>Hasta siempre.<br />
Hasta mañana.</p>
<p style="text-align: right">Yo</p>
<p>P.D.: Ah, una cosa. No pidas <em>“más amor, por favor”</em>. El amor no se mendiga.</p>
<p>Ahora sí…</p>
<p style="text-align: center">Chau #SoySolo.<br />
Hola #SoyYo.<br />
FIN</p>
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		<title>Diablos dormidos</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2013 11:40:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estamos solos y es de noche. Al principio te negás, te resistís, te volvés esquiva, pero no me detenés. Giramos sobre nosotros mismos como un tornado que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Escapás y yo, porfiado, decidido, desbocado, te vuelvo a encontrar. Indicás el rumbo y yo me pierdo cegado. Me... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/10/15/diablos-dormidos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos solos y es de noche. Al principio te negás, te resistís, te volvés esquiva, pero no me detenés. Giramos sobre nosotros mismos como un tornado que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Escapás y yo, porfiado, decidido, desbocado, te vuelvo a encontrar. Indicás el rumbo y yo me pierdo cegado. Me arañás la espalda y me pedís al oído que te hiera un poquito más. Seremos dos. Seremos uno. Seremos el mundo entero. Porque nada nos importa ya.</p>
<p><span id="more-328"></span></p>
<p>Te embisto salvajemente, te atropello una y otra vez. Quiero verte perder el pudor una vez más. El juego estático de seducción se transforma en el encuentro de dos fieras sometidas a sus instintos. Groseros y vulgares de a ratos, delicados y cuidadosos al final, la entrega es absoluta. Nos probamos hambrientos, sin frenos, con una desesperación voraz. El calor del deseo nos une, el perfume de la pasión nos hace volar. Ya no vale abandonar. No podemos, no queremos. Esto se transformó en una obsesión sin igual.</p>
<p>Nos exploramos con curiosidad desfachatada. Se derriten nuestras corazas. La lengua aterciopelada recorre el cuello infinito. Los cuerpos como mosaicos desordenados parecen desarmarse. Adivino tus caminos en la oscuridad. Contamos juntos un cuento que tiene su principio, su nudo, su clímax, su final. Nuestros pulsos se sincronizan. El goce a pasos del dolor. Un esfuerzo que tiene su recompensa cuando tu secreto se revela incontenible. Yo río por la tranquilidad del deber cumplido. Tus ojos entrecerrados, burbujeantes, fugitivos agradecen. Ahora me toca a mí.</p>
<p>El ritmo agitado se paraliza. Se tensan los músculos. La cara se retuerce en una mueca de placer animal. El vientre se parte. El cuerpo desnudo es un retazo de belleza inabordable. Rocío de sudor como el vestido más elegante. Muerdo el labio y el mundo se detiene un instante. Piel con piel estallamos como cristales. El tiempo pasa más lento y todo se vuelve efímero a la vez. Gritos ahogados, primitivos. Un poco de mí en vos, un poco de vos en mí y el deseo nos hace eternos un instante.</p>
<p>Un rayo de sol se filtra por la ventana. Está amaneciendo. Me abrazás y yo, por vez primera, cierro los ojos para siempre. La batalla terminó. Fuimos fuego, ahora brasas. Estamos agotados, rendidos, extinguidos.</p>
<p>Somos diablos dormidos.</p>
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		<title>En terapia (segunda parte)</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Oct 2013 12:22:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El diván está incómodo. -Ahora parece que todos somos descartables: hoy te quieren, mañana te ignoran, pasado te olvidan. Miro a mi psicólogo. -¿Escuchó alguna vez esa frase &#8220;nadie es imprescindible&#8221;? -Sí. -Esa es la frase más cruel que escuché en mi vida. -¿Por? -Porque yo creo que uno desea volverse imprescindible para la gente... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/10/08/en-terapia-segunda-parte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El diván está incómodo.<br />
-Ahora parece que todos somos descartables: hoy te quieren, mañana te ignoran, pasado te olvidan.<br />
Miro a mi psicólogo.<br />
-¿Escuchó alguna vez esa frase<em> &#8220;nadie es imprescindible&#8221;</em>?<br />
-Sí.<br />
-Esa es la frase más cruel que escuché en mi vida.<br />
-¿Por?<br />
-Porque yo creo que uno desea volverse imprescindible para la gente que quiere. ¿Se imagina que de un día para el otro un ser amado venga y le diga <em>&#8220;bueno, gracias por todo&#8221;</em>, pega un portazo y se va, lo reemplaza con una muñeca inflable o peor, que ni le importe reemplazarlo? ¡Eso es una porquería!<br />
Me acomodo en el diván para mirarlo de frente.<br />
-Yo quiero volverte loco, que me extrañes apenas me voy, que te falte la respiración si no me ves, que te desesperes por hacerme feliz, que tu vida no sea la misma sin mí.<br />
Mi psicólogo se acomoda en su sillón. Yo me pongo de pie.<br />
-Porque cuando uno hace una elección en su vida, tiene que pensar que es una elección en siete mil millones de opciones. O sea que cuando usted besa a una mina, está besando a una sola mujer de este planeta. No besa a una china, ni a una nigeriana, ni a una croata (a no ser que la chica que esté besando sea de esa nacionalidad), besa a la mina que usted eligió frente a todas las otras muchas opciones que le presenta su vida.<br />
Mi psicólogo frunce el ceño.<br />
-A lo que voy es que cuando usted le da amor a una persona se la da a esa persona y no al resto de la humanidad, ¿me entiende?<br />
-Lo entiendo.<br />
-En ese momento ese gesto cobra una entidad única no sólo por lo que representa, sino por su negativo. O sea que yo beso a una mina, no sólo porque la elegí a ella, sino porque no beso a otro ser humano en el universo. ¿Entiende la complejidad de todo esto? ¿Entiende que cuando uno hace una elección en esta vida por una persona REALMENTE está haciendo una elección ÚNICA?<br />
Le digo resaltando dos palabras que imagino en mayúsculas.<br />
-O soy único o no soy nada. Eso quiero que sientan por mí, porque yo siento eso por la gente que tengo a mi lado. Así que eso de que nadie es imprescindible… ¡las pelotas!</p>
<p><span id="more-323"></span></p>
<p>-Yo prefiero vivir así, a lo bonzo.<br />
Mi psicólogo afirma con la cabeza.<br />
-A mi me gusta sentir, doctor. Yo siento, me conmuevo y me la paso haciendo cosas que me movilizan.<br />
Miro por la ventana.<br />
-Porque las cosas hay que hacerlas con un sentido, porque si no tienen un sentido es como no hacerlas.<br />
Sonrío pensando en otra que me rompió el corazón pero que me dejó esa frase.<br />
-¿Se está prendiendo fuego?<br />
-¡Obvio! ¿Usted se imagina lo amargada que sería una vida apagada? ¿Sin asumir riesgos? ¿Sin dejarse conmover por nada? ¡Yo prefiero vivir jugándomela a todo o nada! ¡Y si esta todo bien, genial! ¡Y si está todo mal, se sufre un poco y se arranca de nuevo!<br />
Mi psicólogo nota mi excitación casi futbolística.<br />
-Pruebe, doctor, no sea careta. Pruebe lo que se siente sentir. Ría, llore, ame, odie, viva de un modo más visceral, menos analítico. ¿Sabe una cosa? Todos los análisis profundos que hice en mi vida no me sirvieron para una mierda. Todos los diplomas que acumulé no me dieron ni una pizca de la satisfacción que me generaron esos momentos en donde el riesgo es absoluto, en donde o le comés la boca o dormiste para el campeonato.<br />
Lo miro fijo.<br />
-Porque yo no sé si la felicidad es cosa de uno, pero lo que sí sé es que los momentos más felices de mi vida siempre los viví acompañado.<br />
Mi psicólogo se pone de pie.<br />
-Vamos a dejar acá por hoy.<br />
Yo también me levanto y lo miro sorprendido.<br />
-¿Por qué, doctor?<br />
Mi psicólogo espanta el humo con una mano.<br />
-Porque me anda chamuscando el diván, me anda.</p>
<p>-La vida nos configura de una manera particular. El otro no tiene por qué demorar los pasos correspondientes para conocernos. Si lo conmovemos realmente, sentimientos reales afloran y se expresan para asegurar una continuidad. ¿Me sigue?<br />
-Lo sigo.<br />
Mi psicólogo toma nota.<br />
-Ahora bien. A veces, sucede que el otro se ve conmovido por otras configuraciones que le son más amenas, que tienen que ver más con su persona, y entiende que tampoco debe demorar los pasos correspondientes para conocer a este tercero más compatible. Eso no le quita mérito a uno. No es nada personal, simplemente se reconoce una diferencia en este otro nuevo que, por su diferente configuración, conmueve de una manera más profunda.<br />
Mi psicólogo muerde su lapicera, prestando atención.<br />
-Porque no hay misterio. Uno conmueve o no conmueve. El secreto es ser auténtico, nada más. Exponer la configuración real de uno, como es. Y a partir de ahí, tratar de conmover a un otro cuya configuración nos sea compatible&#8230; y que nos de bola, obvio (porque también hay sujetos que nos conmueven y que serían compatibles con nosotros pero que no se interesan en uno). Después está en cada uno decidir si concentra las energías o si sigue permeable a nuevas experiencias. Y, sobre todo, está en uno demorar o no las agonías, en decidir cuántas oportunidades de reinvención le da a sus relaciones de acuerdo al nivel de profundidad, a la fortaleza de los lazos que realmente se generó entre los sujetos.<br />
Mi psicólogo piensa un momento.<br />
-¿Y cuál es la conclusión que saca de todo esto?<br />
Yo le sonrío con un gesto de aprobación en mi rostro.</p>
<p>-Que hay que seguir buscando.</p>
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		<title>En terapia (primera parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Oct 2013 12:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llego. Me siento en el diván. -Lo estaba esperando. Mi psicólogo tiene una sonrisa medio perversa en el rostro. -A veces siento que todo lo que hago sólo cobra entidad cuando un &#8220;otro&#8221; se entera que lo hago y emite una opinión. Mi psicólogo tuerce una ceja. -¿En serio siente eso? -No sé, ¿usted qué... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/10/02/en-terapia-primera-parte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llego. Me siento en el diván.<br />
-Lo estaba esperando.<br />
Mi psicólogo tiene una sonrisa medio perversa en el rostro.<br />
-A veces siento que todo lo que hago sólo cobra entidad cuando un &#8220;otro&#8221; se entera que lo hago y emite una opinión.<br />
Mi psicólogo tuerce una ceja.<br />
-¿En serio siente eso?<br />
-No sé, ¿usted qué opina?<br />
Mi psicólogo se pone de pie y me invita cordialmente a retirarme de su consultorio.</p>
<p><span id="more-320"></span></p>
<p>-¿No le molesta lo difícil que resulta terminar historias?<br />
-¿A usted le molesta que no puede terminar historias?<br />
Mi psicólogo se me queda mirando fijo.<br />
-¿A usted no le pasa, doctor?<br />
-Dígame licenciado. ¿A usted le pasa?<br />
Ahora lo miro yo sin entender.<br />
-Porque asume en mí, una dificultad que tiene usted.<br />
Al doctor no le pasa, parece.<br />
-A veces hago un corte físico, pero la mente sigue enganchada. Como que dejo de hacer cosas para terminar con algo, pero una noche no me puedo dormir porque me aparece algún recuerdo o porque me quedo analizando alguna situación del pasado.<br />
Me quedo tildado mirando una manchita de humedad que hay en el techo.<br />
-Nunca me tocó dejar a alguien. Pero dicen que ya desde el comienzo de la relación uno puede guiar el ritmo de la pareja. Algo así como que si encarás bien desde el principio, vos podés tener el poder.<br />
Me envalentono.<br />
-Sí&#8230; la próxima relación tengo que ser yo quien pueda dejar al otro. ¿O no, doctor?<br />
Me pongo de pie y miro para todos lados.<br />
-¿Dónde se fue, doctor?</p>
<p>-Siento como dos fuerzas antagónicas luchando dentro mío: el olvido peleando contra el recuerdo.<br />
-¿Y para que bando juega usted?<br />
Dudo. Niego con la cabeza.<br />
-Es raro. Por un lado, está la necesidad de olvidarlas, para poder arrancar otra vez desde cero, dejarse sorprender por una historia nueva, pero por el otro, están los recuerdos, que son bastante pocos pero son los que más se relacionan con mi forma de ser.<br />
-¿Por qué?<br />
-Porque me parece feo olvidar así sin más. Que todo lo que pasó se transforme en un recuerdo frío, lejano. Porque lo que sentí en ese momento fue cien por ciento real, y ahora tener que sacarme esas sensaciones del cuerpo me parece una cagada, como que uno tiene que transformarse a la fuerza en un robot que se cambia la memoria para poder sobrevivir. Yo no quiero que sea así. Quiero que algo me quede de todo eso.<br />
-¿Usted no cree que algo le va a quedar? ¿Que algo cambió?<br />
-No lo sé todavía. Calculo que eso lo sabré en el próximo partido. Porque esa sensación es la más rara: la de no saber si uno perdió todo o si aún queda algo por ganar. Es un empate sin final esto.<br />
Y me quedo con los brazos cruzados y en silencio, esperando escuchar un pitido que nunca llega.</p>
<p>Mi psicólogo me encuentra mirando por la ventana sumido en melancolía.<br />
-Lo que más me cuesta entender son estas muertes en vida.<br />
Suspiro.<br />
-Esto de no verla más de un día para el otro&#8230; es cualquiera.<br />
-Hay cosas que no se pueden racionalizar.<br />
Lo miro.<br />
-No lo puedo soportar. ¿Cómo puede ser? Estamos los dos vivos&#8230;<br />
Mi psicólogo ve que estoy muy angustiado.<br />
-Usted no lo puede manejar. No depende de su voluntad.<br />
-¿Y si hice algo mal?<br />
-¿Y si no?<br />
Niego con la cabeza resignado. Mi psicólogo se me acerca.<br />
-No intente cambiar el pasado. Eso es imposible. Tampoco se concentre en el futuro, no sabe cómo va a ser. Mejor encárguese del presente, que es lo que realmente sucede.<br />
-Ya es tarde, doctor.<br />
Mi psicólogo tiene algo más para decirme.<br />
-Hoy no es tarde.<br />
-Hoy todo vale nada.<br />
-Dígame licenciado.<br />
-Vivimos en una especie de deflación sentimental.<br />
Caigo sobre el diván.<br />
-Siento lástima por mí.<br />
Me desangro.<br />
-Por creer en vano otra vez.<br />
Mi psicólogo nota mi hartazgo.<br />
-¿Cómo se hace para creer otra vez, y otra vez, y otra vez y no caer en la bajeza de la sospecha permanente?<br />
Me pongo de pie. Camino por todo el consultorio. Voy para un lado, voy para el otro. Trato de encontrar una respuesta que no está en ningún lado. Que se me escapa. Mi psicólogo me mira girando, cambiando de dirección, simulando, pretendiendo ser quien no soy y desnudándome por completo.<br />
Estoy perdido.<br />
Pero de pronto una idea me ilumina el rostro.<br />
-Ya sé, doctor.<br />
Mi psicólogo toma aire.<br />
-Por favor, dígame licenciado. ¿Qué sabe?<br />
-Ya sé cómo hacer la próxima vez.<br />
Lo miro y le sonrío.</p>
<p>-Voy a volver a creer.</p>
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		<title>Tissue</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 12:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Click. Ella te mira. Tiene la boca abierta, los ojos brillantes, la frente perlada de sudor. Click. Ella te invita. El corazón se me agita de tenerla frente a mí, tan cerca, tan lejos a la vez. Click. Ella suspira. A mí se me entrecorta la respiración (conozco pocos casos de empatía tan sanguínea). Click.... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/09/24/tissue/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Click.<br />
Ella te mira.<br />
Tiene la boca abierta, los ojos brillantes, la frente perlada de sudor.</p>
<p><span id="more-317"></span></p>
<p>Click.<br />
Ella te invita.<br />
El corazón se me agita de tenerla frente a mí, tan cerca, tan lejos a la vez.</p>
<p>Click.<br />
Ella suspira.<br />
A mí se me entrecorta la respiración (conozco pocos casos de empatía tan sanguínea).</p>
<p>Click.<br />
Ella se ríe.<br />
Porque los dos sabemos que aquí nadie habla de amor.</p>
<p>Click.<br />
Ella provoca.<br />
Y yo quiero verla perder el pudor, una vez más.</p>
<p>Cierro la puerta.<br />
Le doy click al play.<br />
Ella es la elegida.</p>
<p>Y saco un pañuelo de papel tissue.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Parientes lejanos</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Sep 2013 14:34:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un día estaba en una de esas fiestas familiares donde te encontrás con parientes que no conocías, descubrís un tío uruguayo y rearmás tu árbol genealógico para tratar de adivinar qué minúsculo lazo te une con esa prima lejana que habías conocido como una niña, y que ahora se transformó en un terrible camión con acoplado. Resulta que en un momento yo estaba en la punta del salón tratando de descartar un pedazo molesto de pepino que me había venido sobre un exquisito canapé de pastrón, y justo apareció un señor mayor que me miraba sonriente. Yo le devolví una nerviosa barrera de labios apretados (no sé sonreír con los dientes, es la secuela inconsciente que me dejaron doce años de ortodoncia) y, mientras hice que saludaba a uno de los viejos que ya se iban (aunque en realidad usé el gesto como una maniobra distractiva para esconder la molesta rodaja verde dentro de una servilleta), el señor se me paró al lado y, a pesar de que en principio pensé que me iba a reprochar mi asqueroso descarte, me convidó una copa con un jugo aguado que no era otra cosa que el prólogo de una nueva aventura amorosa que me ligué sin comerlo (el pepino) ni beberlo (el jugo).</p>
<p><span id="more-313"></span></p>
<p>El señor de abultada barriga y frondoso bigote delator (tenía restos de cada cosa que había degustado durante todo lo que duró la reunión de nuestro excéntrico linaje) se presentó diciéndome que era el tío del sobrino de un primo de la abuela de mi vieja. No, me confundí. En realidad, se trataba del primo del yerno del marido de un cuñado del padre de mi viejo. No, no. Me parece que era el padrino del cuñado de un nieto del hermano de… bueno, estaba ahí lastrando como si fuera el último día de existencia antes de la llegada del asteroide… del primo de mi vieja.</p>
<p>Lo cierto es que pronto nos encontramos sacándole el cuero a todos los presentes, adivinando en qué otras tertulias nos habíamos cruzado antes y sintiendo una falsa lástima por no juntarnos más seguido. Fue entonces cuando el panzón me miró, volvió a estirar su bigote en forma de sonrisa y, casi con algo de pudor, me dijo: <em>“¿Te puedo hacer una pregunta sin que te ofendas?”</em>. La disculpa previa me llamó la atención. ¿Por qué habría de ofenderme? ¿Qué me iba a preguntar? ¿Quedaban todavía canapés de pastrón y pepino? Le contesté que no había problemas, que me preguntara lo que quisiera, total, éramos familia… creo. Y ahí fue cuando para mi absoluta sorpresa el portador de mostachol me preguntó:<em> “¿Puedo presentarte a mi hija?”</em>.</p>
<p>Resulta que la chica en cuestión tenía mi edad y estaba soltera hacia bastante tiempo. Bigote me aseguró que era muy linda e inteligente, que no había asistido al encuentro porque estaba estudiando para dar su último final antes de recibirse. Me dijo que todos los pibes que habían salido con ella la habían defraudado y que yo parecía ser el hombre indicado. Yo le pregunté de dónde sacaba semejante idea y él boca-con-toldo me contestó que había visto lo natural que me movía en ese ambiente, lo interesante que eran mis acotaciones y, sobre todo, que era más chico que él de contextura física, lo cual le aseguraba una autoridad frente a mí que difícilmente pusiera en discusión. Me pareció justo, nos dimos la mano y, tratando de que no note que el apretón me había hecho lagrimear un ojo, le dije que me iba a encargar de ponerme en contacto con su hija.</p>
<p>Al día siguiente la encontré en Facebook, le mandé la solicitud y esperé. Ella al toque me mandó un mensaje privado preguntándome si nos conocíamos. Yo le dije que no personalmente, pero que la había visto unas fotos familiares viejas y que me había llamado la atención nunca antes habernos cruzado (jamás le comenté lo del padre, soy un caballero, aprovechador, pero caballero al fin). A ella le cayó simpático mi argumento y empezamos a hablar durante algunas horas. La verdad que todo iba muy bien y entonces, luego de algunos recordatorios forzados, ella (sí, ella) me invitó a salir.</p>
<p>Me pareció sincero aceptar su propuesta. O sea, la mina la tenía clara. Quería conocer a un chico que sea de su agrado y no tenía reparo en tomar las riendas del asunto. Me perfumé con mi mejor colonia y salí para la locación acordada. Mientras viajaba pensaba en las tantas ocasiones en las que, de chicos, fantaseamos con alguna prima. Como que es bastante común que uno vea en ellas cierta curiosidad que a veces lleva a un piquito a escondidas, a una jugadita de doctor exploratoria, a una mirada impertinente. Las historias entre primos eran casi un secreto a voces que pujaba por salir cada vez que en los cumpleaños se jugaba a las escondidas mientras los adultos reían. Eso me animó. Pensé que, salvo algún detalle genético que pudiera ocasionar alguna mutación tipo X-Men, era válido encararse a una prima. Pero cuando me bajé del bondi, algo inesperado sucedió: allí estaba mi pariente lejano, pero no el que yo esperaba, sino el señor de bigote.</p>
<p><em>“Perdón, pero a mi hija no le gusta que me meta en su vida”</em>, me dijo casi avergonzado. <em>“Se re calentó, ¿no?”</em>, le pregunté. <em>“Sí, vio las fotos de la reunión del otro día y nos descubrió hablando en el fondo”</em>, confesó triste. <em>“Y bueno… es una lástima… tío”</em>, le dije yo pateando una piedrita del piso. <em>“No sabés el carácter que tiene tu prima. Apenas se enteró de todo esto, me mandó a freír churros y a comprar pepinos para unos canapés que vamos a preparar para su graduación. Si querés, te mando unos cuantos en un tupper por la molestia. ¿Te gusta el pepino?”</em>, me preguntó.</p>
<p>Mejor, la próxima vez que me pregunten si quiero salir con algún pariente lejano respondo <em>NS/NC</em>.</p>
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		<title>#VivoSolo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 12:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¡Conseguí búnker! Una mezcla rara de monoambiente con PH, con quince años de antigüedad pero bien cuidado. Por el barrio, cerca de la casa de mis viejos y mis amigos, pero lo suficientemente lejos de todo como para tener mi privacidad. Primer piso por escalera, contrafrente, con mucha luz, silencioso y sin expensas, tranca. Costó... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/20/vivosolo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¡Conseguí búnker! Una mezcla rara de monoambiente con PH, con quince años de antigüedad pero bien cuidado. Por el barrio, cerca de la casa de mis viejos y mis amigos, pero lo suficientemente lejos de todo como para tener mi privacidad. Primer piso por escalera, contrafrente, con mucha luz, silencioso y sin expensas, tranca. Costó conseguirlo. Me metía en Internet todos los días, iba a buscar la revista esa que es como un collage colorido de inmobiliarias con avisos minúsculos y siempre veía las mismas publicaciones. Pasé por momentos de excitación pero por otros de desasosiego también. De pronto, el lugar apareció. Una inmobiliaria que en vez de poner fotos del depto, mostraba una conmovedora imagen de dueño de la inmobiliaria junto a su hijo (?). Raro, pero me mandé igual y sentí que era mi lugar. Porque es verdad lo que dicen: cuando ese lugar es tú lugar, como que lo sentís adentro. Y cuando entré, lo sentí. Allí iba a vivir yo. Como cuando uno ve una mina y sabe que se va a casar con ella (a mí me pasó un montón de veces). Lo raro es darte cuenta que esto de estar solo también lo sentís.</p>
<p><span id="more-298"></span><em>¿Cómo se enciende un termotanque eléctrico?</em></p>
<p>Resulta que apenas me dieron la llave invité a mis amigos a que pasen a dar una vuelta por el lugar. Lo que pasa es que dentro de algunos días arranco a pintarlo y a mudar los muebles y quiero que vean como lo agarro y como lo dejo después (casi una muestra de orgullo personal que espero con ansias concretar). Entramos al baño y los pibes quedaron encantados con las dimensiones del bidet. Les dije que me faltaba comprar la cortina de la ducha, una jabonera, mudar mi cepillo de dientes, comprar veinte kilómetros de papel higiénico, guardar los perfumes, pastas y otros productos químicos para el cuidado corporal y listo, ya se podía usar. Pero una amiga me dijo: <em>“Tenés que comprar un tacho de basura”</em>. Yo la miré sin entender. ¿Tacho de basura? No, a mí no me va esa de tirar el papel sucio en un tacho. Se hace todo un bollo y que lo trague la cloaca.<em> “No, tenés que tener un tacho por si una chica necesita tirar una toallita femenina, Martín. ¿Sabés que vergüenza se siente no encontrar un tacho a mano en la casa de un chico que apenas conocés cuando lo necesitás?”</em>. Afirmé con la cabeza. Touché.</p>
<p><em>¿Las milanesas se empanan primero y después se pasan por huevo o al revés?</em></p>
<p>La cocina tiene una mesada amplia donde voy a poder amasar mis pastas y pizas caseras (o donde entran las cajas del delivery). De un lado va el microondas, al lado están las conexiones del lavarropas y pegado la heladera. Del otro lado una mesa de esas plegables tipo libro para el desayuno y para poner en la terraza cuando venga el calorcito.<em> “Jugos, gaseosa, agua. De alcohol poco y nada porque casi no tomo”</em>, le dije al gordo. <em>“Pero un vinito y una cerveza tenés que tener en la heladera”</em>, me dijo. <em>“No, no me gustan”</em>, le contesté yo. <em>“¿Y si viene alguien con qué vas a brindar, varón? ¿Con chocolatada?”</em>, me dijo mi amigo que abrió la alacena y empezó a contar. <em>“Un juego de platos, otro de vasos, otro de tazas, media docena de tenedores, media docena de cuchillos. ¿Y las copas?”</em>, me preguntó. <em>“¿Qué copas?”</em>, le repregunté sin entender. <em>“Comprá dos copas. Nunca sabés cuándo te toca descorchar, papurri”</em>, me acosejó el dogor y yo anoté en la lista de bazar. Touché.</p>
<p><em>¿En qué materia de Ingeniaría te enseñan a planchar una camisa?</em></p>
<p>Llegamos al salón principal. Un espacio amplio de cinco por cinco en el que ya me imaginé todo. Les hice una recorrida virtual por mi futuro living, después los hice pasar a la oficina de trabajo y por último los conduje hasta la habitación, todo ahí, todo juntito, fue más que nada un viaje imaginario dando un par de pasos hacia adelante y corriéndonos unos metros hacia el costado, nomás. <em>“…y acá voy a poner la cama”</em>, les indiqué. <em>“¿Futón o te compraste un sommier?”</em>, me preguntó el negro. <em>“No, me llevo la mía, la de mi pieza”</em>, le dije. El moreno se me acercó: <em>“¿O sea que te estás por ir a vivir solo y no te vas a comprar una cama de dos plazas?”</em>, me preguntó casi sin poder creerlo. <em>“Eh… sí, pero igual mi cama tiene otra abajo, o sea que si se queda a dormir alguien puede hacerlo… en otra cama”</em>, le contesté casi con vergüenza. El negro me arrinconó contra la pared. <em>“Ahora te vas a la colchonería, y te comprás un colchón de dos plazas, con resortes y en un pago. En menos de un mes, quiero encontrar al menos la mitad de los fierros vencidos de las veces que vas a hacer rechinar esa cama, ¿me entendiste?”</em>, me disparó sin sacarme los ojos de encima.<em> “Sí, señor”</em>, le contesté tragando saliva. Touché.</p>
<p><em>Se limpian primero los muebles y por último el piso, ¿no?</em></p>
<p>Mudarse, irse de la casa de nuestros viejos, es un cambio más profundo del que pensamos. Como que al principio uno no se da cuenta de que está a punto de afrontar viejas responsabilidades que hasta ese momento recaían en otras personas. Independizarse es depender de nosotros mismos y ahora, de a poco, me voy dando cuenta que, quizás, mudarse solo también sea preparar el terreno para una potencial compañía ¿no? Ah, una cosa, ya que por estás acá te pregunto…</p>
<p><em>…¿la ropa se achica si la lavás con agua caliente o fría?</em></p>
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		<title>La última chance</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jul 2013 13:32:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando corté el teléfono sentí que se me venía el mundo abajo. Ese último <em>“Chau”</em>, era la frase final de una historia que le había dado sentido a muchas noches de insomnio. Porque pensaba que la había encontrado, que la búsqueda implacable había dado, por fin, su rédito tan deseado. Pero no, al cortarme el teléfono me lanzó al olvido una vez más. El gordo pasó por casa y salimos a recorrer el barrio. Me preguntó por qué estaba mal y yo le conté que acababa de terminar con esa chica de la que tanto le venía hablando. Que no podía entender cómo había pasado, pero que me cabía igual. Y, entonces, mi amigo me miró a los ojos y, con esa honestidad brutal que tiene la gente que te conoce en carne viva, me dijo: <em>“¿Cuándo vas a hacer algo en tu vida sin pensar?”</em>.</p>
<p><span id="more-283"></span></p>
<p>Les dije a mis viejos que me iba a cenar con él. Me subí a su auto y encaramos para su casa, pero al llegar a la esquina dio un volantazo y salimos a pique por la General Paz.<em> “Dale. Siempre pensaste cada cosa que hiciste hasta el hartazgo y mirá cómo te salió todo. Probá dejar de ser tan racional y dejá que te guíe el instinto alguna vez. Por ahí, quien sabe, la suerte está de tu lado”</em>, me dijo mi amigo sintiendo mi tristeza y me dejó en la parada del bondi porque tenía que volver a su casa volando (se estaba garcando). La zona era heavy. Estaba de visitante y eso se notaba a diez kilómetros. Sentía miedo, nervios, angustia, tristeza, excitación. Me la pasé rogando que esté en su casa. No le había avisado nada que iba para allá. Es que estaba a punto de pedirle al arquero que vaya a cabecear al área contraria. No me importaba nada: lo mismo da perder por un gol que por goleada.</p>
<p>En la parada del colectivo me la pasé ensayando formas de decirle lo mucho que la amaba, cuánto la necesitaba, lo importante que era en mi vida. Que solamente quería hacerla feliz, que deseaba verla envejecer a mi lado como esa abuelita que esperaba el colectivo junto a mí. Y en medio de ese maremoto mental que me aislaba del mundo terrenal haciendo miles de elucubraciones imposibles, el bondi llegó y yo quise dejar pasar a la nona que se negó a aceptar mi gesto de educación. Un flaco que estaba antes que yo se me adelantó y otro me dejó pasar a mí dejándome en el medio de los dos. De manera imprevista, el de adelante decidió bajarse y, a pesar de que yo lo estaba dejando pasar, me empujaba contra el otro. De pronto, me encontraba yendo y viniendo como si fuera uno de esos muñecos a los que les pegan y nunca se caen. Yo no entendía qué estaba pasando, hasta que noté que la dulce abuelita que todavía esperaba para subir me estaba mandando mano entre los bolsillos desde abajo. Era claro: los tres me estaban choreando.</p>
<p>Yo me agaché como pude, agarré al flaco que tenía adelante y lo empujé fuera del colectivo que arrancó. La abuelita me puteó, el de atrás me pegó un cachetazo en la cabeza con furia antes de bajarse de un salto. Yo me puse de pie y pedí el boleto como si nada me hubiera pasado. Me quedé parado en el medio del vehículo y descubrí que todos los pasajeros me miraban, como si fuese el bufón del pueblo. Y fue ahí que caí en la cuenta de que acababa de zafar de una situación ultra violenta. Me toqué todo el cuerpo para asegurarme que no estaba lastimado, porque el corazón me latía a mil y yo no entendía nada, y todo estaba pasando muy rápido, y me sentí en una selva urbana tratando de sobrevivir. Alguien me cedió el asiento y me senté temblando: <em>“Te quisieron robar, ¿no?”</em>, me preguntó ella, que era igual a la otra, pero más dulce, más hermosa, más real. Y yo la miré y le dije: <em>“Sí. No. No sé”</em>. Estaba confundido por todos lados.</p>
<p>Los minutos pasaron y, de a poco, fui cayendo otra vez a la realidad. Yo tenía un tornado en la cabeza. Todo era tan extraño. Pensaba en ella, pensaba en que quizás no estuviese, pensaba en que me habían querido robar, pensaba en que no le había pedido el teléfono a mi compañera de viaje, pensaba y no dejaba de pensar que pensar no había sido el objetivo de esa aventura. Bajé del bondi corriendo y llegué a su puerta. Toqué el timbre de su depto y esperé. Existían grandes chances de que esa travesía que me había costado tanto hubiera sido en vano. Ella podría estar de sus viejos, en el supermercado, en la cancha, donde sea, pero no ahí arriba en su casa, conmigo ahí abajo en su puerta. Pero no, ella atendió: <em>“¿Sos vos?”</em>, me preguntó por el portero eléctrico como si me hubiese estado esperando, y yo le contesté:<em> “Si, soy yo”</em>, y bajó a abrirme la puerta. Sudor fío me caía por la espalda cuando la vi aparecer llave en mano, me temblaban las piernas, sentía la cara hecha un fuego. Crucé los dedos: que fuera lo que Superman quisiera.</p>
<p>Apenas entré le pedí que me disculpara por verme así tan nervioso, pero que me habían querido chorear hacía un toque, y ella, más confundida que yo, me preguntó:<em> “¿Qué hacés acá?”</em>. Inspiré profundo, tomé coraje y, como pude, saqué un paquete del bolsillo. Se lo entregué: <em>“Es una cintita que te compré en San Clemente&#8230; con el gordo”</em>. Ella miró con cierta ternura el sobrecito y me lo devolvió. Me dijo que no podía aceptar ese regalo, que no era de ella. Yo le insistí y le dije que si todo había terminado entre nosotros que por lo menos me deje darle un último recuerdo de lo lindo que había sido haberla conocido. Ella abrió el paquetito y metió la mano. <em>“No hay nada”</em>, me dijo. Yo agarré el sobre y busqué una cintita que ya no estaba ahí: era lo único que había logrado robarme la dulce abuelita toquetona del colectivo. Saqué todas las cosas que tenía en mis bolsillos desesperado. Ahí estaban mis documentos, mis llaves, el celular y la cajita de forros para el sexo de reconciliación que había llevado inútilmente, pero la cintita no, la cintita ya no estaba. Entonces, levanté la vista, la miré a los ojos y, con la cabeza otra vez a mil revoluciones por minuto, le hice una última pregunta…</p>
<p>…<em>“¿No me das un par de monedas para el bondi?”</em>.</p>
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		<title>Dos caras</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2013 14:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Él quedó detonado después del asado con fernet que preparó para el cumple del negro. Ella invita a sus amigas al depto para comer una picadita. Él putea porque no le tocó el as que le faltaba para quedarse con toda la guita. Ella tiene bronca porque se le corrió la media nueva y ahora no le queda otra que pasar frío. Él se mete en el Face desde el celu a ver si pica alguna. Ella lo ve conectado y decide hablarle por primera vez. Él aprieta la pantalla con dedos doloridos de tanto chamuyo. Ella le dice que está aburrida y con una amiga. Él le pide al gordo que no lo deje tirado. Ella lo espera en el boliche en una hora. Él le dice a los pibes que <em>“la parte en veinticinco”</em>. Ella les dice a las chicas que es <em>“re copado”</em>. Él no lo puede creer. Ella está re contenta. Y esa noche se encuentran las dos caras de una misma moneda.</p>
<p><span id="more-274"></span></p>
<p>Él juega a los <em>“tequilazos”</em> en una previa furiosa para tomar coraje. Ella toma un vaso de espumante y ya está mareada. Él le promete a los muchachos que <em>“algo”</em> se lleva. Ella siempre se divierte cuando sale. Él canta a capella con los muchachos. Ella ensaya con sus amigas los pasos del nuevo tema de moda. Él le pide al gordo un desodorante porque la parrilla le dejó toda la ropa con olor a humo. Ella se maquilla frente al espejo la sombra para resaltar sus ojos claros. Él quiere arrancar ya, pero los pibes le dicen que llegue un toque más tarde para no quedar como un desesperado. Ella no encuentra taxi ni remís y no le queda otra que tomarse un bondi. Él está ansioso por llegar. Ella siente curiosidad por verlo en persona. Él para en la farmacia y compra forros. Ella para en el kiosko y compra chicles.</p>
<p>Él la ve por primera vez y se muere. Ella lo ve por primera vez y se confunde. Él le dice que es más linda personalmente que en la foto de perfil. Ella le dice que lo hacía más alto. Él le invita la entrada del boliche. Ella le dice que nunca había salido por ahí. Él la saca a bailar una cumbia. Ella le enseña a menear un reggaetón. Él va <em>pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras&#8230; para delante y para atrás</em>. Ella va <em>hasta abajo, hasta abajo, mami, hasta abajo</em>. Él la invita a la barra a tomar un trago. Ella le dice que prefiere agua. Él le avisa que la espera en los reservados. Ella se va al baño. Él ve al gordo comiéndose a la amiga. Ella le saca fotos para cargarla mañana. Él le pregunta por qué esa noche. Ella le contesta que tenía ganas de conocerlo. Él le dice que vive solo. Ella le dice que también. Él le mira la boca esperando ese silencio. Ella empieza a hablarle de su ex.</p>
<p>Él le dice que esa historia ya fue. Ella le dice que lo que pasó fue muy fuerte. Él le aconseja que lo mejor es dar vuelta la página. Ella le cuenta que todavía se ven. Él le pregunta si es fiel. Ella le confiesa que nunca se portó mal. Él se muere de calor. Ella no soporta más el encierro. Él le alcanza su abrigo. Ella le agradece que sea tan caballero. Él le abre la puerta. Ella odia ver el sol a la salida. Él le cuenta que a esa hora se levanta todos los días para ir a laburar. Ella mira la hora y se ríe. Él la invita a desayunar. Ella le dice que es tarde. Él acepta y le para un taxi. Ella lo abraza fuerte. Él se va a dormir manija. Ella se acuesta feliz de haberlo conocido. Él le manda un mensaje al gordo que dice <em>“¿Qué onda?”</em>. Ella le pregunta a su amiga <em>“¿Cómo te fue?”</em>. Él se ríe cuando le llega <em>“Una histérica. ¿Y tu mina?”</em>. Ella sonríe al leer <em>“Un divino. ¿Y tu amigo?”</em>.</p>
<p>Él pensaba que ella…</p>
<p>…pero ella pensaba otra cosa.</p>
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		<title>Excusas</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2013 17:43:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Que querés irte. Volvé. Que la distancia. Vení. Que no es el momento. Encontralo. Que odiás tu trabajo. Renunciá. Que apareció tu ex. Cortale. Que te tenés que mudar. Acomodate. Que rendís un parcial. Estudiá. Que no bancás a tus viejos. Independizate. Que estás triste. Reí. Que no te gusta. Dejá. Que Dios te castiga.... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/07/09/excusas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Que querés irte. Volvé.<br />
Que la distancia. Vení.<br />
Que no es el momento. Encontralo.<br />
Que odiás tu trabajo. Renunciá.<br />
Que apareció tu ex. Cortale.<br />
Que te tenés que mudar. Acomodate.<br />
Que rendís un parcial. Estudiá.<br />
Que no bancás a tus viejos. Independizate.<br />
Que estás triste. Reí.<br />
Que no te gusta. Dejá.<br />
Que Dios te castiga. Pecá.<br />
Que tenés un secreto. Confesá.<br />
Que no sabés qué hacer. Decidí.<br />
Que te arrepentís. Aceptá.<br />
Que te da culpa. Elegí.<br />
Que restás. Sumá.<br />
Que te aburrís. Divertite.<br />
Que estás cansada. Dormí.<br />
Que nada te conmueve. Creá.<br />
Que te falta experiencia. Crecé.<br />
Que sentís angustia. Llorá.<br />
Que estás herida. Saná.<br />
Que te duele. Sufrí.<br />
Que sos esclava. Liberate.<br />
Que el encierro. Salí.<br />
Que estás condenada. Apelá.<br />
Que te persigue. Huí.<br />
Que te atrapa. Escapá.<br />
Que estás detenida. Avanzá.<br />
Que no estás conforme. Cambiá.<br />
Que te traicionaron. Perdoná.<br />
Que no se borra. Olvidá.<br />
Que todo es oscuro. Brillá.<br />
Que estás enferma. Curate.<br />
Que sentís miedo. Enfrentalo.<br />
Que todo es una pesadilla. Soñá.<br />
Que no podés. Intentalo.<br />
Que estás en un pozo. Volá.<br />
Que querés jugar. Apostá.<br />
Que odiás perder. Ganá.<br />
Que tenés bronca. Puteá.<br />
Que te quedaste muda. Gritá.<br />
Que no te pasa lo mismo. Dejá.<br />
Que necesitás. Pedí.<br />
Que sentís morir. Viví.<br />
Que querés ser feliz. Amá.</p>
<p>Pero no me vengas con excusas, por favor.</p>
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