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	<title>#SoySolo &#187; relación</title>
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	<description>Martín París comparte anécdotas de un hombre que busca la mujer ideal. El humor y el sarcasmo son actores principales de cada historia</description>
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		<title>Desesperado por amor</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Dec 2012 12:37:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mamá, papá, apaguen la computadora. Vos, mamá, dejá de chusmearme el Facebook creyendo que cada mina que “megustea” uno de mis comentarios va a ser tu futura nuera. Y vos, papá, dejá de buscar avisos clasificados en Internet, moviendo el mouse como si fueras un Neanderthal tratando de hacer fuego con dos palitos. Ya está,... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2012/12/31/desesperado-por-amor/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mamá, papá, apaguen la computadora. Vos, mamá, dejá de chusmearme el Facebook creyendo que cada mina que <em>“megustea”</em> uno de mis comentarios va a ser tu futura nuera. Y vos, papá, dejá de buscar avisos clasificados en Internet, moviendo el mouse como si fueras un Neanderthal tratando de hacer fuego con dos palitos. Ya está, no doy más. Llegó la hora de confesar lo inconfesable: voy a contarles las cosas que fui capaz de hacer las veces que estuve desesperado por amor.</p>
<p><span id="more-93"></span></p>
<p>Yo le mandé un mensaje de texto absolutamente vacío a la madrugada. Porque creí que esa vacuidad existencial la iba a hacer pensar en lo que habíamos perdido. Que ella iba a recordar todos los momentos que vivimos juntos. Que me iba a contestar que le pasaba lo mismo que a mí, que se arrepentía de todo lo malo, que quería volver a empezar. Pero no, ni un emoticón careta me respondió.</p>
<p>Yo publiqué cualquier gilada en el muro cuando la vi online. Porque quería que ella supiese que estaba conectado y disponible para hablar de lo mil veces hablado. Porque dije paparruchadas sobre el clima, compartí frases de gente famosa que nunca dijeron, fotos de gatitos y perritos hechos percha en adopción, hasta le mandé <em>“sin querer”</em> una solicitud de uno de esos jueguitos horribles que no te dejan ver las noticias importantes para llamarle la atención. Pero no, ni un <em>“me gusta”</em> falto de compromiso me encajó.</p>
<p>Yo la miré fijo en el boliche durante toda la noche. Porque creí que mi mirada penetrante la iba a transportar a un lugar mágico sólo para los dos. Porque esperaba que me hiciese un mínimo gesto para que yo entendiese que era hora de arrancarla porque tenía chances con ella. Porque si en ese momento hubiese podido llevar uno de esos cartelitos lumínicos de los taxis que dicen <em>“Libre”</em>, te juro que me lo colgaba de la frente. Pero no, paró un bondi.</p>
<p>Yo le stalkeé el perfil todos los días durante una obsesiva cantidad de tiempo. Porque quería saber si estaba con alguien, cómo pensaba, qué decía, que música escuchaba, qué cosas le gustaban, con cuántas faltas de ortografía escribía, quienes eran sus amigos, cuántas fotos tenía, a qué eventos asistía, qué cosas compartía, cuántas entradas publicaba, quién era ella en este universo digital. Pero no, siempre terminaba siendo una persona distinta a la que yo creía conocer.</p>
<p>Yo aparecí <em>“de casualidad”</em> cerca de su casa. Porque intentaba cruzarme con ella para que al verme se diese cuenta que yo era el hombre que quería para su vida. Porque soñaba que pensase que de las siete mil millones de opciones que existen en el planeta, yo era la indicada para ella, ni un nigeriano, ni un francés, ni un mexicano, yo, el pelado ese que pasaba por su casa que le quedaba de paso para llegar a un destino que no era otro que su corazón. Pero no, al verme cruzó de vereda.</p>
<p>Yo me hice el sensible para tenerla cerca. Porque cada vez que me invitaba a su casa a tomar la leche para contarme sus desengaños amorosos, secretamente, yo esperaba que ella me pidiese que la hiciese sentir como ese gil de turno nunca había logrado hacerla sentir. Porque me mordía los codos para mantener mi caballerosidad cuando me describía, con lujo de detalles, lo miserable que era su nuevo novio. Pero no, siempre aparecía un flaco nuevo a su lado aún más miserable que el anterior.</p>
<p>Yo la acompañé hasta la puerta de su casa a la noche fingiendo querer protegerla. Porque pensaba que al estar a solas con ella no me iba a ver más como ese compañerito de colegio que le pasaba la tarea para que no se atrasase. Porque fantaseaba con que ese abrazo de fin de año que nos dábamos durase trescientos sesenta y cinco días más mientras, por adentro, quería morderle el cuello como un monstruo sediento de sangre. Pero no, nunca me vio como una opción, siempre como su mejor amigo.</p>
<p>Yo la llamé a la madrugada y no le hablé. Porque creía que mi respiración copiosa y agitada, del otro lado del teléfono, le iba a indicar que a alguien le faltaba el aliento cada vez que estaba cerca de ella. Porque no encontraba las palabras necesarias para decirle lo mucho que la amaba, todo lo que sería capaz de hacer para verla feliz. Porque esperaba que ella me preguntase: <em>“¿Sos vos?”</em> y yo ahí entendiese que ella también estaba esperando ese llamado. Pero no, hizo una denuncia en la comisaría del barrio.</p>
<p>¿Y por qué hice todo esto? Porque creo que el amor es la fuerza más poderosa del universo. Porque estoy convencido que es el principio y el final de todo. Porque siento que es el motor de la existencia humana. Porque es lo que le da sentido a mi vida. Porque es lo que quiero compartir con ella que aún no tiene ni cara ni cuerpo ni nombre, pero sé que está ahí, perdida entre la confusión de no saber dónde carajos nos vamos a encontrar. Y les prometo, papá y mamá, que si tuviese que volver a empezar, volvería a cometer los mismos errores. Yo me equivoqué y pagué, pero el amor…</p>
<p>…el amor no se mancha.</p>
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		<title>Intensidades amorosas</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 13:30:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Confieso que tengo el <em>“te amo”</em> fácil y estoy seguro que una de las mayores cuentas pendientes que aún conservo en mi vida es la de no saber manejar muy bien las intensidades amorosas. Quiero decir que, en verdad, creo que todo se trata de saber sincronizar el amperaje del amor. Esto es tener claro cuándo se debe ser intenso con alguien demandante, o cuándo ser distante con alguien independiente. Bueno, la cosa es que yo siempre fui a contrapelo de las personalidades de las minas con las que estuve, lo cual me otorgó un título con las mujeres que todavía no sé si es virtuoso o si evoca un defecto a tratar con mi psicólogo: siempre soy el anteúltimo hombre de sus vidas.</p>
<p><span id="more-59"></span></p>
<p>Durante un tiempo salí con una chica con la que me divertía mucho. Naturalmente me enamoré de ella y quise dar un paso más, formalizar la relación, ponerle títulos, tener bien claro qué éramos. Pero ella me dijo que sentía que no era su momento para comenzar algo porque tenía ganas de viajar y probar otras cosas, y le parecía poco útil <em>“atarse”</em> a otra persona. Yo bajé la cabeza y acepté a regañadientes, triste obvio, pero por un lado contento por una frase que me dijo y que nunca me voy a olvidar: <em>“Si tuviésemos treinta años, todo hubiera sido diferente”</em>. De algún modo, esa sentencia cerraba su argumento. O sea que no era <em>“el”</em> momento, <em>“nuestro”</em> momento. Nos faltaba adquirir ciertas experiencias, crecer un poco más. La cosa es que lentamente nos dejamos de ver, ella viajó y volvió a los pocos meses. ¿Y qué hizo? ¡Se puso en pareja con un tipo de treinta! Al ángulo, sin vaselina, hasta el tronquis. ¡Chapeau!</p>
<p>Después salí con una mina más grande que yo, y cuando uno sale con una mujer que tiene algunos años más cree ingenuamente que la tiene más clara. No, todo lo contrario. Alto mambo. Como a mí ya me estaban pasando cosas y ella me repetía a cada rato que <em>“le costaba engancharse”</em>, decidí darle su espacio. Me la aguantaba días enteros pensando si mandarle un mensaje, hablarle por MSN o <em>“megustearle”</em> cualquier gilada para que supiese que del otro lado de su monitor yo respiraba. Así fue como la relación comenzó a basarse en ausencias. O sea que me terminé enamorando mucho más de la mujer que nunca veía pero que yo imaginaba, que aquella que me recibía en su casa las noches en las que no había nada copado para ver en la tele. Bajé un par de decibeles y tampoco sirvió. La mala leche. Nuestra relación de tres meses terminó. Como ella me había adelantado desde el primer día, no se enganchó. Pero curiosamente sólo tardó dos meses en ponerse de novia con un flaco después de años de soledad. Aco, aco, a comerla…</p>
<p>Y también me pasó que conocí a una chica que todos los días se preocupaba por contactarse conmigo. Me hablaba aunque estuviera desconectado, me llamaba por teléfono para que le cuente las pocas novedades de mi miserable vida y siempre tiraba ese <em>“Jajaja”</em> que no es otra cosa que la forma en la que uno dice presente en las redes sociales: <em>“Los mosquitos de ahora parecen aviones”</em>, <em>“Jajaja”</em>, <em>“Los chinos me vendieron paleta por jamón”</em>, <em>“Jajaja”</em>, <em>“Hoy tengo ganas de morir”</em>, <em>“Jajaja</em>”. La cosa es que, curado de espanto, directamente preferí jugarla de recio, no darle bola y hacer cosas por mí (me compré una Play 2 chipeada y con bocha de juegos). Pero como la piba me buscaba tanto accedí. Salimos, tuvimos algo y yo dije <em>“¡Por fin! ¡Alguien que va a 220… como la Play!”</em>. Pero al poco tiempo dejó de contactarse conmigo con tanta insistencia. Para ese entonces, obviamente, a mí ya me había comenzado ese run run estomacal del amor, así que pensé que era mi momento de mostrarme interesado. A los pocos días le dije que la pasaba muy bien con ella, que me gustaría seguir conociéndola. Fue la primera vez que tardó en contestar. Claro, esa noche estaba recomponiéndose con su ex novio.</p>
<p>Me parece que la cosa es que uno no puede disimular durante mucho tiempo quién es en verdad y qué le produce el otro. A mí me sale ser intenso con la gente que me genera eso y respetuoso con los que no me conmueven, todo esto oculto bajo una hermosa careta de simpatía y una armadura de insoportable caballerosidad. Es medio heavy, pero bueno, uno vive en sociedad y hay que hacer sacrificios. Por eso ahora, antes que nada, yo aviso.</p>
<p>Si me querés, quereme como soy…</p>
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