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	<title>#SoySolo &#187; sexo</title>
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	<description>Martín París comparte anécdotas de un hombre que busca la mujer ideal. El humor y el sarcasmo son actores principales de cada historia</description>
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		<title>Hasta siempre. Hasta mañana.</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Oct 2013 12:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A quien corresponda:</p>
<p>Te escribo esta carta sin dirección en el sobre. Es que todavía no sé dónde vivís. Disculpá si no entendés el idioma porque, quién sabe, quizás ni hables español. Por ahí tu lengua es anglosajona, escribís con ideogramas, o quizás hasta ni sepas de qué planeta vienen estos signos extraños. No importa, no me preocupa. Estoy seguro que si sos vos la que estoy buscando nos vamos a entender con una simple mirada, incluso con el mismo silencio.</p>
<p>Perdoname que no te la entregue en mano. Es que todavía no sé cómo te ves. Te pararía por la calle, te sonreiría y, evitando cualquier gesto que corra el peligro de ser malinterpretado, me tomaría el atrevimiento de regalarte esta epístola personalmente. Si me preguntás, te digo que sos rubia de ojos celestes, aunque colorada con pecas y ojos verdes no te voy a decir que no. Tampoco me niego a una melena azabache o castaña acompañada de un buen par de ojos marrones. Te sonará extraño, pero pelada y con esa iris que cambia de color según el estado del tiempo te querría igual.</p>
<p>Espero que no tomes este acto de escribirte como un signo de cobardía. Yo sé que hablando se entiende la gente, pero no sería la primera vez que me pasa que al verte no me salen las palabras. Es que no sabés lo que siento adentro cuando estoy frente a vos. Es como un fuego acá adentro que no puedo controlar. El corazón me late a mil, el cerebro me manda cualquier señal. Me pongo algo tosco, tartamudeo, transpiro. Es muy fuerte. Ojalá que te pase lo mismo el día que estés frente a mí.</p>
<p>Este es el final de una historia, o el principio de otra. Aún no lo sé, pero estoy seguro que quiero descubrirlo. Siempre me rompe la cabeza pensar lo trascendental que es el amor. Nos hace elegir a una persona para que esté a nuestro lado. Una, de todas las que hay (y eso que somos bocha). Después eso puede cambiar, es verdad. Darse cuenta que no era la indicada duele mucho. Es que el precio que se paga por el desengaño es la tristeza. Qué le vas a hacer. Igual de todo se aprende. ¿Pero viste la plenitud que se siente cuando sentís que es? Uf… me encantaría vivir en ese estado todo el tiempo que pudiera.</p>
<p>Yo también pensé que después de una despedida jamás me iba a volver a enamorar, que nada iba a volver a ser como antes. Un poco de razón tenía. El nuevo amor nunca es igual al anterior. A veces es menos efusivo, menos apasionado, menos volador de peluca, pero a veces es mucho más que eso también. Si hay algo que me quedó de todo este loco asunto medio mágico que se da entre dos personas que se encuentran para toda la vida es que esta fuerza sobrevive al paso del tiempo, a las distancias e, incluso, a las personas. Amar siempre, absolutamente siempre, es posible. No te olvides de eso.</p>
<p>De todos modos, déjame aclararte de antemano que no soy perfecto. Eso está a la vista, pensarás, pero no, también tengo imperfecciones secretas que escondo bastante bien. Igual todos las tenemos. Hasta vos inclusive. Sí, aunque suene poco caballero te las veo desde acá nomás, sin conocerte siquiera. Pero te doy mi palabra de que voy a ayudarte a mejorar, a crecer, a ser feliz. Es que el amor no es un bien para atesorar. La cosa es abrirse, bajar el escudo, entregarse entero aunque el miedo de que te hagan pedazos te amenace todo el tiempo. Eso sí, yo lo hago con una condición: que vos también te entregues entera a mí para hacerme feliz.</p>
<p>Como no me gustan las despedidas (sobre todo si son el preámbulo de un nuevo comienzo), quiero decirte que, desde ya, será un gusto conocerte. Espero que no nos gane la ansiedad (aunque no queramos verlo ese encuentro puede darse o no, lo importante es no perder las esperanzas). Y si en el camino elegís y te equivocas, no te preocupes. De esto se trata la vida: de curar mil heridas y de volverse a lastimar.</p>
<p>Yo no creo que estemos solos, estamos perdidos, nomás. Con un poco de suerte quizás nos encontremos. Así que mejor aprovechemos la oportunidad de estar juntos que no hay peor pobreza que la soledad.</p>
<p>Hasta siempre.<br />
Hasta mañana.</p>
<p style="text-align: right">Yo</p>
<p>P.D.: Ah, una cosa. No pidas <em>“más amor, por favor”</em>. El amor no se mendiga.</p>
<p>Ahora sí…</p>
<p style="text-align: center">Chau #SoySolo.<br />
Hola #SoyYo.<br />
FIN</p>
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		<title>Diablos dormidos</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2013 11:40:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos solos y es de noche. Al principio te negás, te resistís, te volvés esquiva, pero no me detenés. Giramos sobre nosotros mismos como un tornado que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Escapás y yo, porfiado, decidido, desbocado, te vuelvo a encontrar. Indicás el rumbo y yo me pierdo cegado. Me arañás la espalda y me pedís al oído que te hiera un poquito más. Seremos dos. Seremos uno. Seremos el mundo entero. Porque nada nos importa ya.</p>
<p><span id="more-328"></span></p>
<p>Te embisto salvajemente, te atropello una y otra vez. Quiero verte perder el pudor una vez más. El juego estático de seducción se transforma en el encuentro de dos fieras sometidas a sus instintos. Groseros y vulgares de a ratos, delicados y cuidadosos al final, la entrega es absoluta. Nos probamos hambrientos, sin frenos, con una desesperación voraz. El calor del deseo nos une, el perfume de la pasión nos hace volar. Ya no vale abandonar. No podemos, no queremos. Esto se transformó en una obsesión sin igual.</p>
<p>Nos exploramos con curiosidad desfachatada. Se derriten nuestras corazas. La lengua aterciopelada recorre el cuello infinito. Los cuerpos como mosaicos desordenados parecen desarmarse. Adivino tus caminos en la oscuridad. Contamos juntos un cuento que tiene su principio, su nudo, su clímax, su final. Nuestros pulsos se sincronizan. El goce a pasos del dolor. Un esfuerzo que tiene su recompensa cuando tu secreto se revela incontenible. Yo río por la tranquilidad del deber cumplido. Tus ojos entrecerrados, burbujeantes, fugitivos agradecen. Ahora me toca a mí.</p>
<p>El ritmo agitado se paraliza. Se tensan los músculos. La cara se retuerce en una mueca de placer animal. El vientre se parte. El cuerpo desnudo es un retazo de belleza inabordable. Rocío de sudor como el vestido más elegante. Muerdo el labio y el mundo se detiene un instante. Piel con piel estallamos como cristales. El tiempo pasa más lento y todo se vuelve efímero a la vez. Gritos ahogados, primitivos. Un poco de mí en vos, un poco de vos en mí y el deseo nos hace eternos un instante.</p>
<p>Un rayo de sol se filtra por la ventana. Está amaneciendo. Me abrazás y yo, por vez primera, cierro los ojos para siempre. La batalla terminó. Fuimos fuego, ahora brasas. Estamos agotados, rendidos, extinguidos.</p>
<p>Somos diablos dormidos.</p>
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		<title>Tissue</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 12:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Click. Ella te mira. Tiene la boca abierta, los ojos brillantes, la frente perlada de sudor. Click. Ella te invita. El corazón se me agita de tenerla frente a mí, tan cerca, tan lejos a la vez. Click. Ella suspira. A mí se me entrecorta la respiración (conozco pocos casos de empatía tan sanguínea). Click.... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/09/24/tissue/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Click.<br />
Ella te mira.<br />
Tiene la boca abierta, los ojos brillantes, la frente perlada de sudor.</p>
<p><span id="more-317"></span></p>
<p>Click.<br />
Ella te invita.<br />
El corazón se me agita de tenerla frente a mí, tan cerca, tan lejos a la vez.</p>
<p>Click.<br />
Ella suspira.<br />
A mí se me entrecorta la respiración (conozco pocos casos de empatía tan sanguínea).</p>
<p>Click.<br />
Ella se ríe.<br />
Porque los dos sabemos que aquí nadie habla de amor.</p>
<p>Click.<br />
Ella provoca.<br />
Y yo quiero verla perder el pudor, una vez más.</p>
<p>Cierro la puerta.<br />
Le doy click al play.<br />
Ella es la elegida.</p>
<p>Y saco un pañuelo de papel tissue.</p>
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		<title>Ejércitos nocturnos</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Sep 2013 11:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Son las 2 AM y estoy escribiendo este texto para confesar un delito. Soy un soldado raso de los ejércitos nocturnos, un grupo compuesto por seres solitarios por voluntad propia o ajena que deambulan por las noches sin rumbo fijo, divirtiendo a esas personas que están allí afuera, en la calle, en el boliche, en... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/09/10/ejercitos-nocturnos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Son las 2 AM y estoy escribiendo este texto para confesar un delito. Soy un soldado raso de los ejércitos nocturnos, un grupo compuesto por seres solitarios por voluntad propia o ajena que deambulan por las noches sin rumbo fijo, divirtiendo a esas personas que están allí afuera, en la calle, en el boliche, en la casa de sus amigos, pero que chequean constantemente en sus celulares nuestras aventuras, nuestros avances, nuestros retrocesos, porque somos más divertidos que sus acompañantes, porque estamos donde ya sabemos que no queremos estar, porque mediatizan sus experiencias y le temen al cara a cara, porque es más cómoda la distancia, más segura la soledad que animarse a amar a un eterno desconocido.</p>
<p><span id="more-308"></span></p>
<p>Son las 3 AM y quemo las horas de insomnio mirando películas, masticando libros, contando ovejas, resolviendo acertijos que no cierran nuestros ojos, ni bocas, ni cerebros. Que no aquietan nuestros dedos, que no ahogan las cenizas de nuestros corazones, que no azotan nuestros pensamientos más retorcidos. Somos nosotros los que vemos tus luces conectadas de entrar y salir, que leemos tus tweets con doble sentido, llenos de celos, de dolor, de angustia, de tristeza, de rencor. Esos que borrás al día siguiente desesperadamente, cuando te das cuenta que hablaste de más. Nosotros te conocemos con el alma desnuda, con el vaso rebalsado, con la honestidad en carne viva.</p>
<p>Son las 4 AM y escribo con la luna llena, con la garganta hecha un nudo, con la sonrisa a media asta, con el corazón cansado. Y vengo con el arma cargada de palabras a cometer el delito de invitarte al encuentro, de querer arrancarte de tu soledad compartida, de ofrecerte el remate, el click, el fuck, el zoom, el in, el out, el TOC, el up, el down que no te haga querer estar en otro lado del que en realidad estás. Aprieto el gatillo y me quedo en off-side, desnudo mis intenciones, me entrego vulnerable a tus rechazos, me desacato en el festín acartonado de suspicacias que no entendés, de berrinches de empatía falsa que quiere hacerte sentir parte de una misma bola humana que rueda y de la que vos querés escapar.</p>
<p>Son las 5 AM y nos dejamos de hablar porque violé el límite de mi entrega, de tu vulgar voyeurismo digital, de tu risotada sorda y la pretensión de mis ojos ciegos que parecen tener prohibido querer quererte. Y te enojás porque busqué traspasar, subvertir, transgredir la barrera de tu mundo interior que es el mundo que le querés regalar a quien no le interesa. Y nos apagás, nos bloqueas y te burlás de nosotros porque somos feos, apurados, transparentes, obtusos, extraños, viejos, raros, por tus prejuicios hostiles, prehistóricos y oxidados, tu “no” implacable, tu serena estaticidad y porque no ocultamos el dolor que nos hace humanos riéndonos de las tragedias cotidianas que vos te encargás de ocultar.</p>
<p>Son casi las 6 AM y escribo sin filtro, sin corrección, porque soy parte del ejército nocturno que satura, colapsa y se golpea la cabeza con la almohada buscando el sueño, las respuestas, los silencios, el delirio, la torpeza, tu sonrisa, las caricias, el calor, tus besos, la lujuria, tu deseo, el pecado de querer hacerte feliz sin pedirte nada a cambio. Y con tu entereza falsa, con tu marca soez, con tu displicencia dañina, les mostrás a tus amigos el aquelarre de confesiones que te hacen sentir menos vulgar, más igual, menos bola humana-masa-amorfa-incolora-insípida-inodora y te quejás porque no querés ser eso que ya sos.</p>
<p>Son las 7 AM y el sol me quema el cerebro y vos volvés con retorcijones de frío, con la ropa transpirada, con los zapatos vomitados, con el cuello marcado de chupones que te dieron sanguijuelas ebrias y te ahogás en lágrimas de arrepentimiento porque ni en pedo vivís tu vida como dicen las canciones que tanto tarareás. Porque no querés aceptar que lo que hiciste esta noche tendrá consecuencias mañana y abrís el Face y allí estamos nosotros. Y te sentís menos triste, menos solo, menos mal y cerrás los ojos mientras te arropamos, porque sabemos, supimos, sabremos lo que es estar ahí donde vos estás. Y te abrazamos mientras vos babeás en sueños, entendiendo que te estás buscando…</p>
<p>…porque, a esta hora, nosotros también estamos haciendo lo mismo que vos.</p>
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		<title>Mitología amorosa (segunda parte)</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Sep 2013 11:51:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando me quise dar cuenta el flete de la mudanza ya no estaba. Me la había pasado leyendo durante horas y horas cada una de las historias que me contaba este libro mágico que parecía haberse actualizado automáticamente durante todos estos años. ¿Acaso realmente tenía entre mis manos una pieza única e irrepetible? ¿Qué hacía... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/09/03/mitologia-amorosa-segunda-parte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando me quise dar cuenta el flete de la mudanza ya no estaba. Me la había pasado leyendo durante horas y horas cada una de las historias que me contaba este libro mágico que parecía haberse actualizado automáticamente durante todos estos años. ¿Acaso realmente tenía entre mis manos una pieza única e irrepetible? ¿Qué hacía un libro como ese en mi baticueva? ¿Cuánto me iban a querer cobrar el flete que había estado esperándome durante horas en la puerta de mi ahora ex casa? Realmente no me importaba. No podía parar de leer. Acá van los últimos mitos que les transcribo antes que, por seguir acá leyendo, se me venza el primer contrato de alquiler.</p>
<p><span id="more-304"></span><strong><em>El oráculo de la barra</em></strong></p>
<p><em>Soldados razos de los ejércitos nocturnos que deambulan por la noche en busca de amores furtivos, juran haber compartido un trago con el Oráculo de la barra. Un ser que se esconde en la penumbra, en el único rincón donde las luces estroboscópicas nunca iluminan. Este observador de la vida es poseedor de una de las sabidurías más profundas que existen en el orbe. Se la pasa toda la noche con un trago en la mano que parece ser eterno, mirando cómo se desenvuelven las historias de amor y desencuentro. Dicen que es capaz de adivinar cuál será el futuro de cada una de las relaciones que se cruzan frente a sus ojos. Incluso muchos aseguran que no hay secreto que pueda serle esquivo. Menos mal que es tímido, porque si no este Oráculo te mandaría al frente más de una vez.</em></p>
<p><strong><em>La ninfa solitaria</em></strong></p>
<p><em>Cuenta la leyenda que una hermosa ninfa despliega su belleza en absoluta soledad. No la comparte con nadie, sólo la expone para el regocijo de quienes la ven pasar y le juran amor eterno por lo bajo. Se sabe que más de un hombre sería capaz de dar la vida por ella, pero todos sospechan que una herida de amor que nunca pudo sanar la hará morir sola. La ninfa parece que no mira a nadie, pero vive atenta a todo lo que le sucede a su alrededor. Observa cada mirada, escucha cada susurro, siente cada roce involuntario pensando que quizás sea su amor perdido. Pero aunque nunca lo es ni será, ella lo seguirá esperando por siempre. Eso sí: ama con locura a su mascota.</em></p>
<p><strong><em>El ladrón de corazones</em></strong></p>
<p><em>Las mujeres nunca querrán cruzarse con el ladrón de corazones. Un hombre apuesto y desalmado de pelo lacio y sedoso, dientes brillantes como perlas, músculos marcados y labia encantadora. Nadie puede resistirse a sus encantos. Cupido parece flechar a cada dama que lo mire a los ojos. Un ser condenado a que todos lo amen, pero que carga el castigo más severo: es incapaz de amar a una sola mujer. Los hombres mortales sufrimos batallando contra los corazones rotos de las mujeres desencantadas que el ladrón va dejando por el camino. Así que no derramen lágrimas en vano por él, mejor denle una oportunidad a ese pibe feo pero macanudo que les será fiel y las querrá en serio por el resto de sus vidas.</em></p>
<p><strong><em>El laberinto del ebrio</em></strong></p>
<p><em>Muchas veces el destino le juega bromas a sus víctimas. Como en el caso de aquel ebrio que vemos en todas las fiestas que al superar el límite de tolerancia estomacal de alcohol, se ve condenado a buscar desesperadamente un recipiente salvador para liberarse del mal que le revuelve las entrañas. Todos los borrachines juran que el mundo les da vueltas, que el piso y las paredes cambian su orientación, que los pasillos antiguamente recorridos ahora se bifurcan en caminos desconocidos, que la gravedad se altera volviendo imposible mantener la estabilidad. Los ebrios dicen la verdad, pues el mundo realmente cambia para ellos, no su percepción. Así que si alguno se cruza delante de ti en busca de un inodoro salvador, mejor hazte a un lado: jamás logrará llegar a tiempo.</em></p>
<p><strong><em>El momento oportuno</em></strong></p>
<p><em>Así como los segundos, luego los minutos y, por último, las horas pasan para los amantes desencontrados con la misma velocidad que un rayo, todos los corazones, absolutamente todos, se vuelven vulnerables en algún momento de la noche. Cualquier chica o chico puede ser conquistado por un pretendiente si este decide acercarse en ese momento exacto y único en el que las luces, el cansancio, el alcohol, la soledad, el humor y la mirada logran la combinación perfecta y especial en el que el amor a primera vista se hace presente. Las cartas de la suerte no forman parte del juego del amor. Sólo hace falta estar atento y aprovechar la oportunidad cuando esta se presenta.</em></p>
<p>Cerré el libro. De pronto sentí que estaba frente a la fuente de la sabiduría amorosa que busqué durante toda mi vida. Pero cuando volví la vista a sus páginas, aquel tomo se volvió cenizas entre mis manos. Por un momento me entristecí, porque me quedé con las ganas de seguir leyendo más historias de aquel libro mágico. Pero por otro lado comprendí que mucho mejor es descubrir esos misterios ocultos a la vista de todos.</p>
<p>¿Habrá más mitos y leyendas dando vueltas por ahí?</p>
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		<title>Mitología amorosa</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:07:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Preparando mi mudanza, me puse a revisar los cajones jamás abiertos de unos muebles en desuso que hace tiempo tengo en la baticueva. En uno encontré unos australes que casi que valen lo mismo que el peso actual, en otro una colección de estampillas rarísimas de países inexistentes que tiré a la basura, pero lo... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/27/mitologia-amorosa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Preparando mi mudanza, me puse a revisar los cajones jamás abiertos de unos muebles en desuso que hace tiempo tengo en la baticueva. En uno encontré unos australes que casi que valen lo mismo que el peso actual, en otro una colección de estampillas rarísimas de países inexistentes que tiré a la basura, pero lo que más me llamó la atención fue un libro extraño que estaba bajo la pata de una biblioteca antigua que había pertenecido a mi abuelo. Al principio, lo metí en la caja de manuales de colegio primario que no sé por qué razón todavía conservo, pero después, por una suerte de extraña atracción mágica, me volví hacia él. Lo tomé entre mis manos y, luego de soplarle una gruesa capa de polvo que tenía sobre su tapa, comencé a hojear sus páginas amarillentas. Fue así como descubrí un compendio de mitos y leyendas increíbles que, a pesar de lo aparentemente viejo que se veía ese raro ejemplar, aún conservaban una actualidad y una forma de escritura tan coloquial que no me dejó despegar los ojos de sus oraciones bimembres. El libraco tiene el curioso nombre de <em>“Mitología amorosa”</em>. No sé quién es su autor, pero como soy un tipo muy copado acá les transcribo algunas historias que leí y que me llamaron la atención.</p>
<p><span id="more-301"></span><em><strong>La bailarina de cristal</strong></em></p>
<p><em>Algunos juran haber visto en la pista de muchos boliches una mujer que no deja de bailar a lo largo de toda la noche. Se trata de la bailarina de cristal, el adorno giratorio de una caja musical que alguna vez deseó volverse de carne y hueso. Fue un mago enamorado de su moldeada figura y su hipnótico movimiento quien le cumplió su sueño con un conjuro bajo una única condición: que todos los fines de semana, al caer el sol, la bailarina nunca dejase de danzar, puesto que de detenerse, su cuerpo volvería a su estado vidrioso, adquiriendo tal fragilidad que la haría capaz de estallar en mil pedazos con el simple retumbe de los parlantes. Por eso, nunca intentes sacar a bailar a una mujer en un boliche, salvo que te sientas capaz de acompañar su ritmo hasta el amanecer.</em></p>
<p><em><strong>El mensaje perdido</strong></em></p>
<p><em>Todos los sábados, exactamente a las 4:37 AM, en algún lugar del mundo, dos amantes perdidos se envían un mensaje declarándose su amor al mismo tiempo. Sin embargo, según dicen que consta en los registros de las empresas de telefonía celular, justo en ese instante, y por motivos que ningún técnico en telecomunicaciones todavía logró descifrar, la señal de sus celulares desaparece al unísono, provocando que esas epístolas digitales que podrían cambiar sus vidas para siempre desaparezcan en el infinito, condenando a dos almas destinadas a estar unidas por siempre, a perderse en el mar profundo del desencuentro durante toda la eternidad.</em></p>
<p><strong><em>El trago del olvido</em></strong></p>
<p><em>Cuentan que en todas las fiestas existe un trago del olvido, un brebaje capaz de borrar por completo de nuestra memoria todas las penas de amor. Nadie conoce su receta con exactitud, pero algunos creen que está compuesto por la mezcla de varias bebidas espirituosas, licores, vinos, gaseosas, fernets y demás elixires en proporciones específicas que todos ignoran. Quienes tienen la suerte de probar este trago, adquieren el poder de controlar su ansiedad, superar sus desencuentros y recobrar su seguridad frente al sexo opuesto, dejando atrás aquellas historias crueles e inconclusas que, alguna vez, supieron dañar sus almas de conquistadores.</em></p>
<p><strong><em>Los amantes temerosos</em></strong></p>
<p><em>Es común ver en una tertulia a hombres y mujeres que se la pasan chateando por sus teléfonos celulares durante toda la noche con personas ausentes. Fue así como se conocieron los amantes temerosos, una pareja de chicos que se amaban con locura pero que preferían la mediatización de sus encuentros al contacto cara a cara por el miedo que produce la posibilidad del rechazo. Dos almas nocturnas en pena que se necesitaban mutuamente pero que, al no animarse ninguno de los dos a dar el paso definitivo, ese que quiebra la barrera de la distancia tecnológica para pasar al contacto humano, a la proximidad de la seducción piel con piel, aún siguen chateando solos, lejos, cada uno por su lado, sin saber que lo harán por siempre, hasta morir sin haber asumido nunca el riesgo de amarse.</em></p>
<p><strong><em>El chamuyador incansable</em></strong></p>
<p><em>Mujeres de todas las características imaginables han jurado alguna vez haberse cruzado con el chamuyador incansable, un hombre encarador que parecería ser capaz de mantener una conversación con ellas durante toda la eternidad. Pues no se han equivocado, ya que este sujeto, a falta de encanto, ha desarrollado la habilidad de manejar una cantidad inagotables de temas de conversación con el único objetivo de conquistar mujeres. Suele encontrarse en las inmediaciones del baño de damas, donde se coloca estratégicamente a la espera de aquellas chicas que acuden al toilette para empolvar sus mejillas. Si usted, señorita, alguna vez lo cruza en un bar, simplemente ignórelo y no tema que la insulte por lo bajo: es que este chamuyero nunca logró levantarse a nadie con simples palabras.</em></p>
<p>Continuará…</p>
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		<title>#VivoSolo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 12:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¡Conseguí búnker! Una mezcla rara de monoambiente con PH, con quince años de antigüedad pero bien cuidado. Por el barrio, cerca de la casa de mis viejos y mis amigos, pero lo suficientemente lejos de todo como para tener mi privacidad. Primer piso por escalera, contrafrente, con mucha luz, silencioso y sin expensas, tranca. Costó conseguirlo. Me metía en Internet todos los días, iba a buscar la revista esa que es como un collage colorido de inmobiliarias con avisos minúsculos y siempre veía las mismas publicaciones. Pasé por momentos de excitación pero por otros de desasosiego también. De pronto, el lugar apareció. Una inmobiliaria que en vez de poner fotos del depto, mostraba una conmovedora imagen de dueño de la inmobiliaria junto a su hijo (?). Raro, pero me mandé igual y sentí que era mi lugar. Porque es verdad lo que dicen: cuando ese lugar es tú lugar, como que lo sentís adentro. Y cuando entré, lo sentí. Allí iba a vivir yo. Como cuando uno ve una mina y sabe que se va a casar con ella (a mí me pasó un montón de veces). Lo raro es darte cuenta que esto de estar solo también lo sentís.</p>
<p><span id="more-298"></span><em>¿Cómo se enciende un termotanque eléctrico?</em></p>
<p>Resulta que apenas me dieron la llave invité a mis amigos a que pasen a dar una vuelta por el lugar. Lo que pasa es que dentro de algunos días arranco a pintarlo y a mudar los muebles y quiero que vean como lo agarro y como lo dejo después (casi una muestra de orgullo personal que espero con ansias concretar). Entramos al baño y los pibes quedaron encantados con las dimensiones del bidet. Les dije que me faltaba comprar la cortina de la ducha, una jabonera, mudar mi cepillo de dientes, comprar veinte kilómetros de papel higiénico, guardar los perfumes, pastas y otros productos químicos para el cuidado corporal y listo, ya se podía usar. Pero una amiga me dijo: <em>“Tenés que comprar un tacho de basura”</em>. Yo la miré sin entender. ¿Tacho de basura? No, a mí no me va esa de tirar el papel sucio en un tacho. Se hace todo un bollo y que lo trague la cloaca.<em> “No, tenés que tener un tacho por si una chica necesita tirar una toallita femenina, Martín. ¿Sabés que vergüenza se siente no encontrar un tacho a mano en la casa de un chico que apenas conocés cuando lo necesitás?”</em>. Afirmé con la cabeza. Touché.</p>
<p><em>¿Las milanesas se empanan primero y después se pasan por huevo o al revés?</em></p>
<p>La cocina tiene una mesada amplia donde voy a poder amasar mis pastas y pizas caseras (o donde entran las cajas del delivery). De un lado va el microondas, al lado están las conexiones del lavarropas y pegado la heladera. Del otro lado una mesa de esas plegables tipo libro para el desayuno y para poner en la terraza cuando venga el calorcito.<em> “Jugos, gaseosa, agua. De alcohol poco y nada porque casi no tomo”</em>, le dije al gordo. <em>“Pero un vinito y una cerveza tenés que tener en la heladera”</em>, me dijo. <em>“No, no me gustan”</em>, le contesté yo. <em>“¿Y si viene alguien con qué vas a brindar, varón? ¿Con chocolatada?”</em>, me dijo mi amigo que abrió la alacena y empezó a contar. <em>“Un juego de platos, otro de vasos, otro de tazas, media docena de tenedores, media docena de cuchillos. ¿Y las copas?”</em>, me preguntó. <em>“¿Qué copas?”</em>, le repregunté sin entender. <em>“Comprá dos copas. Nunca sabés cuándo te toca descorchar, papurri”</em>, me acosejó el dogor y yo anoté en la lista de bazar. Touché.</p>
<p><em>¿En qué materia de Ingeniaría te enseñan a planchar una camisa?</em></p>
<p>Llegamos al salón principal. Un espacio amplio de cinco por cinco en el que ya me imaginé todo. Les hice una recorrida virtual por mi futuro living, después los hice pasar a la oficina de trabajo y por último los conduje hasta la habitación, todo ahí, todo juntito, fue más que nada un viaje imaginario dando un par de pasos hacia adelante y corriéndonos unos metros hacia el costado, nomás. <em>“…y acá voy a poner la cama”</em>, les indiqué. <em>“¿Futón o te compraste un sommier?”</em>, me preguntó el negro. <em>“No, me llevo la mía, la de mi pieza”</em>, le dije. El moreno se me acercó: <em>“¿O sea que te estás por ir a vivir solo y no te vas a comprar una cama de dos plazas?”</em>, me preguntó casi sin poder creerlo. <em>“Eh… sí, pero igual mi cama tiene otra abajo, o sea que si se queda a dormir alguien puede hacerlo… en otra cama”</em>, le contesté casi con vergüenza. El negro me arrinconó contra la pared. <em>“Ahora te vas a la colchonería, y te comprás un colchón de dos plazas, con resortes y en un pago. En menos de un mes, quiero encontrar al menos la mitad de los fierros vencidos de las veces que vas a hacer rechinar esa cama, ¿me entendiste?”</em>, me disparó sin sacarme los ojos de encima.<em> “Sí, señor”</em>, le contesté tragando saliva. Touché.</p>
<p><em>Se limpian primero los muebles y por último el piso, ¿no?</em></p>
<p>Mudarse, irse de la casa de nuestros viejos, es un cambio más profundo del que pensamos. Como que al principio uno no se da cuenta de que está a punto de afrontar viejas responsabilidades que hasta ese momento recaían en otras personas. Independizarse es depender de nosotros mismos y ahora, de a poco, me voy dando cuenta que, quizás, mudarse solo también sea preparar el terreno para una potencial compañía ¿no? Ah, una cosa, ya que por estás acá te pregunto…</p>
<p><em>…¿la ropa se achica si la lavás con agua caliente o fría?</em></p>
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		<title>La última chance</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jul 2013 13:32:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando corté el teléfono sentí que se me venía el mundo abajo. Ese último <em>“Chau”</em>, era la frase final de una historia que le había dado sentido a muchas noches de insomnio. Porque pensaba que la había encontrado, que la búsqueda implacable había dado, por fin, su rédito tan deseado. Pero no, al cortarme el teléfono me lanzó al olvido una vez más. El gordo pasó por casa y salimos a recorrer el barrio. Me preguntó por qué estaba mal y yo le conté que acababa de terminar con esa chica de la que tanto le venía hablando. Que no podía entender cómo había pasado, pero que me cabía igual. Y, entonces, mi amigo me miró a los ojos y, con esa honestidad brutal que tiene la gente que te conoce en carne viva, me dijo: <em>“¿Cuándo vas a hacer algo en tu vida sin pensar?”</em>.</p>
<p><span id="more-283"></span></p>
<p>Les dije a mis viejos que me iba a cenar con él. Me subí a su auto y encaramos para su casa, pero al llegar a la esquina dio un volantazo y salimos a pique por la General Paz.<em> “Dale. Siempre pensaste cada cosa que hiciste hasta el hartazgo y mirá cómo te salió todo. Probá dejar de ser tan racional y dejá que te guíe el instinto alguna vez. Por ahí, quien sabe, la suerte está de tu lado”</em>, me dijo mi amigo sintiendo mi tristeza y me dejó en la parada del bondi porque tenía que volver a su casa volando (se estaba garcando). La zona era heavy. Estaba de visitante y eso se notaba a diez kilómetros. Sentía miedo, nervios, angustia, tristeza, excitación. Me la pasé rogando que esté en su casa. No le había avisado nada que iba para allá. Es que estaba a punto de pedirle al arquero que vaya a cabecear al área contraria. No me importaba nada: lo mismo da perder por un gol que por goleada.</p>
<p>En la parada del colectivo me la pasé ensayando formas de decirle lo mucho que la amaba, cuánto la necesitaba, lo importante que era en mi vida. Que solamente quería hacerla feliz, que deseaba verla envejecer a mi lado como esa abuelita que esperaba el colectivo junto a mí. Y en medio de ese maremoto mental que me aislaba del mundo terrenal haciendo miles de elucubraciones imposibles, el bondi llegó y yo quise dejar pasar a la nona que se negó a aceptar mi gesto de educación. Un flaco que estaba antes que yo se me adelantó y otro me dejó pasar a mí dejándome en el medio de los dos. De manera imprevista, el de adelante decidió bajarse y, a pesar de que yo lo estaba dejando pasar, me empujaba contra el otro. De pronto, me encontraba yendo y viniendo como si fuera uno de esos muñecos a los que les pegan y nunca se caen. Yo no entendía qué estaba pasando, hasta que noté que la dulce abuelita que todavía esperaba para subir me estaba mandando mano entre los bolsillos desde abajo. Era claro: los tres me estaban choreando.</p>
<p>Yo me agaché como pude, agarré al flaco que tenía adelante y lo empujé fuera del colectivo que arrancó. La abuelita me puteó, el de atrás me pegó un cachetazo en la cabeza con furia antes de bajarse de un salto. Yo me puse de pie y pedí el boleto como si nada me hubiera pasado. Me quedé parado en el medio del vehículo y descubrí que todos los pasajeros me miraban, como si fuese el bufón del pueblo. Y fue ahí que caí en la cuenta de que acababa de zafar de una situación ultra violenta. Me toqué todo el cuerpo para asegurarme que no estaba lastimado, porque el corazón me latía a mil y yo no entendía nada, y todo estaba pasando muy rápido, y me sentí en una selva urbana tratando de sobrevivir. Alguien me cedió el asiento y me senté temblando: <em>“Te quisieron robar, ¿no?”</em>, me preguntó ella, que era igual a la otra, pero más dulce, más hermosa, más real. Y yo la miré y le dije: <em>“Sí. No. No sé”</em>. Estaba confundido por todos lados.</p>
<p>Los minutos pasaron y, de a poco, fui cayendo otra vez a la realidad. Yo tenía un tornado en la cabeza. Todo era tan extraño. Pensaba en ella, pensaba en que quizás no estuviese, pensaba en que me habían querido robar, pensaba en que no le había pedido el teléfono a mi compañera de viaje, pensaba y no dejaba de pensar que pensar no había sido el objetivo de esa aventura. Bajé del bondi corriendo y llegué a su puerta. Toqué el timbre de su depto y esperé. Existían grandes chances de que esa travesía que me había costado tanto hubiera sido en vano. Ella podría estar de sus viejos, en el supermercado, en la cancha, donde sea, pero no ahí arriba en su casa, conmigo ahí abajo en su puerta. Pero no, ella atendió: <em>“¿Sos vos?”</em>, me preguntó por el portero eléctrico como si me hubiese estado esperando, y yo le contesté:<em> “Si, soy yo”</em>, y bajó a abrirme la puerta. Sudor fío me caía por la espalda cuando la vi aparecer llave en mano, me temblaban las piernas, sentía la cara hecha un fuego. Crucé los dedos: que fuera lo que Superman quisiera.</p>
<p>Apenas entré le pedí que me disculpara por verme así tan nervioso, pero que me habían querido chorear hacía un toque, y ella, más confundida que yo, me preguntó:<em> “¿Qué hacés acá?”</em>. Inspiré profundo, tomé coraje y, como pude, saqué un paquete del bolsillo. Se lo entregué: <em>“Es una cintita que te compré en San Clemente&#8230; con el gordo”</em>. Ella miró con cierta ternura el sobrecito y me lo devolvió. Me dijo que no podía aceptar ese regalo, que no era de ella. Yo le insistí y le dije que si todo había terminado entre nosotros que por lo menos me deje darle un último recuerdo de lo lindo que había sido haberla conocido. Ella abrió el paquetito y metió la mano. <em>“No hay nada”</em>, me dijo. Yo agarré el sobre y busqué una cintita que ya no estaba ahí: era lo único que había logrado robarme la dulce abuelita toquetona del colectivo. Saqué todas las cosas que tenía en mis bolsillos desesperado. Ahí estaban mis documentos, mis llaves, el celular y la cajita de forros para el sexo de reconciliación que había llevado inútilmente, pero la cintita no, la cintita ya no estaba. Entonces, levanté la vista, la miré a los ojos y, con la cabeza otra vez a mil revoluciones por minuto, le hice una última pregunta…</p>
<p>…<em>“¿No me das un par de monedas para el bondi?”</em>.</p>
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		<title>Dos caras</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2013 14:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Él quedó detonado después del asado con fernet que preparó para el cumple del negro. Ella invita a sus amigas al depto para comer una picadita. Él putea porque no le tocó el as que le faltaba para quedarse con toda la guita. Ella tiene bronca porque se le corrió la media nueva y ahora no le queda otra que pasar frío. Él se mete en el Face desde el celu a ver si pica alguna. Ella lo ve conectado y decide hablarle por primera vez. Él aprieta la pantalla con dedos doloridos de tanto chamuyo. Ella le dice que está aburrida y con una amiga. Él le pide al gordo que no lo deje tirado. Ella lo espera en el boliche en una hora. Él le dice a los pibes que <em>“la parte en veinticinco”</em>. Ella les dice a las chicas que es <em>“re copado”</em>. Él no lo puede creer. Ella está re contenta. Y esa noche se encuentran las dos caras de una misma moneda.</p>
<p><span id="more-274"></span></p>
<p>Él juega a los <em>“tequilazos”</em> en una previa furiosa para tomar coraje. Ella toma un vaso de espumante y ya está mareada. Él le promete a los muchachos que <em>“algo”</em> se lleva. Ella siempre se divierte cuando sale. Él canta a capella con los muchachos. Ella ensaya con sus amigas los pasos del nuevo tema de moda. Él le pide al gordo un desodorante porque la parrilla le dejó toda la ropa con olor a humo. Ella se maquilla frente al espejo la sombra para resaltar sus ojos claros. Él quiere arrancar ya, pero los pibes le dicen que llegue un toque más tarde para no quedar como un desesperado. Ella no encuentra taxi ni remís y no le queda otra que tomarse un bondi. Él está ansioso por llegar. Ella siente curiosidad por verlo en persona. Él para en la farmacia y compra forros. Ella para en el kiosko y compra chicles.</p>
<p>Él la ve por primera vez y se muere. Ella lo ve por primera vez y se confunde. Él le dice que es más linda personalmente que en la foto de perfil. Ella le dice que lo hacía más alto. Él le invita la entrada del boliche. Ella le dice que nunca había salido por ahí. Él la saca a bailar una cumbia. Ella le enseña a menear un reggaetón. Él va <em>pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras, pa’ delante y pa’ tras&#8230; para delante y para atrás</em>. Ella va <em>hasta abajo, hasta abajo, mami, hasta abajo</em>. Él la invita a la barra a tomar un trago. Ella le dice que prefiere agua. Él le avisa que la espera en los reservados. Ella se va al baño. Él ve al gordo comiéndose a la amiga. Ella le saca fotos para cargarla mañana. Él le pregunta por qué esa noche. Ella le contesta que tenía ganas de conocerlo. Él le dice que vive solo. Ella le dice que también. Él le mira la boca esperando ese silencio. Ella empieza a hablarle de su ex.</p>
<p>Él le dice que esa historia ya fue. Ella le dice que lo que pasó fue muy fuerte. Él le aconseja que lo mejor es dar vuelta la página. Ella le cuenta que todavía se ven. Él le pregunta si es fiel. Ella le confiesa que nunca se portó mal. Él se muere de calor. Ella no soporta más el encierro. Él le alcanza su abrigo. Ella le agradece que sea tan caballero. Él le abre la puerta. Ella odia ver el sol a la salida. Él le cuenta que a esa hora se levanta todos los días para ir a laburar. Ella mira la hora y se ríe. Él la invita a desayunar. Ella le dice que es tarde. Él acepta y le para un taxi. Ella lo abraza fuerte. Él se va a dormir manija. Ella se acuesta feliz de haberlo conocido. Él le manda un mensaje al gordo que dice <em>“¿Qué onda?”</em>. Ella le pregunta a su amiga <em>“¿Cómo te fue?”</em>. Él se ríe cuando le llega <em>“Una histérica. ¿Y tu mina?”</em>. Ella sonríe al leer <em>“Un divino. ¿Y tu amigo?”</em>.</p>
<p>Él pensaba que ella…</p>
<p>…pero ella pensaba otra cosa.</p>
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		<title>El juicio</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 14:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Le pegué con la palma de la mano a la mesa del bar: <em>“¡Orden en la sala!”</em>, pedí y todos me miraron sin entender. Me había metido en medio de una acalorada discusión entre dos amigos míos que no podían llegar a un acuerdo. El gordo se apartó a un costado, tratando de no interferir, escuchando cada una de las justificaciones en uno de los debates más candentes que un grupo de hombres puede llegar a tener. <em>“El jurado se expedirá después del juicio”</em>, dijo y los vagos se rieron al principio pero después se dieron cuenta que la joda iba en serio. <em>“Entonces, señores… ¿qué es mejor? ¿Salir con una pibita, o salir con una señora?”</em>, pregunté y ambos abogados presentaron sus pruebas.</p>
<p><span id="more-227"></span></p>
<p><em>“Primero, quiero definir a mi acusada “pibita”: se refiere a una “mujer joven con la mayoría de edad legal como para comenzar una relación amorosa con un hombre”, o sea, dieciocho con o sin emancipación efectiva”</em>, esgrimió un boga improvisado sentado en una esquina de la mesa. <em>“En tanto “señora” es aquella mujer adulta, independiente y experimentada, con el reloj biológico en tiempo de descuento”</em>, hizo su descargo el otro sobre su imputada lastrándose un maní. <em>“Prosiga”</em>, invité como magistrado a los querellantes. <em>“Bueno, en principio a la pibita la tenés que invitar vos a salir. Si no le hablás, no te habla. Está como esperando siempre. Te da unas mínimas señales que vos por tu lejanía etaria ya no agarrás”</em>, dijo uno de los letrados.<em> “Las señoras son más determinadas. Requieren otra clase de laburos. Principalmente que no te muestres como un desesperado. La señora ya se cansó de cambiar pañales, de enseñar, ahora quiere que la sorprendan. Por eso, si la señora te dice que sí, agarrate”</em>, dijo el otro en defensa de su cliente y yo traté de aclarar: <em>“O sea que a la pibita la tenés que pasar a buscar por la casa mientras que la señora llega sola a la cita. ¿Anotó el jurado esta observación?”</em>, le dije al gordo que me miraba seriamente: <em>“No se preocupe, señoría. No tenemos dactilógrafo pero estoy grabando esta conversación con el celu”</em>, me avisó y todos nos quedamos tranca.</p>
<p><em>“La pibita se la pasa conectada a todos los estímulos digitales de la vida moderna. Siempre online, sabe el último tema de moda y los sensuales pasos de los videoclips. Cuando te baila, te liquida. Son expertas en la provocación, en despertar las fantasías, en avivar el deseo”</em>, dijo un jurista. <em>“Muy poético, doctor”</em>, le agradeció el gordo.<em> “La señora está ocupada la mayor parte del día y cuando llega se dedica a los quehaceres de la casa. Por ahí mete un curso o un pilates para mantener tonificada las cachas. Sabe que el paso del tiempo es irremediable y para ella, la vida es hoy, no tiene tiempo para andar desperdiciando”</em>, dijo el otro. <em>“Cuando a una pibita no le podés seguir la onda, te llama “abuelo”, y cuando a una señora la dejás en off-side con alguno de tus modernismos, te llama “pendejo”, dejando salir cierto humito por las narices”</em>, dijo uno de los patrocinadores. <em>“Es que a las pibitas le va lo más romántico, tardan en concretar y la señora va a los bifes de una”</em>, argumentó el otro boga defendiendo a su acusada. <em>“Protesto, señoría. Hay pibitas que van al frente como loco”</em>, saltó de la banca el otro apelando sacado. <em>“A lugar. Te hacen pasar de seducción culposa a dolosa”</em>, contesté y el gordo me felicitó chocando los cinco por lo comprometido que estaba con el personaje.</p>
<p><em>“A la pibita, después de la salida, la tenés que llevar hasta la puerta de la casa y si no estás motorizado, el tacho y la salida te sale una fortuna. Puedo presentar incontables testigos que declararían a mi favor en este punto”</em>, dijo uno muy seguro. <em>“En cambio, la señora sabe que llegás con lo justo a fin de mes y, si es de barrio, se copa con un miti-miti. Es más, si es gauchita te lleva ella en su auto hasta tu casa”</em>, dijo el otro. <em>“No, si es gauchita te lleva a otro lado”</em>, les dije yo guiñándoles un ojo. <em>“Es que cuando uno es joven idealiza el amor. Las pibitas buscan todos modelitos, millonarios, sensibles, pero después se dan cuenta que nosotros somos los hombres de verdad”</em>, intervino el gordo golpeándose la panza de birra. En ese momento, llegó la moza con la cuenta. El juicio oral se estaba extendiendo demasiado. <em>“Bueno, creo que es momento de que el jurado se expida, ¿no? Digo, así después pasamos a la sentencia”</em>, disparó el gordo y yo sentí como todas las miradas de la sala se posaron sobre mí.<em> “¿Podemos pasar a un cuarto intermedio? Tengo que ir al baño”</em>, pedí porque necesitaba aclarar mi mente (del alcohol) y todos me miraron raro. <em>“Vos sos el juez, bola”</em>, me dijo un fiscal recordándome mis superpoderes: <em>“Nos tomamos una pequeño receso”</em>, dije golpeando la mesa otra vez y salí corriendo al mingitorio.</p>
<p>Cuando volví, ambos abogados me guiñaban los ojos. Incluso alguno de ellos chocó los cinco con el jurado, lo cual me hacía pensar que había algunos arreglos subterráneos ocurriendo a mis espaldas. Pero, entonces, me quedé pensando en que, quizás, mis amigos se estaban dejando llevar por prejuicios y estereotipos. Porque también hay pibas que están bien ubicadas a pesar de su corta edad y tienen bien en claro qué es lo que quieren, aunque la experiencia, al crecer, uno se va dando cuenta que es fundamental para conocer al otro, pero, sobre todo, para conocerse a uno mismo. Del mismo modo, hay mujeres vividas que se tropiezan mil veces con las mismas piedras y que, a pesar de jurarse nunca más volver a cometer aquel error que las dejó tan mal heridas, siguen prefiriendo caminar en patas por una calle de adoquines. Así que, prefiriendo no dictar sentencia firme cerrando la puerta a nuevas experiencias que logren sorprenderme de ambos lados, mire a los dos abogados, luego al jurado y dije…</p>
<p><em>“Este tribunal se declara incompetente”.</em></p>
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