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	<title>#ViajeLatino</title>
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	<description>Milagros Oreja narra, en #ViajeLatino, los sonidos, las imágenes, los sabores y las historias de toda Latinoamérica</description>
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		<title>Memorias intra viaje</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Jun 2013 20:21:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Repasando imágenes del viaje, se me vino la de ella: una chiquita peruana que nos encontramos el 1 de enero de este año, justito después de haber despedido el 2012 en medio de la lluvia de fuegos artificiales -nunca jamás había visto tantos juntos- en Cusco. Y cuando íbamos por una de las inclinadisimas calles que tiene la ciudad para... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/06/18/memorias-intra-viaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_169" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/ag-nes.jpg"><img class="size-full wp-image-169" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/ag-nes.jpg" alt="Dibujando juntas sapos, fuentes y peces" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Dibujando con Agnes sapos, fuentes y peces</p></div>
<p>Repasando imágenes del viaje, se me vino la de ella: una chiquita peruana que nos encontramos el 1 de enero de este año, justito después de haber despedido el 2012 en medio de la lluvia de fuegos artificiales -nunca jamás había visto tantos juntos- en Cusco. Y cuando íbamos por una de las inclinadisimas calles que tiene la ciudad para bajar al centro, la vimos estirándose hasta el techo de una casa, buscando sin ningún resultado alcanzar un manojo de globos, de los amarillos que te regalaban o te vendían -dependiendo de la hora- mientras esperabas el año nuevo en la plaza de la ciudad.</p>
<div id="attachment_170" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0143-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-170" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0143-800x536-300x201.jpg" alt="Ella quería su globo. El se lo alncanzó" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Ella quería su globo. El se lo alncanzó</p></div>
<p>Y me acordaba de que cuando Andrés se lo bajó -yo por supuesto tampoco llegaba hasta esa altura-  ella pegó una sonrisa de todos los dientes juntos y se fue caminando para algún lugar, acelerada y aferrada a su nuevo hallazgo. Y me acordaba, en el mismo momento,  cómo un globo, una burbuja de jabón o cualquier otro elemento liviano y volátil podía hacernos pasar horas hipnotizados viéndolos comportarse ante el viento.</p>
<p>Y también, de cómo Agnes, la nena inglesa que viajaba con sus papás por Latinoamérica desde hacia cuatro meses, se quedó durante horas conmigo dibujando fuentes, sapos y peces sin saber una palabra de español.</p>
<div id="attachment_171" class="wp-caption alignleft" style="width: 546px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/Ella-se-fue-chocha.-536x800.jpg"><img class="size-full wp-image-171" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/Ella-se-fue-chocha.-536x800.jpg" alt="Ella se fue feliz, aferrada a su nuevo hallazgo" width="536" height="800" /></a><p class="wp-caption-text">Ella se fue feliz, aferrada a su nuevo hallazgo</p></div>
<p>Y pensé en las cosas que a uno lo hacen, ya de adulto, quedarse hipnotizados de la fascinación. Y de cuántas veces uno le dedica tiempo a esas pocas -pero especiales- actividades que generan esa incomparable sensación de un paréntesis en el tiempo.</p>
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		<title>En Bogotá, las paredes hablan</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jun 2013 20:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[En Bogotá, las paredes hablan. Al igual que en muchas otras ciudades -particularmente, las grandes capitales- en este territorio, las expresiones de su sociedad se ven en todos los espacios. Carteles con propaganda política, fotografías de campañas de concientización, publicidades con venta de productos. Son incontables los lugares que encuentra la comunicación para poder desplegarse. ... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/06/10/en-bogota-las-paredes-hablan/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre10-448x3001.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-156" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre10-448x3001.jpg" alt="" width="448" height="300" /></a>En Bogotá, las paredes hablan. Al igual que en muchas otras ciudades -particularmente, las grandes capitales- en este territorio, las expresiones de su sociedad se ven en todos los espacios. Carteles con propaganda política, fotografías de campañas de concientización, publicidades con venta de productos. Son incontables los lugares que encuentra la comunicación para poder desplegarse. <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre9-448x3001.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-155" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre9-448x3001-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/comrpe4-448x300.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-134" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/comrpe4-448x300-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>De todas estas ciudades, la capital de Colombia es la más trabajada desde el punto de vista del lenguaje callejero. Allí, los grafittis no sólo aparecen en espacios marginales, edificios abandonados o callejones perdidos, sino que están en todos los rincones. <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0470-536x800.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-139" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0470-536x800-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /></a>Este tipo de arte, vinculado a la manifestación de pedidos de cambios, reclamos por injusticias o llamado a la reflexión popular, se plasma en la vía pública de todos los barrios para quedarse justo ahí donde cientos de ojos se posan durante el día. <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0582-800x536.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-160" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0582-800x536-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0624-800x536.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-163" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0624-800x536-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0603-800x536.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-161" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0603-800x536-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a>Para poder hacer circular mejor su mensaje, estos artistas -que utilizan distintas técnicas, desde stencils hasta murales- buscan la sorpresa en lo cotidiano, el sacudón mental en medio del camino rutinario o la posibilidad de una pausa y la apertura de un nuevo pensamiento sobre la realidad social, en medio de los ritmos que impone el sistema. <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0519-536x800.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-152" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0519-536x800-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /></a><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre7-300x4481.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-154" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/compre7-300x4481-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a></p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/comrpe3-448x300.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-133" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/comrpe3-448x300-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>A diferencia de otros, este post no busca contar una anécdota o relatar de manera pormenorizada las decenas de experiencias que tienen dos personas al viajar durante meses por Latinoamérica. Porque a diferencia de otros, este post busca vehiculizar el mensaje a través de las imágenes y no de las palabras. Para dejar hablar a esas decenas de paredes que aparecen en todos los espacios bogotanos, con sus palabras y en su propio lenguaje. <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0389-800x536.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-137" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/06/DSC_0389-800x536.jpg" alt="" width="800" height="536" /></a></p>
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		<title>Latinoamérica: un continente, todos los paisajes (segunda parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 29 May 2013 15:59:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciudades latinas La decisión de incluir algunas grandes ciudades en nuestro itinerario tuvo un doble fundamento. Por un lado, queríamos conocer los museos, las antiguas arquitecturas coloniales, los centros y los puntos estratégicos donde los protagonistas de la historia de los diferentes países lucharon por sus territorios. Por el otro, buscábamos en las grandes urbes... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/05/29/latinoamerica-un-continente-todos-los-paisajes-segunda-parte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Ciudades latinas</strong></em></p>
<p>La decisión de incluir algunas grandes ciudades en nuestro itinerario tuvo un doble fundamento. Por un lado, queríamos conocer los museos, las antiguas arquitecturas coloniales, los centros y los puntos estratégicos donde los protagonistas de la historia de los diferentes países lucharon por sus territorios. Por el otro, buscábamos en las grandes urbes los productos y servicios que los pequeños pueblos o lugares aislados no podían darnos: las librerías, la enorme oferta de comidas regionales y los enormes mercados populares de frutas, verduras y carnes presentes en todo el Continente. Así, pasamos por las grandes capitales de Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica y México. Y de algunas de ellas tenemos estos recuerdos.</p>
<div id="attachment_84" class="wp-caption alignleft" style="width: 211px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0067-536x800.jpg"><img class="size-medium wp-image-84 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0067-536x800-201x300.jpg" alt="En la mitad del mundo" width="201" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">En la mitad del mundo</p></div>
<p><strong><em>Quito: la mitad del mundo</em></strong></p>
<p>Llegamos a <strong>Quito</strong> en plena víspera de elecciones presidenciales. Esto no definió en lo más mínimo nuestra estadía, pero sí le agregó una cierta cuota de contacto con la “temperatura política” del país. Por estas fechas, los afiches proselitistas eran parte de la geografía. Estaban pegados en las paredes de los edificios públicos, en los vidrios de los colectivos, en los kioscos y hasta en las casitas precarias y perdidas de las afueras de la ciudad.</p>
<p>Los conceptos giraban a dos concepciones: el cambio o la continuidad. Allí, ante la pregunta –atrevida por nuestra parte- de a quien elegiría, las respuestas se bifurcaban, subían de tono o simplemente, atinaban a concentrarse en oraciones simples y concisas. En ese contexto, para nosotros Ecuador fue el país que nos dejó alguna idea de sus realidades profundas,  a pesar de haber pasado por allí sólo algunas semanas.</p>
<p>***</p>
<p>“No podés ir a Quito y quedarte sin visitar la mitad del mundo”.  Esa fue la frase que resonó en nuestros oídos cuando a pesar de nuestro cansancio –venía de trabajar en una granja orgánica en plena selva ecuatoriana a cambio de casa y comida-decidimos emprender camino hacia allá. Lo que nos esperábamos era un monumento que simbolizara que por sus coordenadas geográficas, en ese preciso lugar se encontraba el punto exacto donde se dividía la Tierra.</p>
<p>La explicación radica en lo siguiente. La Línea Ecuatorial terrestre es aquella que matemáticamente e imaginariamente divide al mundo en dos partes llamadas hemisferios: Hemisferio Norte y Hemisferio Sur. Y según investigaciones científicas, es aquí donde se encuentra esa división. En lo que nosotros creímos sería un simple monolito y resultó ser toda una ciudad: la “Ciudad Mitad del Mundo”.</p>
<p>El predio ocupa varias manzanas y se compone de pequeños edificios y tiendas ordenados alrededor del famoso punto estratégico. Allí hay museos,  restaurants donde venden toda clase de comidas –incluso, los impresionantes cuis asados- e incluso, un Planetario. Allí, la función apunta a explicar las formas de las constelaciones y a detallar cómo algunas de ellas fueron interpretadas por los pueblos andinos como elementos predictivos en cuanto a la agricultura, fecundidad, etc.</p>
<div id="attachment_90" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0150-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-90 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0150-800x536-300x201.jpg" alt="Turistas en carruaje, paseando por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Turistas en carruaje, paseando por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias</p></div>
<p><strong><em>Colombia de colores</em></strong></p>
<p>A diferencia de muchas otras ciudades, <strong>Cartagena de Indias</strong> puede dividirse en dos de manera clara y a partir de un límite geográficamente establecido: una enorme pared que rodea la zona llamada “ciudad amurallada”. Adentro, el tiempo parece haberse congelado en la época colonial, con sus casas de colores y estructuras ornamentales únicas. En cambio afuera, en la zona de Bocagrande, esta ciudad tiene más similitudes con Miami que con cualquier otra tierra latinoamericana. Sus enormes rascacielos y marcas de puro lujo decoran sus calles, en la zona que rodea las playas.</p>
<div id="attachment_95" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0456-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-95 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0456-800x536-300x201.jpg" alt="En la feria, tomando puro café colombiano" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">En la feria, tomando puro café colombiano</p></div>
<p>Bajo esta misma lógica-pero con límites menos tajantes- funciona <strong>Bogotá</strong>, la capital colombiana. En esta ciudad, las zonas céntricas se mezclan con La Candelaria, un reducto de no más de cuarenta calles donde se encuentran los museos (entre ellos, el dedicado a Botero),  los restaurants de comida típica más selectos, los hostels para extranjeros  y las calles de</p>
<div id="attachment_94" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0077-copia-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-94 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0077-copia-800x536-300x201.jpg" alt="&quot;Te quiero Medellín&quot;" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">&#8220;Te quiero Medellín&#8221;</p></div>
<p>adoquines. Nadie que la visite puede dejar de ir a la feria de Usaquén, a unos cuarenta minutos del centro.  Allí, todos los fines de semana se despliegan artesanos que exhiben desde manualidades con metales preciosos hasta comidas regionales, dulces únicos o café del más puro y naturalmente colombiano.</p>
<p>En este país, <a title="jj" href="http://viajarlejos.com/?p=654" target="_blank"><strong>Medellín </strong></a>fue nuestra sorpresa más grande. Donde esperábamos encontrar una ciudad más la encontramos a ella: moderna, limpia, innovadora. Sus museos, su metro y sus parques nos dejaron boquiabiertos por su organización y funcionamiento. Pero sobre todo, lo que más nos enamoró fue el Parque Explora, un predio de innovación y tecnología con enormes áreas de juegos desafiantes para los sentidos –vista, tacto, gusto, olfato y oído- y una sala de cine 3D dedicada a la concientización del medio ambiente a través de sus diferentes proyecciones.  Aunque con enormes contrastes según la zona donde se transitara –ya que todavía quedan resquicios de la época de pleno narcotráfico de las filas de <a title="jj" href="http://viajarlejos.com/?p=639" target="_blank">Pablo Escobar</a>-, esta ciudad tiene el sello único del cuidado de quienes la habitan.</p>
<p><strong><em>La impronta única de La Habana</em></strong></p>
<div id="attachment_100" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/29-800x498.jpg"><img class="size-medium wp-image-100 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/29-800x498-300x186.jpg" alt="Malecón" width="300" height="186" /></a><p class="wp-caption-text">Malecón</p></div>
<p>Por su historia y su realidad política y económica, <strong>La Habana</strong>, en <strong>Cuba</strong>, es la ciudad que más difiere de todo el resto del Continente –por lo menos, de las que visitamos en estos meses-. Sus edificios roídos, su malecón mágico, sus restaurants de antaño, sus comidas especiales, su música a toda hora y lugar y la calidez</p>
<div id="attachment_97" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/2-800x429.jpg"><img class="size-medium wp-image-97 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/2-800x429-300x160.jpg" alt="Baile de danzón" width="300" height="160" /></a><p class="wp-caption-text">Baile de danzón</p></div>
<p>extrema de sus habitantes hace de este lugar un espacio para el disfrute y también, la reflexión Es que aquí, en las calles, los bares y los parques, todo es debate y puesta en común de pensamientos sobre las diferentes realidades en la isla. Por todo el combo, fue que a diferencia de otras urbes, de esta capital mítica nos hicimos adictos. Y a diferencia de otras urbes, decidimos dedicarle mucho más tiempo para caminarla y desentrañar sus secretos.</p>
<p>****</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline">Playas de postal</span></strong></p>
<p>En Latinoamérica, las playas son de postal. Ya sean de mares turquesas y calmos en el Caribe o de azules arenosos y desordenados en el Pacífico, llegar a ellas siempre simboliza empezar el verdadero relax. Dedicarse a tomar sol, jugar con las olas o caminar en extensiones inmensas  de arena hace que sea donde sea que se haya pasado antes, estos lugares se transforman inmediatamente en los mejores para dedicarse a hacer nada.</p>
<div id="attachment_102" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0184-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-102" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0184-800x536-300x201.jpg" alt="Playas enormes, hermosas y desiertas" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Playas enormes, hermosas y desiertas</p></div>
<p><strong><em>El Pacifico</em></strong></p>
<p>Para nosotros, el <strong>Parque Nacional Bahía Ballena, en Uvita, Costa Rica</strong>, <a title="ll" href="http://viajarlejos.com/?p=933" target="_blank">significó un hogar en medio del viaje.</a> Allí leímos, nos cocinamos sano y escuchamos música hasta que nos diera sueño. En esas playas desiertas y gigantes, el constante vaivén de la marea generaba las condiciones perfectas para dos cosas: surfear y observar animales marinos en todos los rincones.</p>
<p>En el primero fuimos novatos. No nos habíamos subido más de una vez a una tabla y por eso, tuvimos que preguntar y repreguntar hasta poder incorporar, ya adentro del agua,  las sugerencias de personas más avispadas en el tema. Pararse con las rodillas dobladas, hacer equilibrio, subirse de un salto y hacer fuerza con todos los brazos…muchas acciones para un principiante. Sin embargo, con el paso de los días pudimos ver algún que otro avance, observando el tamaño y la dirección de las olas y tratando de elegir las más adecuadas para nuestro reciente manejo del deporte.</p>
<div id="attachment_103" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0885-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-103" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0885-800x536-300x201.jpg" alt="Los atardeceres en Máncora" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Los atardeceres en Máncora</p></div>
<p>De todas las playas del viaje, <strong>Máncora, </strong>en <strong>Perú</strong>, fue la primera. Después de haber pasado por las imponentes ruinas de Machu Pichhu y el oasis de Huacacchina, llegamos a esta zona sin saber muy bien con lo que nos íbamos a encontrar. Y resultó ser que nos topamos con el lugar con los mejores atardeceres del mundo. De cielos naranja furioso y soles acelerados por desaparecer. De nubes-arcoiris y corrientes de aire perfectas. En este pueblo construido de casas de bambú y arena, volvimos a comer en los clásicos mercados de abasto latinos y esta vez, con el lujo más grande: el de poder acceder a los mejores pescados recién sacados del agua a precios irrisorios.</p>
<p><strong><em>El Caribe</em></strong></p>
<div id="attachment_93" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0313-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-93" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0313-800x536-300x201.jpg" alt="Barú" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Barú</p></div>
<p>A la isla de <strong>Barú</strong>, en<strong> Colombia, </strong>llegamos después de un micro, uno bote y una combi. Es decir: una pequeña odisea, teniendo en cuenta que cargábamos con las provisiones para cinco días en medio de la nada. Cuando llegamos nos dimos cuenta que el lugar era literalmente una isla: allí no hay lugares para comprar alimentos –salvo algunas hamburguesas en puestos sobre la playa- ni luz, ni agua potable. Esa fue la primera vez que aprendimos a regular el sueño según la salida y la puesta del sol y también, la primera vez que nos bañamos bajo métodos algo ¿rústicos?, a pleno baldazo y ducha improvisada.</p>
<p>Al archipiélago de 365 islas de <strong>San Blás</strong> llegamos después de <a title=" n" href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/04/12/mis-48-horas-en-el-odyssee-ii/" target="_blank">48 horas de viaje –desde Colombia hasta Panamá-en el velero Olyssee II</a>. Allí nos encontramos con los indios kuna, que habitan esas tierras desde hace siglos y lograron independizarse de otros poderes. Por eso, allí rigen sus reglas y ellos administran la forma en la que cuidan y explotan turísticamente la zona. Estar en Chichimé-una de sus islas- nos ayudó a comprender que el paraíso terrenal es posible. Allí, casi solos en medio de una isla de aguas transparentes, palmeras y caracoles enormes y un fondo del mar –visible si nadabas sólo unos metros hacia el fondo- repleto de peces, algas, corales y vida- nos despertamos con el ruido de los pájaros y nos dormimos viendo cómo el plancton se reflejaba en el agua y brillaba tanto que nos hacía pensar que alguna estrella se había caído a la altura de nuestros pies.</p>
<div id="attachment_105" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0051-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-105" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0051-800x536-300x201.jpg" alt="Tulum, con aguas furiosas" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Tulum, con aguas furiosas</p></div>
<p>En México, <a title=".." href="http://viajarlejos.com/?p=1262" target="_blank"><strong>Tulum</strong></a> y <a title="k" href="http://viajarlejos.com/?p=1331" target="_blank"><strong>Holbox </strong></a>fue, cada uno a su manera, una nueva forma de conocer este increíble país. En Tulum –mucho más comercial y turístico que Holbox- nos quedamos una semana en un camping sobre la playa y allí nos cocinamos, vimos atardeceres,<strong> </strong>caminamos y conocimos continuamente personas con las que compartimos experiencia de viaje. Allí también fue que nos zambullimos en los cenotes, una experiencia aparte que se diferenció de todas las demás.</p>
<div id="attachment_106" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0079-800x536.jpg"><img class="size-medium wp-image-106" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0079-800x536-300x201.jpg" alt="Pelícanos en pleno vuelo. Holbox" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Pelícanos en pleno vuelo. Holbox</p></div>
<p>A Holbox llegamos siguiendo el Festival de Cine –ese sería uno de los puntos donde se proyectarían películas- y considerando que el lugar sería ideal para combinar ese entretenimiento y el placer se seguir viviendo la playa. Me sorprendí mucho cuando me encontré con un pueblito tan pequeño, de calles de tierra y arenas desoladas, todo entero para nosotros. Por lejos, esta isla fue uno de mis lugares favoritos.  Por su mar y su arena pero sobre todo, porque cientos de pelicanos la eligen como espacio para relajarse y esperar su presa. Donde montan vuelo, se largan al cielo y se zambullen de repente –y según parece, bajo cálculos simétricos- hacia el agua en búsqueda de su comida ahí,  justo delante de los ojos de uno, todo el día y a toda hora.</p>
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		<title>De la oficina a la granja orgánica</title>
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		<pubDate>Sat, 18 May 2013 20:05:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un mes, cualquier día de la semana  a esta hora (las diez de la mañana) hubiese estado sentada frente a mi computadora enviando emails, chequeando noticias o cubriendo un evento del Ministerio donde trabajaba en Argentina. Pero hoy no es un martes cualquiera: estoy en un pueblo perdido en Ecuador, tengo las manos ampolladas... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/05/18/hola-ahora-trabajo-en-una-granja-organica-en-ecuador/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_74" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/3.jpg"><img class="size-medium wp-image-74 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/3-300x225.jpg" alt="Paisaje de la Finca y la casa de nuestros anfitriones. Crédito: Finca Mono Verde" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Paisaje de la Finca y la casa de nuestros anfitriones. Crédito: Finca Mono Verde</p></div>
<p>Hace un mes, cualquier día de la semana  a esta hora (las diez de la mañana) hubiese estado sentada frente a mi computadora enviando emails, chequeando noticias o cubriendo un evento del Ministerio donde trabajaba en Argentina. Pero hoy no es un martes cualquiera: estoy en un pueblo perdido en Ecuador, tengo las manos ampolladas de tanto usar el machete, el cuerpo embarrado y me cuesta caminar por la lluvia. Me duele la espalda de estar agachada sacando malezas, cavando zanjas o pozos y mezclando tierra con humus, compost o caca de vaca, un panorama que no hubiese imaginado para cuando estuviese a 30 días de cumplir los 30.</p>
<p><span id="more-73"></span></p>
<p>La finca que por una semana se transformó en mi casa (también mi lugar de trabajo y la condición para mi comida) se llama Mono Verde y forma parte de la red de World Opportunities in Organic Farms a través de la cual los trabajadores de las tierras de todos lados del mundo ofrecen alojamiento y alimentación para quienes estén dispuestos a ayudarlos con sus labores diarias, en más de 30 países en todos los continentes.</p>
<p>La cabaña (de  bambú y madera, con una estructura endeble y ventanas sin vidrios) había sido construida por Andrea, una voluntaria estadounidense de la organización Peace Corps que, tras haber colaborado con la escuela y la comunidad en general durante tres años financiada por recursos de la institución, había regresado a su país. Fue cuando Arnaux, un músico francés de 26 años y Mónica, una politóloga ecuatoriana de 28 decidieron, luego de años de viajar, compraron  la finca para asentarse y criar a su bebé.</p>
<p>Desde entonces, los dos reciben continuamente colaboradores que hacen Woofing (la acción de quienes vienen como voluntarios a partir de la red) para poder mantener el lugar bajo los métodos de la permacultura, que propone la eliminación de todo elemento artificial o químico de tratamiento de la tierra para la conservación de los ecosistemas del mundo.</p>
<div id="attachment_77" class="wp-caption alignright" style="width: 235px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/5.jpg"><img class="size-medium wp-image-77 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/5-225x300.jpg" alt="Algunos de los alimentos que da la granja" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Algunos de los alimentos que da la granja. Crédito: Talia Goodkin</p></div>
<p>“No es fácil eludir los productos para fumigar o para hacer crecer intensivamente los cultivos. Sabemos que elegimos el camino más largo y el más costosoñ, pero aun así, creemos que después de cuatro años todo va a fluir casi sin intervención nuestra, sólo por el mismo funcionamiento de la naturaleza. Y eso no tiene precio”, dice Arnaux, quien para lograrlo, se levanta todos los días a las seis de la mañana llueva o lo ataquen los rayos del sol ardiente para seguir labrando su tierra y conociendo sus secretos.</p>
<p>****</p>
<p>Para poder llegar a Tabuga, un reducto de no más de mil habitantes en la provincia de Manabi -que ni siquiera figura en algunos mapas del país- el micro nos dejó a mis dos amigas californianas y a mí en medio de la ruta en plena noche. Hasta ese momento, todo nos parecía pintoresco: tres mujeres jóvenes emprendiendo la aventura de vivir en una granja por siete días sonaba, por lo menos, interesante. Fue entonces cuando apareció una sombra de fondo, un galopar intenso que se acercaba y los fantasmas se multiplicaron. “Nos van a violar y matar y dejar nuestros pedazos en la ruta, que alguien va a encontrar muchos días después”, pensamos al mismo tiempo, sin saberlo, Talia y yo, demostrando nuestra clara síntomatologia de provenir de ciudades donde la confianza es un bien escaso.</p>
<p>-“¿Para dónde van chicas?”-, nos preguntó un hombre de piel morena, rasgos ásperos y voz gruesa.</p>
<p>-“Para la finca de Arnáux y Mónica”, contestó Zoe, mientras Talia y yo le pegamos una mirada fulminante por haber contestado y dado el pie para una conversación que nos daba más miedo que certidumbre.</p>
<p>-“Es por acá, síganme”, decretó instantáneamente el jinete, que minutos después nos contó que se llamaba Segundo y era vecino de la hacienda.</p>
<p>A medida que avanzábamos, el camino de tierra se tornaba más oscuro y desnivelado. Cuando el hombre nos metió en un camino que no parecía llevar a ningún lado, fue cuando todas las películas y las noticias truculentas que se iban sumando en nuestra imaginación estallaron.</p>
<p>-“¿Cuánto nos falta para llegar?” inquirí, sin vueltas.</p>
<p>-“Es por acá”, insistió.</p>
<p>A los minutos vimos una tranquera, con el escenario de fondo que habíamos visto en las fotos del sitio web de la finca.  Luego el hombre, que finalmente y como era de suponer no era ni violador ni asesino, sino simplemente un tipo amable acostumbrado a ayudar a los desconocidos, nos invitó a entrar y nos despedimos.Por nuestros pensamientos catastróficos dignos de series de investigación forense aplicados a un lugar donde los códigos aun existen, Talia y yo nos sentimos las más capitalinas y ridículas del condado.</p>
<p>********</p>
<div id="attachment_76" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/6.jpg"><img class="size-medium wp-image-76 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/6-300x225.jpg" alt="Talia, Zoe y yo junto a nuestras vecinas. Día de limpieza." width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Talia, Zoe y yo junto a nuestras vecinas. Día de limpieza.  Crédito: Talia Goodkin</p></div>
<p>Subimos el terreno empinado cargando nuestras mochilas enormes mientras escuchábamos la música que provenía de la única cabaña con luz que divisamos a lo lejos y finalmente, llegamos. Nos esperaban un francés, una ecuatoriana (con su bebé Mael, de un año) y dos suizos que nos invitaron a sumarnos a la cena sin titubear. El menú fue un primer acercamiento a lo que luego sería nuestro festín diario: todas las combinaciones de frutas y verduras, algunas cultivadas ahí mismo, otras, adquiridas una vez por semana en Pedernales, la ciudad más cercana.</p>
<p>-“¿Qué tipo de restricciones tienen para la comida, chicas?”- nos preguntó Mónica ni bien entramos.</p>
<p>-“Ninguna”, dijimos casi al unísono.</p>
<p>-“Qué bueno”, suspiró casi aliviada. “Los chicos son crudívoros, o sea, que no comen nada que tenga cocción y es difícil seguirles el ritmo”.</p>
<p>Desde ese primer día hasta el último, la alimentación sería uno de los puntos centrales de nuestra estadía. No sólo porque comimos sano y cocinamos innumerables combinaciones de platos con frutas y verduras (Talia y Zoe tienen el don de elaborar exquisiteces con vegetales), sino también, porque entendimos el complejísimo proceso que tiene cada uno de los elementos que ingerimos sin tomar conciencia de ello.</p>
<p>En la finca aprendimos de todo: a fabricar nutrientes con productos naturales, a sostener el machete para cortar malezas al ras del suelo, a seleccionar las herramientas para cavar pozos y zanjas y hasta a identificar algunos frutos a partir de la forma de sus hojas. A trabajar en equipo y a seguir los consejos de quienes, como Arnáux o Mónica, saben de lo que hablan por informarse y contactarse diariamente con los procesos naturales de su tierra.</p>
<div id="attachment_75" class="wp-caption alignleft" style="width: 235px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/4.jpg"><img class="size-medium wp-image-75 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/4-225x300.jpg" alt="Mini cosecha de limones" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Mini cosecha de limones. Crédito: Finca Mono Verde</p></div>
<p>Pero de todo lo que me dejó haber vivido la experiencia de ser “campesina por una semana”, lo que me llevo para este viaje y el resto de los desayunos, almuerzos, meriendas y cenas de mi vida es el saber que todo lo que está ahí implicó trabajo: el de los labradores de las tierras y el del fruto mismo, que creció a pesar de las tormentas, que se fortaleció aun en las peores circunstancias, que sobrevivió a otras y que ahora está ahí para ser parte de mis comidas. Y por eso, lo que más valoro de haber estado ahí es haber sumado, aun a punto de cumplir mis 30, un conocimiento más para valorar lo que antes daba por sentado.</p>
<p>Crédito de las imágenes: Talia Goodkin/Zoe Brent/ Sitio Web Finca Mono Verde</p>
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		<title>El lado B de los viajes</title>
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		<pubDate>Sat, 04 May 2013 16:50:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[lado b]]></category>
		<category><![CDATA[turistas]]></category>

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		<description><![CDATA[La idea de viajar sin límites de espacio ni tiempo acaso esconda el deseo de experimentar un estado de libertad plena. Cómo, dónde, cuándo, con quién: el viajero toma todas esas decisiones, construye su camino y acepta con incertidumbre la idea de que puede trazar su propio destino. Pero en este tipo de aventuras también... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/05/04/el-lado-de-los-viajes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La idea de viajar sin límites de espacio ni tiempo acaso esconda el deseo de experimentar un estado de libertad plena. Cómo, dónde, cuándo, con quién: el viajero toma todas esas decisiones, construye su camino y acepta con incertidumbre la idea de que puede trazar su propio destino. Pero e<strong>n este tipo de aventuras también existen sombras, grises, traspiés. El Lado B del viajero</strong>. Camas incómodas, pérdida de documentos, malos cálculos de dinero y diarreas de intensidades inefables atacan a los valientes que salen a darse una vuelta por ahí. <strong>A todos les pasa. Sólo algunos las relatan</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0131-800x536-800x536.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-66" title="DSC_0131 (800x536) (800x536)" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0131-800x536-800x536.jpg" alt="" width="448" height="300" /></a></p>
<p> <span id="more-65"></span></p>
<p><strong><em>Antihistamínicos</em></strong></p>
<p>El estrés por el exceso de trabajo y la rutina de las grandes ciudades son fábricas industriales de patologías del sueño. Dormir en Buenos Aires es una fantasía que pocos pueden cumplir. Uno de los primeros objetivos que envuelven a un viaje es la idea de relajarse, vivir de un modo más saludable, y conseguir su expresión más explícita: dormir como un bebé. No siempre es posible. <strong>Este cronista puede dar fe, en base a su constante guerra con el mundo de los insectos.</strong></p>
<p>La primera noche en Humahuaca se presentaría el soldado más temible del batallón enemigo: las chinches de cama. Estos bichos se esconden durante el día en los flejes y costuras de los colchones -especialmente en hoteles, moteles, hospedajes-. Por las noches, cuando su víctima duerme, salen imperceptiblemente y chupan su sangre. La picadura de la chinche es producida por los restos de saliva que dejan en la herida, aunque la picazón -en verdad extrema- empieza horas más tarde de la panzada que se dieron. ¿Una asquerosidad? Es lo que pensó este humilde redactor al levantarse en las hermosas tierras norteñas, invadido por una comenzón que alcanzó zonas anatómicas jamás exploradas.</p>
<p>Este tipo de batallas pueden repetirse en distintos destinos. En zonas selváticas, el tamaño de las hormigas crece tanto como su agresividad. Las especies de mosquitos se diversifican. Uno de los más molestos, sin duda, puede ser el tradicional jején, animal muy pequeño, cuya presencia -y picadura- pasa desapercibida. Horas más tarde, el lector seguramente querrá amputarse una pierna.</p>
<p><strong><em>Una tiza</em></strong></p>
<p><strong>El dinero no hace a la felicidad, pero sí garantiza un piso de confort</strong> nada despreciable para viajeros, sobre todo en relación a los medios de transporte. El avión es seguro y conecta ciudades lejanas en pocos minutos. Una obviedad, sí, pero obviedad inalcanzable para muchos. Los buses son la opción B. Nada grave para un argentino -o, en rigor, un porteño-, que está acostumbrado a una ecuación de “1 hora = 100 kilómetros”. Error. Las rutas se ponen más picantes cuando la cordillera andina se hace notar.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/la-foto-6.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-67" title="la foto (6)" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/la-foto-6.jpg" alt="" width="404" height="404" /></a></p>
<p>Muchas empresas de buses latinoamericanas son sorprendentes: hacen viajes de 8 o 10 horas, y cierran sus servicios sanitarios con llave. “Jefe, ¿nos podemos detener para que vaya al baño?”, le preguntó un joven turista argentino a un bravísimo conductor boliviano. La respuesta es imposible de reproducir, pero pongamos que le dijo: “No, nene”. El muchacho insistió, argumentando que se haría encima. “Bueno, tomá, hacé en esta bolsa”. El pibe, un poco avergonzado, bajó su bragueta y tratando de disimular orinó en la bolsa de supermercado.</p>
<p>Los viajes eternos producen además dolores musculares, contracturas, y múltiples dormidas de brazos y piernas. Recomendación: llevar una tiza para pintarse la raja del culo.</p>
<p><strong><em>Soy turista, estafame</em></strong></p>
<p><strong>El error más común del residente de una gran ciudad es creer que ya aprendió todos los trucos para escapar de las estafas típicas de las urbes</strong>. Cuando uno sale a viajar, siempre -en menor o mayor medida- es turista. No importa que no muestre una cámara japonesa último modelo, que su ropa esté gastada y percudida, o que decida no bañarse por varios días. Aunque sea de bajo presupuesto, llevará el cartel de turista. Muchas personas se acercarán amistosamente a ofrecerle ayuda, consejos y hasta comida u hospedaje gratuito. Pero también deberá enfrentar a los timadores.</p>
<p><strong>Taxistas que apagan el contador cuando escuchan que es tu primera vez en esa ciudad</strong>, son un clásico continental. Caminando desprevenido se encuentran ofertas increíbles: veinte dólares por 15 minutos de barrenador. “<em>Con eso duermo dos noches en una habitación con baño privado, capo</em>”, alcanza para que te tiren, sin escalas, la tabla por todo el día a sólo 3 dólares.</p>
<p>Pero los vendedores ambulantes que se suben a los buses, y su desparpajo para remarcar precios, son un espectáculo que el turista hasta puede disfrutar. En un micro de Ecuador -por mencionar sólo un ejemplo-, un buen hombre le vendió un pan de yuca al lugareño que se sentaba justo adelante de este encantador argentino. “<em>Son 50 centavos</em>”, le dijo con una voz estruendosa que no despertó de casualidad a la vieja de al lado. “<em>Deme uno de yuca, maestro</em>”, le dije. El mío llamativamente costaba un dólar. <strong>La inflación turista</strong>, le dicen.</p>
<p>En Isla Barú, un muchacho caribeño, obsesionado con la malla Nike que recibí de regalo antes de partir -y acaso amante de El Padrino-, me hizo una oferta que no podría rechazar: pretendía cambiar mi bañador por un porrón de cerveza. Pensé en la estúpida viveza criolla, y le respondí a tono: <em>“Me estoy yendo para Panamá, pero en unas semanas vuelvo y te la regalo. Esperame acá”</em>.</p>
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		<title>De Italia al mundo</title>
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		<pubDate>Wed, 01 May 2013 21:08:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
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		<description><![CDATA[Mauro es italiano, tiene 47 años y desde que empezó su viaje en 1998, ya recorrió 139 de los 195 países que tiene el mundo. Su fórmula no es mágica, sino práctica: trabaja seis meses al año como analista de sistemas y lo que ahorra se lo gasta –o más bien, lo invierte- en conocer... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/05/01/de-italia-al-mundo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mauro</strong> es italiano, tiene 47 años y desde que empezó su viaje en 1998, ya <strong>recorrió 139 de los 195 países que tiene el mundo</strong>. Su fórmula no es mágica, sino práctica:<strong> trabaja seis meses al año como analista de sistemas y lo que ahorra se lo gasta</strong> –o más bien, lo invierte- <strong>en conocer nuevas tierras</strong>.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0019-800x536.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-54" title="DSC_0019 (800x536)" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/DSC_0019-800x536.jpg" alt="" width="800" height="536" /></a></p>
<p><span id="more-52"></span></p>
<p>Dice que su<strong> adicción por el nomadismo</strong> empezó cuando estaba de vacaciones con un amigo en el Río Mekong, en Camboya. Cuenta que durante su estadía y “como todo occidental estresado”, había estado todo el tiempo apurado. Apurado para comer, para leer, para escribir, para caminar. Apurado full time. En ese contexto fue que cuando no llegó a tiempo para abordar su avión a Italia, entró en un pánico atroz: ¿Qué voy a hacer? ¿Cuánto tiempo voy a perder? A todas esas preguntas, su amigo camboyano le dio una sola respuesta: “¿Cuál es tu apuro por volver?”</p>
<p>***</p>
<p>A Mauro esa frase le pegó fuerte. Por eso, cuando volvió a Lombardía supo que su vida había entrado en una encrucijada. <strong>No quería más horarios ni sedentarismo perpetuados en el tiempo</strong>. Ahora, sólo quería agarrar su mochila y salir a entender qué había más allá de su frontera.</p>
<p>Desde entonces hasta ahora<strong> conoció 30 países en África, decenas en Asia, toda Europa y ahora, de América le queda sólo Surinam y las Guyanas</strong>. “Me faltan muchos países, toda la zona de Oceanía y la Antártida y sobre todo, muchas islas. Pero en eso estoy”, dice.</p>
<p>***</p>
<p><strong>No pude controlar mis ganas y le disparé la pregunta de rigor</strong>. “¿Me dejarías entrevistarte para mi Blog”? Sin dudarlo, asintió. Y acá van sus respuestas, resumidas y acopladas.</p>
<p><strong>- El territorio más completo:</strong> “Indonesia. Las islas son todas diferentes, cada una con su propia identidad. Una es budista, otra católica, otra musulmana. Tienen volcanes, montañas, mar. Y sobre todo, mucha naturaleza virgen”.</p>
<p><strong>- Los países con mejor gastronomía:</strong> “Etiopía por la increíble comida italiana desde que heredaron la impronta tana en la segunda Guerra Mundial. Ahí, por ejemplo, hay máquinas para hacer café de aquellos años y lo hacen más exquisito que en ningún otro lado. También México tiene excelente gastronomía, sobre todo para gente como yo, que le gusta comer en puestos callejeros y probar nuevos sabores continuamente”</p>
<div id="attachment_56" class="wp-caption aligncenter" style="width: 778px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/Restlessadventure.net_.jpg"><img class=" wp-image-56" title="Restlessadventure.net" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/Restlessadventure.net_.jpg" alt="" width="768" height="576" /></a><p class="wp-caption-text">Hormigas culonas, un plato al que se atrevió Mauro. Crédito: restlessadventure.net</p></div>
<p><strong>- Las comidas más extrañas:</strong> “En Tailandia comí sopa de cabeza de serpiente y de saltamontes. No son tan feas como suenan, de hecho. En África también comí cosas poco convencionales, como unas bolitas que se hace la gente con pocos recursos, que realmente no sé qué ingredientes tenia, aunque pienso que algo con carne y verduras. Y ahora cuando vaya a Colombia voy a volver a comer bocaditos de hormigas culonas, que son como budines hechos de esos insectos que por el tamaño y el gusto son riquísimas”.</p>
<p><strong>- Los lugares con la gente más anfitriona:</strong> “Más que lugares en plural, diría que se me viene inmediatamente un solo lugar a la cabeza cuando hablan de amabilidad, y es Irán. En ese país te podés quedar días, semanas, meses o años sin gastar un centavo. Desde que llegás te dicen que no sos turista, sino que te consideran uno más de ellos. Y es realmente lo que te hacen sentir. Te alojan sin pedirte nada a cambio, te cuentan su historia, te incluyen en sus familias, te llevan a recorrer su tierra. Son las personas más maravillosas que conocí en la vida. Aunque muchas veces se piense que se trata de un territorio donde sólo hay violencia para ver, yo creo que todo lo contrario, porque además que tienen leyes muy rígidas que no pueden transigir, son seres humanos especiales”.</p>
<p><strong>- Las razones por las que no fue a los países que le faltan:</strong> “Me quedan muchos países por recorrer por muchas cuestiones. Pero por ejemplo, a algunos pienso que me va a costar mucho llegar por sus características políticas. Por ejemplo, Chad, Irak, El Congo, son zonas a las que hasta los turistas más arriesgados les cuesta acceder por muchas razones. Desde el miedo que te genera ingresar a países en guerra, hasta obstáculos diplomáticos, cuando no te dar permiso para entrar con tu visa de europeo”.</p>
<div id="attachment_55" class="wp-caption aligncenter" style="width: 563px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/La-india-uno-de-los-lugares-preferidos-del-viajero.-Crédito-asiatrip.info_.jpg"><img class=" wp-image-55" title="La india, uno de los lugares preferidos del viajero. Crédito asiatrip.info" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/05/La-india-uno-de-los-lugares-preferidos-del-viajero.-Crédito-asiatrip.info_.jpg" alt="" width="553" height="415" /></a><p class="wp-caption-text">India, uno de los lugares preferidos del viajero. Crédito: asiatrip</p></div>
<p><strong>- Los lugares que nadie puede morirse sin conocer:</strong> “Brasil por su música, su clima, sus playas. Ahora quizás está más caro y es más difícil acceder a algunas cosas, pero sigue siendo un país excepcional. La India…ese caos maravilloso e inolvidable. Por su cultura, su gente, sus paisajes y por lo diferente que es a cualquier otro lugar que nadie pueda haber visto jamás. Y Japón, que en occidente no tiene mucha fama turísticamente pero es una zona hermosa, con mucho para recorrer, aunque algo cara también”.</p>
<p>Como Mauro hay decenas de cientos de personas que organizan todos sus intereses y sus acciones al servicio de lo que más aman en la vida: viajar. Algunos más, otros menos tiempo; con más o menos posibilidades, con más o menos trabas, con más o menos ganas, con más o menos energía. Pero<strong> todos siguiendo una misma linea de pensamiento: viajar para conocer, conocer para viajar</strong>.</p>
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		<title>Latinoamérica: un continente, todos los paisajes (primera parte)</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2013 21:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Desiertos y selva. Ruinas y cenotes. Montañas y lagunas. Mar Pacifico y Mar Caribe. Ciudades de torres modernas y gigantes y de edificaciones coloniales y llenas de colores. En sus más de 20 millones de metros cuadrados de superficie, Latinoamérica tiene todos los paisajes. Andrés y yo somos testigos: desde que empezó nuestro viaje recorrimos... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/04/22/latinoamerica-un-continente-todos-los-paisajes-primera-parte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desiertos y selva. Ruinas y cenotes. Montañas y lagunas. Mar Pacifico y Mar Caribe. Ciudades de torres modernas y gigantes y de edificaciones coloniales y llenas de colores. En sus más de 20 millones de metros cuadrados de superficie, Latinoamérica tiene todos los paisajes.</p>
<div id="attachment_27" class="wp-caption aligncenter" style="width: 727px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/viajecompleto-208-1024x685.jpg"><img class=" wp-image-27" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/viajecompleto-208-1024x685.jpg" alt="" width="717" height="479" /></a><p class="wp-caption-text">Vista panorámica del pueblo de Huacacchina, desde la cima de una de sus dunas</p></div>
<p>Andrés y yo somos testigos: desde que empezó nuestro viaje recorrimos pueblos, islas y ciudades de Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y México. En todos esos tramos, las reglas del ambiente y las posibilidades de sus territorios fueron distintas. Por eso, en esta nota quisimos rebobinar el tiempo y revivir los contrastes que hasta hoy nos regaló nuestro Continente.</p>
<p><span id="more-26"></span></p>
<p>***</p>
<p>La primera prueba de que efectivamente habíamos llegado a un clima desértico apareció apenas bajamos del colectivo. La ráfaga de calor caliente nos dio justo en la cara. Una bocanada de aire áspero, directo y sin escalas.</p>
<p>Desde Ica –la ciudad donde se emplaza el oasis- y en un taxi compartido con otros turistas llegamos a la aridez extrema del pueblo de <strong>Huacachina</strong>. No esperábamos que fuera tan chico ni tan imponente. En tan poco espacio y con una geografía tan diferente a lo que habíamos visto hasta entonces.</p>
<p>La zona surgió a raíz de un atractivo muy particular: en el medio de enormes dunas se encuentra un increíble oasis, un pequeño espejo de agua. Allí, en medio del desierto, como en la películas. Desde que la descubrieron, peruanos y extranjeros la convirtieron en un balneario distinto. Hace más de sesenta años, los antiguos presidentes la habían elegido como lugar de vacaciones –afirmaban que sus aguas eran curativas por su nivel de salinidad-. Hoy, al pueblo le quedan sólo algunas huellas de su época dorada, como su gran malecón y hoteles coloniales.</p>
<div id="attachment_28" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/viajecompleto-343-817x1024.jpg"><img class=" wp-image-28 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/viajecompleto-343-817x1024.jpg" alt="" width="490" height="614" /></a><p class="wp-caption-text">Pueblo de Huacacchina</p></div>
<p>Allí, los tours que ofrecen a los turistas incluyen un raid en jeep y la posibilidad de ver el atardecer en lo más alto de esas montañas blancas. Nosotros elegimos simplemente caminarlas e intentar –algunas veces con éxito- deslizarnos hasta la base a toda velocidad en una tabla.</p>
<p>Para explicar la extraña formación, los lugareños tienen tallada en una de sus paredes la leyenda que le da nombre al pueblo, la de la princesa Huacca China. El relato popular se refiere a la doncella que mientras lloraba la pérdida de su amado –un guerrero inca- se tropezó y cayó, formando una inmensa laguna de lágrimas. Y a sus vestidos que cayeron, formando los cerros.</p>
<p>***</p>
<p>No puedo ni contar la cantidad de veces que dormimos en carpa durante el viaje. Sin embargo, sólo en <strong>Puerto Misahuallí </strong>–Ecuador- los sonidos de la noche llegaron a ser tan diferentes. Empezaban cuando recién caía el sol y cuanto más entrada la oscuridad, más crecía. Había ruidos de todo tipo. Croar de ranas gritonas, pájaros de voz aguda, monos aulladores, crujientes ramas que soportaban el peso de animales en tránsito. Las voces se superponían constantemente. Incluso, si se les prestaba atención, podía encontrarse cierta comunicación entre algunas de ellas desde distancias insólitas.</p>
<div id="attachment_30" class="wp-caption aligncenter" style="width: 624px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0239-1024x685.jpg"><img class=" wp-image-30" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0239-1024x685.jpg" alt="" width="614" height="411" /></a><p class="wp-caption-text">Pequeña comunidad, adentrándose en el Amazonas</p></div>
<p>La presencia de tantas especies tiene que ver con que a este pueblo le dicen “la puerta del Amazonas” y está en plena selva. Estando ahí, se pueden avistar todo tipo de pájaros, plantas con colores rarísimos y lo infaltable: insectos de todos los tamaños, a gusto del consumidor. Desde los invisibles –pero de picadura intensísima- jejenes hasta los moscardones gigantes cuyos aleteos se sienten a metros de distancia.</p>
<p>En la escuela, la pequeña comunidad que se ubica adentrándose en el río, aprende español y aún siguen conservando el idioma quechua. El edificio está emplazado en el centro, junto con lo que los argentinos llamaríamos “potrero” de fútbol, un kiosco y un pequeño comedor. Ahí fue donde pedí pescado y me enteré que a mi plato se lo comía con la mano. Unos minutos y mucha concentración puesta en no tragarme las decenas de espinas después, quedé satisfecha.</p>
<div id="attachment_33" class="wp-caption aligncenter" style="width: 624px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0310-1024x685.jpg"><img class=" wp-image-33 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0310-1024x685.jpg" alt="" width="614" height="411" /></a><p class="wp-caption-text">Niños acomodándose para ver el único televisor del pueblo, en la proveeduría</p></div>
<p>De lo que pudimos ver, en la selva también existen rutinas. Aunque claro, no tienen muchos puntos de coincidencia con las estresantes de las grandes ciudades. Por la mañana los nenes concurren a la escuela, mientras sus padres trabajan en el cultivo. Esta puede no ser siempre la regla: muchas otras lamentables veces, además del adulto también se los ve trabajar a los más chicos.</p>
<div id="attachment_32" class="wp-caption aligncenter" style="width: 386px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0286-626x1024.jpg"><img class=" wp-image-32 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0286-626x1024.jpg" alt="" width="376" height="614" /></a><p class="wp-caption-text">Niño pescando por la tarde. Comunidad originaria cercana a Puerto Misahuallí.</p></div>
<p>Por la tarde, los varones salen a pescar en sus canoas con redes y lanzas, al tiempo que sus mujeres lavan la ropa en el río. Antes que anochezca, ya todos emprenden camino de regreso a sus casas. Durante nuestra estadía, además, algunos de sus habitantes también ensayaban bailes y cantos con vestimentas antiguas para exhibir ante las visitas de los turistas que llegan y se van en tours de menos de una hora. Mientras, algunos de los más pequeños se escapaban de sus actividades para encontrar un lugar cerca de la televisión de la tienda</p>
<div id="attachment_29" class="wp-caption aligncenter" style="width: 624px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0148-1024x685.jpg"><img class=" wp-image-29 " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0148-1024x685.jpg" alt="" width="614" height="411" /></a><p class="wp-caption-text">En Puerto Misahuallí, los monos están por todos los rincones.Y parece que posaran pensativos para las fotos</p></div>
<p>Para nosotros, que nacimos y crecimos en la ciudad, nos resultaba difícil imaginarnos cómo podríamos sobrevivir en una zona tan agreste, llena de animales que no conocemos y territorios imprevistos. Inmediatamente después, nos acordamos de los enormes machetes, las vestimentas y el conocimiento de defensa que ganaron a lo largo de sus vidas quienes lograron nacer, crecer y vivir en plena selva.</p>
<p>***</p>
<p>La península de <strong>Yucatán</strong>, en México, tiene muchos atractivos. Su mar turquesa, sus lagunas e incluso, para quienes les gusta el ajetreo, también balnearios enormes de resorts comerciales modernos. Pero a mí lo que más me sorprendió no fue nada de eso, sino sus cenotes: cuevas formadas de piedra caliza y arcilla que, por derrumbarse, formaron estanques subterráneos.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 624px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0550-1024x685.jpg"><img src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0550-1024x685.jpg" alt="" width="614" height="411" /></a><p class="wp-caption-text">Estalactitas de piedra caliza y arcilla en el &#8220;Grand cenote&#8221;</p></div>
<p>No me imaginaba qué características tenía ni qué tipo de animales encontraríamos dentro. Una vez sumergida, al momento de mirar por debajo de lo que suponía era el suelo me di cuenta donde estaba. Era un mundo al que jamás había accedido antes. De peces que te acompañan de cerca, de piedras lejanas que esconden todo tipo de vida. Del asomo repentino de la luz del sol y el descubrimiento de nuevas formas. De murciélagos sobrevolando las estalactitas y rocas colmadas de algas que ocupan todo el terreno.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 640px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0413-1024x685.jpg"><img src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0413-1024x685.jpg" alt="" width="630" height="422" /></a><p class="wp-caption-text">En el Cenote &#8220;Dos ojos&#8221;, los peces se pegan al lado de los nadadores y los &#8220;picotean&#8221; suevamente para alimentarse de piel muerta</p></div>
<p>Durante nuestras visitas no llegamos a bucear, pero si hicimos snorkel. A pesar de las limitaciones que eso impone –con un tanque es posible meterse en los más profundos pozos y cuevas del entramado geológico- habernos nadado en este particular fenómeno natural nos impactó. La sensación onírica de su paisaje y el agua como único sonido constante, me regalaron una pausa de puro silencio. Pero sobre todo, me abrieron la puerta a este nuevo universo.</p>
<div id="attachment_31" class="wp-caption aligncenter" style="width: 624px"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0274-1024x685.jpg"><img class=" wp-image-31  " src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/DSC_0274-1024x685.jpg" alt="" width="614" height="411" /></a><p class="wp-caption-text">Cenote. Tulúm, México</p></div>
<p>(Segunda parte en la siguiente edición)</p>
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		<title>Mis 48 horas en el Odyssee II</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Apr 2013 22:25:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés y Milagros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Odyssee II]]></category>
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		<description><![CDATA[Abro los ojos sobresaltada. No sé dónde estoy. Sé que no es mi casa, ni algún hostel, ni la carpa. Mis neuronas tardan en acomodarse, hasta que logran darle sentido a lo que ven: un territorio chiquitísimo lleno de cosas que se mueven de un lado a otro, en un vaivén constante y brusco. Como... <a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/2013/04/12/mis-48-horas-en-el-odyssee-ii/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Abro los ojos sobresaltada. No sé dónde estoy. Sé que no es mi casa, ni algún hostel, ni la carpa. Mis neuronas tardan en acomodarse, hasta que logran darle sentido a lo que ven: un territorio chiquitísimo lleno de cosas que se mueven de un lado a otro, en un vaivén constante y brusco. Como si estuviese montando un toro acuático desaforado que busca tirarme de algún lado. No lo logra, quizás sólo porque estoy acostada y agarrada con uñas y dientes a las sábanas. Finalmente, entiendo: estoy en el Odyssee II, un velero de 13 metros de largo por 3 de alto que me está llevando a mí y a otros seis turistas a cruzar la frontera de Colombia con Panamá, en un viaje que empezó hace más de 30 horas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Isla-Chichimé-San-Blas.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-10" title="Isla Chichimé,  San Blas" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Isla-Chichimé-San-Blas.jpg" alt="" width="640" height="429" /></a></p>
<p><span id="more-5"></span></p>
<p>No estoy acá porque sea muy asidua ni amante de los viajes en altamar, sino para porque poder cruzar de Colombia a Panamá hay dos opciones: pagar un vuelo, que en una hora nos dejaría en Panamá City, o zambullirse en una travesía de 48 horas en altamar para llegar, en este caso, a una de las 365 islas del archipiélago de San Blas, habitadas por los indios Kuna.</p>
<p>La opción terrestre existe, pero es casi un suicidio: la frontera de Darien es una de las más peligrosas del mundo. Desde hace años, se considera una zona liberada para los negocios de las drogas y el contrabando. Hoy, según cuentan, está repleta de guerrilleros, narcos y paramilitares que se disputan el botín.</p>
<p>Al principio meterme en altamar no me convencía, porque nunca lo había hecho. Miedo, digamos. Pero dicen que si estas en el baile hay que bailar, Y si estoy viajando y viviendo aventuras desconocidas hasta ahora, ¿por qué no? Y ahí estaba, despertándome en medio del ruido de olas, los bamboleos y los golpes de los utensilios de cocina cayéndose al suelo. Y calculando para qué lado saldría nadando si el barco se hundiera y tomando una pastilla contra el mareo detrás de la otra y… ¿Quién me mandó a estar acá?</p>
<p>***</p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Alice-nuestra-capitana-copia.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-11" title="Alice, nuestra capitana - copia" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Alice-nuestra-capitana-copia.jpg" alt="" width="640" height="429" /></a><br />
Un día antes de partir tuvimos una reunión con la capitana del barco para que nos explicara cómo iba a ser nuestra rutina y qué precauciones teníamos que tener durante el trayecto. Allí conocimos a nuestros compañeros de ruta. Entonces supimos que íbamos a ser siete pasajeros: Hella y Pedro, dos químicos nucleares suecos de 70 años; Bruno, un mexicano que hace 12 años que viaja por el mundo; Katharina, una alemana con dos años de travesías; y Francisco, Andrés y yo, tres argentinos mucho más novatos en la aventura de vivir viajando. Al grupo lo completaba –y lo encabezaba &#8211; Alice, nuestra capitana rubia, altísima e inglesa y su ayudante, mucho más chiquita pero no menos fibrosa, Agatha.</p>
<p>En la charla preliminar, Alice nos llenó de consejos. O más bien, advertencias, mientras nos tomábamos la cerveza que nos había regalado para calmar los ánimos caldeados por haber retrasado un día la fecha de salida sin previo aviso. “Calculen muy bien cada paso que van a dar dentro y fuera del barco, porque el vaivén puede ser muy fuerte y hay que agarrarse siempre”; “No se sostengan de las barandas, porque son endebles. Siempre de los cables de metal”; “No tomen alcohol: no porque sea cuida, sino porque les puede caer muy mal”; “Si necesitan tomen pastillas para el mareo, en lo posible, dos juntas antes de salir. Una vez que estamos en altamar puede que sea tarde”; “A la noche nos acostamos cuando cae el sol y nos levantamos casi cuando amanece. Quedarnos trasnochando no es una opción, porque nosotras, cuando oscurece, necesitamos timonear sin ninguna distracción”.</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/bote.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-15" title="bote" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/bote.jpg" alt="" width="489" height="713" /></a></p>
<p>Ese día supimos que el viaje no iba a ser parecido al que todos nos imaginábamos, el de la postal del ricachón en plena fiesta tomando daiquiris y con música a todo volumen de fondo. Y fue cuando supimos que nuestro trayecto estaría lleno de anécdotas, aunque no todas iban a ser necesariamente divertidas.</p>
<p>***</p>
<p>Cuando llegó el día de partir nos levantamos apuradísimos, ordenamos las mochilas y arrancamos. Estábamos a punto de dejar Cartagena después de más de 20 días de estadía Al llegar al Club Náutico nos enteramos que el barco aún no está listo, así que nos sentamos a la sombra –el sol del mediodía era imposible – y entablamos charlas con nuestros compañeros de viaje.<br />
Después de una hora y media, llega Alice y en su forzado español, nos frita entusiasmada mientras aplaude: Muchachos: ¡el Odysse II está listo para salir!”</p>
<p>***</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Odyssee-II.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8" title="Odyssee II" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Odyssee-II.jpg" alt="" width="536" height="800" /></a></p>
<p>Durante las 48 horas que duró el recorrido tuvimos una rutina infranqueable: de día todos comimos, hablamos, escribimos y –los que pudieron- leyeron al lado de la capitana, mientras timoneaba el barco. De noche nos guardábamos, a pesar de nuestra falta de ganas de irnos a dormir, al interior del barco. Ahí todo era diferente: desde caminar hasta ir al baño requería cálculos extremos, movimientos cuidados y un agudo sentido de la física de los objetos, que parecían tomar vida para venirse encima de uno continuamente.</p>
<p>El viaje en el Odysse II fue mi primera incursión en altamar. En esos días aprendí el lenguaje náutico, escuché historias de delfines que guiaron embarcaciones, de plancton que iluminaron caminos, de botes que se hundieron y se hunden constantemente. También, de capitanes que abandonaron sus vidas rutinarias de trabajos ordinarios y se fueron a recorrer el mundo en una lancha superando todos los malos augurios.</p>
<p>En esas 48 horas, además, entendí que en altamar cualquier error puede costarte la vida. Por las noches, es muy común que los capitanes se aten al barcos mientras timonean. Un pequeño descuido, un tropezón, los dejarían en medio de la inmensidad oscura y profundísima, con pocas chances de ser rescatados. Sin embargo, en esa experiencia, también vislumbré que a pesar de los riesgos que conlleva, quienes aman el agua y aprendieron a existir por y a pesar de sus leyes, no podrían ser felices fuera del inmenso e indomable mar, abarrotado de vida.<br />
______________________________________________________________________________</p>
<p><strong>* Viviendo con los kunas</strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/La-familia-de-Espert.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-7" title="La familia de Espert" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/La-familia-de-Espert.jpg" alt="" width="429" height="640" /></a></p>
<p>Después de 48 horas en el Odyssee llegamos a Chichimé, una de las 365 islas del archipiélago de San Blas, en Panamá. El lugar es mucho más de lo que esperaba: el mar es aún más verde y la isla, aún más desierta. En cuanto Agatha clava el ancla, el barco vecino empieza a los gritos. Al instante, uno de los tripulantes se zambulle en el agua y viene nadando hasta nuestro velero. Se sube y la agarra de la cintura, la empuja y la tira al agua. Nadie entiende nada. Aunque después, todo se aclara: el chico es argentino y al parecer, tiene un romance con nuestra copiloto francesa, a quien no veía desde hacía semanas.</p>
<p>Cuando la escena se completa, todos gritan y se ríen. Los cargan como a dos adolescentes y luego, todo sigue su curso. Él se llama Adrián y hace tres años que se fue de Lanús para vivir en el Caribe. Hace dos que se compró su propio barco –rotoso, tuvo que reciclarlo casi completamente- y uno y medio que lo trabaja.</p>
<p>Alice da la orden y de a cinco, nos trasladamos en el bote de nuestro compatriota hacia tierra firme. Cuando llegamos, nos llevan al camping más poblado para que podamos armar nuestras carpas. Al ver los precios –con Andrés, mi novio, estamos en un viaje que nos enseñó a ser muy gasoleros- decidimos probar suerte del otro lado de la isla, y la conseguimos. Ahí nos espera Espert con su mujer y su hijo Agustín, a quienes les tocó, por orden de la Comuna que dicta las leyes de los kunas, cuidar la choza durante tres meses.</p>
<p>Con ellos vivimos cinco días. Allí acampamos en un predio vacío y precario, comimos pescado recién sacados del agua y nos bañamos en una ducha improvisada de hojas de palmera y bambú, con vista al mar. Al principio nos costó comunicarnos. Ellos no hablan castellano y nosotros tampoco kuna.</p>
<p>Para poder comunicarnos aprendimos algunas pocas palabras en kuna: “eye” (si), “sulli” (no), “nuedi” (buenos días, buenas noches, buenas tardes) y “nuegambi” (gracias). En medio de nuestras torpísimas interacciones, la comunicación fue más bien un dígalo con mímica y juegos diarios a la pelota con Agustín. Mientras, fue despertarse a diez metros del Caribe, con toda una playa para nosotros dos. Y el silencio de noche y el silencio de día.</p>
<p>***</p>
<p>La cultura kuna es matriarcal. Allí, las mujeres heredan las tierras y son las encargadas de administrar los bienes mientras los hombres trabajan. Por eso, la tradición sostiene que si en una familia nacen cuatro hijos varones, el cuarto deberá vestirse como mujer y actuar como tal para poder cumplir con el rol que la costumbre tiene reservada para ellas. Bajo esa lógica, cuando las nenas entran en la pubertad se hace la mayor de las fiestas: la de la chicha. Es cuando todo el pueblo se junta y festeja la llegada de una nueva mujer a la comunidad.</p>
<p>Para poder ser quienes son y tener lo que tienen, los kunas tuvieron que enfrentarse al poder establecido y armar su propia revolución. Gracias a ella, en 1925 de liberaron de la imposición de los panameños y los estadounidenses (que tenían tanta o más influencia en Panamá como los líderes del mismo país) y forjaron su territorio bajo sus propias leyes. Desde ese entonces, se organizan en comunas dependientes de un Congreso, donde eligen representantes para cada región.</p>
<p>***</p>
<p>Nuestra estadía en San Blas mezcló la experiencia de vivir, quizás por única vez en la vida, la sensación de caminar por una isla casi desierta en medio del paraíso y la de intentar entender y adaptarse a una cultura completamente ajena, llena de cuestiones que desconocíamos. El cruce de dos cosmovisiones diferentes en medio de un escenario de postal. Y la pregunta constante: ¿qué haríamos si nos quedáramos náufragos en alguna de estas 360 islas sin electricidad ni posibilidad de movilidad alguna? ¿Y cómo nos las arreglaríamos después, si nos rescataran, para volver a la sociedad a la que estamos acostumbrados a vivir, sin esa sensación de nostalgia por un lugar donde la naturaleza llega a su expresión más extrema, creando el misterio del todo por hacer?</p>
<p><a href="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Chichimé.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-9" title="Chichimé" src="http://blogs.infobae.com/viaje-latino/files/2013/04/Chichimé.jpg" alt="" width="800" height="536" /></a></p>
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